viernes, 4 de septiembre de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

S A N T O R A L

SAN MOISÉS, LEGISLADOR Y PROFETA

Fué hijo de Amram y de Jocabed, y nació 1571 años antes de Jesucristo.
Viendo el rey de Egipto que los hebreos se multiplicaban tanto y que llegarían á ser un pueblo temible por su número, dio un edicto por el cual disponía que fuesen arrojados al Nilo todos los niños varones que naciesen de madre israelita. Jocabed guardó á su Moisés, por espacio de tres meses, al cabo de los cuales tomó un cesto de juncos, lo empegó, metió al niño en él, y lo puso sobro las aguas del Nilo. Termulis, hija del rey, que se paseaba después por la orilla, viendo flotar el canastillo, mandó que lo sacasen, y prendada de la belleza del infante, quiso que se salvase, y lo hizo criar á sus expensas. Tres años después la misma princesa le adoptó por hijo suyo, lo llamó Moisés, que quiere decir «sacado de las aguas», y le hizo instruir en todas las ciencias de los egipcios; pero sus padres, á quienes había sido confiado por una feliz casualidad, se dedicaron con todo cuidado á enseñarle la religión y la historia de sus mayores.

Algunos historiadores cuentan muchas particularidades de la juventud de Moisés, que sin embargo no se apoyan en ninguna relación de la Escritura, á la cual nos limitaremos. Por esta sabemos, pues, que á la edad de cuarenta años salió de la corte de Faraón para ir á visitar á los de su nación, que la crueldad de sus dominadores agobiaba con excesivos y crueles tratamientos. Habiendo encontrado un día á un egipcio que maltrataba á un hebreo, le mató, suceso que, habiéndose hecho público, obligó á Moisés á dejar los estados de Faraón y refugiarse en el país de Madian, donde tomó por esposa á Séfora, hija del sacerdote Jetró, de la cual tuvo dos hijos, Gersam y Eliezer. Por espacio de cuarenta años el que había de ser libertador de Israel estuvo apacentando en aquel país los ganados de su suegro, hasta que un día, conduciendo las ovejas á lo interior del desierto, en la montaña de Horeb se le apareció el Señor en medio de una zarza que ardía sin consumirse, y le mandó que fuese á romper el yugo de sus hermanos, visión que se halla explicada de una manera llena de interés é instrucción en los capítulos tres y cuatro del libro del Éxodo.

Moisés se resistió al principio, pretextando su inutilidad y el poco crédito que se daría á sus palabras; pero Dios venció esta resistencia por medio de dos prodigios. Juntándose, pues, él y su hermano Aarón, marcharon á la corte, y presentándose á Faraón le intimaron que Dios le mandaba permitiese á los hebreos ir al desierto á ofrecerle sacrificios, pero el impío monarca se burló de aquella orden y redobló la crueldad con que trataba ya á los israelitas. Los dos enviados de Dios se volvieron; pero presentándose luego por segunda vez, se esforzaron en persuadir á Faraón, seducido por los encantamientos de sus magos, á los cuáles confundieron por medio de algunos portentos. El obstinado príncipe atrajo con su ceguera espantosas calamidades sobre su reino, de las cuales la décima y última fué la muerte de los primogénitos de Egipto, que en una sola noche fueron todos muertos por el ángel exterminador, desde el primogénito del mismo rey Faraón hasta el primogénito del último de los esclavos y animales.

Semejante catástrofe ablandó por un momento el corazón endurecido del monarca, que dio permiso á los israelitas para marcharse donde querían. En virtud de esta orden salieron los hebreos de Egipto el día 15 del mes de Nisan, desde cuyo día empezó en adelante á contar los años el pueblo escogido en memoria del recobro de su libertad. Cuando salieron de Ramesses eran en número de seiscientos mil hombres, sin contar las mujeres y los niños, llevando consigo innumerable número de ovejas y ganados mayores y bestias de diversos géneros. Apenas hablan llegado los hebreos á la orilla del mar Rojo, Faraón y los suyos, arrepentidos de haberles dejado salir de Egipto, corrieron detrás de ellos con un ejército poderoso; pero Moisés extendió su vara sobre el mar, las aguas se dividieron, los israelitas pasaron al otro lado á pié enjuto, y los egipcios que quisieron seguirlos, quedaron envueltos y ahogados entre las olas que habían tornado á su estado natural por medio de un fuerte viento que el Señor había hecho soplar. Ni uno solo quedó con vida del ejército de Faraón: el Egipto quedó asolado y humillado con aquel terrible suceso, y Moisés desde el otro lado del mar, entonó aquel admirable y célebre cántico de acción de gracias que empieza: Cantemus Domino, y que se halla en el capítulo quince del citado libro del Éxodo.

Desde entonces caminó el pueblo hebreo por el desierto en paz y libertad, y dirigiéndose hacia el monte Sinaí, llegó á Mará donde no encontrando más que aguas amargas, Moisés las endulzó por un prodigio para que se hiciesen potables. En Rapludim, que fué la décima sexta jornada, faltó el agua; pero el divino libertador la hizo salir de una roca de Horeb golpeándola con su vara. El Señor se indignó en aquella ocasión contra Moisés, por la especie de desconfianza ó falta de fé que había mostrado, golpeando dos veces seguidas la roca y empleando la milagrosa vara, en lugar de mandar sencillamente que saliese el agua conforme a la orden que se le había dado. Entonces y en aquel mismo sitio llegaron los amalecitas para pelear contra Israel, y mientras Josué los rechazaba y los vencía, Moisés, colocado en la eminencia de un collado, tenía las manos levantadas al cielo y se las sostenían Aarón y Hur. Los amalecitas quedaron completamente derrotados, y los hebreos siguiendo su camino, llegaron por fin á la falda del monte Sinaí el día tercero del noveno mes después de su salida de Egipto. Moisés subió á la cumbre, y en medio de rayos y truenos recibió la ley que había de dar al pueblo y concluyó la famosa alianza entre el Señor y los hijos de Israel.

Mientras esto pasaba en la montaña, aquel pueblo desagradecido que se entregaba á la murmuración con tanta frecuencia, pidió á Aarón un Dios visible, y fabricó el becerro de oro al cual erigió un altar. Cuando Moisés bajó de la montaña con las tablas de la ley, y vio á los israelitas entregados á tan infame idolatría, se llenó de justo horror, rompió las tablas de la ley, y mandó pasar á cuchillo veinte y tres mil de los prevaricadores. Después subió otra vez á la montaña, y habiendo alcanzado el perdón de Dios para su pueblo, trajo otras dos tablas como las primeras, en las cuales estaba escrita la ley. Cuando bajó esta vez, la cara de Moisés despecha rayos de luz tan viva, que el pueblo no podía mirarlo y fué preciso que se cubriese con un velo. Empezó entonces á fabricar el tabernáculo según el diseño que el mismo Dios le había indicado, hizo su dedicación, consagró á su hermano Aarón y á sus hijos para ser sus sacerdotes y destinó á los levitas para su servicio. Escribió asimismo todo lo concerniente al culto divino y al gobierno político del pueblo; y después de haber arreglado todas estas cosas, condujo los israelitas á los confines del país de Canaan al pié del monte Nebo. Entonces le mandó el Señor que subiese á la cúspide de esta misma montaña, desde donde le mostró la tierra prometida en la cual no podría entrar. Efectivamente, Moisés murió allí á la edad de ciento y veinte años, el 1451 antes de Jesucristo, dejando á su pueblo y á los siglos futuros de todo el universo la idea de un hombre extraordinariamente favorecido de Dios y conducido por sus caminos, de un genio elevado y vasto, y de un legislador ilustrado y profundo. Moisés es incontestablemente el autor de los cinco primeros libros del antiguo Testamento, conocidos con el nombro de Pentateuco, que los judíos y todas las Iglesias cristianas han reconocido por inspirados. La iglesia católica le ha colocado entre sus santos y celebra en este día su memoria.


Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

jueves, 3 de septiembre de 2026

S A N T O R A L

SAN GREGORIO EL MAGNO, 
PAPA Y DOCTOR DE LA IGLESIA

SU NOMBRE

Entre todos los pastores que Cristo ha dado a la Iglesia Católica para representarle en la tierra, ninguno ha sobrepujado en méritos y renombre al santo Papa que hoy celebramos. Su nombre, Gregorio, significa vigilancia; su sobrenombre es Magno, que ya poseía cuando Gregorio VII ocupó la sede de Pedro. Estos dos Papas son hermanos y todo el mundo católico los confunde en un mismo amor y una admiración común.

EL ORGANIZADOR DE LA LITURGIA


Este, cuya memoria celebramos, es ya conocido por los fieles que se interesan en seguir a la Iglesia en la Liturgia. Pero sus trabajos sobre el servicio de Dios, en todo el curso del año, no se han limitado a enriquecer nuestros oficios con algunos cánticos, sino que además, todo el conjunto de la liturgia romana le reconoce por su principal organizador. Fué quien recogiendo y poniendo en orden las oraciones y ritos instituidos por sus predecesores les dió la forma que conservan aún hoy día. El canto eclesiástico recibió igualmente de él su último perfeccionamiento; el celo del santo pontífice por recoger las antiguas melodías de la Iglesia, por sujetarlas a reglas y disponerlas según requería el servicio divino, han hecho que su nombre vaya siempre unido a esta obra musical tan grandiosa que proporciona tanta majestad a las funciones sagradas y que contribuye tan poderosamente a preparar el alma del cristiano al respeto de los misterios y al recogimiento y piedad.

EL DOCTOR


Pero la influencia de Gregorio no se reduce a estos trabajos que bastarían para inmortalizar a otro pontífice. Cuando él fué dado a la cristiandad, la Iglesia latina contaba sólo con tres grandes doctores: Ambrosio, Agustín y Jerónimo; la ciencia de Gregorio le concedió el honor de añadir su nombre al de aquellos. El conocimiento de las sagradas Escrituras, la penetración de los divinos misterios, la unción y la autoridad, indicios de la asistencia del Espíritu Santo, dominaban por entero en sus escritos; y la Iglesia se alegra de haber recibido en él un nuevo maestro en la doctrina sagrada. El respeto que se ha tenido a todo lo que salió de la pluma de tan gran doctor, ha preservado de la destrucción su inmensa correspondencia; y en ella se puede ver que no hay tema en el mundo cristiano que su infatigable mirada no haya tratado; no hay cuestión religiosa, lo mismo personal que local, en Oriente como en Occidente, que no hayan alcanzado los esfuerzos de su celo y en la que no haya intervenido como pastor universal. Elocuente lección dada por los actos de un Papa del siglo vi a estos innovadores actuales que han pretendido tan osadamente sostener que la prerrogativa del Pontífice Romano no tenía por base más que documentos fabricados más de dos siglos después de la muerte de San Gregorio.

EL APÓSTOL

En la Sede apostólica apareció el heredero de los apóstoles no sólo como depositario de su autoridad, sino también como asociado a su misión de llamar a la fe a todos los pueblos. Ahí está Inglaterra para atestiguar que si conoce a Jesucristo, si ha merecido ser llamada durante tantos siglos la Isla de los Santos, lo debe a San Gregorio Magno. Movido a compasión hacia los ingleses de quienes, según decía quería hacer ángeles, envió en 596 a la isla al monje Agustín con cuarenta compañeros, todos hijos de San Benito como él. El Papa vivió el tiempo suficiente para poder recoger en ese campo la cosecha evangélica.
Es de ver el entusiasmo del santo anciano cuando nos muestra el "Alleluia y los himnos romanos repetidos en una lengua acostumbrada a los cantos bárbaros, el océano allanado bajo los pies de los santos, las olas de pueblos indómitos calmadas a la voz de los sacerdotes".

EL SANTO

Pero ¿quién podrá pintar las virtudes que hicieron de Gregorio un prodigio de santidad? Ese desprecio del mundo que le hizo buscar un asilo en la santidad del claustro, esa humildad que le llevó hasta a huir de los honores del pontificado, de tal modo que se necesitó un prodigio de Dios para revelar el escondrijo donde se hallaba él, cuyas manos eran tanto más dignas de tener las llaves del cielo, cuanto más pesadas fuesen; ese celo por toda su grey considerándose él como su esclavo y no como su jefe, honrándose del título de servidor de los servidores de Dios; esa caridad para con los pobres que no tuvo límites; esa solicitud infatigable de la que nadie dejó de beneficiarse y que de todo se ocupó, de las calamidades públicas, de los daños de la patria y de las desgracias particulares; esa constancia y amable serenidad en medio de los mayores sufrimientos que cayeron sobre su cuerpo durante todo el tiempo de su pontificado, esa firmeza en conservar la fe y en perseguir el error en todas partes; en fin, esa vigilancia por la disciplina que fué renovada y sostenida por él durante varios siglos en toda la Iglesia; tantos servicios, tantos insignes ejemplos han impreso la memoria de Gregorio en todos los cristianos con rasgos que jamás se borrarán.

VIDA

San Gregorio nació en Roma hacia 540. Primero se dió a la política; más tarde, en 571 llegó a ser sacerdote en Roma; fundó seis monasterios con su rico patrimonio y se hizo monje. Después de nombrado cardenal-diácono en 577, fué enviado como legado a Constantinopla para representar a la Iglesia Romana cerca de Tiberio. Vuelto a Roma en 584, volvió a entrar en su monasterio donde fué elegido Abad. En 590 tuvo que aceptar el Papado y fué consagrado en San Pedro el 3 de septiembre. Fué ejemplo para todo el episcopado por su celo y sus virtudes; donde la fe católica no estaba muy segura, él la restableció; reprimió a los herejes, envió misioneros a Inglaterra, defendió los derechos de la Iglesia, organizó el culto y el canto litúrgico, fijó las iglesias estacionales, escribió varios comentarios de las Sagradas Escrituras. Obró muchos milagros y murió en 604 el año 13 de su pontificado.

SÚPLICA POR LA JERARQUÍA

Padre del pueblo cristiano, vicario tanto de la caridad como de la autoridad de Cristo, Pastor vigilante, el pueblo cristiano a quien con tanta fidelidad has amado y servido se dirige a ti con toda confianza. Ya que nunca has olvidado a tu querida grey escucha hoy su oración. Protege y dirige al Sumo Pontífice que hace las veces de Pedro y las tuyas; dale luces en sus consejos y fortifica su voluntad.
Bendice a toda la jerarquía que te debe tan buenos preceptos y tan admirables ejemplos. Ayúdales para que mantengan inviolable el depósito de la fe; ayúdales en sus esfuerzos por restablecer la disciplina eclesiástica, sin la que todo es desorden y trastorno. Dios te escogió para ordenar el culto, la sagrada liturgia, en el pueblo cristiano; intercede para que de nuevo se vuelva a esta manera de oración que se ha olvidado casi por completo. Estrecha cada vez más el lazo vital de las Iglesias en la obediencia a la cátedra de Roma, fundamento de toda fe y fuente de toda autoridad espiritual.

SÚPLICA POR LA UNIDAD DE LA IGLESIA

Viste el comienzo del cisma que desgarró el oriente de la comunidad católica. Poco después, por desgracia, Bizancio consumó la ruptura; como castigo de su crimen quedó reducida a la esclavitud y todavía esta infiel Jerusalén no ha reconocido la causa de sus desventuras. Pontífice santo, te suplicamos que ya que la justicia tuvo su cumplimiento, la misericordia también tenga el suyo; formen el único aprisco las ovejas que el cisma alejó de él.

SÚPLICA POR INGLATERRA

¡Acuérdate, apóstol de todo un pueblo!, acuérdate de Inglaterra que recibió de ti la fe cristiana. Esta isla tan querida de ti, en la que con tanta abundancia fructificó la semilla que tu arrojaste se ha hecho infiel a la Sede de Roma y ha acogido en su seno toda clase de errores. Hace ya siglos que se apartó de la fe verdadera; pero sin embargo, parece que la misericordia divina se inclina hacia ella en nuestros días. Ayuda, pues, a la nación que tú engendraste para Jesucristo; ayúdala a descorrer el velo que la oculta la verdad. A ti te corresponde reanimar la llama que ella ha dejado extinguirse. Haz que vea de nuevo brillar sobre sí la luz y su pueblo forjará como en otro tiempo, héroes propagadores de la religión y santificadores del cristianismo.

SÚPLICA POR TODOS LOS FIELES

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Ruega también por toda la grey de los fieles que se entrega a las obras de penitencia en estos días de Cuaresma; alcanza para ella la compunción de corazón, el amor a la oración y el sentido de los misterios divinos. Aún leemos las homilías que tú predicaste al pueblo romano en este tiempo de Cuaresma; la justicia y la misericordia de Dios permanecen inmutables; haz que nuestros corazones se conmuevan con el temor y se consuelen por medio de la esperanza. Y puesto que la aspereza de las leyes eclesiásticas que prescriben el ayuno y la abstinencia nos espantan con frecuencia, danos ánimos y reaviva en nuestros corazones el espíritu de sacrificio; que tu intercesión ante Dios nos alcance la gracia de ser verdaderos penitentes así como nos ilustran tus ejemplos y nos sirven de guía tus enseñanzas; para que oigamos de nuevo, con la alegría de una conciencia limpia, el Alleluia que nos enseñaste a cantar en la tierra y que esperamos repetir contigo en la eternidad.
Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer



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Relicario con la Hostia del Milagro, 
conservada hasta hoy

Este Milagro Eucarístico, cuya reliquia se conserva aún en el monasterio benedictinode Andechs, en Alemania, ha sido certificado por numerosas fuentes escritas. Entre las obras más importantes en las que se menciona este Milagro Eucarístico, destaca la Vita Beati Gregorii Papae, escrita por el Diácono Paoloen el año 787. Corría el año 595, cuando el milagro se manifestó durante una celebración eucarística presidida por el Papa San Gregorio Magno, quien fue testigo en primera persona.
En aquellos tiempos era uso común llevar a la celebración eucarística el pan preparado en casa de los mismos fieles. El Papa San Gregorio Magno celebraba la Misa un domingo en la antigua iglesia dedicada a San Pedro. En el momento de la comunión, vio que entre los fieles había una mujer, que había preparado el pan, que reía a carcajadas. Con gran turbación, el Papa la reprendió y le preguntó el motivo de tal actitud. 
Domenico de Cresti. Misa
milagrosa de San Gregorio Magno
La mujer se justificó diciendo que no llegaba a entender cómo fuese posible que aquel pan que ella misma había preparado con sus manos, ahora, gracias a las palabras de la consagración, se convierta en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. San Gregorio le prohibió comulgar e imploró a Dios que la iluminase. Cuando terminó su oración, vio que la fracción preparada por la mujer se convertía en carne y sangre. La mujer, con gran arrepentimiento, se arrodilló y comenzó a llorar. Aún hoy, una parte de la Reliquia del Milagro se conserva en Andechs, Alemania, en el monasterio benedictino.