jueves, 12 de febrero de 2026

S A N T O R A L

SANTA EULALIA , VIRGEN Y MÁRTIR
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Al tiempo que el presidente Daciano fué enviado á España de los emperadores Diocleciano y Maximiano, para hacer carnicería de los cristianos y arrancar, si pudiese, de la tierra nuestra santa religión; vivía en Barcelona una santa doncella, nacida de nobles padres, llamada Eulalia, la cual era cristiana, y estaba retirada en una heredad cerca de la ciudad. Era á la sazón de catorce años y virgen hermosísima, honestísima, y abrasada del amor de Jesucristo, á quien había tomado por esposo y consagrado su pureza virginal. Entró Daciano en Barcelona, y comenzó con igual impiedad y braveza á derramar sangre de cristianos. Vino á noticia de santa Eulalia lo que el cruel juez hacía, y fué combatida en su corazón de dos contrarios afectos, de tristeza y alegría: de tristeza, porque temía que algunos cristianos flacos no desmayasen en la fé, por temor de tan rigurosos tormentos, y se ahogasen en aquella brava tempestad: de alegría, porque deseaba morir por Cristo, y juzgaba que era ya llegado el tiempo en que Dios la quería hacer tan gran merced. Era tan extraordinaria esta alegría y júbilo, que la virgen sentía en su bendita alma, que no la podía encubrir ni disimular, sino que sus padres y parientes lo echaban de ver, aunque no sabían la causa de tan nuevo y grande gozo. Con este fervor y deseo del martirio, movida del Señor, se salió secretamente de casa de sus padres, y se fue al tribunal de Daciano, y con palabras libres, graves y muy avisadas, le reprendió de la tiranía y crueldad que usaba contra los cristianos. Quedó asombrado el malvado presidente, por ver una doncella de tanta belleza y de tan poca edad, hablar con tanta osadía y libertad, y reprender lo que él hacía por mandado de los emperadores. Quiso saber de ella quién era, y porqué hablaba con tan poca reverencia de la majestad romana, y de un ministro que con tanta autoridad le representaba: y la santa virgen, sin turbarse, le respondió, que ella era cristiana y sierva de Jesucristo, que es rey de los reyes y señor de los señores. Embravecióse el inicuo juez, y arrebatado de cólera y furor, mandó luego azotar crudamente á la santa virgen. Hiriéronla terriblemente, y abrieron su virginal y delicado cuerpo con los azotes; pero cuanto más la herían, tanto ella estaba más constante y alegre, y decía: «Porque mi Dios me conforta, no siento vuestros tormentos». Lo que debiera ablandar el fiero pecho de Daciano; eso le endureció más, y le encendió en mayor furia. Mandóla atar en el ecúleo, y arañar con uñas de hierro, y abrasar sus costados con hachas ardiendo, y acrecentando tormentos, y buscando otros de nuevo, la envolvieron en cal viva. Echaron sobre su cabeza aceite hirviendo y plomo derruido, y mostaza desleída en vinagre por las narices y por las llagas que tenía en todo el cuerpo, las cuales le fregaron con pedazos agudos de vasijas quebradas, y quemáronle los ojos con velas encendidas.
¡Que fiera tan atroz es un hombre inhumano y cruel! Peleaba la impiedad con la fé: el demonio con Cristo: Daciano con la santa y tierna doncella: los tormentos con la flaqueza mujeril; y la muerte con la vida. Pues ¿quién podrá dudar á cuál de las dos partes se ha de inclinar la victoria? Cansóse Daciano: los verdugos se rindieron: cesaron los tormentos: el demonio quedó confuso: prevaleció la santa virgen; y Cristo triunfó en su esposa: la cual con el consuelo del cielo, siempre alegre y gozosa, milagrosamente quedó libre de los tormentos; y los verdugos que la atormentaban, quedaron quemados. ¿Qué haces, Daciano? ¿Son ya agotadas tus invenciones, y la ingeniosa crueldad para buscar nuevos tormentos y nuevas penas? ¿No conoces que el esfuerzo y firmeza de Eulalia no es suya, sino de Dios verdadero? ¿Porqué no le reconoces? ¿Porqué no le sirves y adoras? Todo lo que vió el tirano no aprovechó; antes volvió su pensamiento á la deshonra, é ignominia de la purísima virgen: y así, desnuda, y desfigurada como estaba por las muchas heridas, la mandó llevar por la ciudad, para confusión de la santa y espanto de los otros cristianos, y después degollarla en el campo; confesando con esto, que ya desesperaba de la victoria y se tenía por vencido. Fué degollada á los 12 de febrero, y en este día celebra su fiesta la santa Iglesia. El Martirologio romano y el cardenal Baronio dicen que murió en cruz, y que su bendita alma fué vista en figura de paloma subir al cielo; y san Isidoro dice, que su sagrado cuerpo fué cubierto de nieve, con que parece que milagrosamente le quiso honrar nuestro Señor, y fué después honoríficamente por los cristianos de noche sepultado. Estuvo encubierto por muchos años, hasta que nuestro Señor le descubrió, siendo obispo de Barcelona Frodoyro, el año de 878: el cual obispo, habiendo entendido que cuando fué martirizada santa Eulalia, su sagrado cuerpo había sido sepultado fuera de la ciudad, en la iglesia de santa María del Mar, le hizo buscar con gran diligencia y cuidado; y no habiéndolo hallado, mandó que todo el pueblo de la ciudad y su comarca ayunasen tres días, y concurriesen á aquella iglesia á pedir con mucha devoción á nuestro Señor, que les descubriese aquel tesoro, que estaba allí escondido. Ayunaron, vinieron al templo, oraron, pidieron á Dios con una procesión muy solemne, que les hiciese aquella merced tan señalada: y el obispo, acabada la Misa, y vestido de pontifical, tocando con el báculo pastoral el rincón del altar, sintió que estaba hueco. Mandó cavar y hallóse una arca de mármol, y en ella el precioso tesoro, que buscaban, del cual salió luego una fragancia del cielo. Sacaron el bendito cuerpo de aquella arca; y cubierto de un rico paño, le llevaron en andas á la ciudad. Llevándole, sucedió una cosa maravillosa, que llegando á la puerta de la ciudad, se hizo inmóvil, y tan firme, que los que le llevaban no le pudieron mover.

Sepulcro Santa Eulalia en la Catedral de Barcelona
El obispó se postró en oración, y ordenó, que todos hiciesen lo mismo: y acabada la oración, se levantó, llorando muchas lágrimas, y asió de las andas, mandando á los más principales clérigos, que le ayudasen, y con esto el santo cuerpo se movió, y se dejó llevar á la catedral de Barcelona, que tenía la advocación de la Santa Cruz, donde le tuvieron algunos días en el altar mayor, y después le colocaron en el sagrario; y celebra la Iglesia de Barcelona fiesta particular de esta invención á los 23 de octubre. Después se trasladó otra vez el santo cuerpo á una rica capilla, que se había labrado de su nombre y advocación en la misma iglesia, estando presente el rey don Jaime de Aragón, el primero, con los infantes sus hijos, y muchos príncipes de su sangre, y caballeros de su corte: el cual rey don Jaime murió el año de 1276, según Gerónimo de Zurita; y de esta traslación se hace fiesta en Barcelona en el segundo domingo de julio
.El martirio de esta gloriosa Virgen fué, como dijimos, á los 12 de febrero, por los años del Señor de 304, imperando Diocleciano y Maximiano. Hacen mención de ella los martirologios, Romano, de Beda, Usuardo, y Adon, y san Eulogio, mártir de Córdova, y el cardenal Baronio en las anotaciones del Martirologio, y en el segundo tomo de sus anales.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

miércoles, 11 de febrero de 2026

S A N T O R A L

Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

LA APARICION DE LA INMACULADA VIRGEN MARIA

EL MENSAJE DE LOURDES

Mi arco iris aparecerá de nuevo por encima de las nubes y me acordaré de mi alianza. En el oficio del once de febrero del año de 1858, las lecturas litúrgicas recordaban esta promesa a la tierra; y pronto supo el mundo que este mismo día María se había aparecido, más hermosa que aquel signo de esperanza, que en tiempo del diluvio había proyectado su figura gentil.
Era la hora en que se multiplicarían para la Iglesia los indicios precursores de un porvenir que al presente todos conocemos. La humanidad envejecida amenazaba quedar pronto sumergida en diluvio peor que el antiguo.
Soy la Inmaculada Concepción, declaraba la Madre de la divina gracia a la humilde niña elegida para pregonar en estas circunstancias decisivas, su mensaje a los guías del arca de salvación. A las tinieblas que subían del abismo, ella oponía como un faro, el augusto privilegio, que tres años antes, el supremo piloto había proclamado como dogma para gloria suya.

Si, en efecto, como dice San Juan, el discípulo amado, nuestra fe posee aquí abajo la promesa del triunfo; si, por otra parte, la fe se alimenta de la luz; ¿qué dogma ilumina también como este a todos los demás con un resplandor tan suave suponiéndoles y recordándoles a todos a un mismo tiempo? En la frente de la temida del infierno, es verdaderamente real la corona en que se dan cita todos los diversos resplandores de los cielos, como en el arco triunfador de las tempestades.

Pero, por eso precisamente, era necesario abrir los ojos de los ciegos a estas bellezas, dar ánimos a los corazones angustiados por la audacia de las negaciones del infierno, sacar de su impotencia a tantas inteligencias debilitadas por la educación de las escuelas de nuestros días e incapaces de formular un acto de fe. Al convocar las multitudes en los lugares de su bendita aparición, la Inmaculada socorría enérgica pero suavemente la debilidad de las almas, curando los cuerpos; y mientras sonreía a la muchedumbre atrayendo a todos así, confirmaba con la autoridad del milagro permanente de su propia palabra la definición proclamada por el Vicario de su Hijo.Del mismo modo que el Salmista cantaba las obras de Dios que pregonan en toda lengua la gloria de su autor; lo mismo que San Pablo tachaba de locura no menos que de impiedad al que no se rendía a su testimonio: se puede decir de los hombres de nuestro tiempo que no tienen excusa si no se convencen ante las obras de la Santísima Virgen. Ojalá multiplique sus beneficios y tenga compasión de enfermedades todavía peores de almas enfermas que, por vergonzoso temor de llegar a conclusiones importunas, rehúsan ver; o los que luchando frente a frente contra la verdad, obligan a su pensamiento acusar de extrañas paradojas, entenebrecen su corazón, como dice el Apóstol, y harían temer que el sentido réprobo que los paganos llevaban como castigo en la carne, haya obcecado su razón.

LLAMADA A LA PENITENCIA

"¡Oh María concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti! Esta es la oración que en el año 1830, nos enseñaste Tú misma ante las amenazas del futuro. En 1846, los dos pastorcitos de la Salette nos recordaban tus exhortaciones y tus lágrimas. "Ruega por los pobres pecadores y por el mundo tan agitado", nos vuelve a repetir de tu parte, hoy, la vidente de las grutas de Massabielle: ¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!

¡Virgen bendita queremos obedecerte!, combatir en nosotros y en todo el mundo al único enemigo, el pecado, mal supremo de donde nacen todos los males. ¡Alabanza al Todo Poderoso que se dignó conservarte sin mancilla y rehabilitar en Ti una raza humillada! ¡Alabanza a Ti que, libre de deudas, has saldado las nuestras con la sangre de tu Hijo y con las lágrimas de su Madre, reconciliando a la tierra con el cielo, y aplastando la cabeza de la serpiente!

ORACIÓN-EXPIACIÓN


¿No es esta desde hace mucho tiempo, desde los tiempos apostólicos, la más frecuente recomendación de la Iglesia, para estos días más o menos inmediatos a la Cuaresma? Madre nuestra del cielo, bendita seas por haber venido tan oportunamente a juntar tu voz a la de nuestra Madre de la tierra. El mundo ya no quería, ni comprendía tampoco el remedio infalible pero indispensable, ofrecido a su miseria por la misericordia y la justicia de Dios. Parecía haber olvidado ya aquel oráculo: Si no hacéis penitencia, pereceréis todos.
¡Oh María, tu bondad nos despertó de nuestro letargo! Al conocer nuestra flaqueza, acompañas de mil suavidades la amarga corrección. Para atraer al hombre a implorar tus beneficios espirituales, le prodigas los naturales. No seremos como aquellos niños que reciben a gusto las caricias maternales pero descuidan las instrucciones y no quieren aceptar las correcciones, que la ternura endulza, para que sean bien recibidas. Sino que por el contrario estaremos dispuestos a rezar y a sufrir contigo y con Jesús. Durante la Santa Cuaresma nos convertiremos y haremos penitencia con tu ayuda.
Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

martes, 10 de febrero de 2026

S A N T O R A L


SANTA ESCOLASTICA, VIRGEN

EL MARTIRIO Y LA VIRGINIDAD

La hermana del Patriarca de los monjes de Occidente viene a alegrarnos hoy con su agradable presencia; la virgen claustrada aparece al lado de la mártir; ambas esposas de Jesús, ambas coronadas, porque ambas han combatido y alcanzado la palma. La una la ha alcanzado en medio de los rudos asaltos del enemigo, en esas horas en que es preciso morir o vencer; la otra ha debido sostener durante toda su vida entera la lucha de cada día, prolongada por decirlo así hasta el último momento. Apolonia y Escolástica son hermanas; están unidas eternamente en el corazón de su Esposo común.

HERMANA Y DISCÍPULA DE SAN BENITO

Era necesario que la grande y austera figura de San Benito apareciese suavizada por los rasgos angélicos de esta hermana que la Divina Providencia, con gran sabiduría colocó junto a él, para ser su más fiel cooperadora. La vida de los santos presenta estos contrastes, como si el Señor quisiera darnos a entender que, muy por encima de las regiones de la carne y de la sangre, hay un lugar para las almas que las une, que las hace fecundas, las templa y las perfecciona. Así en la Patria celestial, los ángeles de las diversas jerarquías están unidos por mutuo amor cuyo vínculo es el Señor y gustan eternamente las dulzuras de una tierna fraternidad.
La vida de Santa Escolástica se desliza aquí abajo, sin dejar más huellas de su paso, que el dulce recuerdo de una paloma, que se dirige hacia el cielo vista por San Benito, a quien adelantó algunos días en llegar a la eterna felicidad.
Poco es lo que nos queda de esta esposa del Salvador fuera del relato donde San Gregorio el Grande nos ha contado la piadosa disputa que se suscitó entre el hermano y la hermana tres días antes de ser recibida ésta a las nupcias celestiales. Pero cuantas maravillas nos reveía esta escena incomparable. ¿Quién no comprenderá al instante toda el alma de Escolástica, en la tierna ingenuidad de sus deseos en su tierna y firme confianza en Dios, en la amable felicidad con que triunfa de su hermano, pidiendo su ayuda a Dios mismo?

EL PODER DEL AMOR

Pero ¿de dónde pudo sacar esa fuerza que la hizo capaz de resistir al deseo de su hermano a quien veneraba como su maestro y su oráculo? ¿Quién la advirtió que su oración no era temeraria? y ¿quién podía en aquel momento imaginar algo mejor que la severa fidelidad de San Benito a la Regla que él había dado y que debía mantener con su ejemplo? San Gregorio nos responderá: "No nos extrañemos—dice—que una hermana que desea ver más tiempo a su hermano, haya podido tener en ese momento más poder que él sobre el corazón de Dios; porque según la palabra de San Juan, Dios es amor, y era justo que la que amaba más, fuese más poderosa que la que amó menos".

LA CARIDAD FRATERNA

Santa Escolástica será, pues, en los días en que estamos el apóstol de la caridad fraterna. Ella nos animará al amor de nuestros semejantes, que Dios quiere ver renacer en nosotros a medida que nos acercamos a él. La solemnidad pascual nos convidará a un mismo banquete; y allí nos alimentaremos de la misma víctima de la caridad. Preparemos de antemano nuestro vestido nupcial porque el que nos invita quiere vernos habitar juntos en una misma casa.

SENCILLEZ DE PALOMA

¡Qué rápido fué tu vuelo, cuando, al abandonar esta tierra de destierro, desplegaste tus alas hacia Dios! La mirada de tu hermano que te persigue unos instantes, pronto te perdió de vista; pero la corte celestial en pleno se regocija con tu entrada. Ya estás ahora en la fuente de aquel amor, que llenaba tu corazón. Calma eternamente tu sed en esta fuente de vida; y que tu apacible blancura se haga cada día más brillante, en la compañía de las demás vírgenes que forman la corte del Cordero.
Pero acuérdate de esta tierra que ha sido para ti como lo es para nosotros, el lugar de prueba donde mereciste tantos honores. Tímida delante de los hombres, sencilla e inocente, ignoraste hasta qué grado "heriste el corazón del Esposo'". Trátate con él con la humildad y la confianza de un alma jamás agitada por un remordimiento, y él se rinde a tus deseos con amorosa condescendencia; y Benito cargado de años y de méritos, acostumbrado a ver a la naturaleza obedecer a sus órdenes, es vencida por ti en una lucha en que tu sencillez ve mucho más lejos que su profunda sabiduría.

PODER DEL AMOR

¿Quién te inspiró ¡oh Escolástica! ese sentir sublime, aquel día, haciéndote parecer más sabia que el gran hombre, elegido por Dios, para ser la regla viva de los perfectos? Fué aquel mismo que había elegido a Benito, como una de las columnas de la religión. Quiso mostrarnos que la caridad pura agrada a sus ojos más que la rigurosa fidelidad a las leyes, que no han sido hechas más que para ayudar a conducir a los hombres al fin que posee ya tu corazón. Benito el amigo de Dios lo comprendió; y en seguida, tomando de nuevo el curso de la conversación celestial se confundieron vuestras almas en la dulzura del amor increado, que acababa de revelarse y glorificarse a sí mismo con tanto esplendor. Pero tú ya estás presta para el cielo; tu amor ya no tiene nada terrestre, te atrae hacia lo alto. Unas horas aún y la voz del Señor te hará oír aquellas palabras del Cantar, que el Espíritu Santo parece haber dictado para ti: "Levántate amada mía, hermosa y ven; paloma mía muéstrame tu rostro; que tu voz resuene en mis oídos, porque tu voz es dulce y tu rostro lleno de atractivos".

SÚPLICA POR TODOS

¡No te olvides de nosotros cuando te marches de la tierra! Nuestras almas son llamadas a seguirte, aunque poseen los mismos hechizos que la tuya a los ojos del Salvador. Menos dichosas que la tuya, necesitan purificarse largo tiempo para ser admitidas en la mansión donde contemplarán tu felicidad. Tu oración obligó a las nubes del cielo a enviar su lluvia sobre la tierra; que obtenga para nosotros las lágrimas de la penitencia. Tus delicias fueron las conversaciones sobre la vida eterna; aleja de nosotros las conversaciones fútiles y dañosas; haznos gustar aquellas en que las almas aspiran unirse a Dios. Encontraste el secreto de esa caridad fraterna, cuya ternura misma es un perfume de virtud que agrada al corazón de Dios. Abre nuestros corazones al amor de nuestros hermanos; aparta de nosotros la frialdad y la indiferencia y haz que nos amemos como Dios quiere que nos amemos.

POR LA ORDEN MONÁSTICA


Acuérdate del árbol bajo cuyas ramas se cobijó tu vida. El claustro benedictino te considera, no sólo como la hermana, sino también como a la hija de su augusto patriarca. De lo alto del cielo contempla los restos de ese árbol, antes tan vigoroso y tan fecundo, a cuya sombra las naciones de Occidente se cobijaron durante tantos siglos. Por todas partes el hacha devastadora de la impiedad se lanzó a golpear sus ramas y sus raíces. Sus ruinas se esparcen por doquiera y cubren todo el suelo de Europa. Con todo eso sabemos que debe revivir, que retoñará con nuevas ramas y que el Señor se ha dignado encadenar la suerte de este árbol antiguo a los destinos de la Iglesia. Ruega para que reviva en él la savia primera. Protege con cuidado maternal los débiles retoños que ahora produce, defiéndelos del huracán; bendícelos y hazlos dignos de la confianza que la Iglesia se digna depositar en ellos.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

SANTA ESCOLASTICA, fué natural de la ciudad de Nurcia en Italia, hija de nobles padres y hermana de san Benito, con quien nació de un mismo parto, del cual murió Abundancia su madre. Criólos á ambos su padre Eutropio en el santo temor do Dios, y ambos se decidieron por la vida monástica y religiosa: san Benito fundó su primer monasterio en el monte Casino, y junto a él levantó Escolástica su primera casa de religiosas, santificada por los consejos y visitas de san Benito. Estando un día ambos en santa conversación, y sintiendo Escolástica acercarse su última hora, pidió á su hermano que pasasen aquella noche en la celestial conversación del día; pero no queriendo san Benito condescender con su ruego, ella hizo una breve oración á Dios pidiéndole esta gracia, y al instante sobrevino una grande tempestad de agua, truenos y relámpagos, que impidió al ilustre abad dejar la compañía de su hermana. Al tercer día dio santa Escolástica su alma á Dios, en ocasión que su hermano, puesto en oración, la vio subir al cielo en forma y figura de blanca paloma. 
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc