viernes, 28 de julio de 2017

S A N T O R A L

 

CONMEMORACIÓN DE MUCHOS SANTOS MÁRTIRES DE LA TEBAIDA, EN EGIPTO

Por los años 250 de Jesucristo publicáronse en Egipto los edictos de Decio y Valeriano que condenaban á muerte á todos los que profesaban la ley del Evangelio.
Muchos fueron llevados al suplicio; los cuales deseaban acabar pronto al golpe del cuchillo por el nombre do Cristo; más el enemigo astuto buscando prolijos tormentos para matarlos despacio, deseaba que antes perdiesen las almas que los cuerpos. Uno de ellos habiendo vencido el tormento del potro, y de las planchas y sartenes ardiendo, untado de miel, fué puesto desnudo á los ardores del sol, atadas las manos á las espaldas, para que lo comiesen los tábanos y moscas.
A otro, atado entre blandas y hermosas flores, le llevaron una mujer deshonesta para incitarle á la sensualidad; pero el santo se corló la lengua con los dientes y la escupió a la cara de la ramera.
En fin todos fueron martirizados por medio de tormentos exquisitos; pero ni uno solo vaciló en la fé.


Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.











Martires de la Tebaida


"No hay palabras que alcancen a decir las torturas y los dolores que sufrieron los mártires de la Tebaida, lacerados en todo el cuerpo con cascos en vez de garfios, hasta que expiraban, y las mujeres que, atadas en alto por un pie y tironeadas hacia abajo por la cabeza mediante poleas, con el cuerpo enteramente desnudo, ofrecían a las miradas de todos el más humillante, cruel, deshumano de los espectáculos.Resultado de imagen para Martires de la Tebaida
Otros morían encadenados a los troncos de los árboles. Por medio de aparatos, en efecto, los verdugos doblaban, reuniéndolas, las más duras ramas y ataban a cada una de ellas las piernas de los mártires: dejaban luego que las ramas volvieran a su posición natural, produciendo por lo tanto un total descuartizamiento de los hombres contra quienes concebían tales suplicios.
Todas estas cosas no ocurrieron durante unos pocos días o por breve tiempo, sino que duraron por un largo período de años; cada día eran muertas alguna vez más de diez personas, otra vez más de veinte, otras veces no menos de treinta, o hasta alrededor de sesenta. En un solo día fueron hechos morir cien hombres, seguramente con sus hijitos y esposas, ajusticiados a través de una secuencia de refinadas torturas.
Nosotros mismos, presentes en el lugar de la ejecución, constatamos que en un solo día eran muertos en masa grupos de sujetos, en parte decapitados, en parte quemados vivos, tan numerosos que hacían perder vigor a la hoja del hierro que los mataba e incluso la rompían, mientras los verdugos mismos, cansados, se veían obligados a turnarse.
Contemplamos entonces el brío maravilloso, la fuerza verdaderamente divina y el celo de los creyentes en Cristo, Hijo de Dios. Apenas, en efecto, era pronunciada la sentencia contra los primeros condenados, otros desde varios lugares acudían corriendo al tribunal del juez declarándose cristianos, prontos a someterse sin sombra de vacilación a las penas terribles y a los múltiples géneros de tortura que se preparaban contra ellos.
Valientes e intrépidos en defender la religión del Dios del universo, recibían la sentencia de muerte con actitud de alegría y risa de júbilo, hasta el punto que entonaban himnos y cantos y dirigían expresiones de agradecimiento al Dios del universo, hasta el momento en que exhalaban el último aliento.
Maravillosos, en verdad, estos cristianos, pero aún más maravillosos aquellos que, gozando en el siglo de una brillante posición, por la riqueza, la nobleza, los cargos públicos, la elocuencia, la cultura filosófica, pospusieron todo esto a la verdadera religión y a la fe en el Salvador y Señor nuestro, Cristo Jesús.
 (Eusebio, Historia Eclesiástica, VII, 9).

jueves, 27 de julio de 2017

S A N T O R A L

SAN PANTALEON, MARTIR

UN MÉDICO SANTO

La Iglesia oriental celebra hoy uno de sus mayores mártires. Médico de los cuerpos y conquistador de las almas, dícese que, su nombre, que significa fortaleza del león, fué trocado por Cristo, en el instante en que se disponía a morir, en el de Panteleemón que quiere decir, todo misericordioso, símbolo de los bienes que la liberalidad del Señor se disponía a esparcir por la tierra y de la misericordia que obtendrían quienes la demandasen por su intercesión. Sus reliquias fueron distribuidas en numerosas iglesias occidentales y su fama le colocó entre los santos auxiliadores.

VIDA

Verosímilmente Pantaleón procedía de Nicomedia. Su muerte se coloca ordinariamente en los comienzos del siglo IV, hacia el 305, es decir, durante la gran persecución de Diocleciano y Maximiano. Después de haber padecido numerosos suplicios, créese el tiempo después de pentecostés murió decapitado. Su culto se popularizó en seguida extendiéndose por Occidente. Roma le consagró cuatro iglesias. Consérvase en Ravello, cerca de Amalfl, una ampolla que contiene su sangre, la cual se torna en estado líquido, como la de San Genaro, todos los años en el día de su fiesta. Es uno de los patronos de la corporación de los médicos.

PLEGARIA.

Relicario de San Pantaleón en su monasterio del Mon te Athos
Relicario de San Pantaleón en su monasterio del Monte Athos

"¿Qué hay más dulce que la miel, y más fuerte, que el león?" Oh santo Mártir, tú más fuerte que Sansón planteaste y resolviste en ti mismo el enigma: de la fortaleza ha salido la dulzura.  Oh león, que caminas intrépidamente en pos del León de Judá, tú también supiste imitar su inefable mansedumbre; y así como mereció ser llamado eternamente el Cordero, así ha querido que su misericordia resplandezca en su nombre imperecedero por el que, transformando el tuyo terreno, ha querido invitarte al eterno festín de los cielos. Por el honor del que es tu timbre de gloria suplicárnoste justifiques tu nombre más y más. Sé propicio con los que te imploran, con los desgraciados a quienes la triste consunción aproxima cada día a las puertas de la tumba, con los médicos que, como, tú, se desviven por la salud de sus hermanos; ayúdales a hacer llevaderos los padecimientos físicos, a sanar los cuerpos; enséñales, sobre todo, a curar las llagas morales, a salvar sus almas.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

domingo, 31 de julio de 2011


VUELVE A LICUARSE LA SANGRE DE SAN PANTALEÓN

El Monasterio de la Encarnación abrió sus puertas a los fieles para venerar las reliquias de San Pantaleón, cuya sangre se ha vuelto a licuar en la víspera del aniversario de su martirio, como viene siendo tradición desde 1645.
(Efe) El 27 y 28 de julio, festividad de San Pantaleón, ambas reliquias, que normalmente se custodian en el museo del monasterio, estuvieron expuestas en la iglesia, donde se celebraron misas por la mañana y por la tarde.
Para observar mejor la pequeña ampolla con la sangre, colocada dentro de una vitrina, se instalaron dos pantallas de televisión que mostraban una imagen ampliada, a tiempo real, donde se podían observar cómo la parte superior de sangre adoptó un color rojo vivo, indicativo de la licuefacción.
Según ha explicado a Efe Gabriel Ricci, uno de los tres capellanes del monasterio, la sangre no ha dejado de licuarse desde que la trasladaron de Italia al monasterio de la Encarnación en el siglo XVII, en contra de la leyenda popular procedente de Italia que vaticina catástrofes si la sangre no se licua.
"Hay años que ha empezado a licuarse antes y se ha mantenido líquida más tiempo, no es una cuestión matemática y se ve por el color rojo de la sangre, que cuando está coagulada tiene una tonalidad marrón oscura, y al mover la ampolla", ha apuntado.


S A N T O R A L

Los SIETE DURMIENTES HERMANOS, MÁRTIRES

Aunque es muy sabida la historia de los siete hermanos mártires, que llaman Durmientes; todavía quiero yo referirla aquí brevemente, para declarar después la verdad de ella, y lo que se debe tener por cierto.
En tiempo, pues, del emperador Decio se levantó una terrible y espantosa persecución contra la Iglesia de Cristo; porque el emperador era fiero y cruelísimo, y tenía extraño odio contra los cristianos: parte por haberlo sido el emperador Felipe, á quien él había quitado la vida: parte, por la falsa creencia y superstición, con que adoraba á los dioses vanos de la gentilidad, teniéndolos por patrones y conservadores de su imperio. En esta persecución muchos cristianos fueron muertos con exquisitos tormentos en la ciudad de Éfeso, estando el emperador Decio presente: otros desfallecieron: otros huyeron y se ausentaron, por librarse de las manos de tan impío tirano.
Entre los otros cristianos fueron presos siete hermanos, mozos, y de muy gentil disposición y gracia, hijos de un caballero ilustre de allí de Éfeso, que se llamaban Maximiano, Maleo, Martiniano, Dionisio, Juan, Serapión, y Constantino: los cuales fueron presentados delante del emperador, y por mucho que él los tentó, y con halagos y amenazas procuró persuadirles que adorasen á sus dioses; nunca lo pudo acabar con ellos, mostrándose muy valerosos y constantes en la fé de Cristo. El emperador, aunque les mandó quitar los cintos de oro, que como soldados y caballeros traían (que era quitarles la nobleza), no quiso luego ejecutar en ellos su saña y furor: antes movido de cierta compasión vana los dejó para que pensasen mejor lo que les convenía, y se rindiesen á su voluntad. Ellos determinados á morir por Cristo, recogieron la hacienda que pudieron, y repartieron la mayor parte a los pobres: y con lo que de ella les quedó, encomendándose muy de veras á nuestro Señor, y suplicándole que los librase de la violencia de aquel tirano, ó que les diese espíritu y fuerzas para vencerle, y padecer por su amor, se retiraron á una cueva grande y capaz, que estaba cerca de la ciudad, donde pensaban que estarían seguros. Supo esto el emperador, y mandó cerrar la entrada de aquella cueva, de manera, que los santos siete hermanos no pudiesen salir de ella, y muriendo allí de hambre, la misma cueva les sirviese de sepultura. Hízose así: y un cristiano (para que quedase la memoria de tan gloriosos mártires) escribió lo que había pasado y mandado el emperador, en una lámina, y echóla dentro de la cueva, antes que se cerrase.
Murió Decio desastradamente, y sucediéronle los otros emperadores gentiles hasta el gran Constantino, que fué cristiano, y amplificador de nuestra santa religión, y después los demás hasta Teodosio, el menor, hijo del emperador Arcadio, y nieto del gran Teodosio, el mayor: en cuyo tiempo á los veinte, y tres años de su imperio, abriéndose con cierta ocasión la entrada de aquella cueva, se hallaron (no sin gran milagro) aquellos siete hermanos y santos mártires, enteros con sus vestidos y miembros, y sin corrupción, como si todo este tiempo hubieran dormido, y gozado de un dulce y profundo sueño. Confirmáronse de la verdad del milagro el obispo, y gobernador, y toda la ciudad de Éfeso, cuando prendieron á uno de ellos (que era el menor, y había venido á la ciudad á comprar alguna cosa de comer para si, y para sus hermanos) y les contó, como se habían escondido en aquella cueva por temor, de la muerte que les quería dar el emperador Decio: y mucho mas se confirmaron, cuando leyeron en la lámina, que dijimos, la misma historia, que para testimonio de la verdad había Dios ordenado que tanto antes se escribiese y se pusiese en aquella cueva; y así se echaron todos, los que habían concurrido á la cueva, á los pies de aquellos santos y bienaventurados hermanos mártires.
Muchos autores latinos y griegos, que cuentan esta historia, como son, de los latinos, Gregorio Turonense de Gloria confessorum, cap. 93; Sigiberto en su Crónica en el año de 447, y de los griegos, Metafrasle en la historia que escribió de estos siete hermanos Durmientes, referido por Surio en su cuarto tomo; Nicéforo en el lib. xiv, cap.45; y Cedreno en el compendio, á los veinte y tres años de Teodosio, dicen, que verdaderamente estos santos durmieron todo el tiempo que habemos dicho, que fueron ciento setenta y siete años; porque Decio comenzó á imperar el año del Señor de 253, y Teodosio, el menor, el de 407, ciento cincuenta y cuatro años después; y á los veinte y tres años del imperio de Teodosio, que era el de 430 de Cristo, dicen, que se despertaron, ó resucitaron estos santos: y así no fueron sino ciento setenta y siete años; aunque Metafrasle y Nicéforo dicen, que fueron trescientos setenta y dos años; pero es engaño, ó error de la impresión.
Dicen más estos autores: que Dios nuestro Señor los despertó, para que testificasen la verdad de la general resurrección de nuestros cuerpos, que creemos los cristianos y esperamos: porque en el tiempo de Teodosio, dicen, se había levantado una herejía muy perjudicial, que negaba esta resurrección, y muchos la seguían: y que el mismo emperador Teodosio vino á Éfeso por ver este gran milagro, y se postró á los pies de los santos hermanos, y ellos le refirieron, como habían entrado en aquella cueva, y dormido todos aquellos años, y Dios los había despertado, para que declarasen la verdad de la resurrección de nuestros cuerpos, y deshiciesen la mentira de los herejes que enseñaban lo contrario: y que habiendo dado este testimonio, murieron allí en la cueva, y quedaron en ella; porque queriendo el emperador hacerlos poner á cada uno en su caja de oro, los mismos santos mártires le aparecieron y mandaron que los dejase allí.
Esto dicen los autores que habernos alegado; pero el cardenal Baronio en el segundo tomo de sus Anales, y en las anotaciones del Martirologio romano á los 27 de julio, y otros autores dicen, que estos siete, hermanos no se llaman Durmientes, por haber dormido todo este espacio de tiempo que habernos dicho, y despertándose después; sino porque, aunque verdaderamente murieron, los hallaron como dormidos: y porque la muerte de los justos se llama en la sagrada escritura sueño, y el lugar, en que sus cuerpos son sepultados llamamos cementerio, que quiere decir dormitorio: porque dicen estos autores, que no hay memoria en la historias eclesiásticas, que en el tiempo de Teodosio, el menor, se haya levantado herejía alguna contra la resurrección de nuestros cuerpos: ni el concilio efesino, que se celebró, viviendo Teodosio, ni el calcedonense, que se juntó poco después, hacen mención de tal herejía, ni los autores de aquel tiempo, como Próspero Aquilánico,y el conde Marcelino: y finalmente, porque si aquellos santos siete hermanos no murieron antes, sino durmieron, no fuera de tanto peso y eficacia su testimonio para probar la
resurrección; pues no era testimonio de hombres muertos, que habían resucitado, sino de, hombres, que habían dormido y despertado; y así parece á estos autores, que verdaderamente estos santos siete hermanos murieron antes en la cueva por la razón, que dijimos, los llaman Durmientes. De cualquiera manera que ello haya sido (que para Dios nuestro Señor tan fácil es lo uno, como lo otro), los debemos tener, honrar y reverenciar, como á ilustres y gloriosos mártires del Señor; pues padecieron tanto, y dieron sus vidas por su amor.
Hacen mención de estos santos siete hermanos Durmientes á los 27 de julio el Martirologio romano, y el de Usuardo, y los demás modernos; y los griegos en su Menologio á los 4 de agosto, y á los 22 de octubre, que son los días en que entraron en la cueva, y después se descubrieron y hallaron.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

miércoles, 26 de julio de 2017

S A N T O R A L





Santos Ana y Joaquín, padres de laBienaventurada Virgen María


SANTA ANA, MADRE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

LA ABUELA DE JESÚS

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Santa Ana de Beaupré - Patrona de Quebec

Uniendo Ana a la sangre de reyes la de Pontífices, aparece más gloriosa todavía por su incomparable descendencia. Más noble que todas las que han concebido en virtud del "creced y multiplicaos" termina en ella la ley de la generación de toda carne como llegada a su límite, como ante el vestíbulo de Dios. Es el propio Dios quien debe nacer del fruto de su descendencia, hijo, acá abajo, únicamente de la Virgen bendita y nieto al mismo tiempo de Ana y Joaquín.
Antes de haber sido favorecidos con la más alta bendición que unión humana haya podido recibir, los dos santos abuelos del Verbo encarnado conocieron el dolor que purifica al alma. Tradiciones que se remontan a los orígenes del cristianismo, aunque están mezcladas de detalles de escaso valor, nos muestran a los ilustres esposos sumidos en la prueba de una prolongada esterilidad, expuestos por causa de la misma al desdén del pueblo, a Joaquín, rechazado del templo, ocultando su tristeza en el desierto, y a Ana, solitaria, llorando su viudez y su humillación. ¡Qué sentimientos tan exquisitos los de este relato, comparables a los más hermosos que nos han legado los Sagrados Libros!
"Cierto día en que se celebraba una gran solemnidad del Señor, Ana, a pesar de su profunda tristeza, despojose de su vestido de duelo, adornó su cabeza, y se engalanó con sus vestiduras nupciales. Hacia la hora Nona descendió al jardín para pasearse en él. Como viese un laurel, sentose a su sombra y elevó su plegaria en presencia del Señor Dios, diciéndole: ¡Dios de mis padres, bendíceme y escucha mis súplicas de la misma manera que bendijiste a Sara dándole un hijo!
"Y elevando sus ojos al cielo vió sobre las ramas del laurel un nido de pajarillos. Entonces exclamó gimiendo: ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Qué seno me ha llevado para ser de esta manera maldición de Israel?
"¿Con quién me compararé? No puedo hacerlo con los pajarillos del cielo porque ellos han sido bendecidos por ti, Señor.
"¿Con quién me compararé? Tampoco puedo compararme con los animales de la tierra porque también ellos son fecundos ante ti, Señor.
"¿Con quién me compararé? No puedo compararme con las aguas porque ellas de ninguna manera son estériles, como yo, en tu presencia, Señor, pues los ríos y los océanos abundantes de peces, te alaban con su oleaje y con su curso apacible.
"¿Con quién me compararé? Ni siquiera puedo compararme a la tierra misma porque también ella produce sus frutos a su debido tiempo bendiciéndote de esta manera, ¡oh, Señor!".

NACIMIENTO DE NUESTRA SEÑORA

"En esto, apareciéndosele un ángel del Señor la dijo: Ana, Dios ha escuchado tu oración; concebirás y darás a luz, y tu fruto será celebrado en toda la tierra habitada.
"Llegado que hubo el tiempo del alumbramiento Ana tuvo una hija y exclamó: Mi alma ha sido ensalzada en esta hora. Y púsole por nombre a la niña, María. Y cuando estaba dándole el pecho entonó este cántico al Señor.
"Cantaré las alabanzas del Señor mi Dios, porque me ha visitado, ha quitado mi oprobio dándome un fruto Santo. ¿Quién anunciará a los hijos de Rubén que Ana ha dejado de ser estéril.
Escuchad, atended vosotras, las doce tribus: ¡Ana está criando!".
La fiesta de Joaquín, que la Iglesia ha colocado en el segundo día en la Octava de la Asunción de su bienaventurada hija, nos dará ocasión para acabar la delicada exposición de las pruebas y alegrías que él también compartió. Avisado sobrenaturalmente por el cielo para que abandonase el desierto, encontró a su esposa bajo la puerta Dorada que da acceso al templo por la parte de Oriente. No lejos de allí, junto a la piscina Probática, donde los corderos destinados al sacrificio lavaban sus blancos vellones antes de ser ofrecidos al Señor, se levanta en nuestros días la basílica restaurada de Santa Ana, llamada primitivamente Santa María de la Natividad. Allí, en la quietud del paraíso fué donde germinó, sobre la raíz de Jesé, aquel tallo bendito saludado por el Profeta y portador de la flor divina abierta en el seno del Padre antes que comenzasen a existir los siglos. Séforis, ciudad de Ana, y Nazaret, lugar donde vivió María, disputan, es cierto, a la ciudad santa el honor que reclaman en su favor antiguas y constantes tradiciones. Mas nuestros homenajes, ciertamente, no serán perdidos al dirigirlos en este día a la bienaventurada Ana, verdadero campo incontestable de prodigios cuyo recuerdo renueva la alegría de los cielos, el furor de Satanás y el triunfo del mundo.

ANA, SANTUARIO DE LA INMACULADA

Aureolada con la incomparable paz que la circunda, saludemos en ella también la tierra victoriosa que eclipsa los campos de batalla más famosos. Verdadero santuario de la Inmaculada Concepción, en él fué reanudada por nuestra humillada raza la gran batalla iniciada junto al trono de Dios por las escuadras celestiales. Allí, el infernal dragón arrojado de los cielos vió aplastada su cabeza, y Miguel, sobrepujado en gloria, pone gustoso el mando de los ejércitos del Señor en manos de la que desde el principio de su existencia, se declaraba amable Soberana.
¿Qué boca humana podrá narrar el pasmo de los principados angélicos, cuando la serena complacencia de la Trinidad Santísima, pasando desde los radiantes Serafines hasta las últimas categorías de los nueve coros angélicos, inclinó su mirada de fuego a la contemplación de la santidad que súbitamente ha nacido en el seno de Ana? El Salmista había dicho de la ciudad gloriosa cuyos fundamentos se ocultan en la que antaño fué estéril: "Sus fundamentos están puestos sobre los montes santos"; y las celestiales jerarquías que están en las cimas de las colinas eternas descubren desde allí alturas insospechadas que jamás alcanzarán, cumbres tan inmediatas a la divinidad que se apresta a asentar allí su trono. Como Moisés en presencia del zarzal en llamas sobre el Horeb, han sido presas de un santo temor al reconocer sobre el desierto de nuestro mundo despreciable la montaña de Dios, y comprender que la aflicción de Israel en breve cesará. María aunque oculta por la nube que la esconde todavía, es ya desde este momento en el seno de Ana la montaña bendita cuya base, (el punto de partida de la gracia) aventaja la cumbre de los montes en donde las santidades creadas más altas hallan su consumación en la gloria y el amor.

SANTIDAD DE ANA

¡Oh, con cuánta razón Ana, cuyo nombre significa gracia, por espacio de nueve meses fué el lugar de las complacencias del Altísimo, el éxtasis de los espíritus purísimos y la esperanza de toda carne! Sin duda fué María, la hija y no la madre, la que con su fragante perfume atrajo los cielos poderosamente a nuestras humildes regiones. Es propio del perfume impregnar de sí, ante todo, el vaso que la contiene, y aún cuando ya no le contenga, dejar en él su aroma. Acostúmbrase, por lo demás, a que este vaso sea también preparado de antemano con un cuidado exquisito, a que se le escoja de una materia tanto más pura y noble, a que se le realce con tantos más ricos adornos cuanto más rara y exquisita sea la esencia que en él se pretende conservar. Así María, la de Betania, encerró su nardo precioso en alabastro. No creamos que el Espíritu Santo que asiste a la composición de los perfumes celestiales, pudo haber tenido de todo esto menos cuidado que los hombres.

DESTINO MATERNO DE ANA

Ahora bien, el oficio de la bienaventurada Ana estuvo lejos de limitarse, como lo hace el vaso respecto del perfume, a contener pasivamente el tesoro del mundo. De su propia carne tomó un cuerpo aquella de quien Dios tomó carne a su vez y la alimentó con su propia leche; asimismo las primeras nociones prácticas de la vida las recibió de su boca, aún cuando estuviese inundada directamente de la luz divina. Ana tuvo en la educación de su ilustre hija la misma parte que tienen las demás madres. No solamente dirigió los primeros pasos de María al abandonar sus rodillas, sino que fué plenamente la cooperadora del Espíritu Santo en la formación de esta alma y en la preparación de sus incomparables destinos.

PATROCINIO DE ANA

Sic fingit tabernaculum Deo, de esta manera construyó ella un tabernáculo para Dios. Fué esta la divisa que llevaban, en torno de la imagen de Ana cuando instruía a María, las insignias de la antigua corporación de ebanistas y carpinteros que, considerando la confección de los tabernáculos de nuestras iglesias en donde Dios se digna habitar como su obra más elevada, había adoptado a Santa Ana como modelo y augusta patrona. ¡Dichosos tiempos aquellos en que lo que hoy se ha dado en llamar la ingenua sencillez de nuestros padres, progresaba bastante más en el conocimiento práctico de los misterios que la estúpida infatuación de sus hijos se gloría de ignorar! Los trabajos de hilandería, tejidos, costura y bordados, los menesteres de la administración doméstica, patrimonio de la mujer fuerte, exaltada en el libro de los Proverbios pusieron con toda naturalidad también en estos tiempos a las madres de familia, amas de casa, modistas, etc..., bajo la protección directa de la santa esposa de Joaquín. Más de una vez sucedió que aquellas a quienes el cielo hacía pasar por la dolorosa prueba que, bajo el nido de pajarillos, había dictado su conmovedora oración, experimentaron la poderosa intercesión de la dichosa madre de María, recibiendo ellas también la bendición del Señor Dios que había recibido Ana.
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Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer