viernes, 14 de agosto de 2026

S A N T O R A L


Gran devoto de María Inmaculada y su ardoroso apóstol, fray Maximiliano fue encarcelado por los nazis en un campo de concentración, donde dio la vida para asistir a otros en su muerte

Plinio María Solimeo

San Maximiliano Kolbe nació el día 8 de enero de 1894 en Zdunska Wola, Polonia. Sus padres, Julio Kolbe y Mariana Dabrowska, eran pobres artesanos pero auténticos cristianos, devotísimos de la Virgen María. En el bautismo recibió el nombre de Raimundo. Tuvo cuatro hermanos; dos de ellos fallecieron siendo niños.

El pequeño Raimundo era muy vivo y sagaz. Un día en que su madre lo reprendió más vehementemente por alguna falta, resolvió cambiar de vida. Contará años después: “Esa noche le pregunté a la Madre de Dios qué sería de mí. Entonces Ella se me apareció teniendo en las manos dos coronas, una blanca y otra roja. Me preguntó cuál de las dos escogería. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Escogí las dos. A partir de entonces, un profundo cambio se operó en mi vida”.

En 1907, él y su hermano mayor, Francisco, ingresaron al seminario menor de los franciscanos en Lodz, donde recibió el nombre de Maximiliano. Más tarde, fue enviado al Colegio Seráfico Internacional, en Roma, cursando filosofía en la Universidad Gregoriana.

Al emitir sus votos perpetuos en 1914, Maximiliano añadió a su nombre el de María.

Milicia de la Inmaculada: convertir a los pecadores

En el año 1917, la masonería mundial celebraba el segundo centenario de su fundación, mediante conmemoraciones principalmente en Roma. Grupos de exaltados carbonarios desfilaban por las calles de la Ciudad Eterna, empuñando banderas negras con la figura de Satanás en actitud de aplastar a San Miguel Arcángel. Eso provocó la más profunda indignación en fray Maximiliano que, en contrapartida, fundó con seis de sus condiscípulos una asociación, la Milicia de la Inmaculada, con el fin de “convertir pecadores, herejes y cismáticos, particularmente franc-masones, y traer a todos los hombres al amor de María Inmaculada”.

En abril de 1918 fue ordenado sacerdote y al año siguiente, con una bendición de Benedicto XV para la Milicia de la Inmaculada, regresó a Polonia.

En Cracovia cursó Historia Eclesiástica en el seminario mayor de los franciscanos. En enero de 1922, comenzó a publicar la revista mensual «Rycerz Niepokalanej» (Caballero de la Inmaculada). Su objetivo era “iluminar la verdad y mostrar el verdadero camino para la felicidad”.En ese mismo año se transfirió para Grodno, donde recibió candidatos, en calidad de hermanos legos, para dedicarse a la buena prensa.

En 1927 el príncipe Juan Drucko Lubecki le cedió un terreno a 40 kms. de Varsovia, donde los frailes comenzaron a construir lo que sería la Ciudad de la Inmaculada. Esta obra gigantesca, fray Maximiliano la llevó adelante sin dinero, confiando solamente en Nuestra Señora: “¿Dinero? Vendrá de un modo o de otro. María proveerá. Éste es un negocio de Ella y de su Hijo”. Y no fue decepcionado. En las nuevas instalaciones, el tiraje del «Caballero de la Inmaculada» pasaría de cinco mil ejemplares mensuales a la impresionante cifra de 750 mil. En 1935, inició también la publicación de un diario católico, «El Pequeño Diario», con un tiraje de 137 mil ejemplares, ampliada a 225 mil los domingos y feriados. El día 8 de diciembre de 1938, instaló en la Ciudad de María una estación de radio.

Pero no se detuvo ahí. En 1939, la referida “ciudad” tenía 762 habitantes: 13 sacerdotes, 18 novicios, 527 hermanos legos, 122 adolescentes en el seminario menor y 82 candidatos al sacerdocio. Figuraban entre ellos médicos, dentistas, agricultores, mecánicos, sastres, albañiles, impresores, jardineros, cocineros, y hasta un cuerpo de bomberos. Era completamente autosuficiente.

El bien que hizo toda esa organización fue enorme. Párrocos de todas partes del país constataron la intensa reanimación de la piedad en Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial, atribuida a la literatura producida por el padre Kolbe. Una campaña contra el aborto, en 1938, pareció despertar la conciencia de la nación. Más de un millón de personas se alinearon entonces bajo los estandartes de María Inmaculada.

Fray Maximiliano fundó también una Ciudad de la Inmaculada en el Japón y publicó la revista «Seibo no Kishi» (Caballero de la Inmaculada) en la lengua del país. Intentó igualmente fundar otra en la India, pero sus superiores lo llamaron de regreso a Polonia antes de poder concretar su plan. De vuelta a su país, continuó sus actividades.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los obispos de Polonia enviaron una carta oficial a la Santa Sede, afirmando que la revista de fray Maximiliano Kolbe había preparado a la nación polaca para soportar aquel conflicto internacional y sobrevivir a sus horrores.

Bajo el terror de la ocupación nazi

El día 13 de setiembre de 1939, la Ciudad de María fue ocupada por las tropas invasoras alemanas, y la mayor parte de sus habitantes, entre ellos fray Maximiliano, fueron deportados a Alemania, siendo liberados al final de aquel año.

Comenzó entonces a organizar un albergue para tres mil refugiados de guerra. Los frailes compartían con ellos todo lo que poseían.

En la única edición del «Caballero de la Inmaculada» que le fue permitido publicar durante la ocupación alemana, fray Maximiliano afirmó: “Nadie en el mundo puede cambiar la verdad. Lo que podemos y debemos hacer es buscarla y cuando la hayamos encontrado servirla. El conflicto real de hoy es un conflicto interno. Pero más  allá de los ejércitos de ocupación y de las hecatombes de los campos de exterminio, hay dos enemigos irreconciliables en lo más profundo de cada alma: el bien y el mal, el pecado y el amor. ¿De qué nos sirven las victorias en los campos de batalla, si somos derrotados en lo más profundo de nuestras almas?”

Ello provocó su prisión, en febrero de 1941, siendo enviado a la cárcel de Pawiak, en Varsovia, donde sufrió innumerables injurias.

Celda que ocupó el padre Kolbe en Auschwitz

El gobernador interino de la prisión, Konrad Henlein, respondiendo a la pregunta de por qué los alemanes estaban exterminando al clero polaco, hizo ante los obispos del país esta afirmación: “Ustedes, los polacos, tienen esta mentalidad: la Iglesia y la nación forman una misma cosa. Nosotros tenemos que acabar con eso. Por esa razón es que golpeamos una vez a la Iglesia y otra vez al pueblo, para exterminarlos”.

En mayo de ese año, fray Maximiliano fue deportado al campo de concentración de Oswiecim (Auschwitz), cuyo comandante Karl Fritzsch, saludó sarcásticamente a los recién llegados, diciendo: “Os aviso que vinisteis no a un sanatorio, sino a un campo de concentración alemán, del cual la única salida es el horno crematorio”.

Fray Maximiliano aprovechaba todas las oportunidades para dar asistencia religiosa a sus compatriotas. Les decía: “Tened confianza en la Inmaculada. Ella os ha de ayudar a perseverar”.

El verdadero amor: dar la vida por su amigo

A fines de julio de 1941, un prisionero del grupo en que estaba fray Maximiliano huyó. En castigo, el comandante Fritzsch condenó a muerte a diez prisioneros.

Uno de los diez, Franciszek Gajowniczek, comenzó a llorar desesperado: “¡Oh, mi pobre mujer, mis pobres hijos, no los veré más!” Fray Maximiliano salió de la formación y se dirigió al comandante del campo. Se produjo el siguiente diálogo:

En febrero de 1941, el padre Kolbe es arrestado junto
 con otros franciscanos y llevado a la cárcel de Pawiak

— ¿Qué quiere usted? – preguntó el oficial.

— Quiero morir en el lugar de uno de los condenados.

— ¿Por qué?

— Porque soy soltero, y este hombre tiene esposa e hijos.

— ¿Cuál es su profesión?

— Soy sacerdote católico.

— Aprobado.

Pero la razón dada por el padre Kolbe no era la única, o tal vez ni la principal que lo llevó a ese acto heroico de caridad. Quería asistir en la terrible muerte a los otros nueve prisioneros. Y fue lo que hizo..Pero la razón dada por el padre Kolbe no era la única, o tal vez ni la principal que lo llevó a ese acto heroico de caridad. Quería asistir en la terrible muerte a los otros nueve prisioneros. Y fue lo que hizo.

Él caminó hacia el “búnker del hambre” entonando su plegaria preferida: “Permitid que yo os alabe, oh Virgen Sagrada. […] Permitid  que para Vos y sólo para Vos yo viva, trabaje, sufra, me sacrifique y muera. Permitid que yo contribuya, cada vez más y aún mucho más, para vuestra exaltación”.

En la prisión subterránea, donde faltaba aire, alimento y agua, se oían oraciones, cánticos religiosos, el rosario recitado, lo cual contagiaba a los prisioneros de las celdas vecinas. Bruno Borgowiec, prisionero que servía de intérprete y auxiliar a los alemanes, y que fue testigo ocular de esta terrible agonía, declaró: “Yo tenía la impresión de estar en una Iglesia”.A medida que los prisioneros se volvían más débiles, la oración pasaba a ser casi murmurada. Entanto, uno después de otro iba muriendo, hasta que quedó sólo el padre Kolbe. Él tenía una mirada viva y penetrante, que sus verdugos no podían soportar, de manera que vociferaban: “Mire al suelo, no hacia nosotros”. Quince días después de su internamiento en aquel búnkerdel horror, el padre Kolbe aún continuaba vivo. Le fue entonces aplicada una inyección de ácido carbólico en la vena, que lo mató. Era el 14 de agosto de 1941: una nueva luz se encendía en la gloriosa constelación de mártires de la Iglesia.Después de la guerra, periódicos de todo el mundo estamparon artículos sobre el “santo de nuestros tiempos”, el “gigante en la santidad”. Fueron escritas innumerables biografías suyas, y por todas partes se multiplicaron los testimonios de curas milagrosas obtenidas por su intercesión. A su beatificación, en 1971, asistió el arzobispo de Cracovia, Cardenal Wojtyla, a quien, ya como Papa Juan Pablo II, le cupo en 1982 el honor de canonizarlo. 

Fuente:http://www.catolicismo.com.br/materia/materia.cfm?IDmat=23F3B65E-C09F-3428-CE957B44A4F1EA0D&mes=Agosto2007 E-mail del  autor: pmsolimeo@catolicismo.com.br

Obras consultadas.-

1. Fray Juventino Mlodozeniec, Conocí al bienaventurado Maximiliano María Kolbe — ejemplar mimeografiado en el Jardín de la Inmaculada, Misión Católica de San Maximiliano Kolbe, Ciudad Occidental, Goiás, 1980.

2. P. José Leite  S.J., San Maximiliano María Kolbe, in Santos de Cada Día, Editorial A. O., Braga, 1994, vol. II.

    

jueves, 13 de agosto de 2026

S A N T O R A L

195 aniversario de la aparición de la Santísima Virgen  
DEL OLVIDO, TRIUNFO y MISERICORDIAS,  

a Sor María del Patrocinio, Concepcionista Franciscana 

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Relato histórico

El día 13 de Agosto de 1831, de cinco a seis de la tarde, estando la Comunidad del convento de Caballero de Gracia en oración, se apareció la Santísima Virgen a Sor María de los Dolores y Patrocinio, religiosa de la misma, en un trono de nubes resplandecientes, cercada de querubines y de innumerables ángeles que alababan y bendecían a su celestial Reina con dulcísimos cánticos. En medio de la aparición se destacaba, brillantísimo el Príncipe de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel con una lindísima imagen de la divina Señora en las manos, titulada del Olvido, Triunfo y Misericordias. 
Al presentársela el Arcángel a la sierva de Dios, le dijo la dulcísima Madre, que "aquella divina Imagen venia enriquecida con muchas gracias y privilegios para sus verdaderos devotos; que cuidase de su culto". (Apuntes).
En la noche del día siguiente, después de maitines volvió a repetirse la aparición. Clamaba la Sierva de Dios al cielo, pidiendo remedio de los infinitos males que tanto la Santa Iglesia como España sufrían a la sazón; y hablando con el Señor, decía: "Esposo mío, ¿Para cuando son tus misericordias?" — Pide, esposa mía, respondióle Jesús, que cuanto pidas seré liberal en concedértelo. 
"Y, muriendo de pena, dice la M. Patrocinio, mis angustias crecían sobre manera, y díjome mi dulce esposo: 
–"Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre que siempre será tu guía, consuelo y amparo".
Manifestóse de nuevo la benditísima Virgen con esta preciosísima portentísima (sic) e invictísima Imagen en sus soberanas manos. Díjome la Soberana Señora: 
–"Hija mía ¿por qué se contrista tu corazón si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos por medio de esta mi soberana Imagen?"…  
–"Señora y Reina mia ¿no veis la España …no veis los males que nos afligen?".
"Hija mía, los veo, pero no puede mi amor ser más benéfico con los mortales. Ellos se olvidan de mi y retiran las misericordias, y por esto, a esta Imagen le darás el Título misterioso del Olvido para darles a entender que me han olvidado, pero yo que soy vuestra tierna y amorosa Madre, quiero poner a la vista de todos los mortales en esta Imagen mía que jamás mis misericordias se apartan de ellos...
–"A tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada Imagen mía, con los títulos del Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora del mundo al alma que rendida a sus pies me pidiere alguna cosa, jamás se la negara mi amor, tu Hija mía, alcanzaras Victoria del poder de Satanás y tu comunidad perfección en servirme".

Promesas de la Virgen a la madre Patrocinio
 1ª. En tus manos, voy a poner ésta Sagrada IMAGEN y con ella, TODAS LAS MISERICORDIAS de mi Santísimo Hijo.
 2ª. Ha vinculado al Señor en ésta portentosa IMAGEN al ALIVIO, CONSUELO y REMEDIO de todos, y la alegría de la Iglesia.
Resultado de imagen para Imagen de la librería Aumentar la imagen SOR PATROCINIO, 3ª. Al alma, que rendida a sus pies ( de la IMAGEN) me pidiera alguna GRACIA, jamás se le negará mi AMOR.
4ª. Cualquier población que expusiese y venerase a la Virgen DEL OLVIDO, TRIUNFO y MISERICORDIAS, se verá libre (decía la Sierva de Dios) de las calamidades con que en otros puntos serían poblados, porque sería Ella como un pararrayos de la Divina Justicia, ARCA DE NOÉ y Refugio para librar sus devotos.
A LA VIRGEN MARÍA
Señora nuestra del Olvido, Triunfo y Misericordias que prometiste ser “EL ALIVIO CONSUELO Y REMEDIO DE TODOS y que jamás tu AMOR les negaría cuanto te pidieran rendidos a tus pies”.
Te suplico presentes a Jesús Crucificado las gracias que solicito por medio de la M. Patrocinio (pídase la gracia).  No me olvides, Señora mía, y consígueme esto que te he confiado. Por Jesucristo Nuestro Señor- AMEN.
(Tres Avemarías)

 Fuente:  http://sorpatrocinio.org/index.html    

S A N T O R A L

SAN HIPÓLITO, MÁRTIR
Siendo preso el invencible mártir de Cristo San Lorenzo, fué dado en guarda á un caballero romano, llamado Hipólito: el cual por haber visto los milagros que San Lorenzo obraba, estando aherrojado en la cárcel, y que con sola la señal de la cruz daba vista á los ciegos, y hacia cosas maravillosas, se convirtió á la fé del Señor, y fué bautizado él y toda su familia, que era de diez y nueve personas, por mano del mismo San Lorenzo. Fué tan fervoroso después Hipólito, y tan deseoso de morir por Cristo, que viendo padecer á San Lorenzo, por acompañarle y morir con él, quiso á voces clamar que era cristiano, y fué necesario, para que no lo hiciese, que el mismo San Lorenzo le detuviese y le mandase que callase y se guardase para su tiempo, que presto le vendría. Pasó su carrera gloriosamente San Lorenzo, y murió asado en unas parrillas con aquella constancia y espíritu admirable, que dijimos el día de su martirio: e Hipólito, tomando su cuerpo, honoríficamente le enterró en compañía de Justino, presbítero. Como esto se divulgase y viniese á noticia del emperador, al cabo de tres días, estando en una casa, puesta la mesa para comer, por su mandado fué preso Hipólito, y llevado á su presencia, lo dijo: ¿También tú eres nigromántico y mago como Lorenzo, y has enterrado su cuerpo? Respondió Hipólito: Verdad es que yo le enterró; mas no como mago, sino como cristiano. Enojóse sobre manera el tirano; hízole dar con una piedra muchos golpes en la boca, y desnudar de la vestidura blanca de Cristo, y recién bautizado, que traía; y San Hipólito dijo al tirano: No me has desnudado, sino vestido. Después de algunas razones, mandole Valeriano tender en el suelo, y herir fuertemente con varas y gruesos palos; y el santo daba gracias á Dios, que le hacía digno de aquel tormento. El tirano dijo: no siente los palos Hipólito: arañen con cardos y espinas su cuerpo. Hízose así; é Hipólito a voces decía: Cristiano soy, y por Cristo padezco.
Resultado de imagen para SAN HIPÓLITO, MÁRTIREstando ya cansados los mismos verdugos de rasgar sus carnes y de atormentarle, mandó el tirano que le levantasen del suelo, y le vistiesen de su hábito antiguo y militar, y comenzó á hablarle con blandura, rogándole que dejase aquella pertinacia, y que fuese  su amigo, y que gozase de la honra militar, y de las otras mercedes que le hacía. Rióse Hipólito, y con voz alta y clara dijo: Mi honra y gloria militar, es ser soldado constante de Cristo, y morir debajo de su bandera: Mandó el tirano confiscarle los bienes, y prender, y traer delante de sí toda la familia de Hipólito, porque supo que era cristiana. Entre las otras personas que en ella había, era una santa mujer, llamada Concordia, la cual había sido ama, y criado al mismo Hipólito: y dicléndole el tirano que mirase sus años, y no quisiese morir con su señor Hipólito; ella respondió: Yo, y los que estamos aquí présentes, antes queremos morir valerosamente con Hipólito, que vivir sin él, siendo cobardesEmbravecióse el tirano, y dijo: Los esclavos y siervos no se enmiendan, sino con azotes: y mandó azotar á Concordia, y herirla con plomadas tan fuertemente, que dio su espíritu al Señor en aquel tormento, estando presente Hipólito. Quedó el santo muy alegre y regocijado, por ver que había enviado delante de sí á la corona de la gloria, á la que le había dado el pecho y sustentado con su leche.
St. Hippolytus Triptych, 1470 - 1475 - Dirk Bouts
Finalmente mandó Valeriano, que Hipólito, y toda su familia, fuesen llevados fuera de los muros de Roma, y que allí en presencia de Hipólito los demás fuesen degollados, y él, atado á las colas de caballos feroces y bravos, fuese arrastrado por el campo; y así con este horrible y cruelísimo martirio despedazado, dio su alma á Dios; y su cuerpo de noche fué sepultado por Justino, presbítero, y otros cristianos en el campo Verano, no lejos del cuerpo de San Lorenzo. Celebra la Iglesia su martirio á los 13 de agosto, y fué año de Cristo de 261, imperando Valeriano, y Galieno, su hijo. Los Martirologios, romano, de Beda, Usuardo y de Adon, hacen mención de San Hipólito, mártir, y mas copiosamente se trata de él en los Actas del martirio de San Lorenzo.
    
FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

miércoles, 12 de agosto de 2026

S A N T O R A L


Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal, viuda y fundadora

Comparable a la «mujer fuerte»1 de la Sagrada Escritura

La cofundadora de la Orden de la Visitación, modelo de esposa y madre, se separó de la familia para ser un ejemplo de santidad en la vida religiosa, en medio de grandes probaciones.


Plinio María Solimeo

En el siglo XVI, la herejía protestante devoraba como un cáncer a casi toda Alemania. Haciendo metástasis por Europa, penetró tan peligrosamente en Francia, que en poco tiempo su poderío llegó a ser el de un estado dentro del Estado. 
Aprovechándose de la debilidad y omisión de la dinastía francesa de los Valois, dirigida efectivamente por la inescrupulosa Catalina de Médicis, y del apoyo de miembros de la más alta nobleza, seducidos por la nueva herejía, ésta amenazaba la propia existencia de la única y verdadera religión, la católica. 
Frente al peligro, los católicos, liderados por la familia de los duques de Guisa, formaron una Santa Liga para la defensa de su religión. Disuelta por Enrique III, la referida Liga renació en 1587, cuando el Edicto de Beaulieu favoreció desmedidamente a los hugonotes, como eran llamados los protestantes en Francia. 
De la Liga hacía parte el enérgico y ardiente católico Benigno Frémiot, presidente del parlamento de Borgoña, casado con Margarita de Berbisey. Fue en ese ambiente, cargado de las guerras de religión, que nació Juana, segunda hija de estos esposos. 
No hay duda de que el amor materno es insustituible en la formación moral y religiosa de la prole. El caso del presidente Frémiot fue una de las más notables y raras excepciones a esa regla. Juana tenía apenas dieciocho meses cuando falleció su madre, en el parto de su tercer hijo, Andrés.

Desde siempre, enérgico rechazo a la herejía

La pequeñita Juana fue dotada por la Providencia de un carisma especial, que la llevaba, aún antes del uso de la razón, a discernir a los herejes. Estando en los brazos de su ama, cuando veía a uno de ellos comenzaba a llorar. Y si éste quería acariciarla, gritaba y escondía la cabeza contra el pecho del ama, y no se tranquilizaba hasta perderlo de vista.
Cuando sus hijos fueron creciendo, el presidente Frémiot contrató a maestros escogidos para reforzar su formación. “Juana aprendía con gran facilidad y viveza de imaginación; se le enseñó todo lo que debe saber una señorita de su clase: leer, escribir, bailar, tocar instrumentos, la música, el canto y las labores propias de su sexo, etc., etc.” ²
Al recibir el sacramento de la Confirmación, por devoción al Poverello de Asís, Juana añadió a su nombre el de Francisca.
A los 20 años, Juana Francisca fue dada por el padre en matrimonio al barón de Chantal, valeroso oficial del ejército francés y católico, aunque desde la muerte de su madre llevara una vida un tanto disipada.

En el matrimonio y en la viudez: fortaleza y generosidad


El primer cuidado de Juana fue conquistar el corazón de su marido para llevarlo totalmente a Dios. Eso no fue difícil, pues el barón, además de las buenas predisposiciones que poseía, pronto percibió que Dios le había dado por esposa a una santa. La unión entre ellos fue tan grande que se diría que tenían un sólo corazón.
Cuando su marido estaba ausente, Juana se entregaba más a Dios y al ejercicio de la caridad. Cuidaba de los pobres y de los enfermos con sus propias manos y atendía todas sus necesidades. En breve, quedó conocida en la región como la santa señora.

La pareja fue bendecida con seis hijos, de los cuales los primeros dos fallecieron al nacer. Les sucedieron otro hijo y tres hijas, habiendo nacido la última pocas semanas antes de la muerte del barón.
Mortalmente herido por su mejor amigo en un accidente de cacería, recibió los últimos sacramentos, perdonó a su homicida y recomendó a la baronesa que se resignara a la voluntad de Dios. Juana quedaba así viuda a los 28 años, con cuatro hijos que educar y la baronía para dirigir. Le fueron necesarias toda su fe y energía para aceptar el rudo golpe.
¡Esta alma fuerte y generosa fue sometida en la viudez a nuevas probaciones! El barón de Chantal —el suegro de Juana, cuyo carácter orgulloso, vanidoso y extravagante ella conocía— sintiéndose muy sólo en su vejez, quería que la joven viuda, con sus hijos, fuese a hacerle compañía.
En su nuevo domicilio —cuyo desorden era igualmente de su conocimiento— Juana se entregó a todas las obras de apostolado y misericordia por ella desarrolladas en el anterior. Pero sintiendo la necesidad de encontrar un buen director espiritual, pidió a Dios insistentemente esa gracia.

La conjugación de dos santos transpone obstáculos insuperables

En 1604, el ya merecidamente célebre obispo de Ginebra, San Francisco de Sales, fue a predicar la cuaresma en Dijon, ciudad natal de Juana. Ésta convenció a su suegro para trasladarse a casa de su padre para poder atender así los sermones.
http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c7/Franzundjohanna.jpgEl gran predicador, a quien Dios había mostrado en sueños a su futura penitente, la reconoció inmediatamente, atenta y recogida, en medio de los fieles. Ésta también reconoció con emoción a aquel que Dios había designado para ser su padre espiritual. Comenzó así uno de los más bellos parentescos espirituales de la Historia de la Iglesia, que tantos y tan bellos frutos produciría.
San Francisco de Sales le trazó una minuciosa regla de vida. Bajo su dirección, Santa Juana de Chantal progresó tan rápidamente, que el santo se admiraba de ello, dando gracias a Dios.

Poco a poco maduraba en la mente del obispo de Ginebra el proyecto de una nueva congregación religiosa, con reglas adaptadas a vírgenes y viudas que, deseando servir a Dios, no se sentían atraídas por las grandes austeridades de las familias religiosas ya existentes. Tendrían como oración en común solamente el Pequeño Oficio de Nuestra Señora; deberían dedicarse también a la asistencia de los pobres y enfermos.
La mano de Dios se hizo sentir entonces para abreviar el tiempo de espera. La baronesa de Chantal se volvería amiguísima de la baronesa de Boisy, madre de San Francisco de Sales, señora virtuosísima, viuda y madre de trece hijos. Tal era la confianza que ésta tenía en Juana que confió a la joven viuda la educación de su hija menor, de nueve años. Ésta vino a fallecer pocos años después en los brazos de Santa Juana.
Para unir con lazos más fuertes que los de la amistad a las dos familias, la señora de Boisy propuso el matrimonio de su hijo, el barón de Thorens, de 14 años, con María Amada, hija mayor de Santa Juana, entonces de 12 años. El matrimonio fue oficiado por San Francisco de Sales y, como era costumbre de la época, la joven esposa fue a vivir con la familia del marido hasta alcanzar la edad núbil.
Santa Juana confió a su hijo, Celso Benigno, al abuelo, el presidente Frémiot, que con la ayuda de un virtuoso preceptor completaría la educación del adolescente. Cuando logró llevar a sus dos hijas al convento para terminar su educación, la baronesa de Chantal quedó libre para la realización de la gran obra.
Antes de partir, renunció a todos sus bienes en favor de los hijos y se embarcó para Annecy, que entonces hacía parte del Ducado de Saboya. Poco después, Dios llamó a su gloria a la hija menor de Juana, aquella a quien ella más amaba por su inocencia y docilidad.

Cofundadora y alma de la Congregación de la Visitación

En Annecy ya la esperaban tres doncellas virtuosas, dirigidas de San Francisco de Sales, que con ella emprenderían la obra.
La congregación idealizada por el obispo de Ginebra era una innovación. Hasta entonces sólo había conventos de clausura. En la recién fundada congregación —denominada de la Visitación— las religiosas no guardarían clausura, pues deberían cuidar de los pobres, lo cual suscitó muchas controversias.

A pesar de la pobreza y de las críticas recibidas, nuevas postulantes fueron ingresando a la congregación y tres jóvenes viudas de Lyon pidieron permiso para fundar allí una casa. En esa ocasión, intervino el Cardenal arzobispo local, convenciendo a San Francisco de Sales a erigir y transformar la congregación en una orden religiosa y aceptar la obligación de la clausura perpetua. El fundador, habiendo aceptado la propuesta, estipuló sin embargo que en sus conventos se pudiesen recibir señoras y doncellas que quisiesen retirarse temporalmente del mundo para poner en orden su conciencia.
La finalidad perseguida para su congregación por San Francisco de Sales sería llevada adelante poco después por su gran amigo, San Vicente de Paul, mediante la creación de las Hijas de la Caridad.
Fue cediendo a las instancias de la madre Chantal y dedicándolo a sus hijas de la Visitación, que San Francisco de Sales escribió su famoso Tratado del Amor de Dios. “Hija mía —le dijo el santo obispo— el Tratado del Amor de Dios está escrito para vos”. En el prefacio de la obra, dice: “Como Dios sabe lo mucho que estimo esta alma, no fue poco lo que ella influyó en esta ocasión … lo que más me movió a llevar adelante mi proyecto fueron las reiteradas instancias de esta alma”.

Sufrimiento modela “alma de las más santas”

A aquellos a quienes ama, Nuestro Señor les regala con su cruz. Como alma electa y muy sensible al afecto, la Providencia fue despojando a Santa Juana de sus más queridas afecciones, para que se desapegara completamente de las criaturas.
Su madre murió a temprana edad. Apenas se casó, le fue arrebatada la hermana que compartiera con ella la orfandad, dejándole como herencia a tres huerfanitos.
Dos de sus hijos fallecieron recién nacidos y su marido le fue arrebatado en un accidente de caza, como vimos. Vio morir, sucesivamente a su padre, al suegro, a sus cuatro hijos, a su nuera y al yerno, convirtiéndose a los 60 años en “madre” de sus nietos, siendo superiora de la Visitación. Cabe mencionar que su único hijo varón, Celso Benigno, murió heroicamente a los 31 años, luchando contra los protestantes en la isla de Ré. Su esposa le siguió a la tumba poco después, dejando una hijita de un año, que vendría a ser la famosa epistológrafa Madame de Sevigné. 
A cada nuevo luto, Santa Juana de Chantal se superaba a sí misma, saliendo del convento para cuidar de los intereses de sus hijos con un tino y una habilidad superiores. En medio de los negocios del mundo, no dejaba de ser menos religiosa que en el monasterio. Irradiaba en todas partes el reflejo de su santidad, suscitando verdadera veneración. Sólo por contemplarla, varias doncellas fueron atraídas a su convento. 
A estas probaciones se sumaron las espirituales, como terribles tentaciones, algunas veces contra la fe. Conoció la noche oscura y la aridez espiritual para llegar a un grado sublime de contemplación. San Vicente de Paul afirmó que, aunque aparentaba paz y tranquilidad, Santa Juana “sufría terribles pruebas interiores… Se veía tan asediada de tentaciones abominables, que tenía que apartar los ojos de sí misma para no contemplar ese espectáculo insoportable. […] Pero en medio de tan grandes sufrimientos jamás perdió la serenidad ni cejó en la plena fidelidad que Dios le exigía. Por ello, la considero como una de las almas más santas que me haya sido dado encontrar sobre la tierra”. ³
Después de la muerte de San Francisco de Sales, no apenas consolidó la obra naciente sino que la expandió. Durante su vida, los monasterios de la Visitación llegaron a los 65. A todos los visitó para satisfacer el deseo que muchas de sus hijas espirituales tenían de conocerla.
En 1641, la reina Ana de Austria la invitó a París, colmándola de honras y distinciones. Era la exaltación que la realeza prestaba a la santa que fue, en vida, comparable a la propia mujer fuerte del Antiguo Testamento.
Poco después, fue a recibir al cielo la “recompensa demasiado grande” que Dios reserva para sus elegidos (cf. Gén. 15, 1). Entregó su alma en Moulins, el 13 de diciembre de 1641. Fue beatificada en 1751 y canonizada en 1767. Su fiesta se conmemora el 12 de agosto.  
   
Notas:
¹. Cf. Prov. 31, 10 y 28: “¿Quién hallará una mujer fuerte? De mayor estima es que todas las preciosidades traídas de lejos y de los últimos términos del mundo”… “Se levantaron sus hijos y la aclamaron dichosísima; [se levantó] su marido y la alabó”.
². Mons. Louis-Victor-Emile Bougaud, Historia de Santa Juana Francisca Frémiot, baronesa de Chantal, Madrid, 1897, p. 77.
³. P. Alban Butler, Vidas de los Santos, in www.corazones.org
Fuente: http://www.fatima.pe/articulo-570-santa-juana-de-chantal

martes, 11 de agosto de 2026

S A N T O R A L

Santa Clara de Asís, Virgen y Fundadora

Plinio Corrêa de Oliveira, Santo del Día*

Los Santos Francisco y Clara de Asís. Fresco gótico de Giotto
Selección biográfica: 

Cuando Francisco de Asís predicaba en la Iglesia de San Jorge, una joven de familia noble, lo escuchaba con su madre y hermana. Clara escuchó esas palabras y comprendió que San Francisco debía ser el guía de su alma. Ella confió este deseo a su tía, quien fue con ella a Santa María de los Ángeles para hablar con San Francisco. ¿Quién puede decir lo que pasó en el alma del Seráfico Padre durante esa primera entrevista con la mujer que iba a ser su asistente en las tareas que el cielo había designado a él realizar? 

Francisco reveló a Clara las bellezas de la Esposa celestial y la excelencia de la virginidad. A continuación le describió a ella lo que más apreciaba en su corazón: el poder y el encanto de la pobreza y la necesidad de la penitencia. Clara escuchaba, asombrada y entusiasmada; y el divino llamado le tocó el corazón. En poco tiempo, su decisión estaba tomada. Ella rompió todos los lazos con el mundo y se consagró a Dios. 

En la noche de Domingo de Ramos del 17 de marzo 1212, ella salió secretamente de la casa de su padre y con algunas compañeras se dirigió a Santa María de los Ángeles, la iglesia de la Porciúncula. San Francisco y sus hermanos que se reunieron acompañándolas por su camino con antorchas las condujeron a la iglesia. En esa noche se realizó el matrimonio espiritual de Santa Clara. Francisco le preguntó qué quería, y ella respondió: “Quiero al Dios del Pesebre y del Calvario. No deseo otro tesoro o herencia”. 

Mientras que Francisco le cortaba el cabello, ella se despojó de todas sus joyas preciosas y adornos, y recibió el rudo hábito, el cinturón, y el velo humilde y se consagró totalmente a Dios.


Comentarios del Profesor Plinio: 

Se puede admirar la belleza de la escena. En la pequeña ciudad medieval de Asís, un cortejo de damas jóvenes huye de la casa de sus familias, que quieren impedir su sacrificio. En silencio y con cautela caminan a través de las sinuosas calles de Asís para no llamar ninguna atención. Ellas salen de la ciudad; y en los campos que separan Asís del Monasterio de Santa María de los Ángeles, ellas se reunieron con otro cortejo. Este segundo cortejo es aún más celestial que el primero. Se trata de San Francisco de Asís, que era otro Cristo en la tierra, que era incluso parecido físicamente a Nuestro Señor Jesucristo.
Portando antorchas, San Francisco y algunos de esos santos que le ayudaron a fundar la Orden Franciscana caminan para recibir a esas vírgenes. Los cortejos se unen y entran juntos en la Iglesia de Nuestra Señora. El grupo se reúne en su interior en un círculo. Santa Clara renuncia a todo.
Entonces, San Francisco le corta el cabello en cuanto ella da el paso definitivo de lo que sería el nacimiento de la Orden de las Clarisas. De ese paso dependía toda la Orden Segunda de los Franciscanos, que dio tantos santos a la Iglesia Católica y a la gloria de Dios a través de los siglos.
Santa Clara dejó todo para entrar en un convento en un momento en que, en muchos aspectos, la Iglesia estaba en su apogeo. Hoy en día, somos testigos de la Casa de Dios agrietada, la dignidad de los ministros de Dios arrastrada en el lodo, las religiosas ya no usan más el velo, la vida religiosa se desintegró. ¿Este espectáculo trágico nos deja indiferentes? ¿Estamos más preocupados por nuestro trabajo, en ganar dinero, comprar un coche nuevo y ropa nueva, o de la adquisición de más comodidades para nuestro hogar? Si es así, ¿dónde está nuestra fe? ¿En qué creemos? ¿Qué es lo que tomamos en serio?
Un católico que carece por completo de seriedad puede poner su vida personal por encima del dolor que representa para la Iglesia Católica esta extrema situación religiosa. En realidad, representa otra Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Hoy la Iglesia está crucificada. Ella no muere porque no puede morir; de lo contrario ya habría expirado.
Por lo tanto, en este día de Santa Clara, imitemos su dedicación y confirmemos nuestro compromiso de ofrecer nuestras vidas para luchar contra el progresismo en la Iglesia, que es el peor enemigo que jamás haya tenido a lo largo del tiempo. Nunca una causa ha tenido tan pocas personas para luchar por ella. Esto es suficiente para caracterizarla como la lucha más gloriosa en la historia.
Hablando de los pilotos que lucharon en la Batalla de Londres y que salvaron a la ciudad de los bombardeos nazis, Churchill dijo: “Nunca les fue dado tanto a tan pocos”. En el Juicio Final, Nuestra Señora sin duda va a decir algo similar de quienes lucharon por Ella en la hora presente.
Pidamos a Nuestra Señora y a Santa Clara que llenen nuestras almas con el espíritu de dedicación por la causa de la Santa Madre Iglesia.                                                     
(*Los santos del día eran unas breves reuniones en las que el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.-Versión no revisada por el autor-)

Así como era grande su devoción para con el Santísimo Sacramento, así por medio de él hizo Nuestro Señor algunos milagros para favorecerla. Pasaba una vez por la ciudad de Asís el ejército del emperador Federico, grande enemigo de la Iglesia: venían en él muchos moros infieles, y como el monasterio de santa Clara estaba fuera de los muros de la ciudad, acometiéronle como enemigos de Dios y de la religión cristiana, para robarle y destruirle, y hacer todo lo que pudiesen. Fueronselo á decir muy llorosas y despavoridas sus hijas á la santa madre, que por su enfermedad estaba en la enfermería: y ella con gran sosiego y confianza, las consoló, y se hizo llevar á la puerta del monasterio y poner á vista de los enemigos, teniendo delante de sí en una custodia el Santísimo Sacramento. Allí puesta de rodillas con grande devoción y copiosas lágrimas, rogó al Señor, que no permitiese que aquellas siervas suyas, criadas en su amor, y que por él habían renunciado todos los amores del mundo, fuesen entregadas á aquellas bestias, que allí estaban. En acabando de orar, se oyó una voz del cielo, que dijo: Yo las guardaré siempre; y súbitamente los infieles que habían subido por los muros, atemorizados y atónitos, cayeron, y se fueron, dejando la presa que ya les parecía tener en las uñas: y la santa mandó á sus hijas, que mientras ella viviese, callasen el favor que Dios les había hecho con aquella voz celestial: y por esta devoción que tuvo santa Clara al Santísimo Sacramento, la pintan con una custodia en las manos.
FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.