martes, 12 de diciembre de 2017

S A N T O R A L

La Virgen de Guadalupe: desafío a la ciencia moderna

Para el ateo moderno, acostumbrado a dar valor sólo a lo que considera probado por la ciencia, el milagro de Guadalupe, en México, lo deja por lo menos en aprietos. ¡Pues la ciencia prueba que hubo un milagro!
Valdis Grinsteins
Una persona no totalmente
atea, pero profundamente contaminada por el pensamiento moderno, me decía que aquello que no está probado científicamente no existe. Pero —típica contradicción del alma humana— no quería hablar del Santo Sudario de Turín, pues los descubrimientos científicos sobre el mismo la confundían; y si fuese obligada a mirar el asunto de frente, tendría que negar el valor de la ciencia o... convertirse.

Veamos el problema del punto de vista de estos amantes indiscriminados de la ciencia. Para ellos, todo aquello que no se demuestra en un laboratorio entra en el dominio de la fantasía. Ciencias, con C mayúscula, son para ellos la Física, la Química, la Biología, etc. Ya la Historia les parece dudosa, pues es irrepetible y muy subjetiva, al depender de testigos. Mucho más aún si fuese historia eclesiástica, y el auge de lo dudoso les parecen las historias de milagros. Son como el Apóstol Santo Tomás, que necesitó ver para creer. Para este tipo de almas incrédulas, que había hasta entre los Apóstoles, Nuestro Señor realiza cierto tipo de milagros, de manera que no puedan alegar la falta de pruebas. Y una de esas pruebas es la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, en México.¹

Breve resumen de la historia


El día 9 de diciembre de 1531, en la ciudad de México, Nuestra Señora se apareció al noble indio Cuauhtlatoatzin —que había sido bautizado con el nombre de Juan Diego— y le pidió que dijese al obispo de la ciudad que construya una Iglesia en su honor. Juan Diego transmitió el pedido, y el obispo exigió una prueba de que efectivamente la Virgen había aparecido. Recibiendo de Juan Diego el pedido, Nuestra Señora hizo crecer flores en una colina semidesértica en pleno invierno, las cuales Juan Diego debía llevar al obispo. Éste lo hizo el día 12 de diciembre, acondicionándolas en su manto. Al abrirlo delante del obispo y de varias otras personas, verificaron admirados que la imagen de Nuestra Señora estaba estampada en el manto. Muy resumidamente, ésta es la historia, que fue registrada en un documento escrito. Si hubiese quedado sólo en esto, fácilmente podrían los escépticos decir que es sólo una historia, nada hay de científico.

Los problemas para ellos comienzan con el hecho de haberse conservado el manto de Juan Diego, en el cual está impresa hasta hoy la imagen. Este tipo de manto, conocido en México como tilma, es hecho de un tejido tosco, y debería haberse deshecho hace mucho tiempo. En el siglo XVII, personas piadosas decidieron hacer una copia de la imagen, la más fidedigna posible. Tejieron una tilma idéntica, con las mismas fibras de maguey de la original. A pesar de todo el cuidado, la tilma se deshizo en quince años. El manto de Guadalupe tiene hoy 475 años, por tanto nada debería quedar de él.

Una vez que el manto (o tilma) existe, es posible estudiarlo a fin de definir, por ejemplo, el método usado para imprimir en él la imagen. Comencemos por la pintura. En 1936, el obispo de la ciudad de México pidió al Dr. Richard Kuhn que analizase tres fibras del manto, para descubrir cual es el material utilizado en la pintura. Para sorpresa de todos, el científico constató que las tintas no tienen origen vegetal, ni mineral, ni animal, ni de alguno de los 111 elementos conocidos. “Error del científico” podría objetar algún escéptico. Difícil, respondemos nosotros, pues el Dr. Kuhn fue premio Nóbel de Química en 1938.² Además, él no era católico, sino de origen judío, lo que excluye cualquier predisposición religiosa.

El día 7 de mayo de 1979 el Prof. Phillip Serna Callahan, biofísico de la Universidad de Florida, junto con especialistas de la NASA, analizó la imagen. Deseaban verificar si la imagen es una fotografía. Resultó que no es fotografía, pues no hay impresión en el tejido: Ellos tomaron más de 40 fotografías con infrarrojos para verificar cómo es la pintura. Y constataron que la imagen no está pegada al manto, sino que está 3 décimos de milímetro separado de la tilma. Para los escépticos, otra complicación: verificaron que, al aproximar los ojos a menos de 10 cm. de la tilma, no se ve la imagen o colores de ella, sino sólo las fibras del manto.

Conviene tener en cuenta que a lo largo de los tiempos fueron pintadas en el manto otras figuras. Éstas se van transformando en manchas o desaparecen. En el caso de ellas, el material y las técnicas utilizadas son fáciles de determinar, lo que no ocurre con la imagen de Nuestra Señora.

Los ojos de la imagen

Un ojo de la imagen visto de cerca
Tal vez lo que más intriga a los científicos sobre el manto de Nuestra Señora de Guadalupe son los ojos de la imagen. En efecto, desde que en 1929 el fotógrafo Alfonso Marcué González descubrió una figura minúscula en el ojo derecho, no cesan de aparecer las sorpresas. Debemos primero tener en vista que los ojos de la imagen son muy pequeños, y los iris de ellos, naturalmente son aún menores. En esta superficie de apenas 8 milímetros de diámetro aparecen nada menos que ¡ 13 figuras ! 
El científico peruano José Aste Tönsmann, ingeniero de sistemas de la Universidad de Cornell y especialista de la IBM en el procesamiento digital de imágenes, enumera tres motivos por los cuales esas imágenes no pueden ser obra humana:

• Primero, porque ellas no son visibles para el ojo humano, salvo la figura mayor, de un español. Nadie podría pintar siluetas tan pequeñas;

• En segundo lugar, no se consigue averiguar qué materiales fueron utilizados para formar las figuras. La imagen entera de la Virgen no está pintada, y nadie sabe cómo fue estampada en el manto de Juan Diego;

• En tercer lugar, las trece figuras se repiten en los dos ojos. Y el tamaño de cada una de ellas depende de la distancia del personaje en relación al ojo izquierdo o derecho de la Virgen.

Este ingeniero quedó seriamente conmovido al descubrir que, así como los ojos de la Virgen reflejan las personas delante de ella, los ojos de una de las figuras reflejadas, la del obispo Zumárraga, reflejan a su vez la figura del indio Juan Diego abriendo su tilma y mostrando la imagen de la Virgen. ¿Cuál es el tamaño de esta imagen? Un cuarto de micrón, o sea, un milímetro dividido cuatro mil veces. ¿Quién podría pintar una figura de tamaño tan microscópico? Y además, en el siglo XVI...

Intento de borrar el milagro

Así como mi conocido no deseaba hablar del Santo Sudario, otros no quieren oír hablar de esta imagen, que presenta para ellos problemas insolubles. El anarquista español Luciano Pérez era uno de éstos, y el día 14 de noviembre de 1921 colocó al lado de la imagen un arreglo de flores, dentro del cual había disimulado una potente bomba. Al explotar, todo lo que estaba cerca quedó seriamente damnificado. Una cruz metálica, que quedó doblada, hoy se conserva en el templo como testimonio del poder de la bomba. Pero... la imagen de la Virgen no sufrió daño alguno.

Y aún hoy ella está allí, en el templo construido en su honor, así como una vez estuvo Nuestro Señor delante del Apóstol Santo Tomás y le ordenó colocar su mano en el costado abierto por la lanza. Santo Tomás colocó la mano y, verificada la realidad, honestamente creyó en la Resurrección. ¿Tendrán esa misma honestidad intelectual los incrédulos de hoy? No lo sé, porque así como no hay peor ciego que aquel que no quiere ver, no hay peor ateo que aquel que no desea creer. Pero, como católicos, debemos rezar también por este tipo de personas, pidiendo a Nuestra Señora de Guadalupe que les dé la gracia de ser honestas consigo mismas.

Notas.-
¹. Para la elaboración de este artículo, utilizamos el material publicado en el site: www.reinadel cielo.org, al cual remitimos a los lectores interesados en más datos.
². http://nobleprize.org/chemistry/laureates/index.html

        «Tesoros de la Fe» Nº 60 > Tema “Devociones surgidas en otros lugares del Nuevo Mundo”
               Fuente: http://www.fatima.pe/articulo-318-la-virgen-de-guadalupe                             

lunes, 11 de diciembre de 2017

S A N T O R A L

Santa Maravillas de Jesús



Dos fotografías de la santa; a la izquierda, poco antes de entrar en el convento

Fiel hija espiritual de Santa Teresa de Ávila en su amor a la Religión y a la Orden Carmelitana, la madre Maravillas de Jesús, carmelita descalza, luchó tenazmente en el siglo XX para que permanezcan intactas las reglas, los usos y costumbres legados por la gran santa de Ávila, reformadora del Carmelo. Su fiesta transcurre el día 11 de noviembre.
Plinio María Solimeo
María Maravillas Pidal y Chico de Guzmán nació en Madrid el día 4 de noviembre de 1891, hija de Luis Pidal y Cristina Chico de Guzmán y Muñoz, marqueses de Pidal. Su padre ejerció los cargos de ministro de Fomento, embajador de España ante la Santa Sede y presidente del Consejo de Estado.
Los marqueses de Pidal eran muy religiosos y dadivosos, rezaban el rosario diariamente en familia y cumplían con la mayor exactitud sus deberes de estado. En un ambiente familiar así, Maravillas se sintió desde niña predispuesta a la virtud. Por lo demás, se beneficiaba de la buena influencia de su abuela materna, Doña Patricia Muñoz Domínguez, piadosa y austera, con quien compartía la habitación.
La Madre Maravillas de Jesús señalaba que sintió el llamado divino para la vida religiosa con el despertar de la razón. A los cinco años de edad, hizo voto de castidad. Diariamente iba con su abuela a la Santa Misa y, a pesar de su deseo, no podía hacer la primera comunión sino después de los diez años de edad, como era costumbre en la época. Después dirá a su director espiritual: “El día de mi primera comunión fue felicísimo. Sólo hablé con el Señor de mis anhelos de que llegase el día de poder ser toda suya en la vida religiosa”.1
Ardiente deseo de consagración a Jesús
Por entonces, fue recibida como hija de María. La adolescente escribió en la primera página de su manual francés, también en ese idioma: “Maravillas, ¡hija de María! Oh Santa Madre de Dios, dadme un corazón ardiente para desear a Jesús; un corazón puro para recibirlo; un corazón constante para no perderlo jamás”.
En 1913 muere su padre, y el mes siguiente su abuela materna. Como sus hermanos ya se habían casado, le tocaba a Maravillas quedarse con su madre, lo cual hacía más difícil su ingreso al convento.
Años más tarde, yendo a pasar una temporada con su hermano y cuñada en Torrevalega, fueron hasta Covadonga, donde Maravillas suplicó fervientemente a la Virgen allí venerada que le concediese la gracia de entrar cuanto antes en un carmelo. Nuestra Señora la oyó. Poco después, tanto su director espiritual como su madre le concedían el esperado permiso. Entró en el carmelo de El Escorial el día 12 de octubre de 1919. ¡La obediencia la hizo esperar hasta los 27 años para consagrarse por entero a Jesús!
El Cerro de los Ángeles y el nuevo carmelo
En junio de 1911 se realizó en Madrid el Congreso Eucarístico Internacional. Como conclusión del mismo, fue organizado un acto de consagración de España al Corazón de Jesús Sacramentado. Algunos católicos fervorosos tuvieron la idea de erigir un monumento al Divino Corazón en el Cerro de los Ángeles, ubicado a 14 kilómetros de la capital, solemnemente inaugurado el 30 de mayo de 1919, con la presencia de toda la familia real y los ministros, habiendo entonces el joven rey Alfonso XIII leído el acto de consagración.
Sin embargo, por no contar con un buen camino de acceso, el monumento fue cayendo en el olvido. Cierto día Nuestro Señor, por medio de inspiraciones interiores, comunicó a la entonces hermana Maravillas su deseo de que fuese edificado un carmelo en aquel lugar, para velar por el monumento e inmolarse por España. De manera similar inspiró a otra monja del mismo convento a secundar a la hermana Maravillas en aquella empresa.
Las carmelitas el día de la inauguración del
monumento en el Cerro de los Ángeles
Después de mil y una dificultades, las dos religiosas con su antigua Maestra de Novicias y una novicia fundaron el carmelo en el Cerro de los Ángeles. Este prosperó rápidamente, habiendo recibido muchas vocaciones. La hermana Maravillas, a pesar de haber hecho los votos solemnes no hacía mucho tiempo antes, fue designada Maestra de Novicias, y poco después priora del nuevo carmelo.
Enfrentando a la revolución de 1936
Era necesario un pulso fuerte para enfrentar la tormenta que se avecinaba, y que resultó en una de las más cruentas persecuciones a la Religión de la que se tenga noticia: la revolución comuno-anarquista de 1936 a 1938, que produjo un inmenso número de mártires.
No cupo a la madre Maravillas y a sus hijas espirituales, aunque lo deseasen ardientemente, dar la vida por la Fe. Fueron expulsadas del convento y pasaron un año en Madrid, manteniendo la vida de comunidad en un departamento, bajo constante riesgo. Hasta que ella y sus veinte religiosas, junto con algunos laicos que se les unieron, consiguieron salir de España para reingresar en ella, en una región no dominada por los comunistas. Así surgió el convento de Batuelas, donde se estableció la comunidad hasta la liberación del país del yugo rojo. Entonces, como había muchas aspirantes al carmelo, fue posible volver al Cerro de los Ángeles dejando una comunidad en Batuelas.
La Madre Maravillas, que en 1933 ya había enviado religiosas para la erección de un convento carmelita en Kottayan, en la India, fundaría aún diez otras casas en España. Envió también a monjas suyas para reforzar el carmelo de Ávila, donde había vivido Santa Teresa, así como otro en Ecuador.
Fidelidad heroica al espíritu de Santa Teresa
Mediante la Constitución Sponsa Christi, Pío XII propone a los religiosos la formación de federaciones de monasterios con noviciados comunes, madres federalas y religiosos para asesorarlas. Esto traía como consecuencia reuniones, visitas de los dirigentes de la federación, etc., lo cual alteraba mucho la vida de un convento de contemplativas como son las carmelitas. Y no se armonizaba con aquello que Santa Teresa había estipulado para sus carmelos, que debían ser comunidades autónomas y estables, con un número limitado de monjas, estricta clausura, etc.
La madre Maravillas, que no deseaba ninguna alteración en aquello que Santa Teresa les había legado, hizo lo posible para evitar cualquier modificación que alterara la voluntad de la gran reformadora del Carmelo. Consultó al General de la Orden, el R. P. Silverio de Santa Teresa, a quien ya conocía y con quien había tratado de la fundación del carmelo del Cerro de los Ángeles. Se dirigió al propio Secretario de la Congregación de los Religiosos, el sacerdote español Arcadio Larraona. Ambos concordaron con su punto de vista. Movilizó a todos los contactos que mantenía, tanto en el campo civil cuanto en el eclesiástico, a favor de su aspiración.
Para ella, se trataba de una verdadera batalla, en la cual tenía que usar de todos los recursos de la piedad, así como de la sagacidad, de la tenacidad y de su extraordinaria vitalidad.
Tenaz defensora de la Orden Carmelitana
En todo momento leemos en su correspondencia de la época las palabras milagro, salvar la Orden, y otras que exteriorizan sus profundas preocupaciones, así como su sensación de que se entraba en difíciles tiempos.
Así, cuando el embajador de España ante la Santa Sede, Fernando Castiella, le comunicó las buenas noticias al respecto de la marcha de sus gestiones en el Vaticano, ella escribió a la priora del Cerro el 5 de junio de 1954: “Esto fue un verdadero milagro. La Santísima Virgen quiso salvar su Orden”.2 En otra carta a la misma religiosa, tres meses después, afirmaba: “La Santísima Virgen en su Año Mariano[1954], nos va a salvar”. A ella también le había dicho anteriormente: “¡Madre Mía! ¡Cuánto tenemos que pedir a nuestra Santa Madre Teresa que libre a su Orden! La Santísima Virgen nos lo concederá”.3
El 4 de julio de 1956, escribió a Fray Víctor de Jesús María  O.C.D., canonista y Definidor General de la Orden: “Ya sé que V. Revma. no nos olvidará y pedirá muchísimo para que no permita el Señor que la Orden de su Madre sea tocada en nada. Ya no nos resta más que la oración, pero realmente es el arma más poderosa”.4
"El Priorito", imagen del Niño Jesús que la santa colocó 
como Prior del convento en el Cerro de los Ángeles
Resistiendo a los vientos de los nuevos tiempos
La cuestión se prolonga, sobre todo con el inicio del Concilio Vaticano II. En carta escrita en abril de 1967 al Prepósito General de la Orden, Fray Miguel Ángel de San José, dice ella: “La elección de V. Revma. nos llenó de alegría, y vimos como Nuestra Madre Santísima vela por su Orden, poniéndola en sus manos en estos tan difíciles y delicados momentos”.5
En la fiesta de San Miguel Arcángel, 29 de setiembre de 1967, vuelve a escribir a la misma persona: “Haga todo cuanto sea necesario para salvar la «Orden de la Virgen» en estos tiempos tan difíciles. Con la ayuda de Cristo, nuestro Bien, y de su Madre Santísima, no podemos dudar de que así será”.
El tiempo fue pasando, y uno de los decretos del Vaticano II, el Perfectae Caritatis, insistió en la propuesta de Pío XII, recomendando a las religiosas contemplativas la formación de federaciones, uniones o asociaciones, como un medio de ayuda mutua entre los monasterios. La Madre Maravillas ve en el número 22 del decreto la salida que buscaba. Recomienda ese ítem que “los Institutos y Monasterios autónomos promuevan entre sí (...) uniones, si tienen iguales constituciones y costumbres y están animados del mismo espíritu, principalmente si son demasiado pequeños”.6 Discernía ella una salida: para fundar una unión de carmelos (dos por ella fundados y algunos más que pidieron su admisión) sin tener que alterar en nada la vida de esos monasterios. La finalidad de tal asociación era la de que esos carmelos pudiesen ayudarse con facilidad, espiritual y económicamente, y hasta con las personas necesarias, sin salidas ni entradas, sin visitas ni visitantes, etc.
Realización del deseo de “no cambiar nada”
Después de muchas dificultades, tensiones y perspicacias de nuestra religiosa, finalmente Roma aprobó esa unión el 14 de diciembre de 1972, con el nombre de Asociación de Santa Teresa,siendo la madre Maravillas elegida como su presidenta por unanimidad, el 12 de marzo de 1973.
En una carta enviada a la madre Luisa del Espíritu Santo, priora de Arenas, el 22 de marzo de ese mismo año, la madre Maravillas muestra su alegría al mismo tiempo en que indirectamente señala sus principales conquistas: “Como ven, ya nos concedió el Señor esta gracia que le veníamos pidiendo, si ésa fuese su voluntad, y ya tenemos aprobada nuestra Asociación de Santa Teresa en España. Fue como un milagro que el Señor había hecho que la aprobasen tal como la habíamos pedido. Para nuestros conventitos todo eso no supone ninguna novedad, pues lo veníamos viviendo, con la ayuda del Señor, desde hace tantos años; pues es mucho (lo) que el Señor, poniendo en nuestra manera de vivir el sello y la aprobación de la Iglesia, parece decirnos, por el camino más seguro, que está contento con eso y que aprueba nuestros deseos de no cambiar nada, y que sigamos adelante por los mismos caminos que nuestra Santa Madre (Teresa) nos trazó. (...) De varios conventos nos piden para entrar en nuestra unión, pero por ahora nos parece que no conviene aumentar el número”.8
La madre Maravillas de Jesús murió el 11 de diciembre de 1974, siendo beatificada por Juan Pablo II en 1998, y por él canonizada el 3 de mayo del 2003.   
Notas.-
1. P. Rafael María López Melús  O.C.Nuestra Dulcísima Madre – La Virgen María en la vida y escritos de la Beata Madre Maravillas, Edibesa, Madrid, 2001, p. 50.
2 y 3. Id., p. 104.
4 y 5. Id., p. 105.
6. Paulo VI, Decreto Perfectae Caritatis — Sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, 28 de octubre de 1965, n. 22.
7. P. Rafael M. López Melús, op. cit., p. 106.
8. Id., p. 107.
http://www.fatima.org.pe/articulo-249-santa-maravillas-de-jesusr

S A N T O R A L

SAN DAMASO, PAPA Y CONFESOR

Aparece este gran Pontífice en el ciclo, no para anunciar la paz como San Melquíades, sino como uno de los más ilustres defensores del gran Misterio de la Encarnación. Sale por los fueros de la divinidad del Verbo, condenando como su predecesor Liberio los actos del famoso concilio de Rímini, y a sus fautores; afirma con su soberana autoridad la perfecta Humanidad del Hijo de Dios encarnado, condenando la herejía de Apolinar. Finalmente, el encargo que dió a San Jerónimo de trabajar en una nueva versión del Nuevo Testamento sobre el original griego para uso de la Iglesia Romana, podemos considerarlo como un nuevo y evidente testimonio de su fe y amor para con el Hombre-Dios. Honremos a tan gran Pontífice llamado por el concilio de Calcedonia, ornamento y fortaleza de Roma por su piedad, y a quien su ilustre amigo y protegido San Jerónimo califica de hombre excelente, incomparable, sabio en las Escrituras, Doctor virgen, de una Iglesia virgen.

Vida

San Dámaso, de sangre romana, sucedió en la silla de Roma al Papa Liberio, el año 366. No sólo veló por la pureza de la fe, sino que conservó los antiguos monumentos cristianos; restauró las Catacumbas, adornó los sepulcros de los Mártires con elegantes epitafios, hizo prevalecer la primacía de la sede romana, haciéndola reconocer por todo el Oriente y Occidente. Reglamentó la oración pública con el canto de los Salmos, a dos coros; encargó a San Jerónimo la traducción del Salterio y murió en el año 384. Sus restos fueron transportados a la Iglesia de San Lorenzo que lleva su nombre: in Dámaso.
Fuiste durante tu vida, oh Santo Pontífice Dámaso, lumbrera de los hijos de la Iglesia, pues les distes a conocer al Verbo encarnado, protegiéndolos contra las nefastas doctrinas por medio de las cuales trata siempre el infierno de destruir el glorioso Símbolo, donde se nos revela la infinita misericordia de un Dios para con la obra de sus manos, y la sublime dignidad del hombre redimido. Desde lo alto de la Cátedra de Pedro supiste fortalecer la fe de tus hermanos; la tuya jamás desfalleció, porque Cristo había rogado por ti. Nos congratulamos, oh Doctor virgen de la Iglesia virgen, del galardón eterno concedido a tu integridad por el Príncipe de los Pastores. Haz descender sobre nosotros desde lo alto del cielo, un rayo de esa luz que te manifiesta a Jesús en su gloria, para que podamos verle, reconocerle, y gustarle en medio de la humildad bajo cuya capa va a mostrársenos bien pronto. Consíguenos el entendimiento de las sagradas Escrituras en cuya ciencia sobresaliste como Doctor, y la docilidad a las enseñanzas del soberano Pontífice, a quien se dijo en la persona del Príncipe de los Apóstoles: Duc in altum Conduce a la alta mar.
¡Oh poderoso sucesor de aquel pescador de hombres! haz que todos los cristianos se sientan animados de los mismos sentimientos que animaban a Jerónimo, cuando dirigiéndose a tu Autoridad en una célebre Epístola, decía: Quiero consultar a la Cátedra de Pedro, quiero que de ella me venga la fe, alimento de mi alma. Ni la amplia planicie de los mares, ni la lejanía de las tierras, me podrán detener en la búsqueda de esta preciosa perla: donde se halla el cuerpo, es natural que se reúnan las águilas.
El Sol de justicia se levanta ahora en Occidente: por eso pido al Pontífice la Víctima de salvación y al Pastor la ayuda para su oveja. La Iglesia está edificada sobre la Cátedra de Pedro; el que come el Cordero fuera de esta Casa es un extraño; el que no se hallare dentro del Arca de Noé, perecerá en las aguas del diluvio. No conozco a Vidal; nada tengo que ver con Melecio; ignoro a Paulino: el que contigo no recoge, oh Dámaso, esparce lo recogido; porque el que no está con Cristo, está con el Anticristo.

* * *

Pensemos en el Salvador divino que se encuentra en el seno de su Madre, la purísima María, y adoremos con los santos Ángeles, el profundo anonadamiento a que se ha reducido por amor nuestro. Contemplémosle ofreciéndose a su Padre por la redención del género humano, comenzando ya a cumplir con su oficio de Mediador que se ha dignado aceptar. Admiremos con emoción ese amor infinito que no se ha contentado con el primer acto de humildad, cuyo mérito es tan grande que pudiera haber bastado para rescate de millones de mundos. El Hijo de Dios quiere pasar nueve meses en el seno de su Madre, como los demás niños, nacer después en la pobreza, vivir en medio de trabajos y sufrimientos, y hacerse obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.
Relicario en San Lorenzo in Dámaso, Roma 
¡Sé bendito y amado, oh Jesús, por tan gran amor! Ahí estás ya, bajado del cielo, para ser la Hostia que ha de reemplazar a todas las demás víctimas inútiles, que no han sido capaces de borrar el pecado de los hombres. La tierra posee ya a su Salvador, aunque no le ha contemplado todavía. Dios no la maldecirá ya, gracias a ese tesoro que la enriquece. Mas, descansa aún, oh Jesús, en las castas entrañas de María, en esa Arca viviente, de la que eres verdadero Maná, destinado a ser manjar de los hijos de Dios. Con todo, se acerca la hora, oh Salvador, en que tendrás que salir de ese santuario. En vez de la ternura de María te encontrarás con la malicia de los hombres; no obstante eso, te suplicamos y osamos recordarte, que debes nacer, en el día señalado: es la voluntad de tu Padre; es el deseo del mundo, y así lo esperan todos los que te aman.

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

domingo, 10 de diciembre de 2017

S A N T O R A L


SANTA EULALIA DE MERIDA, VIRGEN Y MARTIR

La Iglesia de España, perla del catolicismo, celebra hoy la memoria de la ilustre mártir que inmortaliza a Mérida, honra de toda la Península Ibérica, alegría de la Iglesia Universal, exclama enajenado de entusiasmo Dom Guéranger. Es la tercera de esas "Vírgenes sabias" cuyo culto se celebra con más pompa en la Iglesia en tiempo de Adviento; digna compañera de Bibiana, de Bárbara, y de la heroica Lucía que pronto recibirá el homenaje de nuestro culto.

No insertamos aquí el estupendo poema que copia y traduce el Abad de Solesmes; es muy extenso, aunque esa consideración no estorbó a los Padres de nuestra liturgia mozárabe incluirle por entero en el Oficio de la Santa. Consta de cuarenta y cinco estrofas el delicioso cántico, desarrollado en forma descriptiva, histórica.

Sobrehumano es el valor, increíble la audacia con que esa niña de doce años desafía al tirano y se lanza a los suplicios, más pronta y animosa a abrazarse con ellos, que los feroces verdugos a aplicárselos sin miramiento ni asomo de piedad y duelo al cuerpecillo delicado de Eulalia. Es que, bajo las apariencias de niña tierna latía un corazón gigante. Para describirnos y cantar dignamente la lucha inaudita más que homérica de esa heroína contra todo el poder del averno, era menester nada menos que el prócer de la lírica cristiana; a la abanderada del espléndido escuadrón de vírgenes mártires invencibles ha de corresponder el vate más ilustre, el rey de los poetas del cristianismo, el gran Prudencio. Prudencio se dió cuenta cabal del papel glorioso que le deparaba la Providencia de ensalzar a esa niña prodigio que superaba en fortaleza y coraje a los corifeos mismos del martirio. Se superó a sí mismo el poeta en dulzura, suavidad y gracia, cantando a su heroína, y esculpiendo a la par en sus versos la entereza broncínea de Eulalia, que con delirio santamente loco, andaba a caza de torturas para su cuerpo, asaltándolas con el afán con que los niños golosos se lanzan a los dulces y frutas apetecidas.

Imagen relacionada
Es Eulalia en los anales del heroísmo cristiano una figura desconcertante por su grandeza legendaria; nos cuesta de buenas a primeras dar ascenso a la vivida descripción de su martirio, si no paramos mientes en que Cristo mismo por obra y gracia del Espíritu divino forjó de intento ese modelo insuperable de Esposa suya que se lanza desolada a los brazos de su Amado a través de sangre y fuego, y para lograrlo se abreva, degusta y saborea con fruición incontenible los tormentos más atroces.

Y no andan en zaga, en entusiasmo y elocuencia el Breviario y Misal Mozárabes al ensalzar a Santa Eulalia. No se halla cosa tan soberbiamente magnífica, dice Dom Guéranger, como los elogios consagrados a su memoria por la antigua Iglesia de España. Citamos casi al azar, añade, en el Misal, las dos hermosas composiciones escogidas entre otras veinte que pudieran ser preferidas:

Oración 

Regocíjese en Vos, Señor, la virginidad, y codeándose con ella la continencia tome parte en la alegría. He aquí una guerra, en que no figura el sexo sino el valor. No estriba la defensa en la espada sino en el pudor. No se entabla la lucha entre personas sino entre causas. Una conciencia inocente atraviesa sin heridas los batallones armados; la que triunfó del asalto de los sentidos, triunfará del hierro. Vencerá fácilmente a los demás el que se vence a sí mismo; y si la virtud es loable en el hombre, la virgen que despliega viril fortaleza es digna de mayores elogios, Una virgen sagrada entra en una asamblea profana, y llevando en su pecho a solo Dios triunfa de los suplicios. No falta allí un lictor tan imprudente como cruel que lanzando las saetas impúdicas de sus miradas, tortura con infame suplicio a quien podemos apellidar Esposa de Cristo, de manera que la ajena al adulterio tiene que soportar castigo adúltero. Luego, el verdugo, para someterla a más ruda prueba, expone el cuerpo de la Virgen ante los ojos de los espectadores, y a lo largo de sus caderas desgarradas corre en arroyuelos la sangre más rápidamente que la mano del lictor, lo es para abrir nuevas llagas en las entrañas surcadas de crueles azotes. La sacrílega intención del verdugo queda confundida, y no aparece aquí otro vergonzoso espectáculo que el de los fieros tormentos. Desnuda está nuestra Virgen, pero es desnudez pudorosa. Uno y otro sexo aprenda pues, de esta Virgen a ambicionar no la hermosura sino la virtud, a amar la fe, no los encantos del cuerpo. El que quiere agradar al Señor, entienda ha de ser juzgado, no por los atractivos del rostro, sino por su pudor. Y ahora, oh Cristo, ya que por ti mereció esta Virgen, por ti también llevó felizmente a cabo su glorioso papel, (pues no acertaríamos a rehuir las dudas del enemigo sino el apoyo de tu divinidad) dígnate otorgarnos que, así como esta bienhadada Mártir ganó por su lucha varonil el premio de la castidad, alcancemos el perdón de nuestros desmanes, la recompensa prometida.

Ilación

Digno y justo es. Señor Dios, que te demos gracias a Ti que colocaste en el pavés de la gloria a esta Virgen prudente fiel discípula de la fe; a Ti que haciendo fuese María madre, hiciste también que Eulalia fuese mártir, la una feliz en dar a luz la otra feliz muriendo; la una llevando a cabo el ministerio de la Encarnación del Verbo, la otra apropiándose la imitación de sus padecimientos; la una creyó al Ángel, la otra resistió al enemigo; la una elegida para que Cristo naciera de ella, la otra escogida para que el diablo fuera vencido por ella. Eulalia Mártir y Virgen fué en verdad digna de agradar a su Señor; protegida por el Espíritu Santo aguantó rudo combate a la delicadeza de su sexo. Viósela por encima de toda fuerza humana ofrecerse a las torturas en alas del celo de tu amor; cuando a honra de tu precioso Unigénito derramó su sangre en testimonio de generosa confesión, y entregó a las llamas sus castas entrañas en olor de suave incienso. Va sin ser llamada al tribunal de un gobernador sanguinario. Allí se manifiesta su alma tan incapaz de disimulo, como el lugar mismo convidaba a señalado triunfo. Quiere conquistar un reino, menospreciar los suplicios, encontrar al que busca y ver, finalmente, al que habrá confesado. No le asusta la pena, no duda de su triunfal corona, el potro no la ha rendido, no desconfía del premio. La preguntan, confiesa; la arrancan la vida y es coronada. Por estupendo prodigio subiendo el espíritu de la Virgen hacia ti por la llama al exhalar el postrer suspiro, tu Majestad soberana le recibe en figura de paloma; de modo que la Mártir escala los cielos con el símbolo maravilloso con que ¡oh Padre celestial! mostraste tu Hijo a la tierra. Pero los mismos elementos no sufren que el cuerpecillo de la Mártir permanezca sin honra; nieve del cielo a guisa de vellocino gracioso viene a cubrir y discretamente velar aquellos restos que pregonan la austeridad de la virtud, el candor de la virginidad. El cielo mismo aporta la pompa de espléndida misericordia del Redentor, el alma de la Virgen es entronizada en la celestial mansión en desquite de la mortaja aérea en tan augustos funerales, y por la sepultura terrestre.

Ten a bien, Mártir gloriosa, unamos nuestra admiración a los sublimes cánticos que la Iglesia entona a honra tuya. Habiendo enajenado tu corazón Virgen heroica el amor de Cristo, no sentías los tormentos, o, mejor dicho, el dolor era sustento y cebo de tu amor en ausencia de ese Esposo que podía él solo colmar tus deseos. Con ese ardor invencible con esa tu audacia magnánima que te impedía a desafiar a los tiranos y el furor de la plebe, nada había tan inefablemente dulce como tu sonrisa, nada tan tierno como tus palabras. Alcánzanos, Esposa de Cristo, siquiera un poquito de esa valentía que jamás se abate delante del enemigo, de ese tierno amor a nuestro Señor Jesucristo que, solo, libra a las almas de tibieza y orgullo.

Santa Eulalia
¡Oh tú, gloria de Iberia, paloma de paz, ten piedad de esa tierra católica que te crió para el cielo! No sufras palidezca la antigua fe en una Iglesia que brilló entre todas las otras con esplendor sin igual durante tantos siglos. Ruega, Eulalia, para que los días de la tribulación en tiempo de borrasca se abrevien, y Dios, cediendo a tus ruegos, confunda la sacrílega audacia de los impíos resueltos a aniquilar el reino de Dios en la tierra; inspire al clero la fortaleza y energía de tiempos pasados, haga fecunda la sangre de los mártires que ha sido ya derramada, pare en seco el escándalo de que son tan fácilmente víctimas el pueblo sencillo y los débiles, que se digne, por fin, no borrar a España del número de las naciones católicas, y perdone a hijos degenerados en atención a sus padres.

Las reliquias de esta mártir incomparable, enriquecen hoy la sede y región ovetense donde fueron trasladadas hace ya muchos siglos, para sustraerlas a la profanación de las hordas agarenas invasoras. Es Patrona ilustre de la diócesis. Hubiéramos deseado que en vez de los himnos de la festividad, de mediocre inspiración lírica, se usaran las viriles estrofas del inmortal Prudencio. Algo más acertados estuvieron en las encomias tributadas a Santa Eulalia, nuestros antiguos Padres de la Iglesia mozárabe.

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer