domingo, 19 de julio de 2026

S A N T O R A L


SANTA MACRINA, VIRGEN
La vida de Santa Macrina, virgen, hermana de San Basilio el Magno, escribió el elocuentísimo San Gregorio Niceno, también hermano suyo, que se halló á su muerte, en una epístola á Olimpio, que trae el P. Fr. Lorenzo Surio en el cuarto tomo de las vidas de los santos; y resumida brevemente, fué de esta manera. Los padres de Santa Macrina fueron Basilio y Eumelia, personas nobles y ricas. Tuvieron diez hijos, y casi todos santos, y algunos de ellos columnas y lumbreras de la Iglesia. La primera que nació, y fue primogénita de todos sus hermanos, fué Macrina; y antes que naciese, en una visión que tuvo su madre, se le puso delante un ángel en figura de una persona venerable, y de aspecto más que humano, que poniendo nombre á la niña que estaba en el vientre de su madre, y para salir á luz, la llamó Tecla; para darnos á entender, que en la perfección y santidad de la vida, Macrina había de ser muy semejante á Santa Tecla, discípula y primogénita del apóstol san Pablo.

Pusiéronle en el bautismo el nombre de Macrina, por memoria de una abuela suya, madre de su padre, santísima mujer, discípula del gran obispo de Cesárea Gregorio Taumaturgo, y maestra y guía del gran Basilio; y él se precia mucho de haberla tenido por tal: de la cual hace mención el Martirologio romano á los 14 de enero; y esta se llama Macrina la Mayor, respecto de esta otra menor, nieta suya: cuya vida aquí escribimos.
Criáronla sus padres, como santos, santantamente, procurando apartarla desde los primeros años, de todo lo que podía mancillar su purísima alma, é inclinarla á las cosas sagradas y al amor de las eternas, y especialmente al estudio del libro de la sabiduría de Salomón y de los salmos, en los cuales se ejercitó con tanto cuidado, que cuando se acostaba y levantaba; cuando iba al estudio; cuando dejaba de estudiar, en el principio y en el fin de la comida y de su oración, y de cualquiera otra cosa, siempre rezaba algún salmo; y en las mismas obras de manos que hacía, este era su gusto y entretenimiento. En la edad de doce años resplandeció en Macrina una hermosura tan extremada y rara, que ningún pintor por excelente que fuese, podía con el pincel llegar á retratarla con la perfección que ella tenía. Pidiéronla muchos caballeros á su padre por mujer; y su padre, sin decir nada á su hija, escogió á un mozo, noble y de buenas costumbres, y prometió de darle á su hija: mas fué nuestro Señor servido, que aquel mozo muriese, y Macrina quedase libre; y habiendo sabido la voluntad que su padre había tenido de casarla, y como Dios la había librado de aquel pesado yugo, determinó de no casarse más, sino consagrar su virginidad á aquel esposo celestial, que no puede morir. Y como por su hermosura muchos importunasen á sus padres que se la diesen por mujer, y ellos se inclinasen á casarla; nunca se lo pudieron persuadir, mostrando en esto mayor constancia y firmeza, que sus pocos años prometían.
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Los Padre Capadocios
Estuvo con su madre acompañándola, sirviéndola y descargándola del cuidado de las cosas domésticas de la casa y familia, con tanta piedad, amor y diligencia, que bien parecía que nuestro Señor estaba en ella y la gobernaba. Ella era como madre de todos sus hermanos, la que los criaba, enseñaba y enderezaba á toda virtud y perfección: y siendo ya muerto su padre, persuadió á su madre que se entrasen en un monasterio, y se diesen de veras á Dios, y su madre lo hizo, y vivieron en él las dos en una manera de vida, que más parecía de ángeles, que de personas humanas. No había entre ellas ira, ni envidia, ni odio, ni sospechas, ni codicia de honra, ni de gloria vana, ni de cosa alguna de la tierra: la soberbia, fausto, hinchazón, y en suma todos los vicios estaban desterrados de aquel lugar: todo su regalo era la templanza: su honra, el no ser conocidas: sus tesoros, la pobreza, y el haber sacudido de sí, como polvo, las riquezas, y no poseer nada, teniendo por inútil y desaprovechado, cualquiera cuidado que se toma en procurar y alargar esta vida mortal. Todo su estudio era Dios, y una continua oración y canto de los salmos, que nunca se interrumpía ni de día, ni de noche. Este era su trabajo, y este era su descanso: eran mujeres, y parecían ángeles: porque aunque eran de carne, y tenían figura de mujeres, y usaban de sus sentidos; pero en la victoria de sus pasiones, en la pureza de sus almas, en el amor encendido de Dios, y en vivir en la carne sin deleite de carne, imitaban á los ángeles y eran superiores á los hombres.
En esta vida estuvieron madre é hija con gran gloria del Señor y aprovechamiento de sus almas, y edificación de todos los que las trataban. Dio á Santa Macrina una enfermedad en el pecho rigurosa, con grande hinchazón, dureza y dolor, y con peligro de que cundiese el mal, y la acabase, ó se hiciese incurable, si con tiempo no se abría el pecho. Rogóle muchas veces su madre, que se pusiese en manos de cirujano, y se dejase curar; pero ella era tan honesta y tan recatada, que tenía por más grave el descubrir parte alguna de su cuerpo á hombre, que la misma enfermedad. Y una noche se entró en su oratorio, y postrada delante del acatamiento del Señor, le suplicó humildemente que la sanase. Lloró muchas lágrimas, y dijo á su madre (que todavía le importunaba, que se dejase curar), que bastaba, que ella con su mano hiciese la cruz sobre su pecho lastimado, y que con esto quedaría sana. La madre hizo la cruz, y el mal desapareció, y dejando en el pecho una señal muy pequeña y delgada, como una punzada de aguja, que le duró toda la vida; para que se viese, que Dios milagrosamente la había sanado, y aquella señal fuese testigo y memoria de este beneficio.
Muerta la santa madre, quedó la santa hija anhelando cada día mas á la perfección, y viviendo en la tierra, gozaba muchas veces de los regalos y consolaciones del cielo, alentando con sus ejemplos, oraciones y palabras, como madre y maestra, á todas las otras doncellas y esposas del Señor, que vivían en su compañía; hasta que andando su hermano San Gregorio Niceno desterrado de su Iglesia, por la persecución del emperador Valente, hereje arriano, y habiéndose hallado en el concilio de Antioquía, por instinto divino tuvo gana de ir á ver á su santa hermana, que había ya ocho años que no la había visto. Fué, y hallóla en la cama muy enferma, y al cabo de su vida, y entendió, que el Señor le había guiado, para que la asistiese en su muerte, y la sepultase con sus manos, y cumpliese con el oficio tan debido al amor, que como á hermana mayor, y madre y maestra espiritual le debía. Estaba la santa tendida en el suelo sobre una tabla, cubierta con un saco, y otra tabla cubierta con almohada á cabecera: y cuando vio á su hermano, hizo gracias al Señor, por haberle cumplido su deseo, é inspirándole y movídole á tomar el trabajo de aquel camino: y después de haber pasado entre los dos hermanos algunas pláticas de Dios, estando la santa virgen ya muy al cabo, hizo una larga y afectuosa oración á nuestro Señor, alabándolo por todas las mercedes que había hecho á sus padres y hermanos, y á ella misma, descarnándola del amor de todas las cosas de la tierra; y suplicándole, que desviase sus piadosos ojos de sus culpas y pecados, y recibiese su espíritu en sus preciosas manos. y que subiese a! cielo, como incienso derretido en el fuego de su caridad.
......

Dialogus de anima et resurrectione qui inscribitur Macrina

....Y para no causarme depresión de espíritu, apagó los sollozos y trató de alguna manera de disimular la dificultad que tenía de respirar y adoptó una actitud de perfecta jovialidad. Iniciaba ella misma temas agradables de conversación y los sugería por medio de las preguntas que hacía Cuando la conversación nos llevó a mencionar a nuestro gran Basilio, a mí se me derrumbó el alma y la cara se me hundió de tristeza; ella, en cambio, estaba tan lejos de acompañarme en mi dolor y depresión, que tomó ocasión de la mención del santo para la más sublime filosofía. Disertó sobre la naturaleza humana y descubrió el plan divino que se oculta detrás de las aflicciones, tocando, como inspirada por el Espíritu Santo, las cuestiones que se refieren a la vida futura. Lo hizo de tal manera, que mi alma parecía elevarse con sus palabras casi más allá de los límites de la naturaleza humana y como que se situaba dentro del santuario celeste, conducida como por la mano por sus conocimientos... Y si no temiera dar a mi folleto una extensión desmesurada, narraría todo en su orden: a saber, cómo sus propios razonamientos la elevaban a medida que iba entrando en la filosofía del alma y discurriendo acerca del tema de nuestra vida en la carne y del fin último del hombre y de su condición mortal; de dónde viene la muerte y cuál es el retorno de la muerte a la vida. En todo ello razonaba con claridad y lógica, con gran facilidad de palabra, que fluía como agua que cae de una fuente sin impedimento monte abajo (PG 46,977). 
Santa Macrina murió al día siguiente, y San Gregorio debió de componer este diálogo inmediatamente después. 
San Gregorio de Nisa nació hacía el año 335, su vida esta ligada especialmente a sus dos hermanos mayores -Macrina y Basilio-, que influyeron poderosamente en su formación y a los que siempre se mantuvo estrechamente unido. Es uno de los tres Padres Capadocios, que tanto esplendor dieron a la Iglesia y al pensamiento griego de su tiempo. Es reconocido unánimemente como una de las figuras más atractivas del siglo IV, hombre de más vasta cultura filosófica y teológica y, sobre todo, el escritor más genial y fecundo.

......Hizo la señal de la cruz sobro sus ojos, y sobre su boca y corazón: y estando en oración, salió aquella bendita alma del cuerpo, dejándole hermoso y compuesto, como cuando estaba vivo. Todas las vírgenes que estaban en aquel monasterio, comenzaron á llorar amargamente, y á decir con lastimosas voces: la lumbre de nuestros ojos y la luz de nuestras almas se ha acabado: la que era nuestra guía, nuestro amparo, el retrato de la pureza, el nudo de nuestra concordia, la columna de nuestra vida espiritual nos ha dejado. Todo su tesoro, y todas sus riquezas fueron un manto, una toca y unos zapatos viejos; porque en Dios solo tenía puesto su corazón y su tesoro. Traía al cuello una cruz de hierro y un anillo de la misma materia, y en él un poco de Lignum Crucis. El cuerpo quedó tan claro y resplandeciente, que parecía echaba rayos de sí. 
Concurrió, luego que se supo la muerte, gran multitud de hombres y mujeres de toda aquella comarca á su entierro, y llevando las andas San Gregorio Niceno, su hermano, y otro obispo, y otros dos clérigos, varones insignes, y los clérigos, y otra gente, cirios encendidos en sus manos, la sepultaron en el sepulcro de sus padres con gran ternura y sentimiento. Hizo Dios muchos milagros por esta Santa en vida y en muerte: sanó una doncellita, que estaba casi ciega de un ojo, besándole en él: echó muchos demonios: dio salud á muchos enfermos; y con un espíritu profético pronosticó las cosas futuras que habían de suceder; y el trigo, que mandó dar á los pobres, no se disminuyó, ni cuando se dio, ni después de haberse dado.
De Santa Macrina hace mención el Martirologio romano á los 19 de julio, y San Gregorio Niceno, su hermano, escribió su vida, y la alaba tanto que en los libros de Anima dice que él fué su discípulo, y ella su maestra, y que ella aprendió los misterios más secretos de la teología cristiana, los cuales no se pueden ver, ni entender, sino de los que tienen los corazones puros y limpios.

FuenteLa leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

En la Parroquia de San Gil, histórica sede de la Hermandad de la Esperanza Macarena, existió hasta su destrucción el 18 y 19 de Julio de 1936 una imagen de Santa Macrina -la joven- procedente del extinto Convento de San Basilio, sede original de la cofradía. En el archivo de la Fototeca de la Universidad de Sevilla, se conservan cuatro fotografías de la desaparecida escultura. 
La Santa capadocia, hermana de San Basilio Magno y de San Gregorio de Nisa, se representa estante, insinuando la pierna izquierda en actitud de avance; viste el hábito de monja basiliana, un ropón talar negro con pliegues, sin ceñir, con amplias y largas mangas que dejan ver otras ajustadas al puño, toca con punta en la frente y pliegues en torno al cuello y el pecho, formando el característico rostrillo, con velo que cubre cabeza y hombros; en la mano izquierda lleva un libro abierto, la regla monástica, y en la derecha debió llevar el báculo o la férula de abadesa.
La semejanzas con el rostro y las manos de la Macarena es asombrosa. Evidentemente no se pueda comparar con el original, desgraciadamente destruido en el asalto de las hordas marxistas en la aciaga noche-madrugada del 18 al 19 de Julio de 1936, "coincidentemente" el día la fiesta de Santa ignorado por los criminales que perpetraron aquella sacrílega destrucción.

S A N T O R A L

LAS SANTAS VÍRGENES Y MÁRTIRES, RUFINA, Y SECUNDA, HERMANAS



Las santas vírgenes y mártires, Rufina y Secunda, fueron hermanas, y romanas, de ilustre sangre: su padre se llamó Asterio, y su madre Aurelia. Fueron desposadas con dos caballeros principales, el uno se llamaba Armentario, y el otro Verino: los cuales por temor de la persecución de Valeriano, y Galieno, volvieron atrás, y dejaron la fé de Cristo, y pretendieron persuadir á sus esposas Rufina y Secunda, que la dejasen: pero ellas, aunque mujeres, y por su condición y naturaleza flacas, tuvieron más ánimo, y esfuerzo que los hombres, y estuvieron fuertes y constantes en la fé: y para no perderla, determinaron salir de Roma, y recogerse á una heredad suya apartada, que tenían en Toscaca.

Partiéronse de Roma, y sus esposos, dieron aviso de ello a un conde, llamado Arcesilao: el cual con gente armada las siguió, y alcanzó catorce millas de Roma, y las entregó á Junio Donato, prefecto de la ciudad. el cual las mandó apartar una de otra, y llevar á la cárcel, y al tercero día parecer ante su tribunal. Quiso tentar primero á Rufina aparte, y proponiéndole blandamente su nobleza, edad, y hermosura, y el contento y gozo, que podía tener con su esposo, y los daños que, si no lo hacía, le podían suceder; procuró atraerla á la adoración de los falsos dioses.

Y como ni con fuerza, ni con maña pudiese rendir aquel pecho invencible, y armado de un fuerte amor de la castidad, y de la fé de Cristo; mandó llamar á Secunda, para que en su presencia fuese azotada su hermana Rufina, y por el temor de semejante castigo, ella se redujese á su voluntad. Pero como Secunda viese, que su hermana era azotada, y que á ella no le tocaban; encendida con un vehemente deseo de padecer por Jesucristo, se volvió con gran saña contra el juez, y á gritos le dijo: ¿Qué haces, ó hombre perverso, y enemigo de toda la virtud? ¿Por qué honras á mi hermana, y a mí me dejas, para que no sea particionera de su gloria, y de su corona?

Respondió el
 prefecto: Paréceme, que eres más loca que tu hermana. Ni mi hermana (dijo Secunda) es loca, ni yo lo soy; pero ella y yo somos cristianas: y es justo, que ambas seamos azotadas; pues ambas creemos, y confesamos á Cristo: porque la virtud del cristiano crece con los azotes: y tanto mayores coronas de gloria sempiterna alcanza; cuanto mayores han sido los golpes de las tribulaciones temporales, con que ha sido ejercitada.
Y como el prefecto las exhortase á hacer vida con sus esposos, y ellas se mostrasen muy constantes, y deseosas de morir, antes que perder su virginidad; el prefecto les preguntó: ¿Qué harían, si contra su voluntad, y por fuerza perdiesen lo que tanto amaban? Respondió Secunda: No puede la virgen perder la virginidad y entereza de su alma, si ella misma no se aparta de la justicia.
La fuerza y agravio, que se hace á la virgen le es tormento, y el tormento acrecienta el premio y la corona. Por tanto tú haz, lo que es tu voluntad: apareja fuego, y cuchillo, azotes, varas, palos, y piedras; que cuanto añadieres de tormentos, tanto añades de gloria. Mandóles poner el juez en una prisión, y allí levantar humo de estiércol , para atormentarlas con el mal olor: pero el Señor le convirtió en una suavísima fragancia, con gran recreo, y delectación de las santas; y en aquella cárcel tenebrosa resplandeció una claridad maravillosa, y celestial. Sacáronlas por mandado del prefecto, y pusiéronlas en un baño, y en una tina de aceite hirviendo: y habiendo en ella estado dos horas continuas, se hallaron sin lesión alguna, con gran refrigerio y recreo: de lo cual admirado el prefecto, mandó llevarlas al rio Tíber, que pasa por medio de la ciudad de Roma y echarlas en él con una pesada piedra, atada á sus cuellos.

Anduvieron las santas doncellas por espacio de media hora sobre las aguas, sin hundirse, ni mojarse, cantando, y alabando al Señor, y predicando sus maravillas y triunfos. Finalmente las sacaron fuera de Roma, y en un bosque diez millas lejos de ella, les fueron cortadas las cabezas, dejando los cuerpos sin sepultura, para que fuesen comidos de los lobos. Más las santas aparecieron muy resplandecientes, y gloriosas á una matrona romana, señora de aquella heredad, donde estaban sus cuerpos, la cual era gentil, y se llamaba Plautila, y la amonestaron, que se hiciese cristiana, y tomase sus cuerpos, y los sepultase, porque así alcanzaría el premio y bienaventuranza, que ellas habían alcanzado. Hízolo así Plautila: fué á su heredad: halló los cuerpos de las santas vírgenes sin mal olor, ni lesión alguna: edificóles allí un sepulcro, donde estuvieron algunos años, y después fueron trasladados á la ciudad, y colocados en San Juan de Letrán, en la parte, que llaman Constantiniana, junto á la pila del bautismo de Constantino.
Fué el martirio de estas santas el año del Señor de 260, á los 10 de julio, y este día celebra la Iglesia su festividad. Hoy en día hay gran memoria en Roma del lugar donde padecieron, que está de la otra parle del Tíber, en la vía Aurelia; y ha sido honrado con silla, é iglesia catedral, que se llama de la Selva Cándida. Hacen mención de estas santas hermanas los Martirologios romano, de Usuardo, Beda, y de Adon.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.


sábado, 18 de julio de 2026

S A N T O R A L

      DEFINICIÓN DE LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA

Dios para quien mil años son como un día y que combina los tiempos en su Verbo eterno,
destinaba para una gran gloria al 18 de Julio.
En este día, en efecto, del año 1870, el Concilio Ecuménico del Vaticano, presidido por Pío IX, definió en su Constitución Pastor aeternus la plena, suprema e inmediata autoridad del Romano Pontífice sobre todas las Iglesias, y pronunciaba por lo mismo el anatema contra quien no reconociese la infalibilidad personal del Pontífice mismo Romano al hablar ex Cathedra, es decir, al definir la doctrina como Pastor universal en materia de fe y costumbres. Débese notar que en estos días, (domingo de mediados de julio) celebran los griegos la memoria conjunta de los seis primeros concilios generales de Nicea, de Constantinopla, Efeso, Calcedonia, segundo y tercero de Constantinopla. Vivimos pues en este período del año litúrgico fiestas esplendorosas.




El dogma de la infalibilidad pontificia se declaró tal cual  en la encíclica Pastor Aeternus promulgada por Pío IX, en el marco del Concilio Vaticano I, refrendada por el conjunto de los Obispos,  en los siguientes términos:
 "...con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, define una doctrina de Fe o Costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia, 
posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por lo mismo, las definiciones del Obispo de Roma son irreformables por sí mismas y no por razón del consentimiento de la Iglesia. De esta manera, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de contradecir ésta, nuestra definición, sea anatema".


LOS MÁRTIRES

En este mundo, no lo olvidemos, el martirio es sobre todo el acto supremo de la fe, que merece y produce la luz. No dudemos de que la Sabiduría divina haya juntado los dos hechos que la Iglesia nos recuerda en este día, ella para quien, desde el trono de su eternidad es como un juego el peso, la medida y los números de este mundo. Estimemos en su justo valor, como hijos de la luz, los rayos que llegan hasta nosotros desde las colinas eternas. Son la gracia excelente que el apóstol Santiago, hermano del Señor, nos muestra que desciende del cielo, a quien llama, en cuanto fuente de todo bien perfecto, Padre de las luces; son el precio de la sangre que nuestros padres han derramado para defender y desembarazar siempre más, en su amplitud divina, la palabra confiada por el Verbo a la Iglesia.
Unámonos a este culto y a estos honores al repetir la Colecta de Misa; "Oh Dios que nos concedes celebrar el aniversario de tus santos mártires Sinforosa y de sus hijos; concédenos gozar de su compañía en la felicidad eterna." Por Jesucristo Nuestro Señor.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer 

SANTA SINFOROSA, Y SUS SIETE HIJOS, MÁRTIRES

El bienaventurado San Getulio Zolico fue martirizado en Liorna, en tiempo del emperador Adriano, en compañía do Cerario, Amancio, y Primitivo. Había sido casado con una santa matrona, llamada Sinforosa, de la cual tuvo siete hijos varones, cuyos nombres son Crescendo, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo, y Eugenio: los cuales con su santa madre se retiraron á la ciudad de Tibuli, donde hoy día hay una cisterna seca, en la cual se dice, que estuvieron escondidos en tiempo de aquella persecución. Mas en fin santa Sinforosa fué presa con sus hijos: y como no pudiese el emperador con blanduras, promesas, y amenazas, persuadir á la santa madre, que sacrificase á los ídolos, mandóla dar muchas heridas en su rostro, y colgarla de los cabellos, y tenerla suspensa en el aire. De allí la buena madre amonestaba a sus hijos, que siendo ellos varones, no se dejasen vencer de ella, que era mujer flaca, en padecer tormentos con alegría por Jesucristo: que se acordasen de su padre, e imitasen su esfuerzo y valor: que mirasen, que ella era su madre, y moría allí delante de sus ojos: y que tuviesen por cierto, que los tormentos no eran tan atroces, como parecían, y que el galardón, que por ellos se daba, era mayor que el entendimiento humano podía comprender. Con estas y otras razones animó la santa madre á sus santos hijos: y el tirano tomó tanto enojo, que la mandó dar muchos golpes, allí colgada de los cabellos, como estaba: y finalmente, atada á su cuello una grande piedra, echarla en un río, donde dio su espíritu á Dios. Su cuerpo sepultó Eugenio, hermano suyo, que en Tibuli era hombre principal. A los siete hijos mandó el emperador otro día atar á siete palos, y matar con diferentes muertes.
Crescencto murió atravesado por la garganta con una lanza: Juliano por el pecho: Nemesio por el corazón: Primitivo por el vientre: Justino fué desmembrado, y hecho cuartos: Estacteo herido por todo el cuerpo, y despedazado; y Eugenio partido por el pecho en dos partes. Sus santos cuerpos fueron echados en una sima. Hay en la vía Tiburtina hoy día una noble y antigua memoria de santa Sinforosa, cuyas reliquias, y de sus santos hijos fueron con el tiempo trasladadas á Roma, y en nuestros días, siendo sumo pontífice Pió IV, se hallaron en la diaconía de san Ángel de la Pesquería, con una lámina de plomo, con estas palabras escritas en latín: Hic requiescunt corpora sanctorum martyrum Simphorosæ, viri sui Zotici, et filiorum ejus, a sancto Stephano papa translata: Aquí reposan los cuerpos de los santos mártires Sinforosa, y de Zotico, su marido, y de sus hijos, los cuales trasladó Estévan, papa.

Celebra la Iglesia su fiesta á 18 de julio; y fué su martirio el año del Señor de 138, y  el diez y nueve del imperio de Adriano.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

viernes, 17 de julio de 2026

S A N T O R A L

Beatas Carmelitas de Compiègne, 
Vírgenes y Mártires

El 14 de julio de 1789 comenzó el período conocido como Revolución Francesa. Desde su comienzo fue contraria a la Iglesia, no solo como institución, sino como simple manifestación de creencia personal o comunitaria. Contra esto estuvo dirigida la ley del 13 de febrero de 1790 que prohibía a las comunidades religiosas, más aún las de vida claustral, por considerarse contrarias a "la razón". Las dedicadas a la caridad o la educación fueron toleradas, solo en un primer momento. El 4 de agosto de 1792, como las demás comunidades, claustrales o no, fueron conminadas a abandonar los hábitos y el monasterio. Antes firmaron el juramento de Libertad-lgualdad, por miedo a la deportación y pensando todo sería temporal. Los revolucionarios pretendieron "liberarlas" de aquella vida de superstición y sometimiento, contraria a la libertad y sumergida en algo tan inútil como la oración. Niguna de ellas quería aquella "libertad" impuesta; todas ya habían elegido libremente, mucho antes que aquellos hombres pensaran en libertades.   Hasta el 14 de septiembre de 1792 pudieron llevar vida comunitaria en relativa calma, incluso celebraron los votos de la hermana conversa María de San Francisco Javier, los últimos celebrados antes del martirio. Igualmente celebraron elecciones, recayendo los cargos de priora en la Madre Teresa de San Agustín, que eligió como supriora a Ana María de San Luis y como maestra de novicias a María Enriqueta de la Providencia. La priora, al arreciarse la persecusión y martirio de los religiosos o seglares, tuvo la inspiración de hacer un voto de ofrecimiento como víctimas al Sagrado Corazón de Jesús, ofreciéndose para aplacar la cólera divina y para que la paz volviera a la Iglesia y a Francia. Reunió momentáneamente a las demás religiosas y externas, y todas aceptaron, menos las dos más ancianas, Sor Gabriela y Sor Carlota, aunque solo en un primer momento, pues luego hicieron el voto igualmente, que renovaban cada día.

El 20 de junio de 1794, en Compiègne se celebró un festival del "Ser Supremo", en la iglesia de Santiago Apóstol, ya desacralizada en noviembre de 1793, y convertida en templo del culto de la Razón. Ese mismo junio, en medio de este ambiente antireligioso, luego de dos años de exclaustradas, la vida oculta que llevaban las carmelitas, con horarios regulares, su nula aparición en las calles (salvo para visitarse y alentarse), su silencio, alertaron a las autoridades jacobinas de que podían estar viviendo aún religiosamente. Las denunciaron al Comité de Salud Pública y fueron apresadas y acusadas de conspiración, reuniones ilícitas y correspondencia con refractarios (los que se negaban a firmar el juramento antes dicho). ¿La prueba para condenarlas?: Una estampa del Sagrado Corazón de Jesús, unas cartas de dirección espiritual y un retrato de Luis XVI. La devoción al Corazón de Jesús había sido una devoción impulsada por los reyes, desde las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque. "Dios y el Rey" (el grito del alzamiento de la Vendée), la realeza de Cristo, el reinado de su Corazón, eran términos chirriantes a las democracias. El catolicismo era una cuestión de Estado, ser católico era ser regalista. Una popular imagen del Sagrado Corazón usada como estandarte resumía esta creencia y fue la hallada a las mártires.  El 22 de junio fueron recluidas en el antiguo monasterio de las visitandinas, convertido en cárcel. Allí las monjas, viendo la situación, renegaron en grupo del juramento de fidelidad que antes habían firmado ante los jacobinos, con lo que sus almas quedaron en paz, conservando solo sus votos religiosos y su especial voto de sacrificio absoluto. El 12 de julio fueron subidas, atadas de manos, en dos carros abiertos con dirección a París, que ellas convirtieron en monasterio, pues rezaban el oficio y cantaban, en medio de la multitud que les abucheaba. 

Carlota de la Resurrección

Carmelita Mártir de Compiègne
Al llegar, la hermana Carlota fue arrojada con violencia al suelo, pues por su avanzada edad le era imposible bajar con las manos atadas. Aún en el suelo, aquella que había temido un día, les dijo a los jacobinos: "No os guardo ningún rencor. Al contrario, os agradezco que no me hayáis matado porque habría perdido la dicha del martirio". En la cárcel, juntas de nuevo, retomaron la vida monástica, recitando el oficio litúrgico como si nada.
El 16 de julio celebraron jubilosamente la solemnidad de la Virgen del Carmen y, como colofón al gozo, esa misma tarde, recibieron la notificación a comparecer al día siguiente en el Tribunal Revolucionario, sabiendo para qué. Esa noche compusieron unos versos que cantaron con la música de La Marsellesa. Al día siguiente, las acusaron formalmente de fanatismo, de formar conciliábulos contrarrevolucionarios, vivir bajo obediencia y mantener los votos monásticos. La Madre Teresa de San Agustín intercedió por las externas, pero fue desoída, con alegría de estas. Tres jueces se encargaron de juzgarlas. Fouquier-Tinville asumió la acusación pero no se designó defensor para las acusadas. Los cargos y pruebas que se adujeron contra ellas eran triviales o infundados, pero Fouquier- Tinville insistió sobre todo en el fanatismo de las religiosas. La hermana María Enriqueta se encaró con él y le preguntó qué entendía por ese término, El fiscal respondió: «Por ese término entiendo vuestras creencias infantiles y vuestro estúpido apego a las prácticas religiosas». La monja se volvió entonces hacia sus hermanas y les dijo: «Como veis, nos condenan por nuestra religión. Tendremos la felicidad de morir por Dios». Todas fueron condenadas a muerte, lo mismo que Moulot de la Ménardiére, por haberse «enemistado con el pueblo al conspirar contra la Constitución».

Fueron trasladadas a la Place du Trone. Allí les leyeron la sentencia y entonaron el Miserere, la Salve, el Te Deum, canto solemne de acción de gracias y, finalmente, el Veni Creator. La Superiora General de las Hermanas de la Caridad de Nevers, escribe en una carta:  "He sabido por una persona que fue testigo de su martirio que la más joven de estas buenas carmelitas fue llamada primero y que fue a arrodillarse ante su venerable superiora, pidió su bendición y permiso para morir. Luego subió al andamio cantando el "Laudate Dominum omnes gentes". A continuación, se puso por sí misma debajo de la cuchilla, sin permitir al verdugo que la tocase. Todas las demás hicieron lo mismo. La venerable Madre fue la última sacrificada".  Se refiere a la novicia Sor Constanza de Jesús, la primera en subir. Fueron guillotinadas una tras otra, la última, la Madre Teresa de San  Agustín. Era el 17 de julio de 1794 y fueron las últimas víctimas del Terror, como si Dios aceptase su sacrificio por suficiente, pues el 27 de julio siguiente, Robespierre y el gobierno revolucionario eran derrocados.

Fueron enterradas en una fosa común, junto a otros condenados en lo que luego se llamaría cementerio de Picpus. Sobre dicha fosa una sencilla lápida recuerda que "Beati qui in Domino moriuntur".


Se conservan testimonios y reliquias de nuestras mártires, de manos de las benedictinas de Cambrai, prisioneras con ellas en las Ursulinas. Estas benedictinas eran de origen inglés, por lo cual aunque exclaustradas y disueltas, al ser encarceladas no fueron asesinadas por no ser ciudadanas francesas. A ellas confiaron las carmelitas sus hábitos, crucifijos y rosarios, así como notas piadosas, composiciones poéticas, y unas sandalias que estas religiosas conservaron como verdaderas reliquias martiriales. Al terminar el período del Terror, 10 días después del martirio de las carmelitas, estas religiosas benedictinas se agruparon como pudieron, hasta que finalmente en 1795 pudieron regresar a Inglaterra, fundando el monasterio de Stanbrook, y llevando consigo las preciadas reliquias. En 1894, por el centenario del martirio, la abadesa devolvió gran parte de estos objetos a las carmelitas de Compiègne, donde pueden venerarse actualmente. Fueron grandes devotas de estas mártires, aun sin ser beatas en ese tiempo, las santas Julia Billiar, que era asidua del locutorio de Compiègne, y Magdalena Sofía Barat . No en vano el director espiritual de ambas fue el Venerable Padre Lamarche, que sirvió de capellán a las Beatas Teresa y compañeras mientras vivían exclaustradas, arriesgando su vida. Le fueron muy devotas también Santa Teresita , que parece inspirar en su testimonio su "Ofrenda al Amor Misericordioso" y la Beata Isabel de la Trinidad, que en 1906, año de la beatificación de las mártires, escribirá:

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"Qué  hermosa debió ser la ceremonia [de beatificación] de nuestras Beatas y cómo debiste dar gracias al Señor, que me ha traído a esta montaña del Carmelo, a esta Orden ilustrada con tantos santos y mártires! Oh, qué feliz sería si mi Maestro quisiese que también yo derrame mi sangre por El! Pero lo que sobre todo le pido es ese martirio de amor que ha consumido a mi santa Madre Teresa, a quien la Iglesia proclama "Víctima de caridad"; y ya que la Verdad ha dicho que la mayor prueba de amor era dar la vida por quien se ama (Jn. 15, 13), le doy la mía. Hace mucho tiempo que es suya para que haga lo que le agrade, y si no soy mártir de sangre, quiero serlo de amor". (Carta a su madre. 19 de junio de 1906) 
"Pidamos esa fuerza de amor que ardía en el corazón de nuestras beatas para que también nosotras seamos mártires de ese amor, como nuestra Madre Santa Teresa". (Carta a Germana de Gemeaux. 10 de octubre de 1906)

Sus nombres que han querido estar inscritos en el martirologio de la Iglesia:

Hna. Teresa de San Agustín (Magdalena Claudina Lidoine) Priora de todas ellas, nacía en París el 22 de Septiembre de 1752.
Hna. San Luis (María Ana Francisca Brideau), nace en Belfort.

Hna. de Jesús Crucificado (María Ana Piedcourt), nace en Paris.
Hna. de la Resurrección (Ana María Magdalena Carlota Thouret), nace en Mouy (Oise).
Hna. Eufrasia de la Inmaculada Concepción (María Claudia Cipriana Brard),nace en Bourth Eure.
Hna. Enriqueta de Jesús (María Francisca Gabriela de Croissy) nace en París.
Hna. Teresa del Corazón de María (María Ana Hanisset), nace en Reims.
Hna. Teresa de San Ignacio (María Gabriela Trézel), nace en Compiègne.
Hna. Julia Luisa de Jesús (Rosa Chrétien), nace en Evreux (Eure).
Hna. María Enriqueta de la Providencia (Anita Pelras), nace en Cajarc.
Hna. Constanza (María Juana Meunier), nace en Saint-Denis.
Hna. María del Espíritu Santo (Angélica Roussel), nace en Fresnes.
Hna. Santa María (María Dufour), nace en Bann´s.
Hna. San Francisco Javier (Isabel Julieta Verolot), nace en Lignières.
Luisa Catalina Soiron, tornera, nace en Compiègne.
Teresa Sairon, tornera, nace en Compiègne.

La Iglesia declaró que el sacrificio de aquellas nobles mujeres no había sido en vano, puesto que “apenas habían transcurrido diez días de su suplicio cesaba la tormenta que durante dos años había cubierto el suelo de Francia de sangre de sus hijos” (Decreto de declaración de martirio, 24 de junio de 1905). El cardenal Richard, arzobispo de París, inició el proceso de su beatificación el 23 de febrero de 1896. El 16 de diciembre de 1902, el papa León XIII declaraba venerables a las dieciséis carmelitas. Se sucedieron los milagros, como una garantía de su santidad, y, el 13 de mayo de 1906, San Pío X declaró beatas a aquellas “que, después de su expulsión, continuaron viviendo como religiosas y honrando devotamente al Sagrado Corazón”.

Comentario del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira
Estas hermanas sabían que estaban siendo condenados a muerte por su fidelidad a la Iglesia Católica y al Rey, pero  querían que el fiscal lo admitiera en voz alta, porque esto sería un testimonio público de su martirio y un estímulo para ellos en la cara de los peligros de la apostasía. Esta es la razón por que la Madre Enriqueta fue acusado de hacer esa pregunta.  
Cuando llegó la respuesta, ella estaba feliz y lo transmitió a su madre y hermanas en la religión. Todas ellas compartieron la alegría y avanzaron a morir. La Madre Enriqueta, que era muy decidida,  ofreció asistencia a cada una de ellas hasta el final. Sólo la Priora, Madre Teresa de San Agustín, murió después de ella, porque ella era la superior, y el capitán debe ser siempre el último en abandonar el barco que se hunde.
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Las Hermanas Carmelitas suben al carro
rumbo a la guillotina
   El episodio con el vaso de agua es precioso. Es cierto que hubo algunas carmelitas que estaban nerviosas frente al trauma de una muerte violenta. Pero beber un vaso de agua podría darles algo de alivio. Cuando la Madre Enriqueta vio que una hermana carmelita estaba dispuesto a aceptar la oferta, ella probablemente estaba pensando: Este pequeño sacrificio puede ser otra perla de la corona en el Cielo" Entonces, ella le aconsejó que no lo tomara, y ​​le dio este magnífico razón: "Mi hermana, en el Cielo pronto vamos a tener agua en abundancia para beber". 
Ella se refería claramente a Nuestro Señor, que es la fuente de todas las aguas de vida, a la contemplación cara a cara de Dios que da la felicidad eterna. La hermana  entiende que cuando iba a recibir su corona de martirio, tendría una estrella adicional porque ha hecho ese sacrificio
Madre Henriette enfrentó a la muerte
con valentía y alentó a las demás
 
                                      Se puede comparar la Madre Henriette de  Jesús con un personaje imaginario en una novela popular, El Diálogo de Carmelitas de George Bernanos. El personaje se llamaba Blanche de la Force y fue presentada como una hermana carmelita débil y tímida. Ella es un personaje imaginario, pero vale la pena considerar, porque ella representa a un tipo de carácter común.
En su novela, Bernanos la presentó como una hermana que tenía pánico cuando las otras hermanas fueron tomadas por los soldados revolucionarios y condenadas, y por esta razón había apostatado de la Orden. Ella ya no vivía en el interior de la comunidad carmelita, pero ella fue a ver a la ejecución de sus antiguas compañeras que sufrirían el martirio ese día. Las hermanas estaban cantando el Veni Creator en coro y, una por una, se subieron los escalones del cadalso para ser guillotinada. Al ver esto, fue conmovida por una gracia, salió de la multitud y, cantando, se unió al cortejo que la ejecutará junto con a ellas.
Las dos actitudes tanto religiosa - Madre Henriette y hermana Blanche - expresan bien los diferentes caminos de la Divina Providencia para las almas diferentes - las maravillas como Dios  trabaja con los distintos escogidos. Para algunos Elige la gloria de arrepentimiento - esta es una de las glorias atribuidas a los apóstoles que huyeron durante su Pasión. Para otros le da la fuerza que ha dado a la Madre Enriqueta de Jesús, es decir, para ver la muerte desde la distancia y se enfrentan con valentía, caminando hacia ella con alegría. Esto fue lo que hizo con la Madre Henriette, quien ayudó a todos los demás que enfrentan a sus martirios. Se trata de dos caminos diferentes que Dios escoge para liderar y dirigir las almas. 
Cristo de Compiègne
 Al ver estos dos caminos contrapuestos, se puede admirar la infinita belleza de Dios en la unidad y la diversidad de sus caminos. Por ello, los santos son diferentes entre sí y por qué hay diferentes escuelas de espiritualidad en la Iglesia Católica. Sirve para mostrar la belleza y la riqueza de la Santa Madre Iglesia, un reflejo de la belleza de la Jerusalén celestial.¿Cuál es la relación entre Nuestra Señora de Fátima y Nuestra Señora del Monte Carmelo, puesto que Ella se apareció con el hábito carmelita en una de las apariciones? Ustedes saben que en las apariciones de Fátima, nuestra Señora normalmente llevaba un vestido blanco con un borde dorado y un cinturón de oro en la cintura. Pero durante la aparición a los niños cuando ocurrió el milagro del sol, Ella se apareció con el hábito carmelita en la representación de los misterios gloriosos del rosario.