miércoles, 13 de mayo de 2026


Nuestra Señora de Fátima


Comenzó en una aldea de Portugal, concretamente en el municipio de Vila Nova de Ourém, dentro de la diócesis de Leiria. Los protagonistas de esta historia fueron tres pastorcillos: Lucía dos Santos y sus dos primos, los santos Francisco Marto y Jacinta. Por tres veces, a lo largo del año 1916, tuvieron apariciones de  un ángel en la colina del Cabeço y en el huerto de Lucía y las seis apariciones de la Virgen Santísima desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre del año 1917.
Las revelaciones de Fátima van más
allá de todo cuanto la Providencia ha
dicho a los hombres en la inminencia
de las grandes borrascas de la Historia


Fátima en una visión de conjunto

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.

por Plinio Corrêa de Oliveira

1. Presupuestos y líneas generales de las apariciones

Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.
Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.

2. La mediación universal de María Santísima

Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.

3. En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero.

Hablando a los pequeños pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.

4. La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.
Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.
Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.
Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia... El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.

5. Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará... » Será el reinado de María sobre los hombres.

6. La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.

7. Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima

Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:
a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes. 
Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.
b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)
Ciudad devastada en la Segunda Guerra Mundialc) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.
d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era más o menos ininteligible.
En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.
Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.

Las dos familias de almas del mundo contemporáneo

Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).
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El recuerdo de la devastación causada por
la Segunda Guerra Mundial atormenta al
hombre moderno ante la perspectiva
  de un tercer conflicto universal
Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.


Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.

Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.
Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.
De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad ...) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra... (Quien viva lo verá ...).

No se ha correspondido al Mensaje de Fátima


¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.
Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.
En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.
Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.
Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos...
Foto de los pastorcitos tomada poco después de la visión del infiernoCabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.

Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.

En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.

Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.
Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer?.Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.
Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.
Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).
Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.
Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad
* Extraído de la Revista Catolicismo, nº 197, mayo de 1967

martes, 12 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN PANCRACIO, MARTIR

Un nuevo mártir viene a unirse a los que hemos festejado. Sale también de Roma para ir a participar de la gloria del Vencedor de la muerte. Los anteriores fueron segados en los primeros tiempos de nuestra fe; éste luchó en el momento en que el paganismo daba a la Iglesia los últimos asaltos en los cuales debía sucumbir él mismo.
Sobre el cementerio en que fué depositado su cuerpo se alzó en los primeros siglos una basílica, honrada con el título cardenalicio, y un monasterio; y los monjes enviados por San Gregorio Magno a convertir a Inglaterra le consagraron muy pronto una iglesia.

VIDA

Las Actas, reconocidas hoy como legendarias, nos dicen que Pancracio nació en Frigia y que fué muy pronto a Roma. Allí fué instruido en la religión cristiana no tardando en derramar su sangre por Cristo. Su cuerpo fué enterrado en la Vía Aurelia y su culto se hizo célebre en Roma, Francia e Inglaterra. La Edad Media le consideró como patrón de los juramentos y el vengador de su violación.

GLORIA INMORTAL

La gracia divina que te llamaba a la corona del martirio fué a buscarte hasta el fondo de Frigia, para conducirte, oh Pancracio, a la capital del imperio, al centro de todos los vicios y de todos los errores del paganismo. Tu nombre confundido entre tantos más brillantes o más oscuros parecía que no debía dejar huella ninguna en la memoria de los hombres. Hoy, sin embargo, tu nombre es pronunciado en toda la tierra con acento de veneración y resuena en el altar en las oraciones que acompañan al sacrificio del Cordero. ¿De dónde te viene, ¡oh santo mártir! esta celebridad que sólo acabará con el mundo? Pero era justo que habiéndote asociado a la muerte sangrienta de Cristo, se reflejase sobre ti la gloria de su inmortalidad.
¡Gloria, pues, a Él que así honra a sus compañeros de armas! y ¡gloria a ti que mereciste tal corona! Como recompensa de nuestros homenajes dígnate dirigirnos una mirada compasiva y haznos propicio a Jesús tu Jefe y nuestro Jefe. En este lugar de destierro cantamos el Alleluia por su Resurrección que nos llena de esperanzas; haz que un día repitamos contigo en el cielo este mismo Alleluia ya eterno y que entonces significará no la esperanza sino la posesión.

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 832 y siguientes

S A N T O R A L





SANTOS NEREO Y AQUILEO, Mártires (*)

Según las Actas, por desgracia en gran parte legendarias, Nereo y Aquileo fueron soldados romanos, convertidos por San Pedro. Después del bautismo abandonaron la milicia y entraron al servicio de una gran dama, Domitila, pariente próxima del emperador Tito, que se hizo cristiana muy pronto, siendo bautizada por el Papa San Clemente. Condenados los tres como cristianos, fueron verosímilmente decapitados.

 SUS RELIQUIAS

No se sabe dónde fueron depositadasprimitivamente las reliquias de Santa Domitila. Los cuerpos de los Santos Nereo y Aquileo fueron honrosamente sepultados en las catacumbas del cementerio de Domitila en la Vía Ardeatina, a medio kilómetro de Roma. Conservamos aún una homilía pronunciada por San Gregorio en la Basílica subterránea que el Papa Siricio había hecho construir sobre sus tumbas. San Gregorio insiste en su discurso sobre la caducidad de los bienes de este mundo y evoca el recuerdo de los héroes que descansaban bajo el altar alrededor del cual se habían reunido los fieles de Roma: "Estos santos, dice, en torno de cuyo sepulcro nos hallamos reunidos en este momento, desdeñaron en la flor de la edad el mundo hollándole con sus pies. Tenían ante sí, vida larga, salud asegurada, fortuna opulenta, la esperanza de una familia en la cual habrían perpetuado su nombre y habrían podido gozar de estos placeres por largo tiempo en la paz y tranquilidad; pero en vano el mundo hizo ostentación de sus galas ante ellos; en su corazón estaba ya marchito." 
Más tarde las reliquias debieron ponerse en una basílica vecina, situada en la Vía Apia, y llamada hasta entonces Fasciola. A partir del siglo VIII se llamará sólo de los Santos Nereo y Aquileo y llegará a ser título cardenalicio. Pero a causa de los desastres de Roma, por hallarse casi en ruinas la basílica, los cuerpos de los santos fueron trasladados, en el siglo XIII, a la basílica de San Adrián en el Foro. Allí permanecieron hasta fines del siglo xvi, en que Baronio, habiendo sido creado cardenal con el título de los Santos Nereo y Aquileo pensó restaurar para ellos la antigua basílica Fasciola. Por su munificencia las naves.se levantaron de nuevo y sobre los muros se pintó la historia de los tres mártires; la cátedra de mármol sobre la cual se cuenta pronunció San Gregorio su homilía, fué restablecida a esta iglesia y en su respaldo se gravó completa dicha homilía. Finalmente la Confesión, decorada con mármoles y mosaicos recibió también" las reliquias de que había estado privada durante tres siglos.

EL TRIUNFO

Baronio comprendió que era tiempo de terminar el destierro demasiado largo de los santos mártires y por cuyo honor se sentía obligado a velar en adelante. Pudo unir a las reliquias de los dos soldados' mártires, los de una santa, Domitila que desde entonces era honrada y que él tenía fundadas razones para creer que era la santa compañera de su martirio, preparando todo un triunfo para conducirlos, el 12 de mayo de 1597, a la antigua morada. Roma cristiana, sabe como ninguna, unir en sus cultos los recuerdos de la antigüedad clásica con los sentimientos que inspira la religión de Cristo. Una solemne procesión condujo primeramente al Capitolio la carroza en que se hallaban colocados, bajo suntuoso dosel, los cuerpos sagrados de los tres mártires. Dos inscripciones paralelas atrajeron las miradas en el momento en que el cortejo llegaba a la cima del Clivus Capitolinus.

En la una se leía: "A Santa Flavia Domitila, virgen romana y mártir, el Capitolio, purificado del culto nefasto de los demonios, y restaurado más dignamente que lo fué por Flavio Vespasiano y por Domiciano, Augustos, parientes de la virgen Cristiana." La otra decía: "El Senado y el pueblo romano a santa Flavia Domitila, virgen romana y mártir, que dejándose consumir en el fuego por la fe de Cristo, dió a Roma más gloria que sus parientes Flavio Vespasiano y Domiciano, Augustos, cuando restauraron a su costa el Capitolio, dos veces incendiado."
Depositaron un momento las cajas de los mártires sobre el altar levantado cerca de la estatua ecuestre de Marco Aurelio y después de recibir sus homenajes fueron de nuevo colocados en el carro, bajando por el lado opuesto del Capitolio hasta encontrar el arco de Triunfo de Septimio Severo. En él se leen estas dos inscripciones: "A los Santos Mártires Flavia Domitila, Nereo y Aquileo, excelentes ciudadanos, el Senado y el pueblo de Roma por haber ilustrado el nombre romano con su gloriosa muerte y obtenido con su sangre la paz para la república romana."
"A Flavia Domitila, Nereo y Aquileo invencibles mártires de Jesucristo, el Senado y el pueblo romano por haber glorificado a la ciudad con el noble testimonio que dieron de la fe cristiana."
Siguiendo la Vía Sacra la procesión llegó frente al arco de Triunfo de Tito, monumento de la victoria de Dios sobre la nación deicida. En uno de sus lados se leía esta inscripción: "Este arco triunfal otorgado y erigido en otro tiempo a Tito Flavio Vespasiano Augusto, por haber puesto de nuevo bajo el yugo del pueblo romano a la Judea sublevada, el Senado y el pueblo romano' le otorgan y consagran de una manera más justa a la sobrina del mismo Tito, Flavia Domitila, por haber aumentado y propagado con su muerte la religión cristiana."
La inscripción en el otro lado del arco de Triunfo decía así: "A Flavia Domitila, virgen romana y mártir, sobrina de Tito Flavio Vespasiano Augusto, el Senado y el pueblo romano porque con la efusión de su sangre y el sacrificio de vida por la fe, rindió homenaje a la muerte de Cristo con una gloria que no adquirió el mismo Tito, cuando por vengar esta muerte derribó a Jerusalén por inspiración divina."

Dejaron a la izquierda el Coliseo, cuya arena había sido el teatro de los combates de tantos mártires y pasaron por el arco de Triunfo de Constantino, monumento que habla tan alto de la victoria del cristianismo en Roma y en el imperio que repite todavía el nombre de la familia Flavia a la cual pertenecía el primer Emperador cristiano. He aquí las dos inscripciones que decoraban el arco Triunfal: "A Flavia Domitila, a Nereo y Aquileo, el Senado y el pueblo romano. En esta Vía Sacra en que muchos emperadores romanos, augustos, obtuvieron los honores del triunfo por haber sometido al imperio del pueblo romano diversas provincias, triunfan hoy estos mártires con gloria aún mayor por cuanto vencieron por la superioridad de su valor a los mismos triunfadores."
"A Flavia Domitila, el Senado y el pueblo romano. Si doce emperadores parientes suyos augustos ilustraron con sus grandes hechos a la familia Flavia y a Roma misma, la virgen sacrificando por Cristo los honores y la vida, dió a ambos mayor lustre aún."
Continuando después por la Vía Apia llegaron finalmente a la basílica. A la puerta rodeado de un gran número de cardenales, Baronio recibió con profundo respeto a los tres mártires y les llevó al altar mayor, mientras el coro cantaba esta antífona del Pontifical: "Entrad, santos de Dios; el Señor ha preparado aquí vuestra morada; el pueblo fiel ha seguido con alegría vuestra marcha y os suplica roguéis por él a la potestad de Dios. Alleluia!"

LA VERDADERA GLORIA

¡Qué triunfo tan sublime os ha preparado Roma, oh mártires invictos después de tantos siglos transcurridos desde vuestra gloriosa muerte! ¡Qué cierto es que en la tierra no hay nada comparable con la gloria de los santos! ¿Dónde están, oh Domitila, los Flavios, esos doce emperadores de tu nombre? ¿Quién se preocupa de sus cenizas? ¿Quién conserva incluso su recuerdo? A uno de ellos se le llamó "las delicias del género humano". Y el pueblo ignora hasta su nombre.
 Otro, el último de todos, tuvo la gloria de ser escogido para proclamar la victoria de la cruz sobre el mundo romano; Roma cristiana guarda su memoria con honor y reconocimiento; mas no le tributa culto religioso, Roma lo reserva para ti, oh Domitila, y para los dos mártires cuyo nombre va hoy asociado al tuyo.
¿Quién no sentirá el poder del misterio de la resurrección de nuestro divino Caudillo en el amor y entusiasmo que inspiran a todo este pueblo la vista y la procesión de vuestras reliquias, oh mártires de Dios vivo? Quince siglos pasaron sobre vuestros miembros fríos y los fieles les saludan con entusiasmo como si los sintiesen aún llenos de vida. Pero el pueblo cristiano sabe que Jesús, "el primer nacido de entre los muertos", ha resucitado y que vosotros debéis resucitar un día gloriosos como El. Saluda anticipadamente esa inmortalidad que será la parte de vuestros cuerpos inmolados para gloria del Redentor; contempla ya con la fe el esplendor con que brillaréis un día, proclama la dignidad del hombre rescatado, para quien la muerte no es sino el tránsito a la vida verdadera y la tumba un surco que recibe el grano para hacerle más vivo y más hermoso.

PLEGARIA

"Dichosos, dice la profecía, los que lavaron sus túnicas en la sangre del cordero'". Pero más dichosos aún, nos dice la Santa Iglesia, aquellos que después de haber sido purificados, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina, porque "suplieron en su carne lo que faltaba a las tribulaciones de Cristo. Por eso es poderosa su intercesión y debemos dirigirnos a ellos con amor y confianza. Sednos propicios, ¡oh Nereo, Aquileo y Domitila! Haced que esperemos a Jesús resucitado; conservadnos la vida que nos comunicó; apartadnos de los encantos de este mundo y disponednos a pisotearlos si hay peligro de que nos seduzcan. Hacednos fuertes contra todos nuestros enemigos, prontos para la defensa de la fe, vigorosos para la conquista de este reino que debemos arrebatar por la violencia'. También los defensores de la Iglesia romana que, cada año, renueva, en este día vuestro culto con tanto fervor; proteged al Pontífice en quien Pedro reside; disipad las tormentas que amenazan a la cruz sobre el Capitolio y conservad la fe en el corazón de los romanos. 
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer 
Tomo III pag. 824 y siguientes
(*) En el calendario anterior los tres santos se los recordaban conjuntamente en el día hoy -12 de Mayo-, en el  actual están separados, commemorandose el día 7 de Mayo a Santa Flavia Domitilise, mientras que los Santos Nereo y Aquileo conservan la fecha del día 12 de Mayo. 

lunes, 11 de mayo de 2026

TIEMPO DE ROGATIVAS


La Iglesia reza este Lunes Martes y Miércoles las llamadas "Rogativas" que son los tres días previos a la Ascensión del Señor, 40 días después de la Pascua. La expresión "rogativas" viene del latín, así como el término "letanías" proviene del griego, y es sinónimo de oraciones, súplicas e invocaciones. En un sentido más estricto, reciben este nombre las oraciones públicas hechas por la Iglesia en los tres días que preceden a la fiesta de la Ascensión, para pedir a Dios la conservación de los bienes de la tierra y la gracia de estar libres de los azotes y desgracias.
A raíz de las calamidades públicas que acontecieron en el siglo V San Marmerto, obispo de Viena, exhortó a los fieles del Valle del Ródano y del Delfinado a hacer oraciones, procesiones y obras de penitencia durante los tres días que preceden a la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, a fin de aplacar la justicia divina y obtener la cesación de los terremotos, incendios y devastaciones que afligían la zona. El resultado de estas oraciones hizo se continuasen como una manera de preservar al pueblo contra semejantes calamidades. Por prescripción del Concilio de Orleans en el año 511 se dispuso que tales rogativas se extendieran por toda Francia. En el año 816 el papa León III adoptó las Rogativas en Roma, haciéndolas pronto extensivas a toda la Iglesia universal.
La legislación temporal también dio respaldo a esta devoción. Carlomagno y Carlos el Calvo decretaron que el pueblo no trabajare dichos días y sus normas rigieron por mucho tiempo.
Las Letanías de los Santos, los Salmos y oraciones que en ella se cantan son súplicas o Rogativas, que tienen por fin alejar de nosotros los azotes de la divina justicia y a atraer las bendiciones de su misericordia.

Letanias de los Santos


-Señor ten piedad de nosotros

-Cristo ten piedad de nosotros,

-Señor ten piedad de nosotros,

-Cristo óyenos

-Cristo escúchanos,
-Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
-Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
-Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
-Trinidad santa un solo Dios, ten piedad de nosotros,
Se repite

-Santa María,

-Santa Madre de Dios,

-Santa Virgen de las vírgenes,

-San Miguel,

-San Gabriel,
-San Rafael,
Ruega por nosotros.

-Todos los santos ángeles y arcángeles,

-Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados
Rogad por nosotros.

-San Juan Bautista,

-San José,
Ruega por nosotros.
-Todos los santos patriarcas y profetas,
Rogad por nosotros.

-San Pedro,

-San Pablo,

-San Andrés,

-San Juan,

-Santo Tomás,
-Santiago,
-San Felipe,
-San Bartolomé,
-San Mateo,
-San Simón,
-San Tadeo,
-San Matías,
-San Bernabé,
-San Lucas,
-San Marcos,
Ruega por nosotros.

-Todos los Santos apóstoles y evangelistas,

-Todos los Santos discípulos del Señor,

-Todos los Santos inocentes,
Rogad por nosotros.

-San Esteban,

-San Lorenzo,

-San Vicente,
Ruega por nosotros.

-San Fabián y San Sebastián,

-San Juan y San Pablo,

-San Cosme y San Damián,

-San Gervasio y San Protasio,

-Todos los santos mártires,
Rogad por nosotros.

-San Silvestre,

-San Gregorio,

-San Ambrosio,

-San Agustín,

-San Jerónimo,
-San Martín,
-San Nicolás,
Ruega por nosotros.

-Todos los santos obispos y confesores,

-Todos los santos doctores,
Rogad por nosotros.

-San Antonio,

-San Benito,

-San Bernardo,

-Santo Domingo,

-San Francisco,
Ruega por nosotros.

-Todos los santos sacerdotes y levitas,

-Todos los santos monjes y ermitaños,
Rogad por nosotros.

-Santa María Magdalena,

-Santa Agueda,

-Santa Lucía,

-Santa Inés,

-Santa Cecilia,
-Santa Catalina,
-Santa Anastasia,
Ruega por nosotros.
-Todas las santas vírgenes y viudas,
Rogad por nosotros.
-Todos los Santos y santas de Dios,
Interceded por nosotros.
-Muéstratenos propicio,
Perdónanos, Señor.
 -Muéstratenos propicio,
Escúchanos, Señor.

-De todo mal,

-De todo pecado,

-De tu ira,

-De la muerte súbita e imprevista,

-De las asechanzas del demonio,
-De la cólera, del odio y de toda mala intención,
-Del espíritu de fornicación,
-Del rayo y de la tempestad,
-Del azote de los terremotos,
-De la peste, del hambre y de la guerra,
-De la muerte eterna,
-Por el misterio de tu santa encarnación,
-Por tu venida,
-Por tu natividad,
-Por tu bautismo y santo ayuno,
-Por tu cruz y tu pasión,
-Por tu muerte y sepultura,
-Por tu santa resurrección,
-Por tu admirable ascensión,
-Por la venida del Espíritu Santo, nuestro Consolador,
-En el día del juicio,
Libramos, Señor.

Nosotros, pecadores, te rogamos 

- que nos oigas, 

- que nos perdones,

- que nos seas indulgente, 

-que te dignes conducirnos a verdadera penitencia, 
- que te dignes regir y gobernar tu santa Iglesia, 
- que te dignes conservar en tu santa religión al Sumo Pontífice y a todos los órdenes de la jerarquía eclesiástica, 
- que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia, 
- que te dignes conceder a los reyes y príncipes cristianos la paz y la verdadera concordia, 
- que te dignes conceder la paz y la unión a todo el pueblo cristiano, 
- que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles, 
- que te dignes fortalecernos y conservarnos en tu santo servicio, 
- que levantes nuestro espíritu al deseo de las cosas celestiales, 
- que concedas a todos nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos, 
- que libres nuestras almas, las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores, de la condenación eterna, 
- que te dignes damos y conservar las cosechas de la tierra, 
- que te dignes conceder el descanso eterno a todos los fieles difuntos, 
- que te dignes escucharnos, Hijo de Dios.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
Ten piedad de nosotros.

-Cristo, óyenos,

-Cristo, escúchanos,

-Cristo, ten piedad de nosotros,

-Señor, ten piedad de nosotros,
Se repite. 
Padrenuestro