Movióse mucho Román
con esta vista, y entendió que aquel mancebo era ángel de Dios, que venía á
confortar y á regalar á San Lorenzo, y que no podría dejar de ser verdadera
aquella religión, que daba tanto esfuerzo y alegría en tan horribles penas, á
los que por ella las padecían: y lo mejor que pudo, se llegó á San Lorenzo, y
le dijo lo que había visto, y que él quería ser cristiano, y que le rogaba que
no le desamparase. Mucho se alegró el bendito mártir con lo que le dijo Román,
mostrándole el rostro amoroso; porque de palabra no lo pudo responder. Quitaron
después de aquel tormento á San Lorenzo, y le entregaron á Hipólito, que en
secreto era cristiano, para que le guardase: y Román tuvo comodidad para entrar
donde estaba el Santo, y llevando un vaso de agua, se echó á sus pies,
suplicándole con gran devoción y ternura que le bautizase. Tomó San Lorenzo el
agua: echóle su bendición; y bautizó á Román. Súpolo Valeriano; mandóle apalear
y traer delante de sí: antes que el inicuo juez le hablase palabra, San Román
con voz clara y alta le dijo:
Cristiano soy: y el
emperador con grande enojo lo mandó luego degollar. Lleváronle fuera de la puerta
Salaría, y allí ejecutaron la sentencia á los 9 de agosto: y un presbítero,
llamado Justino, vino de noche, y tomó su santo cuerpo, y le enterró en una
cueva en el campo Verano. Este es en suma el martirio de San Román , sacado de
los Actos de San Lorenzo.
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