sábado, 20 de junio de 2026

S A N T O R A L

Beatos: Dermot O’Hurley, Margarita Bermingham viuda de Ball, Francisco Taylor, Ana Line, Margarita Cltheroe, Margarita Ward y compañeros mártires ingleses entre 1535 y 1679


Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos que dieron su vida por la fe en Inglaterra.

Ya habían surgido dificultades entre el trono inglés y la Santa Sede que ponían los fundamentos de una previsible ruptura; el motivo fue doble: el trono se reservó unilateralmente el nombramiento de obispos para las diferentes sedes -lo que suponía una merma de libertad de Roma para el desempeño de su misión espiritual-, al tiempo que ponía impuestos y gravámenes tanto a clérigos como a bienes eclesiásticos -lo que suponía una injusticia y merma en los presupuestos económicos de la Santa Sede-. Luego vinieron los problemas de ruptura con Roma en tiempos de Enrique VIII, con motivo del intento de disolución del matrimonio con Catalina de Aragón y su posterior unión con Ana Bolena, a pesar de que el rey inglés había recibido el título de Defensor de la Fe por sus escritos contra la herejía luterana en el comienzo de la Reforma. Pero fue sobre todo en la sucesión al trono, después de la muerte de María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, cuando comienza a reinar en Inglaterra Isabel, cuando se desencadenan los hechos persecutorios a cuyo término hay que contar 316 martirios entre laicos hombres y mujeres y clérigos altos y bajos.
Resultado de imagen para santos martires inglesesPrimero fueron dos leyes -bien pudo ser la gestión del primer ministro de Isabel, Guillermo Cecil- principalmente las que dieron el presupuesto político necesario que justificase tal persecución: El Decreto de Supremacía, y el Acta de Uniformidad (1559). Por ellas el Trono se arrogaba la primacía en lo político y en lo religioso. Así la Iglesia dejaba de ser «católica» -universal- pasando a ser nacional -inglesa- cuya cabeza, como en lo político era Isabel. Y el juramento de fidelidad necesario supuso para muchos la inteligencia de que con él renunciaban a su condición de católicos sometidos a la autoridad del papa y por tanto era interpretado como una desvinculación de Roma, una herejía, una cuestión de renuncia a la fe que no podía aceptarse en conciencia. De este modo, quienes se negaban al mencionado juramento -necesario por otra parte para el desempeño de cualquier cargo público- o quienes lo rompían quedaban ipso facto considerados como traidores al rey y eran tratados como tales por los que administraban la justicia.
Vino la excomunión a la reina por el papa Pío V (1570). Se endurecían las presiones hasta el punto de quedar prohibido a los sacerdotes transmitir al pueblo la excomunión de la Reina Isabel I.
En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la Misa y se expulsaba a los sacerdotes. Dispusieron de cuarenta días los sacerdotes para salir del reino. La culpa por ser sacerdote era traición y la pena capital. En esos años, quienes dieran o cobijo, o comida, o dinero, o cualquier clase de ayuda a sacerdotes ingleses rebeldes escondidos por fidelidad y preocupación por mantener la fe de los fieles o a los sacerdotes que llegaran desde fuera por mar camuflados como comerciantes, obreros o intelectuales eran tratados como traidores y se les juzgaba para llevarlos a la horca. Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir Misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda o con la cabeza separada del cuerpo por traición.

No se relatan aquí las hagiografías de Juan Fisher, obispo de Rochester y gran defensor de la reina Catalina de Aragón, o del Sir Tomás Moro, Canciller del Reino e íntimo amigo y colaborador de Enrique VIII, -por mencionar un ejemplo de eclesiástico y otro de seglar- que tienen su día y lugar propio en nuestro santoral. Sí quiero hacer mención bajo un título general de todos aquellos que -hombres o mujeres, eclesiásticos tanto religiosos como sacerdotes seculares- dieron su vida con total generosidad por su fidelidad a la fe católica, resistiéndose hasta la muerte a doblegarse a la arbitraria y despótica imposición que suponía claudicar a lo más profundo de su conciencia. Ana Line fue condenada por albergar sacerdotes en su casa; antes de ser ahorcada pudo dirigirse a la muchedumbre reunida para la ejecución diciendo: «Me han condenado por recibir en mi casa a sacerdotes. Ojalá donde recibí uno hubiera podido recibir a miles, y no me arrepiento por lo que he hecho». Las palabras que pronunció en el cadalso Margarita Clitheroe fueron: «Este camino al cielo es tan corto como cualquier otro». Margarita Ward entregó también la vida por haber llevado en una cesta la cuerda con la que pudo escapar de la cárcel el padre Watson. Y así, tantos y tantas... murieron mártires de la Misa y del sacerdocio.
En la Inglaterra de hoy tan modélica y proclive a la defensa de los derechos del hombre hubo una época en la que no se respetó la libertad de conciencia de los ciudadanos y, aunque las medidas adoptadas para la represión del culto católico eran las frecuente y lastimosamente usadas en las demás naciones cuando habían de sofocar asuntos políticos, militares o religiosos que supusieran traición, pueden verse aún hoy en los archivos del Estado que las causas de aquellas muertes fue siempre religiosa bajo el disimulo de traición. Y, después de la sentencia condenatoria, los llevaban a la horca, siempre acompañados por un pastor protestante en continua perorata para impedirles hablar con los amigos o rezar en paz.

Una inquisición para nada santa: Alta Corte de Comisión

La persecución contra los católicos en Inglaterra primero fue sangrienta, y así duró más de un siglo, y luego continuó mediante multas y confiscaciones. Si no era posible suprimir a todos los católicos, había que reducirlos a una minoría insignificante y arruinada, sin la menor influencia social.
Primeramente se les tendía un lazo a sus conciencias: el de los juramentos. El de la supremacía consistía en el reconocimiento de la supremacía del Rey sobre la Iglesia, excluyéndose totalmente la autoridad del Papa. Fue impuesto por Enrique VIII, luego se mantuvo por los Seymour en el seudo-reinado del guiñapo de Eduardo VI de 1547 a 1553, de los 10 a los 16 años de su edad; y poco después bajo Isabel, de 1558 a 1603. Viene luego el juramento de fidelidad, bajo Jacobo I, de 1603 a 1625, menos absoluto en apariencia, pero con expresiones inaceptables para un católico. En seguida se exige el juramento de desconocimiento del dogma de la transubstanciación, bajo Carlos I, de 1625 a 1649. Luego, bajo Carlos II, en 1672, se exige nuevo juramento contra la transubstanciación y el culto de la Santísima Virgen y los Santos a cuantas personas ejerzan una función oficial: a lo cual se le llamó Test o la Prueba.
Pero veamos ya cómo se desarrolló la persecución sangrienta. Comienza en 1535 con la ejecución de quienes niegan la supremacía eclesiástica de Enrique VIII, convertido en el Papa de Inglaterra. De sus numerosos mártires los dos más notables son el Cardenal Obispo de Rochester John Fisher y el Canciller Tomás Moro, tras de un año de prisión en la torre de Londres el uno y el otro:
“los dos más grandes hombre s de Inglaterra en saber y en piedad, y las dos más ilustres víctimas de la supremacía” (Bossuet, Historie des variations des Eglises protestantes, ed. de 1688, t. I, p. 298).
De Lope de Vega es el siguiente epitafio dedicado a Santo Tomás Moro:

Aquí yace un moro santo.
En la vida y en la muerte,
de la Iglesia muro fuerte,
mártir por honrarla tanto.
Fue Tomás, y más seguro,
fue Bautista que Tomás,
pues fue, sin volver atrás,
mártir, muerto, moro y muro.



Y del mismo Lope de Vega es el mejor epitafio fúnebre que mereciera Enrique VIII:
Muerte de Enrique VIII
Más que esta losa fría
cubrió, Enrique, tu valor,
de una mujer el amor
y de un error la porfía.
¿Cómo cupo en tu grandeza,
querer, engañado inglés,
de una mujer a los pies
ser cabeza de la Iglesia?

Con la excepción de Fisher y Moro y de Margarita Pole, condesa de Salisbury y madre del Cardenal Pole, que sólo son decapitados, aquellos dos en 1535 y ella en 1541, los demás católicos sufren horribles tormentos antes de ser ejecutados, y a veces también su misma ejecución es cruelísima.
Por ejemplo, en 1535, antes de ser ejecutados como lo habían sido 4 de sus Hermanos, dos cartujos de Londres durante 15 días y 15 noches permanecieron prendidos, de pie, por argollas de fierro, a una columna de la prisión de Marshalsea, sin soltárseles ni un sólo instante. Muchos mueren en la prisión, como en Newgate 9 cartujos, en 1537, de hambre, desnudez y fetidez del calabozo (Analecta Bollandiana, I, c.p. 69). Dice D’Alés que en Galloni -De sanctorum martyrum cruciatibus, p. 104-131- se hallan horribles detalles sobre las prisiones de los católicos ingleses.
Continúa la persecución bajo los Seymour, que gobiernan a Eduardo VI, hijo y sucesor de Enrique VIII: la ley de 1547 castiga con la confiscación, la prisión y, en caso de reincidencia, con la muerte a quienes se nieguen a reconocer la Supremacía del Rey o que reconozcan la del Papa.
Muere Eduardo VI en 1553 y le sucede en el trono María Tudor, hija de Enrique VIII y de Catalina de Aragón y que durante sus cinco años de gobierno emplea toda la energía de su carácter en la restauración del catolicismo. Pero muere a mediados de noviembre de 1558, habiendo perecido en la hoguera cerca de 300 personas, por herejes, entre ellas el Obispo Hooper.
Belloc hace ver que la muerte en la hoguera se consideraba entonces como la cosa más natural del mundo y que se aplicaba no sólo por crímenes contra la Religión sino también por crímenes del orden común. Carlos V le había dado a la Reina el consejo de que a los herejes no los castigara como a tales, por un delito contra la Religión, sino como a delincuentes del orden político. Pero ella prefirió la máxima franqueza, sin dejar de considerar que el crimen contra la Religión Católica era a la vez el máximo crimen político.
Pero la herejía, o, mejor dicho, el odio a la Religión Católica, más que nada por amor a las riquezas que con perjuicio del pueblo se les habían arrebatado a las abadías, bajo Enrique VIII y Eduardo VI, era el espíritu único en la clase gobernante y en la incipiente burguesía. .
Por esa pasión, por simple avaricia, no retrocedían ante nada ni en el caso de que sus cabalgaduras les hablaran reprochándoles su conducta, como a Balaam le había hablado su burra, sin hacerlo retroceder por la sed de los regalos que se le prometían si profetizaba contra Israel. La avaricia era en ellos la pasión dominante.
Muere María Tudor y le sucede su medio-hermana Isabel Tudor, que con varios úkases precisa y agrava la ley de 1547: el de 1558, confirmando y renovando el de 1547; el de 1563, castigando como crimen de traición, o sea con la muerte, el reconocimiento por segunda vez, mediante palabras o acciones, de la autoridad del Papa. o que, teniendo las sagradas Ordenes, u ocupando un empleo público, la persona se niegue por segunda vez a prestar el juramento de Supremacía en uno y otro caso, la primera desobediencia se castigaba con destierro y confiscación de bienes; luego el de 1571, castigando como a traidor a quien solicitara u obtuviera una Bula papal o recibiera absolución en virtud de la tal Bula: o sea, con la muerte; y con la confiscación de los bienes y prisión perpetua a quien se le encontrara un Agnus-Dei – lámina de cera con el Cordero de Dios estampado y bendecida por el Papa-, una cruz, una medalla piadosa o un rosario; el úkase de 1584, castigando como culpable de alta traición, o sea con la muerte, a cualquier sacerdote católico, nacido en Inglaterra, que allí se encontrara todavía dentro de un plazo de 40 días, así como a cualquier persona que lo socorriera y le diera asilo, y aun a cualquier inglés educado en un seminario; el de 1593, estableciendo que cualquier persona de más de 16 años que se negara durante un mes a asistir al culto anglicano fuera puesta en prisión; y que si después de este correctivo persistía todavía durante tres meses en la misma negativa, sería desterrada del reino a perpetuidad, y que si quebrantaba el destierro volviendo a Inglaterra, sufriría la pena capital debida a la felonía,
En 1558 Isabel estrena la corona mandando aprehender a 11 Obispos católicos, de los cuales unos son encerrados en la Torre de Londres, en un calabozo a merced de las ratas, y otros son relegados a casas de “prelados” anglicanos; y unos y otros mueren en tal cautiverio. (D’Alés, Dictionnaire citado, t. III, col. 410)
Al siguiente año, en 1559, desata Isabel la persecución sangrienta contra católicos y puritanos, sobre todo contra los primeros. De diciembre de 1559 a 1569 manda ejecutar a casi 800 católicos.
En 1570, el caballero Felton distribuye copias de la Bula en que San Pío V declara la excomunión de Isabel. Se le aprehende y atormenta y es condenado a morir en la horca. Pero ya en el cadalso, obedeciendo el verdugo una orden de la Reina, arroja al suelo a Felton, vivo, y con un cuchillo le saca el corazón palpitante. ¡Huichilobos en Londres!
De 1563 a 1580, 126 sacerdotes católicos son ejecutados por ejercer su ministerio: todos los aprehendidos. Los más de ellos son jesuitas ingleses.
Hillaire Belloc, que a todo trance trata de absolver a Isabel de sus crímenes y atribuírselos sólo a su ministro William Cecil (+1598), sin entrar en detalles, se ve obligado a manifestar su admiración por aquellos mártires.
“Consideremos qué emoción debió animar a estos hombres, impasibles ante los más espantosos sufrimientos físicos y ante los mayores sufrimientos espirituales, desterrados y separados de su propio pueblo. Los sacerdotes misioneros vinieron de los seminarios del extranjero, dispuestos no sólo a las agonías del martirio, en sus formas más horribles, sino a soportar un fracaso posible y con él la expulsión de la patria”.
Jamás se expulsó a ninguno de ellos. Cada sacerdote sorprendido era preso, martirizado horriblemente y ejecutado, con la máxima hipocresía, pues por consejo de William Cecil., consejo sugerido por Isabel, ésta y sus verdugos decían que “nadie era perseguido por su religión, sino por su traición” (Hillaire Belloc, Isabel de Inglaterra, Hija de las circunstancias, p. 206)
Algo semejante han dicho nuestros grandes perseguidores (mejicanos) -Juárez, Lerdo de Tejada, Calles, Cárdenas, Garrido Canabal-: que a nadie se le ha perseguido por la religión católica; ¡”que sólo se han aplicado las leyes de la Nación”! Leyes inicuas, no de la Nación sino sólo de ellos mismos y de su madre la Masonería.
Otras valiosas confesiones hace Belloc a pesar por su devoción por Isabel Tudor:
“El reinado de Isabel (1558-1603) fue en este país -nos referimos a Inglaterra, dejando a un lado a Escocia- el apogeo de la tortura judicial (…) la permanente presencia de la tortura como instrumento de gobierno” (op. cit., p. 119)
Así es que el tormento en la Inglaterra isabelina no sólo fue el preferido y constante medio de averiguación “judicial” sino también ¡el principal instrumento de gobierno!, o sea extrajudicial.
Y lo repite:
“La constante presencia de la tortura como instrumento de gobierno da su tono a toda la época y constituye su destacada característica” (op. cit., p. 120).
Y hay que agregar que sus principales y constantes víctimas fueron los católicos.
Más adelante, a ese “método de gobierno” Belloc le llama “orgía de la tortura isabelina” aunque su mayor culpa la echa, con sobrada razón, sobre “la clase gobernante”, constituida por aristócratas y propietarios que se habían enriquecido enormemente con “el saqueo de las tierras abadengas”, ” de la entera propiedad monástica” (op. cit., p. 126 y otras) y que temían la menor reacción. Se espantaban hasta del ruido que hiciera la caída de una hoja, según expresión de San Agustín.
Por lo cual, a partir de 1577, por simples sospechas se aprehende, se confisca, se multa y se mata. Y millares de hogares son violados por la misma razón: ¡porque podían se nidos de conspiradores católicos!
Desde 1562 funciona la Inquisición llamada Alta Corte de Comisión (anglicana): inquiriría minuciosamente cuanto pudiera delatar las corrientes “heréticas”, erróneas o dañosas, sobre la “no asistencia al culto oficial”, así como sobre escritos contra la Reina y sus ministros y sobre el adulterio y la fornicación (que en la Corte tenía su regio asiento).
A partir de 1581 el rigor se extrema para extirpar la sedición, o sea la obediencia al Papa, considerado sólo como potencia política extranjera.
Y mientras tanto, el tormento seguía siendo “el deporte favorito: se usó de él con la más insidiosa barbarie” (Lingard)
Conviene recordar algunos ejemplos, dobles ejemplos: de odio, cobardía y maldad, por una parte; y de heroísmo y santidad, por la otra.
El 1º de diciembre de 1581 el Padre Edmundo Campion, S. J., y los también Jesuitas Sherwin y Bryant, anglicano convertido éste último, después de ser atormentados terriblemente y de defender Campion durante tres horas su causa y la de sus compañeros ante sus jueces, con calma, soltura y variedad de recursos, como si sólo hablara como abogado de los otros, fueron condenados y ahorcados. El oficial que había atormentado en el potro al Padre Bryant se jactaba de haberlo hecho crecer de estatura un pie. Y antes, en su primer interrogatorio, la había hundido varias agujas bajos las uñas de las manos.
Pero también hubo notables conversiones por el testimonio de los mártires. Después de la muerte del Padre Campion, el guardián de su prisión, Delahaye, de tal manera fue tocado por la santidad que presenciara, que se hizo católico. Por lo cual fue condenado a ser descuartizado vivo. Y en el momento en que públicamente se le hacía pedazos, su sangre salpicó a uno de los espectadores, a Walpole, que al instante se sintió obligado a abrazar el catolicismo, se hizo jesuita, y a su vez martirizado en Inglaterra.
El Padre John Roberts, de pie en el cadalso, en medio de varios ladrones que con él van a ser ahorcados, exhorta a éstos a creer en la Santa Iglesia Católica y les promete absolverlos a uno por uno si públicamente hacen un acto de fe. Uno de los ladrones estalla en sollozos y declara que quiere morir católico. No se sabe que haya ocurrido con los demás.
El Padre Alban Roe convierte también a un condenado por un delito del orden común que con él iba a morir, logra que abjure de la herejía, y tiene tiempo de confesarlo y absolverlo. En seguida le dice al ministro protestante que ahí estaba: “Lo tendré muy presente”. Y el ministro aquel, conmovido, le contesta: “Os lo ruego”.
Martirio de Santa Margarita Cliherow
Hay otros muchos casos memorables. Por ejemplo, la joven y bella esposa de un carnicero de York, Margarita Clitherow, es acusada de haber ocultado sacerdotes, y se le condena en 1586 a morir dilapidada.
John Kemble, octogenario, viendo desde todavía lejos el lugar de su suplicio, le dice a su guardián, que se lo mostraba: “¡Magnífico, magnífico! Sentémonos aquí para verlo muy a mis anchas fumando una buena pipa”. ¡Humorismo muy inglés que de distintas maneras manifestaron otros muchos de aquellos mártires! de los cuales no son pocos los canonizados por Roma.
Y la persecución continúa. Quien se abstuviera de asistir al culto anglicano cometía el delito de recusancy. Los “disidentes” o refractarios tenían que pagar cada mes una multa de 20 libras esterlinas. Muchos gentileshombres fueron forzados, para pagarla, a vender y a malbaratar posiciones considerables de sus bienes. Y cuando se retrasaban en el pago, la ley autorizaba a la Reina a confiscarles todos sus muebles y los dos tercios de la renta se seis meses de sus dominios. En cuanto a los pobres, incapaces de pagar esta tarifa, se les gravaba arbitrariamente según sus presuntos recursos. (Dictionnaire Apologétique de la Foi Catholique de A. D’Alés, Martyre, t. III, cols. 403-404.)
Isabel, fea y calva como bola de billar desde joven, pero vanidosa e impura aunque con una tara que la hacía estéril -por lo cual se hacía llamar la Reina Virgen-, e hipócrita y malvada, muere con muerte horrible, en 1603. Y Lope de Vega le dedica el siguiente epitafio:
Foto
Aquí yace Jezabel,
aquí la nueva Atalía,
del oro antártico arpía,
del mar incendio cruel;
aquí el ingenio más dino
de loor que ha tenido el suelo,
si para llegar al cielo
no hubiera errado el camino.

Lope de Vega alaba el ingenio de Isabel porque ciertamente su erudición era extraordinaria aun en su erudita época: dominaba el latín, el griego, los idiomas europeos, y conocía bien los clásicos de la antigüedad.
Pero mayor que su ingenio fue la corrupción de su corazón, nido de vanidad, de soberbia, de odio y envidia. La más ilustre de sus víctimas fue la católica Reina de Escocia María Estuardo, la cual, habiendo tenido que refugiarse en Inglaterra, es aprehendida por órdenes de Isabel y decapitada, tras 19 años de duro cautiverio, el 5 de febrero de 1587. No podía faltar un epitafio de Lope de Vega dedicado a la infortunada Reina mártir:

Scipione Vannutelli.Maria Estuardo camino del patíbulo. Cuadro ganador de la exposición de Florencia de 1861. Galeria de arte moderno. Florencia.
María Estuardo dirigiendose al patíbulo,
por Scipione Vannutelli
Esmalta esta piedra helada
sangre de un alma preciosa,
cuanto bien nacida, hermosa;
cuanto hermosa, desdichada.
Murió santa e inocente
a manos de otra mujer
que en todo, fuera del ser,
fue de su ser diferente.
O sea todo lo contrario de lo que fue Isabel Tudor.
Muere Isabel en 1603 y le sucede Jacobo I, hijo de María Estuardo, Rey de Escocia desde 1578, pero sin mandar él sino los exaltados partidos protestantes. En Inglaterra se consolida el poder de los Cecil, y la casi totalidad del pueblo acepta definitivamente la ruptura con la tradición católica.
Según Guiraud en 1614, en 1615 según la historia de la Iglesia Católica de la BAC, t. III, al P. Jesuita Jean Ogilvie no se le deja dormir durante 9 días y 9 noches picándoles con estiletes y agujas. Esto ocurrió en Glascow.
En cuanto a Irlanda, Jacobo I “ordenó en 1605 que bajo la pena de muerte abandonaran el territorio todos los sacerdotes y en general urgió el cumplimiento de todas las leyes anticatólicas” (Historia de la Iglesia Católica, t. III, p. 928. BAC.)
Además, mediante colonos ingleses protestantes de desposeyó de sus tierras a los católicos irlandeses de Ulster, en el norte de Irlanda, que así fue en gran parte protestantizado.
Durante el reinado de Carlos I, hijo de Jacobo I, a partir de 1625, la plutocracia domina abiertamente a la Corona, mal administrada y demasiado endeudada. Y ya vimos que se hizo obligatorio el juramento contra el dogma de la Eucaristía.
En 1642 el Padre John Lockwood es ejecutado a la edad de 90 años. Subiendo dificultosamente las gradas de la escalera del cadalso, sonriendo le dice al verdugo: “Tenedme paciencia: es una ruda tarea para un viejo como yo el subir esta escalera, pero lo hago con gusto porque al final está el Cielo” (Dictionnaire de D’Alés, t. III, col. 409).
En aquel mismo año de 1642, el Padre Hugo Greene, tras de ser martirizado en Dorcester fue destrozado vivo el 19 de agosto. Se ha trasladado a Inglaterra el demonio de Huchilobos, sin quehacer ya en la antigua Tenochtitlán, en cuyo teocali mayor, en su tercer cu, que se llamaba Macuilcalli o Macuilquiauitl, a los contrarios que: “venían a espiar la ciudad de México, en conociéndolos luego los prendían y los llevaban a este cu y allí los desmembraban, cortándoles miembro por miembro”, (Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España, t. I, pp. 232-233. Ed. Porrúa, S. A. 1969).
El Padre Greene había convertido en la prisión a dos mujeres condenadas por un crimen del orden común. Cuando se le tuvo al pie de la horca, se quiso alejarlo de ellas; pero las dos desdichadas, elevando la voz, le hicieron su confesión pública y él les dio la absolución. Se renueva -observa Guiraud- en este calvario la escena evangélica del Buen Ladrón. (Diccionario de D’Alés citado, t. III, col. 409)
El puritano Oliverio Cromwell se rebela, vence en varias batallas a Carlos I, quien tiene que refugiarse en Escocia a fines de 1646; pero los calvinistas escoceses lo entregan al Parlamento inglés. Y por órdenes de Cromwell es ejecutado el Rey el 30 de enero de 1649.
Cromwell se propone asesinar a Irlanda entera por ser católica. No lo conseguirá, pero de tal manera la despoja -aparte del ya dominado Ulster- que apenas salvan los irlandeses la décima parte de sus tierras, y es exterminada una tercera parte de la población.
Cromwell muere el 3 de septiembre de 1658. Le sucede su hijo Eduardo, quien, me imagino que por cordura, renuncia poco después, y se restaura la monarquía en 1660, con Carlos II, hijo de Carlos I y que es obligado por el Parlamento a mantener en todo rigor las leyes anticatólicas.
Se ha coronado la revolución en lo irreligioso. El Parlamento es el Poder Supremo. No ampara sino los intereses de los “propietarios”, propietarios sobre todo de los antiguos bienes de las Abadías, bienes que en realidad habías sido del pueblo. Los futuros monarcas no serán sino fieles criados del Parlamento. Y no podrán ser sino protestantes. El Poder ya no viene de Dios. E Inglaterra entera se ha convertido en mera “sociedad de negocios” (Juan Antonio Widow, Verbo), reforzada por el retorno de los judíos, con cuyo espíritu se identifica el inglés, sin más ambición que el enriquecimiento y el triunfo material. La Masonería consolida el maridaje (P. Carlos Biestro,Gladius).
fuente: Capítulo V del libro “La Inquisición en Hispanoamérica”,de Salvador Abascal Infante

viernes, 19 de junio de 2026

S A N T O R A L

SANTA JULIANA FALCONIERI, VIRGEN

SANTA JULIANA Y LOS SERVITAS

A principios del siglo XIII, Florencia, ciudad rica y perturbada con mil pasiones, conoció un despertar magnífico de piedad. Entre las familias que fueron objeto de la complacencia divina, sobresalió la de los Falconieri. Dos de sus miembros, dos hermanos, se convirtieron ruidosamente. El primero, San Alejo, fué uno de lo siete gloriosos fundadores de la Orden de los Servitas de María, que se consagraron a Nuestra Señora el día de la Asunción de 1233. El otro, Carísimo, casado, quedó en el mundo; pero, temiendo no haber ganado siempre honestamente su inmensa fortuna, resolvió emplearla en servicio de la Iglesia y de los pobres. Fué gran bienhechor de los Servitas y los ayudó en la construcción de su iglesia, la Annunziata. Su caridad y piedad fueron bien recompensadas: al fin de su vida, Recordata, su esposa, estéril hasta entonces, tuvo una hija, Juliana, la Santa que hoy celebra la Iglesia. La niña Juliana no conoció a su padre. La educó su tío San Alejo, quien la inculcó el espíritu de la Orden de los Servitas, enseñándola la devoción a la Virgen y la práctica de la penitencia; muy pronto consideró a la Orden como a su segunda familia. Hecha religiosa, los Superiores de los Servitas la tuvieron en tal consideración, que solicitaron con frecuencia sus oraciones por los intereses de la Orden y sobre todo para triunfar de los graves obstáculos que ponían en Roma a la aprobación de sus Constituciones. Santa Juliana vivió y murió a la sombra de la Annunziata, que guardará más tarde sus reliquias, y se la puede honrar igual que a los Siete Fundadores, porque su gran obra será la organización de la Tercera Orden Femenina de los Servitas, las Mantelatas de María.

SANTA JULIANA Y LAS MANTELATAS

Aun no tenía 15 años, cuando solicitó y recibió el hábito de los Servitas de manos del General de la Orden San Felipe Benizi, en la Iglesia de la Annunziata. Fué la primera que llevó el gran manto de la Orden, que dará a las Terciarias Servitas el nombre de Mantelatas. Hasta entonces las otras terciarias no tenían hábitos religiosos y vivían con sus familias. Santa Juliana también permaneció con su madre para cuidarla en su vejez y administrar sus bienes.
Hasta después de la muerte de su madre no pudo consagrarse enteramente a la vida religiosa.
Habiendo comprado una casa, la convirtió en convento, en el que, invitadas por ella, se reunieron numerosas terciarias, recibieron el manto de la Orden y comenzaron a practicar la vida común. Sólo entonces Santa Juliana se presentó descalza y con una soga a la garganta, pidiendo ser admitida entre ellas. Ansiaba ser siempre la última y como la criada de sus hermanas. Pero su vida fué allí tan edificante, que, al cabo de dos años, la comunidad, teniendo que elegir superiora, unánimemente nombró a Santa Juliana, que siguió en este cargo hasta su muerte.
Compuso, aconsejada por los Superiores de los Servitas, el reglamento de la nueva Congregación. En general su organización era la misma que la de los religiosos. Vida de oración y de mortificación al mismo tiempo que de caridad y apostolado entre los pobres y enfermos. Santa Juliana en todo daba ejemplo haciendo patente su ardiente celo por la conversión de los pecadores, la liberación de las almas del purgatorio y la reconciliación de los enemigos. Apaciguó discordias civiles y curó milagrosamente a multitud de enfermos. Su influencia, bienhechora fué considerable en Florencia.

LOS SIETE DOLORES DE NUESTRA SEÑORA

Su más notable devoción fué la de todos los Servitas: los Siete Dolores de Nuestra Señora.
Quizá alguno piense que abandonó lo esencial de la religión para adherirse a una devoción secundaria; mas el culto tributado a Nuestra Señora, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, y en particular la asidua meditación de los Siete Dolores, no pueden ser considerados como devociones secundarias de la piedad cristiana, porque no se las puede separar del culto tributado a Jesús.
Los dolores del Corazón de Nuestra Señora son inseparables de los dolores del Corazón de Jesús, y se encuentra en el centro del misterio de nuestra Redención. En su vocación de reparadora, Santa Juliana permaneció constantemente unida a Jesús crucificado, uniéndose a la Virgen al pie de la Cruz, y enseñando a sus hijas a ser imitadoras perfectas de la "Virgen Dolorosa, Reina de los Mártires". Su vida era de gran austeridad: no tomaba alimento los miércoles y viernes, llevaba áspero cilicio, se disciplinaba hasta derramar sangre y con frecuencia hasta perder el sentido. Sin embargo, tenía que luchar constantemente contra terribles tentaciones de impureza, de las que no salía victoriosa sino mediante la rigurosa guarda de los sentidos y especialmente de la vista. Dios la ayudaba en estos combates con gracias de alta contemplación, y con frecuencia en sus largas oraciones, que se prolongaban hasta medio día, era arrebatada en éxtasis..

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He aquí a la Santa que Nuestro Señor y Nuestra Señora suscitaron en otro tiempo para convertir la inquieta y voluptuosa ciudad de Florencia. Con razón, pues, nos invita hoy la Iglesia a dirigirnos a Santa Juliana, a tributarla el homenaje debido, a seguir su ejemplo y a pedirla la salvación de la sociedad, que se desmorona a causa de las guerras y de las costumbres corrompidas.

VIDA

Juliana nació en Florencia en 1270. Manifestó desde su tierna infancia una piedad ardiente: sus primeras palabras fueron Jesús y María. En 1284, después de rehusar un matrimonio ventajoso, recibió el hábito de los Servitas de María y comenzó una vida de caridad, oración y austera penitencia. En 1306, fundó el primer monasterio de las Mantelatas del que pronto fué superiora. Dió a esta Orden terciaria una vida inspirada completamente en los misterios de la Pasión del Señor y en los Dolores de Nuestra Señora.


No pudiendo durante su última enfermedad comulgar, pidió que depositasen el santo Viático sobre su pecho. La Hostia penetró entonces en él invisiblemente, y después de su muerte se vió su figura grabada sobre el corazón. En memoria de este milagro las Mantelatas llevan la imagen de una hostia en su escapulario. Juliana murió el 19 de Junio de 1341. Fué beatificada en 1678 por Inocencio XI y canonizada por Clemente XIII en 1737.

SERVIR A MARÍA

Servir a María era el único título de nobleza, ¡oh Juliana! que ocupaba tus pensamientos; compartir sus dolores, la única recompensa que ambicionaba tu humilde y generosa alma. Tus deseos quedaron satisfechos. Pero la que ahora reina en excelso trono sobre los hombres y los ángeles, aquella que se proclamó esclava del Señor y cuya esclavitud atrajo la mirada divina, quiso también ensalzarte a ti por encima de los poderosos. Saliendo de la silenciosa oscuridad en que quisiste ocultar el esclarecido linaje de tu familia, tu gloria eclipsó pronto el brillo que iba unido al nombre de tus padres haciéndole más puro; por tí, humilde terciaria, sierva de las siervas de Nuestra Señora, el nombre de los Falconieri es conocido hoy por todo el mundo. Aún más; en el país de las verdaderas grandezas, en la ciudad celestial en donde el Cordero, al distribuir desigualmente sus destellos sobre la frente de los elegidos, constituye las categorías de la nobleza eterna, brillas tú con una aureola que es una participación de la gloria de María. Pues como ella lo fué para la Iglesia después de la Ascensión del Señor, así tú, por lo que se refiere a la Orden gloriosa de las Servitas, dejando a otros la acción exterior y la autoridad que rige las almas, fuiste también, en tu humildad la madre de la nueva familia que Dios se había escogido, y no solamente de las Mantelatas sino también de toda la Orden de los Servitas de María. Tu esmerada solicitud se extendía a todos y en el laborioso desenvolvimiento de la Orden recurrieron con frecuencia a tu poderosa intercesión Superiores aun tan santos como Felipe Benicio.

PLEGARIA

Sigue prestando tu ayuda a la piadosa familia de los Servitas de María. Extiende tu benéfica influencia sobre todas las Ordenes religiosas tan probadas en nuestros días. Cuida de que Florencia conserve, como el más preciado recuerdo, el de los favores de Nuestra Señora y de los Santos, que produjo en ella la fe de antiguas edades; cante siempre la Iglesia por los nuevos beneficios recibidos, el poder que el Esposo divino te otorgó sobre su Corazón. En retorno del insigne favor con que El coronó tu vida y consumó en ti su amor, apiádate de nosotros en nuestro último combate. Alcánzanos la gracia de no morir sin antes haber sido fortalecidos por el santo Viático. Haz que la sagrada Hostia sea el amor de toda nuestra vida; y que nos fortalezca en la hora suprema. ¡Ojalá nuestra muerte sea también el paso dichoso del banquete divino de aquí abajo a las delicias de la unión eterna!
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer


Cinco Cardenales piden definición de dogma mariano

Cinco cardenales han enviado una carta invitando a los purpurados de todo el mundo a unirse a ellos para pedir a Benedicto XVI que declare un quinto dogma mariano que “proclamaría la plena verdad cristiana sobre María”. Los firmantes son Telesphore Toppo, arzobispo de Ranchi (India); Luis Aponte Martínez, arzobispo emérito de San Juan (Puerto Rico); Varkey Vithayathil, arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly (India); Ricardo Vidal, arzobispo de Cebú (Filipinas); Ernesto Corripio y Ahumada, arzobispo emérito de Ciudad de México.
El texto incluye la petición hecha al Papa de proclamar a María “Madre espiritual de toda la humanidad, corredentora con Jesús Redentor, mediadora de todas las gracias con Jesús único mediador, abogada con Jesucristo en favor del género humano”.
El secretariado de los cinco cardenales ha difundido el texto de la presentación hecha al Papa en 2006:
“Creemos que es el momento oportuno para una solemne definición o clarificación sobre la constante enseñanza de la Iglesia respecto a la Madre del Redentor y su cooperación única en la obra de la Redención, así como su papel en la distribución de la gracia y en la intersección por la familia humana”.
Esta doctrina de ningún modo es una novedad en la Iglesia. Ya en el siglo II, San Ireneo afirmaba que María ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano. A lo largo de los siglos, hubo incontables santos que postularon esta verdad, entre los que se destacan San Germán de Constantinopla, San Bernardo, san Pablo de la Cruz, San Bernardino de Siena, San Alfonso María del Ligorio, etc.
No sólo los santos, sino también los Pontífices, como el beato Pío IX, León XIII, san Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, en diversas Encíclicas enseñaron esta doctrina.
San Luis María Grignion de MontfortSin embargo, uno de los santos que la desarrolló de forma más completa, fue San Luis María Grignion de Montfort, cuya fiesta se celebran el 28 de abril. En su célebre “Tratado De la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” él afirma:
“Fue por intermedio de la Santísima Virgen María que Jesucristo vino al mundo, y es también por medio de Ella quiere Él deberá reinar en el mundo”.
“Sólo María es la que ha hallado gracia ante Dios sin el auxilio de ninguna otra pura criatura (S.Lc. 1, 30). Sólo por medio de Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y sólo por Ella la obtendrán cuantos en lo sucesivo la han de hallar.
“Ella estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel San Gabriel (S. Lc. 1, 28), y quedó sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra inefable (S. Lc. 1, 35), y de tal manera ha aumentado Ella, de día en día y de momento en momento, esta doble plenitud, que se ha elevado a un grado de gracia inmensa e inconcebible; en forma que el Altísimo la ha hecho tesorera única de sus riquezas y dispensadora singular de sus gracias para ennoblecer, levantar y enriquecer a quien Ella quiere: para hacer caminar por la estrecha senda del cielo a quien Ella quiere; para permitir, a pesar de todos los obstáculos, la entrada por la angosta puerta de la vida a quien Ella quiere, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien Ella quiere. Jesús, en todas partes y siempre, es el fruto y el Hijo de María, y María es, en todo lugar y tiempo, el árbol verdadero que contiene el fruto de la vida y la verdadera Madre que lo produce”

jueves, 18 de junio de 2026

S A N T O R A L


SANTOS MARCO y MARCELIANO, MARTIRES

EL GOZO DE LOS MÁRTIRES

Cuando vemos que los mártires corren alegremente al suplicio, nos preguntamos: ¿de dónde les viene ese valor que no es de la tierra? San Pablo, en el pasaje de su Epístola a los Romanos (V, 1-5) que la Iglesia nos hace leer en la Misa de hoy, nos da la respuesta.
"La esperanza de los bienes futuros eleva el alma sobre el tiempo y las circunstancias, aun penosas, de la vida presente. Lo propio de los que son de Dios, es el verse libres de toda tristeza y alimentar su alegría con las asperezas y dolores de la tierra, que constituyen la enseñanza principal de nuestra educación sobrenatural. El padecimiento produce la paciencia, hace arraigar en nosotros y nos hace amar más y más el bien por el cual nos decidimos a padecer. La firmeza en el padecer, aumenta en el alma la esperanza sabiendo bien que Dios no deja nada sin recompensa y que toma en cuenta, por su ciencia infinita, tales sufrimientos, aun aquellos de los cuales no se acuerda nuestra alma. La esperanza nunca defrauda, no engaña al cristiano: nadie puede imaginar que queden defraudadas las esperanzas de quien está asegurado del amor tierno de Dios".

VIDA

La historia de los santos Marco y Marceliano la conocemos únicamente por las Actas, en gran parte legendarias, de San Sebastián. Estas nos cuentan que, mientras estaban ellos en medio de los suplicios con que los hizo atormentar el prefecto Fabiano, confesaban que nunca habían experimentado delicias tan delicadas como aquéllas. Al aconsejarles sus ancianos padres que renegasen de Cristo, confirmó su valor San Sebastián declarándose a sí mismo cristiano, y nuestros mártires tuvieron el consuelo incomparable de ver cómo sus mismos padres confesaban la religión por la cual estaban padeciendo. Sus cuerpos fueron depositados en el cementerio de Balbina y después, en el siglo IX, en la Basílica de San Cosme y San Damián.

SÚPLICA

El Espíritu Santo os colmaba de fortaleza, gloriosos mártires; y el amor que derramó sobre vuestros corazones, mudó en delicias los tormentos que espantan a nuestro débil ánimo.Mas ¡cuán poco caso hacíais vosotros de los padecimientos de este cuerpo perecedero, después de haber triunfado en las torturas del alma! La desolación de aquellos a quienes vosotros amabais más que la vida, y a los que teníais que dejar en una desesperación en apariencia sin consuelo, fué sin duda el punto culminante de vuestro martirio. Unicamente será incapaz de comprenderlo, quien merezca el reproche de San Pablo a los paganos de su tiempo, de vivir sin amor es bien, cuando el mundo ostente de nuevo esta nota odiosa, será la señal de que se acercan los últimos tiempos, dice el Apóstol; y, con todo eso, el más puro amor humano debe doblegarse ante el amor de Dios: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, dice el Señor, no es digno de mí'". Vosotros lo comprendisteis, santos mártires; vuestros familiares, que querían separaros del Señor, iban a convertirse para vosotros en enemigos. Pero en el mismo instante el Señor, que no se deja ganar en generosidad, os devolvió esos seres tan queridos, tomándolos, por un milagro de la gracia, con vosotros y como vosotros para Sí. Completad así vosotros las enseñanzas que pocos días ha, nos daban Julita y San Quirico, San Vito y sus gloriosos compañeros. Haced, vencedores de tan rudos combates, que el valor y el amor crezcan en nosotros en la misma medida que la luz y el conocimiento de nuestros deberes para con Dios.
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

miércoles, 17 de junio de 2026

S A N T O R A L

Beato Felipe Papon, martir

Resultado de imagen para Rochefort martirio
Felipe Papon nació en Saint-Pourcam, en el Allier, el 5 de octubre de 1744, hijo de un boticario. Parece que hizo sus estudios en Moulins y consta que ya en 1763 había recibido la tonsura. Se ordena sacerdote en 1768 y tiene como destino ser vicario en la parroquia de Contigny, a donde llega en junio de 1769.
En 1772, a la muerte del párroco de Contigny, es designado para sucederle y en los años siguientes cumple con regularidad y honestidad sus funciones como pastor de esta comunidad cristiana. En 1790 era, además de párroco, alcalde de la población, y se ve en la difícil circunstancia de tener que prestar el juramento de aceptación de la constitución civil del clero. Lo prestó el 30 de enero de 1791 pero con restricción, lo que le desagradó al directorio del distrito, por lo que hubo de repetir el juramento el día 27 de febrero siguiente, igualmente con una restricción, pero esta vez el directorio no dijo nada, y por ello su nombre apareció en la lista de sacerdotes juramentados del día 2 de marzo.
A partir de este momento él estuvo dividido entre su deseo de permanecer fiel a la Iglesia, por un lado, y su deseo de no ser alejado de sus feligreses, por otro. El 8 de mayo expuso esta perplejidad a los feligreses y su sermón causó un gran revuelo, que provocó una investigación abierta por el Directorio. Se llevó a cabo el día 19 de mayo y al siguiente día se decretó que estaba cesante de su cargo de párroco, llegando un sustituto el día 22. Con lágrimas en los ojos hubo de dejar su parroquia, pero prometió que la Pascua del año siguiente la celebraría con sus fieles.
Se quedó en el pueblo, lo que no podía menos que resultar peligroso. Le escribió al legítimo obispo de Clermont, mons. De Bonnal, explicándole el sentido de su juramento (20 de enero de 1793). Le mandan en febrero una carta pastoral sobre la Cuaresma y él no duda en repartirla entre sus cercanos. Como era de esperar, el 16 de marzo, el directorio de Moulins toma una determinación contra él y el directorio del departamento la confirma. El 12 de abril comparece ante el juez Pélassy, del tribunal de Moulins, y como resultado del interrogatorio se le dice que sus juramentos con restricciones no pueden ser aceptados y se le declara no juramentado o renuente. El 17 de mayo comparece ante el tribunal de lo criminal del Allier y se le imputa haber perturbado el orden público con propósitos fanáticos y sediciosos al haber distribuido una publicación de estas características. El juez lo condena a una corrección y a un año de arresto. En carta a las autoridades afirmó que él deseaba ser fiel tanto a la patria como a la Iglesia pero que le ponían en condiciones muy difíciles de compatibilizar ambos amores.
Como igualmente se niega al juramento de libertad-igualdad,-El 14 de agosto de 1792, después del encarcelamiento del Rey, se instaura el juramento llamado Libertad-Igualdad. Se impone a todos los franceses que reciben una pensión del Estado. Los sacerdotes, las religiosas hospitalarias deben prestarlo- es condenado a la deportación y se le envía a Rochefort*, constando que estaba ya a bordo del Borée el día 13 de abril de 1794, de donde pasa al Deux Associés. Aquí enferma prontamente y muere el 17 de junio de aquel año, siendo enterrado en la isla de Aix. Había logrado llevar consigo hostias consagradas, que fueron de gran consuelo entre los detenidos. Cuando se vio muy enfermo se las dio a los sacerdotes que hacían de enfermeros. Pudo así, pese a las pesquisas que se hicieron para quitarles a los sacerdotes todo objeto religioso, conservar tan gran tesoro y poder recibir al Señor antes de morir, y lo había dado con gran celo a otros moribundos.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003


*Martirio en las bodegas de las barcazas conocidas como “Pontones”. 


Se ha  escrito acerca de ello:
"Espantoso suplicio el padecido durante muchos meses por esos sacerdotes y religiosos, durante la revolución francesa, hacinados en la bodega de navíos negreros, por haber permanecido fieles a Dios y a la Iglesia de Roma. Se pudren vivos consumidos por la enfermedad, convulsionados por la fiebre y víctimas de la desazón producida por los parásitos, trastornados, muriendo de hambre y de sed”.


martes, 16 de junio de 2026

S A N T O R A L

 


SAN QUIRICO Y SANTA JULITA, MÁRTIRES

LA LECCIÓN DE LOS MÁRTIRES

De cualquier naturaleza que sean los pormenores legendarios que se hayan introducido en sus Actas, acordémonos, sin embargo que eso, que únicamente es digno de honrar a los Santos, quien sigue la enseñanza que dieron al mundo. Las persecuciones que se han sucedido desde la antigüedad hasta nuestros días, deben enseñarnos que el heroísmo de Julita no es simplemente objeto de admiración estéril, sino que puede servirnos de ejemplo.
El deber no cambia de un siglo a otro; la dificultad de cumplirse puede variar según las circunstancias de tiempo y lugar: pero no por eso desaparecen sus inflexibles exigencias.
SACRIFICIO DE ALEGRÍA
No olvidemos, por otra parte, que la Iglesia es nuestra madre y, como tal tiene el derecho y la obligación de alimentar a sus hijos. No ha cesado de protestar contra todas las tiranías que han procurado separar de ella a sus hijos; pero si por fuerza se pretende arrancar de sus brazos a uno de sus pequeñuelos, éstos han de saber que tienen obligación de imitar al joven San Quirico, de permanecería fieles, guardar su palabra y tender hacia ella con tanto mayor fuerza, cuanto más se los quiera separar de su seno, de rechazar los halagos y las comodidades que le ofrecen, y preferir la muerte al pecado y a la infidelidad.

VIDA

Desde la antigüedad San Quirico fué objeto de un culto muy extendido y célebre. Más tarde se juntó a su nombre el de Santa Julita que, según el martirologio de San Jerónimo, fué su madre. Se han publicado numerosos relatos de su martirio. Si hemos de dar fe al más conocido de todos, Julita habitaba en Iconio con un hijo de tres años. La persecución la obligó a trasladarse a Seleucia, cerca de Tarso. Allí debería sufrir su cruel martirio. Quirico, al ver padecer a su madre, también él se declaró cristiano, y, no queriendo separarse de ella, sufrió el martirio juntamente. Sus reliquias fueron conducidas a Francia, donde se levantaron numerosos santuarios en su honor. Carlomagno, librado por San Quirico de un jabalí misterioso que iba a matarle, quiso patentizar su reconocimiento decidiendo que la Catedral de Nevers, reconstruida por su munificencia, le adoptase por patrón. Desde entonces los artistas cristianos representan al santo niño con un jabalí a sus pies.
SÚPLICA
¡Oh santos Mártires! ya no os acordáis, según la palabra del Señor, de los padecimientos pasados. El sacrificio de madre e hijo, comenzando en una confesión dolorosa, es hoy un sacrificio de alegría y alabanza. Porque vuestro sacrificio común se continúa en el cielo: es la base de las relaciones tan poderosas y tan dulces en las cuales Dios se complace; es la fuente de bendiciones que el Señor gusta derramar por vuestra intercesión sobre la tierra. Haced que cuanto antes amanezca el día del retorno a la verdadera luz en el Oriente, que os dió la vida y que regasteis con vuestra sangre preciosa.
Bendecid a Occidente, en el cual tantas iglesias celebran hoy vuestra fiesta.

LOS DERECHOS DE LA MADRE

Conserva la fe de las madres, oh Julita; eleva su cristianismo a la altura de las enseñanzas contenidas en tus gloriosos combates. Ante la tiranía que se apodera de la educación para perder el alma de los pobres niños, deben imitar todos a San Quirico.
Se ha visto algunos que, ante la odiosa presión de maestros impíos que les querían enseñar doctrinas condenadas por la Iglesia, no sabían escribir sino sólo el Credo que les habían enseñado sus madres. ¡Benditos sean! Sin duda tú, oh Quirico, te regocijaste a la vista de tan hermoso espectáculo, y tu mirada se ha posado con amor sobre estos émulos que te presenta nuestro siglo.
Con tu madre, desarrolla más y más en los hijos de la Iglesia, este sentimiento de la santa libertad que les fué otorgada en el bautismo: ella es quien, sumisa a todos los poderes que vienen de Dios, triunfó de los Césares. De su noble independencia ante los abusos que la autoridad comete, depende aun hoy la salvación de la sociedad.
fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer
Cuenta la tradición cristiana que Julita, noble y virtuosa mujer de Licaonia, comenzó a temer, tras la publicación de los decretos contra los cristianos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, que su hijo Quirico, a quien deseaba mantener en la fe católica, pudiese sufrir algún daño. Para evitar esa posibilidad se alejó de su casa y fue a vivir primero a la provincia de Isauria, después a la de Iconia y finalmente a Tarso. Hasta allí la siguieron los decretos y las acusaciones y hasta allí llegó la orden para que Alejandro, el gobernador, persiguiese a la nueva religión. Habiendo interrogado a la madre y habiéndose mostrado ella tan firme como tenaz en sus ideas, Alejandro tomó en sus brazos al niño Quirico a quien con caricias pretendía atraer pero el niño sólo repetía: "Soy cristiano". La expresión, repetida una y mil veces por Quirico, enfadó al gobernador hasta el extremo de que en un arrebato de ira arrojó al niño contra el suelo partiéndole la cabeza, tras de lo cual ordenó que su madre fuese decapitada.
Urna con las reliquias de los Santos conservada en Wavre, Bélgica.
Urna con las reliquias de los Santos en Wavre - Bélgica
Dos criadas retiraron los cuerpos muertos del niño y de la madre; los enterraron en lugar retirado, en Tarse, hasta que dieciocho años después, con la paz de Constantino, se pudieron descubrir para su veneración.