martes, 28 de febrero de 2017

S A N T O R A L



SAN HILARIO, PAPA Y CONFESOR


Nació en la isla de Cerdeña , y se dedicó á la carrera eclesiástica.
Había prestado servicios importantes á la religión, y era diácono de la Iglesia de Roma, cuando por muerte de san León el Grande, fue elegido soberano pontífice, y consagrado el día 12 de noviembre del año 461. La alegría que produjo su elevación á la silla de san Pedro en todos los obispos del mundo cristiano, es una prueba de que era merecedor de aquella dignidad. El celo que desplegó Hilario en favor de la religión, y los cuidados incesantes con que procuró que se observase en toda su pureza la disciplina eclesiástica, repararon en algún modo la pérdida que había sufrido la Iglesia con la muerte del papa san León. Entre las cosas notables de su pontificado es una de ellas la prohibición de que ningún obispo eligiese á su sucesor, y la estricta observancia del canon del concilio de Nicea contra las traslaciones de los obispos de una silla á otra. San Hilario murió el día 21 de febrero del año 468 con la muerte de los santos, después de haber anatematizado a los heresiarcas Eutiques y Nestorio, confirmado los concilios generales de Nicea, Efeso, y Calcedonia, y tenido otro concilio en Roma, el año 460.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

lunes, 27 de febrero de 2017

S A N T O R A L

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA,CONFESOR

Un devoto de María

Soy un alma tan pequeñita que no puedo ofrecer a Dios más que cosas pequeñas.

Estas palabras de Santa Teresita del Niño Jesús, las podía haber repetido también este joven religioso pasionista italiano, que la Iglesia propone hoy a nuestra piedad. Ninguna obra exterior, ningún milagro, ningún escrito le han distinguido entre sus contemporáneos. Al igual que Santa Teresita y San Luis Gonzaga se ha santificado en el silencio y en la obscuridad de la vida religiosa, y “acabada su vida en poco tiempo, concluyó una larga carrera”.
Sus cualidades personales le hubieran escla­recido en el mundo; se le abría un bello porvenir, más una sola mirada le detuvo en el umbral de la adolescencia. No fué, como para el joven rico del Evangelio, la del Señor, fué la de Nuestra Seño­ra. Un día en Espoleto, la Virgen le miró tierna­mente y le dijo: “El mundo no es para ti; es necesario que entres en religión”. Y él, compren­diendo que Dios y el mundo nunca pudieron unir­se, abandonó sin pena este mundo que pasa..., a fin de cumplir la voluntad de Dios y vivir eter­namente”.
Su gran amor a Nuestra. Señora de los Dolores le hizo escoger naturalmente la orden consa­grada a conmemorar la Pasión de Nuestro Señor y la espada que traspasó el corazón de su Madre. "Su devoción a la Virgen, escribe su director, fué el objeto principal de su vida, la fuente principal de donde se deriva todo cuanto hay de excepcio­nal y admirable en su vida”, y la Iglesia nos dice, “que fué suscitado por Dios para dar, por su ejem­plo, un gran desarrollo al culto de la Virgen de los Dolores”.
Durante los seis años de vida religiosa pro­curó ser el último de todos y pasar inadvertido. Los medios de asemejarse a Jesús Hostia y de responder a su amor, fueron la humildad, la po­breza, la obediencia y el sacrificio. Pidió morir tísico “para poder sentirse morir y manifestar a Dios, hasta el último momento, su amor”. Así, cuando el Señor, “llamó e hizo oír su voz” él respondió con alegría y se durmió en el Señor el 27 de febrero de 1862, “poniendo su esperanza en la misericordia divina y en la intercesión de su querida Madre”.
El Papa le ha propuesto como patrono y modelo de la juventud italiana.

Vida

San Gabriel nació en Asís el primero de marzo de 1838. Estudiante en Espoleto, fué seducido durante un tiempo por los placeres del mundo, no se apegó sin embargo a ellos, y conmovido por la mirada de la Virgen el 22 de agosto de 1854, resolvió abandonarlo todo y entrar en el instituto de clérigos de la Pasión de Jesús. Fué admitido el 8 de setiembre de 1856 y vistió el hábito el 21 fiesta de Nuestra Señora de los Dolores y con el nombre Gabriel de la Dolorosa, que le debía recordar sin cesar las alegrías y dolores de la Santísima Virgen; emitió sus primeros votos el 27 de setiembre de 1857 y murió el 27 de febrero de 1862 después de haber practicado en la obscuridad de la vida religiosa y en la más perfecta sencillez, las más altas virtudes, una gran mortificación, el más tierno amor a la Pasión del Señor, al Sacramento de la Eucaristía, y sobre todo a los Dolores de Nuestra Señora. Habiendo Dios manifestado sus méritos con grandes milagros, Benedicto XV le canonizó en 1920 y Pío XI extendió su Oficio y su Misa a toda la Iglesia.

Con Nuestra Señora de los Dolores

Oh San Gabriel, nos alegramos de celebrarte al comienzo de este gran retiro de Cuaresma. Vienes a unir tu voz con la de la Iglesia para determinarnos a romper de una vez con nuestras malas costumbres. No todos pueden como tú, retirarse a la soledad, más a todos enseñas cómo en medio del mundo, se puede guardar el corazón puro y permanecer fieles a Dios.
Para conseguir esto tú nos indicas el medio: mirar a Jesús y a María en la Pasión. Sabemos por el autor de la Imitación “que el que se ocupa en meditar con atención y piedad la vida y Pasión del Salvador, encontrará allí abundantemente así lo útil como lo necesario”. Concédenos grabar en nuestro corazón profundamente y para siempre la Pasión del Señor. Tú a quien Dios enseñó “a meditar los Dolores de su Santísima Madre y que por ella fuiste elevado a la gloria por la gracia de la santidad, haz que, por tu intercesión y ejemplo también nosotros nos compadezcamos de los Dolores de María y que por su maternal protección obtengamos la salvación eterna”'.
“No hago otra cosa, decías, que bendecir la mano misericordiosa de esa Virgen que me ha retirado del mundo.” Tú la hablabas como un niño a su madre, y cuando el demonio quería atemorizarte gritabas: “Querida Mamá, arrójale.”
Enséñanos a recurrir a María en los peligros y dirígela para nosotros tu última plegaria.
“Oh María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos del enemigo y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte.”

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

domingo, 26 de febrero de 2017

S A N T O R A L

SAN ALEJANDRO de Alejandría. Obispo

Sucedió á san Aquilas en la silla patriarcal de Alejandría en el año 313. Era hombro de doctrina y vida apostólica, dulce y caritativo con los pobres. Lleno de fé y fervor, elegía para el ministerio sagrado á los que se habían santificado antes en la soledad, siendo principalmente feliz en la elección de los obispos de todo el Egipto. En tiempo de este patriarca, vomitó el infierno la mas impía herejía de cuantas se han visto en el seno de la Iglesia. Arrio, presbítero de Alejandría, comenzó, el año 321, á predicar su absurdo sistema contra la divinidad de Jesucristo. Juntóse con Melecio, obispo de Licópolis, y sus errores, disfrazados con todo el arte que sabe aparentar la hipocresía y la falsa virtud, adquirieron por desgracia tantos partidarios, que san Alejandro creyó deber mirar con mucha importancia el negocio, y á este fin convocó en 321 dos concilios sucesivos en Alejandría, en los cuales Arrio y todos sus partidarios fueron condenados y excomulgados. 
First Ecumenical Council of Nicea, icon from the late 15th-early 16th century, Ambroveneto Collection, Vicenza

Escribió después san Alejandro al papa san Silvestre; y en una carta circular á los demás obispos de la Iglesia, les daba cuenta de la herejía y condenación de Arrio.
El resultado de estos pasos, y el fruto de la viva pintura, que de los nuevos errores  Alejandro había hecho al papa, al emperador y á todos los obispos de la cristiandad,  fué la convocación de un concilio general,  que se juntó en Nicea de Bitinia el dia 19 de junio del año 325, al cual asistió el emperador Constantino, y trescientos diez y ocho obispos de todas partes del orbe católico. En él reprodujo san Alejandro sus acusaciones contra la doctrina de Arrio, que fué nuevamente condenado, dejando explícitamente definida y explicada la divinidad del Verbo divino. Disuelta la asamblea, Alejandro volvió á su diócesis, donde después de haber recomendado por sucesor suyo a san Atanasio, descansó santamente en el Señor, el día 25 de febrero del año 326 ó 328 .

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

sábado, 25 de febrero de 2017

S A N T O R A L

San Néstor, obispo y mártir
En aquel tiempo que el tirano Decio, con infames edictos y bárbaros decretos, perseguía la iglesia de Dios, mandando, que todos aquellos que no sacrificasen á los impuros espíritus de los demonios en sus fal­sos dioses, fuesen cruelmente atormentados y muertos; residía en Pergen, ciudad de Pamíilia, Néstor, obispo de ella, hombre de vida inocentísima, religiosísima y santísima: tanto, que al mismo Irenarco, que era juez ordinario de aquella ciudad, era freno, terror y respeto. Era presi­dente de Pamfilia Polion, el cual quería con su fiereza obligar á los cristianos á contaminarse con los inmundos sacrificios de sus ídolos, obligánd­los y compeliéndolos á que comiesen de las carnes inmoladas á ellos. Enfurecióse contra los que resistían á tan inicuo precepto, prendiendo á unos, y á otros quitando las vidas, como experimenta­ron Papías, Diodoro, Comnon y Claudio, que gloriosamente las perdieron para lo temporal, ganándolas para lo eterno, por conservar inmaculada la fé de Jesucristo.
Ocupábase Néstor de día y de noche, mien­tras esto así pasaba, en rogar y pedir al inmacu­lado esposo de las almas Jesús y pastor divino, fuese servido de mirar por su rebaño, pues estaba á su cuidado, Irenarco á este tiempo juntó su consejo, y habló así: Nada podremos contra estos cristianos, si primero no le quitamos la cabeza al que los rige, esfuerza y anima, y á quien todos en todo obedecen: y supuesto que ya sabéis que este es Néstor su obispo, importa armarnos con­tra él. Tuvo Néstor noticia de este consejo, y de lo que en él se trató, y así aconsejó á sus ovejas, que procurasen guardarse de los lobos, y se escondiesen: pero él no tomó el consejo para sí; antes como valeroso y fuerte capitán, esperó en su misma casa, cara a cara al enemigo, puesto siem­pre en oración; en que pedía á Dios por la salud, paz y perseverancia constante en la fé de su rebaño.
Vinieron á su casa, y la sitiaron sus ene­migos, acompañados de gran turba: y llegando uno á la puerta, con grandes voces llamaba á Nés­tor; y el santo, puesto en oración, no respondía, y uno de la casa le avisó que lo buscaban. Acabó su oración; y sin turbarse, salió á recibirlos, que ya sabia le venían á prender: pero causó á toda aquella infiel canalla tanta veneración su vista, que todos corteses y humildes, la rodilla por tierra, le adoraron y veneraron como cosa sagrada. Viéndolos así el varón fuerte, les dijo con ternura y afecto de padre: Y pues, hijos queridos, ¿qué queréis? ¿A qué venís? Toda la corte, respon­dieron, te llama, y entonces, sin hablar palabra, haciéndose la señal de la cruz en la frente, los si­guió alegre y risueño, en nombre de Jesucristo. Llegaron al consistorio; y fué cosa maravillosa ver, que siendo preso como reo, toda la curia se levantó, y descubiertos todos como si entrara su rey y señor, le saludaron y veneraron. El santo obispo les dijo humilde: Dios os perdone; ¿y por­qué así me traíais? Tu dignidad, tu conversación, vida y trato honesto, merece honra tanta. Y con esto le hicieron sentar en un trono real y magnifico, y ellos se sentaron en sus sillas y bancos. Bastan los honores que me habéis hecho, dijo Nés­tor: resta saber, qué es lo que de mí queréis ahora. Entonces Irenarco dijo: ¿Has oído, señor, el edicto del emperador? No conozco, ni sé mas edicto, respondió Néstor, de otro emperador, que del supremo Dios. Si tú, dice Irenareo, vie­nes bien, en lo que te decimos, nos excusarás el ponerte en el tribunal del juez. Yo, dice Néstor, no vengo bien, sino en solo obedecer á Jesucristo, ni en mí hay más voluntad que la suya. Tú, dijo Irenareo, estás endemoniado. ¡Ojalá, y vosotros, dijo Néstor, estuvieseis libres de los demonios, y no adorarais demonios!
Resultado de imagen para San NÉSTOR DE MAGIDO¡O hombre atrevido! dijo Irenareo furioso entonces. ¿Así te atreves á llamar demonios á nuestros dioses? No solo, dijo el santo, los llamo demonios, sino es, que lo son, y ellos mismos lo confiesan. Pues yo haré, dijo mas furioso Irenarco, que el presidente Polion, á cuya presen­cia irás luego, te atormente, hasta que confieses ser verdaderos dioses los nuestros, y nó demonios como dices. Entonces Néstor, haciéndose la señal de la cruz en la frente, dijo; ¿Qué me amenazas con tormentos? Yo no temo tus tormentos, ni los del presidente: solo si temo aquellos, con que amenaza Cristo mi Dios. Entonces Irenareo entregó á Néstor en manos de sus ministros, con orden, de que llevándolo preso, lo siguiesen á él, que iba á Pergen. Iba siguiendo el cordero el sangriento lobo. Sucedió en el camino un gran terremoto, y bajó una voz del cielo, que confirmó y dió nuevo ánimo á nuestro invicto mártir de Jesucristo. Los que le llevaban preso, le preguntaron: Señor obis­po, ¿qué trueno ó voz es esta? ¿De dónde ha ve­nido tan gran terremoto? Señales de Cristo mi Dios, respondió Néstor alegre.
Llegaron á la ciudad, y dando Irenareo cuenta al presidente, al siguiente día, sentado Polion en su trono, hizo traer á su presencia al mártir de Cristo, y preguntóle: ¿Cómo te llamas? Siervo de Cristo, respondió el santo. No le pre­gunto eso, dijo el presidente: dime tu nombre; que quiero saberlo. Yo soy cristiano; dijo el guer­rero esforzado, y este es mi nombre: pero si aún deseas saber el nombre temporal, llamóme Nés­tor. Bien está, dijo el presidente: sacrifica á los inmortales dioses: ofréceles incienso; y fe doy mi palabra, si así lo haces, de escribir luego á nues­tro augusto emperador, para que lo constituya príncipe de los sacerdotes, y que todas las cosas estén á ti sujetas, para que con tantos honores y riquezas infinitas, que con ellos poseerás, vivas feliz y bienaventurada vida por largos años. En­tonces el invicto mártir, levantando los ojos al cielo, y signándose con la cruz, dijo al presidente: Aunque á este miserable cuerpo le atormentes cruelísimamente, ya con cadenas, ya con azotes, ya con fieras que lo despedacen, ya con otros exquisitos tormentos; mientras en mí hubiere espí­ritu de vida, no me podrás reducir á que jamás niegue aquel divino nombre de mi Señor Jesucris­to, que es sobre todo nombre. Mandóle el presidente atormentar en el ecúleo ó potro con todo rigor.
Obedecieron los crueles ministros al cruel y bárbaro presidente, imprimiendo en los lados de su gloriosísimo cuerpo, tan profundamente las uñas y garfios de acero, que se descubrían sus santas costillas. El esforzado y valeroso campeón, regocijado y alegre cantaba: Bendeciré al Señor en todo tiempo: sus loores siempre se verán y oirán en mi boca. Admirado, y pasmado el presidente de ver tan firme constancia, y valor tan estupendo, dijo: ¿No te avergüenzas, infeliz, más que cuantas criaturas son en el mundo, de poner toda tu esperanza en un hombre, que acabó con afrentosa muerte? Sea enhorabuena, dijo Néstor, afrenta y vergüenza mía, y de todos aquellos, que invocan y confiesan el nombre de mi Señor Jesucristo, tal vergüenza y afrenta; que yo me tengo por el más feliz dé los mortales.
La ciudad toda, que atendía al espectáculo, unos confusos, otros lastimados, y admirados to­dos, pidieron á grandes voces al presidente, que le quitara ya la vida. El presidente le preguntó entonces: ¿Quieres sacrificar á los dioses? A que respondió Néstor con una santa impaciencia: Impío, cruel, infame, hijo del demonio, ¿qué, no solo no temes, y reverencias el santo nombre de Dios y su presencia, á quien debes el puesto de prínci­pe, que indignamente ejerces (por él reinan los reyes, mandan los príncipes, y los poderosos ha­cen justicia), sino es que también quieres obligarme á mí, á que deje al verdadero Dios, Criador y Salvador del mundo, y adore unas estatuas de piedra? Córrete y afréntate ya de solo imaginarlo. Ya Polion no pudo oír mas baldones; y así le preguntó furioso: ¿Tú quieres estar con nosotros ó con tu Cristo? Y Néstor, todo regocijado, y lleno de alegría, dijo: Con Cristo mi Dios fuí siempre, soy y seré. Entonces Polion dió contra él la sen­tencia, diciendo: Pues tanto quieres á tu Cristo crucificado debajo del poder de Poncio Pílalo; yo, para que más devoción tengas á tu Dios, le sen­tencio á que mueras, como él en una cruz. El glorioso mártir, alzando los ojos al cielo, dio por tal sentencia infinitas gracias á Dios, y luego al punto fué enclavado en una cruz; la cual le fué divina cátedra; pues desde ella predicaba, y en­señaba al pueblo cristiano; amonestando á todos, que perseverasen en la fé y caridad de Cristo, y se compadeciesen unos de otros, para que juntamente todos fuesen glorificados. 
Después, pidiendo á todos los presentes á su muerte, que se hincasen de rodillas; é hiciesen oración á Dios juntamente con él, como todos lo hicieron; al punto, que la acabaron y dijeron amen, dió su espíritu al Señor á las tres horas después de haber amanecido el día de jueves, á 26 de febrero. Escribieron su vida y martirio, Beda, Usardo, Adon en sus martiro­logios, Sanctoro, Surio y el Martirologio romano, año 254.
Leída con atención esta santa vida, se verá, cuánta estimación y aprecio hace el sumo sacerdote Cristo de aquel: que le substituye en la dig­nidad y oficio de pastor, no desdiciendo del nom­bre, antes sí ejerciendo tan dignamente su ministerio, como Néstor hacía: pues á estos tales no permite su Majestad soberana, haya manos, que se les atrevan sacrílegas, sino es, que aun sus mortales enemigos los traten con veneración, y respeto: solo llega á permitir (y esto, para que acumulen méritos á su gran corona de gloria), les atormenten y quiten la vida, permitiendo asimismo, por particular y grandísimo favor, á algunos su amada cruz: Hasta aquí pueden llegar las fine­zas de mi Dios amante, todas las experimentó Néstor, como hemos visto: de donde podernos inferir, lo mucho que Dios le ama, y de ahí tener una firme esperanza, de que valiéndonos de su intercesión, conseguiremos de su divina Majestad, cuanto le pidiéremos para la salud de nuestras al­mas, y mayor gloria suya.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.