sábado, 25 de abril de 2026

Santoral


SAN MARCOS EVANGELISTA


San Marcos tomando nota de la predicación del apóstol San Pedro
Beato Angélico, Museo de San Marcos de Florencia, 1433
El León evangélico que asiste ante el trono de Dios, con el hombre, el toro y el águila, es honrado hoy por la Iglesia. Este día vió a Marcos subir de la tierra al cielo, ceñida su frente de la doble corona de Evangelista y Mártir.


EL EVANGELISTA

Al modo como los cuatro profetas mayores Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, resumen en sí la predicación de Israel, así también Dios quiso que la Nueva Alianza descansase sobre cuatro textos augustos, destinados a revelar al mundo la vida y doctrina de su Hijo encarnado. Marcos es discípulo de Pedro. Escribió su Evangelio en Roma bajo la inspiración del príncipe de los Apóstoles. Ya estaba en uso en la Iglesia la narración de Mateo, pero los fieles de Roma deseaban juntar con ella la narración personal de su Apóstol. Pedro no escribe personalmente sino que encarga a su discípulo tomar la pluma y el Espíritu Santo guía la mano del nuevo Evangelista. Marcos sigue la narración de San Mateo; la abrevia pero a la vez la completa.
Una palabra, un detalle, manifiestan que Pedro, testigo de todo, ha inspirado el trabajo de su discípulo. Pero el nuevo Evangelista ¿pasará por alto, o tratará de atenuar la falta de su maestro? Al contrario; el Evangelio de Marcos será más duro que el de Mateo en la narración de la negación de Pedro. Da la impresión de que las amargas lágrimas provocadas por la mirada de Jesús en casa de Caifás no cesaron de correr. Cuando Marcos terminó su trabajo Pedro le reconoció y le aprobó; las iglesias acogieron con alegría esta segunda exposición de los misterios de la salvación del mundo, y el nombre de Marcos se hizo célebre por toda la tierra.
Mateo que comienza su Evangelio con la genealogía humana del Hijo de Dios realizó la figura del Hombre; Marcos la del León, porque comienza su narración por la predicación de San Juan Bautista, recordando que la misión del Precursor del Mesías había sido anunciada por Isaías al hablar de la Voz del que clama en el desierto; voz del león cuyos rugidos resuenan en las soledades.

EL MISIONERO

Comenzó Marcos su apostolado cuando escribió su Evangelio. Llegó el momento, para Egipto, cuna de todos los errores, de recibir la verdad. La soberbia Alejandría vería levantarse dentro de sus muros la segunda Iglesia de la cristiandad, la segunda sede de Pedro. Marcos fué escogido por su Maestro para esta gran obra. Por su predicación, la doctrina salvadora germinó, floreció y fructificó en esta tierra infiel. Desde un principio se manifestó la autoridad de Pedro, aunque en distinto grado, en las tres grandes ciudades del imperio: Roma, Alejandría y Antioquía.

EL MÁRTIR

La gloria de Marcos hubiera quedado incompleta sin la aureola del martirio. El gran éxito de la predicación del Santo Evangelista, le acarreó el furor de la antigua superstición egipcia. En una fiesta de Serapis, fué maltratado por los idólatras y arrojado a un calabozo. Por la noche se le apareció el Señor resucitado, cuya vida y obras había narrado, y le dijo estas célebres palabras que son la divisa de la república de Venecia: "¡Paz sea contigo, Marcos, mi Evangelista"! A lo que el discípulo emocionado contestó: ¡"Señor"! Su amor y su alegría no hallaron otras palabras. Del mismo modo Magdalena la mañana de Pascua enmudeció después de aquel grito salido de su corazón: "¡Maestro!"

Al día siguiente, Marcos fué martirizado por los paganos. Pero había cumplido su misión en la tierra y se le abría el cielo para ir a ocupar, junto al trono del "Anciano de muchos días" la silla de honor en que le contempló en sublime visión el profeta de Patmos.
Traslación del cuerpo de San Marcos-Tintoretto
En el siglo IX la Iglesia de Occidente fué enriquecida con los despojos mortales de San Marcos. Sus sagrados restos venerados hasta entonces en Alejandría, fueron trasladados a Venecia y bajo sus auspicios comenzaron los gloriosos destinos de esta ciudad, que habían de durar mil años. La fe en un tan gran patrón, obró maravillas en aquellos islotes y lagunas, de los que pronto surgió una ciudad tan poderosa como magnífica. El arte bizantino construyó la imponente y suntuosa iglesia que fué defensa de la reina de los mares y la nueva república acuñó sus monedas con la efigie del León de San Marcos. ¡Dichosa de ella si hubiera sido más sumisa a Roma y más severa en sus costumbres; nunca habría degenerado de su grandeza ni de la fe de sus mejores tiempos!

 

PLEGARIA

Eres, oh Marcos, el misterioso León, uncido con el hombre, el toro y el águila al carro sobre el que el Rey de la gloria va a la conquista del mundo. Ya en la Antigua Ley te contempló Ezequiel en el cielo, y Juan, el profeta de la Nueva Ley, te reconoció junto al trono de Dios. ¡Qué grande es tu gloria!, historiador del Verbo hecho carne, manifiestas a todas las generaciones los títulos por los que le corresponden el amor y la adoración de los hombres. La Iglesia se inclina ante tus escritos y los proclama inspirados por el Espíritu Santo. Te hemos oído narrar el mismo día de Pascua la Resurrección de Nuestro Señor; haz, oh Santo Evangelista, que este misterio produzca en nosotros todos sus frutos; que nuestro corazón como el tuyo se una a Jesús resucitado, para que le sigamos por doquier en esta nueva vida que nos ha abierto resucitando El primero. Pídele se digne darnos su paz como se la dió a sus Apóstoles cuando se les apareció en el Cenáculo, como te la dió a ti mismo en la prisión.
Fuiste discípulo de Pedro; Roma se gloría de haberte tenido dentro de sus muros. Ruega por el sucesor de Pedro, tu maestro, y por la Iglesia de Roma combatida por la tempestad. León evangélico ruega al León de la Tribu de Judá en favor de su pueblo, despiértale de su sueño, que se levante con su poder y con su sola presencia ahuyentará a sus enemigos.
Apóstol de Egipto, ¿qué ha sido de tu Iglesia de Alejandría, segunda sede de Pedro, enrojecida con tu sangre? Hasta sus ruinas han desaparecido. El viento abrasador de la herejía desoló a Egipto y Dios airado desencadenó contra él, trece siglos ha, el torrente del Islam. ¿Deben aquéllas regiones renunciar para siempre a ver brillar la antorcha de la fe, hasta la venida del Juez de vivos y muertos? No lo sabemos, pero en medio de los acontecimientos que se suceden, osamos pedirte, oh Marcos, que intercedas por estas regiones que evangelizaste y en las cuales las almas están tan devastadas como su suelo.
Acuérdate también de Venecia. Su corona cayó, acaso para siempre; pero todavía vive allí un pueblo cuyos antepasados se consagraron a ti. Conserva la fe en su seno; haz que prospere, que se levante de sus desdichas y que dé gloria a Dios que ha descargado sobre ella su justicia.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer Tomo III pag 709 y siguientes

S A N T O R A L

Fiesta de Nuestra Señora del Buen Consejo

Actualidad de esta devoción

A poca distancia de Roma, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Buen Consejo “Mater Boni Concilii ad Genazzano” imagen que en el siglo XV se trasladó allí milagrosamente desde Scutari, Albania, huyendo de la invasión turca y en respuesta a una fervorosa oración de dos piadosos albaneses.
Mucho antes de la venida de Cristo, el pequeño pueblo de Genazzano, a treinta millas de Roma, construyó un templo a Venus, la diosa pagana del amor, en cuyo honor celebraban grandes fiestas, especialmente el 25 de abril.
En el siglo IV, el Papa San Marco (336 d.C.) ordenó construir una iglesia en una colina, no muy lejos de las ruinas del antiguo templo pagano. La iglesia, firme y fuerte pero pequeña y sencilla, fue dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo que allí fue honrada de manera especial en su fiesta instituida, precisamente, el mismo 25 de abril.
Hacia la mitad del siglo XV, el templo, a cargo de la Orden de San Agustín, estaba en un estado deplorable y amenazaba con desmoronarse; sólo unos pocos, sin embargo, manifestaban interés en repararlo, posiblemente porque existían otras iglesias en el pueblo.

La Virgen María toma posesión de la iglesia

Dos albaneses siguieron la imagen, cruzaron
el mar Adriático y llegaron a Genazzano

Una viuda santa, Petruccia de Geneo, que amaba devotamente a la Virgen, se sintió inspirada a reconstruir la iglesia. Deseaba que fuera más grande y bella que la anterior y, confiando en Nuestra Señora, contrató a los constructores y compró los materiales. Pero al poco tiempo, por falta de recursos, el trabajo quedó interrumpido indefinidamente.
Los pobladores se burlaron de Petruccia, pero ella no desanimó. Por el contrario, recurrió a sacrificios y oraciones más fervorosas. Algún día, decía, “una gran Señora vendrá a tomar posesión de la iglesia”.
Poco después, el 25 de abril de 1467, estando muchas personas congregadas en la plaza del mercado por ser día festivo, olvidadas de su Virgen Patrona, bailaban y cantaban en alegre bullicio. Fue entonces cuando alguien vio sobre el cielo azul una nube que bajaba lentamente. El asombro paralizó a todos.
La nube se detuvo en un borde angosto de las paredes aún sin terminar de la iglesia de Petruccia. En su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Simultáneamente todas las campanas del pueblo comenzaron a sonar sin ayuda humana.
Nadie conocía la procedencia de la pintura ni la había visto antes. Llovieron gracias y ocurrieron numerosos milagros. Unos comenzaron a llamar a la imagen con el nombre de Nuestra Señora del Paraíso y otros como Nuestra Señora de los Milagros.

De Scutari a Genazzano

Fue entonces cuando dos extranjeros procedentes de Scutari, Albania, llegaron a Genazzano buscando la milagrosa pintura de la Virgen.

¿Qué había sucedido? Cuando Scutari estaba a punto de caer en manos de los turcos, ambos pidieron consejo a la Virgen sobre qué hacer para mantener su fe católica en aquellas circunstancias. Esa noche vieron, asombrados, como la imagen se desprendía de la pared y elevándose por los cielos comenzaba a trasladarse lentamente hacia el oeste.
La siguieron, cruzaron el mar Adriático y llegaron a Genazzano, donde decidieron quedarse a vivir cerca de su Señora, que también se había refugiado.
El Santo Padre envió a dos obispos a examinar los extraordinarios acontecimientos y como resultado de las investigaciones quedó convencido de que la pintura era verdaderamente la de Nuestra Señora del Buen Consejo, venerada durante siglos en el pequeño pueblo de Scutari.

La imagen “del espesor de una cáscara de huevo” había sido pintada sobre el yeso de la pared. Ninguna habilidad humana podría haberla arrancado sin romperla. Ninguna mano de hombre podría haberla traído a través del mar Adriático y colocarla en el borde angosto de la iglesia, sin sujetarla.

Una victoria de la confianza

Profesor Plinio Correa de Oliveira
rezando ante el fresco milagroso
Naturalmente, la iglesia de Petruccia fue terminada hasta convertirse en una bella basílica. La pintura fue puesta en un relicario maravilloso con un marco de oro adornado con piedras preciosas. Más tarde, dos coronas de oro enviadas por el Vaticano fueron colocadas en las cabezas de la Madre y el Niño.
En los últimos cuatro siglos innumerables peregrinaciones y muchos milagros han ocurrido en el santuario de Nuestra Señora, Madre Amorosa, que para todos es un tesoro de la gracia divina. Acudamos a ella con nuestros pequeños y grandes problemas. Confiemos en su guía. Ella es verdaderamente Nuestra Señora del Buen Consejo.
La invocación Madre del Buen Consejo fue incluida por Pío IX en las letanías de la Virgen María.
¿Cuál es la actualidad de esta devoción? Sin duda en nuestra época tan afligida y conturbada, son incontables las almas que necesitan, a éste o a aquel título, de un buen consejo. Nada mejor pueden hacer ellas que implorar el auxilio de Aquella que la Santa Iglesia en la Letanía lauretana, invoca como Mater Boni Consilii.

Supremamente importantes son para cada uno los consejos necesarios para conocer los designios de Nuestra Señora a respecto de sí mismo – dentro de la tempestad de tinieblas del Siglo XXI –

Fuente: LeBlanc, Sr.M. Francis, O.Carm., Cause of Our Joy, Boston: Pauline Books and Media, 1976.

viernes, 24 de abril de 2026

S A N T O R A L


SAN FIDEL DE SIGMARINGA, MARTIR 

UN MÁRTIR DE LOS TIEMPOS MODERNOS


Jesús resucitado rodeó su persona de una guardia de honor de mártires. Todos los siglos contribuyen a formarla. Este día ha visto entrar en las filas de la falange celeste a un combatiente generoso, que mereció su palma no luchando contra el paganismo, como los que hasta ahora hemos saludado, sino defendiendo a la Iglesia contra los hijos rebeldes. La mano de los herejes sacrificó esta víctima triunfal, y el siglo XVII fué el teatro de su lucha. Fidel llenó todo el significado de su nombre. Nunca retrocedió ante el peligro. Toda su vida no tuvo otro objeto que la gloria y servicio de su divino Maestro, y llegado el momento de salir al encuentro del peligro, avanzó hacia él sin arrogancia, pero también sin titubeos como convenía a un imitador de Cristo que sale al encuentro de sus enemigos. ¡Gloria al valeroso hijo de San Francisco, digno en todo de su seráfico Patriarca, que desafió al sarraceno y fué mártir de deseo!

EL PROTESTANTISMO Y LA LIBERTAD

El protestantismo se estableció y se mantuvo por la sangre, y osó lamentarse de haber sido el blanco de la resistencia armada de los hijos de la Iglesia. Durante siglos se bañó en la sangre de nuestros hermanos, cuyo único crimen consistía en querer permanecer fieles a la fe que había civilizado a los antecesores de sus verdugos. Proclamaba la libertad en materia religiosa y sacrificaba a los cristianos que en su sencillez pensaban que en virtud de esa libertad tan proclamada, les estaría permitido creer y orar como se creía y oraba antes de Lutero y Calvino. Pero el católico se equivoca al contar con la tolerancia de los herejes. Un instinto fatal arrastra continuamente a estos a la violencia contra la Iglesia cuya persistencia es para ellos un continuo reproche por haberla abandonado. En primer lugar tratan de aniquilarla en sus miembros, y si el cansancio de una lucha ininterrumpida trae al fin alguna calma, su mismo odio tratará de avasallar a quienes no se atreve a inmolar, insultando y calumniando a los que no ha podido exterminar. La historia de Europa protestante en sus cuatro siglos, justifica lo que acabamos de decir; pero nosotros debemos tener por dichosos a aquellos de nuestros hermanos, que en tan gran número han derramado su sangre en defensa de la fe romana.

VIDA

Marco Rey nació en Sigmaringa, ciudad de Suabia, en 1577. Estudió Filosofía en Friburgo, y Derecho en Bilinga, y ejerció la abogacía en Colmar. Convencido de que esta profesión le exponía a cometer muchas injusticias, entró en la orden de los Capuchinos, que le parecieron unir los méritos de la vida activa y contemplativa, y recibió el nombre de Fidel. Fué ordenado de sacerdote el 4 de octubre en 1612, y dió ejemplo de las más altas virtudes, de gran devoción a la Santísima Virgen y de muy grande austeridad. La Congregación de la Propaganda Fide le mandó a predicar a Suiza, en especial a los grisones, entre los cuales la herejía protestante había hecho grandes destrozos. Convirtió a muchos, pero se atrajo el odio de. los herejes. El 24 de Abril de 1622, se apoderaron de él, y no consiguiendo hacerle renegar, le partieron el cráneo y le atravesaron con sus espadas. Su cuerpo fué llevado a la catedral de Coira. En 1729 fué beatificado y en 1743 canonizado.

ADHESIÓN A LA FE

Terminaste tu carrera con gloria, ¡oh Fidel!, y tu fin ha sido más hermoso que su principio. ¡Con qué serenidad fuiste a la muerte! ¡Con qué alegría sucumbiste a los golpes de tus enemigos que eran los mismos de la Iglesia! Como San Esteban oraste por ellos; porque el católico que debe detestar la herejía, debe también perdonar a los herejes que le sacrifican.
Ruega, oh santo mártir, por los hijos de la Iglesia, alcanza que conozcan mejor el valor de la fe, y la gran gracia que Dios les ha hecho en nacer de la única verdadera Iglesia. Que se guarden de las doctrinas perversas que de todas partes llegan a sus oídos, que no se escandalicen de las tristes defecciones que con tanta frecuencia se producen en este siglo de molicie y de orgullo. La fe nos conducirá a Jesús resucitado; nos la recomienda El mismo cuando dice a Tomás: "Bienaventurados los que no vieron y creyeron"!

También nosotros creemos, y por eso nos unimos a la Iglesia que es la maestra exclusiva de la fe. A ella damos fe y no a la razón humana que no lograría entender la palabra de Dios y menos aún juzgarla. Jesús quiso que esta fe nos llegara confirmada por el testimonio de los mártires, y cada siglo ha producido los suyos. ¡Gloria a ti, oh Fidel, que conseguiste la palma combatiendo los errores de la pretendida reforma!
Véngate a la manera de los mártires y pide a Jesús sin cesar que vuelvan a la fe y unidad de la Iglesia los secuaces del error. Son hermanos nuestros por el bautismo; pide que entren en el redil y que todos juntos podamos celebrar la verdadera cena pascual, en la cual el Cordero de Dios se da en alimento, no de una manera figurada, como en la Antigua Ley, sino realmente como conviene a la Nueva.
 fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer Tomo III pag 705 y siguientes


EL MARTIRIO

EL 24 de abril de 1622, de vuelta a Grusch, celebró el santo sacrificio de la misa y predicó a los soldados acerca de la blasfemia. En medio del sermón le faltó repentinamente la voz, al parecer sin fundamento alguno, permaneciendo algún tiempo en éxtasis con los ojos levantados al cielo. En ese arrobamiento le reveló el Señor que aquel mismo día sería el de su triunfo. Terminada la plática, quedose largo rato orando ante el altar, y luego se puso en camino para Seewis, donde la víspera fue traidoramente invitado a predicar por una diputación de herejes. Mientras se hallaba predicando, una cuadrilla de revoltosos calvinistas armados de mazas, espadas, alabardas y mosquetes, irrumpieron tumultuosamente en la iglesia y, dando aullidos y voces desacompasadas, asustaron a los fieles. Mientras tanto, el predicador se llegaba hasta el altar, hacía una breve oración, salía de la iglesia y trataba de regresar a Grusch acompañado de un capitán austriaco. Más no tardaron ambos en ser alcanzados por veinticinco calvinistas. El oficial fue arrestado. Entonces, uno de los amotinados dijo al misionero:
—Así, pues, tu eres el fanático desventurado que se presenta ante el pueblo como profeta? Confiesa que lo que has dicho es pura mentira, o mueres en mis manos.

—Yo no os he predicado más que la eterna verdad, la fe de vuestros padres —replicó con santa intrepidez el mártir—, y gustoso daría mi vida por qué la conocierais.

—No estamos ahora para tales cosas —replicó otro—, di si abrazas o no nuestra religión.

 —He sido enviado a vosotros para ilustraros, no para abrazar vuestros errores.

En aquel instante uno de los forajidos le asestó un tajo en la cabeza y le derribó; pero, con todo, el mártir tuvo aun fuerza bastante para arrodillarse y, con los brazos en cruz y la mirada vuelta al cielo, exclamó, a ejemplo del divino Salvador:

—Perdona, oh Dios mío, a mis enemigos que, cegados por la pasión, no saben lo que hacen. !Jesús mío, apiádate de mí! !Oh María, Madre de Jesús, asísteme en este trance!

De otro golpe le volvieron a derribar y, ya en el suelo, le asestaron tal golpe en la cabeza con una maza, que le abrieron el cráneo. Por si todavía no hubiera muerto, le apuñalaron sin piedad y le tajaron la pierna izquierda para castigarle —decían ellos— de todas las correrías que había hecho en pro de su conversión.

El cuerpo del santo mártir descansó en el campo de Seljanas, cerca de Seewis, hasta el otoño siguiente bañado en su propia sangre. Sus reliquias —a excepción de la cabeza y la mano izquierda—- depositadas en el convento de Capuchinos de Feldkirch, fueron trasladadas el 5 de noviembre del mismo año a la catedral de Coira.

En vista de los milagros obrados por intercesión del siervo de Dios, Benedicto XIII le declaro Beato por decreto del 12 de marzo de 1729 y Benedicto XIV, el 29 de junio de 1746, le inscribió en el Catalogo de los Santos. Clemente XIV, el 16 de febrero de 1771, extendió su oficio a la Iglesia universal y proclamó al apóstol de los grisones protomártir de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Fuente: Edelvives, El Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives, Zaragoza, vol. II, 1947, pp. 560 y 561.

jueves, 23 de abril de 2026

S A N T O R A L

SAN JORGE, MÁRTIR 

EL MÁRTIR

Se nos propone hoy a San Jorge como el valeroso campeón de Cristo resucitado.
La Iglesia oriental, que le llama el gran Mártir, introdujo pronto su culto en Occidente y la caballería cristiana le ha amado y honrado corno uno de sus más queridos patronos.
La Iglesia no lee en el oficio de Maitines la leyenda de San Jorge, sino simplemente un pasaje de San Cipriano sobre los combates de los mártires. En efecto, el decreto sobre los libros apócrifos atribuido al Papa San Gelasio, menciona entre los libros no recibidos las Actas de San Jorge, redactadas por un autor herético.
Más modernamente se han encontrado unas Actas escritas en griego, a las que al principio se creyó debía darse mayor crédito, pero que al fin han resultado también desprovistas de autoridad.
Sin embargo de eso, se puede afirmar que San Jorge padeció por la fe antes de Constantino en Lidda, ciudad de Palestina, hacia el año 303. Su martirio es confirmado por el culto que se le ha tributado por lo menos desde el siglo V.

SU CULTO

Comenzó en Oriente. La ciudad en que padeció el martirio se llamó ciudad de San Jorge, y en ella se levantó una basílica en su honor. Musulmanes y cristianos creen que sus reliquias descansan en la cripta colocada debajo del altar. En Egipto tuvo dedicadas 40 iglesias y tres monasterios. En las Galias el rey Clodoveo, muerto en 512, construyó un monasterio y le dió el nombre de San Jorge, y San Germán de Parías (f 576) propagó mucho su culto. Santa Clotilde le tuvo una devoción particular y le dedicó la iglesia de su querida abadía de Chelles. Pero este culto alcanzó su mayor esplendor en la época de las Cruzadas, cuando nuestros caballeros fueron testigos de la veneración que los pueblos de Oriente tenían a San Jorge, y oyeron narrar las maravillas de su auxilio en los combates. Los historiadores bizantinos cuentan muchos casos notables, y los mismos cruzados no tardaron en experimentar los efectos de la confianza que habían puesto en el auxilio de este poderoso conductor de los ejércitos cristianos. La república de Génova le nombró su patrono y la de Venecia le honró, después de San Marcos, como su protector especial. Pero no ha habido nación del mundo católico que haya sobrepasado a Inglaterra en la devoción tributada a San Jorge. No solamente un Concilio nacional tenido en Oxford en 1222, ordenó que la fiesta del gran mártir se celebrase como de precepto en toda Inglaterra; no solamente el culto del valeroso soldado de Cristo fué profesado en la gran Bretaña por los primeros reyes normandos, sino que hay razones para sostener, como lo atestiguan los monumentos anteriores a las invasiones de Guillermo el Conquistador, que la devoción particular de la nación inglesa hacia San Jorge, le era tributada desde los siglos IX y X como a un protector particular.
Eduardo III no hizo sino manifestar el sentimiento piadoso de su nación para con el celestial guerrero, cuando colocó debajo de su patrocinio la insigne orden de la Jarretera, que fundó en 1330. También debemos hacer mención de la orden militar de San Jorge que estableció Federico III en Alemania en 1468.

ICONOGRAFÍA


A San Jorge se le representa montado en un dragón, y librando con este acto de valor a una princesa a la que el monstruo iba a devorar. Esta escena de la que el arte ha sabido sacar un gran partido, es puramente simbólica y tiene su origen en los monumentos iconográficos bizantinos. Significa el triunfo que San Jorge obtuvo sobre el demonio por su generosa confesión. La princesa representa a Alejandra, a quien la constancia del mártir conquistó a la fe. Ni en las Actas de San Jorge, ni en los himnos de la liturgia griega, se hace mención del dragón con que luchó el mártir, ni tampoco de la princesa a quien libró de un peligro temporal. Esta fábula sólo circuló en Occidente a partir del siglo XIV, y su origen viene de la interpretación demasiado naturalista de las effigies consagradas a San Jorge por los griegos, y que se introdujeron en nuestras iglesias al final de, las Cruzadas. 

 

PLEGARIA POR LA MILICIA TEMPORAL

Hoy, 23 de abril, el Ejército Argentino conmemora el día del Arma de Caballería y de su Santo Patrono, San Jorge

¡Oh San Jorge, eres la honra de la milicia cristiana! El servicio del príncipe temporal no te hizo olvidar tus obligaciones para con el rey del cielo. Derramaste tu sangre por la fe de Cristo, y en recompensa él te ha constituido jefe y guía de los ejércitos cristianos. Sé su sostén ante las filas enemigas, y concede la victoria a los defensores de la causa justa. Protégelos debajo de tu estandarte, cúbrelos con tu escudo y esparce el miedo delante de ellos. El Señor es el Dios de los ejércitos, y la guerra entra a veces en los planes de su Providencia, ya en vista de su justicia, ya en la de su misericordia. Jefes y soldados tienen necesidad del auxilio celestial. Al hacer la guerra, parecerá a veces que hacen la obra del hombre, mientras que en realidad hacen la de Dios. 
Por esta razón son más accesibles que los demás hombres a los sentimientos generosos, y por eso mismo su corazón es más religioso. El sacrificio, el peligro, los eleva sobre ellos mismos; también los soldados tienen su lugar distinguido entre los fastos de los mártires. Vela por el ejército de nuestra patria. Hazle tan cristiano como valeroso; sabemos que no han puesto en vano en ti sus esperanzas los hombres de guerra..

PLEGARIA POR LA MILICIA ESPIRITUAL

En la tierra no sólo existe milicia temporal; hay otra en la que están alistados todos los fieles de Cristo.
San Pablo, hablando de todos nosotros, ha dicho: "que no serán coronados sino los que lucharen legítimamente" . Hemos de contar con la lucha en este mundo, si escuchamos las exhortaciones del mismo Apóstol: "Cubrios con la armadura de Dios, nos dice, para que podáis resistir los ataques del diablo. Tomad por cinturón la verdad, por coraza la justicia, por calzado la resolución de andar por el camino del Evangelio, por escudo la fe, por casco la esperanza de la salvación y por espada la palabra de Dios".
¡Somos, pues, guerreros como tú! Nuestro Jefe divino resucitado, antes de subir al cielo quiere pasar revista a su ejército; preséntanos a El. Nos ha admitido en las filas de su guardia, a pesar de nuestras infidelidades pasadas; a nosotros por tanto corresponde hacernos dignos de al honor. La prenda de la victoria la tenemos en la Eucaristía, ¿cómo nos hemos de dejar vencer?
Vela por nosotros, ¡valiente guerrero! Que tus oraciones nos ayuden mientras tus ejemplos nos animan a luchar como tú contra Satanás.
Cada pieza de nuestra armadura le es temible; el mismo Jesús la ha preparado para nosotros y la ha templado en su sangre; da fuerzas a nuestro valor, para que podamos como tú, presentársela entera, el día en que nos invite a su descanso eterno.

PLEGARIA POR TODA LA CRISTIANDAD

La cristiandad entera tiene necesidad de que te acuerdes de los homenajes que te prodigó en
otros tiempos. Por desgracia la antigua piedad hacia ti se ha enfriado, y para muchos cristianos tu fiesta pasa inadvertida. No te ofendas por ello, ¡oh santo mártir!, imita a tu Maestro que hace salir su sol sobre los buenos y malos. Tén piedad de este mundo en medio del cual ha sido sembrado el error, y que en este momento se agita en convulsiones terribles. Mira con compasión a Inglaterra, que ha sido seducida por el dragón infernal. Los antepasados te lo piden desde el cielo, ¡oh poderoso guerrero!; sus hijos te suplican desde la tierra. En nombre de Jesús resucitado te conjuramos ayudes a la resurrección de un pueblo que fué tuyo.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer Tomo III pag 700 y siguientes



LIBRO DE LA ORDEN DE CABALLERÍA


(Selección)

SEGUNDA PARTE

LA CUAL HABLA DE LA ORDEN DE CABALLERIA Y DEL OFICIO QUE ES PROPIO DEL CABALLERO
 1. El oficio del caballero es el fin y la intención por los que comenzó la orden de caballería. De donde, si el caballero no cumple con el oficio de la caballería, es contrario a su orden y a los principios de la caballería arriba citados; por cuya contrariedad no es verdadero caballero, aunque sea llamado caballero; y tal caballero es más vil que el tejedor y el trompetero, que cumplen con su oficio.
 2. Oficio de caballero es mantener y defender la santa fe católica, por la cual Dios Padre envió a su Hijo a tomar carne en la gloriosa Virgen, Nuestra Señora Santa María, y para honrar y multiplicar la fe sufrió en este mundo muchos trabajos y muchas afrentas y penosa muerte. De donde, así como Nuestro Señor Dios ha elegido a los clérigos para mantener la santa fe con escrituras y probaciones necesarias, predicando aquélla a los infieles con tanta caridad que desean morir por ella, así el Dios de la gloria ha elegido a los caballeros para que por fuerza de armas venzan y sometan a los infieles, que cada día se afanan en la destrucción de la santa Iglesia. Por eso Dios honra en este mundo y en el otro a tales caballeros, que son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la fe por la cual nos hemos de salvar.
 3. El caballero que tiene fe y no usa de fe, y es contrario a aquellos que mantienen la fe, es como el entendimiento de un hombre a quien Dios ha dado razón y usa de sinrazón y de ignorancia. De donde, quien tiene fe y es contrario a la fe, quiere salvarse por lo que es contra la fe; y por eso su querer concuerda con el descreimiento, que es contrario a la fe y a la salvación, por cuyo descreimiento el hombre es condenado a padecer trabajos que no tienen fin.
 4. Muchos son los oficios que Dios ha dado en este mundo para ser servido por los hombres. Pero los más nobles, los más honrados, los más cercanos dos oficios que hay en este mundo, son oficio de clérigo y oficio de caballero; y por eso la mayor amistad que hubiera en este mundo debería darse entre clérigo y caballero. De donde, así como el clérigo no sigue la orden de clerecía cuando es contrario a la orden de caballería, así el caballero no mantiene la orden de caballería cuando es contrario y desobediente a los clérigos, que están obligados a amar y a mantener la orden de caballería.
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Alianza Editorial. Madrid 1986