Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción de Luján
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Vista de la ciudad de Buenos Aires (aguada), Fernando Brambila, 1794 |
Pablo Luis Fandiño
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A 70 kilómetros al oeste de Buenos Aires se encuentra la ciudad de Luján, en la margen derecha del río del mismo nombre, cuya primera fundadora y vecina principal es una pequeña imagen de terracota de la Santísima Virgen |
La historia de la Virgen de Luján se remonta a los
comienzos del siglo XVII, cuando Antonio Farías de Saa, un hacendado
portugués
radicado en Sumampa, en la actual provincia de Santiago del Estero,
encargó al marino Juan Andrea que le trajera del Brasil una imagen de la
Inmaculada
Concepción para dedicarle una capilla en su estancia. En marzo de 1630
arribaron al puerto de Buenos Aires, procedentes del valle de Paraiba,
São Paulo, no una sino dos imágenes de la Virgen
María.
El
milagro de la carreta
En los primeros días del mes de mayo de aquel año, el
radiante cargamento se unió a una caravana de carretas que partieron de
Buenos Aires en
dirección al norte. Al atardecer del segundo día de viaje, llegaron a
orillas del río Luján, en el ámbito de una propiedad conocida como la
estancia de Rosendo, donde pernoctaron.
A la mañana siguiente,cuando todos se disponían a partir, por más empeño
que pusieron los troperos, la carreta que llevaba las imágenes no se
movía de su lugar.
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| La peregrinación gaucha a Luján rememora todos los años su historia |
Reemplazaron a los bueyes, rebajaron la carga, empujaron
los peones, todo fue inútil… hasta que bajaron el pequeño cajoncito que
llevaba a la Virgen Inmaculada
y sólo entonces la carreta se movió. Llenos de admiración por lo
ocurrido y de curiosidad por descubrir la causa del inusitado prodigio,
abrieron la caja bendita.
Envuelta en su interior, encontraron una sencilla estatua de la Madre
del Redentor, a la que los felices circunstantes veneraron con ternura.
Viendo en ello un designio de la Providencia,
los arrieros determinaron trasladarla hasta la morada de Rosendo, donde
se le acomodó.
Mientras tanto, la segunda imagen de la Virgen María prosiguió sin mayores dificultades su camino a Sumampa, donde se le
venera hasta el día de hoy, y la noticia del suceso acaecido en la
rivera
del río Luján corrió velozmente hasta Buenos Aires.
Así comenzó la afluencia de devotos, y el río de gracias
y milagros concedidos por la Virgen de Luján a lo largo de casi cuatro
siglos. En el lugar se levantó una modesta ermita, que durante
40 años quedó a los cuidados de un esclavo africano llamado Manuel. Con
la muerte de Rosendo, sus bienes pasaron a manos de su heredero, Juan de
Oramas, cura de la catedral porteña, pero
las tierras quedaron abandonadas y la devoción estuvo a punto de
periclitar.
Los pasos preliminares para consolidar la devoción
En vista de las circunstancias, doña Ana de Matos Vda.
de Sequeira, su primera gran bienhechora, compró la venerada imagen al
clérigo Oramas. Luego promovió una visita pastoral in situ
del obispo dominico, fray Cristóbal de la Mancha y Velazco, junto al
gobernador del Río de la Plata, José Martínez de Salazar. Con su
autorización y en su compañía, doña Ana efectuó el trasladó de la imagen
a su estancia, a dos jornadas de camino. Quedando así oficializado el
culto público a Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción del Río
Luján.
La profunda devoción que profesaba a la Santísima Virgen
impulsó al presbítero Pedro de Montalvo, quien padecía de tuberculosis
pulmonar agravada
por una afección cardiaca, a emprender una penosa peregrinación en
carreta de Buenos Aires a Luján. Tan mal estaba el licenciado Montalvo,
que a una legua
de su objetivo se sintió desfallecer. El moribundo fue conducido hasta
los pies de la Virgen, donde le frotaron el pecho con sebo de la lámpara
que ardía constantemente ante la Sagrada Imagen, hasta
que volvió en sí. Una vez restablecido, prometió a la Virgen dedicar el
resto de su vida a difundir su culto. Debido a su infatigable empeño, en
1685 se inauguró el primer santuario, sobre un
terreno donado por la señora Matos, en el mismo lugar en que hoy se
levanta la actual Basílica. Don Pedro falleció en 1701 y es considerado
el primer Capellán
de la Virgen. Alrededor de la “capilla de Montalvo” surgió con el tiempo
un pueblo, la Villa de Luján, a la cual en 1730 se le otorgó cura y
parroquia.
Nuestra Señora la cubriría con su manto, protegiéndola en diversas
ocasiones contra malones, pestes y sequías.
Un devoto singular: Don Juan de Lezica y Torrezuri
En 1734 llegó al Callao, como comisionado real, don Juan
de Lezica y Torrezuri (1709-1784). Tres años después, el ilustre
vizcaíno, casado ya con una dama paceña, contrajo una grave enfermedad
que estuvo a punto de llevárselo a la tumba, si no fuera por la promesa
que hizo de visitar el santuario de Luján. La Virgen lo curó y él volvió
a sus negocios. Sin embargo, en 1748, aquella misma extraña y
mortal enfermedad retornó. Temiendo lo peor, tomó sus últimas
disposiciones y se estableció en Buenos Aires, donde sanó por completo.
Atribuyendo el hecho al favor
de Nuestra Señora de Luján.
Agradecido, don Juan se preguntaba:¿qué deseaba
manifestarle la Virgen con tales señales? De esto se valió el obispo
bonaerense, Cayetano de Marcellano y Agramont, para encargarle la
edificación de un nuevo templo en reemplazo del anterior, nombrándolo
síndico, ecónomo y patrono de la iglesia lujanense. Gracias a ello, el 8
de diciembre de 1763 se celebró con gran pompa
la inauguración de este santuario, que albergó durante siglo y medio a
la Virgen de Luján.
Una gran conquista: el padre Jorge María Salvaire
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| Padre Salvaire |
A fines de 1875, un joven misionero claretiano, Jorge
María Salvaire (1847-1899), enviado a evangelizar a los indios, estuvo a
punto de morir lanceado,culpado de transmitirles una peste de viruela.
Se confió a la Virgen y le prometió, si lo salvaba, consagrar su vida a
difundir sus milagros y engrandecer su santuario. Entonces, abriéndose
paso entre la multitud, el hijo del cacique arrojó
su poncho a Salvaire en señal de protección; el sacerdote le había
salvado la vida en días anteriores.
En cumplimiento de sus promesas, el P. Salvaire redactó su monumental obra “Historia de Nuestra Señora de Luján”,
publicada después de una década de estudios, dio comienzo a la
construcción
de la actual Basílica, y fue el alma de la Coronación Pontificia de la
Virgen de Luján que se realizó solemnemente el 8 de mayo de 1887, de
manos de Mons. Federico León Aneiros, segundo arzobispo de Buenos Aires.
Para la ocasión, el P. Salvaire colocó a la imagen sobre una peana de
bronce, le adosó la rayera gótica con la inscripción:“Es la Virgen de Luján la primera Fundadora de esta Villa” y una aureola de
doce estrellas, que luce hasta hoy.
A su muerte en 1899, le tomó la posta el P. Vicente
María Dávani C. M.,quien terminó la Basílica en 1922. El 5 de octubre de
1930, Nuestra Señora de Luján fue proclamada Patrona de las tres
naciones del Plata: Argentina, Paraguay y Uruguay.
No todo fue rosas en el camino
Además de las dificultades propias de este valle de
lágrimas, la devoción a Nuestra Señora de Luján pasó por algunas pruebas mayores. En 1806 y 1807, el Virreinato del Río de la Plata soportó
dos invasiones militares inglesas. Para rechazar a los protestantes, las
fuerzas locales emprendieron la reconquista y defensa de Buenos Aires a
partir de Luján, llevando como bandera el estandarte
real con una imagen bordada de la Virgen Inmaculada. A falta de
escapularios, los voluntarios se ciñeron dos cintas con los colores
celeste y blanco, que les sirvió también como distintivo. Las tropas
victoriosas, regresaron a Luján para depositar a los pies de María los
trofeos de la batalla.
Aciagos tiempos vivió nuevamente la Argentina, a
mediados de 1955, en las postrimerías del gobierno peronista, cuando
éste se enfrentó radicalmente contra la Iglesia Católica. Hubo decretos
anticatólicos, quema de iglesias y prisión de numerosos obispos,
sacerdotes y laicos; hasta se hablaba de la creación de una iglesia
cismática nacional. En la noche triste del 22 de agosto de
ese año el párroco de Luján, con la debida autorización superior, sacó
de su camarín la auténtica e histórica imagen de la Santísima Virgen y
la reemplazó por una réplica casi perfecta, iniciándose
un periodo catacumbal de su culto.
Nadie se enteró de lo sucedido hasta que,abatido el
régimen persecutor y calmados los ánimos, el domingo 27 de
noviembre,tres meses después, la venerada
imagen volvió a su Basílica en una sorpresiva pero solemnísima
procesión.
Ilustres visitantes
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| Primera peregrinación al santuario en 1893 |
A lo largo de su historia, amplia es la lista de
ilustres peregrinos que han venerado a la Santísima Virgen en Luján.
Entre ellos se destaca, en 1824 el joven canónigo Juan María Mastai
Ferreti, futuro Papa Pío IX, como secretario de la misión Muzi. En 1895,
la madre Santa Francisca Javier Cabrini, la primera santa
estadounidense. En 1921, el santo Luis Orione, fundador de la Pequeña
Obra de la Divina Providencia. En 1934,el cardenal legado Eugenio María
Pacelli, más tarde Papa Pío XII, luego de presidir el Congreso
Eucarístico Internacional.
Más recientemente, en 1982,el Santo Padre Juan Pablo II, en plena guerra
de las Malvinas; visita que renovó en 1987. Y, finalmente, el entonces
cardenal Jorge Mario Bergolio, como arzobispo de Buenos Aires.
Argentina atraviesa hoy una aguda crisis política,
económica y moral, que sólo se revertirá en el momento en que el pueblo y
sus líderes se rindan nuevamente ante su Reina y Patrona, y acepten
vivir respetando escrupulosamente los mandatos de su Divino Hijo.
La Virgencita de Luján*
La imagen de Nuestra Señora de Luján es pequeña en
altura: mide 38 cm. Sus facciones son menudas, pero bien
proporcionadas.El rostro es oval. El semblante modesto, grave y al mismo
tiempo
dulcemente risueño, conciliando a la vez benevolencia con su
irresistible atractivo,y respeto con majestad de Reina y gran Señora. La
frente es espaciosa;los ojos grandes, claros y azules; la cejas negras y
arqueadas; la nariz algo
aguileña, la boca pequeña y recogida, los labios iguales y encarnados
cual rosa, las mejillas sonrosadas, y las demás facciones,como ya lo
hemos dicho, muy proporcionadas.
Mira un tanto hacia la derecha. El color del rostro,
aunque muy agraciado, es un tanto amorenado.Tiene sus delicadas manos,
asimismo bien formadas, juntas y arrimadas al pecho, en
ademán o movimiento de quien humildemente ora.
El ropaje de la talla se compone de un manto de color
azul, hoy muy amortiguado,sembrado de estrellas blancas; debajo de dicho
manto aparece una túnica de color encarnado, aunque en el día
igualmente muy
amortiguado.
Los pies de la santa imagen descansan sobre unas nubes,
desde las cuales emerge la media luna, que tradicionalmente se pone
debajo de las plantas de la Virgen
Inmaculada, y luego como jugueteando inocentemente entre aquellas nubes,
descuellan cuatro graciosas cabecitas de querubines, con sus pequeñas
alas
desplegadas de color ígneo.
Finalmente, diremos que la materia con que ha sido fabricada la santa imagen es de arcilla cocida.
En resumidas cuentas, no es, debemos confesarlo, la
antigua imagen de Nuestra Señora de Luján, una obra de arte; en cuanto a
la materia, nada apreciable
es, y por lo que mira a la hechura, no se puede, a la verdad, mentar
entre las imágenes notables. Preciosa es empero, sobre toda ponderación,
por los innumerables y admirables portentos que, por su intercesión,
obró incesantemente
la divina misericordia, por los piadosos recuerdos que su sola vista despierta, y por la veneración tan entrañable que le profesaron nuestros
padres.
* J. M. SALVAIRE, Nuestra Señora de Luján, Imprenta de P. E. Coni, Buenos Aires, 1885, p. 267
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fuente: http://www.fatima.pe/articulo-941-nuestra-senora-de-la-pura-y-limpia-concepcion-de-lujan