domingo, 8 de febrero de 2026

S A N T O R A L


SAN GERÓNIMO EMILIANO, FUNDADOR


El glorioso san Gerónimo Emiliano ó Miani, nació en Venecia en el año 1481: fueron sus padres Angelo Miani y Diodora Morosini, ambos de las familias patricias y senatorias más ilustres de aquella república. Aunque Gerónimo fué el último de los cuatro hijos varones que tuvieron sus padres, con todo fué el primero por gracia y mérito delante de Dios. Como su padre se hallaba continuamente los cuales ocupado en los negocios de la república, y en desempeñar los más principales cargos de ella, la educación de Gerónimo quedó al cuidado de su madre, que siendo dama de mucha piedad, no dejó de destilar en el corazón del niño las máximas de la religión cristiana, y de acostumbrarle muy temprano á los ejercicios de devoción y demás virtudes propias de su clase y de su edad. Pero el ardor de las pasiones juveniles ahogó bien presto estas buenas semillas, que su madre había procurado sembrar en su alma; pues así que hubo llegado Gerónimo á los quince años de su edad, se dejó engañar de los placeres y de los perversos ejemplos de otros jóvenes nobles coetáneos suyos, y así abandonando el estudio de las letras, y toda práctica de devoción, no cuidó sino de holgarse y darse buen tiempo; si leía algunos libros eran solo los que respiraban máximas de caballería y de vanidad mundana. Con esta lección se empeoraba cada día más y más su espíritu, y se hacía más abominable á los ojos de Dios, al tiempo que á los ojos de los hombres conservaba aquel decoro que convenía á su noble condición, del cual se mostraba mucho más celoso que de la gracia de Dios. Habiendo muerto en este tiempo su padre, que le tenía en alguna sujeción, creció sobre manera su disolución, la cual llegó por decirlo así, hasta lo sumo, cuando abrazó la milicia sirviendo á su república en la guerra, que tuvo esta que sostener en aquellos tiempos contra poderosos enemigos, conjurados á su ruina en la famosa liga de Cambray. Porque en medio del estrépito de las armas y licencia militar, se abandonó á toda suerte de vicios, y cuanto más animoso y valeroso se mostraba en los ejercicios militares, y en varios encuentros y combates que tuvo contra los enemigos del estado, tanto más con su vida libertina y escandalosa, reforzaba la cadena de sus vicios, y se hacía más esclavo de Satanás. «En suma, en el tiempo de la guerra (son palabras del autor que fielmente escribió su vida), quedó el ánimo de Gerónimo inficionado de muchos contagiosos achaques, que fueron la audacia, la fiereza, la temeridad, con todos los demás vicios que consigo lleva la desenfrenada juventud, las malvadas compañías y las ocasiones del pecado; y sobre todo, la pasión de la ira avasalló su espíritu, de tal modo, que traspasando todos los límites de la razón, llegaba algunas veces hasta el furor».
En este tan deplorable estado perseveró Gerónimo hasta la edad de treinta años. Pero en este tiempo se dignó la divina bondad mirarle con ojos de misericordia, y convertir este vaso de contumelia y de ignominia, en un vaso de elección: sucedió esta maravillosa conversión en la manera siguiente. Hallándose Gerónimo en el año de 1511 comandante de Castronovo, plaza de mucha importancia en el Trevisano, con el título de proveedor; fué esta plaza en el mes de agosto sitiada del ejército imperial: y no obstante la valerosa defensa de los venecianos, y con especialidad del proveedor Gerónimo Miani, fué tomada por asalto, y quedó Gerónimo prisionero de guerra de sus enemigos; los cuales, según el uso de aquellos tiempos, le trataron con increíble inhumanidad. Cargárosle de cadenas, lo pusieron esposas y grillos, y una argolla al cuello: de esto modo le metieron en lo más profundo de una torre, donde muchas veces le daban de palos con bárbara inhumanidad, sustentándole con una escasa porción de pan y agua que le traían todos los días. En esto lastimoso estado habló eficazmente el Señor al corazón de Gerónimo, y con la luz de su gracia le hizo conocer claramente los desórdenes de su vida pasada; y de aquí empezó á conocer y temer los terribles castigos del fuego eterno, que merecía por tantos y tan enormes delitos como había cometido contra la divina Majestad. Las graves tribulaciones de que se veía oprimido, y el peligro que le amenazaba á todas horas, de acabar sus días con una muerte violenta, le humillaron á la presencia del Señor, y cual otro Manases desde lo más oscuro de su prisión levantó la mente y el corazón al Padre de misericordias y Dios de toda consolación, y con incesantes lágrimas y suspiros le rogó le perdonase sus graves pecados, y le librase no solo de las cadenas que ataban su cuerpo, sino de las otras, mucho más duras y pesadas, que ataban su alma; prometiendo firmemente expiar sus pecados con la debida penitencia, y llevar en adelante una vida digna de un cristiano. Interpuso á este fin la poderosa intercesión de la Virgen santísima, suplicándola con mucho fervor y humildad le alcanzara de su divino Hijo una verdadera contrición de sus culpas, y una plenaria remisión de ellas, junto con el socorro conveniente á sus urgentes temporales necesidades, haciendo voto de ir á pié á visitar su imagen, que se venera en la iglesia de Terviño, luego que escapase de aquel peligro. No tardó mucho en experimentar los benéficos efectos de la piedad de la Madre de misericordia, porque se le apareció en la cárcel esta soberana Señora, le quitó los grillos, las esposas y las cadenas, le dio las llaves de las puertas de aquel oscuro calabozo, y abriéndolas Gerónimo se encaminó directamente á Terviño para cumplir su voto: pero como los enemigos habían tomado todos los caminos, dio Gerónimo en una partida de ellos, y no sabiendo como librarse de caer en sus manos, recurrió de nuevo á su bienhechora la Virgen santísima, la cual se le apareció segunda vez, y sirviéndolo de guía con un nuevo prodigio, por medio de los mismos enemigos le condujo salvo delante de Terviño.
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CADENAS DE SAN JERÓNIMO
Entró Gerónimo en la ciudad, y se encaminó á la iglesia; y postrado ante el altar de la Virgen santísima, mas con lágrimas y sollozos que con palabras, dio á su celestial bienhechora las debidas gracias del beneficio recibido; y en las paredes de la misma capilla colgó las esposas, grillos y argolla que había llevado consigo, para que fuesen perpetuos testigos del beneficio recibido, donde aún al presente permanecen.
De esta ciudad pasó Gerónimo á Venecia con una firme resolución de entregarse enteramente y sin ninguna reserva al servicio de Dios: y aunque por entonces no renunció la toga, ni dejó de acudir á las juntas del senado, y de servir los oficios públicos de su patria; pero en todos sus discursos y en todas sus acciones descubría una singular piedad y un celo tan grande del honor y gloria de Dios, que causaba á todos suma edificación. Se puso luego bajo la conducta de un director espiritual, dotado de mucha piedad y doctrina, y habiendo hecho á sus pies con muchas lágrimas una confesión general de sus pecados, emprendió con su consejo una vida penitente, mortificada y de mucha edificación: ayunaba frecuentemente con grande rigor, llevaba sobre sus carnes un áspero cilicio, y afligía su cuerpo con otras mortificaciones, ya para satisfacer por los deleites de su vida pasada, ya para tener sujeta la carne al espíritu, ya finalmente para implorar sobre sí con mayor abundancia las divinas misericordias. Atendía con todo cuidado á mortificar todas sus pasiones, especialmente la de la ira, que tanto le había dominado; y ayudado de la divina gracia logró vencerla tan perfectamente, que fué después el hombre más humilde y pacífico del mundo. Visitaba los enfermos en los hospitales, frecuentaba las iglesias y los monasterios, hallando sus delicias en tratar con personas religiosas de las cosas de Dios; recibía muy á menudo los santos sacramentos, que son los canales de la divina gracia, y hacia abundantes limosnas á los pobres y en especial á las familias vergonzantes.
En una palabra, la vida del senador Miani después de su conversión, fué una continua serie de ejercicios de piedad y obras buenas. Como Gerónimo estaba enteramente desengañado del mundo, deseaba volverle las espaldas y retirarse á algún lugar solitario para hacer allí penitencia, y contemplar únicamente los años eternos y las cosas celestiales. Mas vióse impedido de ejecutar sus designios por la muerte anticipada de Lucas, su hermano primogénito; el cual dejó los hijos en edad tierna encomendados al cuidado de Gerónimo; por lo que debió el siervo de Dios encargarse por motivo de piedad de la tutela de sus sobrinos y de la administración de sus bienes. Satisfizo en efecto á uno y á otro encargo con suma diligencia, y los desempeñó con tal fidelidad y acierto, que los sobrinos fueron educados en el santo temor de Dios, y sus bienes no solo se conservaron, sino que se aumentaron notablemente.
Entre tanto presentóse á Gerónimo una ocasión muy oportuna de ejercitar su generosa caridad para con los pobres, que fué la hambre que afligió toda la Italia en el año 1528, porque aunque en Venecia se sintió menos que en otras partes la falta de trigo y otros víveres; porque aquellos sabios senadores, á la primera noticia de la escasez de la cosecha, hicieron las provisiones más copiosas que les fué posible, no perdonando á este fin ni diligencias ni expensas: pero fueron tantos los pobres que concurrieron de todas parles á aquella ciudad, que las plazas y las calles estaban llenas de gentes necesitadas, y tan miserables, que mas con la palidez de su rostro y la debilidad de sus fuerzas, que con las palabras pedían ayuda y socorro en su miseria. A este lastimoso espectáculo se enterneció en un modo particular el piadoso corazón de Gerónimo; y mirando en aquellos pobres la persona del mismo Jesucristo, resolvió emplear en alivio de aquellos infelices todo lo que tenía, hasta su misma persona. A este fin, después de haber repartido todo el trigo y dinero que tenía, vendió la plata, lápices, muebles preciosos y ricas alhajas de su palacio, y se despojó de todos sus bienes para socorrer la miseria de los hambrientos. Su misma casa era el asilo de los pobrecitos, á quienes distribuía por su mano, ó pan, ó dinero, y aun en ella les daba albergue para preservarles del peligro de morirse de frío en las calles públicas, á ocasión de la rigurosa estación que entonces corría. No se contentaba con esto su caridad; se informaba también de la miseria de muchas familias, que se hallaban reducidas á las mayores angustias, y las procuraba con afecto de cariñoso padre todo el socorro que podía, hasta reducirse él mismo á la mendiguez; de manera que le faltó muchas veces pan y dinero para proveer su necesidad. El ejemplo de esta heroica caridad, conmovió de tal modo los ánimos de los demás ricos y hacendados de la ciudad, que contribuyeron por su parle con mucho gusto al sustento de los pobres, y al alivio de la común necesidad.

Resultado de imagen para SAN JERÓNIMO EMILIANISiguióse á la hambre y miseria (como suele acontecer en semejantes lances) una maligna epidemia, que llenó las casas y los hospitales de enfermos: de aquí se abrió á Gerónimo un nuevo campo para ejercitar su caridad: iba continuamente este ilustre senador á los hospitales para asistir á los pobres enfermos, para consolarles y animarles con sus piadosas exhortaciones, á sufrir con paciencia sus males y á disponerse para una buena muerte, cuando el Señor se dignase llamarlos á la otra vida. Fueron tantas las fatigas y las incomodidades que padeció en esta obra de caridad, que al último cayó enfermo asaltado de una fiebre ardiente y contagiosa, que en pocos días le puso á los últimos términos de su vida. Mas el Señor que le reservaba para obras mayores de su gloria, le restituyó la salud, contra la esperanza de todos con una especie de milagro. El siervo de Dios, que entonces se hallaba en la edad de cuarenta y ocho años, miró esta gracia y prórroga de vida, que le acababa de conceder la divina beneficencia, como un convite que el Señor le hacía, á que se emplease en adelante enteramente y sin distracción alguna en las cosas de su divino obsequio y en prepararse á la muerte; y deseoso de poner desde luego en ejecución esta inspiración divina, encargó el cuidado y la administración de los bienes de su difunto hermano al mayor de sus sobrinos que se hallaba ya en estado de poder gobernar la casa. Renunció los oficios públicos y los cargos de la república: depuso para siempre la toga senatoria, y vistióse un vestido tosco y vil, de paño grosero de color pardo, según lo llevaban las gentes pobres y plebeyas, queriendo seguir fielmente los humildes pasos de Jesucristo, y consagrarse todo á su gloria y á la salud de sus prójimos. No tomó Gerónimo esta resolución, sino después de mucha y fervorosa oración, pidiendo á Dios le mostrase el camino en que quería que le sirviese; y después de haber tomado el consejo de personas ilustradas en la vida espiritual, especialmente del P. Juan Pedro Carrafa (que después fué promovido á la silla de san Pedro con el nombre de Paulo IV), que era en aquel tiempo su director. Algunos admiraron esta extraordinaria resolución, otros la alabaron y aprobaron, y otros la censuraron y reprobaron, é hicieron burla de Gerónimo: pero el santo que no tenía otra mira que la de agradar á Dios, despreció igualmente las alabanzas, que las murmuraciones y las burlas de los hombres; estando bien persuadido, que no hay cosa más opuesta al espíritu de un verdadero cristiano, que el vano temor del que dirá el mundo y que la loca aprehensión de los respetos humanos.
En efecto, el éxito hizo conocer que el espíritu del Señor guiaba á Gerónimo en todos sus pasos; porque desde que tomó esta resolución, empezó ó llevar una vida mucho más perfecta que antes; más humilde, penitente y mortificada; y emprendió por divina inspiración una obra piadosa de grande utilidad á las almas, y de no menor provecho al bien del estado, y fué la siguiente. Como las guerras, la carestía y el contagio habían desolado la Italia, y quitado la vida á innumerables personas y cabezas de familia, muchísimos niños quedaron huérfanos, y no teniendo de que sustentarse iban dispersos y perdidos por la ciudad, mendigando el pan por las calles, y vivían sin temor de Dios, corriendo manifiesto peligro de perecer temporal y eternamente. Compadeciéndose el bienaventurado Gerónimo de las miserias espirituales y temporales de tantos huérfanos, empezó á recogerlos y juntarlos en una casa que compró para este fin; y allí les administraba el necesario alimento, y les instruía en el camino de la salvación. En breve tiempo se aumentó mucho el número de estos niños, que el siervo de Dios recogía en todas partes, no solo en Venecia, sino también en las pequeñas islas cercanas á la ciudad; por lo que le fué necesario acudir á la piedad y caridad de las personas ricas y hacendadas, á fin de que con sus limosnas ayudasen á mantener una obra tan santa y provechosa, como lo ejecutaron con increíble contento del santo, que ejercitaba con los huérfanos que recogía los cariñosos oficios de padre, de madre y de maestro; estableciendo un orden bellísimo y unos reglamentos muy acertados para su educación. A más de los ejercicios de piedad cristiana, arreglados para cada día, quería que todos los niños aprendiesen ó leer y escribir; que se dedicasen á aprender algún oficio, según la condición de cada uno, para que cuando fuesen adultos tuvieran modo de alimentarse. A los que conocía de mayor capacidad y talento, hacia aplicar al estudio de las letras, y todos mediante su industria y diligencia vivían de un modo tan piadoso y arreglado, que edificaban toda la ciudad de Venecia; que no podía dejar de admirar y de llenar de bendiciones y elogios á su santo conciudadano, el cual renunciando la toga de senador, se había hecho padre de los pobres, y amparo y protector de los huérfanos.
Viendo Gerónimo que el Señor había colmado de bendiciones esta piadosa obra, y considerándola establecida de modo, que ya podía proseguir sin su personal asistencia, pensó que si se estableciera en otras partes, haría en ellas el mismo fruto que hacía en Venecia; mayormente estableciéndola en las ciudades del dominio veneciano, donde por las recientes guerras, por la carestía y consiguiente poste que habían padecido, era mayor su necesidad. Por eso en el año 1531, que era el quincuagésimo de su edad, con no poco sentimiento de sus conciudadanos partió de Venecia, con un vestido humilde y un pobre equipaje, y confiado únicamente en la divina Providencia, se encaminó á las ciudades y lugares de la Lombardía veneciana, para promover allí la misma obra de piedad; y en el espacio de solos seis años que sobrevivió, estableció y fundó muchas casas para niños huérfanos; concurriendo con sus limosnas á promover esta obra las personas acomodadas y ricas, atraídas de las eficaces exhortaciones del siervo de Dios, y del concepto grande que todos hacían de su santidad.
No solamente en las ciudades del dominio de Venecia, sino también en las del ducado de Milán, y aun en la misma ciudad de Milán, promovió la misma obra de piedad; y por su medio se fundaron muchas casas para recoger y educar en ellas los huérfanos. Pero la ciudad en que Gerónimo hizo más larga demora fué la de Bérgamo, donde le pareció más urgente la necesidad, y mayor la desolación en que entonces se hallaba. Aquí no solo estableció una casa para niños huérfanos, como en otras partes, sino que dispuso también otra para niñas huérfanas, y otra para recoger las mujeres de mala vida, que por medio de sus instrucciones y exhortaciones se hablan convertido al camino de la salvación y abrazado la penitencia. Ardiendo en celo de la salvación de las almas, se valía de varias industrias para apartar los hombres de los vicios y atraerles al camino de la virtud. A este fin, escogiendo aquellos niños huérfanos más instruidos y piadosos, iba con ellos como en procesión por las aldeas y lugares circunvecinos, llevando delante la santa cruz, y cantando la doctrina cristiana y otras oraciones. Con esta devoción llamaba así las gentes rudas de aquellos pueblos, que acudían en mucho número á ver aquella novedad; y con esta ocasión él les enseñaba la doctrina cristiana, y con palabras sencillas, pero con mucho fervor de espíritu, persuadía á los pecadores la penitencia, poniendo á su vista las llamas eternas que la justicia divina tiene provenidas en el infierno para el castigo de sus culpas, con lo que fueron muchísimos los que con la divina gracia redujo al camino de la salvación.


En todos estos lugares, y en las diferentes ciudades donde el santo iba para el efecto susodicho, hallaba muchas personas, la mayor parte nobles, y aun muchos sacerdotes, que movidos de su singular piedad y de la eficacia de sus palabras, le ofrecían todos sus bienes y sus mismas personas, para que dispusiera de ellas á su arbitrio, en las obras de caridad que había instituido; y por más que él fuese un hombre seglar, que jamás quiso recibir orden alguno eclesiástico, porque no se creía digno de ellos, sin embargo todos lo reconocían por su padre y director espiritual, y dependían enteramente de su voluntad. El siervo de Dios, que contemplaba estas personas como otros tantos obreros que le enviaba el Señor para cultivar aquella viña, y para ayudarle en las obras caritativas de los huérfanos, se valía de cada uno de ellos en los varios y diversos ramos que les encargaba, destinando á unos para la dirección de los niños, á otros para instruirles en las máximas de la religión, á otros para que les enseñasen las ciencias de que eran capaces, á otros para proveerlos de lo que necesitaban para su sustento; y finalmente destinando á muchos para enseñar la doctrina cristiana á las personas rústicas ó ignorantes, en las aldeas y campos del territorio de Bérgamo. Habiendo crecido el número de estos operarios, juzgó Gerónimo que convendría unirlos entre sí con el vínculo de caridad, y hacer de este modo más estable y duradera esta obra de misericordia. Para esto resolvió Gerónimo con el consejo y consentimiento de sus compañeros, fundar en un lugar determinado una casa, la cual fuese como la cabeza y el centro de las obras de caridad hasta entonces establecidas, y de aquellas que en adelante se instituyeran en el estado veneciano, como en el ducado de Milán y en otras partes. Después de una madura deliberación fué elegida para este efecto la pequeña aldea de Somasca, situada en el condado de Bérgamo, en un valle llamado de San Martin. 
De esta aldea ha tomado el nombre de Somasca la congregación que fundó el bienaventurado Gerónimo Miani, especialmente destinada á la educación de los pobres huérfanos; la cual congregación poco después de su muerte fué erigida en religión con autoridad de la silla apostólica. En esta casa de Somasca, como en lugar solitario y muy á propósito para la contemplación de las cosas divinas, se retiraba á sus tiempos el siervo de Dios, para aplicarse con mayor quietud a la oración, á los ejercicios de penitencia, y á purificar más y más su corazón de aquellas pequeñas manchas, que por un efecto de la humana fragilidad, contraen aun las personas justas y santas en el trato y conversación con los hombres, y en las acciones piadosas de la vida activa. Habiendo hallado una cueva en el monte que está sobre Somasca, se entraba Gerónimo en ella, donde tomaba rigurosas disciplinas; pasaba los días enteros en ayunas, sin tomar alimento alguno, ocupado en la contemplación, que prolongaba hasta la noche; y cuando le era forzoso dar algún descanso á sus miembros, lo tomaba sobre la desnuda tierra. En lo más interior de la cueva hay una peña de la cual mana una fuente de agua dulce, y es tradición constante que el siervo de Dios la consiguió de Dios con su oración: llevan de esta agua á varias partes, y la dan á beber por devoción á los enfermos, y muchos alcanzan por este medio la salud. Mientras Gerónimo permanecía en esta casa de Somasca, iba por aquellos campos, ayudaba en sus labores á los pobres labradores, y entre tanto los instruía en los misterios de la fé, les curaba las llagas podridas y canceradas con tal feliz efecto, que se creía lo había dotado el Señor del don de curación: también se aplicaba con particular cuidado ó curar los niños de la tiña que les suele salir en la cabeza, mal que es sobrado común en los hospitales. Finalmente, en esta casa de Somasca terminó el siervo de Dios felizmente sus días con una muerte preciosa, ocasionada de una enfermedad contagiosa que se le pegó, asistiendo á los enfermos que adolecían del mismo mal; por lo que así como toda la vida de este santo, después de su conversión, fué un continuo ejercicio de caridad hacia el prójimo, así también su muerte fué un efecto de su misma ardiente caridad, con la cual dichosamente selló los últimos momentos de su vida. Acaeció la muerte del bienaventurado Gerónimo Miani á los 8 de febrero del año 1539, siendo de edad de cincuenta y cinco años.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

sábado, 7 de febrero de 2026

Primer Sábado del Mes

Devoción al Rosario

 y al Inmaculado Corazón de María


En la segunda aparición en Fátima la Santísima Virgen insistió sobre el Rosario diario y recomendó a los tres niños que aprendieran a leer. En esta ocasión, Nuestra Señora prometió que, en breve, llevaría al cielo a Francisco y Jacinta, y anunció que Lucía viviría más tiempo para cumplir en la tierra una misión providencial: “Jesús quiere servirse de tí para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Al percibir que Lucía estaba aprensiva, Nuestra Señora la confortó diciéndole: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.
En esa aparición, María Santísima mostró a los pastorcitos un corazón cercado de espinas que se le clavaban por todas partes, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación. En una revelación posterior a la Hermana Lucía, en 1925, la Virgen María prometió asistir en la hora de la muerte, 
con todas las gracias necesarias para la salvación, a quienes durante cinco meses, en el primer sábado, recibieran la Sagrada Comunión, rezaran el Rosario y la acompañaran quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarla.

Promesas de Nuestra Señora de Fátima

En la aparición de Junio de 1917, Nuestra Señora prometió a los tres pastorcitos que llevaría al Cielo a aquellos que abrazaran la devoción al Inmaculado Corazón de María. Al respecto, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, gran apóstol de la devoción mariana, comentó en una conferencia dictada en 1994: "La Santísima Virgen pide muy poco: Si lo hicieran os daré. Si no lo hicieran, no quiere decir que no os amaré, pero... si fuereis sedientos de aprovechar esta promesa de mi Inmaculado Corazón tanto más yo os amaré. ¡Venid!"
Sin embargo, cuántas personas adoptan una actitud indolente delante de promesas de éstas: las promesas del Sagrado Corazón de Jesús respecto a los nueve primeros Viernes; la promesa del Escapulario del Carmen, de ser sacado del fuego del Purgatorio en el primer Sábado, ¡qué promesas magníficas!".

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.
Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.
Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.
Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y únete con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.
Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.
Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.
Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que la historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.
Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.
Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.
Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.
Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.
Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.
Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.
Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.
Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Inmaculado Corazón triunfará.

Nota:La transcripción de esta conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP, mantiene un estilo verbal, y no fué revisada por el autor.

S A N T O R A L

SAN MOISEN, ANACORETA, OBISPO, Y CONFESOR

Los varones santos, y grandes amigos de Dios, no solamente son luz, y ornamento de la Iglesia, sino también presidio, y amparo; y muchas veces defienden con sus oraciones, y virtudes mejor las provincias, y reinos, que los ejércitos de los valerosos soldados. Véase esto en el santo anacoreta Moisen, cuya vida aquí queremos escribir, para que se entienda esta verdad tan clara, y averiguada. Porque haciendo el emperador Valente, que era hereje arriano, cruda guerra á la Iglesia católica, persiguiendo á los obispos, y santos, y doctos varones, que como pilares la sostenían; permitió nuestro Señor, que se levantasen contra él las naciones bárbaras, y que afligiesen, y destruyesen muchas provincias de su imperio. Entre estas naciones fué una la de los sarracenos, que otros llamaban ismaelitas, los cuales hicieron guerra á Valente, y muerto su príncipe, no por eso la dejaron, antes la continuaron con mayores fuerzas y valor: porque Mavia, mujer del rey muerto, tomó el gobierno de la paz, y de la guerra, y con grande ánimo, constancia, y esfuerzo, no de mujer, sino varonil, dio batalla con su gente al ejército imperial, y le desbarató, y venció de tal manera, que obligó al emperador á humillarse, y á pedir paz á una mujer, vencedora de su ejército. No quiso oír la valerosa reina Mavia la plática de la paz, hasta que perseverando el emperador, y sus capitanes en su petición, y habiéndola Dios nuestro Señor al corazón (porque se había hecho cristiana), vino en ello; pero con condición, que le habían de dar á san Moisen por obispo de su gente. Era Moisen anacoreta, y varón de excelente santidad, que vivía en aquel desierto, y en los confines de los sarracenos, los cuales con la vecindad tenían grande noticia de sus grandes virtudes, y milagros: y como algunos de ellos habían sido enseñados de san Hilarión, abad, como escribe san Gerónimo en su vida, y alumbrados con la luz del Evangelio; la reina Mavia deseó tener consigo obispo, que cultivase aquella tierra inculta, y fomentase aquella centella, que se había encendido en los ánimos de algunos de sus súbditos. Cuando el emperador Valente entendió la condición, que para asentar la paz pedía la buena reina; aunque era hereje, y sabia, que Moisen era católico, disimuló por razón de estado, y mandó, que luego le buscasen, y le ordenasen obispo, y le entregasen á la reina, por lo mucho que le importaba asentar paces con ella. Buscaron los ministros del emperador al santo solitario Moisen: halláronle, y declaráronle la voluntad del emperador, y mucho más la de Dios, que le había escogido, para que siendo obispo, y dando gusto á la reina, librase al pueblo romano de aquella tan grande calamidad, que padecía, y con la paz y quietud sosegase los vientos, y tempestad, que temía, si se continuaba la guerra. Bajó la cabeza el santo, aunque se tenía por indigno de ser obispo, por parecerlo, que aquella era voluntad de Dios, que por entonces se quería servir de él para bien de su pueblo. Lleváronle á Alejandría, para que Lucio patriarca le consagrase: el cual Lucio era hereje arriano, cruel, y fiera bestia, que con violencia había entrado en aquella silla, y con extremada rabia y braveza hecho carnicería de los católicos. Cuando Moisen vio á Lucio; dijo á los capitanes, que le acompañaban: Yo no soy digno de ser obispo, no lo quiero ser: pero si Dios quiere, que lo sea, y con su divina providencia lo ha ordenado así, determinado estoy de no ser obispo por mano de Lucio, ni consentir, que él me consagre, ni ponga sobre mí sus manos. Turbóse el patriarca hereje, oyendo á Moisen, y díjole, que debía estar mal informado, y que era justo, que se informase de su fé antes de condenarle. Aquí el santo respondió: Tus obras hablan, ó Lucio, y á ellas habernos de dar más crédito que á las palabras: tus manos están llenas de sangre: los santos obispos, unos echados de sus sillas y desterrados, otros encarcelados, otros muertos, y todos los católicos, afligidos, y lastimados por tu causa; ¿y tú quieres, que no creamos más á lo que vemos, que á lo que oímos? Finalmente, los ministros del emperador, también por razón de estado convinieron con Moisen, y le llevaron á otros obispos católicos, que andaban desterrados, para que le consagrasen: para que se entienda el recato, que debemos tener los católicos en el no comunicar con los herejes. Consagráronle, y entregáronle á la reina de los sarracenos, que se alegró por extremo con él; y el santo obispo con su vida celestial, doctrina admirable, y con los milagros, que Dios obró por él, alumbró aquella gente, la trajo al conocimiento de Cristo, y la puso debajo del suave yugo del Evangelio, y la ganó tanto, que la reina Mavia dio su hija por mujer á Víctor, capitán del ejército imperial; y después andando el tiempo, muerto ya el emperador Valente, y quemado por los godos, que le habían vencido en batalla, en una pobre casilla, vinieron los mismos godos sobre Constantinopla, y teniéndola cercada, y apretada, los sarracenos la socorrieron de tal manera, que no la pudieron tomar, y alzaron el cerco los godos. Todo esto fué fruto de san Moisen, obispo, el cual acabó santamente el curso de su peregrinación en paz; y de él hace mención el Martirologio romano, y el de Beda, Usuardo, y Adon, á los 7 de febrero; y Rufino, Sócrates, Sozomeno, y Teodoreto, Nicéforo, y el cardenal Baronio en las anotaciones del Martirologio, y en el cuarto libro de sus anales.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

viernes, 6 de febrero de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.