martes, 7 de julio de 2026

S A N T O R A L


SAN PANTENO, CONFESOR


Este santo, llamado la abeja de Sicilia, á causa de su extraordinaria elocuencia, floreció durante el siglo II de la Iglesia. Nació en Sicilia, y pertenecía a la secta de los estoicos, cuando habiendo trabado relaciones y amistad con algunos cristianos, y enamorado de las virtudes que practicaban, abandonó las supersticiones del paganismo, y abrió sus ojos a la fé. Después de su conversión, dedicóse al estudio de los libros santos bajo la dirección de los discípulos de los apóstoles en la famosa escuela de Alejandría, a cuyo frente fué colocado, el año 179, dirigiéndola por espacio de muchos años con la más asombrosa reputación. Panteno fué el primer maestro cristiano de su siglo, y tal vez pocos lo hayan excedido en los posteriores. Su capacidad y excelente método que seguía en sus instrucciones, atraían a su escuela a todos los extranjeros, de los cuales muchos abrazaban el Evangelio, y se volvían de Alejandría, pregonando la admirable ciencia del maestro. 
Los cristianos de la India le enviaron un mensaje para que fuese a su país a combatir contra los bramas en favor de la religión verdadera, y Panteno, que no deseaba otra cosa en este mundo que la gloria de Dios y el aumento de su grey santa, dejó su escuela y marchó a aquellas apartadas regiones. Bien pronto se hizo conocer la eficacia de su celo, pues todas las naciones orientales, que él recorrió brillaron desde luego con los fulgores de la fe, y lo reconocieron por su apóstol.  Al volver, después de algunos años, a Alejandría, trajo consigo un evangelio de San Mateo en hebreo, que había encontrado en la India donde lo había dejado San Bartolomé. Todavía continuó enseñando hasta que, siendo ya de muy avanzada edad, murió santamente, en Alejandría, por los años 215, dejando una reputación de sabiduría y de virtud de que pocos han gozado en más alto grado.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

lunes, 6 de julio de 2026

S A N T O R A L


Santa Maria Goretti, virgen y mártir

Homilía de SS Pio XII pronunciada el 25 de Junio de 1950 durante la Santa Misa celebrada en honor de Santa María Goretti:


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  La virginidad es una manera angélica de vivir, que la religión cristiana llevó a un tal grado de perfección, que parece ser ajena a la tierra, y convenir solamente al Cielo: pero si la palabra del martirio se agrega a ella, al encanto y al brillo de la gracia se le une la victoria de la fortaleza, y todas las almas nobles se ven arrastradas por ella a los actos heroicos exigidos por los preceptos divinos. Todo esto lo admiramos en la virginal niña que Nos ha sido dado coronar ayer con la gloria de los Santos del Cielo, María Goretti.
Sus padres pertenecían a la clase obrera, y para ganar con un trabajo honesto el pan para su numerosa familia, tuvieron que abandonar su pequeña ciudad y se mudaron a la provincia del Lazio, donde pudieron asegurarse, muy modestamente, la subsistencia de sus hijos por medio del trabajo en el campo.
Al candor de su alma, María le agregaba su ardor al trabajo y desde sus más tiernos años no solamente se distinguió por la luminosa pureza de su vida, sino también por el cuidado y la diligencia con los cuales ayudaba, alegremente y sin cansarse, a su madre y en todos los trabajos de la casa.
Cómo no sabía leer, aprendió los preceptos del cristianismo de su propia madre, quien cuidaba que ellas penetrasen su alma atenta.
No había nada más agradable ni más suave para ella que dirigirse cada vez que le era posible a la iglesia, que estaba bastante lejos de su hogar, y en donde podía dirigir a Dios y a la Bienaventurada Virgen María sus oraciones llenas de amor.
Cuando finalmente pudo acercarse a la mesa eucarística y nutrirse con el alimento celestial, lo hizo con una piedad tan grande, con una caridad tan ardiente, que más que una niña se parecía a un ángel con envoltura humana.
Sin ninguna duda, fue de allí donde sacó esa fuerza celestial que le permitió pocos meses después, cuando aún no había cumplido doce años, combatir victoriosamente hasta la muerte para conservar intacto y sin mancha el lirio inmaculado de su inocencia, pero tiñéndolo de púrpura con la sangre de su martirio por el Divino Autor de su vida virginal.
En esta lucha tan dura, como cada uno de ustedes bien lo sabe, tuvo que comprometerse esa virgen indefensa.
De improviso la acometió un ataque violento e impetuoso, dirigido a violar y ensuciar su angélico candor. Pero en la terrible dificultad en medio de la cual se vio envuelta, pudo haber repetido con el Divino Redentor esas palabras que se hallan en el pequeño libro de oro de la “Imitación de Cristo”: “Si estoy tentada y afligida por las turbaciones, no temeré que me ocurra ningún mal, mientras su gracia esté conmigo.
Ella es mi fortaleza; ella me aconseja y me socorre. Es más poderosa que todos mis enemigos…” 
Por eso, sostenida por la gracia celestial, a la cual correspondía con su voluntad fuerte y generosa, dio su vida, pero no perdió la gloria de su virginidad.
En la vida de esta humilde hija, que a grandes rasgos hemos recordado, Nos es dado ver, venerables hermanos y queridos hijos, un espectáculo no solamente digno del Cielo, como ya lo hemos dicho, sino también digno de una mirada de admiración y de respeto de los hombres de nuestro tiempo.
Que los padres y las madres de familia enseñen cuánto importa que eduquen en la rectitud, la santidad y la fuerza de carácter a los hijos que Dios les ha confiado, y que los formen según los preceptos de la religión católica, de tal manera que cuando su virtud sea probada, con la ayuda divina, salgan victoriosos, intactos e inmaculados.
Que la infancia alegre y la juventud ardiente aprendan a no abandonarse perdidamente a las alegrías efímeras y vanas de voluptuosidad, ni a los placeres de vicios embriagadores que destruyen la apaciguada inocencia, engendran una sombría tristeza y debilitan tarde o temprano las fuerzas del alma y del cuerpo, sino más bien a tender con entusiasmo, aún en medio de penosas dificultades, hacia esa paz cristiana de las costumbres que por la energía de nuestra voluntad, ayudada por los dones celestiales, por el esfuerzo, el trabajo y la oración, todos podemos alcanzar. 
Que este mundo voluptuoso y demasiado inclinado a hacer el mal aprenda de una vez a venerar y a imitar la victoria de la fortaleza en esta virginal niña.
Que todos miren este lirio campestre, exhalando su olor suavísimo, estas palmas radiantes de martirio, y que entiendan cuán poderosos son los principios cristianos para conducir a los hombres dentro de la rectitud y formarlos, y cuánto las alegrías superiores -que nacen de una inocencia de vida guardada intacta y de una virtud laboriosamente adquirida- traspasan y eclipsan los vanos placeres de la voluptuosidad. Sólo Dios, en efecto, puede colmar de paz y tranquilidad las almas de los hombres, y calmar sus deseos infinitos.
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La madre de Maria y Alessandro Serenelli
No todos estamos destinados a sufrir el martirio sino a alcanzar la virtud cristiana para la cual somos llamados. La virtud requiere una fuerza que, si no alcanza a las cimas de la fuerza de esta angélica niña, exige de nosotros nada menos que un esfuerzo prolongado, asiduo, indefectible, hasta el fin de la vida.
Por esto se puede decir que Jesucristo nos invita a un martirio largo y continuo, con esas divinas palabras: “El Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo alcanzan”.
Fuertes en la gracia celestial, tendamos todos a esto: la Santa Virgen y Mártir María Goretti nos exhorta a ello. Que desde lo alto de los Cielos, donde está gozando de la felicidad eterna, le pida al Divino Redentor que todos, cada uno según la condición de Nuestra vida, sigamos con ardor sus huellas. Amén

Comentarios de Plinio Corrêa de Oliveira sobre Santa María Goretti y la castidad

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Santa María Goretti es la adhesión radical a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia sobre la castidad. Para un católico ejemplifica que debe morir antes que perder su pureza. ¿Una enseñanza dura? Pero la Iglesia siempre ha hablado de esta manera. La Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía siempre ha sido llamada, y sigue siendo, "el vino que genera las vírgenes".
Como Santa María Goretti pudo resistir a su agresor con una gracia especial de Dios, también nosotros seriamos incapaces de resistir la onda de impureza en el mundo contemporáneo sin una gracia especial. Para ayudar a lograr esto hay que tener fe, tener piedad, orar, y no olvidarse de la penitencia y la reparación.
Hay otro punto que quiero enfatizar. Entre las soluciones a la crisis actual no es que nunca se hable de la castidad. En su lugar, debe tener un papel predominante. No puede haber verdadero orden social sin las familias bien constituidas, y no puede haber verdadero orden de cada miembro de la familia si la familia no practica la castidad según su estado.
No es la perfecta castidad de los religiosos o religiosas, sino también la castidad conyugal que debe existir en los casados. Hay dos formas de hacerlo: practicarla y defenderla. Sin la pureza cualquier orden social o político, inevitablemente, cae en la ruina. No puede haber una lucha seria contra los enemigos de la civilización cristiana, ni una batalla en serio para su restauración, si la pureza no es colocada como fundamento.
Tenemos que preguntarnos si Santa María Goretti es nuestro modelo en la defensa la pureza y de ayudarla y a preservarla. Y si, por alguna circunstancia desafortunada, nos desviamos de esta línea recta, tenemos que pedirle que nos inspire una verdadera contrición y arrepentimiento, como lo hizo con su propio asesino. Si somos puros, seremos las piedras vivas con las que se construirán el reinado del Corazón Inmaculado de María, cuyo triunfo fue predicho en Fátima.

fuente: traducción del texto en italiano http://www.pliniocorreadeoliveira.info/printpage.asp?page=Italiano.htm


domingo, 5 de julio de 2026

S A N T O R A L

SAN ANTONIO MARIA ZACARIA, CONFESOR

EL FUNDADOR

Después de Cayetano de Tienna y antes que Ignacio de Loyola, Antonio María mereció ser padre de una de las muchas familias religiosas que en el siglo XVI fueron llamadas a restaurar las ruinas de la casa de Dios. Lombardía estaba agotada, desmoralizada por las guerras que motivaron la posesión del ducado de Milán; pero ante el espectáculo de las heroicas virtudes de Zacarías, volvió de nuevo a creer, a esperar y a amar. Prestó atención a sus sermones inflamados, que la llamaban a la penitencia, a la meditación de la Pasión del Salvador, a un culto más asiduo y a la adoración más solemne de la Sagrada Eucaristía. Fué también el precursor de San Carlos Borromeo, que en la reforma del clero, del pueblo y de los monasterios del Milanesado, tuvo en sus hijos e hijas los auxiliares más valiosos: los Clérigos regulares y las Angélicas de San Pablo.

EL DESARROLLO DE SU OBRA

El oratorio de la Sabiduría Eterna fué testigo en Milán de los principios de la nueva Congregación; la iglesia de San Bernabé, donde se estableció poco después de la muerte de Zacarías y que custodia hoy su cuerpo, dió el nombre de Barnabitas a estos nuevos discípulos del Doctor de las naciones. A la larga se propagarían por Italia, Francia, Austria, Suecia y hasta China y Birmania, dedicándose a las misiones, a la enseñanza de la juventud, a todas las obras que interesan al culto divino y a la santificación de las almas. En cuanto al santo fundador, en el año 1539 voló al cielo a los 36 de edad, desde la casa donde había nacido y de los brazos de su madre que le había criado para Dios, y que poco después se juntó con él.

VIDA

Antonio nació en Cremona en 1502. Estudió filosofía y medicina y después teología. Doctor a los 22 años, reunía a los niños para enseñarles el catecismo; iban también sus padres y les dirigía homilías sencillas y persuasivas. A los 26 fué ordenado de sacerdote. En 1530, estando en Milán, se encontró con dos sacerdotes, miembros de la sociedad de la Sabiduría Eterna, los cuales trabaron con él amistad íntima. Fundó con ellos una nueva sociedad de Clérigos Regulares dedicados a predicar y a administrar los sacramentos.
Ya en 1533, el Papa Clemente VII firmó el breve de aprobación del nuevo Instituto, y el año siguiente una bula de Paulo III los llamaba Clérigos Regulares de San Pablo. El mismo Paulo III había también aprobado poco antes el Instituto de las "Angélicas" o grupo de señoritas y señoras que reunió Luisa Torelli para llevar una vida pobre y penitente y ayudar así a la reforma religiosa que había emprendido Antonio, y contrarrestar los esfuerzos de la pretendida Reforma de Lutero. Estas dos fundaciones fueron origen de muchos sufrimientos para Antonio, que murió el 5 de Julio de 1539. Su Congregación sigue siempre floreciente en Italia.

PLEGARIA

En esta Octava de los santos Apóstoles, te nos presentas como una piedra de gran valor, que realza su corona. Desde ese puesto de honor a donde la Iglesia te dirige sus homenajes, dígnate bendecir a los que, como tú, prosiguen en la tierra la obra apostólica sin cansarse de los continuos comienzos que el trabajo de zapa y mina infernal impone a los obreros de la salvación. Hoy, lo mismo que en tu tiempo, basta para salvar al mundo la enseñanza de los Apóstoles, apoyada en el ejemplo y en la oración de los Santos. Discípulo de San Pablo y fiel imitador suyo, la ciencia de Cristo que aprendiste en su escuela, fué la que, de médico de los cuerpos, te convirtió en salvador de las almas; el amor que está por encima de todas las ciencias, fué el que hizo fecunda más allá del sepulcro tu vida, tan breve y, con todo eso, tan llena. Quiera Dios que se suscite entre nosotros, como lo pide la Iglesia por tu intercesión, este espíritu salvador y de reparación; y ojalá sean tus hijos e hijas, cobijados bajo la bandera apostólica, los primeros en honrar siempre el gran nombre del Doctor de las naciones.



fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

sábado, 4 de julio de 2026

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.
Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.
Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.
Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y únete con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.
Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.
Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.
Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que la historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.
Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.
Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.
Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.
Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.
Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.
Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.
Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.
Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Inmaculado Corazón triunfará.

Nota:La transcripción de esta conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP, mantiene un estilo verbal, y no fué revisada por el autor.

Primer Sábado del Mes

Devoción al Rosario

 y al Inmaculado Corazón de María


En la segunda aparición en Fátima la Santísima Virgen insistió sobre el Rosario diario y recomendó a los tres niños que aprendieran a leer. En esta ocasión, Nuestra Señora prometió que, en breve, llevaría al cielo a Francisco y Jacinta, y anunció que Lucía viviría más tiempo para cumplir en la tierra una misión providencial: “Jesús quiere servirse de tí para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Al percibir que Lucía estaba aprensiva, Nuestra Señora la confortó diciéndole: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.
En esa aparición, María Santísima mostró a los pastorcitos un corazón cercado de espinas que se le clavaban por todas partes, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación. En una revelación posterior a la Hermana Lucía, en 1925, la Virgen María prometió asistir en la hora de la muerte, 
con todas las gracias necesarias para la salvación, a quienes durante cinco meses, en el primer sábado, recibieran la Sagrada Comunión, rezaran el Rosario y la acompañaran quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarla.

Promesas de Nuestra Señora de Fátima

En la aparición de Junio de 1917, Nuestra Señora prometió a los tres pastorcitos que llevaría al Cielo a aquellos que abrazaran la devoción al Inmaculado Corazón de María. Al respecto, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, gran apóstol de la devoción mariana, comentó en una conferencia dictada en 1994: "La Santísima Virgen pide muy poco: Si lo hicieran os daré. Si no lo hicieran, no quiere decir que no os amaré, pero... si fuereis sedientos de aprovechar esta promesa de mi Inmaculado Corazón tanto más yo os amaré. ¡Venid!"
Sin embargo, cuántas personas adoptan una actitud indolente delante de promesas de éstas: las promesas del Sagrado Corazón de Jesús respecto a los nueve primeros Viernes; la promesa del Escapulario del Carmen, de ser sacado del fuego del Purgatorio en el primer Sábado, ¡qué promesas magníficas!".

S A N T O R A L

SANTA ISABEL, REINA DE   PORTUGAL

REINA, MADRE Y RELIGIOSA

Por tercera vez en un mes, celebra hoy la Liturgia a una reina.
España que la vió nacer y Portugal donde reinó, con razón se sienten ufanos de su santidad, y de su protección. Pero la Iglesia que sabe que fué un modelo de virtudes para todos, la propone hoy al culto de todas las naciones. Como reina, Santa Isabel, demostró al lado del rey su marido, y más todavía en la administración de Torres Vedras, ciudad de la que fué gobernadora queridísima, las cualidades y las virtudes que deseamos a todos los que tienen la responsabilidad de los negocios públicos. En su vida privada, fué una perfecta madre de familia por el tierno afecto y la sumisión de que dió pruebas a su indigno y además perseguidor esposo, y para el cual consiguió con sus oraciones la gracia de una muerte santa; y también por el cuidado que puso en educar cristianamente a los hijos naturalmente rebeldes. Y por fin, después de enviudar, dió ejemplo en la orden tercera de San Francisco, de las virtudes religiosas más altas de humildad, pobreza, espíritu de oración y de penitencia, caridad con los pobres y los enfermos.

UN ÁNGEL DE PAZ

Pero no son éstos los únicos títulos de su gloria. Santa Isabel había recibido de Dios una misión especial que la valió el hermoso epíteto de "Madre de la paz." En efecto, durante casi toda su vida se dedicó a poner coto a las enemistades que dividían a su familia y a su patria. Consiguió por dos veces reconciliar a su esposo con su hijo, uno y otro en guerra. Y un día se la vió también ponerse en medio de los combatientes que habían llegado a las manos e hicieron las paces. Intervino además, y con éxito, en otras luchas en que se debilitaba el rey, ya contra su hermano Alfonso, ya también contra el rey de Castilla. Por fin Santa Isabel murió cuando estaba en camino para hacer cesar la guerra que se hablan declarado su hijo y su nieto.
La razón profunda de sus éxitos de pacificadora, no lo dudemos, no se debe tanto a sus dotes de política o de diplomacia, como a su perfecta unión con Dios mediante la práctica de las virtudes. Fué poderosa no por sus hechos sino por su oración; y aquí tenemos la gran lección de esta regia viuda. En el orden de la Providencia, las bendiciones que con más ansia desean los pueblos, el cese de las discordias, la felicidad que se apoya en el orden, la paz y la prosperidad, con frecuencia provienen de renunciamientos, de sacrificios y de una intercesión que ellos desconocen. ¡Cuántas victorias inesperadas y beneficiosas se deben a misteriosos combates que se libraron en presencia de Dios, en un punto cualquiera de ese mundo sobrenatural en el que los santos andan luchando con todo el infierno y a veces con la justicia del mismo Dios! ¡Cuántos tratados de paz se arreglaron antes en el interior de una sola alma, entre el cielo y la tierra, como premio a estas luchas enteramente espirituales que desconocen o desprecian los hombres!
Parece que los políticos gobiernan el mundo. Se pondera a los hombres de negocios, se ensalza a los guerreros. Pero cuando haya pasado la figura de este mundo, se verá que no eran ellos los verdaderos artífices de las obras, por las que se les tributaba elogios, sino simples instrumentos de que Dios se sirvió un día, por la oración de un alma santa a la que no podía negar nada.

VIDA

Isabel nació en Zaragoza en 1271. Era hija del rey Pedro III de Aragón y de la reina Constanza.
Su venturoso nacimiento reconcilió a Pedro III con su padre Jaime I. Se casó de muy joven con el rey Dionisio de Portugal, de quien tuvo mucho que sufrir, pero se supo santificar ejercitando la paciencia y la caridad perfecta. Su caridad con los pobres, su piedad, sus austeridades causaban admiración. Muchas veces restableció la paz entre príncipes que estaban distanciados.
Al quedarse viuda deseó abandonar el mundo para no pensar más que en servir a Dios. Prudentes consejos se lo disuadieron, pero desde ese momento se dedicó, con hábito ya de las Terciarias de San Francisco, a las obras piadosas y al servicio de los pobres y de los enfermos. En una de las capillas que fundó en Lisboa, se tributó culto público por primera vez a la Inmaculada Concepción. Atacada de fiebre se durmió en la paz del Señor el 4 de julio de 1336, después de ser confortada con la aparición de la Virgen María. Su culto no se concedió hasta 1516 a la diócesis de Coimbra, donde murió y se proclamó su canonización en 1626.

EL EJEMPLO DE UNA REINA

Gustosos Seguimos el consejo de la Iglesia que nos exhorta desde el invitatorio de los maitines a "alabar a Dios por nuestras obras santas". Así lo hizo la santa reina de Portugal, y el himno que cantamos en su honor nos lo recuerda: "Dominar los movimientos de su corazón y servir a Dios en la pobreza, ¡eso es lo que la heroica Isabel prefirió a todo su reino!"
Santa Isabel cura milagrosamente 
la úlcera de una mujer
Este elogio que de todo corazón hacemos llegar hasta ti, oh Isabel, nos inspira la primera oración que te debemos dirigir: Enséñanos cuáles son los verdaderos bienes y la verdadera realeza, para que las vanidades de la tierra no puedan seducirnos y detenernos en el camino que conduce a Dios.
Pero nos acordamos también del ejemplo que tu caridad inflamada hoy da, y que en otro tiempo se empleó sin descanso en reconciliar a los que el odio lanzaba a unos contra otros. Te rogamos que nos defiendas contra las sugestiones del espíritu del mal, que respira odio; y sobre todo contra nuestras pasiones, nuestro egoísmo, nuestro orgullo que ahogan en nosotros el amor del prójimo.
Finalmente permitirnos invocarte, madre de la paz; para que tu oración consiga la paz al mundo entero. Junta tu súplica con la de la Iglesia, madre de los pueblos, que pide a Dios en este día de tu fiesta que cesen los amagos de guerra y que nuestra vida mortal sea el camino tranquilo que nos lleve a todos a las alegrías de la eternidad.

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer