sábado, 16 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN SIMÓN STOCK

MENSAJERO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN


Hoy recordamos a San Simón Stock, un monje inglés que vio a Nuestra Señora bajo la advocación de Reina del Monte Carmelo y recibió de manos de Ella el Escapulario carmelita. San Simón Stock es, con San Elías profeta, uno de los enviados de María Santísima en la orden carmelita.

BIOGRAFÍA

Nació en Inglaterra. Desde mediados del siglo XIV las fuentes le aplican el sobrenombre "Stock", con el cual relacionan el singular género de vida que habría observado antes de entrar en el Carmelo. Dice así la redacción larga del Santoral: "Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado". Esta sobria noticia supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores intentaron poner de relieve con piadosas amplificaciones.
Pero hay un documento que nos invita más bien a contar a San Simón entre los cruzados y peregrinos que por aquellos tiempos tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración que llevaban los solitarios del santo monte, "como abejas del Señor en las colmenas de sus celdas fabricando miel de dulzura espiritual", según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240). En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición del Beato Jordano de Sajonia a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: "Esto lo contaron a nuestros religiosos el mismo que tuvo la visión y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz". Con esta noticia concordaría el Viridarium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón del 1200 al 1250. Por ahora no estamos en grado ni de escoger entre las dos versiones ni de concordarlas razonablemente.
Con el agravarse de la situación de los cristianos en Palestina después de la tregua pactada por Federico II con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa. Algunos, los más "perfectos" (dice Grossi), tenían miedo a tal aventura por el peligro que encerraba de una alteración del propio espíritu; pero graves razones aducidas hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen (Guillermo de Sanvico). Así en 1238 empezó con carácter sistemático la emigración de numerosos carmelitas a los diversos países de Europa.
A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas, respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey y presididas por los venerables religiosos Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwic, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent. Esto sucedía entre 1241 y 1242. Fue entonces (según la primera versión antes mencionada) cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, "dejó la vida solitaria y entró con gran devoción en la Orden de los carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba ilustrado por divina inspiración".
Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo un campo muy vasto en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245 se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado "milagrosamente" al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.
La Orden sufría en toda su gravedad las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente no encontraba la amorosa acogida que seguramente habían esperado y que tan necesaria era para empezar a echar raíces. Por otra parte, la experiencia demostraba que no era fácil conservar el tenor de vida contemplado en la Regla de San Alberto y con ardiente amor abrazado por los venerables moradores del Carmelo. Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden con repetidos recursos al Papa Inocencio IV y también a los próceres seculares. De hecho desde 1247,a 1252 consiguió del Papa Inocencio IV tres preciosas cartas de recomendación que debieron contribuir no poco a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252 otra del rey de Inglaterra Enrique III. En orden a la segunda dificultad impetró del mismo Inocencio IV una audaz reforma de la Regla que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades y participar en el servicio de las almas. Pero esta reforma suscitó en el seno de la Orden un hondo descontento que venía a agravar todavía más la situación tan comprometida por la hostilidad exterior. De este descontento tenemos la prueba en una amarga requisitoria que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes mayor garantía de salvación. En este momento histórico tuvo lugar el episodio culminante de la vida de San Simón Stock, la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral y parcialmente corroborada por la Crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua está concebida en estos términos:
"San Simón... suplicaba constantemente a la gloriosísima Madre de Dios que diera alguna muestra de su protección a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular del titulo de la misma Virgen, diciendo con toda devoción: Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los carmelitas da privilegios, estrella del mar. Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: "Este será el privilegio para ti y para todos los carmelitas, que quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará".
Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida entoda la Iglesia como una de las manifestaciones supremas de la maternidad universal de María. Lo restante de la vida de San Simón se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la grande obra que Dios le reservara.
Después de veinte años de buen gobierno (según un códice de Bamberga muy autorizado), por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos el día 16 de mayo (o de marzo según algunos códices).
La fama de santidad que le había acompañado en vida se acrecentó después de la muerte. En los documentos su nombre nunca aparece sin el dictado de santo, y repetidamente se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban y se veneran aún sus reliquias. Una circunstancia providencial impidió que fuesen profanadas en tiempo de la Revolución Francesa. Su veneranda cabeza fue solemnemente trasladada el año 1951 al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.
Fuente: BARTOLOMÉ M. XIBERTA, O. C. D.


SAN SIMÓN STOCK Y LA VIRGEN DEL CARMEN


En la madrugada del 16 de Julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden, al que le entregó sus hábitos y el Escapulario, principal signo del culto mariano carmelita.

La Santísima Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo, promesa que ha sido respaldada por los Pontífices.

La iconografía principal de la Virgen la muestra portando dicho escapulario.
   

viernes, 15 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN ISIDRO LABRADOR


El campo de Castilla quedó para siempre iluminado y fecundado por la paciencia, por la inocencia y por el trabajo de este héroe del arado y de la azada San Isidro, patrono de la capital de España. Fué un humilde trabajador de la villa de Madrid, poco después de haber sido conquistada a los moros por los reyes de Castilla.
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Nació en 1081, según unos, otros hacia 1100, de padres piadosísimos que acertaron a inculcar en el corazón del niño el amor a Dios y a su bendita Madre, el amor al prójimo, la caridad en grado heroico y la humildad; se ignoran sus nombres, pero basta lo dicho para predicarlos dichosos y dignos de eterna memoria a los ojos de los hombres, y a los ojos de Dios. Cuando sembraba decía: "En nombre de Dios; esto para Dios, esto para nosotros, y esto para las hormigas."
A los pobres daba el santo más de lo que podía; tenía siempre presentes los santos consejos que el anciano y santo Tobías daba a su querido hijo: "Si tuvieres mucho, da abundantemente; y si poco, procura de aquello poco dar algo, de buena voluntad." Daba compasivo parte del grano a los pajaritos ateridos y hambrientos en invierno y jamás mermaron los sacos.
No cultivaba su propio campo, sino el campo de su amo Juan de Vargas; pero aunque pobre no había nadie ni más alegre ni más feliz que él.
María Toribia, su mujer, era también una santa; ambos eran compasivos con los más pobres que ellos, bienhechores con todos los desgraciados.
Como él era generoso con sus compañeros Dios lo era con él. Un día que estaba acosado por la sed, una fuente de agua clara brotó junto a sus pies. Tuvo émulos que le acusaban a menudo ante su amo de abandonar el trabajo y descuidar la hacienda, y queriendo Juan de Vargas averiguar lo que pasaba, se escondió en lugar cercano al barbecho, y cuál no sería su asombro al encontrar que un ángel labraba la tierra mientras su criado rezaba a la Virgen en una ermita cercana. Parece ser que varias veces y en diversos sitios cercanos a Madrid, hizo brotar agua para apagar la sed que devoraba a su amo que en tiempo caluroso se acercó a la besana; consérvase la ahijada con que hirió el suelo e hizo brotar el agua; la fuente perdura hoy y sana a los enfermos que con fe beben el agua.
Cayó su hijo en un hondo pozo y creyeron todos que se había matado. Al acercarse al brocal salió a flote la criatura como si nada le hubiera ocurrido; el niño sin embargo murió muy joven.
Falleció San Isidro, ya muy viejo, en 1172, dejando en España el ejemplo maravilloso de una vida pobre y laboriosa, y, al mismo tiempo iluminada por la alegría y ennoblecida por la santidad.
Se ha conservado incorrupto su cuerpo, y Dios le ha defendido del furor de los marxistas.
Distinguióle el cielo después de muerto con el don de milagros; sólo referiremos que sacó de la agonía sano y salvo al Rey Felipe III, quien agradecido suplicó la beatificación de San Isidro, y Paulo V publicó la Bula en 1619. Felipe IV puso empeño en que el Papa le canonizase solemnemente, lo que efectuó el 22 de marzo de 1622, junto con los insignes santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri.
¡Amable santo! Dios ha exaltado en ti la vida inocente, pacífica, trabajadora, abnegada, henchida de espíritu de fe y de amor de la gente hispana labradora, mira desde el cielo a tantos miles y millones que siguen animosos tus huellas, bendice sus empresas, alegra sus hogares y hazles comprender que son, si de verdad lo quieren, los verdaderos reyes de la naturaleza que nos rodea, que nos sustenta. Sirva de templo espléndido a los labriegos el ancho cielo estrellado por la noche, y por el día la redondez de la tierra toda, con todas sus maravillas, todo ello iluminado por el astro rey y presidido por el hombre constituido por Hacedor Supremo, Rey universal de todo lo visible, en espera de escalar un día las esferas de lo invisible.

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 848 y siguientes

jueves, 14 de mayo de 2026

S A N T O R A L

La Ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los Cielos

 Hay tres jueves en el año
 que relucen más que el sol,
Jueves Santo, Corpus Christi
 y el día de la Ascensión
Después que resucitó el Salvador del mundo, ya impasible y glorioso, estuvo acá en la tierra cuarenta días, subió á los cielos y volvió al lugar, de donde había bajado, para dar fin y cumplimiento á la obra, que el Padre Eterno le había encomendado.
San Lucas evangelista, en el libro de los hechos apostólicos dice, que después de la pasión se mostró á los apóstoles por espacio de cuarenta días, probando que verdaderamente había resucitado por muchos medios y señales, apareciéndoles y habiéndoles del reino de Dios. No estaba el Señor en este tiempo siempre con sus discípulos, ni siempre se les aparecía, sino de cuando en cuando; para que por una parle se confirmasen en la fe de la resurrección, viéndole vivo y que hablaba, comía y trataba con ellos; y por otra, para que poco á poco se acostumbrasen á carecer de su presencia corporal, y sintiesen menos la ausencia que, subiendo á los cielos, había de hacer el día de su maravillosa ascensión. Tomó cuarenta días para conversar con los suyos: porque corno había estado cuarenta horas muerto, le viesen cuarenta días vivo, y por aquí viésemos, cuanto más liberal es Dios en los consuelos, que en las penas, y en los gozos que en los trabajos; pues las penas se miden por horas, y los gozos y consuelos por días. Dice más san Lucas, que en este tiempo hablaba el Señor con sus discípulos del reino de Dios: porque aunque todas las palabras, que habló Cristo nuestro Redentor en su vida, fueron enderezadas para ensoñamos en qué consiste el reino de Dios, y por qué camino habernos de ir á él; todavía después de su santa resurrección hablaría más claramente de la grandeza y excelencia del reino de los cielos, así porque él ya dejaba sus discípulos corporalmente, y se iba á él, como porque los mismos discípulos estaban más hábiles para entender aquella doctrina, que les enseñaba, de cosa tan alta y que tanto excede nuestra capacidad: y asimismo les hablaba del reino de Dios; porque les declaraba el gobierno de su Iglesia, que es su reino, y sus vasallos son los fieles, los cuales el mismo Señor, como rey soberano, gobierna por sus ministros exteriormente, é interiormente por los dones y gracias, que infunde en las almas, justificándolas y guiándolas á la bienaventuranza.
De este reino de Dioses de creer, que habló Cristo á los sagrados apóstoles, enseñándoles muchas cosas de la armonía y jerarquía de la Iglesia, y de los grados de las órdenes eclesiásticas, y del sumo Pontífice, que como cabeza y Pastor supremo preside á todos, y que del aprendieron el número, las formas y materias necesarias de los sacramentos, y las ceremonias y ritos, con que para mayor ornato de la Iglesia se habían de administrar, y especialmente del modo de celebrar el sacrosanto misterio de la Misa, y ofrecerle por los vivos y por los muertos; de la intercesión de los santos, y del afecto y devoción, con quo habernos de procurar su favor; de los preceptos, que nos da la Iglesia, para que con ellos más fácilmente guardemos los preceptos de Dios; del ayuno, del celebrar las fiestas, y honrar á los santos y adorar sus imágenes y reliquias; y de otras cosas como estas: porque habiéndolas guardado todas la santa Iglesia desde sus principios, con tanta piedad, religión y constancia; de creer es, que todas nacieron de Cristo, como de su fuente, y que en aquellos cuarenta días, que habló con sus apóstoles del reino de Dios, y del gobierno de su Iglesia, él se las declararía.

Habiendo, pues, nuestro celestial Maestro, enseñado á sus apóstoles las maravillas del reino de Dios, y confirmándolos en la fé de su resurrección, determinó subir á los cielos en cuerpo y en alma, y como nobilísimo triunfador, entrar triunfando en aquella imperial ciudad, acompañado de aquel ¡numerable ejército de cautivos, que con su sangre había rescatado, porque así convenía á su gloria y nuestro provecho. A su gloria convenía; porque habiendo resucitado de una vida pasible y mortal, á otra impasible é inmortal, no era decente, que su cuerpo glorioso estuviese en la tierra, que es lugar de generación y corrupción, sino en el cielo, que es incorruptible, lugar propio de los cuerpos glorificados. Convenía á la grandeza del Señor, que se había humillado y abatido tanto por nosotros, que él mismo dijo de sí: Yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y deshecho y menosprecio de la gente, que fuese glorificado y ensalzado, no solamente sobre todos los hombres, pero sobre todos los coros de los ángeles, y colocado á la diestra del Padre. Convenía á su bondad que nos declarase, que su reino no era de la tierra, como los judíos esperaban y los apóstoles al principio pensaban, sino del cielo, y que no consiste en los bienes caducos y frágiles de esta vida, que por mucho que duren, con ella se acaban; sino en los espirituales y eternos; y que no tiene mas parte en el remo de Cristo el más noble, ni el más honrado y más rico y abundante de los bienes temporales, sino el que con más ansia sube con Cristo al cielo, y anhela á la bienaventuranza. Convenía asimismo, que con esta subida á los cielos nos enseñase, que no es este mundo nuestra patria, sino cárcel y destierro, y que las almas cristianas y puras, aunque el cuerpo esté en la tierra, deben morar por deseo, donde está todo su bien: y este también es nuestro provecho; porque de tal manera hizo el Señor sus obras, que en ellas siempre juntó su gloria y nuestro bien, como se ve en esta ascensión del Señor, de la cual se derivan á nosotros muchas y muy grandes utilidades: porque primeramente aprovechó esta gloriosa subida del Señor para mayor perfección de nuestra fé; porque á la condición de la fé pertenece, que no se vean las cosas que cree: para lo cual fué conveniente, que este Señor, que fué el objeto principal de nuestra fé, se ausentase de nuestra vista, para que así fuese nuestra fé de otra condición, que la de santo Tomás, á quien dijo el Señor: Porque me viste, Tomás, creíste bienaventurados los que no vieren: de suerte, que nuestra fé, que no consiste en ver con los ojos corporales y tocar con las manos, sino en no ver y creer, con la subida del Señor al cielo se hizo más robusta; y así dijo san León papa: diste vigor y esta virtud es propia de razones grandes, y una lumbre de almas verdaderamente fieles, creer sin alguna duda lo que con los ojos corporales no se ve, y llegar con el deseo á donde no puede llegar la vista. Demás de esto, fuénos provechosa la ascensión del Señor; porque con ella se aviva y asegura nuestra esperanza; porque él mismo dijo, que iba á aparejarnos el lugar, como lo hizo, subiendo al cielo; porque no subió solamente para sí, sino para todos nosotros, y como cabeza nuestra lomó la posesión de aquella gloria para sus miembros. Rompió los cerrojos, con que habían sido cerradas las puertas del cielo por el pecado de Adán: abriónos el camino, para que nosotros pudiésemos llegar á aquella celestial bienaventuranza; y para que tuviésemos más ciertas prendas y seguras de este tan gran bien, llevó consigo las almas de aquellos santos Padres, que había librado del limbo: y así dijo el Señor hablando con el Padre Eterno antes de su pasión: «Padre yo quiero, que los que Vos me habéis dado estén conmigo, donde Yo estoy». Por esto dijo san León papa: «La ascensión de Cristo es nuestro aprovechamiento; porque donde precedió la gloria de la cabeza, allí tiene el cuerpo esperanza de llegar: y no solamente habernos entrado en la posesión del paraíso; mas en Cristo habernos penetrado hasta lo más alto del cielo». Esto es de san León papa. Porque aunque en su pasión nos mereció Cristo este reino y nos adquirió el derecho que tenemos á él; más en la ascensión de hecho nos abrió el camino, y nos mostró, que ya el cielo está conquistado, y la posesión está tomada en nuestro nombre. Pues la caridad, ¿cómo se inflama con esta subida del Señor? Porque si donde está nuestro tesoro, allí esta nuestro corazón, y todo nuestro tesoro es Cristo; ¿dónde es razón que esté nuestro corazón, sino donde está Cristo? ¿Y que estando nuestro tesoro en el cielo; no esté nuestro corazón en la tierra? En el cielo ha de estar nuestro amor, nuestra esperanza, nuestra alegría y nuestros pensamientos y nuestros deleites.
Allí está todo nuestro bien; y mucho más debemos estar colgados de él, que este mundo inferior lo está de las influencias del cielo. Para esto nos es de gran motivo la ascensión del Señor, como lo fué á los apóstoles, á los cuales él mismo dijo, que no recibirían al Espíritu Santo, si él primero no subiese á los cielos; porque con su presencia corporal estaban entretenidos y recreados, y miraban aquella sagrada humanidad con ojos de carne, y no subían á la consideración de la magestad inmensa de la divinidad, como lo hicieron después que el Salvador subió á los cielos. También por otra razón fué de grandísimo provecho para nosotros esta subida del Señor: porque así como en la tierra hizo oficio de Redentor; así ahora en el cielo hace oficio de nuestro abogado, como lo dice el amado discípulo por estas palabras: «Hijos míos, esto os escribo, para que no pequéis; pero si alguno pecara, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo su Hijo, el cual es propiciación por nuestros pecados». Y no solo es abogado; mas también es gobernador, proveedor y defensor de su Iglesia; con la cual está y estará, como él lo prometió, hasta el fin del mundo, no solamente en la sacrosanta Eucaristía, en la cual, partiéndose de nosotros, se nos dejó para nuestro remedio y consuelo, sino asistiéndola y gobernándola con su admirable é inefable providencia: porque todos los dones y todas las gracias que continuamente se reparten del cielo á toda la Iglesia y á cada uno de los fieles, se reparten por medio de esto Señor, que es la fuente de gracia; y así dice san Pablo, que á cada uno se da la gracia, según la medida con que Cristo la da y reparte. Así que la ascensión del Señor, fué muy gloriosa para él, y muy provechosa para nosotros, como se ve por lo que hasta aquí habernos dicho.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

S A N T O R A L


SAN MATIAS APÓSTOL

UN NUEVO APÓSTOL

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Cayó la suerte a Matías, con lo que
fue agregado a los once Apóstoles
(Hechos 1, 26)
San Matías, Apóstol de Cristo, completa con su presencia el coro de bienaventurados que la Iglesia nos invita honrar en este tiempo litúrgico. Matías se unió pronto al séquito del Salvador y fué testigo de todas sus obras hasta la Ascensión. Era del número de los discípulos, pero Jesucristo no le había colocado en el rango de sus Apóstoles. Sin embargo estaba llamado a esta gloria; pues David se refería a él al profetizar que "otro recibiría el Episcopado" que había quedado vacante por la prevaricación de Judas, el traidor. En el intervalo que media entre la Ascensión de Jesús y la venida del Espíritu Santo, el Colegio Apostólico determinó completarse para que el número de doce, fijado por Cristo, quedara completo el día en que la Iglesia, al recibir el Espíritu Santo, se declarase en contra de la Sinagoga. El nuevo Apóstol tuvo parte en toda clase de tribulaciones de sus hermanos en Jerusalén; y el día de la dispersión de los enviados de Cristo se dirigió a las provincias que le habían sido señaladas para evangelizar.

LA ENSEÑANZA DEL APÓSTOL

http://christianismus.files.wordpress.com/2010/02/matias.jpgLas obras de Matías, sus trabajos y sus pruebas nos son desconocidos. En los escritos de San Clemente de Alejandría queda algo de su doctrina; encontramos una sentencia, que nos parece obligación citarla aquí, por tener relación con los sentimientos que la Iglesia nos inspira en este santo tiempo. "Es necesario, dice San Matías, combatir la carne y servirse de ella sin mimarla con satisfacciones culpables. En cuanto al alma debemos desarrollarla por la fe y por la inteligencia". En efecto, habiéndose roto en el hombre el equilibrio por el pecado, y deseando el hombre exterior todo lo de abajo, no podemos restablecer en nosotros la imagen de Dios sino obligando al cuerpo a someterse sin réplica al yugo del espíritu. Agraviado por el pecado original, el espíritu mismo es arrastrado por una resbaladiza pendiente a las tinieblas. Sola la fe le levanta humillándole y el conocimiento es la recompensa de la fe. Esta es, en resumen, la doctrina que la Iglesia procura hacernos comprender y practicar en estos días. Glorifiquemos al que nos ilumina y nos fortalece. La misma tradición que nos da alguna luz sobre la vida apostólica de San Matías, nos dice, que sus trabajos fueron coronados con la palma del martirio, pero sin precisar si fué en Etiopía o en Judea. 

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer

Tomo I pag. 797 y siguientes

miércoles, 13 de mayo de 2026


Nuestra Señora de Fátima


Comenzó en una aldea de Portugal, concretamente en el municipio de Vila Nova de Ourém, dentro de la diócesis de Leiria. Los protagonistas de esta historia fueron tres pastorcillos: Lucía dos Santos y sus dos primos, los santos Francisco Marto y Jacinta. Por tres veces, a lo largo del año 1916, tuvieron apariciones de  un ángel en la colina del Cabeço y en el huerto de Lucía y las seis apariciones de la Virgen Santísima desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre del año 1917.
Las revelaciones de Fátima van más
allá de todo cuanto la Providencia ha
dicho a los hombres en la inminencia
de las grandes borrascas de la Historia


Fátima en una visión de conjunto

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.

por Plinio Corrêa de Oliveira

1. Presupuestos y líneas generales de las apariciones

Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.
Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.

2. La mediación universal de María Santísima

Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.

3. En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero.

Hablando a los pequeños pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.

4. La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.
Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.
Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.
Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia... El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.

5. Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará... » Será el reinado de María sobre los hombres.

6. La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.

7. Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima

Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:
a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes. 
Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.
b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)
Ciudad devastada en la Segunda Guerra Mundialc) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.
d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era más o menos ininteligible.
En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.
Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.

Las dos familias de almas del mundo contemporáneo

Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).
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El recuerdo de la devastación causada por
la Segunda Guerra Mundial atormenta al
hombre moderno ante la perspectiva
  de un tercer conflicto universal
Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.


Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.

Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.
Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.
De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad ...) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra... (Quien viva lo verá ...).

No se ha correspondido al Mensaje de Fátima


¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.
Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.
En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.
Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.
Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos...
Foto de los pastorcitos tomada poco después de la visión del infiernoCabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.

Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.

En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.

Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.
Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer?.Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.
Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.
Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).
Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.
Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad
* Extraído de la Revista Catolicismo, nº 197, mayo de 1967

martes, 12 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN PANCRACIO, MARTIR

Un nuevo mártir viene a unirse a los que hemos festejado. Sale también de Roma para ir a participar de la gloria del Vencedor de la muerte. Los anteriores fueron segados en los primeros tiempos de nuestra fe; éste luchó en el momento en que el paganismo daba a la Iglesia los últimos asaltos en los cuales debía sucumbir él mismo.
Sobre el cementerio en que fué depositado su cuerpo se alzó en los primeros siglos una basílica, honrada con el título cardenalicio, y un monasterio; y los monjes enviados por San Gregorio Magno a convertir a Inglaterra le consagraron muy pronto una iglesia.

VIDA

Las Actas, reconocidas hoy como legendarias, nos dicen que Pancracio nació en Frigia y que fué muy pronto a Roma. Allí fué instruido en la religión cristiana no tardando en derramar su sangre por Cristo. Su cuerpo fué enterrado en la Vía Aurelia y su culto se hizo célebre en Roma, Francia e Inglaterra. La Edad Media le consideró como patrón de los juramentos y el vengador de su violación.

GLORIA INMORTAL

La gracia divina que te llamaba a la corona del martirio fué a buscarte hasta el fondo de Frigia, para conducirte, oh Pancracio, a la capital del imperio, al centro de todos los vicios y de todos los errores del paganismo. Tu nombre confundido entre tantos más brillantes o más oscuros parecía que no debía dejar huella ninguna en la memoria de los hombres. Hoy, sin embargo, tu nombre es pronunciado en toda la tierra con acento de veneración y resuena en el altar en las oraciones que acompañan al sacrificio del Cordero. ¿De dónde te viene, ¡oh santo mártir! esta celebridad que sólo acabará con el mundo? Pero era justo que habiéndote asociado a la muerte sangrienta de Cristo, se reflejase sobre ti la gloria de su inmortalidad.
¡Gloria, pues, a Él que así honra a sus compañeros de armas! y ¡gloria a ti que mereciste tal corona! Como recompensa de nuestros homenajes dígnate dirigirnos una mirada compasiva y haznos propicio a Jesús tu Jefe y nuestro Jefe. En este lugar de destierro cantamos el Alleluia por su Resurrección que nos llena de esperanzas; haz que un día repitamos contigo en el cielo este mismo Alleluia ya eterno y que entonces significará no la esperanza sino la posesión.

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 832 y siguientes