domingo, 28 de junio de 2026

S A N T O R A L

SAN IRENEO, OBISPO Y MARTIR

IRENEO Y LA PRIMACÍA ROMANA



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La Iglesia de Lyon presenta en este día a la admiración del mundo, a su gran doctor, el pacifico y valiente Ireneo, lumbrera de Occidente Conviene escucharle dando a la Iglesia madre el célebre testimonio que, hasta nuestros tiempos, ha vivamente contrariado a la herejía y conturbado al infierno; y la eterna Sabiduría ha querido fijar para hoy su triunfo, porque encierra una instrucción muy propia para preparar nuestros corazones  para mañana. Oigamos al discípulo de Policarpo, al celoso oyente de los discípulos de los Apóstoles, a aquel a quien su ciencia y sus peregrinaciones, desde la brillante Jonia hasta el país de los Celtas, hicieron el más autorizado testigo de la fe de las Iglesias en el siglo segundo. Todas estas Iglesias, dice el Obispo de Lyon, se inclinan ante Roma, la señora y la madre. "Porque con ella, a causa de la autoridad de su origen, deben concordar las demás; en ella, los fieles que existen en todas partes, guardan siempre pura la fe que se les predicó. Grande y digna de veneración por su antigüedad sobre todas, reconocida por todos, fundada por los dos más gloriosos Apóstoles Pedro y Pablo, sus Obispos son, por su sucesión, el canal por donde viene hasta nosotros íntegra la tradición apostólica: de tal manera que todo el que difiere de ella en su creencia, por solo este hecho es condenado."

LA HEREJÍA GNÓSTICA

La piedra que sostiene a la Iglesia, era por lo mismo inconmovible a los esfuerzos de la falsa ciencia. Y, sin embargo de eso, no era un ataque innocuo el de la Gnosis, herejía múltiple, con sus tramas urdidas en disforme mezcla por los poderes más" opuestos del abismo. Diríase que Cristo, para probar el fundamento que había puesto, permitió ensayar contra él el asalto simultáneo de todos los errores que dividían entonces el mundo, o lo destrozarían más tarde. Simón el Mago, envuelto por Satanás en los lazos de las ciencias ocultas, fué elegido por lugarteniente del príncipe de las tinieblas para esta empresa. Desenmascarado en Samaría por Simón Pedro, comenzó contra él una lucha envidiosa, que desgraciadamente no había de terminar a la muerte del padre de las herejías, sino que continuaría más viva en los siglos sucesivos. Saturnino, Basílides, Valentín, inventaron los más tortuosos y extravagantes sistemas, dejando libre curso a los instintos que en torno suyo hacía germinar la corrupción del espíritu y del corazón. En sus sistemas se encierra la reunión de las filosofías, religiones y aspiraciones más contradictorias de la humanidad.
No hay aberración, desde el dualismo persa y el idealismo indostánico, hasta la cábala judía y el politeísmo griego, que no se haya dado la mano en el santuario reservado de la gnosis. Allí se elaboraban ya fórmulas que anuncian las futuras herejías de Arrio y Eutiques. Allí anticipadamente tomaban movimiento y vida, en un extraño cuento panteístico, los más peregrinos sueños vacíos de las metafísicas modernas. Un dios abismo, que rodaba de caída en caída hasta la materia, para tener conciencia de sí mismo en la humanidad y volver por el aniquilamiento al silencio eterno: tal era uno de los dogmas de la gnosis sobre el que se apoyaba una moral, unas veces rigorista hasta el punto de incitar al suicidio cósmico, y otras mezclando una mística que incitaba a las más impuras prácticas, o abandonaba al hombre a sus pasiones.

EL DEFENSOR DEL DOGMA


San Ireneo fué escogido por Dios para oponer a la Gnosis los argumentos de su poderosa lógica y restablecer contra ella el sentido verdadero de las Escrituras; sobresalió más aún cuando, frente a mil sectas que llevaban abiertamente la señal del padre de la división y de la mentira, hizo ver que la Iglesia guarda piadosamente en todo el mundo la tradición recibida de los Apóstoles. La fe en la Santísima Trinidad que gobierna este mundo, obra suya, y el misterio de justicia y misericordia, que abandonando a los ángeles caídos, ha levantado, incluso a nuestra carne, en Jesús. Tal era el depósito que Pedro y Pablo, los Apóstoles y sus discípulos legaron al mundo "La Iglesia, pues, atestigua San Ireneo, habiendo recibido esta fe, la guarda diligentemente haciendo como una casa única de la tierra en donde vive dispersa: cree juntamente, con una sola alma y con un solo corazón; con una misma voz predica, enseña, transmite la doctrina, como si tuviese una sola boca. Porque, aun cuando en el mundo son muy diversas las lenguas, esto no impide que la tradición sea una en su savia."

FE Y AMOR

Unidad santa, fe preciosa depositada como fermento de eterna juventud en nuestros corazones, no te conocen los que se apartan de la Iglesia. Alejándose de ella, pierden a Jesús y sus dones. "Porque donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia. Desgraciados los que se separan de ella, no sacan la vida de los pechos nutritivos a los que les invitaba su madre, no apagan su sed en la purísima fuente del cuerpo del Salvador; sino que, lejos de la piedra única, van a beber en el barro de las cisternas cavadas en el lodo fétido, donde no se halla el agua de la verdad." Sofistas repletos de fórmulas y vacíos de la verdad, ¿de qué les servirá su ciencia? "¡Oh! exclama el Obispo de Lyon, en un arrebato en el que parece se inspirará más tarde el autor de la Imitación, ¡cuánto mejor es ser ignorante o de poca ciencia, y acercarse a Dios por el amor! ¿Qué utilidad reporta el saber y pasar por erudito y ser enemigo del Señor? Por eso decía San Pablo: La ciencia infla, pero la caridad edifica. No reprobaba él la verdadera ciencia de Dios, porque entonces se habría condenado a sí mismo el primero; sino que veía que algunos, vanagloriándose con el pretexto de la ciencia, no sabían amar. Sí, ciertamente: más vale no saber nada, ignorar las razones de las cosas, y creer en Dios y tener caridad. Evitemos la vanagloria que nos arrebataría el amor, vida de nuestras almas; Jesucristo, Hijo de Dios, crucificado por nosotros, sea toda nuestra ciencia."

Vida

Ireneo nació en Asia Menor, tal vez en Esmirna, entre 130 y 135. Allí conoció a San Policarpo, de quien se hizo discípulo. San    Policarpo le contó las relaciones que había tenido con San Juan y otros muchos que habían visto al Señor. Por esto, es uno de los testigos más dignos de veneración y más seguros de la tradición, y debió ser, gracias a su inteligencia, uno de los más competentes para refutar el gnosticismo. Habiendo venido a las Galias, fué agregado como sacerdote a la Iglesia de Lyon por el Obispo San Potino. Durante la persecución de 177 sostuvo a los mártires. Los fieles le enviaron a los Papas Eleuterio y Víctor, para tratar de la paz de las iglesias de Oriente, perturbadas por la controversia sobre la fecha de Pascua y por la herejía montañista. Debió de suceder al Obispo San Potino, y, según algunos, murió mártir, probablemente en 208.

LA CRISTIANDAD DE LYON

¡Qué corona la tuya, ilustre Pontífice! Los hombres son incapaces de contar las incalculables perlas de que está adornada. Porque, en la palestra donde la conquistaste, un pueblo entero luchaba contigo; cada mártir, al subir al cielo, proclamaba que te debía su gloria. Derramada la sangre de Blandina y sus cuarenta y seis compañeros treinta y un años antes, ha producido, gracias a ti, más del céntuplo. Tu trabajo hizo brotar del suelo teñido de púrpura, la semilla fecunda recibida en los primeros días, y muy pronto el reducido número de cristianos perdidos por la ciudad, la absorbieron por completo. Antes había bastado el anfiteatro para el derrame de la sangre de los mártires; hoy el torrente generoso anega calles y plazas: ¡día sagrado que hace de Lyon la émula de Roma, y la ciudad santa de las Gallas!

ROMA Y LYON

Roma y Lyon, la madre y la hija, conservaron grato recuerdo de la enseñanza que preparó este triunfo: de las doctrinas que tú asentaste sobre la firmeza de la piedra apostólica, es de las que, tanto el pastor como el rebaño, dan ahora el mayor de los testimonios. Tiempo llegará en que una asamblea de obispos cortesanos querrá persuadir al mundo que la antigua región de las Galias no recibió tus dogmas; pero la sangre vertida confundirá la pretenciosa cobardía de esos falsos testigos. Dios suscitará la tempestad, y ésta dará vuelta al celemín bajo el cual, no pudiendo extinguirla, habían ocultado por un tiempo la luz; y esta luz, que tu habías puesto sobre el candelero, iluminará a todos los que moran en la casa.

ORACIÓN POR FRANCIA

Los hijos de los mártires han permanecido fieles a Jesucristo; juntamente con María, cuya misión tan plenamente expusiste tú a sus padres, y con el Precursor del Dios humanado, que tiene asimismo parte en su amor, protégelos contra toda plaga de cuerpo y de alma. Mira por Francia, y rechaza otra vez lejos de ella la invasión de la falsa filosofía, que en nuestros días ha pretendido rejuvenecer los principios de la Gnosis. Haz que de nuevo brille la verdad a los ojos de tantos hombres a quienes la herejía, debajo de múltiples formas, retiene alejados del único aprisco de salvación. Mantén a los cristianos en la única paz digna de este nombre; guarda puras las inteligencias y los corazones de aquellos a quienes aun no ha mancillado el error. Y ahora, en fin, prepáranos a todos a celebrar cual conviene, a los gloriosos Apóstoles Pedro y Pablo, y juntamente la poderosa primacía de la madre de todas las iglesias.

  fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

sábado, 27 de junio de 2026

S A N T O R A L

SAN CIRILO DE ALEJANDRIA, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

LA ENEMISTAD DE LA MUJER Y DE LA SERPIENTE

"Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu  raza y la suya; ella te aplastará la cabeza y tu morderás su calcañar'". Estas palabras, dichas a la serpiente en los días, en que ahora la Iglesia las recuerda a sus hijos, dominan la historia entera del mundo. La mujer, que por el odio de Satanás cayó la primera, es también levantada la primera en María. En su Inmaculada Concepción, en su parto virginal, en la ofrenda que hizo a Dios del nuevo Adán sobre la montaña del Calvario, la nueva Eva ha mostrado en su antiguo enemigo el poder de su pie victorioso. Por eso el ángel sublevado, constituido desde antiguo en príncipe del mundo por la culpa del hombre ha dirigido desde entonces todas las fuerzas de su doble imperio con las legiones infernales y los hijos de las tinieblas, contra la mujer que triunfó de él. María, desde el cielo prosigue la lucha que comenzó sobre la tierra. Reina de los espíritus bienaventurados y de los hijos de la luz, conduce al combate, como un solo ejército, las falanges celestes y los batallones de la Iglesia militante.
El triunfo de estos ejércitos fieles es el de su soberana: El aplastamiento continuo de la cabeza del padre de la mentira, por la derrota del error y la exaltación de la verdad revelada, del Hijo de María y del Hijo de Dios.

CIRILO Y ATANASIO

Pero jamás esta exaltación de Verbo Divino apareció más íntimamente ligada al triunfo de su augusta Madre, como en el combate memorable, en el que el Pontífice propuesto en este día a nuestras honras, tuvo una parte tan gloriosa. Cirilo de Alejandría es doctor de la Maternidad divina como su predecesor Atanasio, lo había sido de la consubstancialidad del Verbo. La Encarnación reposa sobre los dos misterios que fueron, en un siglo de distancia, el objeto de su confesión y de sus luchas. Como Hijo de Dios, Cristo debía ser consubstancial al Padre; porque la simplicidad infinita de la esencia divina excluye toda idea de división: negar en Jesús, Verbo divino, la unidad de substancia con su principio, era negar su divinidad. Como hijo de hombre al mismo tiempo que Dios verdadero de Dios verdadero,  Jesús debía nacer aquí abajo, de una hija de Adán y sin embargo de eso permanecer en su humanidad una misma persona con el Verbo Consubstancial al Padre: negar en Cristo esta unión personal de las dos naturalezas, era negar de nuevo su divinidad; era proclamar a la vez que la Bienaventurada Virgen, venerada hasta entonces como Madre que había engendrado a Dios en la naturaleza que el había tomado para salvarnos, no era sino la madre de un hombre.

ARRIO

Tres siglos de persecución habían tratado en vano de arrancar a la Iglesia la negación de la divinidad de Cristo. A penas acababa de presenciar el mundo el triunfo del Hombre-Dios cuando ya el enemigo explotaba la victoria: aprovechándose del nuevo estado del cristianismo y su seguridad por parte de sus verdugos, se esforzaba por obtener, en lo sucesivo, en el camino de la falsa ciencia, la abjuración de la fe que le había sido rehusada en la arena del martirio. El celo amargo de los herejes para reformar la creencia de la Iglesia, había de servir a la enemistad de la serpiente y concurrir al desenvolvimiento de su raza maldita, lo cual no habían podido hacer los desfallecimientos de los apóstatas. Digno, por su orgullo, de ser, en la edad de la paz, el primero de esos doctores del infierno, Arrio, apareció desde luego llevando la disputa hasta las profundidades de la esencia divina, y rechazando con textos que no comprendía, la consubstancialidad. Al fin de un siglo en que su principal fuerza había sido el apoyo de los poderes de este mundo, el arrianismo caía, no quedando sus raíces, sino en las naciones que, recientemente bautizadas, no habían podido derramar su sangre por la divinidad del Hijo de Dios, En este momento, Satanás suscitó a Nestorio.

NESTORIO

Poderoso para transformarse en ángel de luz el viejo enemigo, revistió a su apóstol de doble aureola aparente de santidad y de ciencia; el hombre que había de expresar más claramente que ninguno otro el odio de la antigua serpiente contra la mujer y su fruto, llegó a sentarse en la sede episcopal de Constantinopla en medio de los aplausos de todo el Oriente, que se prometía ver renacer en él la elocuencia y virtud de un nuevo Crisóstomo. Mas la alegría de los buenos fué de corta duración. En el mismo año que había presenciado la exaltación del hipócrita obispo, el día de Navidad de 428, Nestorio aprovechándose del inmenso concurso de fieles reunidos para festejar el parto de la Virgen- Madre, pronunció desde la silla episcopal esta blasfemia: "María no ha dado a luz a Dios; su hijo no era sino un hombre instrumento de la divinidad."

DEFENSA DE LA FE

A estas palabras un estremecimiento de horror conmovió a las multitudes; intérpretes de la indignación general, el escolástico Eusebio, simple laico, se levantó de en medio de la concurrencia y protestó contra la impiedad. En seguida una protesta más explícita fué dirigida en nombre de los miembros de esta Iglesia desolada y extendida por medio de numerosos ejemplares, declarando anatema al que osase decir: "Uno es el Hijo único del Padre y otro distinto el de la Virgen María." Actitud generosa que fué entonces la salvaguarda de Bizancio y le valió el elogio de los Concilios y de los Papas. Cuando el pastor se muda en lobo, toca desde luego al rebaño el defenderse. Por regla, la doctrina desciende de los obispos al pueblo fiel y los súbditos no deben juzgar a sus jefes en su fe. Más hay en el tesoro de la revelación ciertos puntos esenciales de los que,  todo cristiano, por el hecho mismo de llevar tal título, tiene el conocimiento necesario y la obligación de guardarlos. El principio no cambia, ya se trate de ciencia o de conducta, de moral o de dogma. Traiciones semejantes a la de Nestorio, son raras en la Iglesia; pero puede suceder que los pastores permanezcan en silencio, por tal o tal causa, en ciertas circunstancias en que la religión se vería comprometida. Los verdaderos fieles son aquellos hombres, que, en tales ocasiones, sacan de su solo bautismo, la inspiración de una línea de conducta; no los pusilánimes que bajo pretexto engañoso de sumisión a los poderes establecidos, esperan, para correr contra el enemigo u oponerse a sus proyectos, un programa que no es necesario y que no se les debe dar.

ROMA Y ALEJANDRÍA

Sin embargo, la emoción producida por las blasfemias de Nestorio, agitaba a todo el Oriente y llegó en seguida a Alejandría. La sede fundada por Marcos en nombre de Pedro, y honrada con el honor de segunda sede por voluntad del jefe de las Iglesias, estaba entonces ocupada por Cirilo, La concordia entre Atanasio y los Pontífices romanos había vencido en el siglo anterior al arrianismo, y ahora la unión de Alejandría y Roma debía de nuevo aplastar la herejía. Por eso el enemigo instruido por la experiencia, se había adelantado con una previsión infernal; el día en que el futuro defensor de la Madre de Dios, subía sobre la silla de San Atanasio, aquella alianza tan temible para el demonio, no existía ya. Teófilo, el último Patriarca, autor principal de la condenación de S. Juan Crisóstomo en el conciliábulo de Chéne, había rehusado hasta el fin, subscribir la rehabilitación de su víctima por la sede Apostólica, y Roma había tenido que romper con su antigua hija. Cirilo era sobrino de Teófilo; no conocía nada de los vergonzosos móviles de su tío en este triste asunto; acostumbrado desde su niñez a venerar en él a su legítimo superior, así como a su bienhechor y maestro en la ciencia sagrada, Cirilo, una vez hecho patriarca no pensó en cambiar un ápice las decisiones de aquel a quien él miraba como a padre. Alejandría permaneció separada de la Iglesia Romana. Verdaderamente de un modo semejante a la serpiente, cuya baba envenena todo cuanto toca, Satanás había puesto a favor suyo, los más nobles sentimientos, para llevarlos él, a su vez, contra Dios. Pero nuestra Señora amante de los corazones rectos, no abandonó a su caballero. Al fin de algunos años durante los cuales aprendió el joven Patriarca a conocer a los hombres, un santo monje, Isidoro de Pelusa abrió plenamente sus ojos a la luz; Cirilo, convencido no dudó de restablecer en los dípticos sagrados, el nombre de S. Juan Crisóstomo. La trama urdida por el infierno se había desvanecido: Roma encontraba en los bordes del Nilo un nuevo Atanasio, para las nuevas luchas de la fe que iban a surgir en Oriente.

LA FE DE LOS MONJES

Conducido Cirilo por un monje a los senderos de la santa unidad profesó a los solitarios un afecto semejante a aquel con que les había rodeado su ilustre predecesor. Los escogió por confidentes de sus angustias al primer rumor de las impiedades nestorianas. En una carta que se ha hecho célebre, trata sobre todo de alumbrar su fe contra los peligros que amenazan a la Iglesia: "Porque, les dice, los que han abrazado por Cristo una vida tan envidiable, como es la vuestra, deben sobre todo brillar por el fulgor de una fe sin equívoco y sin disminución, y unir a esta fe la virtud; hecho esto, deben poner su mayor cuidado en desenvolver en ellos el conocimiento más perfecto del misterio de Cristo, tendiendo con todas sus fuerzas a adquirir el conocimiento más perfecto de El. Así comprendo yo, dice el santo Doctor, la consecución del varón perfecto de que habla el Apóstol' la manera de llegar a la medida de Cristo y a su plenitud".

EL LIBERALISMO

El patriarca de Alejandría no debía contentarse en explayar su alma en aquellos de cuyo asentimiento estaba asegurado de antemano. Por cartas en las que la mansedumbre del Obispo no es inferior más que a la energía y a la amplitud de su exposición doctrinal, Cirilo trató de atraer a Nestorio. Pero el sectario se obstinaba; a falta de argumentos se quejaba de la ingerencia del patriarca. Como siempre en semejantes circunstancias, se hallaron hombres buenos que, sin compartir su error, creyeron que, lo mejor hubiera sido en efecto, no responderle, por temor de irritarle, de aumentar el escándalo, de herir en una palabra la caridad. A estos hombres cuya virtud singular tenía la propiedad de asustarse menos de los herejes, que de la confesión de la fe cristiana, a estos partidarios de la paz, respondía Cirilo: "Pues que, Nestorio se atreve a decir en presencia de la asamblea de los fieles: ¡Anatema a quien nombre a María Madre de Dios!, por boca de sus partidarios, nos anatematiza a nosotros, todos los Obispos del universo, y a los antiguos Padres que en todo tiempo han reconocido y honrado unánimemente a la Madre de Dios. Y no va a estar en nuestro derecho volverle la palabra y de decirle: Si alguno niega, que María es Madre de Dios, sea anatema. Con todo eso, esta palabra, por respeto a él, aún no la he pronunciado".

EL MIEDO

Otros hombres que son también de todos los tiempos, descubrían el verdadero motivo de sus dudas cuando valorando muy elevadamente las ventajas de la concordia y su antigua amistad con Nestorio, recordaban tímidamente el crédito de éste, y el peligro que podía correrse en contradecir a un adversario tan poderoso. A estos respondió Cirilo: ¡Qué no puedo yo aun perdiendo todos mis bienes, satisfacer al Obispo de Constantinopla calmar la amargura de mi hermano! Pues es de la fe, de la que aquí se trata; el escándalo cunde por todas las iglesias, cada uno se informa con este motivo de la nueva doctrina. Si yo, que he recibido de Dios la misión de enseñar, no llevo el remedio a tan grandes males, ¿habría en el día del juicio llamas suficientes para mí? La calumnia y la injuria no me han faltado; todo eso lo olvido: que sólo la fe quede salva; y no permitiré que nadie me aventaje en el amor a Nestorio. Pero si, por causa de algunos, la fe sufre, que no se dude: no perderé mi alma aunque la muerte se cierna sobre mi cabeza. Si el temor del desprecio puede en mi más que el celo de la gloria de Dios, y me hace callar la verdad, con qué cara podré celebrar en presencia del pueblo cristiano a los santos mártires, cuando su elogio, es únicamente el cumplimiento de esta palabra: por la verdad, combates hasta la muerte".

LUCHA ENÉRGICA

Cuando al fin la lucha se hizo inevitable, organizó la milicia santa que había de combatir con él, llamando a su lugar a Obispos y monjes, y entonces Cirilo no retiene el entusiasmo sagrado que le anima: "En cuanto a mí, dice a sus clérigos, que residen en la ciudad imperial, sufrir, vivir y morir por la fe de Jesucristo es mi más ardiente deseo. Como está escrito: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados descanso, ni a mi cabeza reposo'", hasta que no haya llevado a cabo el combate necesario para la salvación de todos. Por lo cual, bien penetrado de nuestro pensamiento, obrad virilmente; velad sobre el enemigo, informaos de sus menores movimientos. Desde el primer día os enviaré hombres piadosos y prudentes, obispos y monjes escogidos entre todos; ahora preparo mis cartas como se necesita y conviene. He resuelto trabajar sin tregua y soportar toda clase de tormentos, aún los más terribles por la fe de Cristo, hasta que me toque padecer la muerte que será dulce por tal causa.

VIDA

San Cirilo, siendo aún joven fué hecho Obispo de Alejandría en el 412. Inflamado del celo por la salvación de las almas, trabajó por guardar pura de todo error la fe de su redil. Con un ardor y una ciencia admirable defendió contra Nestorio el dogma de la Maternidad divina y siendo legado en el concilio de Efeso, (431) confundió y condenó al hereje. Murió en el 434. León XIII le ha declarado doctor de la Iglesia universal.

MATERNIDAD DIVINA E INMACULADA CONCEPCIÓN

¡Oh Santo Pontífice!, los cielos se regocijan y la tierra salta de gozo al recuerdo del combate con que la reina del cielo triunfó por tu medio de la antigua serpiente. Oriente te honró siempre como a su luz. Occidente honraba en ti desde ha mucho tiempo al defensor de la Madre de Dios; y he aquí que la solemne mención que consagraba su memoria en los fastos de los santos, no es suficiente hoy a su reconocimiento. Una nueva flor, en efecto, ha aparecido en la corona de María nuestra reina; y esta flor radiante salió del suelo mismo que tú rociaste con tus sudores. Proclamando en nombre de Pedro y de Celestino la Maternidad divina, preparaste a nuestra señora otro triunfo, consecuencia del primero: La Madre de Dios no podía menos de ser Inmaculada. Pío IX, al definirlo no ha hecho sino completar la obra de Celestino y la tuya; por esto las fechas 22 de julio de 431 y 8 de Diciembre de 1854 resplandecen con el mismo fulgor en el cielo así como han derramado sobre la tierra las mismas manifestaciones de alegría y de amor.

DOCTOR DE LA IGLESIA

La Inmaculada embalsama el mundo con sus perfumes, por eso, después de 14 siglos la Iglesia Católica se vuelve hacia ti, oh Cirilo; y juzgando que tu obra está ya acabada, te proclama doctor, no permitiendo que en adelante falte nada a los honores que la tierra te debe. Así, oh pontífice amado del siglo, el culto que se te da, se completa con el de la Madre de Dios; tu glorificación no es otra cosa que una nueva extensión de la gloria de María. Feliz de ti, ya que ningún título más ilustre podía obtener un acercamiento semejante entre la soberana del mundo y su caballero.

PLEGARIA A LA MADRE DE DIOS

Comprendiendo, pues, que la mejor manera de honrarte, oh Cirilo, es exaltar a Aquella cuya gloria ha llegado a ser la tuya, recogemos los acentos inflamados, que el Espíritu Santo te inspiró para cantar sus grandezas el día siguiente al triunfo de Efeso: "Te saludamos ¡oh María, Madre de Dios! como la joya resplandeciente del universo, lámpara que no se extingue, corona de la virginidad, cetro de la Ortodoxia, templo indestructible y lugar en que se encierra la inmensidad, Madre y Virgen, por quien nos es presentado el bendito de los Evangelios, que viene en nombre del Señor. Salve, oh Virgen cuyo seno virginal y siempre puro, ha llevado al que es infinito, por quien es glorificada la Trinidad, por quien es honrada y adorada la Cruz preciosa en toda la tierra; alegría del cielo, serenidad de los arcángeles y ángeles, que ahuyentas a los demonios, por Ti el tentador es arrojado del cielo mientras que por Ti la criatura caída se levanta hasta los cielos. La locura de los ídolos dominaba al mundo, y tú abriste sus ojos a la verdad; a Ti deben los creyentes el santo bautismo, a Ti el óleo de la alegría; Tú fundas las iglesias en toda la tierra y conduces a las naciones a la penitencia. ¿Qué más diré? Por ti ha brillado el Hijo de Dios como la luz de los que yacían en las tinieblas y en la sombra de la muerte; por Ti los profetas han vaticinado el futuro, los Apóstoles han anunciado la salvación a las naciones; los muertos resucitan y reinan los reyes por la santa Trinidad. ¿Qué hombre podrá jamás celebrar a  María, digna de toda alabanza, de una manera conforme a su dignidad?".
  fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

viernes, 26 de junio de 2026

S A N T O R A L

SAN PELAYO, MARTIR

Mala época empezó para España cristiana con la pérdida de la batalla del Guadalete. Los árabes, esos hijos del desierto, como aluvión, la cubrieron por completo. Todo desapareció a su paso: monarquía, sociedad, instituciones, leyes, fortunas..., sólo quedó en pie la Iglesia. Sus califas fundaron un imperio brillante, edificaron ciudades suntuosas, levantaron palacios magníficos y mezquitas que rivalizaron con las de Damasco, Babilonia y Jerusalén. Más trajeron también sus vicios y fanatismo.
Pasados los primeros tiempos de desconcierto, los españoles, refugiados en las montañas del norte de la Península y gracias a su fe cristiana —esencialmente espiritualista en contraposición a la sensualista de los mahometanos—, empezaron a sacudir el yugo del invasor y a reconquistar, palmo a palmo, todo el terreno, en una cruzada heroica que había de durar ocho siglos.
¡Cuántos combates, cuántas guerras, cuántas lágrimas y cuántas ruinas habría de costar hasta arrojar el moro a África!
Precisamente en los primeros años de siglo X los Reyes de León y Navarra, en su empeño de ir desalojando al árabe de sus posiciones, se atrevieron a desafiar al inmenso poderío del Califa de Córdoba, Abderrahmán III. Pero fueron derrotados, y bastantes de sus soldados y de su séquito cautivos y llevados a Córdoba. Entre estos se encontró Hermogio, obispo de Túy, cuya sustitución por un sobrino suyo llamado Pelayo, niño de 10 años, fué consentida por el Califa. La cárcel, las cadenas y el látigo le esperaban allí, pero también la firmeza en la fe y el amor a la castidad, que había aprendido en su hermosa tierra, y que los clérigos con cautivos afianzaron.


Cinco años pasó cumpliendo penosos y viles trabajos, hasta que un día el sensual Califa puso los ojos en su belleza para nombrarle su copero y agruparle a la muchedumbre de efebos que eran objeto de sus infames pasiones. Presentado al Califa cordobés, le dijo éste: "Niño, grandes honores te aguardan; ya ves mi riqueza y mi poder: pues una gran parte de todo ello será para ti. Tendrás oro, plata, vestidos, alhajas, caballos. Pero es preciso que te hagas musulmán, como yo, porque he oído que eres cristiano, y que empiezas ya a discutir en defensa de tu religión". Con serenidad y energía contestó el muchacho; Si, oh rey, soy cristiano; lo he sido y lo seré. Todas tus riquezas no valen nada. "Es posible que Abderrahmán no comprendiera toda la decisión que había en esta respuesta; la gracia del muchacho y el encanto de su voz le cegaban. Llevado de su instinto brutal se adelantó hacia él y le tocó la túnica con las manos. Lleno de ira, el santo adolescente retrocedió diciendo; "¡Atrás, perro!" ¿Crees acaso que soy como esos jóvenes que te acompañan?" Y al mismo tiempo hizo añicos su túnica de seda.
"Llevadle de aquí, dijo el príncipe, y educadle mejor, si podéis; de lo contrario, ya sabéis lo que merece." Vinieron después los ruegos y las amenazas, pero nada pudo vencer el amor heroico del mártir. Pelayo decía sin cesar: "Señor líbrate de las garras de mis enemigos." Colocado en una máquina de guerra, fué lanzado desde un patio del alcázar hasta el lado opuesto del río, y, como todavía diese muestras de vida, un negro de la guardia le segó la cabeza. Recogidas sus reliquias por los cristianos, fueron llevadas a Oviedo y puestas en un arca por Fernando I, que entregó a un monasterio de benedictinas, que todavía subsiste.

SÚPLICA POR ESPAÑA

Oh Pelayo, ¡cuán grande es tu gloria en el cielo! Con Justo y Pastor, con Dominguito del Val, con Eulalia y Julia y con Flora formas un manojito de encendidos claveles y de blancas azucenas digno de presentarse al Rey de la gloria. Ni la brillante corte del Califa de Córdoba, ni sus deslumbrantes promesas engañaron tus ojos. Preferiste a esos engañosos y caducos placeres la incomparable gloria prometida por Jesucristo a los que dan su vida por él. Acuérdate de pedir por España, libre ya de musulmanes pero no de marxistas, para que conserve su fe. Sobre todo ruega por la juventud, cuya fe trata de pervertirse con doctrinas de perversas filosofías, y cuya castidad se encuentra amenazada por un sensualismo pagano.
  fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer