sábado, 6 de junio de 2026

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.
Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.
Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.
Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y únete con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.
Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.
Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.
Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que la historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.
Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.
Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.
Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.
Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.
Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.
Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.
Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.
Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Inmaculado Corazón triunfará.

Nota:La transcripción de esta conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP, mantiene un estilo verbal, y no fué revisada por el autor.

Primer Sábado del Mes

Devoción al Rosario

 y al Inmaculado Corazón de María


En la segunda aparición en Fátima la Santísima Virgen insistió sobre el Rosario diario y recomendó a los tres niños que aprendieran a leer. En esta ocasión, Nuestra Señora prometió que, en breve, llevaría al cielo a Francisco y Jacinta, y anunció que Lucía viviría más tiempo para cumplir en la tierra una misión providencial: “Jesús quiere servirse de tí para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Al percibir que Lucía estaba aprensiva, Nuestra Señora la confortó diciéndole: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.
En esa aparición, María Santísima mostró a los pastorcitos un corazón cercado de espinas que se le clavaban por todas partes, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación. En una revelación posterior a la Hermana Lucía, en 1925, la Virgen María prometió asistir en la hora de la muerte, 
con todas las gracias necesarias para la salvación, a quienes durante cinco meses, en el primer sábado, recibieran la Sagrada Comunión, rezaran el Rosario y la acompañaran quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarla.

Promesas de Nuestra Señora de Fátima

En la aparición de Junio de 1917, Nuestra Señora prometió a los tres pastorcitos que llevaría al Cielo a aquellos que abrazaran la devoción al Inmaculado Corazón de María. Al respecto, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, gran apóstol de la devoción mariana, comentó en una conferencia dictada en 1994: "La Santísima Virgen pide muy poco: Si lo hicieran os daré. Si no lo hicieran, no quiere decir que no os amaré, pero... si fuereis sedientos de aprovechar esta promesa de mi Inmaculado Corazón tanto más yo os amaré. ¡Venid!"
Sin embargo, cuántas personas adoptan una actitud indolente delante de promesas de éstas: las promesas del Sagrado Corazón de Jesús respecto a los nueve primeros Viernes; la promesa del Escapulario del Carmen, de ser sacado del fuego del Purgatorio en el primer Sábado, ¡qué promesas magníficas!".

S A N T O R A L

SAN NORBERTO, OBISPO Y CONFESOR

La Iglesia alaba a San Norberto como "elocuente predicador de la palabra divina y fundador de una nueva familia religiosa". Estos son, en efecto, los dos rasgos principales de este gran siervo de Dios, que continuó en el siglo XII la obra que ayer mirábamos en San Bonifacio.

SAN NORBERTO Y SAN BONIFACIO

Este último, para asegurar los frutos de su apostolado, fundaba monasterios benedictinos en las regiones que evangelizaba. Norberto, para extender y continuar el suyo, fundó una familia de Canónigos Regulares y luego otra de religiosas, que tendrían, en el interior del claustro, todos los ejercicios de la vida contemplativa.
Ambos comenzaron su ministerio después de retiros, oraciones y penitencias. Pero con la diferencia de que, mientras el futuro apóstol de Alemania entró en el monasterio a los siete años de edad, San Norberto no lo hizo sino a la edad de 33, después de haberse entregado a las vanidades del mundo, hasta que, tocado por una gracia especial, se dió a Dios, y se desquitó con su fervor y celo, de los años que había pasado entregado a una vida mundana.

Los PREMONSTRATENSES

San Norberto quiso que sus hijos uniesen la vida activa a la contemplativa. A las obligaciones del Oficio divino, a las austeridades de una penitencia ininterrumpida, debían añadir la salvación de las almas por medio de la predicación y de la administración de los Sacramentos.
Faltaba en la Iglesia de Dios este complemento a la obra de los monjes, que habían reformado el episcopado, pero no podían, en la medida que era necesario, abandonar los claustros y tomar sobre si el cuidado de las almas, a las que tanto mal hacían en aquel tiempo los pastores indignos, por la simonía y la inmoralidad. Únicamente la vida religiosa era capaz de exaltar la dignidad del sacerdocio. San Norberto fue escogido por Dios para realizar en parte esta reforma, y Dios bendijo de tal modo su obra, que pudo fundar monasterios en casi todos los países de Europa y aún de Oriente.
León XIII dividió a los Premonstratenses en cinco provincias, que cuentan entre todas unos 1.000 religiosos, y cuya cabeza es la Abadía austríaca de Stravov. Las religiosas Norbertinas poseen unos diez monasterios.

VIDA

Norberto nació en 1082 en Xanten, en Renania. Hecho canónigo de esta ciudad y luego capellán del emperador Enrique V, vivió primero en el lujo y en los placeres. Pero pronto se convirtió y abandonó la corte, renunció a su beneficio de canónigo, distribuyó sus bienes a los pobres, para consagrarse completamente a la predicación. Tuvo el gozo de convertir a muchos herejes y pecadores. En 1120 se  estableció en Prémontré, en la diócesis de Laón. En esta soledad, se le juntaron varios compañeros, y allí fué donde fundó su Orden, que tomó el nombre del lugar, y, aprobada por Honorio III, se propagó de un modo admirable. En 1126 fué elegido, contra su voluntad, Obispo de Magdeburgo: allí salió a la defensa de la disciplina eclesiástica, reformó el clero, vivió en la mayor pobreza y dió el más admirable ejemplo de virtudes. Después de haber asistido a los concilios de Lieja y de Reims en 1131, en los cuales se encontró con Inocencio II, acompañó al Papa a Roma, reprimió el cisma de Pedro Leonis y murió en Magdeburgo en 1134.

ALABANZA

Supiste, oh Norberto, como convenía, recuperar sabiamente el tiempo en aquellos días malos en que tú mismo por tanto tiempo hubiste defraudado a Dios en los designios de su amor. Los años desaprovechados por ti en el servicio del Maestro, se los devolviste multiplicados al infinito; aumentados con todos aquellos que le han dado tus hijos. En veinte años tus mismas obras llenaron al mundo. El cisma vencido, la herejía abatida para gloria del Sacramento de la Eucaristía, los derechos de la Iglesia reivindicados contra los poderosos del mundo, el sacerdocio restaurado a su pureza primitiva, la vida cristiana reconstruida sobre sus verdaderos fundamentos, que son la oración y la penitencia: todo esto se debe a la generosidad con que respondiste a la gracia del Espíritu Santo. Haz que también nosotros comprendamos que nunca es tarde para comenzar a servir a Dios, e imitándote, conozcamos que aun en el atardecer de la vida, el tiempo que resta, basta para hacernos santos si nos damos completamente a Dios.

PLEGARIA

La fe, la devoción al Sacramento del Altar y a la Inmaculada Madre de Dios fueron tus principales virtudes: hazlas brotar en nuestro escéptico siglo, que va encaminándose hacia el abismo. No olvides desde el cielo las regiones que evangelizaste: Magdeburgo, que ha perdido la fe; Praga, que conserva tus reliquias, y Francia, que hace alarde de tu gloria. Para la salvación de nuestro tiempo, alcánzanos de Dios que tu Orden recobre su antiguo esplendor; y bendice a todos aquellos de tus hijos que trabajan por hacer revivir en nosotros tus beneficios.
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer
Tomo IV pag. 325 y siguientes

viernes, 5 de junio de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

S A N T O R A L



SAN BONIFACIO, OBISPO Y MARTIR


Después de encomiar las excelsas virtudes del Patriarca de Occidente, y de describir los rasgos esenciales de su Regla, S. S. Pío XII, con su encíclica "Fulgens radiatur", dada con ocasión del XIV centenario de la muerte de San Benito, pone de relieve la extraordinaria influencia de la Orden que fundó únicamente para el servicio de Dios.

INFLUENCIA DE LA ORDEN BENEDICTINA

La historia lo atestigua. "En el curso de aquella época de tinieblas, en que reinaba la ignorancia en los hombres y el desorden en las cosas, los hijos de San Benito fueron casi los únicos que se ocuparon en conservar los monumentos doctrinales y literarios, en transmitirlos con todo cuidado, y comentarlos. Fueron los primeros que cultivaron las artes, las ciencias, la enseñanza, y las difundieron de todos los modos posibles.
"Ellos fueron los enviados por los Sumos Pontífices a extender con fruto por los confines del mundo el reino de Cristo, no con la espada, ni con la violencia, ni con el exterminio, sino con la Cruz y el arado, por medio de la verdad y la caridad. Donde quiera que fuesen estas tropas sin armas, compuestas de predicadores de la religión cristiana, de artesanos, de labradores, de maestros en las ciencias divinas y humanas, la tierra hasta entonces dejada en baldío, comenzaba a ser cultivada; las artes plásticas y las bellas artes se desarrollaban; los habitantes, abandonando su vida salvaje y brutal, eran instruidos en las costumbres sociales y en la civilización. Porque ante ellos, resplandecía, como rayo luminoso, la doctrina y las virtudes evangélicas.
"Multitud de apóstoles, ardiendo en celeste caridad, recorrieron todas las regiones inexploradas y bárbaras de toda Europa. Las regaron con sus sudores y su sangre generosa, y después de pacificar a los pueblos, les llevaron la luz de la doctrina católica y de la santidad...
"De hecho, no sólo Gran Bretaña, Francia, Holanda y Frigia, Dinamarca, Alemania, Pannonia y los países Escandinavos, sino también una multitud inmensa de pueblos eslavos se glorían de haber tenido como apóstoles a los monjes, a los cuales consideran como el honor de su historia y los ilustres fundadores de su civilización."

SAN BONIFACIO

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Uno de estos monjes es el santo que la Iglesia propone hoy a nuestra admiración, a nuestro culto y a nuestro agradecimiento. Monje celoso y sabio, pronto se reveló su vocación de misionero, y fueron tales sus éxitos apostólicos, que los Papas y los Reyes acudieron a él, no sólo para convertir a los pueblos paganos, sino para fundar y reformar las iglesias. Fué obispo, legado y diplomático. Con razón el Papa Gregorio II cambió su nombre de Winfrido por el de Bonifacio, esto es, Bienhechor. Fué uno de los personajes más ilustres del siglo VIII, y quizás el santo más glorioso. Acabó su brillante carrera con el martirio, demostrando así que, siempre y en todas partes, no le había guiado más que un purísimo amor de Dios, y de los hombres.
San Bonifacio es considerado el Apóstol de Alemania, de la que fue declarado Patrono. También es patrono de Inglaterra y Turingia, así como patrono o copatrono de varias diócesis de los Países Bajos.

VIDA

San Bonifacio nació hacia el 680 en el reino anglosajón de Wesse. A los 7 años entró en la Abadía de Exeter. Enviado a la de Nursling para que continuase sus estudios y después enseñar, se distinguió por su fidelidad a todas las observaciones de la Regla y por su celo en predicar a los grandes y pequeños de los alrededores.
San Bonifacio derriba el árbol idolátrico
Su deseo de llevar la verdad a los paganos, le obligó a partir, con tres compañeros para Frisia, donde permaneció algún tiempo. Volvió a su monasterio y partió otra vez para ir a Roma en el año 718. El Papa Gregorio XI le entregó una carta de investidura autorizándole para que predicase la fe a los idólatras de Alemania. San Bonifacio se dirigió hacia Baviera, Turingla, y finalmente se estableció en Frisia, que acababan de conquistar los francos, y donde se hallaba ya San Willibrordo. Después de tres años, se internó en el país y evangelizó la región de Hesse. En el 722, Gregorio II le consagró Obispo, pero no le dió una diócesis fija. En el 724 estaba en Turingia, luego pasó a Baviera, donde estableció numerosos obispados, de modo que al cabo de 20 años fueron evangelizadas todas las regiones de Alemania, sometidas a los francos.
Después de la muerte de Carlos Martel, emprendió, con ayuda de su hijo Pipino, la reforma de la Iglesia franca, convocó concilios para extinguir la simonía e hizo que todos los obispos se sometiesen a la jurisdicción del vicario de Cristo. Puso su sede en Maguncia en el año 747, pero, cuando quiso volver a Frisia, fué martirizado en Dokkum el 5 de Junio de 754. Su cuerpo fué trasladado al Monasterio de Fulda, en el cual es venerado de toda Alemania católica, de la que es el Patrón.

PLEGARIA

Ante el celo de tu alma, la grandeza de tus obras y la gloria de tu martirio, la admiración iguala en nosotros al reconocimiento, oh tú, a quien tantos pueblos te son deudores. Sin ti no hubiera sido posible la formación del Sacro Imperio; sin ti hubiera perecido la Iglesia franca a causa de la simonía de sus obispos; sin ti varias naciones, desde Holanda hasta el Tirol, habrían permanecido bárbaras e idólatras: Por lo cual también nosotros nos regocijamos por la gloria que el Señor te ha concedido en el cielo.
"Me alegraré en Jerusalén y me gozaré en mi pueblo; y no se oirá el grito de los llantos ni la voz de la angustia. Mis elegidos no trabajarán en vano ni engendrarán en la tribulación; porque son raza bendecida por el Señor y sus hijos son benditos con ellos." 
Que estas palabras se verifiquen más y más. La herejía ha manchado el campo de tu apostolado, y después de guerras sangrientas, las naciones quieren reconstituir en Europa la unidad y la paz que tanto procuraste establecer. Dios quiera que los príncipes comprendan que no se encontrará esta unidad y esta paz, sino en el retorno a la fe que predicaste, en la obediencia a la Iglesia y al Papa como nos lo enseñaste con tu ejemplo.
Ruega por nosotros: pide a Dios que suscite en nuestro mundo moderno apóstoles poderosos en obras y en palabras, como tú lo fuiste. Ven de nuevo a salvar a Europa de la anarquía, destruyendo el reino de Satanás y devolviéndonos la fe.

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

Tomo IV pag 321 y siguientes