jueves, 6 de agosto de 2026

S A N T O R A L

LA GLORIOSA TRANSFIGURACION DE NUESTRO SEÑOR

"Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito, confirmaste los Misterios de la fe con el testimonio de los Padres, y declaraste admirablemente, por medio de la voz salida de la luminosa nube, la perfecta adopción de hijos: haz propicio que seamos coherederos del mismo Rey de la gloria y partícipes de su misma gloria."
Noble fórmula que resume la oración de la Iglesia y nos da su pensamiento en esta fiesta de testimonio y de esperanza.

SENTIDO DEL MISTERIO

Mas, es necesario hacer notar que la memoria de la gloriosa Transfiguración se ha hecho ya dos veces en el Calendario Litúrgico; el segundo Domingo de Cuaresma y el Sábado que le precede. Con lo que se nos quiere significar, que la solemnidad presente tiene menos objeto recordar el hecho histórico ya conocido, que el misterio permanente que se saca de él; menos el favor personal que honró a Simón Pedro y a los hijos del Zebedeo que el cumplimiento del mensaje de que fueron ellos encargados de comunicar a la Iglesia: "No digáis a nadie esta visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos?".
La Iglesia, que nació del costado del Hombre Dios, abierto en la Cruz, no debía encontrarse con él cara a cara, cuando, resucitado de entre los muertos, hubiese sellado su alianza con ella en el Espíritu Santo, sola la fe tenía que sostener su amor. Pero, con el testimonio que suple a la vista, no faltaba nada a las legítimas aspiraciones de conocer.

LA ESCENA EVANGÉLICA

Por eso, un día de su vida mortal, dando tregua a la ley común de sufrimiento y oscuridad que se había impuesto para salvar al mundo, dejó resplandecer la gloria que llenaba su alma dichosa. El rey de los Judíos y de los Gentiles se revelaba sobre la montaña en la que su esplendor sosegado eclipsaba para siempre los rayos del Sinaí. El Testamento de la alianza eterna se mostraba, no ya en la promulgación de una ley de servidumbre, grabada sobre la piedra, sino en la manifestación del mismo Legislador, que venía en la figura de Esposo a reinar por la gracia y la hermosura sobre los corazones. La profecía y la ley que prepararon sus caminos en los siglos de espera, Elias y Moisés, que venían de lugares diferentes, se encontraban ante Él, cual emisarios fieles en el punto de la cita; haciendo honores al Dueño común de su misión, se eclipsaban en su presencia a la voz del Padre que decía: ¡Este es mi Hijo muy amado! Tres testigos más autorizados que los demás asistían a esta escena solemne: el discípulo de la fe, el del amor y el otro hijo de Zebedeo que debía sellar el primero con su sangre la fe y el amor apostólicos. Según se lo habían mandado, guardaron religiosamente el secreto hasta el día en que convenía que sus bocas predestinadas pudiesen comunicarle. 

DATA DE LA FIESTA

¿Fué siempre precioso para la Iglesia este día? Varios lo afirman. Por lo menos era conveniente que el recuerdo de esta fiesta se celebrase en el mes de la Sabiduría eterna: Destello de la luz increada, espejo sin mancha de la bondad infinita. Hoy, los trascurridos siete meses después de la Epifanía manifiestan plenamente el misterio cuyo primer anuncio alumbró con destellos tan dulces el Ciclo desde el principio. En virtud del septenario revelado otra vez aquí, los comienzos de la esperanza han aumentado como el Hombre Dios y la Iglesia y esta, establecida en la paz del pleno crecimiento, llama a todos sus hijos para que crezcan como con la contemplación del Hijo de Dios hasta la medida de la edad perfecta de Cristo. Así comprendemos porque se han tomado, en la Liturgia de este día fórmulas y cantos de la gloriosa Teofanía: Levántate Jerusalén, ilumínate, porque tu luz ha llegado y se ha levantado sobre ti. El motivo es porque, la Esposa, resplandeciente también ella con la claridad de Dios ha sido glorificada en la montaña con el Señor.

EL VESTIDO DE CRISTO

Mientras "su faz resplandecía como el sol", dice el Evangelio hablando de Jesús, sus vestidos se tornaron blancos como la nieve. Ahora bien, estos vestidos, que brillan como la nieve, dice San Marcos, que no hay batanero que los pudiera hacer más blancos sobre la tierra ¿qué son sino los justos, inseparables del Hombre-Dios y su adorno regio, sino el vestido sin costura, que es la Iglesia, y que María continúa tejiendo para su Hijo con la lana más pura y con el lino más hermoso? Por eso, aunque el Señor, habiendo pasado el torrente del sufrimiento, haya entrado personalmente en su gloria, el misterio de la Transfiguración no estará completo sino hasta el momento en que el último de los elegidos, habiendo pasado él mismo por la preparación laboriosa de la prueba y gustada la muerte, se haya juntado con la cabeza en su Resurrección. Rostro del Salvador, embeleso de los cielos, entonces brillará en ti todo: la gloria, la hermosura y el amor. Expresando a Dios en la semejanza perfecta del Hijo como hombre, extenderéis la complacencia del Padre, al reflejo de su Verbo que hace a los hijos de adopción, gozándose en el Espíritu Santo hasta en las últimas franjas del manto que llena con el templo. 

EL MISTERIO DE LA ADOPCIÓN DIVINA

En efecto, según la doctrina de Santo Tomás, la adopción de los hijos de Dios que consiste en una conformidad de imagen con el Hijo de Dios por naturaleza puede darse de dos modos: primero por la gracia de esta vida, y esta es la conformidad imperfecta, y segundo por la gloria de la patria y esta es la conformidad perfecta, según aquellas palabras de San Juan: "Nosotros somos desde ahora los hijos de Dios y, sin embargo, no aparece lo que seremos más tarde; sabemos que cuando aparezca Jesús, le seremos semejantes porque le veremos así como es Él". La palabra eterna: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy ha tenido dos ecos en el tiempo: en el Jordán y sobre el Tabor, y Dios, que no se repite nunca no ha hecho en esto excepción a la regla de no volver a decir lo que dijo una vez, pues aunque los dos términos empleados en las dos circunstancias sean idénticos, con todo eso no tienden los dos al mismo fin, prosigue diciendo siempre Santo Tomás, sino para mostrar el modo diferente con que el hombre participa de la semejanza de la filiación eterna.
En el Bautismo del Señor, donde fué declarado el misterio de la primera regeneración, como en su Transfiguración que nos manifiesta la segunda, la Trinidad apareció toda: el Padre en la voz, el Hijo en su humanidad, y el Espíritu Santo, primero en forma de paloma, después en la nube luminosa; pues si en el bautismo confiere la inocencia que está representada por la sencillez de la paloma, en la Resurrección dará a los elegidos la claridad de la gloria y el frescor rejuvenecedor que están significados por la nube luminosa.

ENSEÑANZA DE LOS PADRES

"Subamos a la montaña, exclama San Ambrosio; supliquemos al Verbo de Dios que se nos muestre en su esplendor y hermosura; que se fortifique, que progrese felizmente y que reine en nuestras almas. ¡Pues, oh misterio profundo! según tu medida crece o decrece en ti el Verbo. Si no alcanzas esa cima más elevada que el pensamiento humano, no se te aparece la Sabiduría; el Verbo se te muestra como en un cuerpo sin brillo ni gloria."
Si la vocación que se te manifiesta en este día tan grande y tan santa, entonces "reverencia al llamamiento de Dios", dice a su vez Andrés de Creta, no te desconozcas a ti mismo, no rechaces un don tan grande, no te muestres indigno de la gracia, no seas tan flojo en tu vida que pierdas este tesoro celestial. Deja la tierra en la tierra, y a los muertos que entierren a sus muertos; despreciando todo aquello que pasa, todo aquello que muere con el siglo y la carne; sigue inseparablemente hasta el cielo a Cristo que por ti caminó por este mundo. Que el temor y el deseo te ayuden para apartar de ti la desconfianza y guardar el amor. Entrégate todo entero; se dócil al Verbo en el Espíritu Santo, para seguir el fin tan dichoso, tan puro como es tu deificación con él, goce de bienes inenarrables. Por el celo de las virtudes, por la contemplación de la verdad llega a la Sabiduría que es el principio de todo y en la que subsisten todas las cosas.

HISTORIA DE LA FIESTA

Los orientales celebran esta fiesta desde hace muchos siglos. Ya festejaba en Armenia a comienzos del siglo IV con el nombre de "llama de la rosa, rosae coruscatio." Suplantó a una fiesta de las flores que se celebraba en honor de Diana y figura entre las cinco fiestas principales de la Iglesia de Armenia. Los griegos la celebran el séptimo Domingo después de Pentecostés, aunque su Martiriólogo la menciona el 6 de Agosto.

En Occidente se ha celebrado de un modo especial desde el año 1457, fecha en que el Papa Calixto III promulgó un nuevo oficio y la hizo obligatoria en acción de gracias por la victoria conseguida el año precedente sobre los turcos, junto a los muros de Belgrado.

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..entonces San Juan de Capistrano se dedicó a animar a las tropas, empuñando una bandera en donde estaba bordada una cruz, invocando: "Jesús, Jesús, Jesús"… "Que el adversario ponga la confianza en sus caballos y en sus carros de combate; por nuestra parte invocaremos el nombre del Señor". Y en efecto, el nombre perennemente santo y terrible salvaba una vez más a su pueblo. En la tarde de esta memorable jornada veinticuatro mil turcos cubrían el suelo con sus cadáveres; trescientos cañones, todas las armas y riquezas de los infieles estaban en manos de los cristianos; Mahomet II herido huía precipitadamente tratando de ocultar su vergüenza y poner a salvo los restos de su ejército.

El 6 de Agosto llegaba a Roma la noticia de una victoria que necesariamente traía a la memoria la de Gedeón sobre los madianitas. El Soberano Pontífice Calisto III ordenó entonces que todos los años la Iglesia festejaría la Transfiguración del Señor. "Porque no era ni su espada la que había libertado la tierra ni su brazo el que los había salvado sino tu diestra y poder de tu brazo, oh Dios, y el resplandor de tu rostro porque te complaciste en ellos como en el Tabor en vuestro muy amado.
 
fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

miércoles, 5 de agosto de 2026

S A N T O R A L

Dedicación de la basílica de Santa María "La Mayor"

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES, ó DEL PESEBRE


Fachada y Plaza
Celebra la santa Iglesia la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto, por la razón que aquí diré. Siendo sumo pontífice Liberio, hubo en Roma un caballero muy noble y rico, llamado Juan Patricio, el cual estaba casado con una señora principal, e igual suya en todo, de la cual al cabo de muchos años no tenía hijos: y aunque los deseaban mucho estos caballeros; pero como eran tan temerosos de Dios, como ricos, y no menos piadosos que ilustres, conformábanse con su voluntad, entendiendo, que no darles sucesión era lo que mejor les estaba; pues así lo ordenaba Ėl con su paternal providencia. Eran muy devotos de la Virgen María Nuestra Señora, y determinaron tomarla por heredera de sus grandes riquezas; y para acertar mejor á servirla, hicieron grandes plegarias, limosnas y buenas obras, suplicándola que los encaminase, y mostrase en qué obra quería que ellos gastasen su hacienda en su servicio.

Oyó la Reina del cielo las oraciones, que con tanto afecto Juan Patricio, y su mujer le hacían; y una noche fué la precedente al quinto día de agosto, cuando los calores son excesivos en Roma, habló entre sueños á los dos, cada uno por sí, y díjoles, que la mañana siguiente fuesen al collado Exquilino, y que en la parte de él, que hallasen cubierta de nieve, le edificasen un templo, donde ella fuese honrada de los fieles, y que haciendo esto, se tendría por su heredera, y bien servida. La mañana siguiente confirieron entre sí los dos buenos casados el sueño, ó revelación que habían tenido: dieron parte de ello al sumo pontífice Liberio, al cual la Virgen había hecho la misma revelación. Convocó el pueblo: juntóse el clero, y ordenóse una devota procesión. Llegados al monte, hallaron cubierto de nieve un espacio muy bastante para una iglesia capaz: señalóse el lugar para ella, y de la hacienda de los caballeros devotos de la Virgen luego se comenzó á labrar, y se acabó suntuosamente. Esta fué la primera iglesia que se edificó en Roma, con título y advocación de nuestra Señora. Llamóse al principio Nuestra Señora de las Nieves, por el milagro que aquí queda referido: y también la basílica, ó templo de Liberio, por haber acaecido este milagro en su tiempo, y después se llamó basílica de Sixto, por haber el papa Sixto, III de este nombre, sucesor de Celestino, renovado y reedificado aquella iglesia, adornándola con excelentes imágenes y pinturas sagradas.
Relicario con las maderas del pesebre 
Cripta de la "Confesión" Santa María Maggiore 

Tuvo asimismo nombre de Santa María del Pesebre, por haberse puesto en una capilla de dicha iglesia el pesebre en que Cristo nuestro Señor, recién nacido fué reclinado en el portal de Belén: mas después, como en Roma se hubiesen edificado muchas y muy grandes iglesias de nuestra Señora, dieron á esta de las Nieves, título de Santa María la Mayor, para diferencia de las demás, y mostrar la excelencia que tiene sobre todas las que hay en aquella ciudad: la cual, así como en las demás cosas muestra su gran piedad; así en la devoción de la sacratísima Virgen se esmera mucho, y se aventaja sobre las otras ciudades del mundo: porque cierto es cosa que pone admiración y causa devoción el considerar los muchos y magníficos templos que hay de la Virgen en Roma, y que el clero, y casi todas las religiones que hay en ella, están debajo de la protección y tutela de la Santísima Virgen, y tienen iglesia particular suya para servirla y honrarla: porque dejando aparte las iglesias colegiatas de canónigos seglares, como son las de Santa María Transliberim, y la de la Rotunda, y la de Santa María in Vía Lata, y no hablando de la de Santa María de la Estrada, que es de los padres de la Compañía de Jesús (que es religión de clérigos reglares), y pasando en silencio otras muchas iglesias particulares, y de menor nombre; la religión de la Cartuja tiene en Roma por su principal morada, el nuevo templo de Santa María de los Ángeles:  la de Santo Domingo, el de Nuestra Señora de la Minerva: la de San Francisco, el de Nuestra Señora de Ara Cæli: la de los ermitaños de San Agustín, el de Nuestra Señora de la Paz: la del Carmen, el de Nuestra Señora Transpontina: la del Monte Olivete, el de Nuestra Señora la Nueva: la de los servitas, el de Santa la María in Vía: de manera, que si bien se mira, todas las religiones están debajo de las alas y, amparo de la Virgen, y casi todas tienen en Roma templos (y muchos de ellos muy suntuosos) de su advocación, en los cuales ella es reverenciada, y más particularmente en este de las Nieves, cuya fiesta se celebra hoy: y por esto se llama Santa María la Mayor, y el Señor en ella ha obrado grandes maravillas, por los ruegos de su benditísima Madre. A esta iglesia mandó San Gregorio el Magno, que viniese la solemne procesión de todos los estados y condiciones de gente que había en Roma, cuando aquella cruel y horrible pestilencia la asolaba y destruía: de esta iglesia ordenó Estéfano, papa, II de este nombre, que saliese otra procesión para aplacar la ira del Señor; y León IV, en tiempo de Lotario, emperador, con otra procesión que mandó hacer desde la iglesia de San Adriano, mártir, á la de Santa María la Mayor, libró la ciudad de Roma de una serpiente cruel y venenosa que la inficionaba.

Y san Martin, papa, estando celebrando en ella, y queriendo Olimpio, exarco, prenderle, ó matarle, por orden del emperador, su amo, que era hereje, quedó ciego, y no pudo salir con su intento, por no haber permitido la sacratísima Virgen que en aquel templo suyo se cometiese tan gran maldad. Otros muchos milagros ha obrado el Señor en aquel templo, y obra cada día por intercesión de su purísima Madre, la cual preside en él. Y con haberlo escogido por morada, y tabernáculo suyo, hizo mayor beneficio á Juan Patricio, y á su mujer, que si les hubiera alcanzado de Dios hijos, los cuales ya estuvieran acabados, y no hubiera memoria de ellos, como ahora la hay, y juntamente con este hecho nos enseñó, cuan bien empleadas son las haciendas que se gastan en edificar, honrar y enriquecer los templos, y cuan bien remunera la Reina del cielo los servicios que los fieles lo hacen acá en la tierra.
 
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

martes, 4 de agosto de 2026

S A N T O R A L

SAN JUAN MARIA VIANNEY, CONFESOR

LA POPULARIDAD DE LOS SANTOS


"Es un hecho que la Iglesia, después que ha pronunciado con previo, largo y minucioso conocimiento de causa, que tal o cual de sus hijos practicó en grado heroico las virtudes del Evangelio y que Dios le ha recompensado con el privilegio auténtico de hacer milagros, cuando inmediatamente es invocado, amado, aclamado, por desconocido que haya sido antes a las naciones extranjeras, y a pesar de sus esfuerzos por ocultarse a los demás e ignorarse así mismo.
"Aunque no haya sido más que un humilde cura de una parroquia de 200 almas, como fué la de Ars, a pesar de eso, los católicos del universo saben su nombre y quieren saber los detalles de su biografía. Si juzgamos a los santos con miras humanas, sería necesario declararles como los más astutos de todos los demás hombres, ya que ellos se dirigen, como por instinto, hacia esa celebridad mundial que muchos envidian sin poder nunca obtener.
"Nada, fuera de este aspecto, es atractivo en el espectáculo de su vida. Porque, ¡qué variedad en sus caminos y en sus métodos! ¡Qué diversidad, por no decir que contraste de caracteres y de obras! Unos permanecen extraños al mundo y solitarios; éstos, desbordantes de iniciativa, dejan sobre una sociedad, sobre un país o sobre su época la impronta de su acción; aquellos caminan en medio de tinieblas y a través de continuos matorrales de espinas que les hacen sangrar, mientras que otros muchos saltan por encima de los obstáculos y se ciernen en medio de la luz más brillante.
"Se ha creído mucho tiempo en la monotonía de los Santos. Mas en nuestros días van adquiriendo fama por todas partes. Escritores de valía han notado que la interesante ascensión de un genio es inferior a la emoción más fuerte de ver a un cristiano ascender hacia la perfección'".

UN CURA DE ALDEA

¿Qué encontramos hoy en el Calendario Litúrgico? Un cura de aldea: un pobre cura tan poco dotado intelectualmente que aún sus superiores dudaron permitirle ascender a las Órdenes. Le negaron por mucho tiempo el oficio de confesar y después le enviaron a una parroquia de las más, pequeñas y de las más pobres de la Diócesis de Lyon: de aspecto tan enclenque y de aire tan campesino que sus feligreses, que no eran exigentes, no se mostraron muy contentos; de memoria tan rebelde, que le eran necesarias siete u ocho horas de esfuerzos para aprenderse sus sermones; de una pobreza tan extrema que no tenía más que una sotana raída, un sombrero viejo, zapatos burdos claveteados, y que por toda herencia no pudo dejar a su parroquia más que su cuerpo extenuado por los ayunos, las disciplinas y el cilicio.

LA CONVERSIÓN DE UNA PARROQUIA

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/53/Ars_Natura._Ciudad_antigua.JPGY sin embargo de eso, este pobre sacerdote haría que pronto se hablara de él. Al enviarle a Ars, el Vicario General le dijo: "No hay mucho amor de Dios en esa parroquia. Implántale tú, si puedes."
Nunca fué observada mejor una consigna. Mas esto no sucedió sin sufrimientos, y más tarde el santo cura dirá: "Si yo hubiese sabido lo que debía sufrir aquí, hubiera muerto repentinamente."
No perdonó nada para alcanzar de Dios la conversión de su parroquia. Se levantaba a la una o a las dos de la mañana, y pasaba una gran parte del día ante el Santísimo Sacramento; todas las tardes se daba disciplina hasta derramar sangre; jamás usaba de calefacción; su caridad le llevaba hacia todas las miserias de las almas a él confiadas, hacia los enfermos a quien el reconfortaba y salvaba.
Sus feligreses debieron pronto reconocer los méritos del cura que la Providencia les había enviado. Cuando le vieron transfigurado en el altar en que celebraba el Santo Sacrificio, cuando oyeron sus sermones muy sencillos, pero ardientes de amor de Dios y más todavía sus catequesis que ilustraba tanto a los grandes como a los más pequeños, cuando se dieron cuenta de las mortificaciones, que se imponía por ellos, cuando oyeron al demonio perseguirle, su estima aumentó y no tardaron en proclamar su santidad.

CONVERSIÓN DE LAS MULTITUDES

Su fama se extendió pronto por doquier y pronto las muchedumbres se agolpaban para ver a aquel cura que leía en las almas, predecía el futuro, curaba a los enfermos y tranquilizaba a las conciencias dándolas la luz y el perdón de parte de Dios. Mientras que en la otra extremidad de la diócesis de Belley, en otra aldea llamada Ferney, se veía a algunos admiradores esforzarse por sostener el prestigio de Voltaire, las muchedumbres cansadas ya de tanta duda, corrían hacia un humilde sacerdote, hacia una pobre aldea, hasta entonces desconocida, y allí comenzaban de nuevo a creer, esperar y amar. Dios realizaba una vez más la palabra del Apóstol San Pablo: "confundía con la necedad de la cruz la sabiduría de los sabios". Durante muchos años hubo un afluir de gente hacia Ars, comparable al que, en la Edad Media, conducía a las muchedumbres hacia los santuarios más renombrados.
Fácilmente se puede imaginar uno la fatiga, el martirio que causaría al santo sacerdote una tal afluencia, las 17 horas pasadas cada día en el confesonario, el ayuno y las maceraciones.
Hasta la tarde del 29 de Julio de 1859 continuó su ministerio sobrehumano. Por fin se vió obligado a quedarse en cama para no levantarse más. 
Los peregrinos forzaron la entrada de su habitación, y él, con valor heroico, prodigó sus bendiciones, sus consejos y sus absoluciones. Finalmente, en la mañana del 4 de Agosto se durmió en dulce paz, obedeciendo alegre al Señor que le llamaba para la recompensa.

VIDA

San Juan María Vianney nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de Mayo de 1786. Muy joven todavía aprovechaba del trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento y la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fué conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Más como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a San Francisco Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. En efecto, se ordenó presbítero en 1815 y fué nombrado vicario de Ecully.

Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad.
Luego fué nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación.
El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesonario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la gracia de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de Agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pío X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen el cuidado de las almas y Pío XI le canonizó el 31 de Mayo de 1925.

LA CRUZ

Pasaron ya los primeros años de tu ministerio de los que decías: "Esperaba de un momento a otro ser suspendido y condenado a terminar mis días en las prisiones. En aquel tiempo se olvidaban de comentar el Evangelio en los púlpitos y se predicaba sobre el pobre cura de Ars. ¡Oh, cuánta cruz debía yo sobrellevar!...¡Me abrumaba tanto que casi no lo podía soportar! Comencé a pedir el amor de las cruces; entonces fui feliz." Para ti ha terminado ya el trabajo; mas desde el seno de tu reposo escucha a los obreros de la salvación implorar tu patrocinio; sostenles en tu misión cada día más ingrata, más llena de amarguras. A aquellos a quienes la paciencia amenaza doblegarse ante la persecución y las calumnias, repíteles las palabras que tu decías a uno de tus predecesores: "Amigo mío, haz como yo. Me enfadaría si Dios fuese ofendido; más por otra parte, me alegro en el Señor de todo aquello que él permite se diga contra mí, porque las condenaciones del mundo son bendiciones de Dios. Las contradicciones nos colocan al pie de las cruces y las cruces a la puerta del cielo. ¿Acaso el que huye de la cruz, no huye de Aquel que quiso ser clavado en ella y morir por nosotros?
¡Qué la cruz haga perder la paz! Es ella la que ha dado la paz al mundo, y la que debe llevarla a nuestros corazones."

LA SANTIDAD

San Pio X
Elevado a la Silla apostólica en el día aniversario de tu entrada en la gloria, San Pío X que te insertó en el código de los Bienaventurados, escogió precisamente ese mismo día 4 de Agosto de 1908 para dirigir al clero católico la exhortación solemne que inspiraban a su corazón de Pontífice nuestros tiempos malvados y repletos de peligros. Ayuda con tus súplicas ante el pie del trono del Señor las recomendaciones que el sucesor de Pedro sacaba de vuestro ejemplo, cuando decía a los sacerdotes: "Sola la santidad puede hacer de nosotros lo que exige nuestra divina vocación, a saber, hombres crucificados al mundo y en los cuales esté crucificado el mismo mundo, que no miran hacia el cielo más que en lo que les concierne, y no perdonan esfuerzos para llevar a los demás." Hombres de Dios ¿es necesario que se muestren únicamente aquellos que son la luz del mundo, la sal de la tierra, los embajadores de Aquel que se digna llamarles sus amigos, que les hace dispensadores de sus dones? No serán ellos fuente de santidad como tienen que serlo para los demás, si en primer lugar no son ellos mismos santos en el secreto de la faz del Señor; en la medida en que ellos se den a Dios, Dios se dará por su medio al pueblo.
Relicario con el corazón íncorrupto 
del Santo Cura de Ars



¡Oh Juan María! Dios quiera que puedan decirse a sí mismos y decir a los demás contigo: "Fuera de Dios, no hay nada que sea sólido. La vida pasa; la fortuna se derrumba; la salud se destruye, la reputación es atacada. Nosotros caminamos como el viento. El paraíso, el infierno y el purgatorio tienen un gusto anticipado desde esta vida. El paraíso reside en el corazón de los perfectos que están muy unidos con nuestro Señor; el infierno está en el de los impíos; y el purgatorio en las almas que no están muertas a ellas mismas. El hombre ha sido creado para el amor: por eso está tan dispuesto para amar; por otra parte es tan grande que nada puede contenerle sobre la tierra. No está contento más que cuando se dirige hacia el cielo."
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

lunes, 3 de agosto de 2026

S A N T O R A L

LA INVENCIÓN DE LOS CUERPOS DE SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR, GAMALIEL, NICODEMUS, y ABIBON

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El sagrado cuerpo del glorioso san Esteban, protomártir, estuvo mucho tiempo encubierto y escondido, sin saberse donde estaba, hasta que el Señor se dignó de revelarle en tiempo de los emperadores Honorio, y Teodosio, el menor, su sobrino, el año 415 de nuestra salud. Hízose esta revelación á Luciano, presbítero: el cual refiere toda la historia, como pasó, en una epístola (de que hacen mención muchos y graves autores) que escribió en griego; y Avito, presbítero español, tradujo en latín, cuya suma es: Que la noche de un viernes, á los 3 de diciembre, estando durmiendo Luciano en el bautisterio, en donde acostumbraba dormir, para poder mejor guardar su iglesia, y ocurrir a las necesidades de sus parroquianos, le apareció un venerable viejo, con traje y hábito de sacerdote, muy cano, y con una barba larga, y cubierto con una estola sembrada de pequeñas piedras preciosas engastadas en oro, y en ellas puesta la señal de la santa cruz, y con una vara de oro en su mano: y llegándose á Luciano, tocándole con la vara, le llamó tres veces, diciendo: Luciano, Luciano, óyeme, Luciano: y luego hablándole en griego, le mandó que fuese á Juan, obispo de Jerusalén, y que le dijese que buscase los cuerpos santos, que estaban junto á aquella aldea, llamada Cafargamala,  y los colocase en otro lugar mas decente: porque Dios por los ruegos de ellos había determinado hacer bien al mundo, que estaba en gran peligro de perderse por los muchos y graves pecados que cada día en él se cometían. 
Preguntó Luciano al venerable viejo, quién era, y cuyos eran los cuerpos que se habían de buscar: y él le respondió, que era Gamaliel, el que había enseñado en Jerusalén á san Pablo, apóstol de Jesucristo: y que el que estaba en el monumento con él á la parte del Oriente, era el bendito mártir san Esteban, que fué apedreado de los judíos, cuyo cuerpo él había hecho recoger, y enterrar en aquella heredad suya, como veinte millas de Jerusalén: y que en otro lucillo y sepulcro estaba el cuerpo de Nicodemus: al cual por haberse bautizado, y ser discípulo de Cristo, los judíos le habían anatematizado y desterrado de la ciudad; y él le había recogido en su casa, y dado lo que había menester, todo el tiempo que vivió, y después de muerto, lo sepultó honoríficamente junto á san Esteban; y que en el tercer lucillo estaba un hijo suyo, llamado Abibon: el cual había recibido el bautismo con su mismo padre, y acallado el curso de su peregrinación, siendo de edad de veinte años, falleció; y él le había sepultado en aquel tercer lucillo, que estaba más alto que los otros, en donde, siendo difunto, había mandado que pusiesen su cuerpo. Preguntól más Luciano el paraje, donde estaban los santos cuerpos: y habiéndoselo enseñado, desapareció aquella visión.
Encuentro del cuerpo de San Esteban
Despertó Luciano, temiendo, que aquella fuese alguna ilusión, suplicó á Dios que si era revelación suya, se la tornase á mostrar segunda y tercera vez: y para que Dios se la otorgase, ayunó toda aquella semana hasta la noche del viernes siguiente, en que de nuevo le apareció el mismo Gamaliel, en la propia figura y traje, con que antes le había aparecido, y le reprendió porque no había cumplido lo que le había mandado. No se aseguró aún Luciano con esta segunda visión; antes aguardó la tercera, ayunando, y orando siempre, y pidiendo al Señor que no le dejase engañar: y finalmente al tercer viernes le tornó á aparecer Gamaliel, mostrándose enojado por el poco crédito que Luciano había dado á sus palabras, y mandóle que hiciese lo que había dicho: y añadió, que tuviese por gracia singular de Dios, el haberle escogido á él por instrumento pura una cosa tan grande, dejando á tantos otros varones mejores que él que le pudieran servir en aquel ministerio. Confirmado, pues, Luciano en aquella revelación, y atemorizado con las palabras y señas del santo viejo Gamaliel, luego que vino el día, fué á Jerusalén, y habló con el obispo Juan, y le dio cuenta de todo cuanto había visto. El obispo, después de haber hecho gracias á nuestro Señor, derramando muchas lágrimas, por aquel señalado beneficio que hacia á su Iglesia, dio orden que se ejecutase lo que Gamaliel había revelado á Luciano: y habiéndose cavado en un campo, y cabe un montón de piedras que estaba en él, y no hallado lo que buscaban; el mismo Gamaliel apareció á un monje, llamado Nugecio, ó Nigecio, y le señaló el lugar donde estaban los cuerpos, y cavando en él, hallaron tres sepulcros y lucillos, cubiertos con tres piedras, y en ellas escrito, tres nombres, Celitil, que se interpreta «siervo», y Apnandardan, que quiere decir Nicodemus, y Gamaliel.

Vino el obispo Juan, acompañado de Eleulerio, obispo de Sebaste, y otro Eleulerio, obispo de Jericó, y de clero y gran número de gente: y abriendo la arca, donde estaba el cuerpo del glorioso san Esteban, comenzó á temblar la tierra, y salir un suavísimo olor y fragancia celestial de aquel sagrado cuerpo tan extremada, que á los que estaban presentes, les parecía estar en el paraíso. Habían concurrido á esto espectáculo muchos enfermos y endemoniados; y solamente con el olor, que salió de aquellas preciosas reliquias, sanaron setenta y tres, de todo género de enfermedades, y los demonios, ahuyentados por la virtud del santo mártir, dejaron libres á los que antes atormentaban. Fueron los santos cuerpos trasladados á otros lugares más decentes, y el de san Estéban fué traspasado á la santa iglesia de Sión, donde antes había sido ordenado de diácono. Todo esto dice Luciano en su epístola: y añade, que él tomó algunos huesos pequeños de los artejos de las manos de san Esteban: los cuales (aunque eran pequeños) eran grandes y de grande estima, por ser huesos de aquel valeroso caudillo y soldado del Señor, que tan bien supo pelear por Él, y abrir camino á los otros con su ejemplo, para con la muerte alcanzar la vida.

También dice Luciano, que tomó de los polvos en que las carnes de san Esteban se habían resuelto, y que envió estas reliquias á Avito, presbítero, y que esta traslación se hizo en 26 de diciembre, y que en aquel tiempo la tierra estaba muy seca, por no haber llovido, y que en la misma hora cayó tanta agua del cielo, y regó la tierra con tanta abundancia, que toda la gente quedó admirada, alabando y glorificando al Señor.

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 Lapidación de San Esteban *Rembrandt*
Pero lo que más se debe notar, es un milagro perpetuo, que hasta hoy día dura, de las reliquias de san Esteban: porque en el tiempo que los vándalos destruyeron y asolaron la provincia de África, san Ganchoso, obispo, trajo de ella á Nápoles una redoma de vidrio llena de sangre cuajada de san Esteban: la cual hoy se guarda con gran devoción en la iglesia de San Gaudioso, de la misma ciudad de Nápoles; y es cosa maravillosa, que poniendo la dicha redoma sobre el altar, al tiempo que se dice la Misa, la sangre cuajada se derrite, y se pone tan líquida, como si acabara de salir de las venas. Antes de esto se había traído á la ciudad de Ancona, en Italia, una piedra de las que le tiraron los judíos, cuando le apedrearon, que se dice que le hirió en el brazo: con la cual ha hecho nuestro Señor grandes milagros, y defendido muchas veces aquella ciudad: para que entendamos la reverencia y devoción que debemos á las reliquias de estos santos y amigos de Dios, y cuán grande merced hace al mundo, cuando las descubre, y por su medio le defiende y libra de grandes calamidades é infortunios; y con cuánta razón la Iglesia Católica celebra fiesta el día de la Invención del cuerpo de san Esteban, protomártir, por el cual ha recibido y continuamente recibe tantos y tan singulares beneficios.


Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.