miércoles, 21 de octubre de 2026

S A N T O R A L

SANTA ÚRSULA, Y LAS ONCE MIL VÍRGENES, MÁRTIRES


Arcón relicario con los restos de Santa Úrsula
El día 21 de octubre celebra la santa madre Iglesia el martirio de santa Úrsula, y de las once mil vírgenes, sus compañeras, en cuya historia hay algunas cosas ciertas, y otras apócrifas y dudosas: lo cierto es, que santa Úrsula, y todas sus santas compañeras, fueron vírgenes y mártires y que fueron once mil, porque, aunque el Martirologio romano no dice que fueron once mil, ni la oración que de ellas rezamos; pero dícenlo Beda y Adon en sus Martirologios, y Molano en las adiciones que hizo al Martirologio de Usuardo, y otros autores: y aunque no hubiese ninguno que lo dijese; para creerlo, bastaría la tradición sola, y común sentido de la Iglesia; pero lo que es incierto y dudoso, es la manera de su martirio, la ida de estas vírgenes á Roma con tan grande acompañamiento, y el venir con ellas, cuando se volvían, el papa Ciríaco, dejando el sumo pontificado: y otras cosas, como estas, que escriben algunos, no tienen fundamento, ni autoridad, ni aun probabilidad, y contradicen a la verdad de la historia eclesiástica, y á toda buena razón: y así, dejando aparte lo que comúnmente se dice del modo con que se pudieron juntar, y el fin con que se juntaron once mil doncellas, y después todas juntas murieron por la fé de Cristo nuestro Señor, y alcanzaron coronas de vírgenes y mártires, diré aquí lo que al cardenal Baronio, y á Guillermo Lindano, obispo de Ruremunda, varones doctísimos, les parece más probable y seguro, sacándolo de un libro muy antiguo de la librería Vaticana de Roma, que trata de las cosas de Bretaña; cuyo autor es Gaufrido, obispo asafense, en el reino de Inglaterra; y es de esta manera.
Resultado de imagen para SANTA ÚRSULA, Y LAS ONCE MIL VÍRGENES, MÁRTIRESSiendo emperador Graciano, hijo del emperador Valentiniano, el mayor, un capitán suyo, llamado Máximo, hombre muy valeroso, natural de la isla de la Bretaña (que ahora llamamos Inglaterra), se le rebeló, y fué alzado del ejército, y aclamado emperador, y él con el favor de los soldados, y de los otros naturales de Inglaterra, sus amigos y conocidos, entró en las Galias (que. ahora es Francia) y se apoderó de ellas, especialmente de una provincia, que entonces se llamaba Armórica, y ahora se llama Bretaña; porque los britannos ó ingleses la sojuzgaron y asolaron con tan grande estrago y furor, que matando á los naturales, la dejaron yerma y sin gente. Quiso Máximo poblar aquella provincia, porque le venía á cuenta, para conservar las de Inglaterra y Francia. Para esto repartió á sus soldados, venidos de Inglaterra, los campos y tierras fértiles de la menor Bretaña, para que las cultivasen y gozasen de sus frutos. Pero para que los soldados se pudiesen casar y tener sucesión, y arraigarse en aquella tierra y provincia, donde no había mujeres, por haberlas muerto; parecióle enviar á las islas de Bretaña, que comprenden á Inglaterra, Escocia é Irlanda, por gran número de doncellas, para que traídas á la nueva y menor Bretaña, se casasen con los soldados, que por la mayor parte eran naturales de su misma patria.
El capitán más principal de todo aquel ejército era Canano, persona de gran linaje, y uno de los señores más estimados de Inglaterra, á quien Máximo había hecho su lugarteniente y prefecto de todos los puertos de aquella costa. Pidió Canano por mujer á una doncella nobilísima, hija de Dionocio, rey de Cornuvalla, por nombre Úrsula, en la cual concurrían todas las dotes de honestidad, hermosura y gracia que se desean en las mujeres. Buscáronse por todas aquellas provincias de Bretaña once mil doncellas para el efecto que habernos dicho, y para que acompañasen á Úrsula, que había de ser capitana, y como señora de las demás.

De las doncellas, unas iban de buena gana, y otras contra su voluntad; pero como era fuerza y mandato de Máximo (que ya era emperador, ó como, por mejor decir, tirano), que quisieran, ó que no, hubieron de obedecer. Embarcáronse en algunos navíos, que, para pasarlas á la nueva provincia de Bretaña, estaban aprestados. Fué nuestro Señor servido, que en saliendo las naves del puerto, tuvieron los vientos tan contrarios, que en lugar de llevar aquella armada y bienaventurada compañía hacia Bretaña, la arrebataron y llevaron á la parte contraria, con tan grande ímpetu, que pasando delante de las islas de Zelanda y Holanda, embocó por el río Rhin, que es muy caudaloso, ancho y profundo, y llegó á aquellas partes donde el mar se explaya con crecientes y menguantes.
En el mismo tiempo que esto sucedió, el emperador Graciano, sabiendo lo que Máximo había hecho en Inglaterra y en Francia, y que se trataba, como emperador y señor, y no como capitán y criado suyo; para reprimirle y castigarle, había llamado á su servicio á los pictones, y á los hunos, gente feroz cruel y bárbara, que había vencido á los godos, y hecho cosas hazañosas y espantosas en las armas. Estos, debajo de Melgo, capitán de los pictones, y de Gauno, general de los hunos, y con una armada poderosa, comenzaron á infestar el mar, y correrle, como corsarios, robando y arruinando todo lo que podían, con intento de pasar á Inglaterra, para echar de ella á Máximo, tirano, y servir al emperador Graciano, que para esto les daba el sueldo. Halláronse los bárbaros á la misma sazón que llegaron las vírgenes, en aquel paraje: y conociendo que eran naves enemigas, y de Máximo, contra quien ellos venían, embistieron con ellas. Cuando vieron que venían cargadas de doncellas: como eran tan deshonestos y lascivos, como crueles y feroces, pretendieron hacerlas fuerza y afrentarlas: más las santas doncellas, animándolas su capitana y maestra santa Úrsula, se determinaron á perder antes la vida, que la castidad. Y como con obras y con palabras mostrasen su gran valor y constancia, y que por no ofender á Dios, estaban aparejadas á cualquier pena y tormento; convirtiendo los bárbaros el amor en furor, y en aborrecimiento de la fé cristiana, dieron en ellas, como lobos en un rebaño de corderas, y á todas las pasaron á cuchillo, para no detenerse allí, y llegar presto á Inglaterra, que entendían estaba sin gente por haber sacado Máximo los soldados de ella. De toda aquella santa y virginal compañía no quedó con vida sino una doncella, llamada Córdula, que con temor mujeril, al tiempo de la matanza, se escondió; más visto lo que pasaba, y que todas las otras sus compañeras habían sido martirizadas, animada por el Señor, que las había todas escogido para sí, al otro día se descubrió, y fué martirizada, como dice el Martirologio romano. Las más principales vírgenes, que allí derramaron su sangre por la fé de Cristo, y por su limpieza, fueron (como dice Adon) santa Úrsula, guía, cabeza y caudillo de todas, Sentía, Gregoria, Pinnosa, Mardina, Saula, Britula, Saturnina, Saturnia, Rabacia, Paladia, Clemencia y Grata.
Martirio de Santa Úrsula
El día que murieron, triunfó Cristo, su dulce esposo, en las santas doncellas, de la infidelidad, y de la carnalidad del pecado y del infierno, y declaró cuánto más poderosa es la virtud del cristiano, para sufrir la muerte, que la crueldad del demonio, y de sus ministros, para dársela, y que sus soldados, cayendo se levantan, y muriendo vencen, y son coronados de eterna gloria. Los cuerpos de las santas vírgenes fueron recogidos de los fieles con gran devoción, y llevados á la ciudad de Colonia, que está sobre el mismo Rhin, donde se fundó un célebre monasterio de monjas, y en él hoy día se ven muchas de las cabezas de estas santísimas vírgenes, y son reverenciadas con singular devoción, aunque por muchas partes de toda la cristiandad se han repartido. Muchos creen que el lugar, donde ahora están los sagrados cuerpos de las vírgenes, es el mismo donde las mataron; porque la tierra de aquella iglesia no admite ningún cuerpo muerto, aunque sea de niño recién bautizado, si lo entierran en ella, y antes de la noche lo echa de sí, como lo escribe el obispo Lindano: tomando esto por señal que no quiere Dios que ningún otro cuerpo esté enterrado donde están los de tantas y tan ilustres vírgenes y mártires, esposas suyas, que allí dieron su purísima sangre por la confesión de su fé, y defensa de su castidad. También se dice que santa Úrsula, y sus santas compañeras, á la hora de su muerte favorecen á los que en vida tienen con ellas devoción, y se les encomiendan. El martirio de estas vírgenes fué, según Baronio, el año del Señor de 383, imperando Graciano y Valentiniano, su hermano, y Teodosio el mayor, á quien Graciano había hecho compañero suyo en el imperio, por verse tan apretado por todas partes de las armas de infinitos bárbaros, y necesitado de socorro de un tan valeroso capitán; y fué á los 21 de octubre, y aquel día lo celebra la santa Iglesia. De las once mil vírgenes (á más de los autores que habernos referido) escribieron Wandalberto, que floreció por los años del Señor de 850; Sigiberto, monje del monasterio gemblacense, que há casi quinientos que escribió; Rogerio Cisterciense, Ricardo Premonstralense; Claudio de Rota; Bonfinio, en la Historia de las cosas de Hungría; Pedro de Natalibus; Polidoro Virgilio, en la Historia de Inglaterra, y más copiosamente el P. Fr. Lorenzo Surio en el tomo V de las Vidas de los santos.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

... Y DE LAS HIJAS DE SANTA ANGELA DE MÉRICI

Santa Angela de Mérici, al fundar en 1536 una Compañía de vírgenes consagradas al apostolado y a la enseñanza, las llamó ursulinas y las dió por protectora a Santa Ursula, venerada en toda la Europa cristiana como mártir de la virginidad y campeón de la cultura contra la barbarie.
Recitemos las dos estrofas siguientes del beato Hermann, en honor de las mártires de Colonia:
"Vírgenes gloriosas, oíd mi oración y, al llegar la muerte, venid rápidamente en mi ayuda; estad presentes en el momento temible y defendedme de los asaltos de los demonios.
"Ninguna de vosotras falte; y al frente de vosotras esté, antes que nadie, la Virgen María.
Si todavía queda en mí alguna mancha, purificadme de ella con vuestra oración. Advierta el enemigo vuestra presencia y sea confundido."

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

martes, 20 de octubre de 2026

S A N T O R A L


SAN CORNELIO, CENTURIÓN


Fué bautizado por el apóstol san Pedro el año cuarenta de Jesucristo. Hallándose este apóstol en Joppe, tuvo una visión en la cual una voz del cielo le mandaba comer indiferentemente de toda clase do viandas, sin distinción do animales, mundos é inmundos, imagen simbólica, que abolía la distinción entre judíos y gentiles, v que siguiese sin titubear á tres hombres que le buscaban. Estos tres hombres eran enviados por Cornelio. Pedro se fué á Cesárea, donde vivía el centurión, que se hizo instruir en la fé juntamente con toda su familia. El Espíritu santo descendió visiblemente sobre ellos, el apóstol les bautizó, y después consagró á Cornelio obispo de la misma ciudad de Cesárea, que trabajó eficazmente en la propagación del Evangelio.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

Sagrada Biblia  (B.A.C. -José María Bover y Francisco Cantera-)

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

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El centurión Cornelio. 10,1-48

Cierto varón en Cesárea, por nombre Cornelio, centurión de la cohorte llamada Itálica, religioso y temeroso de Dios con toda su casa, que hacía copiosas limosnas al pueblo y oraba a Dios continuamente, vio en visión claramente, como hacia la hora nona del día, un ángel de Dios que entró a él y le dijo: Cornelio. El, mirándole fijamente y amedrentado, dijo: ¿Qué hay, Señor? Díjole: Tus oraciones y tus limosnas subieron como memorial en el acatamiento de Dios. Y ahora despacha hombres a Jope y haz venir a un tal Simón que se apellida Pedro. Este se hospeda en casa de un tal Simón, curtidor, que tiene su casa a la orilla del mar. Así que se partió el ángel que le hablaba, llamando a dos de sus criados y a un soldado piadoso de los que estaban constantemente a sus órdenes, y habiéndoselo referido todo, los despachó a Jope.
Al día siguiente, mientras ellos iban su camino, y cuando se acercaban ya a la ciudad, subió Pedro a la azotea para orar hacia la hora sexta. Le entró hambre, y quería tomar algo; mas, mientras se lo preparaban, le sobrevino un éxtasis. Y contempla el cielo abierto y una especie de recipiente que bajaba, a manera de un lienzo grande, y, cogido por los cuatro cabos, se descolgaba hacia la tierra; en el cual había toda suerte de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y volátiles del cielo. Y sonó una voz a él: Levántate, Pedro; sacrifica y come. Mas Pedro dijo: De ninguna manera. Señor, pues jamás comí cosa profana e impura. Y una voz desde el cielo por segunda vez a él: Lo que Dios purificó, tú no lo hagas profano. Esto se verificó hasta tres veces, y luego el recipiente fue elevado hacia el cielo. Y mientras Pedro andaba pensando, sin acertar qué podría significar la visión que vio, de pronto los hombres enviados por Cornelio, tras de haber andado preguntando por la casa de Simón, se presentaron a la puerta; y habiendo llamado a voces, preguntaban si Simón el apellidado Pedro se hospedaba allí. Y estando Pedro embebido en el pensamiento de la visión, díjole el Espíritu: Ahí están tres hombres que te buscan; pero. . . levántate, baja y marcha con ellos, dejando toda vacilación, pues yo los he enviado. Bajando Pedro a los hombres, dijo: Ahí me tenéis, yo soy el que buscáis. ¿Cuál es la causa por que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio centurión, varón justo y que teme a Dios, acreditado además por el testimonio de toda la nación de los judíos, recibió aviso de Dios, comunicado por un ángel santo, de que te hiciese venir a su casa y escuchase lo que tú le dijeses. Invitándolos, pues, a entrar, los hospedó.
Al día siguiente, levantándose, partío con ellos, y algunos de los hermanos de Jope fueron con él. Y al siguiente día entró en Cesárea. Cornelio estaba aguardándolos, habiendo convocado a sus parientes y a los amigos íntimos. Y en el momento en que entraba Pedro, saliendo a su encuentro Cornelio, cayendo a sus pies, le adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; también yo mismo soy hombre. Y conversando con él, entró, y se encuentra con los que habían concurrido, que eran muchos; y les dijo: Vosotros sabéis cómo es abominación para un hombre judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me enseñó Dios a no llamar profano o impuro a ningún hombre. Por lo cual, sin replicar palabra, vine al ser llamado. Pregunto, pues, ¿por qué motivo me mandasteis llamar? Y Cornelio dijo: Hace cuatro días ahora estaba yo a la hora nona haciendo oración en mi casa, cuando de pronto se presentó delante de mí un varón con vestidura refulgente y dice: Cornelio, fue escuchada tu oración, y tus limosnas fueron recordadas en el acatamiento de Dios. Manda, pues, recado a Jope y haz llamar a Simón, que se apellida Pedro. Este se hospeda en casa de Simón curtidor, a la orilla del mar. Al punto, pues, te mandé recado, y tú hiciste bien en venir acá. Así que ahora todos nosotros, en la presencia de Dios, estamos aquí dispuestos a escuchar todo lo que te ha sido ordenado por el Señor.
Y desplegando Pedro sus labios, dijo: A la verdad entiendo ahora que no es Dios aceptador de personas, sino que en toda nación el que le teme y obra justicia le es acepto. La palabra que envió a los hijos de Israel, anunciando la buena nueva de la paz por medio de Jesu-Cristo -este es el Señor universal—…; vosotros conocéis la palabra esparcida por toda la Judea, comenzando por la Galilea, después del bautismo que Juan predicó: a Jesús el de Nazaret, como le ungió Dios con Espíritu Santo y poder, el cual discurrió por todas partes derramando bienes y sanando a todos los tiranizados por el diablo, puesto que Dios estaba con él. Y nosotros somos testigos de todo cuanto obró, tanto en el país de los judíos como en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero. 
descarga (1)A este Dios resucito al tercer día, e hizo la gracia de que se manifestase visiblemente, no a todo el pueblo; sino a los testigos de antemano elegidos por Dios, a nosotros, que con él comimos y bebimos después de haber él resucitado de entre los muertos; y nos ordenó predicar al pueblo y testificar que él es el constituido por Dios juez de vivos y muertos. A éste rinden testimonio todos los profetas, anunciando que por su nombre recibe remisión de los pecados todo el que cree en él.
Estando aún Pedro hablando estas palabras, cayó el Espíritu Santo sobre todos los que oían la palabra. Y se asombraron los fieles de la circuncisión, cuantos habían venido con Pedro, de que aun sobre los gentiles hubiera sido derramado el don del Espíritu Santo; porque les oían hablar en lenguas y engrandecer a Dios. Entonces intervino Pedro, diciendo: ¿Tiene acaso alguno derecho de impedir el acceso al agua para que no sean bautizados éstos, que recibieron el Espíritu Santo lo mismo que nosotros? Y dio orden que fueran bautizados en el nombre de Jesu-Cristo. Entonces le rogaron que se quedase allí algunos días.

lunes, 19 de octubre de 2026

S A N T O R A L

SAN PEDRO DE ALCANTARA, CONFESOR

"¡BIENAVENTURADA PENITENCIA!"


Vice-patrono de la Basílica del Pilar de Buenos
Aires, talla atribuida al escultor Alonso Cano 
"¡Bienaventurada penitencia, que tanto premio me ha merecido!" Así se expresaba el Santo de este día al llegar a los cielos, al mismo tiempo que Teresa de Jesús exclamaba en la tierra: "¡Y qué bueno nos le llevó Dios ahora en el bendito Fray Pedro de Alcántara! No está ya el mundo para sufrir tanta perfección. Dicen que están las saludes más flacas y que no son los tiempos pasados. Este santo hombre de este tiempo era; estaba grueso el espíritu, como en los otros tiempos, y ansí tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él, muchas cosas hay, como otras veces he dicho, para repisar el mundo, y el Señor las enseña cuando ve ánimo. ¡Y cuán grande le dió su Majestad a ese Santo que digo para hacer cuarenta y siete años tan áspera penitencia, como todos saben!".

PENITENCIA DE SAN PEDRO


" . . . Y éste era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los principios de vencer el sueño, y para esto estaba siempre u de rodillas u en pie. Lo que dormía era sentado, y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda, como se sabe, no era más larga de cuatro pies y medio. En todos estos años jamás se puso la capilla, por grandes soles y aguas que hiciese, ni cosa en los pies, ni vestida, sino un hábito de sayal, sin ninguna otra cosa sobre las carnes, y éste tan angosto como se podía sufrir, y un mantillo de lo mesmo encima. Decíame que en los grandes fríos se le quitaba, y dejaba la puerta y ventanilla abierta de la celda para, con ponerse después el manto y cerrar la puerta, contentaba al cuerpo para que sosegase con más abrigo. Comer a tercero día era muy ordinario. Y díjome que de qué me espantaba, que muy posible era a quien se acostumbraba a ello... Su pobreza era extrema y mortificación en la mocedad, que me dijo que le había acaecido estar tres años en una casa de su Orden y no conocer fraile, si no era por la habla; porque no alzaba los ojos jamás, y ansí a las partes que de necesidad había de ir, no sabía, sino íbase tras los frailes. Esto le acaecía por los caminos. A mujeres jamás miraba; esto muchos años. Decíame que ya no se le daba más ver que no ver; mas era muy viejo cuando le vine a conocer, y tan extrema su flaqueza, que no parecía sino hecho de raíces de árboles". "Entre otras cosas, me certificaron había traído veinte años cilicio de hoja de lata continuo".

"Si NO HICIEREIS PENITENCIA..."


Santa Teresa de Jesús y San Pedro de Alcántara
Una austeridad así la parece lo más natural a la ilustre reformadora del Carmelo, que sentía no practicarla en toda su extensión, y a nosotros nos desanimaría tal vez. Y desde luego, diremos otra vez que si todos los santos son admirables, no son imitables todos. Y con gusto repetiremos con los contemporáneos de Santa Teresa, que el mundo no es ya capaz de semejante perfección y que las saludes están ya muy estragadas para llegar a eso.

Y, a pesar de todo, el Evangelio, que es eterno, que contiene consejos siempre oportunos, nos dice una y más veces: "¡Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis!" Nuestra Señora, haciendo coro a su divino Hijo, ha querido repetir en todos sus mensajes al mundo, especialmente desde hace cosa de un siglo, las mismas palabras: "¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!"

LA PENITENCIA QUE SE NOS EXIGE



Bernardeta en Lourdes y los afortunados videntes de Fátima después, transmitieron el mensaje celestial, y estos últimos le explicaron también recientemente. No deja de tener interés el conocer con exactitud lo que espera el Señor de nosotros" para perdonarnos y para alejar del mundo los "castigos bien merecidos por los pecados tan graves y tan numerosos: "Dios, misericordioso, desea ardientemente la vuelta a la paz; pero está apenado de ver tan pocas almas en estado de gracia y dispuestas a renunciar a todo lo que El exige y a guardar su ley. Y, precisamente? lo que Dios nos pide ahora es penitencia; éste es el sacrificio que cada cual debe imponerse para vivir una vida justa de acuerdo con su ley.

"No quiere de nosotros otra mortificación sino que cumplamos simple y honradamente nuestras obligaciones de cada día y que suframos con paciencia los trabajos y tribulaciones. Quiere que se enseñe claramente a las almas esta vía; porque son muchos los que se imaginan que la penitencia consiste en "grandes austeridades" y, no teniendo fuerzas ni valentía para hacerlas, se desalientan y se arrastran en una vida de indiferencia y de pecado.

" . . . Dice Nuestro Señor: El sacrificio que a todos se exige, consiste para cada uno en el cumplimiento de sus propias obligaciones y en la observancia de mi ley; ésa es la penitencia que ahora quiero."

Practicar esta penitencia será, pues, para nosotros, el medio de imitar a los santos, aun a los más austeros, y podemos y debemos tener la firme convicción de que así responderemos a los deseos de Cristo y de su Santa Madre sobre cada uno de nosotros.

VIDA

Pedro Garavito nació en 1499 en Alcántara, España. A los 16 años, entró en la Orden de los Frailes Menores y, una vez terminados sus estudios, le encargaron la predicación. Con su celo, que le consumía, logró convertir a muchos pecadores. Pero, además, quería restaurar en su Orden el primitivo fervor. Consiguió para ello el permiso de la Santa Sede y fundó el convento de Pedroso, al cual siguieron otras muchas fundaciones en España y en las Indias. Era de una extrema austeridad, más por eso se vió regalado con altísima contemplación, y Dios reveló a Santa Teresa que despacharía favorablemente toda petición que se le hiciese en nombre de Pedro de Alcántara. Gozó también del don de profecía y discernimiento de espíritus. Murió el 18 de octubre de 1562, confortado con la aparición del Señor, de Nuestra Señora y de los Santos. El Papa Gregorio XV le declaró Beato el 18 de abril de 1622, y Clemente IX le canonizó el 4 de mayo de 1669.

LA RECOMPENSA


"Hela aquí acabada esta aspereza de vida con tan gran gloria". ¡Cuán dulces fueron las últimas palabras que tus labios moribundos pronunciaron: Me he alegrado de lo que se me ha dicho: Iremos a la casa del Señor!. No había llegado aún la hora de la recompensa para el cuerpo, al que habías determinado negar en esta vida todo descanso, reservándoselo para la otra; pero el resplandor y los aromas de ultratumba en los que el alma le envolvía al despedirle, ya nos declaraban a todos que el contrato que fielmente se cumplió en su primera parte, lo sería en la segunda también. Por el contrario, el cuerpo del pecador, destinado a horribles tormentos por causa de unos vanos deleites, rugirá eternamente contra el alma que le llevó a la perdición; tus miembros, una vez que entren en la felicidad del alma ya dichosa para completar su gloria con los propios resplandores, proclamarán a lo largo de los siglos eternos cómo tu aparente aspereza de un instante fué para ellos sabiduría y amor.

LA LUCHA

Y ¿acaso tendremos que esperar al día de la resurrección para reconocer, desde este mundo, que escogiste sin duda ninguna la mejor parte? ¿Quién se atrevería a comparar, los placeres prohibidos, pero ni siquiera los goces que puede uno permitirse en el mundo, con, los santos placeres que la divina contemplación reserva ya desde esta vida a todo el que se pone en condiciones de gustarlos? Si se dan en premio a la mortificación de la carne, señal es de que en este mundo la carne y el espíritu sostienen una lucha; pero la lucha para un alma generosa tiene sus atractivos, y aun la carne, a la que ella glorifica, por ella también se ve libre de mil peligros.

PLEGARIA POR LA IGLESIA Y EL ESTADO RELIGIOSO

Consigúenos tú la saciedad del cielo que nos aparte de los placeres de la tierra, pues, según la palabra del Señor, no te invocaremos en vano si te dignas tú mismo presentarle nuestros ruegos.

Es la petición que en tu nombre y con la Iglesia dirigimos a Dios, que hizo admirable tu penitencia y sublime tu contemplación. La gran familia de los Frailes Menores guarda con cariño el tesoro de tus ejemplos y de tus enseñanzas; para honra de tu Padre San Francisco y bien de la Iglesia, mantenía en el amor de sus austeras tradiciones. Continúa tu ayuda preciosa al Carmelo de Teresa de Jesús; y en las pruebas de nuestros días, extiéndela a todo el estado religioso.
 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer
San Pedro de Alcántara. Pedro de Mena