martes, 11 de agosto de 2020

S A N T O R A L

Santa Clara de Asís, Virgen y Fundadora

Plinio Corrêa de Oliveira, Santo del Día*

Los Santos Francisco y Clara de Asís. Fresco gótico de Giotto
Selección biográfica: 

Cuando Francisco de Asís predicaba en la Iglesia de San Jorge, una joven de familia noble, lo escuchaba con su madre y hermana. Clara escuchó esas palabras y comprendió que San Francisco debía ser el guía de su alma. Ella confió este deseo a su tía, quien fue con ella a Santa María de los Ángeles para hablar con San Francisco. ¿Quién puede decir lo que pasó en el alma del Seráfico Padre durante esa primera entrevista con la mujer que iba a ser su asistente en las tareas que el cielo había designado a él realizar? 

Francisco reveló a Clara las bellezas de la Esposa celestial y la excelencia de la virginidad. A continuación le describió a ella lo que más apreciaba en su corazón: el poder y el encanto de la pobreza y la necesidad de la penitencia. Clara escuchaba, asombrada y entusiasmada; y el divino llamado le tocó el corazón. En poco tiempo, su decisión estaba tomada. Ella rompió todos los lazos con el mundo y se consagró a Dios. 

En la noche de Domingo de Ramos del 17 de marzo 1212, ella salió secretamente de la casa de su padre y con algunas compañeras se dirigió a Santa María de los Ángeles, la iglesia de la Porciúncula. San Francisco y sus hermanos que se reunieron acompañándolas por su camino con antorchas las condujeron a la iglesia. En esa noche se realizó el matrimonio espiritual de Santa Clara. Francisco le preguntó qué quería, y ella respondió: “Quiero al Dios del Pesebre y del Calvario. No deseo otro tesoro o herencia”. 

Mientras que Francisco le cortaba el cabello, ella se despojó de todas sus joyas preciosas y adornos, y recibió el rudo hábito, el cinturón, y el velo humilde y se consagró totalmente a Dios.


Comentarios del Profesor Plinio: 

Se puede admirar la belleza de la escena. En la pequeña ciudad medieval de Asís, un cortejo de damas jóvenes huye de la casa de sus familias, que quieren impedir su sacrificio. En silencio y con cautela caminan a través de las sinuosas calles de Asís para no llamar ninguna atención. Ellas salen de la ciudad; y en los campos que separan Asís del Monasterio de Santa María de los Ángeles, ellas se reunieron con otro cortejo. Este segundo cortejo es aún más celestial que el primero. Se trata de San Francisco de Asís, que era otro Cristo en la tierra, que era incluso parecido físicamente a Nuestro Señor Jesucristo. 

Portando antorchas, San Francisco y algunos de esos santos que le ayudaron a fundar la Orden Franciscana caminan para recibir a esas vírgenes. Los cortejos se unen y entran juntos en la Iglesia de Nuestra Señora. El grupo se reúne en su interior en un círculo. Santa Clara renuncia a todo.  
Entonces, San Francisco le corta el cabello en cuanto ella da el paso definitivo de lo que sería el nacimiento de la Orden de las Clarisas. De ese paso dependía toda la Orden Segunda de los Franciscanos, que dio tantos santos a la Iglesia Católica y a la gloria de Dios a través de los siglos.
Santa Clara dejó todo para entrar en un convento en un momento en que, en muchos aspectos, la Iglesia estaba en su apogeo. Hoy en día, somos testigos de la Casa de Dios agrietada, la dignidad de los ministros de Dios arrastrada en el lodo, las religiosas ya no usan más el velo, la vida religiosa se desintegró. ¿Este espectáculo trágico nos deja indiferentes? ¿Estamos más preocupados por nuestro trabajo, en ganar dinero, comprar un coche nuevo y ropa nueva, o de la adquisición de más comodidades para nuestro hogar? Si es así, ¿dónde está nuestra fe? ¿En qué creemos? ¿Qué es lo que tomamos en serio?
Un católico que carece por completo de seriedad puede poner su vida personal por encima del dolor que representa para la Iglesia Católica esta extrema situación religiosa. En realidad, representa otra Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Hoy la Iglesia está crucificada. Ella no muere porque no puede morir; de lo contrario ya habría expirado.
Por lo tanto, en este día de Santa Clara, imitemos su dedicación y confirmemos nuestro compromiso de ofrecer nuestras vidas para luchar contra el progresismo en la Iglesia, que es el peor enemigo que jamás haya tenido a lo largo del tiempo. Nunca una causa ha tenido tan pocas personas para luchar por ella. Esto es suficiente para caracterizarla como la lucha más gloriosa en la historia.
Hablando de los pilotos que lucharon en la Batalla de Londres y que salvaron a la ciudad de los bombardeos nazis, Churchill dijo: “Nunca les fue dado tanto a tan pocos”. En el Juicio Final, Nuestra Señora sin duda va a decir algo similar de quienes lucharon por Ella en la hora presente.
Pidamos a Nuestra Señora y a Santa Clara que llenen nuestras almas con el espíritu de dedicación por la causa de la Santa Madre Iglesia.
(*Los santos del día eran unas breves reuniones en las que el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.Versión no revisada por el autor)




Así como era grande su devoción para con el Santísimo Sacramento, así por medio de él hizo Nuestro Señor algunos milagros para favorecerla. Pasaba una vez por la ciudad de Asís el ejército del emperador Federico, grande enemigo de la Iglesia: venían en él muchos moros infieles, y como el monasterio de santa Clara estaba fuera de los muros de la ciudad, acometiéronle como enemigos de Dios y de la religión cristiana, para robarle y destruirle, y hacer todo lo que pudiesen. Fueronselo á decir muy llorosas y despavoridas sus hijas á la santa madre, que por su enfermedad estaba en la enfermería: y ella con gran sosiego y confianza, las consoló, y se hizo llevar á la puerta del monasterio y poner á vista de los enemigos, teniendo delante de sí en una custodia el Santísimo Sacramento. Allí puesta de rodillas con grande devoción y copiosas lágrimas, rogó al Señor, que no permitiese que aquellas siervas suyas, criadas en su amor, y que por él habían renunciado todos los amores del mundo, fuesen entregadas á aquellas bestias, que allí estaban. En acabando de orar, se oyó una voz del cielo, que dijo: Yo las guardaré siempre; y súbitamente los infieles que habían subido por los muros, atemorizados y atónitos, cayeron, y se fueron, dejando la presa que ya les parecía tener en las uñas: y la santa mandó á sus hijas, que mientras ella viviese, callasen el favor que Dios les había hecho con aquella voz celestial: y por esta devoción que tuvo santa Clara al Santísimo Sacramento, la pintan con una custodia en las manos.
FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

lunes, 10 de agosto de 2020

S A N T O R A L

SAN LORENZO, DIACONO Y MÁRTIR

GLORIA DE SAN LORENZO



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"La Iglesia Romana, dice San Agustín, nos invita a celebrar este día, como triunfal, en que San Lorenzo venció al mundo atónito. Roma da testimonio de cuán gloriosa e inmensa multitud de virtudes (tan variada como las flores), matiza la corona de San Lorenzo. Era diácono de aquella Iglesia. En ella distribuía la preciosa sangre de Cristo y en ella derramó su propia sangre por el nombre de Cristo. Amó a Cristo en vida y le imitó en su muerte." 
El Santo Doctor ha resumido en pocas palabras lo más principal de la vida de San Lorenzo. Asistió él mismo en Roma muchas veces al aniversario del Santo Mártir, celebrado siempre con esplendor. Tenía San Lorenzo, como los Apóstoles, el privilegio de una vigilia, en recuerdo de la noche en que fué martirizado. 
En la Baja Edad Media, se celebraba el 10 de Agosto una misa en su tumba y otra, más solemne, en la basílica de San Lorenzo extramuros construida por Constantino. Figuraba antiguamente en esta basílica una inscripción, que puede considerarse como el más antiguo testimonio histórico de San Lorenzo. 
"Látigos, garfios, llamas, tormentos, cadenas, Sólo la fe de Lorenzo pudo vencerlas. Dámaso suplicante colma estos altares de presentes Admirando los méritos del glorioso mártir." 
A pesar de su brevedad esta inscripción es interesante por ser muy antigua: fué redactada por San Dámaso poco más o menos un siglo después de la muerte de San Lorenzo. La leyenda se apoderó pronto de esta muerte extraordinaria; San Ambrosio cita ya ciertos episodios. En cuanto a San Agustín cuenta a sus fieles, siempre con ciertas precauciones oratorias, las circunstancias de la vida o de la muerte del Santo Mártir.

EL DIÁCONO

En tiempo de Sixto II (+ 258) era San Lorenzo uno de los siete diáconos romanos. En Roma estaba limitado el número de diáconos a siete, uno para cada región eclesiástica. Además del ministerio del altar y de la asistencia al Papa en las funciones litúrgicas, los diáconos romanos administraban los bienes temporales de la Iglesia romana; cargo este que hacía de ellos personajes importantes y sucedió con frecuencia que el Papa fué elegido entre los diáconos más bien que entre los presbíteros. 

EL MÁRTIR

Al pertenecer San Lorenzo a la Jerarquía de la Iglesia caía de lleno en el edicto que Valeriano dió en 258. Ordenaba éste que todo obispo, presbítero o diácono fueran decapitados, tan pronto como fuera comprobada su identidad: A San Sixto le alcanzó también la persecución. Fué detenido y decapitado en el Cementerio de Calixto durante una ceremonia litúrgica. Por el mismo tiempo fueron también decapitados seis diáconos.
Sólo quedaba San Lorenzo; mas pronto daría a Cristo el testimonio de su sangre. No faltaban a los perseguidores motivos interesados: San Lorenzo quedaba como único depositario de los bienes de la Iglesia romana. Según San Ambrosio fué requerido San Lorenzo para entregar los tesoros de la Iglesia. Tres días le bastaron al santo diácono para presentar al juez, en vez de oro y plata, los pobres socorridos por su caridad. Y San Agustín concluye: "Las grandes riquezas de los cristianos son las necesidades de los indigentes."

Este episodio quizás explique por qué San Lorenzo fué martirizado tres días después de San Sixto. En efecto, en la noche del 9 al 10 de Agosto fué entregado a los verdugos. Con "gran ardor y firmeza" (Sacram. León. Mense. Aug.) sufrió San Lorenzo el terrible suplicio del fuego. Es verdad "que el refinamiento de la crueldad que tendía a consumir al paciente a fuego lento sobre parrillas, era contrario a la tradición romana". Mas cuando el ansia de riquezas domina a un juez no se respeta tradición alguna, y no se puede, invocando un principio general, negar un hecho particular muy explicable dadas las circunstancias referidas más arriba. El suplicio del fuego fué por otra parte usado en Lyon en 177.
Tenemos, finalmente, por lo que se refiere a San Lorenzo, el testimonio antes traducido de San Dámaso. Se ha pretendido quitar importancia a este epigrama al ver en él "la enumeración de las torturas clásicas". Una inscripción de San Lorenzo in Damaso que se quiere rechazar "por que es imposible fijar la fecha", debe ser, con todo eso, muy antigua y con mucha probabilidad del mismo San Dámaso. Por su fe, declara ese texto, Lorenzo superó los tormentos de las llamas en medio de las cuales pasa el camino que conduce al cielo. 
San Agustín atribuye la victoria de San Lorenzo a su eminente caridad: "Sobre la parrilla fueron quemados todos sus miembros, fué atormentado por atroces dolores producidos por las llamas, mas venció con la fuerza de su caridad todos los dolores corporales." El Santo Doctor nos deja entrever en otro lugar en términos conmovedores los últimos instantes del mártir: "Extínguese la vida temporal que reemplaza la eterna. ¡Cuán grande es la dignidad y cuánta la seguridad de partir alegre de este mundo, de partir para la gloria en medio de los tormentos y torturas; de cerrar un instante los ojos con los que veía a los hombres y al mundo y de volverlos a abrir para ver a Dios...!" 

PLEGARIA A SAN LORENZO

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"Tres veces dichoso el Romano al honrarte en el lugar donde reposan tus cenizas. Se postra en tu santuario y oprimiendo la tierra con su pecho, la riega con sus lágrimas y expresa sus deseos. Separado de Roma por los Pirineos y los Alpes, casi no puedo adivinar el número de sus tesoros ni la riqueza de su suelo en sepulturas sagradas. Privado de esos bienes y no pudiendo ver de cerca las huellas ensangrentadas, contemplo de lejos el cielo. Allá, oh San Lorenzo, voy a ir a buscar el recuerdo de tus sufrimientos; porque tu tienes dos palacios por morada: el de cuerpo en la tierra y el del alma en el cielo. El cielo, ciudad inefable que te hace miembro de su pueblo, que coloca en tu frente la corona cívica en la filas de su eterno senado. ¡A juzgar por el brillo de tus piedras preciosas se diría que la Roma celestial te elige por cónsul perpetuo! Tus funciones, tu crédito y tu poder se ponen de manifiesto en los entusiasmos de los ciudadanos romanos, atendidos en las peticiones que te han presentado. Quien pide es escuchado; todos ruegan con libertad, expresan sus necesidades; ninguno sale triste.
"Socorre a tus hijos de la ciudad reina, tengan por apoyo inquebrantable; apoyo tu amor paternal; encuentren en ti la ternura y la leche del seno materno. Pero entre ellos, oh tú, honor de Cristo, escucha también al humilde suplicante que reconoce su miseria y confiesa sus faltas. Soy indigno, lo confieso, soy indigno de que Cristo me oiga; pero protegido por los mártires puede uno obtener remedio para sus males. Atiende a este tu devoto: por tu bondad, desata mis cadenas, líbrame de la carne y del siglo".


Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

domingo, 9 de agosto de 2020

S A N T O R A L

SAN ROMÁN, MÁRTIR

El día de la vigilia de San Lorenzo, que es á los 9 de agosto, hace la santa madre Iglesia conmemoración de san Román, mártir: el cual, siendo soldado del emperador Valeriano, y asistiendo al martirio de San Lorenzo, vio que al tiempo que le atormentaban en la catasta y desgarraban sus carnes con escorpiones, y descoyuntaban sus sagrados miembros, estaba el valerosísimo guerrero del Señor con grande alegría, haciéndole gracias por la merced que le hacía en darle á padecer tales tormentos por su amor: y juntamente vio que un mancebo hermosísimo estaba allí junto á san Lorenzo, limpiándole con un lienzo el sudor que cubría su rostro, por la terribilidad de aquellos tormentos. 
Movióse mucho Román con esta vista, y 
entendió que aquel mancebo era ángel de Dios, que venía á confortar y á regalar á San Lorenzo, y que no podría dejar de ser verdadera aquella religión, que daba tanto esfuerzo y alegría en tan horribles penas, á los que por ella las padecían: y lo mejor que pudo, se llegó á San Lorenzo, y le dijo lo que había visto, y que él quería ser cristiano, y que le rogaba que no le desamparase. Mucho se alegró el bendito mártir con lo que le dijo Román, mostrándole el rostro amoroso; porque de palabra no lo pudo responder. Quitaron después de aquel tormento á San Lorenzo, y le entregaron á Hipólito, que en secreto era cristiano, para que le guardase: y Román tuvo comodidad para entrar donde estaba el Santo, y llevando un vaso de agua, se echó á sus pies, suplicándole con gran devoción y ternura que le bautizase. Tomó San Lorenzo el agua: echóle su bendición; y bautizó á Román. Súpolo Valeriano; mandóle apalear y traer delante de sí: antes que el inicuo juez le hablase palabra, San Román con voz clara y alta le dijo:

 Cristiano soy: y el emperador con grande enojo lo mandó luego degollar. Lleváronle fuera de la puerta Salaría, y allí ejecutaron la sentencia á los 9 de agosto: y un presbítero, llamado Justino, vino de noche, y tomó su santo cuerpo, y le enterró en una cueva en el campo Verano. Este es en suma el martirio de San Román , sacado de los Actos de San Lorenzo.




 
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

sábado, 8 de agosto de 2020

S A N T O R A L

SANTO DOMINGO DE GUZMAN, CONFESOR

LA OBRA DE LA SABIDURÍA

Honorio III aprueba la Orden
"La fuente de la Sabiduría, el Verbo del Padre nuestro Señor Jesucristo, cuya naturaleza es bondad, cuya obra es misericordia, no abandona nunca a través de los siglos, la viña que sacó de Egipto; socorre con modos nuevos a la inestabilidad de las almas, y obra prodigios que aviven la fe vacilante. Así, pues, cuando declinaba el día, y aumentaba el mal enfriando la caridad, y el rayo de la justicia estaba a punto de estallar, el Padre de familias quiso reunir a los obreros de la hora undécima, aptos para el trabajo, con el fin de destrozar la maleza que amenazaba destruir su viña, y al mismo tiempo coger en el lazo la funesta invasión de zorras que maquinaban su devastación; entonces organizó los batallones de los Predicadores y Frailes Menores con sus guías armados para la batalla.

DOMINGO Y FRANCISCO

En esta expedición del Dios de los ejércitos, Domingo fué el corcel de su gloria, lanzando intrépido, con el fuego de la fe, el relincho de la divina predicación Nosotros veremos la parte que tuvo en el combate Francisco, el compañero que le dio el cielo y que apareció como el estandarte viviente del Cristo en cruz, en medio de una sociedad en que la triple concupiscencia daba mano al error para abrir una brecha en el mismísimo cristianismo.

LA POBREZA

Domingo, como Francisco, encontrando por todas partes unidas la avaricia y la herejía, que serán de ahora en adelante la principal fuerza de los falsos predicadores, prescribió a los suyos la más absoluta renuncia de los bienes de este mundo y se hizo él también mendigo por Cristo. Habían pasado los tiempos en que los pueblos, reconociendo todas las consecuencias de la Encarnación, constituían en el Hombre-Dios el más extenso dominio territorial que jamás existió, al mismo tiempo que colocaban a su Vicario a la cabeza de los reyes. Después de haber intentado inútilmente humillar a la Esposa sometiendo el Sacerdocio al Imperio, los descendientes indignos de los cristianos de otros tiempos, reprochaban a la Iglesia la posesión de aquellos bienes de los cuales ella no era más que la depositaría en nombre del Señor; había sonado para la Paloma del Cantar santo, la hora de comenzar, por el abandono de la tierra, su ascensión hacia los cielos.

LA CIENCIA

Mas si los dos príncipes de la lucha memorable que contuvo un tiempo los progresos del enemigo, se encontraron en la acogida que tributaron a la santa pobreza, ésta siguió siendo de un modo especial la "Dama" del Patriarca de Asís. Domingo, que como él no tenía más ideal que el honor de Dios y la salvación de las almas, heredó más directamente la ciencia.
"En la luz, dijo Dios a Santa Catalina de Sena, ha fundamentado su base el Padre de los Predicadores, de la luz ha hecho su finalidad, su arma de combate; tomó para sí el oficio del Verbo, mi Hijo, sembrando mi palabra, disipando las tinieblas, alumbrando la tierra; María, por la cual yo le presenté al mundo, hizo de Él el extirpador de los herejes". Por eso, la Orden llamada a ser el principal apoyo del Pontífice Supremo en la persecución de las falsas doctrinas debía, si se puede hacer verdadera esta expresión, más que su patriarca: El primero de los tribunales de la Santa Iglesia, la Inquisición Romana, el Santo Oficio, investido del Oficio del Verbo con la espada de dos filos para convertir o castigar, no tuvo instrumento más fiel y seguro.

EL LIBERALISMO

SAN DOMENICO DI GUZMAN SACERDOTE 
E FONDATORE DEI PREDICATORI
Al igual que Catalina de Sena, el autor ilustre de la Divina Comedia no sospechó que había de llegar un tiempo, en que el primer título de la familia dominicana para el amor agradecido de los pueblos sería puesto en duda en cierta escuela apologética, y en ella, rechazado como un insulto o disimulado como un estorbo. Nuestro tiempo pone su gloria en un liberalismo que ha comenzado a hacer sus pruebas multiplicando las ruinas y no descansa filosóficamente, más que en la extraña confusión de la ciencia con la libertad. No hacía falta más que esta debilidad intelectual para no comprender que, en una sociedad en que la fe es la base de las instituciones, así como el principio de la Salvación universal, no hay crimen mayor que el destruir el fundamento sobre el cual descansa, juntamente con el interés social, el bien más precioso de los particulares. Ni el ideal de la justicia, ni menos el de la libertad consiste en abandonar a merced del mal o del malvado al débil que no puede defenderse por si mismo. La época de la caballería hizo de esta verdad su axioma y constituyó su gloria; los hermanos de Pedro Mártir consagraron su vida a proteger contra las sorpresas del "fuerte armado" y al contagio que se arrastra por la noche la seguridad de los hijos de Dios: esta fué la honra "del ejército que Domingo condujo por un camino; por donde se adelanta y no se yerra".

LA PROTECCIÓN DE MARÍA

Fresco donde la Santísima Virgen entrega el Santo
Rosario a Santo Domingo. Completan la escena: 
Fray Pedro de Santa María de Ulloa, Santa Catalina
de Siena y Sor María de Jesús de León Delgado

¿Qué mejores caballeros que estos atletas de la fe al hacer su promesa sagrada bajo forma de juramento de fidelidad y al escoger como Dama a aquella que, poderosa como un ejército6, extermina ella sola las herejías en todo el universo? Al escudo de la verdad y a la espada de la palabra aquella que guarda en Sión las armaduras de los fuertes añadía para sus abnegados servidores el Rosario, señal la más especial de su propia milicia; les señalaba el hábito de su elección como compete al verdadero jefe de la guerra y les ungía con sus manos para la lucha en la persona del Bienaventurado Reginaldo. Ella vigilaba así mismo su reclutamiento, sacando de entre la juventud escogida de las universidades las almas más puras, las más abnegadas, las más nobles inteligencias; París, la capital de la teología, Bolonia, el centro de la jurisprudencia y del derecho, veían a maestros, escolares, discípulos de toda clase de ciencia perseguidos y ganados por la dulce soberana en medio de incidentes que eran más del cielo que de la tierra.
¡Cuánta gracia en estos orígenes en que la serenidad virginal de Domingo parecía rodear a todos sus hijos! Sin duda que en este Orden de la luz se verificaba la verdad de la palabra evangélica. "Felices los corazones puros porque verán a Dios". Ojos alumbrados por el cielo veían representadas en figuras de lirios las fundaciones de los Predicadores; por eso María, por quien nos ha venido el esplendor de la luz eterna se hacía su celestial maestra y de la ciencia les conducía a la Sabiduría amiga de los corazones limpios. Ella bajaba en compañía de Cecilia y Catalina para bendecir su reposo nocturno, y les cubría con su manto junto al trono del Señor. ¿Cómo pues admirarse de la transparencia que después de Domingo y durante los generalatos de Jordán de Sajonia, Raimundo de Peñafort, Juan el Teutónico, Humberto Romano, continúa reinando en esas "Vidas de los Frailes" y en esas "Vidas de las Monjas" de las cuales unas plumas encantadoras nos han transmitido relatos de una exquisita frescura?

LAS MONJAS

Discreta lección, al mismo tiempo que ayuda poderosa para los Frailes: en la familia dominicana, dedicada por entero al Apostolado, las monjas nacieron diez años antes, como para indicar que, en la Iglesia de Dios, la acción no puede ser fecunda si no está precedida y acompañada de la contemplación, que la merece la bendición y demás gracias.
 Nuestra Señora de Prouille, al pie de los Pirineos, no fué ella sola el principio de toda la Orden; a su sombra protectora los primeros compañeros de Domingo hicieron, juntamente con él, la elección de su Regla y se repartieron el mundo marchando de allí a fundar San Román de Tolosa, luego Santiago de París, San Nicolás de Bolonia, San Sixto y Santa Sabina en la Ciudad Eterna.

LA TERCERA ORDEN

Hacia la misma época la institución de la Milicia de Jesucristo colocaba bajo la dirección de los Predicadores a seglares que, ante la herejía militante, se comprometían a defender por todos los medios posibles los bienes de la Iglesia y su libertad; cuando los sectarios depusieron las armas, dejando por un tiempo la paz del mundo, la asociación no desapareció: condujo la lucha al terreno espiritual y cambió su nombre en el de Tercera Orden de los Frailes y Monjas de la Penitencia de Santo Domingo.

VIDA

Domingo nació hacia el año 1170 en Caleruega, no lejos de Burgos, en España. Fué a estudiar a Palencia donde sobresalió por su ardor en el trabajo y su gran caridad para con los pobres. El Obispo de Osma le agregó a su Capítulo; permaneció allí nueve años, siendo modelo de regularidad en la asistencia al Oficio y en la piedad. Habiendo ido a Roma juntamente con su Obispo, comenzó en 1206 bajo la dirección de un legado pontificio, a predicar en el Mediodía de Francia para convertir a los herejes albigenses. Fijó su residencia en Prouille y desde allí evangelizó toda la comarca. En Tolosa estableció un convento de monjas cuya oración y penitencia sostendrían a su apostolado y cuya enseñanza había de formar a las jóvenes pobres de la nobleza y las protegería de la infección de la herejía. Domingo comprendió pronto que él solo no era suficiente ante el campo que se le ofrecía.
Con varios compañeros se estableció en una casa de Tolosa y comenzaron juntos a llevar la vida religiosa. Después partió para Roma donde se iba a celebrar el Concilio de Letrán y pidió al Papa Inocencio III la autorización para fundar la Orden de los Predicadores. Volvió a Tolosa en 1216 para hacer la elección de una Regla de vida, y se dirigió nuevamente a Roma donde Honorio III, sucesor de Inocencio, la aprobó. Desde entonces las casas de los Predicadores se multiplicaron al mismo tiempo que los milagros obrados por el Santo. Consumido por la fiebre y las fatigas sin nombre que se imponía murió el 6 de Agosto de 1221 a la edad de 51 años. Fué canonizado por su amigo el Papa Gregorio IX en el año 1234.

LA FUENTE DE TODO APOSTOLADO

Tu ejemplo nos muestra, oh Domingo, que sólo son poderosos ante Dios aquellos que se entregan a él sin buscar ninguna otra cosa y dan a los demás sólo de su plenitud. Desdeñando todo pasatiempo y ciencia en la que no se descubriese la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que de ella sola se prendó tu juventud; toda conversación y toda ciencia donde no se mostrase la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que solamente se alimentó de ésta tu espíritu en tu adolescencia; que se anticipa a los que la desean te inundó desde los primeros años con la luz y las dulzuras pregustadas de la patria. De la sabiduría destilaba sobre ti la serenidad radiante que sobrecogía a tus contemporáneos y que no perturbó nunca suceso alguno. En una paz de cielo bebías a chorros el agua del pozo sin fondo que salta a la vida eterna; pero ai mismo tiempo que, en el hondón de tu alma te abrevaba el amor de la sabiduría, aparecía una fecundidad maravillosa en esa fontana de Dios y sus regatos, que se hicieron tuyos, salieron fuera y las plazas públicas beneficiaban las ondas de tu sobreabundancia.
Recibido en el Cielo por N.S. Jesucristo y la Virgen
La gloria de Santo Domingo, Guido Reni
Basílica de Santo Domingo, Bolonia

Diste acogida a la Sabiduría y ella te exaltó, no contenta con adornar tu frente con los rayos de la estrella misteriosa, ella te dió la gloria de los patriarcas y multiplicó por medio de las de tus hijos, tus años y tus obras. No cesaste de ser en ellos uno de los más poderosos apoyos de la Iglesia. La ciencia ha hecho que su nombre sea ilustre entre los pueblos y por su causa su juventud fué honrada entre los ancianos; que sea siempre para ellos, como lo fué para sus mayores, el fruto de la Sabiduría y el camino que a ella les conduce; que se alimente en la oración que tanta parte ha tenido en tu santa Orden, que más que ninguna otra se acerca en este respecto a las antiguas órdenes monásticas. Alabar, bendecir y predicar, será hasta el fin de su divisa amada, siendo en ellos el apostolado, según la palabra del Salmo, la efusión desbordante del recuerdo de las dulzuras gustadas en el trato con Dios. Así fortalecida en Sión, bendita en su gloriosa labor de propagadora y guardadora de la fe tu noble descendencia merecerá oír por siempre de la boca de Nuestra Señora este estímulo que está por encima de toda alabanza:"Fortiter, fortiter, viri fortes! ¡Animo, ánimo, hombres valientes!"

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer





Nos dice el “Sacro Diario Dominicano” -que lo toma de “Vida del glorioso padre, y patriarca Santo Domingo de Guzmán”, de Francisco de Posadas- que, ante la amenaza de los albigenses, que “habían envenenado estas tierras (Francia) hasta meter los tósigos en las entrañas de los que nacían, madrugando tanto la malicia que antes asomaba la ceguedad que la razón”. Los herejes “afectaban santidad, engañando al vulgo (…), tenían pacto con el demonio y por arte suyo andaban sobre las aguas a la vista de aquella gente que, embobadas con aquellos milagros aparentes recibían sus engaños como doctrinas celestiales”. En fin, que esta “vitæ” no escasea en adjetivos para los albigenses.



Pues resulta que llegado Santo Domingo a Tolosa, región fuertemente albigense, vio a unos de estos paseándose sobre las aguas de un río, y a cientos de gentes oyendo su prédica; se fue a la iglesia cercana y, tomando una forma consagrada, la puso en una custodia, se fue al río y dijo al demonio que poseía al hereje: “yo te conjuro por este Señor que traigo en mis manos, que te apartes de ellos, para que se manifieste la verdad”. Y, ante el asombro de todos, lanzó la custodia al río. No más se hundió en el agua, los albigenses fueron tragados por el río y se ahogaron, demostrando la falsedad de su santidad y doctrina.
Entristecido Domingo, por haber echado al Señor al río, pasó toda la noche llorando. Quiso Dios consolarle, al otro día al entrar a la iglesia, vio sobre el altar el mismo ostensorio con la misma forma y Dios le reveló que apenas el Sacramento tocó el agua, habían bajado unos ángeles que sacaron la custodia del río y la mantenían, invisible, sobre la multitud.