San José,
Protector de la Iglesia Católica
Invocación que resume su grandeza | |||
Hay varias invocaciones de San José que podríamos considerar. Creo que, entre esas invocaciones, ninguna es más bonita que "Protector de la Iglesia Católica".
El protector de algo es, de algún modo, un símbolo de aquello que protege. Consideren Uds., por ejemplo, alguien que sea guardia de la reina de Inglaterra. Él, de algún modo, toma en sí algo de la realeza de la reina; ¡es un honor ser guardia de la reina! Para ello se escogen los individuos más capaces, los que tengan más coraje, los que en las guerras probaron mayor dedicación a la Corona inglesa. Estos son los invitados a ser guardias de la reina.
Si es un honor ser guardia de la reina, si es un honor ser guardia del Papa, ¡qué honor ser el guardián de la Santa Iglesia Católica!
Exceptuando a Nuestra Señora que es Madre de la Iglesia, nadie puede compararse a la Iglesia Católica. Ningún ángel ni todos los santos considerados separadamente tienen la dignidad de la Iglesia Católica. Porque la Iglesia envuelve a todos los santos y es la fuente de la santidad de todos ellos y, por tanto, un santo nunca puede tener dignidad igual a la de la Iglesia Católica.
La envergadura moral del esposo de Nuestra Señora y Padre adoptivo del Niño Jesús
Por tanto, ¡imagínense lo que implica ser el santo patrón de la Iglesia Católica! Es preciso que sea alguien tan elevado, tan excelso que, por así decir, tiene que ser el reflejo de la Iglesia que guarda, para estar proporcionado a Ella.
Podemos considerar que la envergadura espiritual de San José – en cuanto idéntico con el espíritu de la Iglesia Católica, en cuanto siendo ejemplar prototípico y magnífico de la mentalidad, de las doctrinas, del espíritu de la Iglesia Católica – solo se puede medir por este otro criterio: el hecho de ser Esposo de Nuestra Señora y proporcionado, por tanto, a Nuestra Señora; ser el Padre adoptivo del Niño Jesús ¡y, por tanto, proporcionado al Niño Jesús!
Si quisiéramos tener una idea del alma de San José, del espíritu de San José, sería preciso imaginar todo cuanto pensamos de la Iglesia Católica, toda la grandeza de la Iglesia, toda la simplicidad de la Iglesia, toda la dignidad de la Iglesia, toda la afabilidad de la Iglesia, toda la sabiduría de la Iglesia, toda la inmensidad de la Iglesia, todo cuanto se pueda decir de la Iglesia Católica e imaginar esto realizado en un hombre... ¡Y ahí tendríamos la fisonomía moral de San José!
Debemos imaginar, por lo menos, el perfil moral de ese Santo: la castidad de San José, su pureza sin mancha alguna. Y debemos aproximarnos de él con respeto, con veneración, y pedirle que nos conceda aquello que tanto deseamos recibir.
¿Qué pedir a San José en su fiesta?
Cada uno pregúntese a sí mismo –en un examen de conciencia de un minuto– cuál es la gracia que desea pedir a San José por ocasión de la fiesta de hoy. La primera de las gracias a pedir sería la de la devoción a Nuestra Señora (que él, como esposo, tuvo en grado supremo); otra, la gracia de reflejar el espíritu de la Iglesia Católica tan plenamente cuanto estuvo en los designios de la Providencia al crearnos y al habernos conferido el santo Bautismo; podemos pedir la pureza, la despretensión... podemos pedir todo. Podemos escoger cada una de estas cosas o pedirlas todas ellas en su conjunto.
A veces es bueno pedir una cosa sola, si la gracia nos mueve a pedir una sola. A veces es bueno pedir todo, porque hay momentos en que la gracia nos lleva a ser audaces y a pedir muchas cosas al mismo tiempo.
Y entonces hoy, en la fiesta de San José, conforme al movimiento de la gracia interior en cada uno de nosotros, debemos pedirle algo. Y si no sabemos bien qué pedirle, digámosle: “Mi buen San José, dadme aquello que necesito... ya que ni siquiera sé lo que me conviene”. Estoy seguro de que, desde lo más alto de los Cielos, él sonreirá y dará, con bondad, alguna gracia muy bien escogida. Y con esto queda hecha nuestra invocación a San José.
(*) Transcripción adaptada de grabación. Sin revisión del autor. Traducción del sitio Tradicción y Acción por un Perú mayor
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ASOCIACIÓN CIVIL FÁTIMA LA GRAN ESPERANZA
viernes, 1 de mayo de 2026
S A N T O R A L
jueves, 30 de abril de 2026
S A N T O R A L
SAN PIO V, PAPA Y CONFESOR
LUCHA CONTRA LA HEREJÍA
LUCHA CONTRA EL ISLÁM
Las oraciones de Pío V decidieron la victoria en favor de los cristianos; cuyas fuerzas eran menos numerosas que las de los turcos. Su memoria la celebraremos en octubre, en la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Pero hay que recordar hoy la predicción que hizo el Santo Papa en la tarde del gran día 7 de octubre de 1571. Desde las seis de la mañana hasta la noche se sostenía la lucha entre las flotas cristiana y musulmana. De pronto, el Pontífice, movido por un impulso divino, miró fijamente al cielo; luego guardó silencio durante unos momentos y volviéndose a los que estaban presentes dijo: "Demos gracias a Dios; la victoria es de los cristianos." Muy pronto corrió por Roma la noticia y toda la cristiandad supo que un Papa había salvado una vez más a Europa. La victoria de Lepanto dió un golpe mortal al poder otomano para no levantarse jamás; la era de su decadencia comenzó en este glorioso día.
EL REFORMADOR
LOS MILAGROS
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Cuerpo incorrupto de San Pio V - Basílica de Santa María la Mayor |
Pone este polvo en un lienzo, que le presenta el embajador, y cuando este lo abre, al volver al palacio, lo encuentra empapado de sangre tan roja que parecía haber sido derramada en aquel momento. La fe del Pontífice había evocado la sangre de los mártires, y esta sangre reaparecía a su llamada, para atestiguar en presencia de la herejía que la Iglesia romana del siglo XVI era aquella misma por la que estos héroes habían dado su vida en los tiempos de Nerón.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 787 y siguientes
miércoles, 29 de abril de 2026
S A N T O R A L
SANTA CATALINA DE SIENA, VIRGEN
LA MÍSTICA
¿Quién se atreverá a emprender la tarea de contar los
méritos de Santa Catalina o de enumerar siquiera los títulos de gloria de
que está rodeada? Se encuentra entre las primeras filas de las esposas de
Jesús. Como virgen fiel se unió al Esposo divino desde sus tiernos años. Su
vida, consagrada por tan noble voto, se deslizó en el seno de la familia, hasta
que estuvo preparada para cumplir la alta misión a que la destinaba la
Providencia divina. El Señor, que quería glorificar por ella el estado
religioso la inspiró unirse por medio de la profesión a la orden tercera
de los Frailes Predicadores. Tomó su hábito y practicó toda su vida sus santos
ejercicios. Se trasluce desde el principio en los modales de la sierva de Dios
algo celestial, como si un ángel hubiera bajado a vivir en la tierra para
llevar en su cuerpo una vida humana. Su vuelo hacia Dios es irresistible, y
hace pensar en el ímpetu que arrastra a las almas gloriosas hacia el supremo
bien, ante cuya presencia estará ya siempre. En vano el peso de la carne mortal
intenta retardar su vuelo; la energía de la penitencia la hace someterse, la
suaviza y la aligera. Parece vivir sóla el alma en cuerpo transformado. Le
basta para sostenerle el divino manjar de la Eucaristía; y la unión con Cristo
es tan completa, que se imprime sus sagradas llagas en los miembros de la
virgen y le dan a gustar los dolores de la Pasión.
Desde el interior de esta vida tan elevada sobre los
humanos, Catalina no vive ajena a ninguna de las necesidades de sus hermanos.
Su celo es fuego para las almas, su compasión tierna como la de una madre para
con las dolencias de sus cuerpos. Dios abrió para ella la fuente de los
milagros y Catalina los derrama a manos llenas sobre los hombres. Las
enfermedades y la muerte misma obedecen a su mandato, los milagros se
multiplican en torno de ella.
Las comunicaciones divinas con ella comenzaron desde
sus primeros años, y el éxtasis llegó a ser en ella un estado casi habitual.
Sus ojos vieron con frecuencia al divino resucitado que la prodiga sus caricias
y sus pruebas. Los más altos misterios estuvieron a su alcance y una ciencia
que nada tenía de terrena iluminó su inteligencia. Esta joven sin cultura
compondrá escritos sublimes, en los cuales los horizontes más profundos de la
doctrina del cielo, se exponen con precisión y elocuencia sobrehumanas, con un
acento que aún hoy día penetra las almas.
ACCIÓN POLÍTICA
No quiso el cielo que tantas maravillas permanecieran
ocultas en un rincón de Italia. Los santos son columnas de la Iglesia y si, a
veces, su acción es misteriosa y callada, a veces también se manifiesta a las
miradas de los hombres. Entonces se hacen patentes los resortes con que Dios
gobierna al mundo. Al final del siglo xiv, era necesario hacer volver a la
ciudad eterna al Vicario de Jesucristo, ausente de su Sede desde hacía más de
sesenta años. Un alma santa, pudo con sus méritos y oraciones, lograr que se
realizase este retorno tan deseado por toda la Iglesia; quiso el Señor esta vez
qué esto fuera público; "en nombre de Roma abandonada, en nombre de su
divino Esposo que también lo es de la Iglesia, Catalina pasa los Alpes, y se
presenta al Pontífice que nunca vió a Roma, y a quien tampoco Roma había
conocido. La Profetisa le intima respetuosamente el deber que tiene que
cumplir; como garantía de su misión le revela un secreto que sólo él conoce.
Gregorio X I se da por vencido y la ciudad eterna ve de nuevo a su padre y
pastor. Pero, a la muerte del Pontífice, un cisma, presagio de mayores males,
viene a desgarrar el seno de la Iglesia. Catalina, lucha contra la tempestad
hasta su último aliento; pero el año treinta y tres se acerca; el Señor no
quiere que sobrepase la edad que El consagró en su persona; ha llegado el
tiempo de que la virgen vaya a continuar en los cielos su ministerio de
intercesión por la Iglesia que tanto amó, y por las almas rescatadas con la
sangre de Cristo.
Vida
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| Abrazo entre santa Teresa, santa Clara y santa Catalina de Sena. |
PLEGARIA POR TODOS
Absorta la Iglesia en las glorias de la resurrección,
se dirige a ti, oh Catalina, que sigues al Cordero a donde quiera que va. En
este lugar de destierro donde no puede detenerse por mucho tiempo, no goza de
su presencia sino a intervalos; por lo cual te pregunta: "¿Encontraste al
que ama mi alma?" Eres su Esposa, también ella lo es; pero para ti ya no
hay velos, no hay separación, mientras que para ella el gozo es raro y fugaz, y
la luz, velada por las sombras. ¡Pero cuál ha sido tu vida, oh Catalina! Has
unido la más profunda compasión por los dolores de Jesús a las alegrías más
embriagadoras de la vida gloriosa. Nos puedes iniciar en los misterios del
Calvario y en las magnificencias de la Resurrección. Estamos en Pascua, en la
vida nueva; procura que la vida de Jesús no se extinga en nuestras almas, sino
que crezca por el amor del que la tuya nos ofrece admirable ejemplo.
PLEGARIA POR LA IGLESIA
Concédenos participar, oh virgen, de tu adhesión filial
a la Santa Iglesia, que te hizo emprender tan grandes cosas. Te afligías de sus
dolores y te alegrabas en sus alegrías como hija sumisa. También nosotros
deseamos amar a nuestra madre, proclamar los lazos que nos unen a ella, defenderla
contra sus enemigos, ganarla nuevos hijos generosos y fieles.
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| Santa Catalina de Sena: cabeza incorrupta llevada en procesión |
PLEGARIA POR ITALIA
Ruega también, oh Catalina, por Italia que tanto te amó y que estuvo tan orgullosa de tus gestas. En ella está
suelta hoy la impiedad y la herejía; se blasfema el nombre de tu Esposo, se
predica al pueblo descarriado las doctrinas más perversas, se le enseña a
maldecir de todo lo que un día veneró, la Iglesia es ultrajada y la fe, desde
tanto tiempo debilitada, amenaza extinguirse; acuérdate de tu desgraciada
patria, oh Catalina. Es ya hora de que vengas en su ayuda y la libres de las
garras de sus enemigos. La Iglesia entera espera de ti la salvación de esta
ilustre provincia de su imperio; calma las tempestades y salva la fe en este
naufragio que amenaza devorarlo todo.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer Tomo III pag. 747 y siguientes
martes, 28 de abril de 2026
S A N T O R A L
San Luis María Grignion de Montfort
Doctor, Profeta y Apóstol en la crisis contemporánea
por Plinio
Corrêa de Oliveira
Si alguien me pidiera que señalara un apóstol tipo para nuestros tiempos,
yo respondería sin vacilaciones, mencionando el nombre de un misionero...
fallecido hace precisamente 303 años. Y dando tan desconcertante respuesta,
tendría la sensación de estar haciendo algo perfectamente natural. Pues ciertos
hombres colocados en la línea de lo profético, están por encima de las
circunstancias temporales.
Basta, para comprenderlo, tomar por ejemplo a Elías. Dentro de cien años,
los que hoy vivimos habremos sido superados por la marcha del tiempo, como
están hoy los hombres de hace cien años atrás. Seremos atrasados, anacrónicos,
mofados. De ahí a doscientos, trescientos años estaremos tan sumergidos en el
reino de la muerte, de las sombras y de la Historia, como las momias que
aguardan en algún museo el día del Juicio Final. ¿Y qué decir de nuestra
"situación" de aquí a mil años? Pues hay alguien vivo, vivísimo y que
será la última palabra del apóstol moderno, no hoy, sino en el fin del mundo cuando
nosotros estemos inmersos en el más completo anacronismo. Alguien que vivió
días muy anteriores a los de Pío IX y Napoleón III. Anteriores aún a San Luis,
a Carlo Magno, a Atila, y ¿qué diré?, a Augusto y a Jesucristo. ¡Es el Profeta
Elías! Apóstol moderno, sí, y modernísimo, no porque esté escrito de él que
participará del espíritu y de las tendencias de los hombres que entonces
vivieren, sino porque será mandado por Dios como el varón ideológicamente
adecuado para combatir de frente la corrupción del siglo en que volverá a esta
tierra. Elías será moderno, no por haber tomado el espíritu y la forma de los
prosteros años de la historia —no os conforméis con este siglo, advierte San
Pablo— sino porque será adaptado y adecuado al tiempo. Adaptado, en el sentido
de que será "apto" para hacerle bien. Adecuado, sí, en el sentido de
que dispondrá de los medios propios para corregirlo. Y por esto mismo
modernísimo. Pues ser moderno no es necesariamente parecerse con los tiempos y
muchas veces puede ser hasta lo contrario. Para un apóstol, ser moderno es
estar en condiciones de hacer el bien en el siglo en que vive...
Sin equiparar a Elías, Profeta incumbido de una misión oficial, con San
Luis María Grignion de Montfort, en cuyos escritos hay luces proféticas
impresionantes, pero de un valor meramente privado, puede decirse que existe
cierta analogia entre uno y otro. Y es en los términos de esta analogía que el
Santo francés es un modelo de apóstol para nuestros días, y los siglos
venideros.
* * *
San Luis María Grignion de Montfor nació en Montfort-la-Canne, Francia, en
1673. De familia pobre, le faltaron los recursos para costear los estudios
necesarios del sacerdocio, al que aspiraba desde niño. Se dirigió a París,
donde ejerció el oficio de velar cadáveres en la Parroquia de San Sulpicio
ciertas noches de la semana, para pagar su pensión en el Seminario. Después de
un curso brillante, fue ordenado sacerdote en 1700.
Dadas las dificultades surgidas en su apostolado en Francia, y movido por
el deseo de anunciar el Evangelio a los gentiles, San Luis María se dirigió a
Roma para pedir una directriz al Papa Clemente XI. Este determinó que volviese
a su Patria, a fin de dedicarse a predicar a la población católica necesitada
de catequesis y edificación. Entregándose enteramente a esa actividad durante
los diez años que aún vivió, el Santo insistía particularmente en la renuncia a
la sensualidad y al mundanismo, en el amor a la mortificación y a la Cruz, en
la devoción filial a Nuestra Señora. Como terciario dominico que era, difundió
ampliamente el Rosario.
Víctima de los ataques furibundos de los calvinistas y de los jansenistas,
fue objeto de severas medidas por parte de un número no pequeño de obispos
franceses, que no le querían como misionero en sus diócesis.
Fundó dos congregaciones religiosas, la Compañía de María y las Hijas de la
Sabiduría.
Entre sus escritos, se destaca el "Tratado de la Verdadera Devoción a
la Santísima Virgen", una de las más altas obras de mariología en todos
los tiempos y tal vez la más alta de ellas. Este libro admirable fue dejado por
él en manuscrito y desapareció misteriosamente después de su muerte, reapareciendo
de manera providencial en nuestros tiempos.
León XIII lo beatificó en 1888. Pío XII, lo inscribió en el Catálogo de los
Santos.
Esta es un rápida visión de la vida de este gran Santo. Cuanta riqueza se
aprecia en un examen más atento de los principales aspectos de esa vida.
* * *
El Renacimiento desencadenó en Europa una sed de diversiones, de
opulencia, de placeres sensuales, que impelió fuertemente los espíritus a
subestimar las cosas del Cielo, para ocuparse mucho más de las de la tierra. De
ahí, en los Siglos XV y XVI, vino un declinar sensible de la influencia de la
Religión en la mentalidad de los individuos y de las sociedades. A ese
indiferentismo naciente, se sumó no raras veces una antipatía contra la
Iglesia, discreta y apenas perceptible en unos, más pronunciada en otros, y
elevada en algunos al extremo de una hostilidad militante. Tal estado de
espíritu concurrió sensiblemente para la eclosión del protestantismo, y para las
manifestaciones del nacionalismo y escepticismo tan frecuentes entre los humanistas.
Del indiferentismo nacía naturalmente el libre pensamiento.
Sin embargo, estos fermentos no atacaron, por el momento, toda la
sociedad. En un comienzo, dominaron solamente ciertos elementos de alta
influencia en la vida intelectual, en la nobleza y en el Clero, con el apoyo de
algunos soberanos. Poco a poco fueron alcanzando los tejidos más profundos del
cuerpo social. En el tiempo de San Luis María Grignion, puede afirmarse que su
influencia se notaba en todos los campos: la política se hacía laica, la
antigua sociedad orgánica y cristiana era absorbida por el absolutismo de
Estado, menguaba la influencia de la Religión en la vida de todas las clases
sociales y principalmente en las élites; una tendencia general hacia
costumbres más frívolas, más "libres", más fáciles, ganaba todos los
ambientes, la sed de placer y de lucro crecía, el mundanismo campeaba incluso
en cierto número de casas religiosas; el mercantilismo extendía sus tentáculos
para dominar toda la existencia humana. En líneas generales, el cuadro era bastante
parecido al de nuestros días.
Diferencias considerables
Sin embargo, si la analogia es profunda, evidente, indiscutible, sería imposible
pasar de ahí a una equiparación absoluta. El cuerpo en el cual actuaban los
fermentos en los siglos XV, XVI, e incluso XVII, era aún el cuerpo robusto de
la vieja cristiandad generada por la Edad Media. Un sinnúmero de instituciones,
de hábitos mentales, de tradiciones, de usos, de leyes reflejaba aún el
espíritu de la sociedad orgánica y cristiana de otrora.
Si la monarquia absoluta presagiaba al socialismo moderno, ella personificaba,
todavía, a los Reyes por la gracia de Dios, que aún se consideraban Padres de
sus respectivos pueblos en el buen y viejo estilo de San Luis IX.
Si la vida internacional había sido secularizada por el tratado de
Wesfalia, aún existían tales o cuales vestigios de la Cristiandad, una familia
de reyes y pueblos cristianos dotados de la conciencia de formar un todo
aparte, frente al mundo de los gentiles.
Si la sociedad era mundana, las disputas religiosas —como las que se trataban
entre jesuítas y jansenistas— encontraban en ella una resonancia que jamás
tendrían en nuestros días. Si las costumbres eran frívolas en la corte y en las
ciudades, había al respecto numerosas y retumbantes excepciones. En los peldaños
del trono, en el propio trono, el escándalo de un Luis XIV, por ejemplo, era de
algún modo reparado por su enmienda y su vida ejemplar después del casamiento
con Mme. de Maintenon y la caída de Mlle. de la Valliere lo era por su
penitencia ejemplar en el Carmelo. Mme. de Montespan a su vez moría
cristianamente; el Duque de Borgoña, nieto de Luis XIV, se destacaba por su
piedad y la familia real tendría aún en el siglo XVIII, al lado de la vergüenza
de la vida de Luis XV, la ilustración de las virtudes poco comunes del Delfín
Luis, de la Carmelita Madame Louise de France, y de la Princesa Clotilde de
Saboya, ambas hijas del Rey y fallecidas en olor de santidad. Así, por más
rigurosas que sean las analogías entre el siglo XVI y el siglo XX, habría
manifiesta exageración en afirmar que la vida política y social ya se
encontraba entera o casi enteramente laicizada y paganizada.
Sin embargo, en la historia de los Tiempos Modernos, o sea, en los siglos
XVI, XVII y XVIII, está fuera de dudas que los fermentos nacidos del neo-paganismo
renacentista se revelaron cada vez más vigorosamente, y esto trajo la inmensa
explosión de 1789.
Tiempos precursores de los nuestros
Considerando estos hechos desde el punto de vista del Santo Padre León XIII
en la encíclica "Pavenu a la 25.ème Année", la Revolución Francesa
fue una consecuencia del protestantismo. Y a su vez produjo el comunismo. Al
igualitarismo y liberalismo religioso del fraile apóstata de Witemberg,
sucedió el igualitarismo y liberalismo político-social de los soñadores, de
los conspiradores y de los facinerosos de 1789. Y a éste síguese el igualitarismo
totalitario, social y económico de Marx.
La Revolución protestante fue una forma ancestral de la Revolución Francesa,
como ésta lo fue del Comunismo moderno. Y cada una de estas formas ancestrales
ya tenía en sí todas las toxinas de aquella que le siguió. Son tres molestias
sucesivamente mayores, provocadas por el mismo virus. O son tres fases
sucesivamente mayores de una misma molestia. O tres etapas de una omnímoda y
universal Revolución.
Un profeta aparece en el curso de la Revolución
Martillo de la Revolución
Pero además de profeta, San Luis María Grignion de Montfort fue misionero
y guerrero. Misionero, fustigó implacablemente el espíritu neo-pagano, haciendo
cuanto podía por apartar al pueblo fiel del mundanismo y de todo cuanto
constituía el mal espíritu nacido del Renacimiento. La región evangelizada por
él fue tan profundamente inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó
en armas contra el gobierno republicano y anticatólico de París. Fue la Chouannerie. Si San Luis María Grignion
hubiese extendido su acción misionera a toda Francia, probablemente habría
sido otra su historia, y la otra la historia del mundo.
Ahora bien, ¿por qué no la evangelizó entera?
Orador sagrado eficientísimo, predicaba la palabra de Dios con una fogosidad
extraordinaria. Esto le valió el odio, no sólo de los calvinistas, sino de una
de las sectas más detestables y más influyentes que hasta hoy hayan existido
infiltradas en la Iglesia, o sea, los jansenistas. Sería largo enunciar las
múltiples y complejas razones por las que el jansenismo, con sus apariencias de
austeridad es, sin embargo, legítimo producto de la crisis religiosa del siglo
XVI. Lo cierto es que esta secta, disponiendo de deplorable influencia sobre
muchos fieles, Sacerdotes y hasta Obispos, Arzobispos, Cardenales, seguía una
línea de pensamiento y de acción nociva a toda restauración de la vida
religiosa, apartaba las almas de los Sacramentos, y combatía vivamente la
devoción a Nuestra Señora.
Esto le trajo, en los propios medios católicos, una persecución abierta,
que le valió las mayores humillaciones. Causa asombro que mientras prelados,
clérigos y laicos, en nombre de la caridad se mostraban irritados o aprensivos
con la justa severidad de la Santa Sede en relación con los jansenistas, no hubiese
penalidades, actos de hostilidad, ni humillaciones que les bastase contra San
Luis María.
Se puede decir que fue uno de los Santos más despreciados y humillados que
hubo en estos veinte siglos de vida de la Iglesia. Por fin, sólo en dos
diócesis le fue permitido ejercer su ministerio. Pero, como un nuevo Ignacio de
Loyola, sintiendo con serenidad el ímpetu contra su persona, los oleajes del
odio anticatólico disfrazado con aires de piedad, no se perturbó. Y, humillado,
luchó hasta el fin.
Ahora bien, este Santo extraordinario dejó una oración admirable, conteniendo
enseñanzas y luces especiales para nuestra época. Es la que compuso pidiendo
Misioneros para su Congregación.
En esta oración, como mostraremos más adelante, se ve que para San Luis
María sus tiempos eran precursores de una inmensa crisis que se extiende hasta
hoy, e irá hasta la instauración del Reino de María. Y él mismo se nos imagina
como el modelo, la prefigura de los apóstoles suscitados para luchar en esta
crisis, y vencer la batalla por María Santísima. Es esta la sublime y profunda
actualidad de San Luis María Grignion de Montfort para los apóstoles de nuestros
días.
Tema de meditación fecundo en este mes en que la Iglesia celebrará por
primera vez – en el día 31 – la fiesta de la Realeaza de María, tan grata a las
almas fuertes y profundamente piadosas.
Catolicismo, N. 53, Mayo de
1955 www.catolicismo.com.br
lunes, 27 de abril de 2026
S A N T O R A L
NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT
En muchas
iglesias de España se celebra hoy la fiesta de Nuestra
Señora de Montserrat, patrona de Cataluña. No sólo en España, sino en muchas otras partes del orbe católico, también la "Moreneta" tiene grandiosos y hasta espléndidos santuarios dedicados a su nombre, tal ha sido desde muchos siglos el encanto ejercido por la dulce Reina de Montserrat en el ánimo de los cristianos, y ella desde el majestuoso trono que se escogió en las encumbradas montañas de Cataluña que le dan su nombre, ejerce su dulce imperio de amor y misericordia y atracción sobre todos los devotos y menesterosos.
Señora de Montserrat, patrona de Cataluña. No sólo en España, sino en muchas otras partes del orbe católico, también la "Moreneta" tiene grandiosos y hasta espléndidos santuarios dedicados a su nombre, tal ha sido desde muchos siglos el encanto ejercido por la dulce Reina de Montserrat en el ánimo de los cristianos, y ella desde el majestuoso trono que se escogió en las encumbradas montañas de Cataluña que le dan su nombre, ejerce su dulce imperio de amor y misericordia y atracción sobre todos los devotos y menesterosos.
El culto de la
Virgen de Montserrat es antiquísimo, pues se remonta hasta más allá de la invasión
de España por los árabes. Al acercarse los ejércitos agarenos, la Sagrada
Imagen fue ocultada, no llegando a descubrirse de nuevo hasta el siglo IX.
Para
darle culto se edificó entonces una capillita, a la cual el conde Wifrido el Velloso,
agregó más tarde un monasterio de monjes benedictinos, procedentes de San Pedro
de las Puellas. Este monasterio más tarde se convirtió en el actual de monjes
benedictinos, uno de los más famosos con que cuenta la Orden Benedictina. El
alma y la vida del monasterio ha sido siempre la Virgen Morena en quien toda Cataluña
tiene puestos todos sus amores y entusiasmos.
Durante la Edad
Media los reyes y magnates se disputaron la preferencia de dotar el monasterio
y el santuario de la Virgen con toda clase de privilegios y donaciones. Esta
prodigalidad no ha cesado todavía, siendo Montserrat uno de los centros
marianos más concurridos por los fieles, no sólo en Cataluña sino en toda
España y varios países de lengua española.
Vivo y perenne
permanece el recuerdo de personajes célebres que se llegaron a Montserrat para
honrar a la celestial Reina de aquellos fantásticos picachos, que semejan
gigantescos chapiteles de catedral, o descomunales tubos de órgano. Allí veló
una noche las armas del noble .Iñigo de Loyola, en loor de Nuestra Señora, al ensayar
un nuevo género de milicia, "a lo divino" bajo la tutela de Nuestra
Señora de Montserrat.
Célebres
santuarios de la Virgen hay en el mundo católico; muchos confiados a religiosos
de diversas órdenes y congregaciones, aun a la orden de San Benito, como por
ejemplo los milenarios de Einsielden en Suiza, y Valvanera en Logroño, pero
ninguno puede rivalizar en esplendidez del culto como el de Montserrat. Una escolanía
de niños cantores de la Virgen Morena se perpetúa en el monasterio y los niños
llegan, por regla general, a ser monjes capellanes benitos de la Virgen en el
santuario donde se ensayaron a ser "trovadores" de la Reina de los cielos.
Quiera la divina
Madre de Dios multiplicar tan simpáticos cantores, que al cambiar de voz, perseveren
en su servicio bajo el suave yugo de la disciplina monástica y sean maestros
experimentados de reclutas infantiles.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Rosa d’abril, Morena de la serra,
de Montserrat estel,
il· lumineu la catalana terra,
guieu-nos cap al Cel.
Rosa de abril, Morena de la sierra,
de Montserrat lucero,
iluminad la catalana tierra,
guiadnos hacia el Cielo.
de Montserrat lucero,
iluminad la catalana tierra,
guiadnos hacia el Cielo.
Amb serra d’or els angelets serraren
eixos turons per fer-vos un palau;
Reina del Cel que els Serafins baixaren,
deu-nos abric dincs vostre mantell blau.
Con sierra de oro los angelitos serraron
esas colinas para haceros un palacio;
Reina del Cielo que los Serafines bajaron,
danos abrigo en vuestro manto azul.
Alba naixent d’estrelles coronada,
Ciutat de Déu que somnià David,
a vostres peus la lluna s’és posada,
el sol sos raigs vos dóna per vestit.
Alba naciente de estrellas coronada,
Ciudad de Dios que soñó David,
en vuestros pies la luna pone,
El sol sus rayos os da por vestido.
Ciudad de Dios que soñó David,
en vuestros pies la luna pone,
El sol sus rayos os da por vestido.
Dels catalans sempre sereu Princesa,
dels espanyols Estrella d’Orient,
sigueu pels bons pilar de fortalesa,
pels pecadors el port de salvament.
De los catalanes siempre seréis Princesa,
de los españoles Estrella de Oriente,
sed para los buenos pilar de fortaleza,
para los pecadores puerto de salvamento.
de los españoles Estrella de Oriente,
sed para los buenos pilar de fortaleza,
para los pecadores puerto de salvamento.
Doneu consol a qui la pàtria enyora,
sens veure mai els cims de Montserrat;
en terra i mar oïu a qui us implora,
torneu a Déu els cors que l’han deixat.
Dad consuelo ha quien la patria añora,
sin ver jamás las cimas de Montserrat;
en tierra y mar oíd a quien os implora,
devolved a Dios los corazones que lo han dejado.
Mística Font de l’aigua de la vida,
rageu del Cel al cor de mon país;
dons i virtuts deixeu-li per florida;
feu-ne, si us plau, el vostre paradís.
Mística Fuente del agua de la vida,
manad del Cielo al corazón de mi país;
dones y virtudes dejadle por florida;
haced, por favor, vuestro paraíso.
manad del Cielo al corazón de mi país;
dones y virtudes dejadle por florida;
haced, por favor, vuestro paraíso.
Ditxosos ulls, Maria, els que us vegin!
ditxós el cor que s’obri a vostra llum!
Roser del Cel, que els serafins voltegen,
a ma oració doneu vostre perfum.
¡Dichosos ojos, Maria, los que os vean!
¡dichoso el corazón que se abre a vuestra luz!
Rosal del Cielo, que los serafines recorren,
a mi oración dad vuestro perfume.
Cedre gentil, del Líbano corona,
Arbre d’encens, Palmera de Sion,
el fruit sagrat que vostre amor ens dóna
és Jesucrist, el Redemptor del món.
Cedro gentil, del Líbano corona,
Árbol de incienso, Palmera de Sion,
el fruto sagrado que vuestro amor nos da
es Jesucristo, el Redentor del mundo.
Amb vostre nom comença nostra història
i és Montserrat el nostre Sinaí:
sien per tots l’escala de la glòria
eixos penyals coberts de romaní.
Con vuestro nombre empieza nuestra historia
y es Montserrat nuestro Sinaí:
siendo para todos la escalera de la gloria
esos peñones cubiertos de romero.
y es Montserrat nuestro Sinaí:
siendo para todos la escalera de la gloria
esos peñones cubiertos de romero.
Rosa d’abril, Morena de la serra,
de Montserrat estel:
il· lumineu la catalana terra,
guieu-nos cap al Cel.
Rosa de abril, Morena de la sierra,
de Montserrat lucero:
iluminad la catalana tierra,
guiadnos hacia el Cielo."
de Montserrat lucero:
iluminad la catalana tierra,
guiadnos hacia el Cielo."
Letra : Mossen Jacinto Verdaguer
Música: Josep Rodoreda, profesor solfeo Conservatorio del Liceo-Barcelona 1875-1883
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