sábado, 8 de agosto de 2026

S A N T O R A L

SANTO DOMINGO DE GUZMAN, CONFESOR

LA OBRA DE LA SABIDURÍA

Honorio III aprueba la Orden
"La fuente de la Sabiduría, el Verbo del Padre nuestro Señor Jesucristo, cuya naturaleza es bondad, cuya obra es misericordia, no abandona nunca a través de los siglos, la viña que sacó de Egipto; socorre con modos nuevos a la inestabilidad de las almas, y obra prodigios que aviven la fe vacilante. Así, pues, cuando declinaba el día, y aumentaba el mal enfriando la caridad, y el rayo de la justicia estaba a punto de estallar, el Padre de familias quiso reunir a los obreros de la hora undécima, aptos para el trabajo, con el fin de destrozar la maleza que amenazaba destruir su viña, y al mismo tiempo coger en el lazo la funesta invasión de zorras que maquinaban su devastación; entonces organizó los batallones de los Predicadores y Frailes Menores con sus guías armados para la batalla.

DOMINGO Y FRANCISCO

En esta expedición del Dios de los ejércitos, Domingo fué el corcel de su gloria, lanzando intrépido, con el fuego de la fe, el relincho de la divina predicación Nosotros veremos la parte que tuvo en el combate Francisco, el compañero que le dio el cielo y que apareció como el estandarte viviente del Cristo en cruz, en medio de una sociedad en que la triple concupiscencia daba mano al error para abrir una brecha en el mismísimo cristianismo.

LA POBREZA

Domingo, como Francisco, encontrando por todas partes unidas la avaricia y la herejía, que serán de ahora en adelante la principal fuerza de los falsos predicadores, prescribió a los suyos la más absoluta renuncia de los bienes de este mundo y se hizo él también mendigo por Cristo. Habían pasado los tiempos en que los pueblos, reconociendo todas las consecuencias de la Encarnación, constituían en el Hombre-Dios el más extenso dominio territorial que jamás existió, al mismo tiempo que colocaban a su Vicario a la cabeza de los reyes. Después de haber intentado inútilmente humillar a la Esposa sometiendo el Sacerdocio al Imperio, los descendientes indignos de los cristianos de otros tiempos, reprochaban a la Iglesia la posesión de aquellos bienes de los cuales ella no era más que la depositaría en nombre del Señor; había sonado para la Paloma del Cantar santo, la hora de comenzar, por el abandono de la tierra, su ascensión hacia los cielos.

LA CIENCIA

Mas si los dos príncipes de la lucha memorable que contuvo un tiempo los progresos del enemigo, se encontraron en la acogida que tributaron a la santa pobreza, ésta siguió siendo de un modo especial la "Dama" del Patriarca de Asís. Domingo, que como él no tenía más ideal que el honor de Dios y la salvación de las almas, heredó más directamente la ciencia.
"En la luz, dijo Dios a Santa Catalina de Sena, ha fundamentado su base el Padre de los Predicadores, de la luz ha hecho su finalidad, su arma de combate; tomó para sí el oficio del Verbo, mi Hijo, sembrando mi palabra, disipando las tinieblas, alumbrando la tierra; María, por la cual yo le presenté al mundo, hizo de Él el extirpador de los herejes". Por eso, la Orden llamada a ser el principal apoyo del Pontífice Supremo en la persecución de las falsas doctrinas debía, si se puede hacer verdadera esta expresión, más que su patriarca: El primero de los tribunales de la Santa Iglesia, la Inquisición Romana, el Santo Oficio, investido del Oficio del Verbo con la espada de dos filos para convertir o castigar, no tuvo instrumento más fiel y seguro.

EL LIBERALISMO

Al igual que Catalina de Sena, el autor ilustre de la Divina Comedia no sospechó que había de llegar un tiempo, en que el primer título de la familia dominicana para el amor agradecido de los pueblos sería puesto en duda en cierta escuela apologética, y en ella, rechazado como un insulto o disimulado como un estorbo. Nuestro tiempo pone su gloria en un liberalismo que ha comenzado a hacer sus pruebas multiplicando las ruinas y no descansa filosóficamente, más que en la extraña confusión de la ciencia con la libertad. No hacía falta más que esta debilidad intelectual para no comprender que, en una sociedad en que la fe es la base de las instituciones, así como el principio de la Salvación universal, no hay crimen mayor que el destruir el fundamento sobre el cual descansa, juntamente con el interés social, el bien más precioso de los particulares. Ni el ideal de la justicia, ni menos el de la libertad consiste en abandonar a merced del mal o del malvado al débil que no puede defenderse por si mismo. La época de la caballería hizo de esta verdad su axioma y constituyó su gloria; los hermanos de Pedro Mártir consagraron su vida a proteger contra las sorpresas del "fuerte armado" y al contagio que se arrastra por la noche la seguridad de los hijos de Dios: esta fué la honra "del ejército que Domingo condujo por un camino; por donde se adelanta y no se yerra".

LA PROTECCIÓN DE MARÍA

Fresco donde la Santísima Virgen entrega el Santo
Rosario a Santo Domingo. Completan la escena: 
Fray Pedro de Santa María de Ulloa, Santa Catalina
de Siena y Sor María de Jesús de León Delgado

¿Qué mejores caballeros que estos atletas de la fe al hacer su promesa sagrada bajo forma de juramento de fidelidad y al escoger como Dama a aquella que, poderosa como un ejército6, extermina ella sola las herejías en todo el universo? Al escudo de la verdad y a la espada de la palabra aquella que guarda en Sión las armaduras de los fuertes añadía para sus abnegados servidores el Rosario, señal la más especial de su propia milicia; les señalaba el hábito de su elección como compete al verdadero jefe de la guerra y les ungía con sus manos para la lucha en la persona del Bienaventurado Reginaldo. Ella vigilaba así mismo su reclutamiento, sacando de entre la juventud escogida de las universidades las almas más puras, las más abnegadas, las más nobles inteligencias; París, la capital de la teología, Bolonia, el centro de la jurisprudencia y del derecho, veían a maestros, escolares, discípulos de toda clase de ciencia perseguidos y ganados por la dulce soberana en medio de incidentes que eran más del cielo que de la tierra.
¡Cuánta gracia en estos orígenes en que la serenidad virginal de Domingo parecía rodear a todos sus hijos! Sin duda que en este Orden de la luz se verificaba la verdad de la palabra evangélica. "Felices los corazones puros porque verán a Dios". Ojos alumbrados por el cielo veían representadas en figuras de lirios las fundaciones de los Predicadores; por eso María, por quien nos ha venido el esplendor de la luz eterna se hacía su celestial maestra y de la ciencia les conducía a la Sabiduría amiga de los corazones limpios. Ella bajaba en compañía de Cecilia y Catalina para bendecir su reposo nocturno, y les cubría con su manto junto al trono del Señor. ¿Cómo pues admirarse de la transparencia que después de Domingo y durante los generalatos de Jordán de Sajonia, Raimundo de Peñafort, Juan el Teutónico, Humberto Romano, continúa reinando en esas "Vidas de los Frailes" y en esas "Vidas de las Monjas" de las cuales unas plumas encantadoras nos han transmitido relatos de una exquisita frescura?

LAS MONJAS

Discreta lección, al mismo tiempo que ayuda poderosa para los Frailes: en la familia dominicana, dedicada por entero al Apostolado, las monjas nacieron diez años antes, como para indicar que, en la Iglesia de Dios, la acción no puede ser fecunda si no está precedida y acompañada de la contemplación, que la merece la bendición y demás gracias.
 Nuestra Señora de Prouille, al pie de los Pirineos, no fué ella sola el principio de toda la Orden; a su sombra protectora los primeros compañeros de Domingo hicieron, juntamente con él, la elección de su Regla y se repartieron el mundo marchando de allí a fundar San Román de Tolosa, luego Santiago de París, San Nicolás de Bolonia, San Sixto y Santa Sabina en la Ciudad Eterna.

LA TERCERA ORDEN

Hacia la misma época la institución de la Milicia de Jesucristo colocaba bajo la dirección de los Predicadores a seglares que, ante la herejía militante, se comprometían a defender por todos los medios posibles los bienes de la Iglesia y su libertad; cuando los sectarios depusieron las armas, dejando por un tiempo la paz del mundo, la asociación no desapareció: condujo la lucha al terreno espiritual y cambió su nombre en el de Tercera Orden de los Frailes y Monjas de la Penitencia de Santo Domingo.

VIDA

Domingo nació hacia el año 1170 en Caleruega, no lejos de Burgos, en España. Fué a estudiar a Palencia donde sobresalió por su ardor en el trabajo y su gran caridad para con los pobres. El Obispo de Osma le agregó a su Capítulo; permaneció allí nueve años, siendo modelo de regularidad en la asistencia al Oficio y en la piedad. Habiendo ido a Roma juntamente con su Obispo, comenzó en 1206 bajo la dirección de un legado pontificio, a predicar en el Mediodía de Francia para convertir a los herejes albigenses. Fijó su residencia en Prouille y desde allí evangelizó toda la comarca. En Tolosa estableció un convento de monjas cuya oración y penitencia sostendrían a su apostolado y cuya enseñanza había de formar a las jóvenes pobres de la nobleza y las protegería de la infección de la herejía. Domingo comprendió pronto que él solo no era suficiente ante el campo que se le ofrecía.
Con varios compañeros se estableció en una casa de Tolosa y comenzaron juntos a llevar la vida religiosa. Después partió para Roma donde se iba a celebrar el Concilio de Letrán y pidió al Papa Inocencio III la autorización para fundar la Orden de los Predicadores. Volvió a Tolosa en 1216 para hacer la elección de una Regla de vida, y se dirigió nuevamente a Roma donde Honorio III, sucesor de Inocencio, la aprobó. Desde entonces las casas de los Predicadores se multiplicaron al mismo tiempo que los milagros obrados por el Santo. Consumido por la fiebre y las fatigas sin nombre que se imponía murió el 6 de Agosto de 1221 a la edad de 51 años. Fué canonizado por su amigo el Papa Gregorio IX en el año 1234.

LA FUENTE DE TODO APOSTOLADO

Tu ejemplo nos muestra, oh Domingo, que sólo son poderosos ante Dios aquellos que se entregan a él sin buscar ninguna otra cosa y dan a los demás sólo de su plenitud. Desdeñando todo pasatiempo y ciencia en la que no se descubriese la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que de ella sola se prendó tu juventud; toda conversación y toda ciencia donde no se mostrase la eterna Sabiduría, nos dicen tus historiadores, que solamente se alimentó de ésta tu espíritu en tu adolescencia; que se anticipa a los que la desean te inundó desde los primeros años con la luz y las dulzuras pregustadas de la patria. De la sabiduría destilaba sobre ti la serenidad radiante que sobrecogía a tus contemporáneos y que no perturbó nunca suceso alguno. En una paz de cielo bebías a chorros el agua del pozo sin fondo que salta a la vida eterna; pero ai mismo tiempo que, en el hondón de tu alma te abrevaba el amor de la sabiduría, aparecía una fecundidad maravillosa en esa fontana de Dios y sus regatos, que se hicieron tuyos, salieron fuera y las plazas públicas beneficiaban las ondas de tu sobreabundancia.
Recibido en el Cielo por N.S. Jesucristo y la Virgen
La gloria de Santo Domingo, Guido Reni
Basílica de Santo Domingo, Bolonia

Diste acogida a la Sabiduría y ella te exaltó, no contenta con adornar tu frente con los rayos de la estrella misteriosa, ella te dió la gloria de los patriarcas y multiplicó por medio de las de tus hijos, tus años y tus obras. No cesaste de ser en ellos uno de los más poderosos apoyos de la Iglesia. La ciencia ha hecho que su nombre sea ilustre entre los pueblos y por su causa su juventud fué honrada entre los ancianos; que sea siempre para ellos, como lo fué para sus mayores, el fruto de la Sabiduría y el camino que a ella les conduce; que se alimente en la oración que tanta parte ha tenido en tu santa Orden, que más que ninguna otra se acerca en este respecto a las antiguas órdenes monásticas. Alabar, bendecir y predicar, será hasta el fin de su divisa amada, siendo en ellos el apostolado, según la palabra del Salmo, la efusión desbordante del recuerdo de las dulzuras gustadas en el trato con Dios. Así fortalecida en Sión, bendita en su gloriosa labor de propagadora y guardadora de la fe tu noble descendencia merecerá oír por siempre de la boca de Nuestra Señora este estímulo que está por encima de toda alabanza:"Fortiter, fortiter, viri fortes! ¡Animo, ánimo, hombres valientes!"

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer


Nos dice el “Sacro Diario Dominicano” -que lo toma de “Vida del glorioso padre, y patriarca Santo Domingo de Guzmán”, de Francisco de Posadas- que, ante la amenaza de los albigenses, que “habían envenenado estas tierras (Francia) hasta meter los tósigos en las entrañas de los que nacían, madrugando tanto la malicia que antes asomaba la ceguedad que la razón”. Los herejes “afectaban santidad, engañando al vulgo (…), tenían pacto con el demonio y por arte suyo andaban sobre las aguas a la vista de aquella gente que, embobadas con aquellos milagros aparentes recibían sus engaños como doctrinas celestiales”. En fin, que esta “vitæ” no escasea en adjetivos para los albigenses.
Pues resulta que llegado Santo Domingo a Tolosa, región fuertemente albigense, vio a unos de estos paseándose sobre las aguas de un río, y a cientos de gentes oyendo su prédica; se fue a la iglesia cercana y, tomando una forma consagrada, la puso en una custodia, se fue al río y dijo al demonio que poseía al hereje: “yo te conjuro por este Señor que traigo en mis manos, que te apartes de ellos, para que se manifieste la verdad”. Y, ante el asombro de todos, lanzó la custodia al río. No más se hundió en el agua, los albigenses fueron tragados por el río y se ahogaron, demostrando la falsedad de su santidad y doctrina.
Entristecido Domingo, por haber echado al Señor al río, pasó toda la noche llorando. Quiso Dios consolarle, al otro día al entrar a la iglesia, vio sobre el altar el mismo ostensorio con la misma forma y Dios le reveló que apenas el Sacramento tocó el agua, habían bajado unos ángeles que sacaron la custodia del río y la mantenían, invisible, sobre la multitud.

viernes, 7 de agosto de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.