martes, 19 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN PEDRO CELESTINO V, PAPA

LA HUMILDAD DE UN PAPA

Al lado de León, Doctor ilustre, Jesús resucitado llama en este día al humilde Pedro Celestino, Pontífice Supremo como León, pero apenas elevado a la cátedra apostólica, descendió de ella para volver al desierto. Entre tantos héroes como hay en la serie de los Pontífices romanos, debía encontrarse alguno que representase más especialmente la noble virtud de la humildad; y Pedro Celestino es a quien la gracia divina ha otorgado este honor. Arrancado del remanso de su soledad para ser elevado al trono de San Pedro y tener en sus manos temblorosas las llaves que abren y cierran las puertas del cielo, el santo ermitaño miró en torno a sí; consideró las necesidades del rebaño de Cristo y examinó después su propia debilidad. Agobiado por la responsabilidad que abarca a toda la raza humana, se juzgó incapaz de soportar por más tiempo semejante carga; depuso la tiara e imploró el favor de ocultarse en su querida soledad. De la misma manera, Cristo su Maestro, ocultó su gloria primeramente en la oscuridad de 30 años, más tarde bajo la sangrienta tempestad de su Pasión y bajo las sombras del sepulcro. Los resplandores de la Pascua han disipado completamente estas tinieblas y el vencedor de la muerte se ha manifestado en todo su esplendor. Pero quiere que sus miembros participen de su triunfo y que la gloria con que brillarán eternamente estén como la suya en proporción con sus esfuerzos en humillarse en esta vida mortal. ¿Qué lengua podrá describir la aureola que circunda la frente de Pedro Celestino, en pago de la oscuridad en que buscó el olvido de los hombres con más ardor que otros buscan su estima y admiración? Grande en el trono Pontificio, mayor en el desierto, su grandeza en los cielos sobrepasa todos nuestros pensamientos.

VIDA

Coronación del Papa Celestino V
Pedro nació en Isernia, en los Abruzzos, en 1210. Muy joven abrazó la vida monástica, después se retiró a la soledad para vivir como ermitaño. No tardaron en presentársele discípulos y fundó una nueva congregación monástica bajo la regla de San Benito. Estando vacante el trono pontificio durante dos años, los cardenales eligieron a Pedro para reemplazar a Nicolás IV. Fué coronado y consagrado el 29 de agosto de 1294 y tomó el nombre de Celestino. Mas pronto aplanado por las responsabilidades de su cargo, dimitió la dignidad suprema y se volvió a su soledad. Murió poco después el 19 de mayo de 1296. Los milagros obrados en su sepulcro manifestaron su santidad y el 5 de marzo de 1313. Clemente V le canonizó en Avignón. Su familia religiosa ha conservado su nombre de Papa y constituye la Congregación de los Celestinos.

ALABANZA

Oh Celestino, has logrado el objeto de tu ambición y te ha sido concedido descender de las gradas del trono apostólico y volver a entrar en la calma de esta vida oculta que durante tanto tiempo había constituido tus delicias. Gozas de los encantos de la soledad que tanto amaste; ella te es devuelta con todos los tesoros de la contemplación en el secreto del trato íntimo con Dios. Cuando llegue la hora, la cruz, que has preferido a todas las cosas, se levantará luminosa en la puerta de tu celda invitándote a participar en el triunfo pascual de quien descendió del cielo para enseñarte que el que se humilla será ensalzado. Tu nombre, oh Celestino, brillará hasta el último día del mundo en la lista de los Pontífices romanos. Y, tú eres uno de los anillos de esta cadena que une la Iglesia a Jesús, su fundador y su Esposo; pero te está reservada una gloria mayor, la de hacer cortejo al Cristo divino resucitado. La Iglesia, que se inclinó durante algún tiempo ante ti, mientras tenías las llaves de Pedro, después de algunos siglos te tributa y te tributará hasta el último día el homenaje de su culto, porque reconoce en ti uno de los elegidos de Dios, uno de los príncipes de la corte celestial.

PLEGARIA


Oh Celestino, nosotros también estamos llamados a subir donde tú estás para contemplar eternamente como tú el más bello de los hijos de los hombres, al vencedor de la muerte y del infierno. Pero solamente puede conducirnos un camino: el que tú mismo seguiste, el de la humildad. Fortifica en nosotros esta virtud, oh Celestino, y enciende el deseo en nuestros corazones. Sustituye el desprecio de nosotros en lugar de la estima que muy frecuentemente tenemos la desgracia de tributarnos. Danos el desprecio de nosotros mismos. Vuélvenos indiferentes a toda gloria mundana, firmes y alegres en las humillaciones, para que habiendo bebido el agua del torrente", como Jesús, nuestro Maestro, podamos un día "levantar la cabeza'" como él y con él y rodear eternamente el trono de nuestro común Redentor.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 858 y siguientes

lunes, 18 de mayo de 2026

S A N T O R A L

 

SAN JUAN I, PAPA Y MARTIR

LA INTEGRIDAD DE LA FE

Este Papa no consiguió la palma del martirio con la victoria del perseguidor pagano, sino más bien luchando por la libertad de la Iglesia contra un rey cristiano. Pero este rey era un hereje, y por consiguiente enemigo de cualquier Papa romano, celoso del triunfo de la verdadera fe. La situación del Vicario de Cristo en este mundo está revestida del carácter de lucha y ocurre a veces que el Papa es verdaderamente mártir sin haber derramado su sangre. Es lo que sucede con el Papa San Juan I, que no murió al filo de la espada, sino que el instrumento de su martirio fué un calabozo, y como él hay otros muchos pontífices, que gozarán en el cielo de su compañía incluso sin haber tenido que sufrir sus pies el peso de las cadenas: su calvario ha sido el Vaticano. Vencieron, cayendo sin aparente resonancia y dejando al cielo el cuidado de defender su causa.
La fiesta del santo del día de hoy nos da a conocer la conducta que debe observar cualquier hijo de la Iglesia, si es digno de tal Madre. San Juan nos enseña que el cristiano no debe pactar nunca con la herejía ni tomar parte en las medidas que la política de este siglo creyere debe tomar para asegurarse los derechos. Si los tiempos, secundados por la indiferencia religiosa de los gobiernos, han traído la tolerancia e incluso el privilegio de la igualdad a las sectas separadas de la Iglesia podremos tolerar esta situación que es un atentado gravísimo contra la constitución de un estado cristiano; pero nuestra conciencia de católicos nos prohibe alabarla o considerarla como un bien. Sea cual sea el estado en que nos ha colocado la divina Providencia, nunca debemos de dejar de ir a beber nuestras normas de conducta en las inspiraciones de la fe que recibimos en nuestro Bautismo, en la práctica y en la enseñanza infalible de la Iglesia, fuera de la cual no hay más que contradicción, peligros y naufragios.

VIDA

San Juan nació en Toscana. Cursó sus estudios en la ciudad de Roma, distinguiéndose por su piedad y sabiduría. Fué elegido papa a la muerte de San Hormisdas el 13 de agosto de 523. Su pontificado no debió de durar más de dos años y medio. El santo mostró siempre gran celo por la gloria de Dios y por la salvación de las almas. A él se debe la fecha de la fijación de la Pascua y el que se empezase a contar los años a partir del nacimiento de Cristo.  Por este tiempo se entabló la lucha entre el arriano Teodorico el Grande que gobernaba en Italia (454-526) y el emperador del Oriente Justino Augusto, que reinaba en Constantinopla (518-527) y que había resuelto extirpar de su Imperio los últimos vestigios del arrianismo, echando mano de las más severas medidas. Teodorico obligó al Papa a que fuera a Constantinopla, para que alcanzase del emperador que cesase la persecución de los arrianos.El papa fué recibido de un modo triunfal, pero pareciendo a Teodorico que la embajada no había reportado ningún resultado, encerró al Papa en una prisión en donde murió de hambre y de sed. Su cuerpo fué trasladado cuatro años más tarde desde Rávena a la ciudad de Roma. Su cabeza se venera en la iglesia de los Frailes Menores de Ravena.

PLEGARIA

Oh Santo Pontífice, conseguiste la palma del martirio con la confesión de la santidad inmaculada de la Iglesia. Esta Esposa del Hijo de Dios, como nos dice el Apóstol, no tiene "ni mancha ni arruga ninguna' viéndola imposible por eso mismo el habitar a la par con la herejía en esta tierra recibida como dote de su Esposo. Llegaron días en que los hombres, ebrios de egoísmo y de los intereses de este mundo pasajero, se resolvieron a dirigir la sociedad humana sin tener en cuenta los derechos del Hijo de Dios, de quien procede todo orden social, lo mismo que toda verdad. Arrinconaron a la Iglesia en el corazón de sus fieles y tuvieron a gala levantar capillas y templos para esas sectas revolucionadas contra ella. Oh glorioso Pontífice, despierta en el corazón de los cristianos de nuestros días el sentimiento del derecho imprescriptible de la verdad divina. Podremos humillarnos así sólo ante las necesidades impuestas por el triunfo fatal del error en los tiempos que nos han precedido, sin tener que aceptar como una muestra de progreso la igualdad de derechos que se procura establecer entre la verdad y el error. En tu prisión, oh mártir valiente, proclamaste los derechos de la Unidad de la Iglesia; en medio de la defección predicha tiempo ha por el Apóstol, guárdanos de complacencias cobardes, de seducciones funestas, de ligereza culpable que causa tantas víctimas en nuestros días y que nuestra última palabra al salir de este mundo sea la que el Hijo de Dios se dignó enseñarnos: "¡Oh tú que eres nuestro Padre, haz que sea santificado tu nombre y que llegue ya tu reino!"
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 932 y siguientes

domingo, 17 de mayo de 2026

S A N T O R A L




SAN PASCUAL BAILON, CONFESOR

PASTOR Y HERMANO LEGO

S
an Francisco de Asís no podía menos de comisionar a algunos de sus hijos ante su Maestro resucitado. Hoy le presenta a uno de los más humildes e ignorados del mundo. Pascual Bailón es el hijo de la vida pastoril: guardando su rebaño encontró a Nuestro Señor Jesucristo. El atractivo de la contemplación se manifestó en él; y en su deseo de acercarse más junto a su Creador quiso seguirle hasta la más sublime perfección. Codició como un tesoro la humildad del Hombre-Dios, su vida pobre y dolorosa; y se dirigió al claustro franciscano. Floreció como árbol del cielo en esta bendita tierra, y todo el mundo oyó hablar del humilde hermano lego que acogió un oscuro convento español. La Iglesia nos le presenta en este día radiante, contemplando el triunfo de su Maestro. Anduvo con Jesús por el camino de la humillación, y de la cruz; ¿no es justo que tome parte también en la victoria de este divino Jefe? ¿No estaba presente en la mente del Redentor cuando decía: "A los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas, mi Padre os prepara un reino donde comeréis y beberéis conmigo en mi mesa, y ocuparéis los tronos para juzgar las doce tribus de Israel?" (San Lucas., XXII, 28-30).

VIDA

Ruinas del convento de San Pascual Bailón
Pascual Bailón nació en 1540 en Torre-Hermosa (Aragón). Desde su juventud, sobresalió por su inocencia, su atractivo hacia la contemplación y su amor a la Santísima Virgen. En el 1564 entró en la Orden de Menores de la Estricta Observancia, como hermano lego. No se preocupó más que de humillarse continuamente, practicar grandes mortificaciones y pasarse delante del Santísimo Sacramento todo el tiempo libre. De aquí sacó la profunda ciencia que le permitió refutar a los herejes y hablar sabiamente de los misterios de nuestra fe. Murió el 17 de mayo de 1592, fue beatificado por Paulo V, en 1618, canonizado en 1690, por Alejandro VIII. León XIII, en el 1897, le proclamó Patrón de los Congresos Eucarísticos.

ALABANZA Y PLEGARIA

Los cielos están abiertos para recibirte, oh Pascual. Desde aquí el ardor de tu contemplación te hizo frecuentemente presentir las delicias de la eternidad; pero hoy todos los velos se han descorrido y contemplas para siempre a quien tanto habías deseado. Ya no tienes que unirte a Él por el sufrimiento y humillación; te invitó a participar en su gloria, su felicidad, su victoria. Dígnate tender un mirada sobre nosotros que tenemos la prontitud que tuviste tú en seguir los pasos del Redentor y, que no poseemos aún más que la esperanza de unirnos a Él en su eternidad. 
Fortalece nuestra debilidad, alcánzanos el amor que hace ir derecho a Jesús, que pasa por encima de los obstáculos de la carne y de la sangre y pone al hombre en una perfecta conformidad con su divino modelo. Haznos aspirar a la transformación en Jesús Resucitado, que nunca más podrá morir. Las arras de esta transformación están ya en nosotros por la comunión en el misterio pascual: complétense por nuestra fidelidad en mostrarnos junto a nuestro Jefe triunfador, si nos deja aún en el valle de lágrimas; su vista nos sigue, su amor desea vernos fieles; un poco más de tiempo y se manifestará. "He aquí que vengo pronto, guarda bien lo que has recibido, estoy a la puerta y llamo. El que oiga mi voz y me abra la puerta, entrará a Él y cenará con él y él conmigo". Así la Pascua temporal se convertirá en la Pascua eterna. Ruega para que a imitación tuya guardemos bien lo que ya poseemos por la gracia de Jesús resucitado.
fuente: Año Liturgico de Dom Próspero Guéranguer

sábado, 16 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN SIMÓN STOCK

MENSAJERO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN


Hoy recordamos a San Simón Stock, un monje inglés que vio a Nuestra Señora bajo la advocación de Reina del Monte Carmelo y recibió de manos de Ella el Escapulario carmelita. San Simón Stock es, con San Elías profeta, uno de los enviados de María Santísima en la orden carmelita.

BIOGRAFÍA

Nació en Inglaterra. Desde mediados del siglo XIV las fuentes le aplican el sobrenombre "Stock", con el cual relacionan el singular género de vida que habría observado antes de entrar en el Carmelo. Dice así la redacción larga del Santoral: "Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado". Esta sobria noticia supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores intentaron poner de relieve con piadosas amplificaciones.
Pero hay un documento que nos invita más bien a contar a San Simón entre los cruzados y peregrinos que por aquellos tiempos tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración que llevaban los solitarios del santo monte, "como abejas del Señor en las colmenas de sus celdas fabricando miel de dulzura espiritual", según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240). En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición del Beato Jordano de Sajonia a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: "Esto lo contaron a nuestros religiosos el mismo que tuvo la visión y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz". Con esta noticia concordaría el Viridarium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón del 1200 al 1250. Por ahora no estamos en grado ni de escoger entre las dos versiones ni de concordarlas razonablemente.
Con el agravarse de la situación de los cristianos en Palestina después de la tregua pactada por Federico II con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa. Algunos, los más "perfectos" (dice Grossi), tenían miedo a tal aventura por el peligro que encerraba de una alteración del propio espíritu; pero graves razones aducidas hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen (Guillermo de Sanvico). Así en 1238 empezó con carácter sistemático la emigración de numerosos carmelitas a los diversos países de Europa.
A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas, respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey y presididas por los venerables religiosos Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwic, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent. Esto sucedía entre 1241 y 1242. Fue entonces (según la primera versión antes mencionada) cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, "dejó la vida solitaria y entró con gran devoción en la Orden de los carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba ilustrado por divina inspiración".
Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo un campo muy vasto en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245 se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado "milagrosamente" al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.
La Orden sufría en toda su gravedad las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente no encontraba la amorosa acogida que seguramente habían esperado y que tan necesaria era para empezar a echar raíces. Por otra parte, la experiencia demostraba que no era fácil conservar el tenor de vida contemplado en la Regla de San Alberto y con ardiente amor abrazado por los venerables moradores del Carmelo. Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden con repetidos recursos al Papa Inocencio IV y también a los próceres seculares. De hecho desde 1247,a 1252 consiguió del Papa Inocencio IV tres preciosas cartas de recomendación que debieron contribuir no poco a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252 otra del rey de Inglaterra Enrique III. En orden a la segunda dificultad impetró del mismo Inocencio IV una audaz reforma de la Regla que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades y participar en el servicio de las almas. Pero esta reforma suscitó en el seno de la Orden un hondo descontento que venía a agravar todavía más la situación tan comprometida por la hostilidad exterior. De este descontento tenemos la prueba en una amarga requisitoria que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes mayor garantía de salvación. En este momento histórico tuvo lugar el episodio culminante de la vida de San Simón Stock, la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral y parcialmente corroborada por la Crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua está concebida en estos términos:
"San Simón... suplicaba constantemente a la gloriosísima Madre de Dios que diera alguna muestra de su protección a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular del titulo de la misma Virgen, diciendo con toda devoción: Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los carmelitas da privilegios, estrella del mar. Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: "Este será el privilegio para ti y para todos los carmelitas, que quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará".
Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida entoda la Iglesia como una de las manifestaciones supremas de la maternidad universal de María. Lo restante de la vida de San Simón se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la grande obra que Dios le reservara.
Después de veinte años de buen gobierno (según un códice de Bamberga muy autorizado), por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos el día 16 de mayo (o de marzo según algunos códices).
La fama de santidad que le había acompañado en vida se acrecentó después de la muerte. En los documentos su nombre nunca aparece sin el dictado de santo, y repetidamente se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban y se veneran aún sus reliquias. Una circunstancia providencial impidió que fuesen profanadas en tiempo de la Revolución Francesa. Su veneranda cabeza fue solemnemente trasladada el año 1951 al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.
Fuente: BARTOLOMÉ M. XIBERTA, O. C. D.


SAN SIMÓN STOCK Y LA VIRGEN DEL CARMEN


En la madrugada del 16 de Julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se apareció a San Simón Stock, superior general de la Orden, al que le entregó sus hábitos y el Escapulario, principal signo del culto mariano carmelita.

La Santísima Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo, promesa que ha sido respaldada por los Pontífices.

La iconografía principal de la Virgen la muestra portando dicho escapulario.
   

viernes, 15 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN ISIDRO LABRADOR


El campo de Castilla quedó para siempre iluminado y fecundado por la paciencia, por la inocencia y por el trabajo de este héroe del arado y de la azada San Isidro, patrono de la capital de España. Fué un humilde trabajador de la villa de Madrid, poco después de haber sido conquistada a los moros por los reyes de Castilla.
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Nació en 1081, según unos, otros hacia 1100, de padres piadosísimos que acertaron a inculcar en el corazón del niño el amor a Dios y a su bendita Madre, el amor al prójimo, la caridad en grado heroico y la humildad; se ignoran sus nombres, pero basta lo dicho para predicarlos dichosos y dignos de eterna memoria a los ojos de los hombres, y a los ojos de Dios. Cuando sembraba decía: "En nombre de Dios; esto para Dios, esto para nosotros, y esto para las hormigas."
A los pobres daba el santo más de lo que podía; tenía siempre presentes los santos consejos que el anciano y santo Tobías daba a su querido hijo: "Si tuvieres mucho, da abundantemente; y si poco, procura de aquello poco dar algo, de buena voluntad." Daba compasivo parte del grano a los pajaritos ateridos y hambrientos en invierno y jamás mermaron los sacos.
No cultivaba su propio campo, sino el campo de su amo Juan de Vargas; pero aunque pobre no había nadie ni más alegre ni más feliz que él.
María Toribia, su mujer, era también una santa; ambos eran compasivos con los más pobres que ellos, bienhechores con todos los desgraciados.
Como él era generoso con sus compañeros Dios lo era con él. Un día que estaba acosado por la sed, una fuente de agua clara brotó junto a sus pies. Tuvo émulos que le acusaban a menudo ante su amo de abandonar el trabajo y descuidar la hacienda, y queriendo Juan de Vargas averiguar lo que pasaba, se escondió en lugar cercano al barbecho, y cuál no sería su asombro al encontrar que un ángel labraba la tierra mientras su criado rezaba a la Virgen en una ermita cercana. Parece ser que varias veces y en diversos sitios cercanos a Madrid, hizo brotar agua para apagar la sed que devoraba a su amo que en tiempo caluroso se acercó a la besana; consérvase la ahijada con que hirió el suelo e hizo brotar el agua; la fuente perdura hoy y sana a los enfermos que con fe beben el agua.
Cayó su hijo en un hondo pozo y creyeron todos que se había matado. Al acercarse al brocal salió a flote la criatura como si nada le hubiera ocurrido; el niño sin embargo murió muy joven.
Falleció San Isidro, ya muy viejo, en 1172, dejando en España el ejemplo maravilloso de una vida pobre y laboriosa, y, al mismo tiempo iluminada por la alegría y ennoblecida por la santidad.
Se ha conservado incorrupto su cuerpo, y Dios le ha defendido del furor de los marxistas.
Distinguióle el cielo después de muerto con el don de milagros; sólo referiremos que sacó de la agonía sano y salvo al Rey Felipe III, quien agradecido suplicó la beatificación de San Isidro, y Paulo V publicó la Bula en 1619. Felipe IV puso empeño en que el Papa le canonizase solemnemente, lo que efectuó el 22 de marzo de 1622, junto con los insignes santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri.
¡Amable santo! Dios ha exaltado en ti la vida inocente, pacífica, trabajadora, abnegada, henchida de espíritu de fe y de amor de la gente hispana labradora, mira desde el cielo a tantos miles y millones que siguen animosos tus huellas, bendice sus empresas, alegra sus hogares y hazles comprender que son, si de verdad lo quieren, los verdaderos reyes de la naturaleza que nos rodea, que nos sustenta. Sirva de templo espléndido a los labriegos el ancho cielo estrellado por la noche, y por el día la redondez de la tierra toda, con todas sus maravillas, todo ello iluminado por el astro rey y presidido por el hombre constituido por Hacedor Supremo, Rey universal de todo lo visible, en espera de escalar un día las esferas de lo invisible.

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 848 y siguientes

jueves, 14 de mayo de 2026

S A N T O R A L

La Ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los Cielos

 Hay tres jueves en el año
 que relucen más que el sol,
Jueves Santo, Corpus Christi
 y el día de la Ascensión
Después que resucitó el Salvador del mundo, ya impasible y glorioso, estuvo acá en la tierra cuarenta días, subió á los cielos y volvió al lugar, de donde había bajado, para dar fin y cumplimiento á la obra, que el Padre Eterno le había encomendado.
San Lucas evangelista, en el libro de los hechos apostólicos dice, que después de la pasión se mostró á los apóstoles por espacio de cuarenta días, probando que verdaderamente había resucitado por muchos medios y señales, apareciéndoles y habiéndoles del reino de Dios. No estaba el Señor en este tiempo siempre con sus discípulos, ni siempre se les aparecía, sino de cuando en cuando; para que por una parle se confirmasen en la fe de la resurrección, viéndole vivo y que hablaba, comía y trataba con ellos; y por otra, para que poco á poco se acostumbrasen á carecer de su presencia corporal, y sintiesen menos la ausencia que, subiendo á los cielos, había de hacer el día de su maravillosa ascensión. Tomó cuarenta días para conversar con los suyos: porque corno había estado cuarenta horas muerto, le viesen cuarenta días vivo, y por aquí viésemos, cuanto más liberal es Dios en los consuelos, que en las penas, y en los gozos que en los trabajos; pues las penas se miden por horas, y los gozos y consuelos por días. Dice más san Lucas, que en este tiempo hablaba el Señor con sus discípulos del reino de Dios: porque aunque todas las palabras, que habló Cristo nuestro Redentor en su vida, fueron enderezadas para ensoñamos en qué consiste el reino de Dios, y por qué camino habernos de ir á él; todavía después de su santa resurrección hablaría más claramente de la grandeza y excelencia del reino de los cielos, así porque él ya dejaba sus discípulos corporalmente, y se iba á él, como porque los mismos discípulos estaban más hábiles para entender aquella doctrina, que les enseñaba, de cosa tan alta y que tanto excede nuestra capacidad: y asimismo les hablaba del reino de Dios; porque les declaraba el gobierno de su Iglesia, que es su reino, y sus vasallos son los fieles, los cuales el mismo Señor, como rey soberano, gobierna por sus ministros exteriormente, é interiormente por los dones y gracias, que infunde en las almas, justificándolas y guiándolas á la bienaventuranza.
De este reino de Dioses de creer, que habló Cristo á los sagrados apóstoles, enseñándoles muchas cosas de la armonía y jerarquía de la Iglesia, y de los grados de las órdenes eclesiásticas, y del sumo Pontífice, que como cabeza y Pastor supremo preside á todos, y que del aprendieron el número, las formas y materias necesarias de los sacramentos, y las ceremonias y ritos, con que para mayor ornato de la Iglesia se habían de administrar, y especialmente del modo de celebrar el sacrosanto misterio de la Misa, y ofrecerle por los vivos y por los muertos; de la intercesión de los santos, y del afecto y devoción, con quo habernos de procurar su favor; de los preceptos, que nos da la Iglesia, para que con ellos más fácilmente guardemos los preceptos de Dios; del ayuno, del celebrar las fiestas, y honrar á los santos y adorar sus imágenes y reliquias; y de otras cosas como estas: porque habiéndolas guardado todas la santa Iglesia desde sus principios, con tanta piedad, religión y constancia; de creer es, que todas nacieron de Cristo, como de su fuente, y que en aquellos cuarenta días, que habló con sus apóstoles del reino de Dios, y del gobierno de su Iglesia, él se las declararía.

Habiendo, pues, nuestro celestial Maestro, enseñado á sus apóstoles las maravillas del reino de Dios, y confirmándolos en la fé de su resurrección, determinó subir á los cielos en cuerpo y en alma, y como nobilísimo triunfador, entrar triunfando en aquella imperial ciudad, acompañado de aquel ¡numerable ejército de cautivos, que con su sangre había rescatado, porque así convenía á su gloria y nuestro provecho. A su gloria convenía; porque habiendo resucitado de una vida pasible y mortal, á otra impasible é inmortal, no era decente, que su cuerpo glorioso estuviese en la tierra, que es lugar de generación y corrupción, sino en el cielo, que es incorruptible, lugar propio de los cuerpos glorificados. Convenía á la grandeza del Señor, que se había humillado y abatido tanto por nosotros, que él mismo dijo de sí: Yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y deshecho y menosprecio de la gente, que fuese glorificado y ensalzado, no solamente sobre todos los hombres, pero sobre todos los coros de los ángeles, y colocado á la diestra del Padre. Convenía á su bondad que nos declarase, que su reino no era de la tierra, como los judíos esperaban y los apóstoles al principio pensaban, sino del cielo, y que no consiste en los bienes caducos y frágiles de esta vida, que por mucho que duren, con ella se acaban; sino en los espirituales y eternos; y que no tiene mas parte en el remo de Cristo el más noble, ni el más honrado y más rico y abundante de los bienes temporales, sino el que con más ansia sube con Cristo al cielo, y anhela á la bienaventuranza. Convenía asimismo, que con esta subida á los cielos nos enseñase, que no es este mundo nuestra patria, sino cárcel y destierro, y que las almas cristianas y puras, aunque el cuerpo esté en la tierra, deben morar por deseo, donde está todo su bien: y este también es nuestro provecho; porque de tal manera hizo el Señor sus obras, que en ellas siempre juntó su gloria y nuestro bien, como se ve en esta ascensión del Señor, de la cual se derivan á nosotros muchas y muy grandes utilidades: porque primeramente aprovechó esta gloriosa subida del Señor para mayor perfección de nuestra fé; porque á la condición de la fé pertenece, que no se vean las cosas que cree: para lo cual fué conveniente, que este Señor, que fué el objeto principal de nuestra fé, se ausentase de nuestra vista, para que así fuese nuestra fé de otra condición, que la de santo Tomás, á quien dijo el Señor: Porque me viste, Tomás, creíste bienaventurados los que no vieren: de suerte, que nuestra fé, que no consiste en ver con los ojos corporales y tocar con las manos, sino en no ver y creer, con la subida del Señor al cielo se hizo más robusta; y así dijo san León papa: diste vigor y esta virtud es propia de razones grandes, y una lumbre de almas verdaderamente fieles, creer sin alguna duda lo que con los ojos corporales no se ve, y llegar con el deseo á donde no puede llegar la vista. Demás de esto, fuénos provechosa la ascensión del Señor; porque con ella se aviva y asegura nuestra esperanza; porque él mismo dijo, que iba á aparejarnos el lugar, como lo hizo, subiendo al cielo; porque no subió solamente para sí, sino para todos nosotros, y como cabeza nuestra lomó la posesión de aquella gloria para sus miembros. Rompió los cerrojos, con que habían sido cerradas las puertas del cielo por el pecado de Adán: abriónos el camino, para que nosotros pudiésemos llegar á aquella celestial bienaventuranza; y para que tuviésemos más ciertas prendas y seguras de este tan gran bien, llevó consigo las almas de aquellos santos Padres, que había librado del limbo: y así dijo el Señor hablando con el Padre Eterno antes de su pasión: «Padre yo quiero, que los que Vos me habéis dado estén conmigo, donde Yo estoy». Por esto dijo san León papa: «La ascensión de Cristo es nuestro aprovechamiento; porque donde precedió la gloria de la cabeza, allí tiene el cuerpo esperanza de llegar: y no solamente habernos entrado en la posesión del paraíso; mas en Cristo habernos penetrado hasta lo más alto del cielo». Esto es de san León papa. Porque aunque en su pasión nos mereció Cristo este reino y nos adquirió el derecho que tenemos á él; más en la ascensión de hecho nos abrió el camino, y nos mostró, que ya el cielo está conquistado, y la posesión está tomada en nuestro nombre. Pues la caridad, ¿cómo se inflama con esta subida del Señor? Porque si donde está nuestro tesoro, allí esta nuestro corazón, y todo nuestro tesoro es Cristo; ¿dónde es razón que esté nuestro corazón, sino donde está Cristo? ¿Y que estando nuestro tesoro en el cielo; no esté nuestro corazón en la tierra? En el cielo ha de estar nuestro amor, nuestra esperanza, nuestra alegría y nuestros pensamientos y nuestros deleites.
Allí está todo nuestro bien; y mucho más debemos estar colgados de él, que este mundo inferior lo está de las influencias del cielo. Para esto nos es de gran motivo la ascensión del Señor, como lo fué á los apóstoles, á los cuales él mismo dijo, que no recibirían al Espíritu Santo, si él primero no subiese á los cielos; porque con su presencia corporal estaban entretenidos y recreados, y miraban aquella sagrada humanidad con ojos de carne, y no subían á la consideración de la magestad inmensa de la divinidad, como lo hicieron después que el Salvador subió á los cielos. También por otra razón fué de grandísimo provecho para nosotros esta subida del Señor: porque así como en la tierra hizo oficio de Redentor; así ahora en el cielo hace oficio de nuestro abogado, como lo dice el amado discípulo por estas palabras: «Hijos míos, esto os escribo, para que no pequéis; pero si alguno pecara, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo su Hijo, el cual es propiciación por nuestros pecados». Y no solo es abogado; mas también es gobernador, proveedor y defensor de su Iglesia; con la cual está y estará, como él lo prometió, hasta el fin del mundo, no solamente en la sacrosanta Eucaristía, en la cual, partiéndose de nosotros, se nos dejó para nuestro remedio y consuelo, sino asistiéndola y gobernándola con su admirable é inefable providencia: porque todos los dones y todas las gracias que continuamente se reparten del cielo á toda la Iglesia y á cada uno de los fieles, se reparten por medio de esto Señor, que es la fuente de gracia; y así dice san Pablo, que á cada uno se da la gracia, según la medida con que Cristo la da y reparte. Así que la ascensión del Señor, fué muy gloriosa para él, y muy provechosa para nosotros, como se ve por lo que hasta aquí habernos dicho.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

S A N T O R A L


SAN MATIAS APÓSTOL

UN NUEVO APÓSTOL

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Cayó la suerte a Matías, con lo que
fue agregado a los once Apóstoles
(Hechos 1, 26)
San Matías, Apóstol de Cristo, completa con su presencia el coro de bienaventurados que la Iglesia nos invita honrar en este tiempo litúrgico. Matías se unió pronto al séquito del Salvador y fué testigo de todas sus obras hasta la Ascensión. Era del número de los discípulos, pero Jesucristo no le había colocado en el rango de sus Apóstoles. Sin embargo estaba llamado a esta gloria; pues David se refería a él al profetizar que "otro recibiría el Episcopado" que había quedado vacante por la prevaricación de Judas, el traidor. En el intervalo que media entre la Ascensión de Jesús y la venida del Espíritu Santo, el Colegio Apostólico determinó completarse para que el número de doce, fijado por Cristo, quedara completo el día en que la Iglesia, al recibir el Espíritu Santo, se declarase en contra de la Sinagoga. El nuevo Apóstol tuvo parte en toda clase de tribulaciones de sus hermanos en Jerusalén; y el día de la dispersión de los enviados de Cristo se dirigió a las provincias que le habían sido señaladas para evangelizar.

LA ENSEÑANZA DEL APÓSTOL

http://christianismus.files.wordpress.com/2010/02/matias.jpgLas obras de Matías, sus trabajos y sus pruebas nos son desconocidos. En los escritos de San Clemente de Alejandría queda algo de su doctrina; encontramos una sentencia, que nos parece obligación citarla aquí, por tener relación con los sentimientos que la Iglesia nos inspira en este santo tiempo. "Es necesario, dice San Matías, combatir la carne y servirse de ella sin mimarla con satisfacciones culpables. En cuanto al alma debemos desarrollarla por la fe y por la inteligencia". En efecto, habiéndose roto en el hombre el equilibrio por el pecado, y deseando el hombre exterior todo lo de abajo, no podemos restablecer en nosotros la imagen de Dios sino obligando al cuerpo a someterse sin réplica al yugo del espíritu. Agraviado por el pecado original, el espíritu mismo es arrastrado por una resbaladiza pendiente a las tinieblas. Sola la fe le levanta humillándole y el conocimiento es la recompensa de la fe. Esta es, en resumen, la doctrina que la Iglesia procura hacernos comprender y practicar en estos días. Glorifiquemos al que nos ilumina y nos fortalece. La misma tradición que nos da alguna luz sobre la vida apostólica de San Matías, nos dice, que sus trabajos fueron coronados con la palma del martirio, pero sin precisar si fué en Etiopía o en Judea. 

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer

Tomo I pag. 797 y siguientes