Según
consta en el Directorio Santoral Franciscano, el 10 de Julio, se
recuerda a 8 frailes franciscanos y 3 católicos maronitas seglares, de
la familia Masabki,- que fueron martirizados en Damasco en 1860.
El año 1860 es un período impreso en la mente de todos los cristianos y
no cristianos de Siria y del Líbano, pues en ella se perpetraron
crímenes que, si bien no son los únicos, fueron los más sangrientos de
los cometidos bajo el Imperio Otomano. Los cristianos en este tiempo,
una vez más, fueron el blanco del extremismo y de la impiedad. Muchos de
estos hombres fueron masacrados en Damasco y en el Líbano por los
agentes de la autoridad turca con el propósito de amedrentar a los
creyentes y subrogarlos al régimen imperante. Grupos de extremistas y
fundamentalistas religiosos recorrían las calles invadiendo las casas de
los cristianos para obligarles a renunciar a sus creencias y usurparles
sus bienes.
En la noche del 9 al 10 de Julio de 1860, llegó a su apogeo la matanza
de cristianos que los drusos y los turcos realizaron en toda Siria.
Damasco, sobre todo, fue testigo del asesinato de cientos de personas
víctimas del furor anticristiano.
Los tres hermanos Masabki, Francisco, Abdel Moti y Rafael, pertenecían a
una familia maronita muy conocida en Siria. Uno de ellos era profesor
en la Escuela de los Padres Franciscanos, los otros dos eran
comerciantes; habían acudido al convento en busca de asilo y protección.
Cuando oyeron arreciar los golpes en las puertas del Convento, se
reunieron en la iglesia haciendo oración para que Jesús no los
abandonara. El padre Manuel Ruiz,
superior de la comunidad, para evitar toda profanación protegió el
Santísimo Sacramento, porque los turcos invadían el sagrado recinto. “¡Hazte musulmán o mueres!” le dijo un soldado; y él respondió con fortaleza: “Mil veces antes la muerte”. Colocó su cabeza sobre el altar y se consumó el primer sacrificio.
Mientras los tres hermanos se encontraban rezando ante la imagen de la
Madre Dolorosa, uno de los jefes anarquistas preguntó por los Masabki.
Francisco se dio a conocer, inquiriendo qué querían de ellos. El jefe
insitó a que toda la familia Masabki abjurara de su fe y se convertirse
al islam. Frente a este planteo Francisco le contestó: “Señor hemos
nacido cristianos y queremos morir cristianos”, mirando a sus hermanos,
les alentó a no temer y a confesar su fe. Todos respondieron ratificando
su fe cristiana, afirmando que también deseaban morir en esa condición.
Inmediatamente se recrudeció la violencia y los tres hermanos fueron
brutalmente asesinados junto a los frailes franciscanos el 10 de Julio
de 1864. A todos ellos, once en total, los beatificó Pío XI el 10 de
octubre de 1926.
ASOCIACIÓN CIVIL FÁTIMA LA GRAN ESPERANZA
viernes, 10 de julio de 2026
jueves, 9 de julio de 2026
S A N T O R A L
Nuestra Señora de Itatí
Reina de las selvas y los pueblos guaraníes
Los himnos más dulces que el pecho atesora
Que tierna escogiste, con ojos clementes,
Por reino Corrientes, por trono Itatí.
En vírgenes selvas que adornan la orilla
Do manso se humilla el gran Paraná
En santo Misterio alzaste la tienda,
Que al pobre le expenda de gracia el maná. (bis)
De pueblo fastuoso odiaste el murmullo,
Por dar al orgullo un claro mentís
Fue el indio su cuna, la Cruz su bandera,
La cruz que blandiera un hijo de Asís.
Más pobre, pequeño, tu pueblo María,
fe mar de alegría cual nuevo Belén
que allí de piedades abriste la fuente.
Que allí complaciente fulgura tu sien.
Enfermos, mendigos, el alma afligida,
Que pasan la vida en hondo quejar
El grande, el guerrero, el niño, el anciano
No ruegan en vano al pie de tu altar.
Tus gracias gozaron muy grandes naciones;
Lo sabe Misiones, el bello Uruguay;
Brasil su voz une al pueblo del Plata
Tus glorias relata también Paraguay.
Por eso a tu frente ceñimos coronas
De Reina y Patrona con grato fervor,
Pidiéndote, en cambio, nos des en el cielo
Divino consuelo, corona de amor.
Según la tradición, emigrando hacia el sur para escapar de los constantes ataques indígenas, llegaron los franciscanos desde Ciudad Real, provincia del Guayra (Paraguay), a la reducción de Yaguarí, a cargo de fray Luis Gámez (no Gómez) portando consigo una hermosa imagen de la Inmaculada Concepción que colocaron en un oratorio a orillas del río Tebacué.
Punta de piedra
Un nuevo ataque indio destruyó el lugar y la Virgen desapareció sin dejar rastros. Mucho tiempo después, un grupo de aborígenes que navegaba el Alto Paraná, muy cerca de la reducción de Santa Ana, encontró la imagen sobre una roca. La Virgen se hallaba envuelta por un brillo extraño y una música extremadamente bella sonaba alrededor.
Enterado fray Luis Gámez de aquel prodigio, mandó que llevasen la imagen a su reducción y así se hizo, pero en dos oportunidades regresó al mismo sitio en la que fue hallada anteriormente.
Comprendiendo los misioneros que aquello era voluntad de la Virgen, decidieron trasladar a ese lugar la reducción, epopeya que llevó a cabo fray Luis de Bolaños, sucesor de fray Luis Gámez, entre 1580 y 1608, quien llamó al nuevo pueblo con el nombre de Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí (“punta de piedra” en guaraní). Esta aparición es evocada en la tradición del Litoral como “la leyenda de Ita Huasi”.
Enterado fray Luis Gámez de aquel prodigio, mandó que llevasen la imagen a su reducción y así se hizo, pero en dos oportunidades regresó al mismo sitio en la que fue hallada anteriormente.
Comprendiendo los misioneros que aquello era voluntad de la Virgen, decidieron trasladar a ese lugar la reducción, epopeya que llevó a cabo fray Luis de Bolaños, sucesor de fray Luis Gámez, entre 1580 y 1608, quien llamó al nuevo pueblo con el nombre de Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí (“punta de piedra” en guaraní). Esta aparición es evocada en la tradición del Litoral como “la leyenda de Ita Huasi”.
Extraordinaria transfiguración
Esta imagen, tallada en madera, mide 1,26 metros de altura y nos muestra a la Virgen María, de cabello negro y piel un tanto morena, de pie sobre una media luna, con las manos juntas sosteniendo un rosario. Viste un manto azul y cubre su cabeza una túnica blanca.
El P. Bolaños, acompañado por fray Alonso de San Buenaventura, realizó proezas de evangelización en la región, edificando el templo y la casa parroquial de la reducción en 1608 y estableciendo la parroquia y el municipio de Itatí el 7 de diciembre de 1615.
Era párroco el asunceño fray Luis de Gamarra, sucesor de Bolaños, cuando tuvo lugar la primera transfiguración de la Virgen, en la Semana Santa de 1624. Dijo al respecto el padre Gamarra: “Se produjo una extraordinaria mudanza del rostro, y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto”. La transfiguración duró varios días y se repitió varias veces en los años siguientes, volviendo a escucharse, más de una vez, la misma música que oyeron los indios cuando la encontraron en plena selva.
El P. Bolaños, acompañado por fray Alonso de San Buenaventura, realizó proezas de evangelización en la región, edificando el templo y la casa parroquial de la reducción en 1608 y estableciendo la parroquia y el municipio de Itatí el 7 de diciembre de 1615.
Era párroco el asunceño fray Luis de Gamarra, sucesor de Bolaños, cuando tuvo lugar la primera transfiguración de la Virgen, en la Semana Santa de 1624. Dijo al respecto el padre Gamarra: “Se produjo una extraordinaria mudanza del rostro, y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto”. La transfiguración duró varios días y se repitió varias veces en los años siguientes, volviendo a escucharse, más de una vez, la misma música que oyeron los indios cuando la encontraron en plena selva.
Un portentoso milagro
A partir de entonces, se sucedieron curaciones y milagros a granel. El más significativo tuvo lugar en 1748 cuando los indios abipones intentaron atacar el pueblo y al llegar a sus puertas se abrió en la tierra una gigantesca grieta que les impidió seguir avanzando y asolar la reducción. La indiada huyó despavorida mientras los habitantes de Itatí acudían en masa a su iglesia para dar gracias frente a la imagen.
Entre 1825 y 1860 se asentaron en el lugar las primeras familias blancas que compraron la antigua reducción de los franciscanos, levantando allí un pueblo que crecería considerablemente a partir de 1880, con la llegada a nuestras costas del nuevo flujo migratorio.
Entre 1825 y 1860 se asentaron en el lugar las primeras familias blancas que compraron la antigua reducción de los franciscanos, levantando allí un pueblo que crecería considerablemente a partir de 1880, con la llegada a nuestras costas del nuevo flujo migratorio.
El Santuario que atrae multitudes
Ya convertida en Santuario, la gran Basílica fue visitada en 1935 por San Luis Orione quien de él tomó posesión el 25 de enero de ese mismo año. Para entonces, ya más de dos millones de peregrinos, oriundos no solo de la Argentina sino de otros países iberoamericanos, la visitaban anualmente.
El célebre poeta Carlos Guido Spano compuso un himno en su honor titulado “Señora de las selvas y los pueblos guaraníes”, cuyas más sentidas estrofas rezan así:
El célebre poeta Carlos Guido Spano compuso un himno en su honor titulado “Señora de las selvas y los pueblos guaraníes”, cuyas más sentidas estrofas rezan así:
Señora de las selvas
Y pueblos guaraníes
¡Que dulce nos sonríes,
Divina aparición!
Escucha aqueste himno,
De férvida alabanza
Con vuelos de esperanza
Nacida en la oración.
Fuente: García, Pablo B., F.M.S. “María, reina y madre de los argentinos” http://radiomaria.org.ar/content.aspx?con=729
|
S A N T O R A L
LOS SANTOS ZENON, Y OTROS DIEZ MIL DOSCIENTOS Y TRES
Reinando los emperadores Diocleciano y Maximiano, se dió una orden para que en todas las legiones del imperio se pasase una revista, en la que se separasen todos los legionarios que fuesen cristianos, los cuales debían ser mandados á Roma, donde serian considerados como esclavos.
Efectivamente, de todas las partes del mundo conocido, según dice Baronio en sus Anales, iban llegando á la ciudad eterna cuadrillas de escogidos soldados, que atados, medio desnudos y castigados como malhechores, eran despojados de las insignias militares, y destinados como los esclavos á trabajar en las termas del emperador. Concluido que fué este edificio, fueron contados y llamados á la presencia del prefecto: su número era el de dos mil doscientos y tres, que con su tribuno San Zenón á la cabeza, volvieron á confesar á Jesucristo, y fueron condenados á ser decapitados.
Lleváronlos fuera de la ciudad por la puerta de Trigémina, y habiendo llegado á un valle llamado de las Aguas Salvias, donde está la fuente siempre manante fueron todos degollados, el año 298.
Sus reliquias las recogieron los fieles, y hoy se hallan repartidas entre varias iglesias de Italia.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del
año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que
comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset,
Butler, Godescard, etc.
|
S A N T O R A L
SAN
NICOLÁS PICK Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES DE GORCUM
Once franciscanos del convento de la pequeña ciudad holandesa de Gorcum, junto con otros ocho sacerdotes y religiosos, fueron martirizados por los calvinistas en Brielle por negarse a apostatar de la fe y, en especial, a retirar su obediencia al Papa en 1572.
La
primera página de la historia de la nacionalidad holandesa está manchada de
sangre. Hoy quisieran borrarla todos los holandeses, aun los protestantes más
reaccionarios. Fueron jornadas inexplicables en un pueblo que pasa como
prototipo de cordura y de sentido de tolerancia.
Para comprender lo que entonces sucedió precisa trasladarse al clima político y religioso, también social, de los Países Bajos de la segunda mitad del siglo XVI, ricos y superpoblados, invadidos por los predicantes calvinistas y alzados en guerra sin cuartel contra el dominio español.
Para comprender lo que entonces sucedió precisa trasladarse al clima político y religioso, también social, de los Países Bajos de la segunda mitad del siglo XVI, ricos y superpoblados, invadidos por los predicantes calvinistas y alzados en guerra sin cuartel contra el dominio español.
El año 1566, con la aparición en escena del partido de los gueux o «mendigos», señala el comienzo de una serie de devastaciones iconoclastas en todo el Flandes español, no sin connivencia de la nobleza. Felipe II envía al duque de Alba. La sola presencia del gran estratega, alma recta y mano dura, impone el orden y el silencio. Silencio rencoroso, precursor de las grandes catástrofes. Guillermo de Nassau saca partido de la situación para levantar la bandera de la independencia. El de Alba le derrota en todos los frentes. Pero allí queda la pesadilla de los «mendigos del mar», guarecidos en las islas que ciñen la costa. Gente desgarrada, rebotada de todos los países, sin otro vínculo que el odio a los papistas y la sed del pillaje. Desde 1571 los manda el conde de la Marck, que ha jurado no raparse la barba ni cortarse las uñas hasta el día en que haya vengado, en los sacerdotes y religiosos, la muerte de los condes de Egmont y de Hornes, ajusticiados por los españoles. Un golpe audaz le ha puesto en posesión de la importante plaza fuerte de Brielle, en la desembocadura del Mosa. Iglesias y conventos son saqueados, quemadas las imágenes, asesinados con crueldad refinada los eclesiásticos que no logran ponerse a salvo.
El grupo más importante
de los refugiados estaba formado por trece franciscanos de la Observancia, que
componían, con algunos más, la comunidad existente en la ciudad. Gobernábala
como guardián un religioso de dotes excepcionales, el padre Nicolás Pieck,
joven de treinta y ocho años, en cuyo semblante se espejaban a la par la
penetración de la mente y la limpidez serena del espíritu. Era su vicario el
padre Jerónimo de Weert, de trato agradable y ejemplar en la guarda de sus
obligaciones religiosas. Venían después los padres Nicasio de Heeze, eximio
director de almas; Teodoro van der Eem, anciano de setenta años que desempeñaba
la capellanía del monasterio de religiosas de la Tercera Orden; Willehald de
Dinamarca, venerable y austero nonagenario, expulsado de su patria por la
persecución protestante; Godofredo de Melveren, asiduo apóstol del
confesonario; Antonio de Weer, Antonio de Hoornaert, el recién ordenado
Francisco van Rooy, y un padre Guillermo, que constituía la nota discordante
del cuadro, pues tenía contristada a la comunidad con su conducta poco
regulada. Completaban la comunidad los hermanos legos fray Pedro de Assche,
fray Cornelio de Wyk-by-Duurnstende y el novicio de dieciocho años fray
Enrique.
Había también un religioso agustino, el padre Juan de Oosterwyk,
capellán del segundo monasterio de religiosas de Gorkum. Las dos comunidades
femeninas habían sido puestas a salvo con anterioridad.
Asimismo habían dejado la ciudad a tiempo los canónigos del Cabildo, a
excepción del doctor Pontus van Huyter, administrador de los bienes
capitulares. Se hallaba con los demás en el castillo.
En la noche del 27 de junio la guarnición tuvo que capitular. Brant juró
respetar la vida y la libertad de todos los defensores y refugiados. Pero
¿podía confiarse en la palabra de aquella gente? Como primera precaución todos
se confesaron y se aprestaron con el Pan de los fuertes para la inmolación.
Las escenas que siguieron vinieron a confirmar
plenamente los presentimientos. Primero el saqueo general. Después el
despojo de los detenidos uno a uno. Los gueux querían dinero, y como los
franciscanos, fieles cumplidores de su regla, no lo llevaban, fueron
maltratados sin piedad. El hallazgo de los cálices y demás vasos sagrados,
ocultados en la torre, dio pie para una orgía sacrílega. Durante ocho días
tuvieron que soportar cuantas burlas y crueldades es capaz de inventar una
soldadesca ebria: parodias litúrgicas, simulacros de ejecución, torturas
inauditas. Al padre Pieck le suspendieron con su propio cordón; éste se rompió,
y el guardián cayó al suelo sin sentido. Los verdugos, para comprobar si había
muerto, aplicáronle una llama a los oídos, a la nariz y en el interior de la
boca.
Para curarle fue preciso llamar un cirujano, que resultó ser su propio cuñado, ardid de que se sirvieron los familiares para ver de libertarlo, como ya se había conseguido con otros dos sacerdotes. El padre Pieck, en efecto, era natural de Gorkum, donde tenía parientes y amigos de influencia. Merced a ellos tuvo desde el primer momento la libertad en su mano. Su respuesta, sin embargo, lo mismo ante el cirujano que ante sus dos hermanos, ladeados ya hacia la herejía y empeñados hasta el trance final en doblegarle con ruegos, persuasiones y amenazas, fue invariablemente la del superior fiel a su puesto: -No aceptaré la libertad si no es juntamente con mis religiosos.
El 7 de julio eran conducidos a Brielle. Los reclamaba el conde de la Marck desde su cuartel general. Y el emisario de confianza fue el canónigo apóstata Juan de Omal, auténtica estampa de renegado. Las befas y malos tratos se multiplicaron durante el trayecto y a la llegada al puerto de Brielle. Medio desnudos y atados de dos en dos fueron conducidos a la ciudad, entre los insultos soeces del populacho, y obligados a parodiar una procesión. El canto escogido por los confesores de la fe fue el Te Deum.
En la inmunda cárcel donde fueron hacinados hallaron a los párrocos Andrés Wouters y Andrés Bonders. Aquel mismo día se les unieron dos religiosos premonstratenses: Jacobo Lacops, que seis años antes había dado el escándalo de hacerse pastor protestante, pero lo había reparado con una vida ejemplar, y Adrián de Hilvarenbeek. Sumaban en total veintitrés los prisioneros.
Era demasiado hermoso. El conde de la Marck y su satélite Juan de Omal buscaban la apostasía. Y se iniciaron taimados interrogatorios, proposiciones, disputas sobre puntos de fe. Fue conmovedora la respuesta en que se cerró el lego fray Cornelio, ante las capciosas argumentaciones: -Yo creo todo lo que cree mi superior.
Hubo defecciones dolorosas. Pontus van Huyter y Andrés Bonders lograron la libertad claudicando. El guardián hubo de sufrir el ataque supremo de los suyos: ¡qué le costaba lograr que sus religiosos, sin negar ningún artículo de la fe, retiraran la obediencia al Papa, al menos fingidamente!
A la una de la mañana del día 9 fue la ejecución. Pieck subió el primero a la horca, sin dejar de animar a los demás. Ante el patíbulo hubo aún otras dos deserciones: la del padre Guillermo, tibio hasta el final, y la del novicio imberbe fray Enrique. Los demás afrontaron la muerte con serenidad, resistiendo hasta el final las insinuaciones de los ministros calvinistas.
Los diecinueve fueron canonizados por Pío IX el 29 de junio de 1867.
Los pormenores del martirio, con las noticias concernientes a cada uno de los santos, constan día a día por las fuentes más veraces que pudieran desearse. El escritor Pontus van Huyter lavó la mancha de su defección escribiendo más tarde el relato verificado de cuanto había presenciado. Hay otros relatos contemporáneos, basados en testigos oculares, entre éstos el mismo novicio fray Enrique, que hizo penitencia, ingresando de nuevo en la Orden. La obra fundamental es la de V. G. Estius (Van Est), Historia Martyrum Gorcomiensium (Douai 1603). El autor conoció personalmente a casi todos los mártires y se informó diligentemente. Modernamente ha hecho el estudio definitivo, en la colección «Les Saints», H. Meuffels, C.M., Les Martyrs de Gorcum (París 1908).
Lázaro Iriarte de Aspurz, O.F.M.Cap., Los Santos Mártires de Gorkum, en Año Cristiano, Tomo III, Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 82-85.
* * * * *
De la historia del martirio de los santos Nicolás Pick, Willaldo y compañeros, escrita por un contemporáneo
Después que los prisioneros fueron sacados de la ciudad, se estuvo
buscando un lugar apto para el suplicio, hasta que llegaron al
monasterio de Rugg, conocido con el nombre de Santa Isabel. Había allí
un local amplio, semejante a un granero, que servía de depósito para
hierba seca, que allí se precisaba en abundancia. Había en este lugar
dos vigas, una larga y otra más corta, que parecieron a los soldados ser
a propósito para colgar de ellas a sus prisioneros.
Los condujeron
a aquel granero, mientras ellos, convencidos de que morirían por
defender su fe católica, mutuamente se confortaban en el espíritu y
oraban al Señor con fervor para que les ayudara en aquel trance
definitivo. Cada uno, según Dios le inspiraba, confortaba a los demás,
animándose con la esperanza de conquistar la retribución imperecedera y
con la posesión definitiva del reino de los cielos, exhortándose también
a soportar con valor cuantos suplicios les esperaban, sin perder el
ánimo y venciendo la muerte corporal. Después los despojaron de sus
vestidos y los dejaron totalmente desnudos.
El padre Guardián fue
escogido el primero para sufrir aquel horrendo suplicio. Abraza y besa a
cada uno, y con palabras graves les exhorta a que permanezcan fieles en
la fe católica; y que mueran con valentía por ella, manteniendo el
espíritu y amor de fraternidad que durante su vida les había unido en la
vida religiosa, permaneciendo fieles hasta la muerte en la misma fe y
en el mismo espíritu, sin perder en aquella hora final el amor que toda
su vida les había mantenido unidos; que tenían ya cercano el premio que
Dios les había prometido y por el que venían luchando toda su vida: la
corona eterna de la felicidad; que preparadas estaban estas coronas,
pendientes de posarse sobre sus cabezas; que por cobardía no las
despreciaran en aquel trance; finalmente, que siguieran su ejemplo con
valor ante el suplicio.
Diciendo estas palabras y otras parecidas,
con intrepidez sube las gradas del patíbulo; con rostro cargado de paz y
de cristiana alegría, avanza y no deja de pronunciar frases de aliento
hasta que su garganta queda atrapada por las cuerdas de la horca. Su
cuerpo pende en el aire. Y el vicario, padre Jerónimo, Ecio Nicasio y
los dos párrocos, Leonardo y Nicolás, se dedican a reafirmar a sus
compañeros, cumpliendo en aquel trance supremo su labor pastoral
definitiva.
Todos fueron colgados de la viga más larga, excepto
cuatro. Tres de éstos pendían en la viga más corta; entre el padre
Guardián y el hermano lego, fray Cornelio, se hallaba Godofredo Duneo;
el último en ser ahorcado fue Jaime, premonstratense, que pendía de una
escalera. Por lo demás, los soldados, con gran sarcasmo, no a todos les
colocaron las cuerdas en el cuello, sino que a unos se las pusieron en
la boca, a modo de mordaza; a otros, en la barbilla; incluso algunos
lazos eran flojos, para prolongar más el suplicio, como el del venerable
Nicasio, que, al clarear el nuevo día, aún no había expirado, por
habérsele prolongado la respiración. Aquellos esbirros emplearon en tan
horrendo crimen dos largas horas, a partir de la media noche.
Acta Sanctorum julii II, París 1867, pp. 798-801; cf. Liturgia de las Horas. Propio de la Familia |
fuente http://www.franciscanos.org/bac/nicolaspick.html
miércoles, 8 de julio de 2026
S A N T O R A L
SAN AQUILA y SANTA PRISCILA
Hechos de los Apóstoles 18,1-11:
Pablo en Corinto
Tras esto, partiendo de Atenas, llegó
a Corinto. Y habiéndose encontrado con cierto judío por nombre Aquilas, póntico
de origen, recientemente venido de Italia, y con Príscila, su mujer —con motivo
de haber Claudio ordenado que todos los judíos abandonasen a Roma—, se allegó a
ellos; y por ser del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaba; porque eran
de oficio fabricantes de tiendas de campaña.
notas:
Póntico: natural del Ponto.
Según Orosío, los judíos fueron expulsados
de Roma el año noveno de Claudio (25 de enero del 49 al 25 de enero del 50).
Pablo llegaría a Corínto el año 50 ó el 51
Fuente: Sagrada Biblia (Bover-Cantera
B.A.C)
SANTA PRISCILA, también llamada PRISCA, y bajo los dos nombres es muy conocida , por el honroso recuerdo que de ella se hace en las actas de los apóstoles y en las epístolas de san Pablo.
Era esposa de Aquila, célebres ambos por el celo que
manifestaron en favor de los progresos del Evangelio. Los dos consortes vivían
en Roma, cuando el edicto de destierro publicado por el emperador Claudio
contra los judíos, les obligó a retirarse a Corinto, donde tuvieron la dicha de
hospedar en su casa al apóstol San Pablo. Cuando este se vio en la necesidad de
huir de Corinto para escapar al furor de sus perseguidores, Prisca y Aquila ,
exponiendo sus vidas, lo pusieron en salvo y le acompañaron hasta Efeso. Desde
aquí se fueron otra vez a Roma, donde estaban cuando san Pablo escribió su
epístola á los romanos, el año 58 de Jesucristo. Pasado algún tiempo volvieron
a Efeso, y permanecían aún en esta ciudad al escribir el apóstol su segunda
epístola a Timoteo; ignorándose las circunstancias posteriores de su vida, y el
género de muerte que les cupo.
Los griegos y los latinos celebran la memoria de estos santos esposos, y hay en la Iglesia occidental la tradición de que San Pedro había consagrado un altar en su misma casa, tradición apoyada en estas palabras de San Pablo en el capítulo 16 de su epístola a los romanos: Salutate Priscam el Aquilam, et domeslicam Ecclesiam corum: Saludad á Frisca y á Aquila, y a la Iglesia que está en su casa.
Hechos de los Apóstoles 18,1-11:
Pablo en Corinto
Tras esto, partiendo de Atenas, llegó a Corinto. Y habiéndose encontrado con cierto judío por nombre Aquilas, póntico de origen, recientemente venido de Italia, y con Príscila, su mujer —con motivo de haber Claudio ordenado que todos los judíos abandonasen a Roma—, se allegó a ellos; y por ser del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaba; porque eran de oficio fabricantes de tiendas de campaña.
notas:
Póntico: natural del Ponto.
Según Orosío, los judíos fueron expulsados
de Roma el año noveno de Claudio (25 de enero del 49 al 25 de enero del 50).
Pablo llegaría a Corínto el año 50 ó el 51
Fuente: Sagrada Biblia (Bover-Cantera
B.A.C)
SANTA PRISCILA, también llamada PRISCA, y bajo los dos nombres es muy conocida , por el honroso recuerdo que de ella se hace en las actas de los apóstoles y en las epístolas de san Pablo.
Era esposa de Aquila, célebres ambos por el celo que
manifestaron en favor de los progresos del Evangelio. Los dos consortes vivían
en Roma, cuando el edicto de destierro publicado por el emperador Claudio
contra los judíos, les obligó a retirarse a Corinto, donde tuvieron la dicha de
hospedar en su casa al apóstol San Pablo. Cuando este se vio en la necesidad de
huir de Corinto para escapar al furor de sus perseguidores, Prisca y Aquila ,
exponiendo sus vidas, lo pusieron en salvo y le acompañaron hasta Efeso. Desde
aquí se fueron otra vez a Roma, donde estaban cuando san Pablo escribió su
epístola á los romanos, el año 58 de Jesucristo. Pasado algún tiempo volvieron
a Efeso, y permanecían aún en esta ciudad al escribir el apóstol su segunda
epístola a Timoteo; ignorándose las circunstancias posteriores de su vida, y el
género de muerte que les cupo.
Los griegos y los latinos celebran la memoria de estos santos esposos, y hay en la Iglesia occidental la tradición de que San Pedro había consagrado un altar en su misma casa, tradición apoyada en estas palabras de San Pablo en el capítulo 16 de su epístola a los romanos: Salutate Priscam el Aquilam, et domeslicam Ecclesiam corum: Saludad á Frisca y á Aquila, y a la Iglesia que está en su casa.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del
año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que
comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset,
Butler, Godescard, etc.
|
martes, 7 de julio de 2026
S A N T O R A L
SAN PANTENO, CONFESOR
Este santo, llamado la abeja de Sicilia, á causa de su extraordinaria elocuencia, floreció durante el siglo II de la Iglesia. Nació en Sicilia, y pertenecía a la secta de los estoicos, cuando habiendo trabado relaciones y amistad con algunos cristianos, y enamorado de las virtudes que practicaban, abandonó las supersticiones del paganismo, y abrió sus ojos a la fé. Después de su conversión, dedicóse al estudio de los libros santos bajo la dirección de los discípulos de los apóstoles en la famosa escuela de Alejandría, a cuyo frente fué colocado, el año 179, dirigiéndola por espacio de muchos años con la más asombrosa reputación. Panteno fué el primer maestro cristiano de su siglo, y tal vez pocos lo hayan excedido en los posteriores. Su capacidad y excelente método que seguía en sus instrucciones, atraían a su escuela a todos los extranjeros, de los cuales muchos abrazaban el Evangelio, y se volvían de Alejandría, pregonando la admirable ciencia del maestro.
Los
cristianos de la India le enviaron un mensaje para que fuese a su país a
combatir contra los bramas en favor de la religión verdadera, y
Panteno, que no deseaba otra cosa en este mundo que la gloria de Dios y
el aumento de su grey santa, dejó su escuela y marchó a aquellas
apartadas regiones. Bien pronto se hizo conocer la eficacia de su celo,
pues todas las naciones orientales, que él recorrió brillaron desde
luego con los fulgores de la fe, y lo reconocieron por su apóstol. Al volver, después de algunos años, a Alejandría, trajo consigo un evangelio de San Mateo en hebreo, que había encontrado en la India donde lo había
dejado San Bartolomé. Todavía continuó enseñando hasta que, siendo ya de
muy avanzada edad, murió santamente, en Alejandría, por los años 215,
dejando una reputación de sabiduría y de virtud de que pocos han gozado
en más alto grado.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del
año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que
comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset,
Butler, Godescard, etc.
|
lunes, 6 de julio de 2026
S A N T O R A L
Santa Maria Goretti, virgen y mártir
Homilía de SS Pio XII pronunciada el 25 de Junio de 1950 durante la Santa Misa celebrada en honor de Santa María Goretti:
La virginidad es una manera angélica de vivir, que la
religión cristiana llevó a un tal grado de perfección, que parece ser ajena a
la tierra, y convenir solamente al Cielo: pero si la palabra del martirio se
agrega a ella, al encanto y al brillo de la gracia se le une la victoria de la
fortaleza, y todas las almas nobles se ven arrastradas por ella a los actos
heroicos exigidos por los preceptos divinos. Todo esto lo admiramos en la
virginal niña que Nos ha sido dado coronar ayer con la gloria de los Santos del
Cielo, María Goretti.
Sus padres pertenecían a la clase obrera, y para ganar con un trabajo honesto el pan para su numerosa familia, tuvieron que abandonar su pequeña ciudad y se mudaron a la provincia del Lazio, donde pudieron asegurarse, muy modestamente, la subsistencia de sus hijos por medio del trabajo en el campo.
Al candor de su alma, María le agregaba su ardor al trabajo y desde sus más tiernos años no solamente se distinguió por la luminosa pureza de su vida, sino también por el cuidado y la diligencia con los cuales ayudaba, alegremente y sin cansarse, a su madre y en todos los trabajos de la casa.
Cómo no sabía leer, aprendió los preceptos del cristianismo de su propia madre, quien cuidaba que ellas penetrasen su alma atenta.
No había nada más agradable ni más suave para ella que dirigirse cada vez que le era posible a la iglesia, que estaba bastante lejos de su hogar, y en donde podía dirigir a Dios y a la Bienaventurada Virgen María sus oraciones llenas de amor.
Cuando finalmente pudo acercarse a la mesa eucarística y nutrirse con el alimento celestial, lo hizo con una piedad tan grande, con una caridad tan ardiente, que más que una niña se parecía a un ángel con envoltura humana.
Sin ninguna duda, fue de allí donde sacó esa fuerza celestial que le permitió pocos meses después, cuando aún no había cumplido doce años, combatir victoriosamente hasta la muerte para conservar intacto y sin mancha el lirio inmaculado de su inocencia, pero tiñéndolo de púrpura con la sangre de su martirio por el Divino Autor de su vida virginal.
En esta lucha tan dura, como cada uno de ustedes bien lo sabe, tuvo que comprometerse esa virgen indefensa.
Sus padres pertenecían a la clase obrera, y para ganar con un trabajo honesto el pan para su numerosa familia, tuvieron que abandonar su pequeña ciudad y se mudaron a la provincia del Lazio, donde pudieron asegurarse, muy modestamente, la subsistencia de sus hijos por medio del trabajo en el campo.
Al candor de su alma, María le agregaba su ardor al trabajo y desde sus más tiernos años no solamente se distinguió por la luminosa pureza de su vida, sino también por el cuidado y la diligencia con los cuales ayudaba, alegremente y sin cansarse, a su madre y en todos los trabajos de la casa.
Cómo no sabía leer, aprendió los preceptos del cristianismo de su propia madre, quien cuidaba que ellas penetrasen su alma atenta.
No había nada más agradable ni más suave para ella que dirigirse cada vez que le era posible a la iglesia, que estaba bastante lejos de su hogar, y en donde podía dirigir a Dios y a la Bienaventurada Virgen María sus oraciones llenas de amor.
Cuando finalmente pudo acercarse a la mesa eucarística y nutrirse con el alimento celestial, lo hizo con una piedad tan grande, con una caridad tan ardiente, que más que una niña se parecía a un ángel con envoltura humana.
Sin ninguna duda, fue de allí donde sacó esa fuerza celestial que le permitió pocos meses después, cuando aún no había cumplido doce años, combatir victoriosamente hasta la muerte para conservar intacto y sin mancha el lirio inmaculado de su inocencia, pero tiñéndolo de púrpura con la sangre de su martirio por el Divino Autor de su vida virginal.
En esta lucha tan dura, como cada uno de ustedes bien lo sabe, tuvo que comprometerse esa virgen indefensa.
Ella es mi fortaleza; ella me aconseja y me socorre. Es más poderosa que todos mis enemigos…”
Por eso, sostenida por la gracia celestial, a la cual correspondía con su voluntad fuerte y generosa, dio su vida, pero no perdió la gloria de su virginidad.
En la vida de esta humilde hija, que a grandes rasgos hemos recordado, Nos es dado ver, venerables hermanos y queridos hijos, un espectáculo no solamente digno del Cielo, como ya lo hemos dicho, sino también digno de una mirada de admiración y de respeto de los hombres de nuestro tiempo.
Que los padres y las madres de familia enseñen cuánto importa que eduquen en la rectitud, la santidad y la fuerza de carácter a los hijos que Dios les ha confiado, y que los formen según los preceptos de la religión católica, de tal manera que cuando su virtud sea probada, con la ayuda divina, salgan victoriosos, intactos e inmaculados.
En la vida de esta humilde hija, que a grandes rasgos hemos recordado, Nos es dado ver, venerables hermanos y queridos hijos, un espectáculo no solamente digno del Cielo, como ya lo hemos dicho, sino también digno de una mirada de admiración y de respeto de los hombres de nuestro tiempo.
Que los padres y las madres de familia enseñen cuánto importa que eduquen en la rectitud, la santidad y la fuerza de carácter a los hijos que Dios les ha confiado, y que los formen según los preceptos de la religión católica, de tal manera que cuando su virtud sea probada, con la ayuda divina, salgan victoriosos, intactos e inmaculados.
Que la infancia alegre y la juventud ardiente aprendan a no abandonarse perdidamente a las alegrías efímeras y vanas de voluptuosidad, ni a los placeres de vicios embriagadores que destruyen la apaciguada inocencia, engendran una sombría tristeza y debilitan tarde o temprano las fuerzas del alma y del cuerpo, sino más bien a tender con entusiasmo, aún en medio de penosas dificultades, hacia esa paz cristiana de las costumbres que por la energía de nuestra voluntad, ayudada por los dones celestiales, por el esfuerzo, el trabajo y la oración, todos podemos alcanzar.
Que este mundo voluptuoso y demasiado inclinado a hacer el mal aprenda de una vez a venerar y a imitar la victoria de la fortaleza en esta virginal niña.
Que todos miren este lirio campestre, exhalando su olor suavísimo, estas palmas radiantes de martirio, y que entiendan cuán poderosos son los principios cristianos para conducir a los hombres dentro de la rectitud y formarlos, y cuánto las alegrías superiores -que nacen de una inocencia de vida guardada intacta y de una virtud laboriosamente adquirida- traspasan y eclipsan los vanos placeres de la voluptuosidad. Sólo Dios, en efecto, puede colmar de paz y tranquilidad las almas de los hombres, y calmar sus deseos infinitos.
Que todos miren este lirio campestre, exhalando su olor suavísimo, estas palmas radiantes de martirio, y que entiendan cuán poderosos son los principios cristianos para conducir a los hombres dentro de la rectitud y formarlos, y cuánto las alegrías superiores -que nacen de una inocencia de vida guardada intacta y de una virtud laboriosamente adquirida- traspasan y eclipsan los vanos placeres de la voluptuosidad. Sólo Dios, en efecto, puede colmar de paz y tranquilidad las almas de los hombres, y calmar sus deseos infinitos.
| La madre de Maria y Alessandro Serenelli |
No todos estamos destinados a sufrir el martirio sino a alcanzar la virtud cristiana para la cual somos llamados. La virtud requiere una fuerza que, si no alcanza a las cimas de la fuerza de esta angélica niña, exige de nosotros nada menos que un esfuerzo prolongado, asiduo, indefectible, hasta el fin de la vida.
Por esto se puede decir que Jesucristo nos invita a un martirio largo y continuo, con esas divinas palabras: “El Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo alcanzan”.
Por esto se puede decir que Jesucristo nos invita a un martirio largo y continuo, con esas divinas palabras: “El Reino de los Cielos sufre violencia, y son los violentos quienes lo alcanzan”.
Fuertes en la gracia celestial, tendamos todos a esto:
la Santa Virgen y Mártir María Goretti nos exhorta a ello. Que desde lo alto de
los Cielos, donde está gozando de la felicidad eterna, le pida al Divino
Redentor que todos, cada uno según la condición de Nuestra vida, sigamos con
ardor sus huellas. Amén
Comentarios de Plinio Corrêa de Oliveira sobre Santa María Goretti y la castidad
.....
Santa María Goretti es la adhesión radical a la enseñanza del Magisterio de la Iglesia sobre la castidad. Para un católico ejemplifica que debe morir antes que perder su pureza. ¿Una
enseñanza dura? Pero la Iglesia siempre ha hablado de esta manera. La
Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía siempre ha sido
llamada, y sigue siendo, "el vino que genera las vírgenes".
Como Santa María Goretti pudo resistir
a su agresor con una gracia especial de Dios, también nosotros seriamos incapaces
de resistir la onda de impureza en el mundo contemporáneo sin una gracia
especial. Para ayudar a lograr esto hay que tener fe, tener piedad, orar,
y no olvidarse de la penitencia y la reparación.
Hay otro punto que quiero enfatizar. Entre las
soluciones a la crisis actual no es que nunca se hable de la castidad. En
su lugar, debe tener un papel predominante. No puede haber verdadero orden
social sin las familias bien constituidas, y no puede haber verdadero orden de cada
miembro de la familia si la familia no practica la castidad según su estado.
No es la perfecta castidad de los religiosos o religiosas,
sino también la castidad conyugal que debe existir en los casados. Hay dos
formas de hacerlo: practicarla y defenderla. Sin la pureza cualquier
orden social o político, inevitablemente, cae en la ruina. No puede haber
una lucha seria contra los enemigos de la civilización cristiana, ni una
batalla en serio para su restauración, si la pureza no es colocada como fundamento.
Tenemos que preguntarnos si Santa María Goretti es
nuestro modelo en la defensa la pureza y de ayudarla y a preservarla. Y
si, por alguna circunstancia desafortunada, nos desviamos de esta línea recta,
tenemos que pedirle que nos inspire una
verdadera contrición y arrepentimiento, como lo hizo con su propio asesino. Si
somos puros, seremos las piedras vivas con las que se construirán el reinado del
Corazón Inmaculado de María, cuyo triunfo fue predicho en Fátima.
fuente: traducción del texto en italiano http://www.pliniocorreadeoliveira.info/printpage.asp?page=Italiano.htm
|
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








.jpg)

