domingo, 4 de enero de 2026

S A N T O R A L




Beato Tomás Pluntree, Presbítero y Mártir

Martirologio Romano: En Durham, ciudad de Inglaterra, beato Tomás Plumtree, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue condenado a muerte por su fidelidad a la Iglesia católica y, llevado ante el patíbulo, prefirió ser colgado antes que vivir en la apostasía. (c.1520 - 1570).


Nació en Lincolnshire. Estudió en el colegio del Corpus Christi de Oxford, donde se doctoró en 1546. Fue rector de Stubton durante todo el reinado de la reina María, y cuando subió al trono Isabel I, se le pidió el juramento de supremacía religiosa a lo que se negó, por lo que tuvo que dejar su puesto y marchó a Lincoln y enseñó en una escuela, pero como era católico, también se le expulsó de esta escuela. 
Cuando tuvo lugar la sublevación de los dos condes, los de Norhumberland y Westmoreland, en defensa del catolicismo, Tomás fue capellán de los insurgentes, y celebró misa en 1569 en la catedral de Durham, devuelta al culto católico. Al ser derrotados los rebeldes, Tomás, como otros muchos, intentó escapar, pero fue detenido y enviado a Carslile, y luego a Durham, donde fue juzgado y condenado por traición y rebeldía. Antes de su martirio en la plaza del mercado de Durham se le ofreció perdonarle la vida si se hacía anglicano, Tomás se negó respondiendo que «no tenía deseos de continuar viviendo en este mundo, a cambio de morir para Dios». Fue ahorcado y descuartizado.

BULA REGNANS IN EXELSIS de excomunión contra Isabel I

San Pío V

Regnans in excelsis


Pío, Siervo de los Siervos de Dios, para el recuerdo perpetuo de los hechos. 

 El que reina en las alturas, a quien todo el poder se le ha dado, tanto en la tierra y en el cielo, los ha confiado solos, es decir, que Pedro, Príncipe de los Apóstoles, el cuidado de gobernar, la Iglesia Católica, una y Santa, fuera de la cual no hay salvación. 

 Él lo ha constituido únicamente sobre todas las naciones, y sobre todos los reinos, que debe arrancar de raíz, destruir, plantar de nuevo y edificar, a fin de que continúe en la unidad del Espíritu Santo, y que debería entregar al Salvador, seguro y libre de todo peligro, el pueblo fiel, unidos en el vínculo de la caridad mutua. 

 Nosotros, siendo, por la gran bondad de Dios, llamados a sostener el timón de la Iglesia, nos dedicamos sin cesar a nuestro cargo, sin omitir ningún trabajo para preservar intacta la unidad, y la religión católica, que ha dejado a su Autor expuestos a la tempestad , con el fin de probar la fe de su pueblo y corregir a nosotros por nuestras faltas. 

 Pero los números de los impíos han usurpado el poder por lo tanto, no hay lugar en el mundo que no han tratado de corromper con sus doctrinas perversas. Entre otros, Isabel, la sirvienta de la delincuencia, y fingida Reina de Inglaterra, les ha ofrecido un asilo en el que se encuentran refugio. 
 Esta misma Isabel, después de apoderarse del trono de Inglaterra ha usurpado la autoridad del jefe supremo de la Iglesia. Ha mostrado uso de esta facultad y jurisdicción, y ella ha vuelto a emitir por el camino de la perdición y despreciable que ella reina, una vez dedicado a la fe católica y el destinatario de sus bendiciones. 
Elizabeth ha destruido el culto de la verdadera religión, que fue anulada por Enrique VIII, y que la legítima reina María, con encomiable respeto de la posteridad, había logrado en el establecimiento por los esfuerzos de su poderosa mano propia, y con la asistencia de la Santa Sede. Elizabeth, abrazando después los errores de los herejes, no ha considerado el Consejo Real de Inglaterra, integrado por la nobleza Inglésa y los ha reemplazado con los herejes oscuros. Ella ha oprimido a los que cultivan la fe católica, y los ha sustituido por los oradores del mal y los ministros de la impiedad. Se ha abolido el sacrificio de la Misa, la oración, el ayuno, las distinciones de la carne, el celibato y los ritos católicos. Se ha ordenado a la circulación de libros que contienen un sistema de herejía manifiesta, y de los misterios impíos. Se ha ordenado a sus súbditos a recibir, observar,y preservar preceptos que se ha adoptado de Calvin. Ella se ha atrevido a decretar que los obispos, rectores de iglesias, y los sacerdotes católicos y otros, a ser expulsados ​​de sus iglesias y privados de sus beneficios. Se ha dispuesto de ellos y de otras cosas eclesiásticas a favor de los herejes, y ella también ha decidido tomar decisiónes que justamente le pertenece sólo a la Iglesia. 
Se ha prohibido a los prelados, el clero y las personas a reconocer la Iglesia Romana, y obedecer sus leyes y sus sanciones canónicas. Se ha limitado la mayor parte de sus súbditos a reconocer sus leyes culpable, y abjurar de la obediencia debida al soberano pontífice. Se ha señalado, que, con juramento, que se reconocen como su único amante, tanto en las cosas espirituales y temporales. Hay sanciones y castigos infligidos a los que no pudo persuadir, y los que perseveraron en la unidad de la fe y en obediencia.
También ha echado en la cárcel a los obispos y los rectores de iglesias, y muchos de ellos han perecido allí en la miseria. 
 Estas cosas son bien conocidas por todas las naciones, que se demuestra el grave testimonio, y no queda espacio para tergiversacion, excusa o defensa. 
Nosotros, al ver estas impiedades multiplicadas, y aún viendo que otros delitos se suman a la primera, ya que las persecuciones contra los fieles van en aumento, como consecuencia de la voluntad propia y la de coacción digo, Elizabeth, estamos convencidos de que su corazón está más endurecido que nunca. No sólo desprecian a las oraciones piadosas de los buenos católicos, que deben convertirse y traer de vuelta a su sano juicio, sino que, además, se ha negado a recibir ni siquiera los nuncios en Inglaterra a quienes he enviado.
Nosotros, entonces, por necesidad obligados a recurrir a las armas de la justicia en su contra, no se puede suavizar nuestro dolor que no se han ocupado seriamente con antepasados ​​quién princesa tan bien merecido el elogio de la república cristiana.
 Por lo tanto, con el apoyo de la autoridad de aquel a quien se nos ha llamado al trono, a pesar de que son indignos de tal cargo, en nombre de la autoridad apostólica, declaramos a Elizabeth una hereje, y el socorrista y fautor de herejes , y que sus adherentes, en los citados actos aborrecidos han incurrido en la pena de anatema, y están separados de la unidad del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. 
Declaramos privada de su pretendido derecho a ese reino, y de todos los dominios, la dignidad y el privilegio. En esta receta que más prohíben todos los nobles, la gente, los temas, y otros, para aventurarse a obedecer las órdenes, consejos, o las leyes de dicho Elizabeth. En cuanto a los que han de actuar de otra manera que como tenemos aquí autorizar el orden, las incluimos en la misma frase de anatema.
 Como es difícil de llevar a las presentes siempre que sea necesario, ordenará que una copia notarial por escrito, bajo el sello de un obispo y de este tribunal, tiene la misma autoridad en cualquier tribunal y por fuera, y tienen como fuerza y valor como si estos presenta reales fueron exhibidos.
 Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 28 de febrero, en el año 1576, y de nuestra Pontificia la 6 ª.
 PP Pío. V 

sábado, 3 de enero de 2026

S A N T O R A L


EL SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

Circuncidan al niño, y llámanle Jesús: para que no pensásemos, que la circuncisión era remedio del pecado en el niño; dice el evangelista, que le pusieron por nombre Jesús, y que este nombre vino del cielo; y que había sido pronunciado por el ángel, aun antes que el niño fuese concebido en las entrañas de la madre. Maravillosa junta es la de la circuncisión y del nombre de Jesús, que quiere decir «Salvador»; para asegurarnos, que no tiene pecado el que es Jesús, y Salvador de pecados. La ignominia, que se podía seguir en los ojos de los ignorantes, por ver á Cristo nuestro Señor circuncidado y con divisa de pecador, el nombre de Jesús la borra y deshace con la gloria de su majestad, así como el oprobio y afrenta de la cruz se quitó con el título glorioso, que se puso sobre ella, en que estaba escrito: «Jesús Nazareno, rey de los judíos». Y si bien atendemos, hallaremos, que la divina sabiduría siempre juntó en los misterios de nuestra reparación lo alto con lo bajo, y con lo humano lo divino: porque si Cristo tuvo madre en la tierra, fué madre virgen; y si nació en un portal desabrigado y pobre, fué en Él conocido de los pastores, adorado de los reyes, y alabado de los ángeles, y anunciado y predicado en el mundo; y por la misma causa hoy fué circuncidado y se llama Jesús. Primero se circuncidaban los hebreos, y luego se les ponía el nombre; para que la señal divina precediese á la humana, y estando ya el niño consagrado á la majestad de Dios, comenzase á tener nombre entre los hombres: de manera, que así como ahora en el bautismo damos el nombre, al que está ya reengendrado en Cristo; así se daba en el viejo Testamento á los que por la circuncisión eran ya del pueblo del Señor. Esta costumbre se tomó del patriarca Abrahán, el cual el mismo día que se circuncidó, se mudó el nombre, y de Abram, que significa «Padre excelso», se llamó Abrahán, que quiero decir «Padre de muchas gentes y pueblos».
Más: dice el evangelista san Lucas, que este nombre de Jesús vino del cielo, y que el ángel san Gabriel le declaró, antes que el niño fuese concebido; para darnos á entender, que el Padre Eterno dio este nombre á su benditísimo Hijo, y que Él solo se le podía dar; porque solo sabía su grandeza, su excelencia y majestad, y comprendía su naturaleza, y el oficio y eficacia de Salvador, que le había dado. Los hombres ponemos los nombres, ó por el tiempo, llamando Pedro, al que nació en el día de san Pedro, ó por varias y diferentes causas, por conservar la memoria de nuestros padres y abuelos, ó por algún caso, que sucede; y muchas veces nos engañamos, dando á las cosas nombres, que no los cuadran; porque no conocemos y comprendemos bien la naturaleza y virtud de ellas: lo cual es menester, para que el nombre perfectamente diga y convenga, con lo que significa: y por esto Adán, como quien tan bien sabia las naturalezas y propiedades de las cosas, pudo darles el nombre, que les convenía; y mucho mejor sin comparación lo hace Dios, que conoce todas las cosas, que crió, y llama á cada una de las estrellas por su nombre; y por esto á solo Dios propiamente toca dar el nombre á las cosas; porque Él solo perfectamente las conoce, como á obras de sus manos. Pero si el dar nombre á las criaturas es propio del Criador, ¿cuánto más estará reservado al Padre Eterno el dar nombre á su unigénito Hijo? Porque él solo lo engendra y le conoce, como á su Verbo coeterno y substancial, y resplandor de su gloria y figura de su substancia: y por esto dijo el mismo Verbo eterno encarnado: «Ninguno conoce al hijo, sino el padre». Y si es oficio del padre poner el nombre á su hijo, como lo mostró Zacarías, cuando dijo: Joannes est nomen ejus: Juan es su nombre: no teniendo Jesucristo nuestro Salvador padre en la tierra, sino solo en el cielo, de allá había de venir este divino nombre, y ser publicado por boca de ángel: el cual no puso nombre á Cristo, sino declaró el nombre, que el Padre Eterno en el cielo le había dado. Llámase, pues, el niño, «Jesús,» que quiere decir «Salvador» porque como dijo el ángel á san José, había de salvar á su pueblo de sus pecados.

Muchos se han llamado Jesús y Salvadores; pero ninguno de ellos ha sido Jesús ni Salvador, de tal manera, que este nombre propiamente le arme, ni le hincha la entera significación del Salvador. Jesús se llamó Josué, capitán valeroso de Dios, que allanó con las armas la tierra de Promisión, y la repartió á los hijos de Israel: también se llamó Jesús Sirach, varón sapientísimo, el que escribió el libro del Eclesiástico; y Josedech, gran sacerdote y de santísima vida: pero todos estos tres fueron sombra y figura de nuestro Jesús, el cual como capitán esforzado había de vencer á todos nuestros enemigos, y entregarnos la verdadera tierra de Promisión; y como sapientísimo doctor enseñarnos el camino del cielo; y como divino sacerdote, ofrecerse en sacrificio al Padre Eterno por nuestros pecados. Salvador se llamó José, Gedeón, Sansón y Jepté, y otros se llamaron Salvadores de los pueblos, que defendían ó gobernaban; pero ¿qué tiene que ver aquella salud, que ellos daban, con la que de nuestro Jesús y verdadero Salvador habernos recibido? Aquellos salvaron su pueblo de la opresión y cautiverio de los enemigos, y defendieron la tierra, las viñas, los campos, las casas y las haciendas de los que las venían á quemar y destruir, y con la muerte de sus contrarios dieron vida y descanso temporal á sus naturales y vecinos: pero nuestro buen Jesús es Salvador de pecados, y de todos los hombres, que ha habido, hay y habrá en todo el mundo; y Salvador, que salva, no derramando sangre ajena, sino la propia suya, para dar salud á las almas de los redimidos.

Ninguno puede bien entender la excelencia de este dulcísimo nombre de Jesús, y lo que quiere decir Salvador de pecados, sino el que con la debida ponderación penetrare el estrago, que un pecado mortal hace en el alma del que le comete. No hay calamidad ni miseria en esta vida tan para temer, como el pecado; no pobreza y desnudez; no hambre y sed; no deshonra ni afrenta; no guerra y pestilencia; no tormentos y muertos: ninguna cosa, de cuantas cosas pueden venir sobre un hombre desventurado y miserable, tiene que ver con la ruina y asolamiento, que hace un solo pecado mortal. El mismo infierno con sus eternas llamas, y perpetuo crujir de dientes, y compañía de aquellos monstruos fieros y horribles, no nos debería causar tanto espanto, como el pecado, que es como una espada de dos filos, que divide nuestra alma de Dios, que es alma de nuestra alma y vida de nuestra vida; y desamparada de Dios, queda pobre, desnuda, fea, desarmada de toda virtud, y como una viña vendimiada, ó casa tan robada de ladrones, que no queda en ella estaca en pared, flaca y rendida á sus apetitos, esclava de Satanás y obligada á pena eterna, y de tal suerte caída y postrada, que por sí sola no se puede levantar, ni jamás se levanta, si Dios no le da la mano, y la levanta por las entrañas de su misericordia: porque así como el que se echa por su voluntad en el pozo, no puede salir de él por su voluntad, sino que tiene necesidad de quien le dé la mano y le saque: así el hombre puede caer por su libre albedrío en el abismo del pecado; mas no puede levantarse y salir de él sin la gracia del Señor, que se le comunica por los merecimientos de Jesús, como de benignísimo Salvador, sin cuya sangre no se curan las llagas de la culpa, ni el tiempo, que cura las pérdidas temporales, las puede curar; porque son llagas y pérdidas eternas, sobre las cuales no tiene fuerza, ni autoridad el tiempo. Y con venir por el pecado sobre la cabeza del pecador un diluvio de desventuras, y calamidades tan lastimeras y horribles, la mayor y más para llorar es ofender aquella infinita, y soberana majestad, aquel sumo Ser, que es principio y fuente de todo ser, y aquella bondad inmensa, que es raíz de toda bondad: el volver las espaldas al que con tres dedos sustenta toda esta maravillosa, y hermosísima máquina del universo; y el rostro á las criaturas viles: y poniendo en una balanza al Señor de todo lo criado, y en otra un sucio y breve deleite, ó un interés despreciable, ó un puntillo de honra vana, abrázase con él, y menosprecia á Dios, sin hacer caso de sus mandamientos, y de aquella soberana voluntad, que todas las criaturas miran con reverencia, y obediencia: la cual injuria están grande, que no hay caudal en la naturaleza humana, ni en la angélica, para satisfacer dignamente por ella; y fué necesario, que el mismo Dios se hiciese hombre, y se llamase Jesús, para pagarla con poder de Dios, y con pena y dolor de hombre. Ninguna cosa hay en el cielo, ni en la tierra, ni en los infiernos, que así nos declare la gravedad y malicia del pecado, y el aborrecimiento, que Dios tiene al pecador, ni que así nos manifieste, lo que significa este nombre sacratísimo de Jesús, como ver morir á Dios en un madero por matar al pecado, y que este Salvador, para serlo, comenzó á derramar su sangre el mismo día, que le dieron el nombre de Salvador.

Diéronle el nombre; porque le dieron el oficio: y llamóse Salvador; porque su oficio fué de Salvador, y Salvador de pecados: los cuales, aunque sean innumerables, abominables y gravísimos, se lavan, y limpian en las fuentes de este Salvador. Desde el principio hasta el fin del mundo, desde Adán hasta el postrero de los vivientes, no ha habido, ni habrá hombre, á quien se hayan perdonado pecados, que no deba la gracia de su justificación y santificación á Jesús y á este benignísimo Salvador, como á fuente de la gracia y de todos los dones de Dios; de manera, que así como toda la frescura y hermosura de todo el árbol, del tronco, de las ramas, de las hojas, de las flores, de los frutos, procede de la virtud de la raíz, que está debajo de la tierra, y por sus ocultas venas se comunica y extiende hasta las más remotas y pequeñas partes del árbol; así toda la lindez de la gracia y gloria, que hay en este grande, é inmenso árbol de la Iglesia militante y triunfante, nace de la raíz viva, y fecundísima de Cristo nuestro Redentor. La fé que tuvieron los profetas, la esperanza de los patriarcas, la caridad de los apóstoles, la fortaleza de los mártires, la humildad y devoción de los confesores, la pureza de las vírgenes, el adorno y atavío de virtudes, con que resplandecieron todos los santos en esta vida, y la corona y gloria, que ahora poseen en la otra bienaventurada y perdurable, todos son frutos de esta raíz, y efectos de este dulcísimo nombre de Jesús, que los salvó. Y puesto caso que la raíz parezca seca y fea, y sepultada debajo de la tierra, por los dolores, baldones y afrentas, que padeció, como está regada con su sangre, da frutos de vida hermosísimos: porque aunque el niño derrame sangre, y sea circuncidado, y parezca feo con la imagen de pecador; en hecho de verdad es Jesús y Salvador de pecados, y causa y fuente original de toda la santidad de los hombres y de los ángeles, en la tierra y en el cielo: y así como es autor y obrador de las virtudes, y merecimientos de todos los santos, así también es el premio y corona de todos ellos. Toda el agua de los nos mana de las fuentes; toda la luz del sol: todos los senos y brazos de mar son partes y como miembros del mar Océano; y todas las gracias en sus principios, medios y fines, se reducen á Jesús.
Él es, el que lava las inmundicias de nuestros pecados; el que cura nuestras llagas; rompe nuestras cadenas; mitiga el furor de nuestras malas inclinaciones; líbranos del yugo pesado de nuestros malos deseos y de la tiranía y servidumbre de Satanás; restituyenos la verdadera libertad; hermosea nuestra alma, y hácela hija, esposa y templo de Dios; quieta la conciencia; aviva los sentidos interiores; alumbra nuestro entendimiento; despierta y enciende nuestra voluntad; esfuerza nuestra flaqueza; danos victoria de todos nuestros enemigos, y hácenos triunfar del pecado, de la muerte, del demonio y del infierno; porque es Salvador, y Salvador de pecados: y todo esto se comprende en este nombre santísimo de Jesús.
Ninguno, pues, diga, que es áspero y fragoso el camino de la virtud, llevando por guía y compañero á Jesús. Nadie se queje de la pobreza, del trabajo, de la dificultad; que Jesús es nuestra riqueza y nuestro descanso, y él le dará alas para volar, porque es nuestro Salvador. Nadie desespere de ser casto, de ser humilde, de ser paciente, de salir vencedor en esta lucha y dura batalla: pues Jesús es nuestro capitán, y nos manda lo que habernos de hacer, y nos da fuerzas y espíritu, para hacer lo que nos manda; porque es Salvador, y Salvador de pecados, y por serlo, le llaman Jesús: y esta es la primera excelencia de este dulcísimo y amabilísimo nombre de Jesús, que es ser remedio de todos nuestros males, medicina de nuestras enfermedades, alivio de nuestras penas, consuelo de nuestras aflicciones, esfuerzo de nuestros temores, áncora firme y puerto seguro de esta peligrosa navegación.
Otra es, ser el propio y más significativo nombre, de todos los que se dan á Cristo en las divinas Letras; porque dejando á parte los nombres metafóricos, que solo dan, como «León, Oveja, Cordero, Pastor, Camino, Puerta, Luz» y otros semejantes, y hablando de los que como propios se le atribuyen; en comparación de este, todos se pueden tener por apelativos, y como sobrenombres, y el más propio de todos es Jesús, el cual comprende casi todos los demás; porque todos los otros nombres de Cristo, ó significan á Dios en sí; como entre los hebreos, «Jehovah, Saddaí, Él», y el que el mismo Señor dijo á Moisés: «Qui est, misil me ad vos»: El que es, me envió á vosotros: ó significan á Dios con algún respecto á las criaturas, como «Dios, Juez, Criador, Gobernador, Proveedor»; ó denotan algún efecto de la divina gracia, que obró este Señor: como «Emanuel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre del siglo advenidero, Príncipe de la paz»; y aquellos otros: «Date priesa: Quita los despojos: Apresúrale en robar»: que son todos nombres, que da Isaías á Cristo nuestro Redentor; y el que le da Jeremías, llamándole «Nuestro Justo»: Zacarías, «Nuestro Oriente»; y Malaquías, «Ángel del Testamento», y otros, si hay, como estos; todos se comprenden en el nombre de Jesús, como todos los sabores en el maná, y en la confección de la triaca la virtud de muchos simples, de los cuales ella se compone: y todos los otros nombres significan el principio, ó el medio, ó el fin de nuestra salud: más el nombre de Jesús significa á Dios hombre, á Dios como la misma salud, y al hombre como á vaso, en que aquella salud nos viene del cielo. Por los nombres, que significan á Dios en sí, apenas le conocemos; por los segundos, que tienen respecto á las criaturas, algo más; por los terceros, que nos declaran los efectos, que obran en nuestras almas con su gracia, mucho más.
Pero ninguno nos roba más el corazón, ni nos inflama tanto en su amor, cuanto este nombre de Jesús; porque este más que todos nos declara, que es Salvador, y Salvador de pecados, que para salvarnos de ellos dio su sangre y murió en una cruz: y así cuando pronunciamos el dulcísimo nombre de Jesús, no le habemos de pronunciar como un nombre desnudo, sino vestido y adornado con todos sus atavíos, y que nos representa, no solamente la salud, que nos dio nuestro Salvador, sino también la manera con que nos la dio; porque sin duda el amor con que nos salvó, es más admirable y más amable para nosotros, que la misma redención: pues no solamente nos dio salud, lo cual pudiera hacer sin que nada le costara; pero diónosla, tomando sobre sí nuestras enfermedades, sanando nuestras llagas con las suyas, y con sus penas pagando nuestras culpas, y librándonos de la muerte eterna con la suya: y por esto cuando decimos «Jesús», decimos un Salvador, que por nosotros fué reclinado en un pesebre y circuncidado, y lloró, y se cansó, y tuvo hambre y sed; y finalmente fué escupido, abofeteado, escarnecido, azotado, espinado, aheleado, enclavado y atravesado con una lanza por nuestros pecados en la cruz.
Triunfo del Santo Nombre de Jesús en el techo
 de la nave de la Iglesia del Gesù en Roma
Todo esto nos representa este nombre de Jesús, que es nombre de tanto amor para los hombres, y de tanta reverencia para los ángeles, y de tanto terror y espanto para los demonios: es nombre sobre todos los otros nombres, al cual se humillan las potestades del cielo, y se arrodillan las de la tierra, y tiemblan las del infierno: es nombre dado del Padre Eterno á su benditísimo Hijo, pronunciado del ángel, declarado de los profetas, derramado por el mundo, abrazado y creído de todos los fieles, en cuya virtud se salvan, todos los que se salvan. Este nombre esforzó á todos los mártires, y les hizo con gozo derramar su sangre por amor de este Salvador, que había dado la suya por ellos: por este nombre fué apedreado Esteban, crucificado Pedro, descabezado Pablo, desollado Bartolomé, asado Lorenzo; y todos los otros apóstoles y mártires, azotados, afrentados y muertos. Este nombre tuvo tan estampado el apóstol en su alma, que en todas sus epístolas le repite, y predica innumerables veces; y su lengua, apartada ya la cabeza del cuerpo, tres veces le pronunció, y en lugar de sangre salió leche de sus cervices cortadas: este nombre tuvo tan impreso san Ignacio en su corazón, que partiéndole, como dicen santo Tomás y san Antonino, se halló en él el nombre de Jesús escrito con letras de oro. En virtud de este nombre muchísimos santos hicieron muchos y grandísimos milagros, y san Bernardino enseñó, que debe ser reverenciado con la misma reverencia y latría, que adoramos al mismo Salvador, nó por las letras con que se escribe, ni por la voz y sonido con que se pronuncia; sino por la persona divina, que este nombre nos representa. ¡O nombre glorioso, nombre dulce, nombre suave! ¡Quién le trajese siempre escrito con letras de oro en medio del corazón! Nombre de inestimable virtud y reverencia, que vence los demonios, alumbra los ciegos, resucita los muertos, y á un hombre flaco, caído y miserable, le hace hijo y particionero de Dios.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

viernes, 2 de enero de 2026

S A N T O R A L

SAN GREGORIO NAZIANCENO,

 OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA


Al lado de Atanasio se presenta un segundo Doctor de la Iglesia para ofrecer a Jesús resucitado su genio y su elocuencia. Es Gregorio de Nazianzo, el amigo y émulo de Basilio, el orador insigne, el poeta que a la fecundidad más asombrosa supo unir la energía y la elegancia, el que entre todos los Gregorios mereció y obtuvo el nombre de Teólogo por la seguridad de su doctrina, la elevación de su pensamiento, el esplendor de su exposición. La Santa Iglesia le celebra con alegría en estos días porque nadie habló con tanta magnificencia como éldel misterio de Pascua. Por el comienzo de su segundo discurso para esta solemnidad se podrá juzgar. Escuchemos. 

EL PREDICADOR DE PASCUA



"Permaneceré observando como el centinela", nos dice el profeta Abacuc; y yo hoy, a ejemplo suyo, iluminado por el Espíritu Santo hago también la vela, observo el espectáculo que se descubre ante mí, escucho las palabras que van a resonar. Y así velando, veo sentado sobre las nubes a un personaje cuyos rasgos son de ángel y cuya vestidura brilla como el relámpago. Su voz resuena como la trompeta y las ñlas apretadas del ejército celeste le rodea; y dice: "Este es el día de la salida para el mundo visible e invisible. Cristo se levanta de entre los muertos, levantaos también vosotros. Cristo toma nuevamente posesión de sí mismo, imitadle. Cristo se lanza fuera del sepulcro, desligaos vosotros de los lazos del pecado.Las puertas del infierno están abiertas, la muerte ha sido destruida, el viejo Adán, aniquilado ysustituido por otro, renovaos vosotros que formáis parte de la creación nueva en Cristo.""Así hablaba él, y los otros ángeles repetían lo que cantaron el día en que nació Cristo:
Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
A mí toca ahora hablar de todas estas maravillas: ¡Quién me diera la voz de los ángeles, una vozque se oyera hasta en los últimos confines de la tierra!
"¡La Pascua del Señor, la Pascua! ¡Una vez más la Pascua en honor de la Trinidad! Es la fiesta de las fiestas, la solemnidad de las solemnidades que sobresale entre las demás como el sol sobre las estrellas. Desde ayer ¡cuán augusta fué la jornada con sus vestiduras blancas y sus numerosos neófitos llevando antorchas! Teníamos doble función pública y particular; todas las clases de hombres, magistrados y dignatarios en gran número, en esta noche iluminada con profusión de luz. Pero hoy esas alegrías y grandezas son inmensamente mayores; ayer era sólo la aurora de la gran luz que ha surgido hoy. La alegría que sentían no era sino preludio de la que experimentamos en este momento; porque en este día celebramos la resurrección misma, no ya sólo esperada sino cumplida y extendióse al mundo entero".

EL CONTEMPLATIVO


Así hablaba el orador que no hizo más que pasar por la Sede de Constantinopla. Hombre amante del retiro y de la contemplación, las intrigas del siglo consumieron pronto sus energías, la bajeza y ruindad de los hombres laceraron su corazón; y dejando a otro el peligroso honor de ocupar un trono tan disputado, volvió de nuevo a su amada soledad donde tanto placer experimentara en el trato con Dios y las Sagradas Escrituras. A pesar del corto espacio de tiempo y de los innumerablesobstáculos había podido afianzar para largo tiempo la fe resquebrajada en la capital del imperioy trazar una estela luminosa que todavía no se había borrado cuando San Juan Crisóstomo vino a sentarse en esta Sede de Bizancio donde a su vez tantas pruebas le esperaban.

Vida



Gregorio nació en Nacianzo, en Capadocia entre 325 y 330. Fué a estudiar a Atenas en Compañía de su amigo San Basilio, y con él, se aplicó a estudiar la Sagrada Escritura. Después de haber permanecido algún tiempo en la soledad fué elegido obispo de Sásima, y luego de Nacianzo, en 372, y finalmente de Constantinopla en 381 donde su primer cuidado fué combatir la herejía y atraer muchas almas a la pureza de la fe católica. Pero habiéndose levantado una persecución
contra él, renunció al episcopado y volvió a Nacianzo dándose por entero a la contemplación de las cosas divinas y a la composición de obras teológicas. Fué enérgico defensor de la consubstancialidad del Hijo de Dios. Tras largos años de recogimiento y de estudio se durmió en la paz del Señor hacia el año 390.
El don de l a fe.
Te saludamos, doctor inmortal, a ti que mereciste que Oriente y Occidente te apellidaran el teólogo por excelencia. Iluminado por los rayos de la Santísima Trinidad nos manifestaste sus esplendores cuanto nuestra vista puede entreverlos en esta vida. En ti se cumplió esta palabra: "Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios",
La pureza de tu alma la había dispuesto a recibir la luz divina y tu pluma inspirada supo dar algo de lo que tu alma había gustado. Alcánzanos, Gran Doctor, el don de la fe que pone a
la criatura en relación con Dios, y el don de la inteligencia que la hace comprender lo que cree.
Todos tus trabajos tuvieron como ñn prevenir a los fieles contra las seducciones de la herejía
haciendo brillar ante sus ojos los dogmas divinos en toda su magnificencia. Haznos cautos a fin de
que podamos evitar los lazos del error y abre nuestros ojos a la luz inefable de los misterios,
a esa luz, que según San Pedro, es para nosotros "como lámpara que luce en lugar tenebroso hasta que comience a brillar el día y el lucero se levante en nuestros corazones".

LA UNIDAD DE LA FE


En estos tiempos en que el Oriente, preso largo tiempo de la triste movilidad del error secular y de la servidumbre, está como en vísperas de una crisis que debe modificar profundamente sus destinos, mientras una política profana sueña en explotar en provecho de la ambición humana los cambios que se preparan, acuérdate, oh Gregorio, de la infortunada Bizancio. Mañana, quizás las potencias del mundo se la disputarán como una presa. Fuiste algún tiempo su pastor, tu recuerdo aún no se ha borrado de su memoria, apártala del espíritu del cisma y del error. Cayó bajo el yugo del turco en castigo de su rebelión contra el vicario dé Cristo. Pronto se verá libre de él. Haz que almismo tiempo el yugo del error y del cisma, mucho más peligroso y humillante, se rompa y desaparezca para siempre. Empieza ya a notarse un movimiento de retorno; provincias enteras seagitan y parecen querer dirigir una mirada anhelante a la madre común de las Iglesias, queles abre sus brazos. Desde lo alto del cielo ayuda a la reconciliación. El Oriente y el Occidente tehonran como uno de sus más sublimes órganos de la verdad divina. Con tus oraciones aliéntalesa unirse de nuevo en un solo redil, bajo un solo pastor, antes que el Cordero inmaculado y sacrificado baje del cielo para separar la cizaña del buen grano y para llevar a su gloria a la Iglesiasu esposa y nuestra madre fuera de la cual no hay salvación.

LA GRACIA PASCUAL


Ayúdanos en estos días a contemplar las grandezas de nuestro divino resucitado. Haznos vibrar de santo entusiasmo en esta Pascua que te inundaba en sus alegrías y te inspiraba las sublimes frases que acabamos de oír. Amaste a Cristo salido triunfante de la tumba desde tus más tiernos años y a tu vez su amor hacía palpitar tu corazón. Ruega para que nosotros también le seamos siempre fieles, para que estos misterios cautiven siempre nuestras almas, que permanezca siempre en nosotros esta Pascua y que la renovación que nos ha traído persevere en toda nuestra vida y que en sus vueltas sucesivas nos encuentre atentos y vigilantes para acogerla con ardor siempre renovado hasta que nos acoja la Pascua eterna y nos abra sus alegrías sin fin.


 fuente: Año Liturgico de Dom Próspero Guéranguer

jueves, 1 de enero de 2026

S A N T O R A L

Santa María, Madre de Dios

Santa María Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte

 PLEGARIA A LA MADRE DE DIOS

de Cirilo de Alejandría con los inflamados acentos que el Espíritu Santo le inspiró para cantar sus grandezas el día siguiente al triunfo de Efeso:
The Theotokos, Our Lady of Perpetual Help
"Te saludamos ¡oh María, Madre de Dios! como la joya resplandeciente del universo, lámpara que no se extingue, corona de la virginidad, cetro de la Ortodoxia, templo indestructible y lugar en que se encierra la inmensidad, Madre y Virgen, por quien nos es presentado el bendito de los Evangelios, que viene en nombre del Señor. Salve, oh Virgen cuyo seno virginal y siempre puro, ha llevado al que es infinito, por quien es glorificada la Trinidad, por quien es honrada y adorada la Cruz preciosa en toda la tierra; alegría del cielo, serenidad de los arcángeles y ángeles, que ahuyentas a los demonios, por Ti el tentador es arrojado del cielo mientras que por Ti la criatura caída se levanta hasta los cielos. La locura de los ídolos dominaba al mundo, y tú abriste sus ojos a la verdad; a Ti deben los creyentes el santo bautismo, a Ti el óleo de la alegría; Tú fundas las iglesias en toda la tierra y conduces a las naciones a la penitencia.
¿Qué más diré? Por Ti ha brillado el Hijo de Dios como la luz de los que yacían en las tinieblas y en la sombra de la muerte; por Ti los profetas han vaticinado el futuro, los Apóstoles han anunciado la salvación a las naciones; los muertos resucitan y reinan los reyes por la santa Trinidad. ¿Qué hombre podrá jamás celebrar a María, digna de toda alabanza, de una manera conforme a su dignidad?".

Doce Anatemas propuesta por San Cirilo de Alejandría y aceptada por el Concilio de Éfeso

Archivo:Encaustic Virgin.jpg1. Si alguno no confiesa que el Emmanuel es Dios en verdad, y por tanto, que la Santísima Virgen es la Madre de Dios (para ella dio a luz según la carne el Verbo de Dios hecho carne, sea anatema. 
2. Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios Padre se ha unido por hipóstasis con la carne y es un Cristo con su propia carne, por lo que es Dios y el hombre, sea anatema. 
3. Si alguien se divide en la que Cristo las hipóstasis después de la unión, uniéndolas sólo por una conjunción de la dignidad o autoridad o el poder, y no más bien por una unión en una unión por la naturaleza, sea anatema. 
4. Si alguien distribuye entre las dos personas o hipóstasis las expresiones utilizadas, ya sea en los Evangelios o en los escritos apostólicos, si son utilizados por los escritores sagrados de Cristo o por él mismo sobre sí mismo, y le atribuye a algunos a él como a un hombre, el pensamiento de separado de la Palabra de Dios, y otros, como corresponde a Dios, a él como a la Palabra de Dios el Padre, sea anatema. 
5. Si alguien se atreve a decir que Cristo era un hombre de Dios y no teniendo más a Dios en verdad, siendo por naturaleza un hijo, aun cuando "el Verbo se hizo carne", y se hace partícipe de la sangre y la carne, precisamente como nosotros, que sea anatema. 
6. Si alguien dice que la Palabra de Dios el Padre era el Dios o el capitán de Cristo, y no más bien confesar el mismo Dios y hombre, el Verbo hecho carne que, conforme a las Escrituras, sea anatema. 
7. Si alguien dice que como hombre Jesús fue activado por la Palabra de Dios y estaba vestido con la gloria del Unigénito, como un ser separado de él, sea anatema. 
8. Si alguien se atreve a decir que el hombre que se suponía debía ser adorado y glorificado junto con la Palabra divina y se llama Dios junto con él, al estar separado de él, (por la adición de "por" siempre nos obligan a pensar de esta manera), y no en lugar de Emmanuel culto con una veneración y enviar a él una doxología, incluso como "el Verbo se hizo carne", sea anatema. 
9. Si alguien dice que el Señor Jesucristo fue glorificado por el Espíritu, como la utilización de un poder ajeno que funcionaban a través de él y de haber recibido de él el poder de dominar los espíritus inmundos y hacer maravillas divina entre las personas, y no más dicen que era su propia adecuada Espíritu a través de los cuales trabajó las maravillas divinas, sea anatema. 
10. La Escritura dice que Cristo divino se convirtió en "el sumo sacerdote y apóstol de nuestra profesión", él se ofreció a Dios Padre en olor de suavidad por nuestra causa. Si alguien, por lo tanto, dice que no es la misma Palabra de Dios que se hizo nuestro sumo sacerdote y apóstol, cuando se hizo carne y hombre como nosotros, pero como si fuera otro que estaba separada de él, en particular, un hombre de una mujer, o si alguien dice que le ofreció el sacrificio también para sí mismo y no más bien por nosotros solos (porque el que no conoció pecado, no necesitaba que ofrece), sea anatema. 
11. Si alguno no confiesa que la carne del Señor es vivificante y pertenece a la Palabra de Dios el Padre, pero sostiene que pertenece a otro fuera de él, unidos a él en dignidad o disfrutar de una mera inhabitación divina, y es no más bien da la vida, como hemos dicho, ya que se convirtió en la carne perteneciente a la Palabra que tiene poder para poner todas las cosas a la vida, sea anatema. 
12. Si alguno no confiesa que el Verbo de Dios sufrió en la carne y fue crucificado en la carne y la muerte sabor en la carne y se convirtió en el primogénito de los muertos, si bien, como Dios que es vida y dador de vida, sea anatema.