jueves, 21 de noviembre de 2019

S A N T O R A L

LA PRESENTACIÓN DE NUESTRA SEÑORA EN EL TEMPLO

Una de las cosas en que debemos poner mayor cuidado, es en cumplir nuestros votos y dar á Dios con presteza lo que le habernos prometido y así dijo el Espíritu Santo por Salomón: «Si has prometido algo á Dios, no tardes en cumplirlo: y una de las cosas en que más se deben desvelar los que tienen hijos, es en criarlos desde niños en el amor y temor santo del Señor; y por esto dijo el mismo Espíritu del Señor: «Si tienes hijos, enséñalos y domestícalos desde su tierna edad». De lo uno y de lo otro nos dejaron grande ejemplo San Joaquín y Santa Ana, padres de la santísima Virgen María nuestra Señora, presentándola el día de hoy en el templo de Jerusalén, dejándola en él para que allí se criase con las otras doncellas, como á Dios lo habían prometido. Para lo cual (además del motivo que tenían de su promesa y voto, y del estímulo con que los incitaba su propia santidad) la vida de la misma niña y su composición y modestia virginal era un perpetuo despertador á sus padres para que la ofreciesen presto á Dios: porque fué tan rara y celestial la virtud de esta bendita niña desde su primera edad; que San Ambrosio la pone por dechado á todas las vírgenes, y dice así: «A nadie hacia mal, aunque lo mereciese: á todos los quería bien: á los mayores hacia reverencia: no tenía envidia á los iguales: huía de la jactancia: obraba conforme á razón y amaba toda virtud. Nunca torció el rostro á sus padres, ni tuvo diferencias con sus parientes: ni se desdeñaba de tratar con los humildes, ni hacia burla de los que poco podían, ni se avergonzaba de conversar con los pobres. No tenía el gesto melindroso, ni el andar disoluto, ni el hablar entonado; antes la modestia y figura exterior declaraba la interior santidad y perfecta virtud de su alma; así como la buena casa se muestra de la buena portada ó zaguán. No le pasaba por el pensamiento salir de casa sino para la iglesia; y esto con sus padres ó parientes: dentro de casa gustaba de estar sola y siempre ocupada en algo de provecho: fuera de casa siempre en compañía y con guarda de su limpieza, aunque la mejor guarda que tenía era a sí misma: pues en su compostura y aspecto venerable, mas entendía en apresurar el paso, y andar y correr por el camino de la virtud, que en levantar el pié del suelo». Hasta aquí son palabras de San Ambrosio.
Y no es maravilla, que siendo la Virgen tan niña en la edad, haya sido tan admirable su vida; porque aunque sus años eran pocos, su discreción era mucha, y su espíritu sin comparación mayor que su cuerpo; porque desde el punto que en el vientre de su madre fué concebida sin pecado original, la fué acelerado el uso de la razón mucho más perfectamente que á San Juan Bautista: y es de creer que perseveró en ella, y que Dios no se la dio para quitársela, y que no obraba como niña, sino como mujer de edad, y que estaba prevenida como de Dios y adornada de todas las gracias y virtudes.
Siendo ya, pues, de tres años, la llevaron sus padres al templo de Jerusalén para ofrecérsela, y presentar al Padre eterno hija, al Hijo madre, al Espirita Santo esposa, á los Ángeles reina, y á los hombres abogada. Declararon á los sacerdotes su voto: rogáronles que tuviesen cuidado con su hija, como con cosa ya consagrada á Dios; y que la criasen entre las otras doncellas que le servían en una casa pegada al templo y edificada para este efecto, donde las vírgenes eran sustentadas con las rentas del mismo templo, y podían entrar en él á hacer oración y ocuparse en santos y loables ejercicios, sin ruido y bullicio de la gente. Y cierto así convenía, que aquella Virgen que había de ser Madre de Dios, no dilatase el consagrar su alma y cuerpo al servicio de su esposo, sino que en dejando los pechos de su madre, le hiciese solemne sacrificio de sí misma: porque así como la fruta temprana y fresca y recién cogida del árbol con sus flores, es más gustosa y agradable que la marchita, manoseada y sacada ya en la plaza; así el servicio que se hace al Señor en los tiernos años, le es más agradable que el que se le ofrece en la vejez: aunque Dios es de tan buena condición, que recibe los sacrificios tardíos, y paga con grande liberalidad y franqueza á los que van á trabajar á su viña al poner del sol: más los padres deben tener gran cuenta con inclinar á sus hijos desde niños al temor santo de Dios, y ofrecérselos como cosa suya: y si el Señor les hiciere tan grande merced, que desde aquella edad los escoja para sí, y plante en ellos algún deseo y gusto de servirle en perfección, no les vayan á la mano ni se les estorben; porque harán ofensa al Señor (cuyos son, más que suyos) y serán castigados en lo mismo que pecaron, permitiendo Dios que los mismos hijos sean sus verdugos y atormentadores, y el cuchillo con que muera su desordenado amor. Entregaron, pues, los santos padres Joaquín y Ana á la bienaventurada niña en manos del sacerdote, que con solo mirarla quedó admirado y suspenso de tan singular gracia y belleza. Tomad esta niña, sacerdote de Dios, y no penséis que es como las otras niñas que hasta ahora habéis recibido y dedicado al Señor, sino como un vivo templo suyo, y más venerable que el mismo templo en que se ofrece. Tomadla como un sagrario del Espíritu Santo, como á la verdadera arca del Testamento, como á la urna del maná con que se sustenta la tierra, como un Sancta Sanctorum, adonde no es lícito entrar sino al sumo sacerdote según la orden de Melquisedec; porque es la puerta de Ezequiel, para todos cerrada sino para él, y jardín cercado y fuente sellada, la que con su presencia ha de ilustrar y ennoblecer más este segundo templo, que lo fué el primero que edificó el rey Salomón.
Tomóla el sacerdote y púsola (como algunos dicen) en la primera grada de una escalera, que tenía quince escalones para subir al altar; y en ella con extremada gracia y ligereza y alegría (sin que nadie la ayudase ni llevase de la mano) subió por sí hasta lo alto, no sin grande admiración de todos los que estaban presentes, que se espantaban de verla extremada belleza y gracia de la niña, y más el contento y prontitud con que se despedía de sus padres y se dedicaba al Señor, sacando por aquellos pequeños indicios las obras maravillosas que había de obrar en ella, el que de tan tierna edad la había escogido para que le sirviese en el templo.
Pero después que quedó la bendita niña entre las sagradas vírgenes, ¿qué lengua podrá declarar la excelencia de su recogimiento y virtudes? De las cuales hablando San Gerónimo, ó el autor del tratado del Nacimiento de la Virgen, que anda entre sus obras, dice así: «Procuraba la Virgen ser en las vigilias de la noche la primera, en la ley de Dios la más enseñada, en la humildad la más humilde, en los cantares de David la más elegante, en la caridad la más ferviente, en la pureza la más pura, y en toda virtud la más perfecta. Todas las palabras eran llenas de gracia: porque siempre en su boca estaba Dios. Continuamente oraba, y como dice el Profeta, meditaba en la ley del Señor día y noche. Tenía también cuidado de sus compañeras, que ninguna hablase palabra mal hablada: que no levantase su voz en la risa: que no dijese palabra injuriosa, ni soberbia á su compañera. Continuamente bendecía á Dios: y pura que cuando la saludaban no cesase de este oficio, en pago de la salutación respondía: Gracias á Dios». Hasta aquí son palabras de este autor: y San Ambrosio dice así: «No deseaba que otras doncellas la tuviesen conversación, la que tenía buena compañía de santos pensamientos; antes entonces estaba menos sola cuando estaba sola: porque ¿cómo se puede decir que estaba sola, la que tenía consigo tantos libros devotos, tantos arcángeles, tantos profetas? Y si se turbó cuando entró á ella el ángel San Gabriel, no fué por no estar acostumbrada á tratar con ángeles, sino porque le apareció en figura de un mancebo hermoso; mas en oyendo su nombre, le reconoció. Cosa tan peregrina se la hizo ver á un hombre, no extrañándose de saber que era ángel; para que por aquí entiendas el recato de sus religiosos y castos oídos, y de sus venerables y virginales ojos». Esto es de San Ambrosio.

En el templo aprendió muy perfectamente á hilar lana y lino, seda y holanda, y coser y labrar las vestiduras sacerdotales, y todo lo que para el culto del templo era menester, y para después servir y regalar á su precioso Hijo, y vestirle y hacerle la túnica inconsútil, que al pié de la cruz jugaron los sayones, por no dividirla. Aprendió asimismo las letras hebreas, y leía á menudo y con grande atención las divinas Escrituras, y las rumiaba y meditaba y entendía perfectamente, por su alto y delicado ingenio, y por la luz soberana que el Señor la infundía. Ayunaba mucho, y con el recogimiento, soledad, silencio y quietud se disponía á la contemplación y unión con Dios, en cual estaba tan absorta y arrobada, y era tan visitada y regalada del Señor y de los Ángeles, que más parecía una niña venida del cielo, que criada acá en la tierra: y hay autores graves que escriben, que los Ángeles la traían lo que había de comer todo el tiempo que vivió en el templo, para que estando desembarazada y sin cuidado de su sustento; pudiese vacar más libremente á la contemplación más suavísima de su dulce esposo: que pues le concedió este privilegio tan largos años á San Pablo, el primer ermitaño, no es maravilla que le haya concedido á la que tantas ventajas le hizo, y fué escogida singularmente para tan alta dignidad. Finalmente, la vida de la Virgen en el templo fué dechado y modelo perfectísimo de la vida de todas las doncellas, que la deben imitar en la oración, en la humildad, en la modestia, en el recogimiento, silencio y vergüenza virginal, y en todas las otras virtudes que son propias de las doncellas, y adorno y arreo de su estado. Pero especialmente las vírgenes, que con particular inspiración y luz del cielo consagraron, su virginidad á Jesucristo y le tomaron por esposo, deben tener siempre delante de sus ojos, como un espejo, la vida de esta Virgen santísima, para amoldarse á ella y seguir sus ejemplos; pues militan debajo su bandera, y ella es su guía, su maestra y capitana: porque entre otras excelencias y prerrogativas de la Virgen, no es la menor el haber sido la primera que alzó la bandera de la castidad, y consagró su virginidad con voto perpetuo al Señor, y abrió camino con su ejemplo á todas las vírgenes que después le han seguido. Ella fué la primera que conoció y estimó en lo que se debe la virtud tan rara y peregrina de la pureza virginal, y la que la amó tanto, que hizo voto de guardarla perpetuamente con un amor tan encendido y tan intenso y con un deseo tan entrañable de agradar á Dios, y le agradó tan perfectamente, que más parecía ángel sin cuerpo, que doncella con carne mortal: porque el haber sido madre no marchitó la flor de su virginidad; antes la hizo más bella y más florida, más alta y más divina, y juntó la flor de virgen con el fruto de madre. Todas las almas puras, que conociendo la vanidad del mundo le dan libelo de repudio, y se recogen y encierran entre cuatro paredes, y mueren en vida, para vivir eternamente con su Querido en el cielo, deben tener por su reina y princesa á esta niña y señora, y pedirla devotamente su favor, para imitarla en la guarda del voto que hicieron, como la imitaron en hacerle, y seguir tan glorioso ejemplo. Por esto se llama esta señora Virgen de las vírgenes; porque fué como maestra y capitana de todas las vírgenes, y principio de un linaje de servicio á los ojos de Dios tan agradable.
Todos los monasterios de monjas que hay en el mundo, y todos los recogimientos de esposas y vírgenes de Cristo que ha habido, y hay y habrá hasta el día del juicio, son frutos de esta flor virginal de María: y cuantos más hubiere y más le siguieren, tanto más crecerá su gloria accidental.
Estuvo la Virgen en el templo hasta entrar en los catorce años, y á los once se escribe que murieron sus padres muy viejos, sin haber tenido otra hija ni hijo, sino á ella. Siendo ya de edad para casarse, pareció á los sacerdotes que debía tomar marido como lo hacían las otras doncellas, cuando llegaban á aquella edad: y como la purísima Virgen rehusase hacerlo, así porque por el voto de sus padres había sido dedicada perpetuamente á Dios, como por el suyo, con que había consagrado al mismo Dios para siempre su virginidad; los sacerdotes, maravillados de aquella novedad, hicieron mucha oración, y consultaron con el divino oráculo lo que en aquel caso habían de hacer; y respondió el Señor que todos los del linaje de David que estaban presentes en Jerusalén se juntasen, y que de ellos aquel se casase con ella, a quien le cupiese la dichosa suerte: y la Virgen tuvo revelación de Dios, que obedeciese á los sacerdotes y no temiese; porque él la guardaría y conservaría entera, y sin mengua en su propósito y limpieza angelical. Cupo la suerte á José, de la tribu de Judá, natural de Belén, y de oficio carpintero, varón santo y de madura edad, y virgen y lleno de tantas y tan excelentes virtudes, cual convenía que fuese el esposo de tal esposa; y siendo la sacratísima Virgen de trece años y tres meses, se desposaron, y fué entregada á su esposo, para guardarla, servirla y mirar por ella.
De la fiesta de la Presentación de nuestra Señora hacen mención los Martirologios romano y de Usuardo, á los 21 de noviembre, que es el día en que fué presentada. Molano dice que el papa Pió II, y el papa Paulo, también II, instituyeron esta fiesta, y concedieron indulgencia á los que la celebrasen, y que antes estaba recibida en las Iglesias de Francia por la devoción de Carlos V, su rey, como consta por una epístola suya, escrita á Nicolás, obispo antisiodorense, el año del Señor de 1373; pero parece que más antiguamente se celebraba esta festividad; porque los griegos hacen mención de ella en su Menologio, y en una institución del emperador Manuel, que cita Teodoro Balsamon, demás de muchas oraciones de San Gregorio Niseno, Hermanno, obispo de Constantinopla, y Gregorio, obispo de Nicomedia, que trae Metafraste, y refiere Lipomano y Surio en el sexto tomo de las Vidas de los santos. Por donde se ve, que esta fiesta fué muy célebre en las Iglesias de Oriente; pero habiéndose caído y dejádose de usar en las de Occidente, la santidad de Sixto V, sumo pontífice mandó celebrar en toda la universal Iglesia la fiesta de la Presentación de nuestra Señora, á los 21 de noviembre, por un breve despachado en Roma á 1 de setiembre, año de 1583, que fué el primero de su pontificado.

FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

miércoles, 20 de noviembre de 2019

S A N T O R A L

SAN EDMUNDO, REY Y MÁRTIR

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De la sangre real y prosapia noble de Sajonia, trajo su descendencia el gloriosísimo rey y mártir Edmundo, siendo tan católico, tan virtuoso, tan caritativo y humilde desde sus primeros años, que estas divinas prendas aun sobresalían más en él, que el lustre de su real sangre: por lo cual, faltando rey en Inglaterra, por común sentir de todas las provincias fué electo y ungido por su rey: y de verdad, que cuando no tuviera real sangre, la hermosura y gentileza suya, la docilidad y afabilidad con todos con que se hacía amable, su gran mansedumbre, su agradable conversación, sobre las demás virtudes referidas, le hacían merecedor dignísimo de la corona, y aun se puede añadir, que también de la de mártir glorioso; porque su rostro hermoso era de ángel más que de hombre. Había en su tiempo unos crueles enemigos de la religión cristiana: estos eran los danos, gente bárbara, sin Dios y sin ley y sin razón. Estos juntos en un bárbaro ejército, de quien era cabeza infernal lnguar ó Hlimguar, entraron por Inglaterra destruyendo todas sus ciudades y villas, y haciendo tan cruel y sangrienta guerra, por ser ricos y en cristianos los ingleses: pues como á cristianos los aborrecían, y deseaban borrar del mundo su memoria; y como á ricos y poderosos, deseaban robarlos; porque esta bárbara gente solo vivía del robo, homicidio y latrocinio, como vicios al fin opuestos á las virtudes que abraza y ejercita la religión cristiana. 
Sabía muy bien el tirano Inguar, que Edmundo era mozo de bríos y gran valor, y que si salía en campaña, no podría defenderse de él: y así no le intimó guerra alguna, sino entrando de secreto y sin dar aviso, iba despoblando las ciudades, no perdonando vida de cristiano, para que cuando llegase al rey santo la noticia, le faltasen los soldados que podía juntar de las ciudades que ya él dejaba destruidas y asoladas: pero se engañaba: porque si Edmundo hubiera de defenderse, mas bien lo haría con los soldados y ejército que él le había juntado y colocado en el cielo por medio del martirio, que con los mismos cuando vivían en este mundo: mas no quiso el santísimo y piísimo rey, sino es animarlos y seguirlos, como se vio claramente en la respuesta que dio á un embajador que el bárbaro le envió, tan soberbia, como suya, con Hubba, otro ministro de Satanás, y criado suyo: cuyo tenor fué este: «Aquel de cuyo poder y vista tiembla la tierra y el mar, Inguar, nuestro señor, rey invictísimo, ha llegado á este deseado puerto con infinitas naves á invernar, después que sus armas, gloriosas siempre, dejan rendidas y sujetas diversas tierras y provincias: y así manda, que si quieres reinar con él, partas con él tus antiguos tesoros y patrimoniales riquezas; y que adviertas, que si menosprecias su poder y mandatos, serás tenido por indigno del reino y de la vida; y él, y sus soldados, y legiones infinitas te privarán brevemente de uno y otro». Esta fué la embajada del bárbaro Inguar: y el atrevido y soberbio embajador Hubba añadió (viendo la mansedumbre con que el santo rey le atendía) estas razones locas: ¿Y quién eres tú, para que inobedientemente te atrevas á contradecir tan inmenso poder? El cielo, la tierra, el viento, la mar, y hasta los mismos dioses veneran poder tanto; ¿y tú le menospreciarás? Sujétate, pues, á tan grande emperador; advirtiendo, que sabe perdonar humildes y castigar soberbios. 
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Oída la embajada soberbia, un santo obispo que asistía al rey, mirando solo por su vida y persona real, sabiendo que ella sola valía más que todos los tesoros del mundo, le aconsejaba les diese al bárbaro, y salvase su vida; á quien el santo rey dijo: O obispo: tú temes no me quite el bárbaro la vida; y yo no deseo otra cosa, por no quedar vivo cuando veo muertos mis fieles y católicos vasallos, á quienes con sus hijos y mujeres en sus mismos lechos ha muerto el tirano bárbaro. Ellos han muerto por Dios y por la patria: por ellos y por Dios deseo morir, para ser partícipe de sus coronas. El Todopoderoso me es testigo que ninguno habrá en este mundo que pueda apartarme de la caridad de Cristo que recibí en el santo bautismo. El bárbaro me ofrece la vida que Dios me da, el reino que poseo, y las riquezas que no estimo: ¿y por estas cosas me sujetaré á dos señores, cuando he jurado solo vivir y morir por Cristo, y servirlo á Él solo? No lo esperes. Entonces vuelto al bárbaro embajador, le dio esta divina respuesta: Digno eres de que mis soldados te quitaran la vida por tu arrogancia y soberbia; pero siguiendo el ejemplo y consejos de mi Maestro y Redentor Jesucristo, no quiero ensangrentar mis manos, sino es por su amor perdonarte, cuando por su amor también y su nombre santísimo estoy dispuesto á dar la vida, sin rendirla á vuestras sectas: por lo cual, mi consejo es, que al instante vuelvas á tu señor y le digas estas solas palabras: Bien (¡O hijo de Satanás!) imitas á tu padre, que soberbio cayó del cielo, y deseando tener quien le imitase en todo, engañó al linaje humano, é hizo á muchos partícipes de sus penas eternas. Así tú intentas que yo te imite y siga; pero ni tus halagos ni tus amenazas me apartarán de Cristo. Los tesoros y riquezas que la divina clemencia me ha dado, serán tuyos desde luego; si haciéndote cristiano siguieres la bandera de Cristo, siendo alférez de los ejércitos del Rey de la gloria: pero si no admites la milicia y religión cristiana, sabe y ten por cierto, que por amor de esta vida temporal, el cristiano rey Edmundo no se sujetará á pagano dueño: y si me quitares (como á mis fieles) la vida, el Rey de los reyes, que lo ve y juzga todo, teniendo de mí misericordia, me dará el reino y corona de la vida eterna.

Con esto se fué el bárbaro; y apenas salía de su palacio, cuando vio á su señor Inguar, que pareciéndole tardaba, venia á buscarlo. Díjole brevemente lo que Edmundo respondía: lo cual oído por el bárbaro tirano, mandó prender al santo rey: lo cual fué fácil, por hallarse en esta ocasión desprevenido, solo, fuera de la corte, en una villa pequeña, y no hacer resistencia alguna, por saber iba á morir por Cristo. Preso y muy maltratado lo trajeron ante el bárbaro Inguar, como á Cristo ante Pílalo. Hízole sus preguntas: calló á todas, como inocente cordero, imitando en todo á Cristo: por lo cual el tirano bárbaro le mandó azotar cruelísimamente, y dar muchos palos; y después que los verdugos estaban cansados, mandó que lo atasen á un árbol, y que lo asaeteasen, habiéndolo azotado antes otra vez cruelísimamente. Comenzaron á dispararle saetas todos aquellos bárbaros soldados, como si jugaran y tiraran al blanco: tantas le dispararon, que unas se encontraron con otras; y no hallando ya lugar en el santo cuerpo para nuevas heridas, por una misma herida entraban de nuevo muchas saetas, tanto, que causaba horror y compasión mirarlo, aun á los mismos bárbaros; porque parecía un espín, ó un erizo, siendo otro nuevo san Sebastián, invictísimo mártir. No cesaba el rey santísimo de invocar el dulce nombre de Jesús, y predicar su fe santa, exhortando á los fieles á morir por ella, como él moría gozoso, regocijado y alegre; lo cual visto por el bárbaro Inguar, le mandó cortar la cabeza. Desatáronle los verdugos del árbol; y si en ellos cupiera piedad alguna, la tuvieran de verle tan maltratado y herido; porque todas las costillas tenia descubiertas, hasta las entrañas y corazón se le veían siendo milagro patente, que tuviese algún poco de calor y vida, que le conservaba Dios para que adquiriese más aquella nueva corona y triunfo de ser degollado por su amor. Hizo una breve y fervorosa oración, según lo permitían los alíenlos de la poca vida que tenia, recobrados entonces con nuevo vigor y ánimo, y luego inclinó la cabeza, que le cortó el cruel verdugo de un fiero golpe, con que voló su santísima y purísima alma á tomar posesión de la corona de gloria, donde reina con Cristo, siendo dos veces rey y mártir glorioso.
Retrato de San Edmundo rey

Fué su martirio a 20 de noviembre (día en que le celebra nuestra madre la Iglesia), por los años del Señor de 870. Fuéronse de allí los bárbaros, dejando el cuerpo tronco y llevándose la cabeza, la cual arrojaron entre unos espesos zarzales, para que jamás pudiesen hallarla ni venerarla los cristianos. No quiso Dios privar á sus fieles de tan gran reliquia: y así pasados algunos años, y volviendo á gozar de su libertad y amada paz los pocos cristianos que habían quedado en Inglaterra, trataron de buscar el santo cuerpo de su rey y mártir glorioso Edmundo. El cuerpo le hallaron fácilmente yendo al lugar del martirio, donde cubierto de yerbas le guardaba Dios de las inclemencias de los tiempos, de las fieras y aves, incorrupto, oloroso y hermoso. Diéronle honorífica sepultura, venerándole como á rey, santo y mártir, quitándolo las saetas de las heridas, y guardándolas para reliquias. Pero no tuvieron todo el gozo cumplido por fallarles la cabeza, y no saber donde la hallarían; mas discurriendo que los bárbaros no la habrían llevado por reliquia, sino arrojado en aquellos campos, se resolvieron á buscarla, confiados en que Dios se les descubriría. Repartiéronse en cuadrillas: y dándose cierta señal para juntarse, y no dejar cosa en aquellos bosques que no mirasen, dieron principio á la ejecución de sus deseos. Apenas se dividieron por aquellos campos cuando una voz que todos á un tiempo oyeron, los volvió a juntar. Era la voz de la sagrada cabeza que dijo: Aquí estoy. Pero como aun no la viesen, preguntaban todos á un tiempo: ¿Dónde estás? Y la cabeza respondió tres veces: Her, her, her: voz, ó palabra inglesa, que quiere decir: Aquí, aquí, aquí: y luego volvió á repetir la misma palabra, sin cesar hasta que los tuvo cerca de sí. Entonces vieron otro prodigio; y fué que un fiero lobo tenia entre las zarzas la santísima cabeza en sus manos, para que no la tocasen las espinas, y como si fuera racional la acariciaba y besaba. Entrególes el tesoro; pero con tanto sentimiento de dejarle, que se fué, como si fuera un manso cordero, en su seguimiento, sin que á ninguno causase asombro la fiera, ni hubiese hombre tampoco que la hiciese mal alguno. Con esto caminando en procesión gozosos y alegres, derramando copiosas lágrimas de devoción por el hallazgo, llegaron al lugar donde habían colocado el santo cuerpo, y descubriéndole, pusieron la sagrada cabeza junto á él. El lobo habiendo cumplido con ser custodio fiel de aquella santa reliquia, y defendida de las otras fieras tanto tiempo, se volvió á su bosque, sin que jamás fuese visto de hombre alguno. Edificaron allí una iglesia al santo cuerpo, según la posibilidad de los tiempos. Después pasados muchos años, cuando ya las cosas de Inglaterra estaban más quietas, le edificaron un templo suntuosísimo; y al colocarle nuevamente, vieron todos como la cabeza se había unido á su lugar, dejando solo para memoria eterna de su martirio una señal en su pescuezo, como un hilo de seda carmesí. Crecíanle los cabellos y uñas de pies y manos, como si estuviera vivo; y una devota señora se las cortaba de cuando en cuando, y las guardaba por reliquias sagradas, curando con ellas enfermos de diversas enfermedades. 
Al fin son tantos los milagros y prodigios que cada día se ven en el sepulcro del invictísimo mártir y rey Edmundo, que era menester un libro entero, y aun muchos para copiarlos: que así honra Dios á quien por su honor y fé pierde la vida. Escribieron la de este rey santísimo y su glorioso martirio Abbo, abad Floriacense, de quien son las lecciones del breviario, donde está toda la historia sucintamente copiada; Surio, tomo VI; Pedro de Natalibus, in Cathalogo Sanct., lib. X, cap. 89; Molane in Addit. ad Usuard.; el Martirologio romano; y Baronio en sus anotaciones, y en el tomo X de sus Anales, año 870, núm. 45.

FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

martes, 19 de noviembre de 2019

S A N T O R A L

SAN BARLAAM, MÁRTIR

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Nació en un pueblo cerca de Antioquía, y pasó sus primeros años ocupado en los trabajos de la vida campestre. En ellos se santificaba con la práctica de las más heroicas virtudes, preparándose así para recibir la corona del martirio. El celo con que confesó el nombre de Jesucristo, lo hizo prender por los paganos, que le encerraron en una de las cárceles de Antioquía, donde permaneció mucho tiempo. Sus oraciones agradaron á Dios por la sencillez de corazón con que eran ofrecidas, y le acarrearon abundancia de gracias celestiales. El mismo juez quedó atónito de ver su extraordinaria constancia, y la paciencia y resignación con que sufrió la más cruel flagelación, sin despegar siquiera los labios para quejarse. Extendiéronle sobre el potro y le descoyuntaron todos los miembros. Durante este suplicio, el ilustre atleta se mostraba tan alegre y tranquilo, como si estuviese sentado en un banquete ó sobre un trono. Volvieron después á encerrarle en la cárcel, y al cabo de algunos días le condujeron á un altar de ídolos, á cuyo frente había un gran brasero de fuego con incienso al lado.
Negándose Barlaam á ofrecerle, le metieron la mano derecha entre las ascuas, y así lo tuvieron por largo rato, hasta que, espantados los mismos paganos con el espectáculo de tan inaudita constancia, lo dejaron, y poco después murió. Su martirio sucedió, según la opinión más probable, durante la primera persecución de Diocleciano. San Basilio, san Juan Crisóstomo y otros padres de la Iglesia han ocupado sus plumas escribiendo excelentes panegíricos en honor de este santo..
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lunes, 18 de noviembre de 2019

S A N T O R A L

LA DEDICACIÓN DE LA IGLESIA DE SAN PEDRO y SAN PABLO

Escribiendo san Juan Crisóstomo sobre la epístola segunda de san Pablo á los corintios, y hablando de la gloria que da Dios á sus siervos aun en esta vida, y cómo los ensalza más que á los reyes y emperadores; dice estas palabras:«Los sepulcros de los que han servido a Cristo crucificado sobrepujan á los palacios de los reyes, no tanto en la grandeza y hermosura de los edificios (aunque también en esto les hacen ventaja), sino en otra cosa más importante, que es en la muchedumbre de los que con devoción y alegría acuden á ellos. Porque el mismo emperador que anda vestido de púrpura, va á los sepulcros de los santos y los besa sin fausto, postrado en el suelo, suplica á los mismos santos que rueguen a Dios por él: y el que trae corona real en la cabeza tiene por gran favor de Dios que Pedro, pescador, y Pablo, que ganaban de comer con el trabajo de sus manos, sean sus protectores y defensores, y se lo suplican y piden con muchas veras». Esto es de san Crisóstomo: y el gloriosísimo padre san Agustín dice: «Ahora á la memoria del Pescador se inclinan las rodillas del emperador: resplandecen las piedras preciosas de la corona imperial, donde más se sienten los beneficios del pescador»: y en otro lugar: «Bien veis como la eminencia y suprema majestad del imperio romano se humilla delante del sepulcro del Pescador, y pone sus pies en la corona imperial». Cuan gran verdad sea la que dicen estos santísimos y sapientísimos doctores, claramente se ve hoy en la fiesta que la santa Iglesia celebra en la Dedicación de los templos de san Pedro y san Pablo: porque el emperador Constantino, después que fué bautizado, queriendo honrar á estos dos príncipes de los apóstoles, y edificarlos templos en aquel lugar que llamaban la Confesión de san Pedro (por estar allí sepultado su santo cuerpo); quitándose la diadema imperial de la cabeza, y postrado en tierra, hizo oración con muchas lágrimas, y luego tomó un azadón y abrió las zanjas, y sacó doce espuertas de tierra, que por sí mismo llevó de allí en honra de los doce apóstoles, y señaló un lugar donde se hiciese una iglesia al príncipe de todos ellos, san Pedro. Acabóse el templo y consagróle san Silvestre, papa, en 18 de noviembre, año de Cristo de 324, y puso en él un altar de piedra, mandando que de allí adelante los altares fuesen de piedra. Edificó también el mismo emperador Constantino al apóstol san Pablo en la vía Ostiense otra iglesia, y enriqueció la una y la otra con muchas rentas, y adornólas de ricas y preciosas joyas; y esta es la fiesta que hoy celebramos: y con mucha razón; porque ¿qué argumento podemos tener del poder de Cristo crucificado más eficaz, que ver postrado al emperador y monarca del mundo al sepulcro de un pescador, que también fue crucificado por el mismo Cristo? O ¿qué triunfo se puede imaginar más ilustre y glorioso, que ver a Constantino, vencedor y triunfador del mundo, llevar las espuertas de tierra sobre sus hombros para servir de jornalero en el edificio del templo del pescador?
O ¿qué mayor gloria y ensalzamiento se puede dar á un hombre mortal acá en la tierra, que la que dio el Señor á san Pedro tal día como hoy, con este hecho de Constantino? ¿Y la que después le ha dado sujetando á sus pies la cumbre de los imperios y reinos, y trayendo á su sagrado sepulcro tantas gentes y naciones, que vienen de tan diferentes provincias y tierras á Roma, para reverenciar y adorar sus preciosos huesos y cenizas, y encomendarse al patrocinio de este glorioso príncipe de los apóstoles, teniéndole por su principal amparo y defensor? Y no solamente después que el emperador Constantino edificó en Roma en el Vaticano aquel suntuosísimo templo á san Pedro, han venido á él en romería los fieles (como hemos dicho), sino también antes que se edificase, había en la Iglesia católica esta devoción: y muchos, aun en tiempo de las persecuciones atrocísimas de los tiranos, de muy lejas tierras venían á Roma para visitar Limina Apostolorum, que así llamaban aun entonces las iglesias de san Pedro y san Pablo: porque á los umbrales de las puertas de sus templos se postraban y derribaban en el suelo, besándolas con singular piedad y devoción. Y siempre se han tenido en gran veneración aquellos sagrados lugares.

Y han sido respetados en tanto grado, que los mismos bárbaros que saquearon y destruyeron la ciudad de Roma, no se atrevieron á tocar cosa de ellos, ni hacer daño á persona que á ellos se acogiese, por tenerlos por lugares de refugio, privilegiados ó inviolables, como más largamente lo dijimos en la vida de san Pedro, á los 29 días del mes de junio. Otros templos edificó el emperador Constantino, que referimos en la fiesta de la Edificación de la basílica ó iglesia del Salvador, que es á los 9 de este mes de noviembre. El Martirologio romano hace mención de la Dedicación de la iglesia de San Pedro y San Pablo, y el cardenal Baronio en sus anotaciones, y en el III tomo de sus Anales trata docta y copiosamente de ella.
 FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc