viernes, 24 de abril de 2026

S A N T O R A L


SAN FIDEL DE SIGMARINGA, MARTIR 

UN MÁRTIR DE LOS TIEMPOS MODERNOS


Jesús resucitado rodeó su persona de una guardia de honor de mártires. Todos los siglos contribuyen a formarla. Este día ha visto entrar en las filas de la falange celeste a un combatiente generoso, que mereció su palma no luchando contra el paganismo, como los que hasta ahora hemos saludado, sino defendiendo a la Iglesia contra los hijos rebeldes. La mano de los herejes sacrificó esta víctima triunfal, y el siglo XVII fué el teatro de su lucha. Fidel llenó todo el significado de su nombre. Nunca retrocedió ante el peligro. Toda su vida no tuvo otro objeto que la gloria y servicio de su divino Maestro, y llegado el momento de salir al encuentro del peligro, avanzó hacia él sin arrogancia, pero también sin titubeos como convenía a un imitador de Cristo que sale al encuentro de sus enemigos. ¡Gloria al valeroso hijo de San Francisco, digno en todo de su seráfico Patriarca, que desafió al sarraceno y fué mártir de deseo!

EL PROTESTANTISMO Y LA LIBERTAD

El protestantismo se estableció y se mantuvo por la sangre, y osó lamentarse de haber sido el blanco de la resistencia armada de los hijos de la Iglesia. Durante siglos se bañó en la sangre de nuestros hermanos, cuyo único crimen consistía en querer permanecer fieles a la fe que había civilizado a los antecesores de sus verdugos. Proclamaba la libertad en materia religiosa y sacrificaba a los cristianos que en su sencillez pensaban que en virtud de esa libertad tan proclamada, les estaría permitido creer y orar como se creía y oraba antes de Lutero y Calvino. Pero el católico se equivoca al contar con la tolerancia de los herejes. Un instinto fatal arrastra continuamente a estos a la violencia contra la Iglesia cuya persistencia es para ellos un continuo reproche por haberla abandonado. En primer lugar tratan de aniquilarla en sus miembros, y si el cansancio de una lucha ininterrumpida trae al fin alguna calma, su mismo odio tratará de avasallar a quienes no se atreve a inmolar, insultando y calumniando a los que no ha podido exterminar. La historia de Europa protestante en sus cuatro siglos, justifica lo que acabamos de decir; pero nosotros debemos tener por dichosos a aquellos de nuestros hermanos, que en tan gran número han derramado su sangre en defensa de la fe romana.

VIDA

Marco Rey nació en Sigmaringa, ciudad de Suabia, en 1577. Estudió Filosofía en Friburgo, y Derecho en Bilinga, y ejerció la abogacía en Colmar. Convencido de que esta profesión le exponía a cometer muchas injusticias, entró en la orden de los Capuchinos, que le parecieron unir los méritos de la vida activa y contemplativa, y recibió el nombre de Fidel. Fué ordenado de sacerdote el 4 de octubre en 1612, y dió ejemplo de las más altas virtudes, de gran devoción a la Santísima Virgen y de muy grande austeridad. La Congregación de la Propaganda Fide le mandó a predicar a Suiza, en especial a los grisones, entre los cuales la herejía protestante había hecho grandes destrozos. Convirtió a muchos, pero se atrajo el odio de. los herejes. El 24 de Abril de 1622, se apoderaron de él, y no consiguiendo hacerle renegar, le partieron el cráneo y le atravesaron con sus espadas. Su cuerpo fué llevado a la catedral de Coira. En 1729 fué beatificado y en 1743 canonizado.

ADHESIÓN A LA FE

Terminaste tu carrera con gloria, ¡oh Fidel!, y tu fin ha sido más hermoso que su principio. ¡Con qué serenidad fuiste a la muerte! ¡Con qué alegría sucumbiste a los golpes de tus enemigos que eran los mismos de la Iglesia! Como San Esteban oraste por ellos; porque el católico que debe detestar la herejía, debe también perdonar a los herejes que le sacrifican.
Ruega, oh santo mártir, por los hijos de la Iglesia, alcanza que conozcan mejor el valor de la fe, y la gran gracia que Dios les ha hecho en nacer de la única verdadera Iglesia. Que se guarden de las doctrinas perversas que de todas partes llegan a sus oídos, que no se escandalicen de las tristes defecciones que con tanta frecuencia se producen en este siglo de molicie y de orgullo. La fe nos conducirá a Jesús resucitado; nos la recomienda El mismo cuando dice a Tomás: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron"!

También nosotros creemos, y por eso nos unimos a la Iglesia que es la maestra exclusiva de la fe. A ella damos fe y no a la razón humana que no lograría entender la palabra de Dios y menos aún juzgarla. Jesús quiso que esta fe nos llegara confirmada por el testimonio de los mártires, y cada siglo ha producido los suyos. ¡Gloria a ti, oh Fidel, que conseguiste la palma combatiendo los errores de la pretendida reforma!
Véngate a la manera de los mártires y pide a Jesús sin cesar que vuelvan a la fe y unidad de la Iglesia los secuaces del error. Son hermanos nuestros por el bautismo; pide que entren en el redil y que todos juntos podamos celebrar la verdadera cena pascual, en la cual el Cordero de Dios se da en alimento, no de una manera figurada, como en la Antigua Ley, sino realmente como conviene a la Nueva.
 fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer Tomo III pag 705 y siguientes


EL MARTIRIO

EL 24 de abril de 1622, de vuelta a Grusch, celebró el santo sacrificio de la misa y predicó a los soldados acerca de la blasfemia. En medio del sermón le faltó repentinamente la voz, al parecer sin fundamento alguno, permaneciendo algún tiempo en éxtasis con los ojos levantados al cielo. En ese arrobamiento le reveló el Señor que aquel mismo día sería el de su triunfo. Terminada la plática, quedose largo rato orando ante el altar, y luego se puso en camino para Seewis, donde la víspera fue traidoramente invitado a predicar por una diputación de herejes. Mientras se hallaba predicando, una cuadrilla de revoltosos calvinistas armados de mazas, espadas, alabardas y mosquetes, irrumpieron tumultuosamente en la iglesia y, dando aullidos y voces desacompasadas, asustaron a los fieles. Mientras tanto, el predicador se llegaba hasta el altar, hacía una breve oración, salía de la iglesia y trataba de regresar a Grusch acompañado de un capitán austriaco. Más no tardaron ambos en ser alcanzados por veinticinco calvinistas. El oficial fue arrestado. Entonces, uno de los amotinados dijo al misionero:
—Así, pues, tu eres el fanático desventurado que se presenta ante el pueblo como profeta? Confiesa que lo que has dicho es pura mentira, o mueres en mis manos.

—Yo no os he predicado más que la eterna verdad, la fe de vuestros padres —replicó con santa intrepidez el mártir—, y gustoso daría mi vida por qué la conocierais.

—No estamos ahora para tales cosas —replicó otro—, di si abrazas o no nuestra religión.

 —He sido enviado a vosotros para ilustraros, no para abrazar vuestros errores.

En aquel instante uno de los forajidos le asestó un tajo en la cabeza y le derribó; pero, con todo, el mártir tuvo aun fuerza bastante para arrodillarse y, con los brazos en cruz y la mirada vuelta al cielo, exclamó, a ejemplo del divino Salvador:

—Perdona, oh Dios mío, a mis enemigos que, cegados por la pasión, no saben lo que hacen. !Jesús mío, apiádate de mí! !Oh María, Madre de Jesús, asísteme en este trance!

De otro golpe le volvieron a derribar y, ya en el suelo, le asestaron tal golpe en la cabeza con una maza, que le abrieron el cráneo. Por si todavía no hubiera muerto, le apuñalaron sin piedad y le tajaron la pierna izquierda para castigarle —decían ellos— de todas las correrías que había hecho en pro de su conversión.

El cuerpo del santo mártir descansó en el campo de Seljanas, cerca de Seewis, hasta el otoño siguiente bañado en su propia sangre. Sus reliquias —a excepción de la cabeza y la mano izquierda—- depositadas en el convento de Capuchinos de Feldkirch, fueron trasladadas el 5 de noviembre del mismo año a la catedral de Coira.

En vista de los milagros obrados por intercesión del siervo de Dios, Benedicto XIII le declaro Beato por decreto del 12 de marzo de 1729 y Benedicto XIV, el 29 de junio de 1746, le inscribió en el Catalogo de los Santos. Clemente XIV, el 16 de febrero de 1771, extendió su oficio a la Iglesia universal y proclamó al apóstol de los grisones protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Fuente: Edelvives, El Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives, Zaragoza, vol. II, 1947, pp. 560 y 561.

jueves, 23 de abril de 2026

S A N T O R A L

SAN JORGE, MÁRTIR 

EL MÁRTIR

Se nos propone hoy a San Jorge como el valeroso campeón de Cristo resucitado.
La Iglesia oriental, que le llama el gran Mártir, introdujo pronto su culto en Occidente y la caballería cristiana le ha amado y honrado corno uno de sus más queridos patronos.
La Iglesia no lee en el oficio de Maitines la leyenda de San Jorge, sino simplemente un pasaje de San Cipriano sobre los combates de los mártires. En efecto, el decreto sobre los libros apócrifos atribuido al Papa San Gelasio, menciona entre los libros no recibidos las Actas de San Jorge, redactadas por un autor herético.
Más modernamente se han encontrado unas Actas escritas en griego, a las que al principio se creyó debía darse mayor crédito, pero que al fin han resultado también desprovistas de autoridad.
Sin embargo de eso, se puede afirmar que San Jorge padeció por la fe antes de Constantino en Lidda, ciudad de Palestina, hacia el año 303. Su martirio es confirmado por el culto que se le ha tributado por lo menos desde el siglo V.

SU CULTO

Comenzó en Oriente. La ciudad en que padeció el martirio se llamó ciudad de San Jorge, y en ella se levantó una basílica en su honor. Musulmanes y cristianos creen que sus reliquias descansan en la cripta colocada debajo del altar. En Egipto tuvo dedicadas 40 iglesias y tres monasterios. En las Galias el rey Clodoveo, muerto en 512, construyó un monasterio y le dió el nombre de San Jorge, y San Germán de Parías (f 576) propagó mucho su culto. Santa Clotilde le tuvo una devoción particular y le dedicó la iglesia de su querida abadía de Chelles. Pero este culto alcanzó su mayor esplendor en la época de las Cruzadas, cuando nuestros caballeros fueron testigos de la veneración que los pueblos de Oriente tenían a San Jorge, y oyeron narrar las maravillas de su auxilio en los combates. Los historiadores bizantinos cuentan muchos casos notables, y los mismos cruzados no tardaron en experimentar los efectos de la confianza que habían puesto en el auxilio de este poderoso conductor de los ejércitos cristianos. La república de Génova le nombró su patrono y la de Venecia le honró, después de San Marcos, como su protector especial. Pero no ha habido nación del mundo católico que haya sobrepasado a Inglaterra en la devoción tributada a San Jorge. No solamente un Concilio nacional tenido en Oxford en 1222, ordenó que la fiesta del gran mártir se celebrase como de precepto en toda Inglaterra; no solamente el culto del valeroso soldado de Cristo fué profesado en la gran Bretaña por los primeros reyes normandos, sino que hay razones para sostener, como lo atestiguan los monumentos anteriores a las invasiones de Guillermo el Conquistador, que la devoción particular de la nación inglesa hacia San Jorge, le era tributada desde los siglos IX y X como a un protector particular.
Eduardo III no hizo sino manifestar el sentimiento piadoso de su nación para con el celestial guerrero, cuando colocó debajo de su patrocinio la insigne orden de la Jarretera, que fundó en 1330. También debemos hacer mención de la orden militar de San Jorge que estableció Federico III en Alemania en 1468.

ICONOGRAFÍA


A San Jorge se le representa montado en un dragón, y librando con este acto de valor a una princesa a la que el monstruo iba a devorar. Esta escena de la que el arte ha sabido sacar un gran partido, es puramente simbólica y tiene su origen en los monumentos iconográficos bizantinos. Significa el triunfo que San Jorge obtuvo sobre el demonio por su generosa confesión. La princesa representa a Alejandra, a quien la constancia del mártir conquistó a la fe. Ni en las Actas de San Jorge, ni en los himnos de la liturgia griega, se hace mención del dragón con que luchó el mártir, ni tampoco de la princesa a quien libró de un peligro temporal. Esta fábula sólo circuló en Occidente a partir del siglo XIV, y su origen viene de la interpretación demasiado naturalista de las effigies consagradas a San Jorge por los griegos, y que se introdujeron en nuestras iglesias al final de, las Cruzadas. 

 

PLEGARIA POR LA MILICIA TEMPORAL

Hoy, 23 de abril, el Ejército Argentino conmemora el día del Arma de Caballería y de su Santo Patrono, San Jorge

¡Oh San Jorge, eres la honra de la milicia cristiana! El servicio del príncipe temporal no te hizo olvidar tus obligaciones para con el rey del cielo. Derramaste tu sangre por la fe de Cristo, y en recompensa él te ha constituido jefe y guía de los ejércitos cristianos. Sé su sostén ante las filas enemigas, y concede la victoria a los defensores de la causa justa. Protégelos debajo de tu estandarte, cúbrelos con tu escudo y esparce el miedo delante de ellos. El Señor es el Dios de los ejércitos, y la guerra entra a veces en los planes de su Providencia, ya en vista de su justicia, ya en la de su misericordia. Jefes y soldados tienen necesidad del auxilio celestial. Al hacer la guerra, parecerá a veces que hacen la obra del hombre, mientras que en realidad hacen la de Dios. 
Por esta razón son más accesibles que los demás hombres a los sentimientos generosos, y por eso mismo su corazón es más religioso. El sacrificio, el peligro, los eleva sobre ellos mismos; también los soldados tienen su lugar distinguido entre los fastos de los mártires. Vela por el ejército de nuestra patria. Hazle tan cristiano como valeroso; sabemos que no han puesto en vano en ti sus esperanzas los hombres de guerra..

PLEGARIA POR LA MILICIA ESPIRITUAL

En la tierra no sólo existe milicia temporal; hay otra en la que están alistados todos los fieles de Cristo.
San Pablo, hablando de todos nosotros, ha dicho: "que no serán coronados sino los que lucharen legítimamente" . Hemos de contar con la lucha en este mundo, si escuchamos las exhortaciones del mismo Apóstol: "Cubrios con la armadura de Dios, nos dice, para que podáis resistir los ataques del diablo. Tomad por cinturón la verdad, por coraza la justicia, por calzado la resolución de andar por el camino del Evangelio, por escudo la fe, por casco la esperanza de la salvación y por espada la palabra de Dios".
¡Somos, pues, guerreros como tú! Nuestro Jefe divino resucitado, antes de subir al cielo quiere pasar revista a su ejército; preséntanos a El. Nos ha admitido en las filas de su guardia, a pesar de nuestras infidelidades pasadas; a nosotros por tanto corresponde hacernos dignos de al honor. La prenda de la victoria la tenemos en la Eucaristía, ¿cómo nos hemos de dejar vencer?
Vela por nosotros, ¡valiente guerrero! Que tus oraciones nos ayuden mientras tus ejemplos nos animan a luchar como tú contra Satanás.
Cada pieza de nuestra armadura le es temible; el mismo Jesús la ha preparado para nosotros y la ha templado en su sangre; da fuerzas a nuestro valor, para que podamos como tú, presentársela entera, el día en que nos invite a su descanso eterno.

PLEGARIA POR TODA LA CRISTIANDAD

La cristiandad entera tiene necesidad de que te acuerdes de los homenajes que te prodigó en
otros tiempos. Por desgracia la antigua piedad hacia ti se ha enfriado, y para muchos cristianos tu fiesta pasa inadvertida. No te ofendas por ello, ¡oh santo mártir!, imita a tu Maestro que hace salir su sol sobre los buenos y malos. Tén piedad de este mundo en medio del cual ha sido sembrado el error, y que en este momento se agita en convulsiones terribles. Mira con compasión a Inglaterra, que ha sido seducida por el dragón infernal. Los antepasados te lo piden desde el cielo, ¡oh poderoso guerrero!; sus hijos te suplican desde la tierra. En nombre de Jesús resucitado te conjuramos ayudes a la resurrección de un pueblo que fué tuyo.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer Tomo III pag 700 y siguientes



LIBRO DE LA ORDEN DE CABALLERÍA


(Selección)

SEGUNDA PARTE

LA CUAL HABLA DE LA ORDEN DE CABALLERIA Y DEL OFICIO QUE ES PROPIO DEL CABALLERO
 1. El oficio del caballero es el fin y la intención por los que comenzó la orden de caballería. De donde, si el caballero no cumple con el oficio de la caballería, es contrario a su orden y a los principios de la caballería arriba citados; por cuya contrariedad no es verdadero caballero, aunque sea llamado caballero; y tal caballero es más vil que el tejedor y el trompetero, que cumplen con su oficio.
 2. Oficio de caballero es mantener y defender la santa fe católica, por la cual Dios Padre envió a su Hijo a tomar carne en la gloriosa Virgen, Nuestra Señora Santa María, y para honrar y multiplicar la fe sufrió en este mundo muchos trabajos y muchas afrentas y penosa muerte. De donde, así como Nuestro Señor Dios ha elegido a los clérigos para mantener la santa fe con escrituras y probaciones necesarias, predicando aquélla a los infieles con tanta caridad que desean morir por ella, así el Dios de la gloria ha elegido a los caballeros para que por fuerza de armas venzan y sometan a los infieles, que cada día se afanan en la destrucción de la santa Iglesia. Por eso Dios honra en este mundo y en el otro a tales caballeros, que son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la fe por la cual nos hemos de salvar.
 3. El caballero que tiene fe y no usa de fe, y es contrario a aquellos que mantienen la fe, es como el entendimiento de un hombre a quien Dios ha dado razón y usa de sinrazón y de ignorancia. De donde, quien tiene fe y es contrario a la fe, quiere salvarse por lo que es contra la fe; y por eso su querer concuerda con el descreimiento, que es contrario a la fe y a la salvación, por cuyo descreimiento el hombre es condenado a padecer trabajos que no tienen fin.
 4. Muchos son los oficios que Dios ha dado en este mundo para ser servido por los hombres. Pero los más nobles, los más honrados, los más cercanos dos oficios que hay en este mundo, son oficio de clérigo y oficio de caballero; y por eso la mayor amistad que hubiera en este mundo debería darse entre clérigo y caballero. De donde, así como el clérigo no sigue la orden de clerecía cuando es contrario a la orden de caballería, así el caballero no mantiene la orden de caballería cuando es contrario y desobediente a los clérigos, que están obligados a amar y a mantener la orden de caballería.
.....
Alianza Editorial. Madrid 1986

miércoles, 22 de abril de 2026

S A N T O R A L

SAN SOTERO Y SAN CAYO, PAPAS Y MARTIRES

La Iglesia honra hoy a dos Papas.

SAN SOTERO

Sucedió inmediatamente a San Aniceto en 166. El tiempo nos ha robado el conocimiento de sus obras. Sólo un rasgo ha llegado hasta nosotros. Es un fragmento de una carta que el obispo de Corinto, Dionisio, escribió a los Romanos, en la que consigna que el Pontífice ha hecho grandes limosnas a las iglesias de diversas ciudades que padecían hambre. Hermoso testimonio de la solicitud universal del Pontífice de Roma, cuya caritativa influencia se extendía a las más alejadas iglesias. Una carta apostólica acompañaba a las limosnas, y afirma Dionisio que se leía en las reuniones de los fieles, junto con la que San Clemente dirigió a los Corintios el siglo anterior. Como se ve, la caridad de los Pontífices de Roma ha estado siempre unida al celo por la conservación del depósito de la fe. San Sotero luchó con energía contra la herejía montanista que comenzaba a aparecer. Se cree que fué víctima de la persecución de Marco Aurelio, a pesar de que la primera redacción del Líber Pontíficalts no hace mención de su martirio, y solamente consigna que fué sepultado "junto al cuerpo del bienaventurado Pedro."

SAN CAYO

Sucedió al Papa Eutiquio, a fines del 283. Las lecciones del Breviario refieren que una de sus decisiones fué recordar la distinción de los grados que conducen al episcopado, a partir del orden de Portero. El Líber Pontíficalis da a San Cayo el título de Confesor, y dice que hubo de ocultarse para escapar de la persecución de Diocleciano. Murió antes del 296, y su sepulcro da testimonio de la devoción que le profesaron los fieles.

 

PLEGARIA

Resultado de imagen para SAN SOTERO Y SAN CAYO, PAPAS Y MARTIRES
 Santos Pontífices, vosotros sois de los que sufrieron la gran tribulación y de los que pasaron por el agua y por el fuego para llegar a las playas de la eternidad. El pensamiento de Jesús triunfador de la muerte, sostenía vuestro ánimo; sabíais que a las angustias de la Pasión sucedieron las glorias de la Resurrección. Con el ejemplo nos habéis enseñado que la vida y los intereses de este mundo no deben ser tenidos en nada, cuando se trata de confesar la fe; concedednos este valor. Por el bautismo fuimos alistados en la milicia de Cristo; la confirmación nos comunicó el Espíritu de fortaleza; debemos, por tanto, estar dispuestos a la lucha. Santos Pontífices, ignoramos si en nuestros días veremos expuesta la Iglesia a persecución sangrienta; pero aunque así no sea, tenemos que luchar contra nosotros mismos, contra el espíritu del mundo, contra el demonio; sostenednos con vuestra intercesión. Habéis sido los padres de la cristiandad; la caridad pastoral que os animó en esta vida vive constantemente en vuestros corazones. Protegednos y haced que seamos fieles a los deberes que nos unen al divino Maestro, cuya causa defendisteis.

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer Tomo III pag 697 y siguientes