sábado, 15 de agosto de 2026


Plinio Corrêa de Oliveira

Assumptio Beatae Mariae Virginis in caelum

¿Cómo fue la Asunción de la Santísima Virgen?

"Santo del Dia", 14 de agosto de 1965 [1]





Asunción de la Virgen María - Anónimo Siglo XVII [MUSEO COLONIAL - Bogotá - Colombia]
















Ese dogma era ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque pone a la Santísima Virgen completamente fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura. Se justifica así el culto de hiperdulía que la Iglesia le tributa. [“hiperdulía”: culto especial reservado a la Virgen Maria, superior a la “dulía” que se dedica a los santos y a los ángeles].

Nuestra Señora pasó por una muerte suavísima que es calificada con una propiedad de lenguaje muy bonita, como la “dormición de Nuestra Señora”. “Dormición” indica que Ella tuvo una muerte tan suave, tan próxima de la resurrección que, a pesar de ser una verdadera muerte, entre tanto más parecía un simple sueño.

Dormición de Nuestra Señora, Beato Angélico (1395-1455) Museo de San Marcos, Florencia


Nuestra Señora después fue llamada a la vida por Dios, resucitó como Nuestro Señor Jesucristo. Subió después a los cielos, en la presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de una cantidad muy grande de fieles. Esa Asunción representa una verdadera glorificación a los ojos de toda la humanidad hasta el fin del mundo. Es el preludio de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.

Es interesante que hagamos una recomposición del lugar para imaginarnos cómo la Asunción sucedió. Acerca del hecho no existen descripciones y podemos imaginarlo como nuestra piedad gustaría.

En lo bajo, los Apóstoles todos arrodillados, rezando en un ambiente con algo de inefablemente noble, sublime, recogido, interior. Podemos imaginar todos los Apóstoles con expresiones de personajes de Fray Angélico.

El cielo llenándose gradualmente de ángeles, a imagen de los ángeles de Fray Angélico también, tomando los coloridos más diversos, con matizaciones e irradiaciones magnificas, un espectáculo absolutamente incomparable.

Si Nuestra Señora pudo dar al cielo un colorido tan diverso y producir fenómenos tan excepcionales en Fátima, ¿por qué lo mismo no se habría dado por ocasión de su Asunción al Cielo?

Ella se pone de pie mientras el respeto y recogimiento de todos aquellos que están allí va creciendo. La semejanza física de Ella con Nuestro Señor Jesucristo, su Hijo, se va acentuando cada vez más. La gloria de Nuestro Señor transfigurado se va comunicando a Ella.

Ella cada vez más Reina, cada vez más majestuosa, cada vez más Madre. Todo lo más íntimo de su alma manifestándose de modo supremo en esa hora de despedida.

Fra Angelico - The Dormition and Assumption of the Virgin, 1424-1434 - Isabella Stewart Gardner Museum

Algunos ángeles, tal vez, los más espléndidos del Cielo, se aproximan y hacen subir a la Santísima Virgen. Con el auxilio de ellos, Ella va subiendo y, de a poco, el Cielo se va transformando.

En la tierra, aquella maravilla va mudando, y vuelve al aspecto primitivo. Los hombres vuelven a sus casas con la sensación que tuvieron en la Ascensión de Nuestro Señor.

Al mismo tiempo están maravillados, con una nostalgia sin nombre, desolados por algún lado, pero llevando en la retina algo que nunca habían visto, ni podrían haber imaginado al respecto de la Santísima Virgen.

Inmediatamente, el triunfo de Nuestra Señora comienza en el Cielo. La Iglesia gloriosa entera va a recibirla. Nuestro Señor Jesucristo la acoge, todos los coros de ángeles están ahí, San José está cerca. Después es coronada por la Santísima Trinidad.

Es imposible pensar en ese triunfo terreno, sin pensar en el triunfo celestial que vino enseguida. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.
Asunción de Nuestra Señora, Johannes Wielki, Master of the Olkusz Poliptych (1466-1497)

Con certeza, en ese día también la Iglesia padeciente en el Purgatorio recibió una efusión de gracias extraordinarias. No es temerario pensar que casi todas las almas que estaban purgando sus penas fueron liberadas por Nuestra Señora ese día. De manera que también allí hubo una alegría enorme.
Así es que podemos imaginar cómo fue la gloriosa Asunción de nuestra Reina.

Algo de eso se repetirá cuando venga el Reino de María prometido en Fátima, cuando veamos el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brille sobre la tierra, porque Su reinado comenzó de modo efectivo, y días maravillosos de gracias como nunca hubo antes, comienzan a anunciarse también.

Antes de contemplar la gloria de Nuestra Señora en el Cielo, nosotros habremos de contemplarla en la tierra ciertamente, con algo que podrá darnos alguna semejanza de ese triunfo sin nombre que debe haber sido la Asunción de María.

Cuando pensamos en los triunfos que los hombres preparan para sus grandes batalladores, por ejemplo, las tropas francesas desfilando bajo el Arco de Triunfo, después de la Guerra de 1918, o más modestamente en los triunfos que los romanos preparaban para sus generales vencedores, debemos comprender que Nuestro Señor Jesucristo, que es infinitamente más generoso, debe haber premiado a Nuestra Señora, en el triunfo de Ella a los ojos de los hombres de un modo también inconmensurablemente mayor.

Por tanto, todo cuanto existe de más glorioso y triunfal en la Creación, habrá ciertamente brillado en la hora de la Asunción de Nuestra Señora.

Meditando en ello, aproximémonos en esta fiesta pensando en la virtud que debemos pedir a la Virgen Santísima. Cada uno debe pedir la virtud de que más necesita.

Pero, no sería pedir en demasía a Ella una virtud, que es el sentido de la gloria de Ella. Es decir, comprender bien todo cuanto representa Su gloria en el Orden de la Creación. Cómo esa gloria es la más alta expresión creada de la gloria de Dios.

Debemos estar sedientos de defender, por la virtud de la combatividad llevada a su último extremo, la gloria de Nuestra Señora en la tierra. Hacer de nosotros verdaderos caballeros cruzados de Nuestra Señora, luchando por Su gloria en la tierra.

Esa me parece la virtud más adecuada a pedir en esta fiesta de gloria, que es la Asunción de María Santísima.

(*) Extractos de disertación pronunciada el 14 de agosto de 1965 - Sin revisión del autor. 

A D V E R T E N C I A

“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso, algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.

Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.

S A N T O R A L


LA ASUNCION DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA

Hoy celebramos en un día tres fiestas de Nuestra Señora debajo del título de la Asunción: una es la de su felicísimo tránsito, cuando su bendita alma, dejando el cuerpo en la tierra, voló al cielo; otra es, cuando poco después se juntó, y se reunió la misma alma con el cuerpo, y con inefable gloria subió al cielo; la tercera es de su coronación por Reina de los Ángeles, y Señora del universo.



La Asunción de Nuestra Señora es una de nuestras solemnidades litúrgicas más alegres.

"Gaudent Angelí! Gaudete, quia cum Christo regnat"

La Iglesia del Cielo y la de la tierra se unen a la dicha infinita de Dios que acoge y corona a su Madre. Ambas a dos celebran con amor la alegría virginal de la que entra, ya para siempre, en el mismo gozo de su propio Hijo.

Ángeles y santos se apresuran a aclamar a su Reina, mientras la tierra se regocija también de haber dado al Cielo la joya más brillante.

GLORIFICACIÓN DEL ALMA DE NUESTRA SEÑORA


Hoy es el "día natal" de Nuestra Señora, en el cual celebramos al mismo tiempo el triunfo de su alma y el de su cuerpo. Detengámonos un instante ante esta glorificación del espíritu, tal vez menos advertida por ser común a todos los Santos. La entrada del alma de María en la visión beatífica es un hecho de un esplendor y de una riqueza que arroja una luz incomparable sobre nuestras más altas esperanzas. Cierto que no nos podemos figurar la belleza de esta suprema "revelación", donde la mirada tan pura ya y tan penetrante de la más perfecta de las criaturas se ha dilatado repentinamente ante un abismo de Belleza infinita. Intentemos al menos, con la ayuda de la gracia divina, levantar nuestros pensamientos hacia la cumbre, misteriosa todavía para nuestra vista, en la cual se realiza este prodigio.

¡Regocíjense los Ángeles! ¡Regocijaos vosotros porque ella reina con Cristo!

Y, efectivamente, bien se la puede llamar cumbre, ya que es el término de un constante y largo subir. Llena de gracia en el instante mismo de su Concepción, la Inmaculada no cesó nunca de crecer en este mundo ante el Altísimo.

La Anunciación, Navidad, el Calvario y Pentecostés han jalonado ese crecimiento extraordinario.


El amor virginal y maternal se ha enriquecido y elevado en cada una de esas etapas, tendiendo hacia una cima a la que ninguna otra pura criatura podrá llegar nunca. La luz de gloria que de repente invade al alma de María y la hace ver en toda su magnificencia las grandezas de su Hijo y su propia dignidad maternal, sobrepuja también, y con mucho, a la gloria de todos los Ángeles y de todos los Santos.

Después de la santa Humanidad de Cristo, sentado a la diestra del Padre en el Santuario de la Divinidad, no hay nada en el mundo tan perfecto como esta alma maternal, radiante de pureza, de beldad, de ternura y de alegría: Beata Mater!Esta entrada triunfal en la eterna Bienaventuranza ¿hará posible en el alma de María un nuevo crecimiento? En cuanto a ella misma, no: todo se ha cumplido de manera perfecta; no es posible crecer en la Eternidad. Totalmente abierta a los esplendores del Verbo, Hijo suyo, en el alma de María se realizan por fin de modo acabado todas las exigencias de su vocación sublime. Su alma es el alma de una Madre de Dios perfecta.Pero María sólo tuvo por Hijo a Jesús. Madre de Dios Salvador, lo es también de todos los que vayan a beber en las fuentes de la salvación. Su maternidad de gracia irá amplificándose hasta el fin del mundo. El alma de María ve en la luz beatífica a todos sus hijos y todos los designios de Dios sobre cada uno de ellos: pronunciando un fiat a impulsos del amor, da su consentimiento a esta universal Providencia, en la que, por disposición divina, su propia intervención no tiene límites.
asuncion De esta manera se une al Sumo Sacerdote que no cesa un instante de implorar en nuestro favor la Misericordia del Padre. Su oración consigue para la Iglesia de la que es figura y dechado, una Asunción permanente hasta que se logre de un modo definitivo la "plenitud" del Cuerpo Místico. Mientras llega esa apoteosis, el alma bienaventurada de María, "emplea su cielo en hacer bien en la tierra", mejor que cualquier otro santo. Demos, pues, libre curso al entusiasmo de nuestra alegría. A nuestra confianza filial añadamos la gratitud. Celebremos dignamente a nuestra Abogada, Mediadora y Madre, que ocupa el puesto de Reina junto al trono del Cordero.
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer



Assumpta est Maria in Caelum
…y se extendió por toda la Tierra, como un perfume, la Devoción a Nuestra Señora, que era una quintaesencia de su presencia en la Tierra…
Asunción de la Sma. VirgenEl dogma de la Asunción de Nuestra Señora fue ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque es una afirmación más a respecto de la Madre de Dios que la coloca completamente fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura y justifica el culto de hiperdulía que la Iglesia le tributa.
Nuestra Señora tuvo una muerte suavísima, tan suave que es calificada por los autores, con una propiedad de lenguaje muy bonita, la “Dormición de la Bienaventurada Virgen María” (Dormitio Beatae Mariae Virgine), indicando que Ella tuvo una muerte tan suave, tan próxima de la resurrección, que a pesar de constituir verdadera muerte, entretanto es más parecida con un simple sueño. Nuestra Señora después de la muerte resucitó como Nuestro Señor Jesucristo, fue llamada a la vida por Dios y subió a los Cielos en presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de muchos fieles.
Esa Asunción representa para la Virgen santísima una verdadera glorificación a los ojos de los hombres y de toda la humanidad hasta el fin del mundo, bien como anticipación de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.
La Iglesia Triunfante entera va a recibirla con todos los coros de ángeles; Nuestro Señor Jesucristo la acoge; San José asiste a la escena; después Ella es coronada por la Santísima Trinidad. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.
Coronación de la VirgenCon certeza en ese día, la Iglesia purgante también recibió una efusión de gracias extraordinarias. Y no es temerario pensar que casi todas las almas que estaban en el Purgatorio fueron entonces liberadas por Nuestra Señora en ese día, de manera que allí hubo igualmente una alegría enorme. Así podemos imaginar como fue la gloria de nuestra Reina.
Algo de eso se repetirá – creo – cuando fuere instaurado el Reino de María, cuando viéremos el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brillar sobre la Tierra.
(Trecho de una conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira el 14 de Agosto de 1965)
Fuente: http://www.accionfamilia.org/formacion-catolica/fiestas-religiosas/asuncion-virgen/


viernes, 14 de agosto de 2026

S A N T O R A L


Gran devoto de María Inmaculada y su ardoroso apóstol, fray Maximiliano fue encarcelado por los nazis en un campo de concentración, donde dio la vida para asistir a otros en su muerte

Plinio María Solimeo

San Maximiliano Kolbe nació el día 8 de enero de 1894 en Zdunska Wola, Polonia. Sus padres, Julio Kolbe y Mariana Dabrowska, eran pobres artesanos pero auténticos cristianos, devotísimos de la Virgen María. En el bautismo recibió el nombre de Raimundo. Tuvo cuatro hermanos; dos de ellos fallecieron siendo niños.

El pequeño Raimundo era muy vivo y sagaz. Un día en que su madre lo reprendió más vehementemente por alguna falta, resolvió cambiar de vida. Contará años después: “Esa noche le pregunté a la Madre de Dios qué sería de mí. Entonces Ella se me apareció teniendo en las manos dos coronas, una blanca y otra roja. Me preguntó cuál de las dos escogería. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que sería mártir. Escogí las dos. A partir de entonces, un profundo cambio se operó en mi vida”.

En 1907, él y su hermano mayor, Francisco, ingresaron al seminario menor de los franciscanos en Lodz, donde recibió el nombre de Maximiliano. Más tarde, fue enviado al Colegio Seráfico Internacional, en Roma, cursando filosofía en la Universidad Gregoriana.

Al emitir sus votos perpetuos en 1914, Maximiliano añadió a su nombre el de María.

Milicia de la Inmaculada: convertir a los pecadores

En el año 1917, la masonería mundial celebraba el segundo centenario de su fundación, mediante conmemoraciones principalmente en Roma. Grupos de exaltados carbonarios desfilaban por las calles de la Ciudad Eterna, empuñando banderas negras con la figura de Satanás en actitud de aplastar a San Miguel Arcángel. Eso provocó la más profunda indignación en fray Maximiliano que, en contrapartida, fundó con seis de sus condiscípulos una asociación, la Milicia de la Inmaculada, con el fin de “convertir pecadores, herejes y cismáticos, particularmente franc-masones, y traer a todos los hombres al amor de María Inmaculada”.

En abril de 1918 fue ordenado sacerdote y al año siguiente, con una bendición de Benedicto XV para la Milicia de la Inmaculada, regresó a Polonia.

En Cracovia cursó Historia Eclesiástica en el seminario mayor de los franciscanos. En enero de 1922, comenzó a publicar la revista mensual «Rycerz Niepokalanej» (Caballero de la Inmaculada). Su objetivo era “iluminar la verdad y mostrar el verdadero camino para la felicidad”.En ese mismo año se transfirió para Grodno, donde recibió candidatos, en calidad de hermanos legos, para dedicarse a la buena prensa.

En 1927 el príncipe Juan Drucko Lubecki le cedió un terreno a 40 kms. de Varsovia, donde los frailes comenzaron a construir lo que sería la Ciudad de la Inmaculada. Esta obra gigantesca, fray Maximiliano la llevó adelante sin dinero, confiando solamente en Nuestra Señora: “¿Dinero? Vendrá de un modo o de otro. María proveerá. Éste es un negocio de Ella y de su Hijo”. Y no fue decepcionado. En las nuevas instalaciones, el tiraje del «Caballero de la Inmaculada» pasaría de cinco mil ejemplares mensuales a la impresionante cifra de 750 mil. En 1935, inició también la publicación de un diario católico, «El Pequeño Diario», con un tiraje de 137 mil ejemplares, ampliada a 225 mil los domingos y feriados. El día 8 de diciembre de 1938, instaló en la Ciudad de María una estación de radio.

Pero no se detuvo ahí. En 1939, la referida “ciudad” tenía 762 habitantes: 13 sacerdotes, 18 novicios, 527 hermanos legos, 122 adolescentes en el seminario menor y 82 candidatos al sacerdocio. Figuraban entre ellos médicos, dentistas, agricultores, mecánicos, sastres, albañiles, impresores, jardineros, cocineros, y hasta un cuerpo de bomberos. Era completamente autosuficiente.

El bien que hizo toda esa organización fue enorme. Párrocos de todas partes del país constataron la intensa reanimación de la piedad en Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial, atribuida a la literatura producida por el padre Kolbe. Una campaña contra el aborto, en 1938, pareció despertar la conciencia de la nación. Más de un millón de personas se alinearon entonces bajo los estandartes de María Inmaculada.

Fray Maximiliano fundó también una Ciudad de la Inmaculada en el Japón y publicó la revista «Seibo no Kishi» (Caballero de la Inmaculada) en la lengua del país. Intentó igualmente fundar otra en la India, pero sus superiores lo llamaron de regreso a Polonia antes de poder concretar su plan. De vuelta a su país, continuó sus actividades.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los obispos de Polonia enviaron una carta oficial a la Santa Sede, afirmando que la revista de fray Maximiliano Kolbe había preparado a la nación polaca para soportar aquel conflicto internacional y sobrevivir a sus horrores.

Bajo el terror de la ocupación nazi

El día 13 de setiembre de 1939, la Ciudad de María fue ocupada por las tropas invasoras alemanas, y la mayor parte de sus habitantes, entre ellos fray Maximiliano, fueron deportados a Alemania, siendo liberados al final de aquel año.

Comenzó entonces a organizar un albergue para tres mil refugiados de guerra. Los frailes compartían con ellos todo lo que poseían.

En la única edición del «Caballero de la Inmaculada» que le fue permitido publicar durante la ocupación alemana, fray Maximiliano afirmó: “Nadie en el mundo puede cambiar la verdad. Lo que podemos y debemos hacer es buscarla y cuando la hayamos encontrado servirla. El conflicto real de hoy es un conflicto interno. Pero más  allá de los ejércitos de ocupación y de las hecatombes de los campos de exterminio, hay dos enemigos irreconciliables en lo más profundo de cada alma: el bien y el mal, el pecado y el amor. ¿De qué nos sirven las victorias en los campos de batalla, si somos derrotados en lo más profundo de nuestras almas?”

Ello provocó su prisión, en febrero de 1941, siendo enviado a la cárcel de Pawiak, en Varsovia, donde sufrió innumerables injurias.

Celda que ocupó el padre Kolbe en Auschwitz

El gobernador interino de la prisión, Konrad Henlein, respondiendo a la pregunta de por qué los alemanes estaban exterminando al clero polaco, hizo ante los obispos del país esta afirmación: “Ustedes, los polacos, tienen esta mentalidad: la Iglesia y la nación forman una misma cosa. Nosotros tenemos que acabar con eso. Por esa razón es que golpeamos una vez a la Iglesia y otra vez al pueblo, para exterminarlos”.

En mayo de ese año, fray Maximiliano fue deportado al campo de concentración de Oswiecim (Auschwitz), cuyo comandante Karl Fritzsch, saludó sarcásticamente a los recién llegados, diciendo: “Os aviso que vinisteis no a un sanatorio, sino a un campo de concentración alemán, del cual la única salida es el horno crematorio”.

Fray Maximiliano aprovechaba todas las oportunidades para dar asistencia religiosa a sus compatriotas. Les decía: “Tened confianza en la Inmaculada. Ella os ha de ayudar a perseverar”.

El verdadero amor: dar la vida por su amigo

A fines de julio de 1941, un prisionero del grupo en que estaba fray Maximiliano huyó. En castigo, el comandante Fritzsch condenó a muerte a diez prisioneros.

Uno de los diez, Franciszek Gajowniczek, comenzó a llorar desesperado: “¡Oh, mi pobre mujer, mis pobres hijos, no los veré más!” Fray Maximiliano salió de la formación y se dirigió al comandante del campo. Se produjo el siguiente diálogo:

En febrero de 1941, el padre Kolbe es arrestado junto
 con otros franciscanos y llevado a la cárcel de Pawiak

— ¿Qué quiere usted? – preguntó el oficial.

— Quiero morir en el lugar de uno de los condenados.

— ¿Por qué?

— Porque soy soltero, y este hombre tiene esposa e hijos.

— ¿Cuál es su profesión?

— Soy sacerdote católico.

— Aprobado.

Pero la razón dada por el padre Kolbe no era la única, o tal vez ni la principal que lo llevó a ese acto heroico de caridad. Quería asistir en la terrible muerte a los otros nueve prisioneros. Y fue lo que hizo..Pero la razón dada por el padre Kolbe no era la única, o tal vez ni la principal que lo llevó a ese acto heroico de caridad. Quería asistir en la terrible muerte a los otros nueve prisioneros. Y fue lo que hizo.

Él caminó hacia el “búnker del hambre” entonando su plegaria preferida: “Permitid que yo os alabe, oh Virgen Sagrada. […] Permitid  que para Vos y sólo para Vos yo viva, trabaje, sufra, me sacrifique y muera. Permitid que yo contribuya, cada vez más y aún mucho más, para vuestra exaltación”.

En la prisión subterránea, donde faltaba aire, alimento y agua, se oían oraciones, cánticos religiosos, el rosario recitado, lo cual contagiaba a los prisioneros de las celdas vecinas. Bruno Borgowiec, prisionero que servía de intérprete y auxiliar a los alemanes, y que fue testigo ocular de esta terrible agonía, declaró: “Yo tenía la impresión de estar en una Iglesia”.A medida que los prisioneros se volvían más débiles, la oración pasaba a ser casi murmurada. Entanto, uno después de otro iba muriendo, hasta que quedó sólo el padre Kolbe. Él tenía una mirada viva y penetrante, que sus verdugos no podían soportar, de manera que vociferaban: “Mire al suelo, no hacia nosotros”. Quince días después de su internamiento en aquel búnkerdel horror, el padre Kolbe aún continuaba vivo. Le fue entonces aplicada una inyección de ácido carbólico en la vena, que lo mató. Era el 14 de agosto de 1941: una nueva luz se encendía en la gloriosa constelación de mártires de la Iglesia.Después de la guerra, periódicos de todo el mundo estamparon artículos sobre el “santo de nuestros tiempos”, el “gigante en la santidad”. Fueron escritas innumerables biografías suyas, y por todas partes se multiplicaron los testimonios de curas milagrosas obtenidas por su intercesión. A su beatificación, en 1971, asistió el arzobispo de Cracovia, Cardenal Wojtyla, a quien, ya como Papa Juan Pablo II, le cupo en 1982 el honor de canonizarlo. 

Fuente:http://www.catolicismo.com.br/materia/materia.cfm?IDmat=23F3B65E-C09F-3428-CE957B44A4F1EA0D&mes=Agosto2007 E-mail del  autor: pmsolimeo@catolicismo.com.br

Obras consultadas.-

1. Fray Juventino Mlodozeniec, Conocí al bienaventurado Maximiliano María Kolbe — ejemplar mimeografiado en el Jardín de la Inmaculada, Misión Católica de San Maximiliano Kolbe, Ciudad Occidental, Goiás, 1980.

2. P. José Leite  S.J., San Maximiliano María Kolbe, in Santos de Cada Día, Editorial A. O., Braga, 1994, vol. II.

    

jueves, 13 de agosto de 2026

S A N T O R A L

195 aniversario de la aparición de la Santísima Virgen  
DEL OLVIDO, TRIUNFO y MISERICORDIAS,  

a Sor María del Patrocinio, Concepcionista Franciscana 

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Relato histórico

El día 13 de Agosto de 1831, de cinco a seis de la tarde, estando la Comunidad del convento de Caballero de Gracia en oración, se apareció la Santísima Virgen a Sor María de los Dolores y Patrocinio, religiosa de la misma, en un trono de nubes resplandecientes, cercada de querubines y de innumerables ángeles que alababan y bendecían a su celestial Reina con dulcísimos cánticos. En medio de la aparición se destacaba, brillantísimo el Príncipe de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel con una lindísima imagen de la divina Señora en las manos, titulada del Olvido, Triunfo y Misericordias. 
Al presentársela el Arcángel a la sierva de Dios, le dijo la dulcísima Madre, que "aquella divina Imagen venia enriquecida con muchas gracias y privilegios para sus verdaderos devotos; que cuidase de su culto". (Apuntes).
En la noche del día siguiente, después de maitines volvió a repetirse la aparición. Clamaba la Sierva de Dios al cielo, pidiendo remedio de los infinitos males que tanto la Santa Iglesia como España sufrían a la sazón; y hablando con el Señor, decía: "Esposo mío, ¿Para cuando son tus misericordias?" — Pide, esposa mía, respondióle Jesús, que cuanto pidas seré liberal en concedértelo. 
"Y, muriendo de pena, dice la M. Patrocinio, mis angustias crecían sobre manera, y díjome mi dulce esposo: 
–"Paloma mía, mi amor no puede verte afligida; aquí tienes a mi Madre que siempre será tu guía, consuelo y amparo".
Manifestóse de nuevo la benditísima Virgen con esta preciosísima portentísima (sic) e invictísima Imagen en sus soberanas manos. Díjome la Soberana Señora: 
–"Hija mía ¿por qué se contrista tu corazón si todas las misericordias y tesoros de mi Hijo voy a poner en tus manos por medio de esta mi soberana Imagen?"…  
–"Señora y Reina mia ¿no veis la España …no veis los males que nos afligen?".
"Hija mía, los veo, pero no puede mi amor ser más benéfico con los mortales. Ellos se olvidan de mi y retiran las misericordias, y por esto, a esta Imagen le darás el Título misterioso del Olvido para darles a entender que me han olvidado, pero yo que soy vuestra tierna y amorosa Madre, quiero poner a la vista de todos los mortales en esta Imagen mía que jamás mis misericordias se apartan de ellos...
–"A tu solicitud y cuidado dejo el culto y veneración de esta sagrada Imagen mía, con los títulos del Olvido, Triunfo y Misericordias. Ella será la consoladora del mundo al alma que rendida a sus pies me pidiere alguna cosa, jamás se la negara mi amor, tu Hija mía, alcanzaras Victoria del poder de Satanás y tu comunidad perfección en servirme".

Promesas de la Virgen a la madre Patrocinio
 1ª. En tus manos, voy a poner ésta Sagrada IMAGEN y con ella, TODAS LAS MISERICORDIAS de mi Santísimo Hijo.
 2ª. Ha vinculado al Señor en ésta portentosa IMAGEN al ALIVIO, CONSUELO y REMEDIO de todos, y la alegría de la Iglesia.
Resultado de imagen para Imagen de la librería Aumentar la imagen SOR PATROCINIO, 3ª. Al alma, que rendida a sus pies ( de la IMAGEN) me pidiera alguna GRACIA, jamás se le negará mi AMOR.
4ª. Cualquier población que expusiese y venerase a la Virgen DEL OLVIDO, TRIUNFO y MISERICORDIAS, se verá libre (decía la Sierva de Dios) de las calamidades con que en otros puntos serían poblados, porque sería Ella como un pararrayos de la Divina Justicia, ARCA DE NOÉ y Refugio para librar sus devotos.
A LA VIRGEN MARÍA
Señora nuestra del Olvido, Triunfo y Misericordias que prometiste ser “EL ALIVIO CONSUELO Y REMEDIO DE TODOS y que jamás tu AMOR les negaría cuanto te pidieran rendidos a tus pies”.
Te suplico presentes a Jesús Crucificado las gracias que solicito por medio de la M. Patrocinio (pídase la gracia).  No me olvides, Señora mía, y consígueme esto que te he confiado. Por Jesucristo Nuestro Señor- AMEN.
(Tres Avemarías)

 Fuente:  http://sorpatrocinio.org/index.html