martes, 24 de marzo de 2026

SANTA CATALINA DE SUECIA 24/03

   SANTA CATALINA DE SUECIA, VIRGEN

Santa Catalina de Suecia fué hija de Ulfon, príncipe de Nericia, y de santa Brígida, bien conocida por sus revelaciones en la Iglesia del Señor. Desde niña mostró haber sido escogida del esposo celestial; porque cuando mamaba, tomaba el pecho de su santa madre, y de las otras mujeres honestas, que se le daban con mucho agrado; y si alguna deshonesta, ó menos casta se le quería dar, luego lloraba, y no le quería tomar.
Entrególa su santa madre, después que la destetó, á una abadesa muy religiosa, para que la criase; y el demonio una noche, estando en maitines la abadesa, tomando figura de un toro, quiso matar á la niña, y con los cuernos la sacó de su camilla, y la arrojó en el suelo, dejándola casi muerta: y hallándola así la abadesa, y tomándola en sus brazos, se le apareció el demonio, y dijo: ¡O qué de buena gana la acabara, si Dios me hubiera dado licencia! Siendo ya de siete años, se entretuvo una vez con las otras niñas, jugando cierto juego con unas muñecas: y como nuestro Señor la quería para gran santa, no quiso que aquella niñería pasase sin castigo; y así la noche siguiente fué molestada de los demonios, que le aparecieron en figura de muñecas, y la azotaron gravemente; para que desde niña comenzase á dar de mano á las niñerías y juegos, en que se suele entretener aquella tierna edad. Teniéndola para casarse, su padre le mandó, que tomase marido: y ella le aceptó, confiada en la bondad de Dios, y el favor de la santísima Virgen María, su madre, que podía casarse sin detrimento de su virginidad, como le sucedió: porque habiéndose casado con un caballero nobilísimo, llamado Eghardo, de tal manera le habló, que los dos hicieron voto de castidad, y la guardaron toda su vida, engañando al mundo con nombre, y hábito de casados, y triunfando de su carne, y de nuestro común y mortal enemigo. Dábanse mucho á la oración, y á la aspereza de vida, y á todas las obras de caridad: y en los ojos de los hombres parecían, y se trataban como señores; y en los ojos de Dios eran santos.
Tenía Catalina un hermano llamado Carlos, mozo brioso, y dado á la vanidad: el cual, no pudiendo sufrir, que su hermana y su cuñado hiciesen aquella vida, los reprendió y procuró apartar de ella, y mucho mas se enojó con su hermana, cuando vio ¡a llaneza, que usaba en su vestido, y que no se conformaba con el traje y galas, que las otras señoras y mujeres de su calidad habían inventado, despreciando la simplicidad y antigüedad antes usada. Pero Catalina, no solo no se mudó, de lo que tan bien había comenzado; antes persuadió con sus palabras y con su ejemplo, á la mujer del mismo Carlos, su hermano, que dejase las galas, y atavíos superfinos, y que la imitase, como lo hizo. Después que murió Ulfon, su padre, y su madre santa Brígida por divina revelación fué á Roma; su hija Catalina, viviendo aún Eghardo su marido, tuvo grandes instintos, y movimientos del Señor de ir á buscar á su madre á Roma: y aunque al principio, por ser de solos diez y ocho años, y hermosísima; su marido no vino en ello; pero después, viendo, que aquel negocio era de arriba, y que Catalina era anciana en el seso, y de costumbres honestísimas, le dió licencia, y criados y personas, que fuesen en su compañía; y ella llegó á Roma en el mes de agosto, y halló que su santa madre estaba en Bolonia, y la fué á ver: y después que volvió á aquella santa ciudad, y visitó los santuarios, y estaciones de ella, por divina disposición se quedó con su madre, para ayudarla y servirla, como Dios se lo había prometido á santa Brígida: aunque no le fallaron á santa Catalina grandes trabajos y dificultades; porque el demonio la tentó, para que se tornase a su tierra, donde viviría con más quietud, regalo, y descanso: y como ella era señora de tanta calidad, y de extremada hermosura, algunos caballeros principales, sabiendo que ya era muerto su marido, la pretendieron por mujer: y viendo, que los otros medios blandos y amorosos no bastaban, quisieron hacerle fuerza y arrebatarla: y habiéndose escondido en cierta parte con gente armada para cogerla un día, que con otras matronas iba á la iglesia de san Sebastián, al tiempo que salían de la celada, apareció de repente un ciervo, y dando ellos tras él, pasó en aquel mismo tiempo Catalina, y se escapó de sus manos.
Placa que identifica la casa en la cual vivieron
Santa Catalina y su madre, Santa Brígida, en Roma
Otra vez yendo con su santa madre á la iglesia de san Lorenzo, y hallándose en otro semejante peligro; el caballero, que la aguardaba con gente, al tiempo que la quiso acometer, quedó ciego; y conociendo su culpa, se echó á sus pies, y les pidió perdón; y rogando las santas madre é hija por él, cobró la vista, y contó este milagro al papa Urbano VI y cardenales.
No solamente padeció santa Catalina estas molestias en Roma, pero otras no menores fuera de ella: porque yendo con su santa madre á Asís por revelación de Dios, y á santa María de Porciúncula, no pudieron una vez llegar á donde pensaban, por haberles sobrevenido la noche; y así se recogieron en una pobre casilla, para guarecerse de la nieve y agua que caía. Estando allí, ciertos salteadores de caminos entraron, donde estaban las santas madre é hija con su compañía, y con mucha desvergüenza quisieron verles los rostros: y como santa Catalina era hermosísima, se encendieron en mala concupiscencia, y comenzaron á hablar palabras torpes, y quererla hacer fuerza: más ellas se volvieron á Dios, suplicándolo que las guardase; pues por su inspiración y servicio habían tomado aquel camino: y luego al improviso se sintió un gran ruido como de gente armada, y una voz que decía, que prendiesen á aquellos bellacos ladrones: con la cual ellos espantados se huyeron, y dejaron la presa que tenían en las manos. Mas al día siguiente, siguiendo las santas su camino, volvieron á ellas, para hacer de día lo que no habían podido hacer de noche: y habiéndoles tomado los pasos; al punto que ellas pasaban, perdieron la vista, y no las pudieron ver. Con esta protección del Señor crecía cada día más Catalina con su amor, y se daba con mayor cuidado á todas las virtudes, y especialmente á la santa humildad, que es la madre y guarda de ellas; porque le pesaba mucho de ser alabada, y se holgaba de ser menospreciada, y tenida en poco, y por gran pecadora. Era muy devota, y desde niña dada á la oración, y á rezar las horas de nuestra Señora, las salmos penitenciales, y otras oraciones; y cada día gastaba cuatro horas en llorar, y meditar la sagrada muerte y pasión de su dulce esposo, ofreciéndosele en perpetuo y suave sacrificio. Una vez estando en Roma orando en la iglesia de san Pedro, le apareció una mujer vestida de blanco con un manto negro, y le dijo, que rogase á Dios por la mujer de Carlos, su hermano, que era muerta, y que presto tendrían un buen socorro de ella; porque les había dejado la corona de oro, que según la costumbre de su patria traía en la cabeza: y como la mujer le dijo, así sucedió; y del precio de la corona, santa Brígida, y su hija se sustentaron todo un año con su familia.
¿Pues qué diré del amor tierno y fuerte, que esta santa virgen tuvo al Señor? ¿Qué de su benignidad, y misericordia para con los pobres enfermos y llagados? Porque su santa madre la llevaba consigo á los hospitales, y delante de ella servía con grande humildad á los enfermos, y les curaba las llagas podridas sin asco, para que su hija aprendiese, y la imitase, y siguiese sus pisadas; y ella lo hacía con extremada caridad y diligencia, como hija de tal madre. Era tan amiga de la pobreza de Cristo, que andaba con un vestido vil y roto, y usaba de cama pobre, con solo un jergón de paja, y un cabezal, y un cobertero viejo y remendado. Pero nuestro Señor, para honrarla en algunas ocasiones, hizo que pareciese ricamente vestida, y su cama preciosa, aunque realmente no lo era. Fué asimismo muy sufrida, paciente, y mansa, llevando los agravioso injurias, que se le hacían, con maravillosa mansedumbre, volviendo siempre bien por mal, como verdadera sierva de Dios.
Veinte y cinco años estuvo en compañía de su santa madre en Roma, y fuera, y la acompañó á Jerusalén, y se halló a su dichoso tránsito, y llevó sus sagradas reliquias á Suecia con otras de otros santos. Y después de haber cumplido con el entierro de su bendita madre, se encerró en un monasterio de monjas, donde fué prelada, instruyéndolas según la regla, que su santa madre había dejado, y ella había aprendido. Mas como nuestro Señor obrase muchos, y grandes milagros al sepulcro de santa Brígida, pareció al rey de Suecia, y á los grandes y señores de aquel reino, que debían tratar con el sumo pontífice de su canonización: y para que tuviese más presto efecto, convenía, que su bija Catalina fuese á Roma; y ella lo tuvo por bien, y fué, aunque halló las cosas tan turbadas por la muerte del papa Gregorio XI y por el cisma, que se levantó en tiempo de Urbano VI, su sucesor, que no tuvo por entonces efecto lo que pretendía: y así, dejando las informaciones auténticas de los milagros, y lo demás que llevaba en Roma, se volvió á su patria, habiendo nuestro Señor hecho en Roma algunas cosas notables, y maravillosas por su santa Catalina: entre las cuales fué una, que habiendo caído mala una señora principal, y de mala vida, de una gravísima enfermedad, y no queriéndose confesar, ni aparejarse para morir, ni oír á santa Catalina, que le aconsejaba, lo que le convenía para su eterna salvación; la santa se puso en oración, rogando á nuestro Señor por aquella alma pecadora, y luego se levantó del Tíber un humo negro y espeso, y vino á dar sobre la casa, donde la enferma estaba", y la asombró de manera, que unos á otros no se podían ver, con ruido tan espantoso, que la pobre enferma despavorida, y como fuera de sí, llamó á Catalina, y con lágrimas le prometió hacer, todo lo que le mandase, y se confesó; y al día siguiente acabó su vida, con esperanza que dejó de su salvación.
Otra señora había mal parido siete veces; y hallándose preñada, y cerca de parir, se encomendó en las oraciones de santa Catalina: la cual la animó, y prometió hallarse á su parto. Hallóse; y parió viva y sana una niña, que se llamó Brígida, por devoción de su madre.
Salió el rio Tíber de madre, é inundó de tal manera la ciudad de Roma, que todos temían la última ruina y destrucción de ella. Rogaron á santa Catalina, que se opusiese á las ondas, y con su presencia y oraciones librase la ciudad de aquel peligro: y como ella por su humildad se excusase, la arrebataron, y llevaron como por fuerza, y la pusieron junto á las aguas; y en tocándolas con los pies, se volvieron atrás, y cesó aquel diluvio peligroso.
Estando en la ciudad de Nápoles, á donde había ido para recoger, y autenticar los milagros de su santa madre, le declaró una señora muy principal, que una hija suya viuda era muy molestada de un demonio cada noche torpemente, y que aunque lo había callado por vergüenza hasta entonces, ahora se lo había descubierto, para que se lo dijese, y le pidiese remedio, confiada de su santidad. La santa virgen le aconsejó, que se confesase de todos sus pecados pura, y enteramente; porque muchas veces por los pecados, que se callan en la confesión por vergüenza, permite nuestro Señor semejantes ilusiones, y que los demonios tengan fuerza para fatigar las almas, y oprimir los cuerpos con abominable tiranía. Dióle también otros santos consejos y devociones, y ofreció sus oraciones por ella; y al cabo de ocho días se halló la mujer del todo libre de aquel monstruo infernal, que tanto la perseguía y atormentaba.
Monasterio de Wadstena,
donde Santa Catalina fue abadesa
Habiendo, pues, la santa virgen estado cinco años esta vez en Roma; no teniendo esperanza de conseguir la canonización de su bienaventurada madre, por las causas que dijimos arriba, se volvió á su patria y monasterio, siendo muy visitada, y hospedada, y regalada de los príncipes y prelados, y ciudades de Italia, y Germania, por donde pasaba. En este camino también hizo nuestro Señor algunos milagros por ella, y entre ellos se cuenta: que habiendo caído del carro, en que iba dormido, uno de los que la acompañaban, y pasado por él la rueda del carro, y quebrantádole y hecho pedazos; haciendo oración por él santa Catalina, y tocándole con. las manos, luego estuvo sano. Lo mismo sucedió á otro, en llegando á su monasterio: porque habiendo caído de lo alto de un edificio, que se hacía, sobre muchos maderos y piedras, y quebranládose los huesos de manera, que apenas podía resollar; en tocándole la virgen, y hecha oración por él, luego se consolidaron los miembros, y cobró tan perfecta salud, que se volvió ó trabajar en la obra, alabando al Señor todos, y a santa Catalina, por cuya intercesión le había sanado.
Estaba en este tiempo la santa virgen muy flaca, y fatigada de dolores, y enfermedades del cuerpo; aunque muy entera y alegre en su espíritu. Tenía costumbre, desde que anduvo en compañía de su santa madre de confesarse cada día, y algún día dos y tres veces; así lo hizo en esta postrera enfermedad, aunque por la flaqueza de su estómago no se atrevía á recibir el santísimo Sacramento del altar; mós hác1asele traer, y le adoraba, y reverenciaba con grandísima devoción y humildad.
Finalmente, levantando los ojos al cielo, y encomendando su alma con el corazón al Señor, porque no podía con la lengua; estando presentes y deshaciéndose de lágrimas las monjas, dio su espíritu al que la había criado para tanta gloria suya. Apareció una estrella sobre el monasterio, en que murió, y fué vista de algunos religiosos de día y de noche, hasta que su sagrado cuerpo fué sepultado: y la misma estrella la acompañó, cuando la llevaron a enterrar á la iglesia. y estuvo en el aire sobre las andas; y en acabando de enterrarla, desapareció. Vinieron muchos arzobispos, obispos, abades, y prelados de los reinos de Suecia, Dinamarca, Noruega, y Gotia á su entierro, y el príncipe de Suecia, llamado Erico, con otros señores y barones, los cuales por su devoción llevaron sobre los hombros el cuerpo á la sepultura, y por la mucha gente que había concurrido, apenas se podía sepultar. Murió la santa virgen en el monasterio Uvatslríense á los 22 de marzo del año del Señor de 1381, é hizo nuestro Señor muchos milagros en su sepulcro. El Martirologio romano hace mención de esta santa á los 22 (24) de marzo, y el cardenal Baronio en sus anotaciones; y el padre Fr. Lorenzo Surio trae su vida en el segundo tomo.


 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

lunes, 23 de marzo de 2026

S A N T O R A L

SANTA RAFKA -REBECA-, Virgen 

MONJA LIBANESA MARONITA

EL VALOR DEL SUFRIMIENTO
Rafqa Pietra Choboq Ar-Rayès puede que se haga tu asociación
Nació en Himlaia, Líbano , en 1832, su nombre era Butrsie (Petra). Ella, antes de morir, contó la historia de su niñez a su superiora Úrsula: "No hay en mi vida nada importante que merezca ser mencionado... Cuando tenía 7 años, mi madre murió y mi padre se casó de nuevo". "Cuando llegué a la edad de 14, mi madrastra quiso arreglar mi casamiento con el hermano de ella, y mi tía materna quería que lo hiciera con su hijo. Eso me impresionó mucho... y pedí a Dios que me liberara de estos malos pasos. Pensé hacerme religiosa y me dirigí al convento de Nuestra Señora de la Liberación en Bikfaia, de las religiosas Mariamitas, conocidas por el pueblo como jesuitas". Abandoné la casa paterna cuando fuí mayor de edad. "Por la calle encontré tres muchachas a las cuales dije: voy al convento,¿queréis seguirme? Dos de ellas aceptaron y la tercera dijo que me seguiría si yo perseveraba en el convento. Nos dirigimos las tres al convento, y cuando entre en la Iglesia, sentía una gran alegría interior, escuché una voz íntima que me decía: tú serás religiosa. Cuando entramos en el locutorio del convento, la superiora me dijo: seáis bienvenida, me tomó por la mano y me introdujo en el convento. A las otras dos les dijo: volved después y seréis recibidas. Me sorprendió la actitud de la superiora y procuré ver en esto la intercesión de la Virgen del Socorro que vi en la Iglesia. 
Desde su juventud, Petra sintió un profundo amor por Cristo y la Eucaristía, por lo que quería ingresar como novicia en las Hermanas de María, pero la fuerte influencia de los que más tarde serían futuros santos libaneses, los maronitas, Charbel Makhlouf y Nimatullah Al-Hardini, la volvieron hacia el monasterio maronita de San José de Batroun, al cual ingresó en 1897, tomando el nombre de Sor Rafka (Rebeca).

En el 1860, Rafka le fue trasladada a Deir al-Qamar, para enseñar el Catecismo a los jóvenes. Tuvieron lugar en aquel período los dramáticos acontecimientos que ensangrentaron Líbano en aquel año. Rafka vio con los mismos ojos el martirio de un gran número de personas. También tuvo el ánimo de esconder a un niño bajo su propia capa, salvándole de la muerte. Rafka estuvo en Deir al-Qamar cerca de un año: luego regresó a Ghazir.

El primero domingo de octubre del 1885 -fiesta del Rosario-, en la iglesia del monasterio, mientras estuvo en oración frente al Santísimo, le suplicó a Dios hacerla participar en su Pasión redentora: “¿Dios mío te alejaste de mi y me abandonaste? ¿Porque no me has visitado con una enfermedad? ¿Te habrás olvidado de tu esclava?". Su ruego fue atendido ese mismo día, empezó a sentir fuertes dolores de la cabeza y poco después se extendió a sus ojos. Todos los tratamientos resultaron ineficaces y se decidió mandarla a Beirut para intentar otros.

Durante el viaje se detuvo en Biblos, dónde fue confiada a un médico americano que, después haber analizar su caso, decidió operarla -ella rechazo que la anestesiaran- pero durante la operación le extrajo por error el ojo derecho que cayo palpitante delante de ella; y Rafka decía: "Con la Pasión de Cristo; que Dios bendiga sus manos; que Dios lo recompense". En ese momento sintió como chispas que le brotaban de los ojos y un dolor tan intenso como si la tierra girara a su alrededor. Un médico militar en Batrun habiéndola examinado dijo: "El dolor de ojo que esta pobre monja padece, es indescriptible y es imposible su curación ya que le afecto el nervio óptico". Cuando el dolor se agudizaba, ella repetía: "Por la gloria de Dios, en comunión con la pasión de Cristo... con la corona de espinas en Tu cabeza; Oh mi Señor".

La enfermedad pronto afectó al ojo izquierdo; ahora los médicos juzgaron que cualquier tratamiento sería inútil y Rafka regresó a su monasterio, donde el dolor ocular la acompañó por 12 años. Soportó su dolor con paciencia, en silencio, en oración y con alegría, repitiendo continuamente: "En unión con la Pasión de Cristo”.

En 1897, un grupo de monjas del convento de San Simeón de Aitou se trasladó al nuevo convento de San José de Ad-Daher. La Madre Úrsula, que iba a ser la superiora de la nueva fundación, pidió que la hermana Rafka fuera incluida en el grupo, para que su ejemplo ante las hermanas disminuyera las dificultades que siempre existen en una nueva fundación.

La Hermana Rafka pasó los últimos diecisiete años de su vida en este convento, que iba a ser el escenario de sus más grandes sufrimientos, así como de sus alegrías más espirituales.

... Según la opinión de los médicos, Rafka padecía de tuberculosis osteo-articular que la dejo por siete años en cama , acostada solamente del lado derecho sin que su hombro tocara las sabanas, con cabeza apoyada en la almohada. La mañana de un Jueves Santo, Rafka dijo a su superiora "si pudiera asistir a la misa, en este día de tan noble", las hermanas trataron de llevarla asiendo las cuatro puntas de la sabana, pero al tratar de llevarla, le dolió la cadera izquierda, entonces la dejaron en su cama. Cuando la misa empezó y las monjas estaban en el oratorio, Rafka entro arrastrándose en la Iglesia. Las monjas se sorprendieron y se emocionaron, la superiora se levantó para ayudarla, pero Rafka le hizo una seña con la cabeza que la dejara entrar sola. Cuando entró la sentaron en un cojín. Más tarde, la madre superiora le preguntó: ¿Cómo pudiste ir a la Iglesia? Rafka respondió: "No sé nada; le pedí a Jesús que me ayudara, y de repente sentí que los pies se resbalaban de la cama, pude bajarme y me arrastré hasta la Iglesia".

Un día, la madre Úrsula preguntó a Rafka:

¿"No desearías ver nuestro nuevo monasterio y sus alrededores, como la montaña, el bosque y la belleza"?

"Si, desearía la vista al menos una hora para verte".
¿"Una hora solamente y volver a estar ciega?"
"Si". 
Al momento, se resplandeció la cara de Rafka y dijo sonriente:
"Veo! Bendito sea Dios!"
¿"Que hay sobre este armario?" preguntó la superiora, para asegurarse.
Y Rafka volviendo la cara sobre el armario dijo:
"La Santa Biblia y el prefacio"; y señalaba las diferentes manchas que había en su cubrecama.

Rafka no decepcionó a la Madre Úrsula. Su ejemplo y ayuda resultó muy valiosa en el establecimiento del nuevo monasterio. Las novicias fueron especialmente impresionadas con el espíritu de oración de la monja ciega, además de su humildad y caridad. Muchos años después de su muerte, varias de las hermanas que, o bien habían llegado con ella a la nueva fundación, o que habían sido novicias durante los diecisiete años que vivió en San José de Ad-Daher, y que no habían olvidado lo vivido junto a ella, dieron testimonio de su santidad....
Rafka decía siempre:"Mis hermanas, no olviden la sexta herida de Cristo; la herida de su hombro, esta herida fue muy dolorosa porque cargaba la cruz de nuestros pecados".
Rafka rezaba día y noche, y todos los días seis veces el Padre Nuestro y el Ave María por las seis heridas de Jesús, (La sexta era la herida del hombro de Jesús). Rafka prefería a Dios sobre todas las cosas, por Él ella sufrió.
Ella, decía a las monjas:"Mis hermanas hagan comunión espiritual cuanto puedan aunque sean hasta mil al día". Tenía una gran devoción por la Santa Virgen María. Era dulce calmada y siempre apacible, tenía un corazón simple.
Rafka explicaba las reglas y las virtudes monásticas a sus hermanas y enseñaba a las novicias las oraciones del breviario en arameo porque tenía una hermosa voz. Consolaba a la hermana triste, y pedía perdón en lugar de la hermana culpable o castigada. Su figura reflejaba la dulzura y la humildad.
Rafka sufrió durante esos diecisiete años de ceguera. Sólo Dios sabe lo mucho que tuvo que soportar. Su dolor era continuo noche y día, sin embargo, las demás hermanas nunca la oyeron murmurar o quejarse. A menudo la oyeron dar gracias a Dios por sus sufrimientos, "... porque sé que la enfermedad que tengo es para el bien de mi alma y de Su gloria" y que "la enfermedad aceptada con paciencia y acción de gracias purifica el alma como el fuego purifica el oro".
Rafka vivió 82 años de cuales fueron 29 de sufrimientos, y profundo amor a Cristo. El 22 de marzo de 1914, Rafka le dijo s su superiora: "Me gustaría despedirme de mis hermanas y oír sus voces antes de morir". La mañana del 23 de marzo de 1914, pidió la santa Comunión diciendo: déjenme llevar conmigo mi provisión". Y sus últimas palabras fueron: "O Jesús! O María! O San José! Les entrego mi corazón, mi alma; entre sus manos pongo mi espíritu"

La enterraron en el cementerio del convento de donde salió una fuerte luz proveniente de su tumba durante tres días consecutivos.

Frases de la Beata Rafka (Rebeca) que resumen su vida de piedad y sufrimiento unida a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

1).- “Yo quisiera hacer un noble empleo de mi vida…dar a Cristo todo mi amor. Él solo es más grande que mi corazón.”
2).- “Miré la imagen de Nuestra Señora, oí su voz que penetraba en mi conciencia, diciendo: “Tú serás religiosa.”
3).- “Me maravillé al ver a la Superiora aceptar inmediatamente mi petición (de ser admitida) sin preguntarme nada. Atribuí ésta a Nuestra Señora de la Liberación, que había visto en la Iglesia.”
4).- “Rogué a la maestra de novicias que me dispensaran de verlos (a mi padre y a mi madrastra), desde entonces no los he vuelto a ver más en toda mi vida religiosa.”
5).- “Dios mío, yo quiero que mi voluntad sea, en todo, semejante a la vuestra”
6).- “En presencia de Dios Todopoderoso, de la Bienaventurada Virgen María, de nuestro Bienaventurado Padre San Antonio “El Magno” y de todos los santos. Delante del Superior General de la Orden Libanesa Maronita, el Reverendísimo Abad Afram El-Becherráwi, yo Sor Rafqa (Rebeca) hago profesión de pobreza, castidad y obediencia, según el tenor de nuestras Santas Constituciones.”
7).- “Llena de salud y actividad; no me acordaba de haber estado enferma en estos años de mi vida. Entonces me dirigí a Dios con estapalabras: ¿Por qué Dios Mío te alejas de mí, y por qué me abandonas?…¿Por qué no me visitas con una enfermedad?. ¿Habrás olvidado a tu esclava.?
8).- “En el momento de dormir, sufrí un dolor muy fuerte en la cabeza, que se propagaba encima de mis ojos, hasta el estado en que usted me ve: ciega.”
9).- “En comunión con los sufrimientos de Cristo.”
10).- “Mi dulce Salvador ha sufrido más que yo. La Cruz es mi sola consolación.” 
11).- “Vi mi ojo arrancado que caía a tierra, con mi otro ojo palpitándose y agitándose. Sentí saltar chispas y un dolor que no puedo describir. La tierra giraba alrededor de mí.”
12).- “Para la Gloria de Dios” “En comunión con la Pasión de Cristo. Con la corona de espinas de tu cabeza, ¡Oh! Mi Señor”
13).- “Sí, soy feliz, porque doy todo al Buen Dios. Ardo siempre en las profundidades de mi ser, para hacer su Santa Voluntad.”
14).- “Con los sufrimientos de Jesús; sufrí mucho, Jesús sufrió más que yo.” “Él fue pobre y abyecto, desconocido y despreciado; odiado, calumniado y perseguido; traicionado y vendido a vil precio; censurado, acusado y condenado injustamente; abofeteado y burlado; arrastrado con la soga al cuello; flagelado hasta la sangre; despojado con infamia; coronado de espinas; cargado con la Cruz; cubierto de escupitajos; golpeado. Ultrajado y ridiculizado; atado a un madero infame; envilecido; aniquilado delante de los hombres.
Mi cabeza no está coronada de espinas, no hay clavos en mis pies, ni en mis manos. Y además, tengo culpas que expiar; pero Él, ha sufrido por amor a nosotros una infinidad de oprobios y muchos sufrimientos.”
15).- “Hermanas mías, nacimos sobre el Calvario; meditemos la Pasión del Salvador con las lágrimas del arrepentimiento. Vayamos al pie de la Cruz gimiendo nuestros desordenes, contemplando la obra del pecado. Oremos a las 5 llagas de Cristo; con sentimientos de la más viva caridad.”
16).- “No, no tengo miedo a la muerte, la espero desde hace mucho tiempo; que Dios me de las fuerzas para amar a la muerte.”
17).- “Quiero ser juzgada por Aquel a quien he amado mucho.”
18).- “¡Oh! Jesús…¡Oh! María…¡Oh! San José…os doy mi corazón, mi alma…en vuestras manos pongo mi espíritu.”
Espiritualidad de la Beata Rafqa (Rebeca) en su camino a la perfección
SU FE
1.- “Fortificad vuestra fe. Sí tenéis fe no tendréis miedo a nada.”
2.- “Lo que viene de Dios debemos aceptarlo con una completa resignación. El Alfarero es maestro de su pasta, hace lo que le place. Que su Santa Voluntad sea hecha.”
SU ESPERANZA
1.- “La enfermedad que nos aparta del mundo; no nos apartará de la vida.”
SU AMOR
1.- Prefería Dios a todo.
LA EUCARISTÍA
1.- “Cristo en el Calvario murió una vez para todos; en el Sacramento de la Eucaristía Él renueva para cada uno su muerte y le aporta los frutos. Poseámoslo encerrémoslo en nuestro corazón: Él es nuestro querido cautivo.”
2.- “Recurrid al Amigo Divino del Tabernáculo, en cualquier ocasión, pena, dificultad.”
3.- “Habitúense a la compañía de Jesús con visitas frecuentes y cotidianas al adorable Compañero del Tabernáculo.”
4.- “La Hostia es mi vida, me sostiene poderosamente, para terminar el día de mis sufrimientos.”
5.- “¡Oh! Mi Jesús, derrama en mi un poco de tu inmenso amor! Tengo tanta necesidad de amor, para decirte siempre: Fiat, consentir en todos los sacrificios, aceptar alegremente todas las inmolaciones.”
Nuestra Señora del Líbano
6.- “Jesús que bueno eres, te amo y te agradezco.”
A LA VIRGEN
1.- “Ayúdame a cicatrizar las heridas de tu Hijo.”
AL PRÓJIMO
Sor Úrsula la Superiora.
1.- “Su caridad para las monjas había alcanzado un grado eminente de perfección. Las amaba a todas con un amor igual.”
OBEDIENCIA
1.- “No, no quiero nada. La religiosa debe ser dócil y maleable entre las manos de los superiores, como el bastón en la mano del ciego.”
HUMILDAD
1.- “No merezco ser religiosa. Agradezco a las religiosas que me aceptan, me cuidan, me soportan y me dan de comer. Que Dios guarde a la Orden.”
PACIENCIA
1.- “¡Oh! Jesús me asocio a tu Pasión. He sufrido mucho. Jesús habrá sufrido más que yo.”
ALEGRÍA
1.- “Estoy aquí (en el convento), como si estuviera en el cielo. La Superiora es una madre amable. Y agradezco a Dios por mi ceguera, porque la merezco, a causa de mi pecado. La sufro con paciencia, porque es un regalo para la salvación de mi alma.”
2.- “Estoy contenta y muy cómoda, todas las hermanas están a mi servicio, estoy mejor que la Reina de Inglaterra.”
TRABAJO
1.- “La desocupación es del diablo.” A sus hermanas
2.- “Todo enfermo debería trabajar, tanto como su estado de salud no se lo impida completamente.”.

domingo, 22 de marzo de 2026

Beato Francisco Luis Chartier 22/03

Beato Francisco Luis Chartier sacerdote y mártir

Martirologio Romano: En Angers en Francia, beato Francisco Chartier, sacerdote y mártir, que durante la revolución francesa murió guillotinado. (1762-1794)

François-Louis Chartier nació en Marigné, en aquel tiempo provincia de Anjou, actual departamento de Maine-et-Loire, el 6 de junio de 1762. Fue ordenado sacerdote secular, y ejerció por unos años el ministerio en un sitio pequeño, Soeurdre, a pocos kilómetros de su ciudad natal, cargo que tuvo que abandonar cuando se negó a jurar la Constitución Civil del Clero.
Sin embargo, la tranquilidad de esa vida rural fue conmovida hasta los cimientos por la Revolución Francesa. En julio de 1790 se promulga la Constitución Civil del Clero, que hacía de los sacerdotes funcionarios del estado constitucional y exigía su sumisión al estado francés por encima de los vínculos con la Iglesia de Roma. François-Louis, como muchísimos otros, no acepto jurar este documento.
Es arrestado en 1791 y encarcelado, liberado con la llegada del ejército vandeano, y se dedicó en la clandestinidad a sostener la fe de los católicos y distribuir los sacramentos.
En 1794 es aprehendido nuevamente, y esta vez condenado a muerte como insumiso. Su martirio por decapitación en la guillotina se consumó el 22 de marzo de 1794, precedido y también seguido por otros mártires de la región de Angers.
La política religiosa del nuevo régimen revolucionario francés y las medidas de excepción contra los sacerdotes no juramentados trajeron una consecuencia cuya trascendencia iba a ser considerable: la sublevación del oeste de Francia, no solamente La Vendée, sino más o menos todo el país que se extiende desde el norte del Poitu hasta la Bretaña y a los confines de Normandía, en los territorios actuales de los obispados de Poitiers, Angers, Lucon y Nantes. Si bien la adhesión a la causa realista intervendría también en su estallido, la fidelidad a la Fe Católica y a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana constituyó sin duda el móvil mayor de aquella epopeya.
La "Epopeya de La Vendée" refiere a la gesta católica emprendida por campesinos y sus familias —acompañados por nobles y sacerdotes— que llevaban prendidos escarapelas del Sagrado Corazón y se autodenominaban como ejército católico y real; se resistían a que la presencia social de Cristo Rey fuera desterrada de sus pueblos, de gran mayoría cristiana. Esta región, evangelizada un siglo atrás por san Luis María Grignion de Montfort, fue tan inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anticatólico de París.
San Luis María Grignion de Montfort tenía a la Santísima Virgen la devoción más ardiente, y hasta compuso en su alabanza el "Tratado de la Verdadera Devoción", que constituye hoy el fundamento más fuerte de toda la piedad mariana profunda.  Por otro lado, con sus misiones aproximaba al pueblo a los sacramentos y lo enfervorizaba en la devoción al Rosario. También la sagrada insignia difundida por el santo —el Sagrado Corazón en tela roja, encuadrado por las iniciales de Jesús y María— fue colocado por los combatientes sobre sus chalecos, blusas, o dispuesto como escarapela en los sombreros de amplias alas.
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Es la epopeya vivida por la familia de Serant en los terribles acontecimientos de la Revolución francesa. El relato se lee como una trepidante novela de aventuras, con la emoción de saber que se trata de una historia verídica. La ejecución de Luis XVI a comienzos de 1793 desencadena el período conocido como “el Terror”. La Revolución se lanza al exterminio de los reductos en los que sobrevive la vida tradicional. La apacible vida en el castillo de Bois-Joli se transformará en una sucesión de perscuciones y de combates, con un final estremecedor... 

sábado, 21 de marzo de 2026

San Benito de Nursia - 21/03

San Benito de Nursia

Patriarca de los monjes de Occidente

Cuando sobrevino el desmoronamiento del Imperio Romano de Occidente, la Providencia suscitó a San Benito “como una luz en medio de las tinieblas, o como un médico enviado por Dios para curar las llagas de la humanidad en aquella época” ¹

Plinio María Solimeo

San Benito, detalle de La Crucifixión, Fray Angélico, siglo XV — Museo de San Marcos, Florencia
San Benito, detalle de La Crucifixión
Fray Angélico, siglo XV 
Museo de San Marcos, Florencia


En su obra Diálogos, en que narra la vida de varios santos, San Gregorio Magno dedica el segundo libro a San Benito. Comienza así:
“Hubo un varón de vida venerable, bendecido tanto por gracia como por nombre, dotado desde la más tierna infancia de una sabiduría de hombre plenamente maduro. En efecto, en su modo de actuar se anticipó a la edad y jamás se entregó a ningún placer pecaminoso; al contrario, todavía en esta tierra, pudiendo gozar libremente de los bienes temporales, prefirió despreciar el mundo con sus flores, que consideró marchitas”.2
San Benito era oriundo de la noble familia Anicia, que diera a Roma cónsules y emperadores, y nació en el poblado de Sabino, en Nursia, en la Umbría, por vuelta del 480. Cuatro años antes Odoacro, rey de los bárbaros hérulos, deponía al último emperador romano, Rómulo Augústulo, haciendo cesar así el dominio que tenía Roma sobre todo el mundo civilizado de entonces.
De la hermana gemela de Benito, Escolástica, se sabe que fue consagrada a Dios desde su infancia, pero no se tienen pormenores de su vida, sino poco antes de su muerte.

La barbarie se propaga en la época de San Benito

Acompañado de su ama de leche, Benito fue enviado a Roma para estudiar. Allí permaneció cierto tiempo. Pero sucedió que, “invadido por los paganos de las tribus arias, el mundo civilizado parecía declinar rápidamente hacia la barbarie, durante los últimos años del siglo V: la Iglesia estaba agrietada por los cismas; ciudades y países desolados por la guerra y el pillaje, vergonzosos pecados campeaban tanto entre cristianos como entre gentiles. [...] En las escuelas y en los colegios, los jóvenes imitaban los vicios de sus mayores”.3
Por eso, a los doce años Benito fue a vivir, aún con su ama de leche, al pueblito de Enfide [actual Affile], donde, auxiliado “por muchos hombres honrados”, se instaló cerca de la iglesia de San Pedro. Fue en ese pequeño lugar donde obró el primer milagro del que se tiene noticia. Habiendo su ama tomado prestado de gente pobre de los alrededores un jarro de barro, lo colocó de mal modo sobre la mesa; este resbaló, cayó al suelo y se partió. Viendo a la mujer llorar amargamente porque no podía devolver el jarro roto, Benito juntó los pedazos y rezó sobre ellos,“con los ojos llenos de lágrimas”. Al mismo instante el jarro se reconstituyó, como si nunca se hubiese partido.

Recogimiento en la soledad de Subiaco

Gruta de San Benito en Subiaco 
La fama del milagro se esparció por la ciudad, y era exactamente lo que Benito no quería. Por eso, resolvió retirarse a un lugar completamente aislado, donde pudiese estar a solas con Dios. Esta vez, sin llevar consigo ni a su ama, fue a una región agreste, montañosa, a unos 80 Km. de Roma, llamada Subiaco. Allí encontró a un monje, Román, que sabiendo de sus designios, le dio un hábito de eremita y le encaminó a una gruta tan inaccesible, que difícilmente alguien podría encontrarlo. Y el mismo San Román hacía descender el pan para alimento de Benito, por medio de una cuerdita a la cual había amarrado una campanilla.
En ese total recogimiento, el solitario vivió durante tres años. Fue cuando, según la tradición, un sacerdote de Monte Preclaro, que planeaba su cena para el domingo de Pascua, vio en sueños a Nuestro Señor que le dijo: “Mi servidor se muere de hambre en una caverna, y tú te preparas cosas deliciosas”. A esa voz el sacerdote se levanta, recoge lo que había preparado para la comida, y sale para encontrar al siervo de Cristo, desconocido por él. Guiado por la mano de Dios, va entre las montañas y rocas hasta encontrar finalmente la gruta de Benito. Después de rezar con él por largo tiempo, lo convida a participar de su comida, alegando ser aquel un día de fiesta.
Más adelante, unos pastores descubrieron al santo. Al inicio, pensaron que se trataba de algún animal, pues estaba vestido de pieles, pero en seguida vieron que era un solitario. Éste les habló de la religión, y poco a poco la fama de santidad de Benito se irradió por la región.

Acto heroico para aplacar la concupiscencia

El padre de la mentira quiso vengarse del bien que Benito hacía y del que preveía que aún iría a hacer, y bajo la forma de un mirlo comenzó a cantar, revoloteando alrededor de su cabeza. Pero Benito hizo la señal de la cruz sobre el inoportuno, que desapareció. Al mismo instante el santo sintió una terrible tentación de lujuria y de inmediato, para apagar su ardor, se lanzó sobre una zarza de espinas, sobre la cual revolcó su cuerpo hasta correr sangre. El dolor físico apartó la tentación diabólica, y ese acto heroico le valió el verse libre de toda tentación de lujuria para el resto de su vida. Siglos después, otro santo, el poverello de Asís, contemplando maravillado aquella zarza de rudas espinas, la bendijo, y en ella surgieron odoríferas rosas.
Había en las proximidades de Subiaco un monasterio, decadente de su primitivo fervor. Al fallecer su abad, los monjes escogieron a Benito en su lugar. En vano él se resistió. Por el bien de la paz, terminó cediendo. Pero los monjes no pudieron suportar sus continuas amonestaciones, sus consejos, y sobre todo la fuerza de su ejemplo. Resolvieron entonces envenenarlo. Le dieron una copa de vino en la cual habían derramado una sustancia fuertemente venenosa, pero el santo, como era su costumbre, hizo la señal de la cruz sobre el vino antes de beber, y la copa se hizo trizas en sus manos. Benito volvió entonces a su amada soledad de Subiaco.4

Formador de santos – milagros portentosos

La fama del solitario de Subiaco fue esparciéndose como mancha de aceite, y personas de toda condición acudían para consultarle u oírle palabras de vida eterna. Algunos iban más lejos: el noble Equicius le confió a su hijo Mauro, de apenas doce años, para que Benito lo educase y dirigiese. Y el patricio Tértulo hizo lo mismo con su hijo Plácido, entonces de siete años. En la escuela de Benito ambos llegaran a la honra de los altares.
Poco a poco, doce conventos se esparcieron alrededor de Subiaco, cada uno con doce monjes y un superior, teniendo Benito la supervisión de todos ellos.
Entre los doce conventos, tres quedaban en la cuesta de la montaña, donde no había agua. Sus monjes tenían que bajar las escarpadas cuestas para buscarla abajo, en un lago. Esto no sólo era muy penoso, sino que presentaba riesgos. Por eso los monjes pidieron autorización a Benito para mudarse a un lugar más propicio. El santo quiso que ellos esperasen. Acompañado del niño Plácido, subió la montaña, escogió un lugar cerca de los conventos y lo marcó con tres piedras. Al día siguiente los monjes notaron que del lugar corrían chorrillos de agua, que luego formaron un arroyuelo descendiendo montaña abajo.
Otro milagro realizado por esa época fue con un godo convertido, que entrara como novicio en uno de los conventos. Benito le dio como función desmalezar alrededor del lago, para acabar con las plagas. El novicio puso tanto empeño en el trabajo que, estando cerca del lago, la lámina de la herramienta saltó dentro del agua, en un lugar profundo.
Contrito y humillado, el novicio buscó a Mauro para que éste, que era el discípulo predilecto, le pidiese a San Benito que le diese una penitencia. Al saber de lo ocurrido, el santo fue hasta la orilla del lago con el novicio y, sumergiendo la punta del mango en el agua, la lámina subió de las profundidades para encajarse perfectamente en él.
En otra ocasión, el pequeño Plácido fue a sacar agua del lago y se cayó, siendo arrastrado por la corriente. Benito, por una visión profética, vio lo que pasaba y mandó que Mauro corriese en socorro del niño. El joven obedeció prontamente y al pie de la letra: corrió sobre el agua y cogió a Plácido de los cabellos, arrastrándolo hacia el margen. Sólo entonces se dio cuenta del milagro de correr sobre el agua, y lo atribuyó a San Benito, quien le confirmó que había sido un premio a la pronta obediencia.

Fundación del monasterio de Monte Cassino

Vista del famoso convento benedictino de Subiaco
Viendo el bien que hacía Benito, y consintiendo en una tentación del demonio, un sacerdote que vivía en las proximidades, Florencio, se llenó de odio hacia el santo e intentó matarlo, enviándole un pan envenenado. Pero San Benito, conociendo la trama por una revelación, ordenó a un cuervo que se llevase el pan hacia un lugar donde no pudiese causar daño a nadie.
El clérigo no cesó sus ataques, llegando al colmo de introducir en uno de los monasterios a siete mujeres de vida licenciosa para tentar a los monjes.
Sabiendo San Benito que el objeto de toda la ofensiva era él, resolvió retirarse, llevándose consigo a algunos discípulos. Y llegó a la región de Monte Cassino, donde quedaban las ruinas de una ciudad en la cual había sido venerado el dios Apolo. En el lugar, plantó una cruz y comenzó la construcción del monasterio que tanto bien haría al mundo de aquel tiempo.

Regla benedictina: “suma del cristianismo”

Queriendo que sus monjes uniesen la vida activa a la contemplativa, bajo el lema Ora et Labora(Reza y Trabaja), San Benito escribió su célebre Regla, obra maestra destinada a la perpetuidad. Ella es, según Bossuet, una “suma del cristianismo, resumen docto y misterioso de toda la doctrina del Evangelio, de las instituciones de los Santos Padres, de todos los consejos de perfección, en la cual alcanzaban una cima más alta la prudencia y la simplicidad, la humildad y el valor, la severidad y la dulzura, la libertad y la dependencia; en la cual la corrección tiene toda su firmeza, la condescendencia todo su encanto, la voz de mando todo su vigor, la sujeción todo su reposo, el silencio su gravedad, la palabra su gracia, la fuerza su ejercicio, y la debilidad su apoyo”.5
San Benito falleció el 21 de marzo del año 543.

Notas: 
1. San Bertario, abad de Monte Cassino y mártir, apud Les Petits Bollandistes, Vies des Saints, d’après le Père Giry, París, Bloud et Barral, 1882, t. 3, p. 570.
2. San Gregorio Magno, Vida y Milagros de San Benito, Editorial Stella Matutina, Buenos Aires, 1999, p. 15.

3. Biografía de San Benito, adaptada de Vidas de los Santos de Butler, www.corazones.org/santos/benito.htm.

4. Edelvives, El Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives, Zaragoza, 1947, p. 213.

5. Fray Justo Pérez de Urbel O.S.B., Año Cristiano, Madrid, Ediciones Fax, 1945, t. I, p. 538.

Fuente


El Perú necesita de Fátima
 http://www.fatima.pe/articulo-215-san-benito-de-nursia