viernes, 19 de junio de 2026

S A N T O R A L

SANTA JULIANA FALCONIERI, VIRGEN

SANTA JULIANA Y LOS SERVITAS

A principios del siglo XIII, Florencia, ciudad rica y perturbada con mil pasiones, conoció un despertar magnífico de piedad. Entre las familias que fueron objeto de la complacencia divina, sobresalió la de los Falconieri. Dos de sus miembros, dos hermanos, se convirtieron ruidosamente. El primero, San Alejo, fué uno de lo siete gloriosos fundadores de la Orden de los Servitas de María, que se consagraron a Nuestra Señora el día de la Asunción de 1233. El otro, Carísimo, casado, quedó en el mundo; pero, temiendo no haber ganado siempre honestamente su inmensa fortuna, resolvió emplearla en servicio de la Iglesia y de los pobres. Fué gran bienhechor de los Servitas y los ayudó en la construcción de su iglesia, la Annunziata. Su caridad y piedad fueron bien recompensadas: al fin de su vida, Recordata, su esposa, estéril hasta entonces, tuvo una hija, Juliana, la Santa que hoy celebra la Iglesia. La niña Juliana no conoció a su padre. La educó su tío San Alejo, quien la inculcó el espíritu de la Orden de los Servitas, enseñándola la devoción a la Virgen y la práctica de la penitencia; muy pronto consideró a la Orden como a su segunda familia. Hecha religiosa, los Superiores de los Servitas la tuvieron en tal consideración, que solicitaron con frecuencia sus oraciones por los intereses de la Orden y sobre todo para triunfar de los graves obstáculos que ponían en Roma a la aprobación de sus Constituciones. Santa Juliana vivió y murió a la sombra de la Annunziata, que guardará más tarde sus reliquias, y se la puede honrar igual que a los Siete Fundadores, porque su gran obra será la organización de la Tercera Orden Femenina de los Servitas, las Mantelatas de María.

SANTA JULIANA Y LAS MANTELATAS

Aun no tenía 15 años, cuando solicitó y recibió el hábito de los Servitas de manos del General de la Orden San Felipe Benizi, en la Iglesia de la Annunziata. Fué la primera que llevó el gran manto de la Orden, que dará a las Terciarias Servitas el nombre de Mantelatas. Hasta entonces las otras terciarias no tenían hábitos religiosos y vivían con sus familias. Santa Juliana también permaneció con su madre para cuidarla en su vejez y administrar sus bienes.
Hasta después de la muerte de su madre no pudo consagrarse enteramente a la vida religiosa.
Habiendo comprado una casa, la convirtió en convento, en el que, invitadas por ella, se reunieron numerosas terciarias, recibieron el manto de la Orden y comenzaron a practicar la vida común. Sólo entonces Santa Juliana se presentó descalza y con una soga a la garganta, pidiendo ser admitida entre ellas. Ansiaba ser siempre la última y como la criada de sus hermanas. Pero su vida fué allí tan edificante, que, al cabo de dos años, la comunidad, teniendo que elegir superiora, unánimemente nombró a Santa Juliana, que siguió en este cargo hasta su muerte.
Compuso, aconsejada por los Superiores de los Servitas, el reglamento de la nueva Congregación. En general su organización era la misma que la de los religiosos. Vida de oración y de mortificación al mismo tiempo que de caridad y apostolado entre los pobres y enfermos. Santa Juliana en todo daba ejemplo haciendo patente su ardiente celo por la conversión de los pecadores, la liberación de las almas del purgatorio y la reconciliación de los enemigos. Apaciguó discordias civiles y curó milagrosamente a multitud de enfermos. Su influencia, bienhechora fué considerable en Florencia.

LOS SIETE DOLORES DE NUESTRA SEÑORA

Su más notable devoción fué la de todos los Servitas: los Siete Dolores de Nuestra Señora.
Quizá alguno piense que abandonó lo esencial de la religión para adherirse a una devoción secundaria; mas el culto tributado a Nuestra Señora, Corredentora y Mediadora de todas las gracias, y en particular la asidua meditación de los Siete Dolores, no pueden ser considerados como devociones secundarias de la piedad cristiana, porque no se las puede separar del culto tributado a Jesús.
Los dolores del Corazón de Nuestra Señora son inseparables de los dolores del Corazón de Jesús, y se encuentra en el centro del misterio de nuestra Redención. En su vocación de reparadora, Santa Juliana permaneció constantemente unida a Jesús crucificado, uniéndose a la Virgen al pie de la Cruz, y enseñando a sus hijas a ser imitadoras perfectas de la "Virgen Dolorosa, Reina de los Mártires". Su vida era de gran austeridad: no tomaba alimento los miércoles y viernes, llevaba áspero cilicio, se disciplinaba hasta derramar sangre y con frecuencia hasta perder el sentido. Sin embargo, tenía que luchar constantemente contra terribles tentaciones de impureza, de las que no salía victoriosa sino mediante la rigurosa guarda de los sentidos y especialmente de la vista. Dios la ayudaba en estos combates con gracias de alta contemplación, y con frecuencia en sus largas oraciones, que se prolongaban hasta medio día, era arrebatada en éxtasis..

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He aquí a la Santa que Nuestro Señor y Nuestra Señora suscitaron en otro tiempo para convertir la inquieta y voluptuosa ciudad de Florencia. Con razón, pues, nos invita hoy la Iglesia a dirigirnos a Santa Juliana, a tributarla el homenaje debido, a seguir su ejemplo y a pedirla la salvación de la sociedad, que se desmorona a causa de las guerras y de las costumbres corrompidas.

VIDA

Juliana nació en Florencia en 1270. Manifestó desde su tierna infancia una piedad ardiente: sus primeras palabras fueron Jesús y María. En 1284, después de rehusar un matrimonio ventajoso, recibió el hábito de los Servitas de María y comenzó una vida de caridad, oración y austera penitencia. En 1306, fundó el primer monasterio de las Mantelatas del que pronto fué superiora. Dió a esta Orden terciaria una vida inspirada completamente en los misterios de la Pasión del Señor y en los Dolores de Nuestra Señora.


No pudiendo durante su última enfermedad comulgar, pidió que depositasen el santo Viático sobre su pecho. La Hostia penetró entonces en él invisiblemente, y después de su muerte se vió su figura grabada sobre el corazón. En memoria de este milagro las Mantelatas llevan la imagen de una hostia en su escapulario. Juliana murió el 19 de Junio de 1341. Fué beatificada en 1678 por Inocencio XI y canonizada por Clemente XIII en 1737.

SERVIR A MARÍA

Servir a María era el único título de nobleza, ¡oh Juliana! que ocupaba tus pensamientos; compartir sus dolores, la única recompensa que ambicionaba tu humilde y generosa alma. Tus deseos quedaron satisfechos. Pero la que ahora reina en excelso trono sobre los hombres y los ángeles, aquella que se proclamó esclava del Señor y cuya esclavitud atrajo la mirada divina, quiso también ensalzarte a ti por encima de los poderosos. Saliendo de la silenciosa oscuridad en que quisiste ocultar el esclarecido linaje de tu familia, tu gloria eclipsó pronto el brillo que iba unido al nombre de tus padres haciéndole más puro; por tí, humilde terciaria, sierva de las siervas de Nuestra Señora, el nombre de los Falconieri es conocido hoy por todo el mundo. Aún más; en el país de las verdaderas grandezas, en la ciudad celestial en donde el Cordero, al distribuir desigualmente sus destellos sobre la frente de los elegidos, constituye las categorías de la nobleza eterna, brillas tú con una aureola que es una participación de la gloria de María. Pues como ella lo fué para la Iglesia después de la Ascensión del Señor, así tú, por lo que se refiere a la Orden gloriosa de las Servitas, dejando a otros la acción exterior y la autoridad que rige las almas, fuiste también, en tu humildad la madre de la nueva familia que Dios se había escogido, y no solamente de las Mantelatas sino también de toda la Orden de los Servitas de María. Tu esmerada solicitud se extendía a todos y en el laborioso desenvolvimiento de la Orden recurrieron con frecuencia a tu poderosa intercesión Superiores aun tan santos como Felipe Benicio.

PLEGARIA

Sigue prestando tu ayuda a la piadosa familia de los Servitas de María. Extiende tu benéfica influencia sobre todas las Ordenes religiosas tan probadas en nuestros días. Cuida de que Florencia conserve, como el más preciado recuerdo, el de los favores de Nuestra Señora y de los Santos, que produjo en ella la fe de antiguas edades; cante siempre la Iglesia por los nuevos beneficios recibidos, el poder que el Esposo divino te otorgó sobre su Corazón. En retorno del insigne favor con que El coronó tu vida y consumó en ti su amor, apiádate de nosotros en nuestro último combate. Alcánzanos la gracia de no morir sin antes haber sido fortalecidos por el santo Viático. Haz que la sagrada Hostia sea el amor de toda nuestra vida; y que nos fortalezca en la hora suprema. ¡Ojalá nuestra muerte sea también el paso dichoso del banquete divino de aquí abajo a las delicias de la unión eterna!
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer


Cinco Cardenales piden definición de dogma mariano

Cinco cardenales han enviado una carta invitando a los purpurados de todo el mundo a unirse a ellos para pedir a Benedicto XVI que declare un quinto dogma mariano que “proclamaría la plena verdad cristiana sobre María”. Los firmantes son Telesphore Toppo, arzobispo de Ranchi (India); Luis Aponte Martínez, arzobispo emérito de San Juan (Puerto Rico); Varkey Vithayathil, arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly (India); Ricardo Vidal, arzobispo de Cebú (Filipinas); Ernesto Corripio y Ahumada, arzobispo emérito de Ciudad de México.
El texto incluye la petición hecha al Papa de proclamar a María “Madre espiritual de toda la humanidad, corredentora con Jesús Redentor, mediadora de todas las gracias con Jesús único mediador, abogada con Jesucristo en favor del género humano”.
El secretariado de los cinco cardenales ha difundido el texto de la presentación hecha al Papa en 2006:
“Creemos que es el momento oportuno para una solemne definición o clarificación sobre la constante enseñanza de la Iglesia respecto a la Madre del Redentor y su cooperación única en la obra de la Redención, así como su papel en la distribución de la gracia y en la intersección por la familia humana”.
Esta doctrina de ningún modo es una novedad en la Iglesia. Ya en el siglo II, San Ireneo afirmaba que María ha sido constituida causa de salvación para todo el género humano. A lo largo de los siglos, hubo incontables santos que postularon esta verdad, entre los que se destacan San Germán de Constantinopla, San Bernardo, san Pablo de la Cruz, San Bernardino de Siena, San Alfonso María del Ligorio, etc.
No sólo los santos, sino también los Pontífices, como el beato Pío IX, León XIII, san Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, en diversas Encíclicas enseñaron esta doctrina.
San Luis María Grignion de MontfortSin embargo, uno de los santos que la desarrolló de forma más completa, fue San Luis María Grignion de Montfort, cuya fiesta se celebran el 28 de abril. En su célebre “Tratado De la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen” él afirma:
“Fue por intermedio de la Santísima Virgen María que Jesucristo vino al mundo, y es también por medio de Ella quiere Él deberá reinar en el mundo”.
“Sólo María es la que ha hallado gracia ante Dios sin el auxilio de ninguna otra pura criatura (S.Lc. 1, 30). Sólo por medio de Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y sólo por Ella la obtendrán cuantos en lo sucesivo la han de hallar.
“Ella estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel San Gabriel (S. Lc. 1, 28), y quedó sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra inefable (S. Lc. 1, 35), y de tal manera ha aumentado Ella, de día en día y de momento en momento, esta doble plenitud, que se ha elevado a un grado de gracia inmensa e inconcebible; en forma que el Altísimo la ha hecho tesorera única de sus riquezas y dispensadora singular de sus gracias para ennoblecer, levantar y enriquecer a quien Ella quiere: para hacer caminar por la estrecha senda del cielo a quien Ella quiere; para permitir, a pesar de todos los obstáculos, la entrada por la angosta puerta de la vida a quien Ella quiere, y para dar el trono, el cetro y la corona de rey a quien Ella quiere. Jesús, en todas partes y siempre, es el fruto y el Hijo de María, y María es, en todo lugar y tiempo, el árbol verdadero que contiene el fruto de la vida y la verdadera Madre que lo produce”

jueves, 18 de junio de 2026

S A N T O R A L


SANTOS MARCO y MARCELIANO, MARTIRES

EL GOZO DE LOS MÁRTIRES

Cuando vemos que los mártires corren alegremente al suplicio, nos preguntamos: ¿de dónde les viene ese valor que no es de la tierra? San Pablo, en el pasaje de su Epístola a los Romanos (V, 1-5) que la Iglesia nos hace leer en la Misa de hoy, nos da la respuesta.
"La esperanza de los bienes futuros eleva el alma sobre el tiempo y las circunstancias, aun penosas, de la vida presente. Lo propio de los que son de Dios, es el verse libres de toda tristeza y alimentar su alegría con las asperezas y dolores de la tierra, que constituyen la enseñanza principal de nuestra educación sobrenatural. El padecimiento produce la paciencia, hace arraigar en nosotros y nos hace amar más y más el bien por el cual nos decidimos a padecer. La firmeza en el padecer, aumenta en el alma la esperanza sabiendo bien que Dios no deja nada sin recompensa y que toma en cuenta, por su ciencia infinita, tales sufrimientos, aun aquellos de los cuales no se acuerda nuestra alma. La esperanza nunca defrauda, no engaña al cristiano: nadie puede imaginar que queden defraudadas las esperanzas de quien está asegurado del amor tierno de Dios".

VIDA

La historia de los santos Marco y Marceliano la conocemos únicamente por las Actas, en gran parte legendarias, de San Sebastián. Estas nos cuentan que, mientras estaban ellos en medio de los suplicios con que los hizo atormentar el prefecto Fabiano, confesaban que nunca habían experimentado delicias tan delicadas como aquéllas. Al aconsejarles sus ancianos padres que renegasen de Cristo, confirmó su valor San Sebastián declarándose a sí mismo cristiano, y nuestros mártires tuvieron el consuelo incomparable de ver cómo sus mismos padres confesaban la religión por la cual estaban padeciendo. Sus cuerpos fueron depositados en el cementerio de Balbina y después, en el siglo IX, en la Basílica de San Cosme y San Damián.

SÚPLICA

El Espíritu Santo os colmaba de fortaleza, gloriosos mártires; y el amor que derramó sobre vuestros corazones, mudó en delicias los tormentos que espantan a nuestro débil ánimo.Mas ¡cuán poco caso hacíais vosotros de los padecimientos de este cuerpo perecedero, después de haber triunfado en las torturas del alma! La desolación de aquellos a quienes vosotros amabais más que la vida, y a los que teníais que dejar en una desesperación en apariencia sin consuelo, fué sin duda el punto culminante de vuestro martirio. Unicamente será incapaz de comprenderlo, quien merezca el reproche de San Pablo a los paganos de su tiempo, de vivir sin amor es bien, cuando el mundo ostente de nuevo esta nota odiosa, será la señal de que se acercan los últimos tiempos, dice el Apóstol; y, con todo eso, el más puro amor humano debe doblegarse ante el amor de Dios: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, dice el Señor, no es digno de mí'". Vosotros lo comprendisteis, santos mártires; vuestros familiares, que querían separaros del Señor, iban a convertirse para vosotros en enemigos. Pero en el mismo instante el Señor, que no se deja ganar en generosidad, os devolvió esos seres tan queridos, tomándolos, por un milagro de la gracia, con vosotros y como vosotros para Sí. Completad así vosotros las enseñanzas que pocos días ha, nos daban Julita y San Quirico, San Vito y sus gloriosos compañeros. Haced, vencedores de tan rudos combates, que el valor y el amor crezcan en nosotros en la misma medida que la luz y el conocimiento de nuestros deberes para con Dios.
 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

miércoles, 17 de junio de 2026

S A N T O R A L

Beato Felipe Papon, martir

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Felipe Papon nació en Saint-Pourcam, en el Allier, el 5 de octubre de 1744, hijo de un boticario. Parece que hizo sus estudios en Moulins y consta que ya en 1763 había recibido la tonsura. Se ordena sacerdote en 1768 y tiene como destino ser vicario en la parroquia de Contigny, a donde llega en junio de 1769.
En 1772, a la muerte del párroco de Contigny, es designado para sucederle y en los años siguientes cumple con regularidad y honestidad sus funciones como pastor de esta comunidad cristiana. En 1790 era, además de párroco, alcalde de la población, y se ve en la difícil circunstancia de tener que prestar el juramento de aceptación de la constitución civil del clero. Lo prestó el 30 de enero de 1791 pero con restricción, lo que le desagradó al directorio del distrito, por lo que hubo de repetir el juramento el día 27 de febrero siguiente, igualmente con una restricción, pero esta vez el directorio no dijo nada, y por ello su nombre apareció en la lista de sacerdotes juramentados del día 2 de marzo.
A partir de este momento él estuvo dividido entre su deseo de permanecer fiel a la Iglesia, por un lado, y su deseo de no ser alejado de sus feligreses, por otro. El 8 de mayo expuso esta perplejidad a los feligreses y su sermón causó un gran revuelo, que provocó una investigación abierta por el Directorio. Se llevó a cabo el día 19 de mayo y al siguiente día se decretó que estaba cesante de su cargo de párroco, llegando un sustituto el día 22. Con lágrimas en los ojos hubo de dejar su parroquia, pero prometió que la Pascua del año siguiente la celebraría con sus fieles.
Se quedó en el pueblo, lo que no podía menos que resultar peligroso. Le escribió al legítimo obispo de Clermont, mons. De Bonnal, explicándole el sentido de su juramento (20 de enero de 1793). Le mandan en febrero una carta pastoral sobre la Cuaresma y él no duda en repartirla entre sus cercanos. Como era de esperar, el 16 de marzo, el directorio de Moulins toma una determinación contra él y el directorio del departamento la confirma. El 12 de abril comparece ante el juez Pélassy, del tribunal de Moulins, y como resultado del interrogatorio se le dice que sus juramentos con restricciones no pueden ser aceptados y se le declara no juramentado o renuente. El 17 de mayo comparece ante el tribunal de lo criminal del Allier y se le imputa haber perturbado el orden público con propósitos fanáticos y sediciosos al haber distribuido una publicación de estas características. El juez lo condena a una corrección y a un año de arresto. En carta a las autoridades afirmó que él deseaba ser fiel tanto a la patria como a la Iglesia pero que le ponían en condiciones muy difíciles de compatibilizar ambos amores.
Como igualmente se niega al juramento de libertad-igualdad,-El 14 de agosto de 1792, después del encarcelamiento del Rey, se instaura el juramento llamado Libertad-Igualdad. Se impone a todos los franceses que reciben una pensión del Estado. Los sacerdotes, las religiosas hospitalarias deben prestarlo- es condenado a la deportación y se le envía a Rochefort*, constando que estaba ya a bordo del Borée el día 13 de abril de 1794, de donde pasa al Deux Associés. Aquí enferma prontamente y muere el 17 de junio de aquel año, siendo enterrado en la isla de Aix. Había logrado llevar consigo hostias consagradas, que fueron de gran consuelo entre los detenidos. Cuando se vio muy enfermo se las dio a los sacerdotes que hacían de enfermeros. Pudo así, pese a las pesquisas que se hicieron para quitarles a los sacerdotes todo objeto religioso, conservar tan gran tesoro y poder recibir al Señor antes de morir, y lo había dado con gran celo a otros moribundos.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003


*Martirio en las bodegas de las barcazas conocidas como “Pontones”. 


Se ha  escrito acerca de ello:
"Espantoso suplicio el padecido durante muchos meses por esos sacerdotes y religiosos, durante la revolución francesa, hacinados en la bodega de navíos negreros, por haber permanecido fieles a Dios y a la Iglesia de Roma. Se pudren vivos consumidos por la enfermedad, convulsionados por la fiebre y víctimas de la desazón producida por los parásitos, trastornados, muriendo de hambre y de sed”.


martes, 16 de junio de 2026

S A N T O R A L

 


SAN QUIRICO Y SANTA JULITA, MÁRTIRES

LA LECCIÓN DE LOS MÁRTIRES

De cualquier naturaleza que sean los pormenores legendarios que se hayan introducido en sus Actas, acordémonos, sin embargo que eso, que únicamente es digno de honrar a los Santos, quien sigue la enseñanza que dieron al mundo. Las persecuciones que se han sucedido desde la antigüedad hasta nuestros días, deben enseñarnos que el heroísmo de Julita no es simplemente objeto de admiración estéril, sino que puede servirnos de ejemplo.
El deber no cambia de un siglo a otro; la dificultad de cumplirse puede variar según las circunstancias de tiempo y lugar: pero no por eso desaparecen sus inflexibles exigencias.
SACRIFICIO DE ALEGRÍA
No olvidemos, por otra parte, que la Iglesia es nuestra madre y, como tal tiene el derecho y la obligación de alimentar a sus hijos. No ha cesado de protestar contra todas las tiranías que han procurado separar de ella a sus hijos; pero si por fuerza se pretende arrancar de sus brazos a uno de sus pequeñuelos, éstos han de saber que tienen obligación de imitar al joven San Quirico, de permanecería fieles, guardar su palabra y tender hacia ella con tanto mayor fuerza, cuanto más se los quiera separar de su seno, de rechazar los halagos y las comodidades que le ofrecen, y preferir la muerte al pecado y a la infidelidad.

VIDA

Desde la antigüedad San Quirico fué objeto de un culto muy extendido y célebre. Más tarde se juntó a su nombre el de Santa Julita que, según el martirologio de San Jerónimo, fué su madre. Se han publicado numerosos relatos de su martirio. Si hemos de dar fe al más conocido de todos, Julita habitaba en Iconio con un hijo de tres años. La persecución la obligó a trasladarse a Seleucia, cerca de Tarso. Allí debería sufrir su cruel martirio. Quirico, al ver padecer a su madre, también él se declaró cristiano, y, no queriendo separarse de ella, sufrió el martirio juntamente. Sus reliquias fueron conducidas a Francia, donde se levantaron numerosos santuarios en su honor. Carlomagno, librado por San Quirico de un jabalí misterioso que iba a matarle, quiso patentizar su reconocimiento decidiendo que la Catedral de Nevers, reconstruida por su munificencia, le adoptase por patrón. Desde entonces los artistas cristianos representan al santo niño con un jabalí a sus pies.
SÚPLICA
¡Oh santos Mártires! ya no os acordáis, según la palabra del Señor, de los padecimientos pasados. El sacrificio de madre e hijo, comenzando en una confesión dolorosa, es hoy un sacrificio de alegría y alabanza. Porque vuestro sacrificio común se continúa en el cielo: es la base de las relaciones tan poderosas y tan dulces en las cuales Dios se complace; es la fuente de bendiciones que el Señor gusta derramar por vuestra intercesión sobre la tierra. Haced que cuanto antes amanezca el día del retorno a la verdadera luz en el Oriente, que os dió la vida y que regasteis con vuestra sangre preciosa.
Bendecid a Occidente, en el cual tantas iglesias celebran hoy vuestra fiesta.

LOS DERECHOS DE LA MADRE

Conserva la fe de las madres, oh Julita; eleva su cristianismo a la altura de las enseñanzas contenidas en tus gloriosos combates. Ante la tiranía que se apodera de la educación para perder el alma de los pobres niños, deben imitar todos a San Quirico.
Se ha visto algunos que, ante la odiosa presión de maestros impíos que les querían enseñar doctrinas condenadas por la Iglesia, no sabían escribir sino sólo el Credo que les habían enseñado sus madres. ¡Benditos sean! Sin duda tú, oh Quirico, te regocijaste a la vista de tan hermoso espectáculo, y tu mirada se ha posado con amor sobre estos émulos que te presenta nuestro siglo.
Con tu madre, desarrolla más y más en los hijos de la Iglesia, este sentimiento de la santa libertad que les fué otorgada en el bautismo: ella es quien, sumisa a todos los poderes que vienen de Dios, triunfó de los Césares. De su noble independencia ante los abusos que la autoridad comete, depende aun hoy la salvación de la sociedad.
fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer
Cuenta la tradición cristiana que Julita, noble y virtuosa mujer de Licaonia, comenzó a temer, tras la publicación de los decretos contra los cristianos de los emperadores Diocleciano y Maximiano, que su hijo Quirico, a quien deseaba mantener en la fe católica, pudiese sufrir algún daño. Para evitar esa posibilidad se alejó de su casa y fue a vivir primero a la provincia de Isauria, después a la de Iconia y finalmente a Tarso. Hasta allí la siguieron los decretos y las acusaciones y hasta allí llegó la orden para que Alejandro, el gobernador, persiguiese a la nueva religión. Habiendo interrogado a la madre y habiéndose mostrado ella tan firme como tenaz en sus ideas, Alejandro tomó en sus brazos al niño Quirico a quien con caricias pretendía atraer pero el niño sólo repetía: "Soy cristiano". La expresión, repetida una y mil veces por Quirico, enfadó al gobernador hasta el extremo de que en un arrebato de ira arrojó al niño contra el suelo partiéndole la cabeza, tras de lo cual ordenó que su madre fuese decapitada.
Urna con las reliquias de los Santos conservada en Wavre, Bélgica.
Urna con las reliquias de los Santos en Wavre - Bélgica
Dos criadas retiraron los cuerpos muertos del niño y de la madre; los enterraron en lugar retirado, en Tarse, hasta que dieciocho años después, con la paz de Constantino, se pudieron descubrir para su veneración.

lunes, 15 de junio de 2026

S A N T O R A L

SANTOS VITO, MODESTO Y CRESCENCIA, MARTIRES

"SERÉIS MIS TESTIGOS"

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San Vito, por Teoderico de Praga (1365)
El Espíritu divino, que reina en el tiempo después de Pentecostés, es ante todo el testigo del Verbo. El Hombre-Dios le anunció con este título al mundo que él tenía que abandonar para volver al Padre, después de haber dado él mismo testimonio de la verdad suprema. Formados por el Espíritu Santo conforme a la figura del Hijo del Hombre, los fieles son también testigos, cuyo oficio es destruir la mentira, enemiga de Dios, expresando la verdad en sus palabras y con sus actos. Pero el supremo testimonio, que no a todos se les concede dar, es el de la sangre; los mártires son los privilegiados en esta lucha incesante entre lo verdadero y lo falso, en la cual se halla resumida toda la historia. Era necesario que también ellos brillasen estos días en el cielo. Pronto se regocijará la Iglesia con motivo del nacimiento de Juan el Precursor, el hombre más grande entre los nacidos de mujer cuya grandeza consistió precisamente en ser enviado por Dios para servir de testigo y dar testimonio de la luz. Entonces tendremos ocasión de meditar más detenidamente estos pensamientos, a los cuales parece que quieren prepararnos los alegres grupos de mártires que se van a suceder, como para anunciar la próxima llegada del amigo del Esposo. 

San Vito era natural de Nevano, Sicilia. Mártir junto con Modesto y Crescencia. Las Actas presentan a San Vito como hijo de Hylas, rico y noble senador romano, pagano; su madre Bianca que era cristiana murió al poco tiempo de su nacimiento. Fue guiado por Crescencia -su nodriza- y Modesto -marido de Crescencia y médico de Mazara-, que educaron a Vito en la fe cristiana. El padre del niño al saber que su hijo era cristiano lo denunció ante el juez y después de unas terribles torturas fue encarcelado, pero logró huir milagrosamente a Nápoles junto con el matrimonio de Modesto y Crescencia hacia Lucania y de allí a Roma.

UN SANTO AUXILIADOR

Hoy, acompañado de Modesto y Crescencia, San Vito viene a enseñarnos cuál es el precio del bautismo y la fidelidad que debemos al Padre que está en los cielos. Su gloria es grande tanto en el cielo como en la tierra; los demonios, que temblaban ante él, siguen temiéndole; su nombre permanece inscrito en la memoria del pueblo cristiano, como el de uno de sus más poderosos auxiliadores, junto con San Erasmo, San Vito o San Guido, conserva el poder de librar a los que acuden a él del mal que lleva su nombre. Hace inofensivas las mordeduras de los perros rabiosos y de las serpientes, y se muestra compasivo incluso con los mismos animales. Se le invoca también contra el letargo o sueño muy prolongado; el gallo que le acompaña en algunas representaciones, recuerda esta costumbre, así como también la de invocar al Santo para despertarse a una hora determinada. Es también patrón de los danzantes y comediantes.

VIDA

El culto de San Vito o Guido se remonta a la antigüedad más remota, pero sus Actas han sufrido numerosas interpolaciones y es difícil discernir la verdad de la leyenda. Se cuenta en ellas que padeció el martirio de muy niño en compañía de Modesto, su preceptor, y de Crescencia, su nodriza. El Papa Gelasio dedicó en Roma una Iglesia a San Vito, y en París el Monasterio de San Dionisio se gloriaba de poseer algunas de sus reliquias. Se las cedió después el Monasterio de Corbey, en Sajonia, y desde entonces se hizo muy popular su culto en toda Alemania.

SÚPLICA PARA LA CURACIÓN DE LOS HOMBRES

Noble mártir, que preferiste el Padre del cielo al de la tierra; ¿quién podrá expresar el afecto con que te trata Aquel a quien tan valerosamente confesaste ante los hombres? Quiere que aquí en la tierra brillen en torno tuyo las señales de su munificencia, pues te tiene confiada una gran parte en el ejercicio de su poder misericordioso.
En recompensa a la santa libertad que reinó en tu alma y sometió en completa obediencia tu cuerpo al alma, posees sobre la naturaleza caída un poder maravilloso: los desgraciados, cuyos miembros, agitados desordenadamente por una cruel enfermedad, no conocen la dirección del imperio de la voluntad, los mismos hombres a quienes un sueño muy prolongado los hace casi inconscientes en sus actos, encuentran a tus pies la armonía perfecta del cuerpo y del alma, permitiendo al primero, por su docilidad al alma, vacar a los deberes que tiene para con Dios y la sociedad. Ilustre santo, sé cada día más generoso en el ejercicio de tu don precioso, para bien de la humanidad doliente y mayor gloria de Dios que te ha coronado. 
Te pedimos para todos con la Iglesia, y por tu intercesión pedimos a Dios "que aleje de nosotros todo movimiento de orgullo, que tengamos la humildad, que nos hace agradables a Dios, para que, despreciando lo malo, practiquemos el bien con amor y libertad.

 fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer


domingo, 14 de junio de 2026

S A N T O R A L

SAN ELISEO , PROFETA




Martirologio Romano:
En Samaría o Sebaste, en Palestina, conmemoración de san Eliseo, que fue discípulo de Elías y profeta en Israel, desde el tiempo del rey Jorán hasta los días de Joás. Aunque no dejó oráculos escritos, con sus milagros anunció la salvación que había de llegar para todos los hombres.

Terrible y formidable hombre de Dios, vencedor de los enemigos y bienhechor de los fieles. Testigo de Dios y cumplidor fiel de sus promesas fue el sucesor, discípulo y continuador de la obra de Elías.
Cuando llegó el torbellino, Eliseo clamaba estupefacto ante lo que veían sus asombrados ojos «Padre mío, padre mío». Y es que Eliseo le había ido pidiendo a su maestro que le dejara en herencia sus poderes sobrenaturales; Elías le puso como signo de concesión que pudiera verle en el momento de su arrebato inminente al cielo. El maestro y el discípulo acababan de pasar, andando y por el lecho seco, el río Jordán después de haberlo roto Elías con su manto.

Nació en Abelmeula, de la tribu judía de Manases, en las cercanías de Scytópolis, hijo de Safat. Su nombre significa «salud de Dios». Elías lo encontró arando las tierras familiares, puso sobre él su capa, y se lo llevó. Ya no se separó más el discípulo de su maestro hasta el momento último y fantástico en que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego.
Ahora, había cogido del suelo el manto que Elías dejó caer en su rapto y, vuelto Eliseo a la orilla del Jordán, golpeó como lo había visto hacer a su maestro poco antes. Al segundo golpe, las aguas se abrieron y supo que el poder de Dios que tuvo Elías seguía con él. A partir de este momento empleó sus días en procurar el bien de Israel, combatiendo la idolatría, demostrando con el portento del milagro que el verdadero Dios es exigente en asuntos de fidelidad.
La misión encomendada fue llamar al pueblo de Israel al culto legítimo a su Dios. Y no permitió obstáculo que lo impidiera.

Para ello protegió a los ejércitos de Israel en la lucha contra los moabitas en atención al piadoso rey Josafat; y en Dotain venció a los sirios. También premió a la mujer de un profeta que se había arruinado por atender a los hombres fieles, llenándole todas las vasijas de aceite con la que pudiera pagar sus deudas y comer ella y sus hijos. A la mujer sunamita, que era estéril y su marido ya viejo, le da un hijo como paga de profeta por sus servicios, alimento y hospedaje. Venga la detestable idolatría del petulante pueblo con azote de Dios, cegando a los ladrones, maldiciendo a los incestuosos, y destruyendo el abominable culto a Satán con sus adoradores en Betel, donde estaba establecido el odioso culto al becerro de oro. Resucitó muertos y ungió como rey de Israel a Jehú, con el encargo de destruir de parte Dios a la casa de Acab, como castigo de la sangre derramada por la malvada Jezabel, profetizando que se la comerían los perros, sin dar lugar a que tomara sepultura.
Curó al leproso Naamán, mandándole se lavara siete veces seguidas en el río Jordán. Era este pagano un general del rey de Siria, pero la esclava hebrea le había informado de la existencia de un milagroso profeta en su tierra. Prepara la caravana con regalos de oro y plata como obsequio, son joyas de presentación obligada al rey de Samaría para obtener benevolencia y conseguir que mande al profeta lo que debe hacer. Pidió Eliseo la presencia de Naamán para que se enterara el mundo de que Dios tiene un profeta en Israel; ni siquiera quiso recibirlo; solo mandó con su criado el recado de que se bañara siete veces seguidas en el Jordán para encontrar el remedio. Se decepcionó con enojo el importante sirio, se mostró despreciativo de las bondades del agua del Jordán; menos mal que fue obediente por lo fácil de la medicina y obtuvo un resultado perfecto con su curación de la lepra, sin que Eliseo, el hombre de Dios, quisiera recibir sus ricos dones.

Eliseo clamó por la fidelidad y pureza del pueblo al único Dios que debe ser servido y fulminó con santa ira al pecador infiel. Fue un hombre formidable y terrible. Su historia es el relato de prodigios y portentos divinos en época oscura, bárbara e imperfecta; pero le falta al viejo profeta la dulzura, humanidad y sencillez de los milagros de Cristo. Es como el boceto de un maravilloso cuadro futuro, como un anticipo imperfecto de un futuro de plenitud. Murió Eliseo durante el reinado de Joás.
Narra ampliamente su historia el libro II de los Reyes. San Jerónimo la comenta apasionadamente, asegurando, como detalle, que permaneció virgen durante toda su vida.
 

sábado, 13 de junio de 2026

S A N T O R A L

SAN ANTONIO DE PADUA, CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA
 EL CANÓNIGO REGULAR

De los hijos de San Francisco de Asís, el más conocido, el más poderoso ante los hombres y ante Dios, es San Antonio, cuya fiesta celebramos hoy.
Su vida fué corta: a los treinta y cinco años volaba al cielo. Pero este corto número de años no impidió al Señor preparar a su elegido para la alta misión que debía cumplir: tan verdad es que, en los hombres apostólicos, lo que importa a Dios, que debe hacer de ellos el instrumento de salvación de muchas almas, no es tanto el tiempo que podrían dedicar a las obras exteriores, cuanto su propia santificación y su abandono absoluto a los designios de la Providencia. Se diría que la Sabiduría eterna se complacía en destruir hasta los últimos momentos todos los planes de San Antonio. De sus veinte años de vida religiosa, pasó diez con los canónigos regulares, adonde el divino llamamiento dirigió los pasos de su graciosa inocencia cuando contaba quince años. Allí su alma seráfica se eleva a las alturas, que la retienen para siempre, al parecer, en el secreto de la paz de Dios, cautivada por los esplendores de la Liturgia, el estudio de las Sagradas Escrituras y el silencio del claustro.

EL FRAILE MENOR

De pronto el Espíritu divino le invita al martirio: y le vemos abandonar su claustro amado y seguir a los Frailes Menores a playas en las cuales muchos han recibido ya la palma gloriosa. Pero el martirio que le espera, es el del amor; enfermo, reducido a la 
San Francisco se aparece estando
San Antonio predicando. Giotto
impotencia antes que su celo haya podido trabajar en el suelo africano, la obediencia le llama a España, y he aquí que una tempestad le arroja a las costas de Italia. Por entonces San Francisco de Asís reunía por tercera vez, después de su fundación, a toda su admirable familia. Antonio apareció allí, tan humilde, tan modesto, que nadie se preocupó de él. El ministro de la provincia de Bolonia fué quien le recogió, y, no encontrando en él ninguna capacidad para el apostolado, le señaló como residencia la ermita del monte de San Pablo. Su cargo fué el de ayudar al cocinero y barrer la casa. Durante este tiempo, los canónigos de San Agustín lloraban a aquel que poco antes había sido la gloria de su orden por su nobleza, su ciencia y su santidad.

EL PREDICADOR

Pero luego sonó la hora que la Providencia se había reservado para manifestar al mundo a su siervo Antonio. Una alocución que inopinadamente tuvo que dirigir a sus hermanos jóvenes, revela tan maravillosa elocuencia, que sus superiores, reconociendo su yerro, en seguida le hacen predicador. Los prodigios continuos, en el orden natural y de la gracia, aureolan los púlpitos en que predica el humilde fraile. En Roma, mereció el glorioso título de arca del Testamento. En Bolonia y en el norte de Italia convirtió a multitudes de herejes, y en la última cuaresma que predicó en Lombardía, introdujo profundas reformas sociales en favor de los pobres y desgraciados. En Padua, en Verona, le pidieron frecuentemente su intervención en los negocios temporales. Nos es imposible seguir en todos sus pasos su estela luminosa; pero no podemos olvidar que pertenece a Francia una gran parte de los años de su poderoso ministerio.

SAN ANTONIO Y FRANCIA

San Francisco había deseado ardientemente evangelizar personalmente a Francia infestada en gran parte por la herejía; pero, al menos, envió a su hijo más querido, a su imagen viviente. Lo que había sido Santo Domingo en la primera cruzada contra los albigenses, lo fué Antonio en la segunda; y entonces fué cuando mereció el apelativo de martillo de la herejía. Desde la Provenza a Berry, todas las provincias se ven removidas por su ardiente palabra. Predica en Bourges, en Limoges y Arlés. Fué guardián en Lemousín. Fundó el convento de Brive, en el cual se muestran aún las grutas que habitó. De todas partes acudían las multitudes a oírle. En medio de sus triunfos y sus fatigas, el cielo fortalece con deliciosos favores su alma, que ha permanecido como la de un niño. En una casa solitaria del Limousín, el Niño Jesús, radiante con una admirable belleza, descendió un día a sus brazos, le prodigó sus caricias y le pidió las suyas. Un día de la Asunción, que estaba muy triste con ocasión de cierto pasaje del Oficio de aquella época, poco favorable a la subida de Nuestra Señora al cielo en cuerpo y alma, la Virgen fué a consolarle en su pobre celda, le aseguró la verdadera doctrina y le dejó extasiado por el encanto de su rostro y de su voz melodiosa. 

LOS OBJETOS PERDIDOS

Se cuenta que en la ciudad de Montpellier, donde enseñaba teología a los Frailes, como desapareciese su Comentario a los Salmos, el mismo Satanás obligó al ladrón a devolver el libro cuya pérdida tanta pena causaba al santo. Muchos ven en este hecho el origen de la devoción que reconoce a San Antonio como el patrón de los objetos perdidos: devoción que se apoya desde su origen en los milagros más resonantes y que se halla confirmada hasta nuestros días por gracias incontables.

VIDA

Antonio nació en Lisboa hacia 1195. Admitido a la edad de quince años en los Canónigos Regulares de San Vicente de Fora en esta misma ciudad, fué enviado dos años más tarde al Monasterio de Santa Cruz de Coimbra para cursar sus estudios. En 1220, anhelando el martirio, entró en los Frailes Menores, que le mudaron su nombre de Fernando por el de Fray Antonio de Olivares. Aquel mismo año partió a Marruecos, pero, al cabo de algunas semanas, una enfermedad le forzó a reembarcar. Arrojado por una tempestad a Sicilia, tuvo que quedarse en Italia. En 1221, asistió al capítulo general, del cual le enviaron a la ermita de San Pablo cerca de Forli. Poco después comenzó su carrera de predicador en Italia del Norte y de 1223 a 1226 en Francia. Fijóse finalmente en Padua, donde murió el 13 de Junio de 1231. Al año siguiente le canonizó Gregorio IX; y, como las obras que nos dejó, manifiestan sus dones de teólogo, apologista, exégeta y moralista, Pío XII en 1946 le proclamó Doctor de la Iglesia.

EL ESPÍRITU DE INFANCIA

La sencillez de tu alma, glorioso San Antonio, hizo de ti el dócil instrumento del Espíritu del amor. La infancia evangélica es el tema del primero de los discursos que dedica a tu alabanza el Doctor seráfico; la Sabiduría, que fué en ti el fruto de esta infancia bendita, forma el tema del segundo. Fuiste prudente, oh Antonio, porque desde tus primeros años procuraste alcanzar la Sabiduría eterna, y, no queriendo que se alejase de ti, tuviste gran cuidado de encerrar tu amor en el claustro, en presencia de Dios, para saborear sus delicias. No ambicionabas más que el silencio y la obscuridad en su divino trato; y, aún aquí en la tierra, tuvo ella sus delicias en adornarte con toda clase de resplandores. Iba ante ti; tú la seguías gozoso, únicamente por ella sola, sin saber que encontrarías todos los bienes con su compañía'.
¡Feliz infancia, a la cual ahora, como en tu tiempo, ha reservado Dios la Sabiduría y el amor!

EL DEFENSOR DE LA FE

Como recompensa a tu sumisión amorosa al Padre celestial, los pueblos te obedecieron, los tiranos más feroces temblaron a tu voz(2). Sólo la herejía se negó una vez a escuchar tu palabra, pero los peces salieron a tu defensa, pues, vinieron en masa, ante las miradas de toda una ciudad, a escuchar la palabra que no quisieron recibir los sectarios.

Mas ¡ay!, el error, que no acudía a oír tu voz, no se contenta ahora con eso; quiere hablar solo. Cambiando de forma, renaciendo siempre, intrigando en todos los países por medio del comunismo ateo y la masonería, todo el mundo aspira ese veneno. Oh tú, que todos los días socorres a tus devotos en sus necesidades privadas, tú que tienes ahora en el cielo el mismo poder que tuviste sobre la tierra, socorre a la Iglesia, al pueblo de Dios y a la sociedad, más universal y profundamente perseguida que nunca. Oh Arca del Testamento, vuelve al estudio de la Sagrada Escritura a nuestra generación sin fe y sin amor; martillo de la herejía, hiere con esos golpes que regocijan a los ángeles y hacen temblar al infierno.


1 Sap., VII.

2 Sap., VIII, 14-15.
fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

San Antonio de Padua: reflejo fiel y estampa irreal…

Plinio Corrêa de Oliveira

Estando en la ciudad de Padua en Italia, visité la famosa Basílica de San Antonio. Recuerdo que en una columna de su interior estaba el cuadro de un franciscano, firme, fuerte “tendiente un poco a lo obeso, de seria fisonomía. La posición de su mano era de quien enseña.
Le pregunté a uno de los encargados de atender a los fieles: “¿De quién es aquel cuadro?”. La respuesta fue: “Ese cuadro es la pintura más antigua que se conserva de San Antonio de Padua”. La cual parece haber sido pintada por Giotto, o por alguno de sus discípulos. Es lo que hay de más próximo, históricamente, de la fisonomía del Santo.
Me dirigí hacia la sacristía, donde había una larga fila de peregrinos adquiriendo rosarios y objetos de piedad de toda especie. En un sector vendían copias de ese cuadro, y en otro, estampitas del mismo Santo. Adquirí la copia del cuadro y una estampita, para luego comparar las dos representaciones del famoso Santo franciscano.

La estampita representaba a un San Antonio con una fisonomía que ostentaba una musculatura que jamás se tensó, sea por el dolor, por la indignación, por la preocupación o el riesgo, o mismo por el esfuerzo. Casi imberbe, su rostro parece de porcelana, con labios que jamás dijeron algo. El apenas los abriría para ingerir un puré cualquiera… Los ojos fijan su atención en algo delante de sí, que realmente no merece su atención. Figura de una insipidez mayúscula. Pero esa era la estampita que más se vendía.

La fotografía del auténtico cuadro del Santo, sin embargo, era poco adquirida por el público. Esa desproporción me causó una profunda impresión.
En una reunión realizada más tarde con unos amigos, analizamos y comparamos las dos ilustraciones. Se consolidó en nuestro espíritu la tesis que hay una velada escuela espiritual que busca deformar la piedad católica, según un modelo dulce y sentimental, donde la estampita de San Antonio era un ejemplo contundente.

(*) Extractos de la conferencia pronunciada por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira para socios y cooperadores de la TFP brasileña el 21 de mayo de 1983. Sin revisión del autor.

En la ciudad de Rimini, está erigida una Iglesia en honor al Milagro Eucarístico obrado por San Antonio de Padua en el año 1227

El milagro Eucarístico:
Este episodio está citado en la obra considerada una de las fuentes más antiguas de la vida de San Antonio -Benignitas-:
“Este Santo hombre discutía con un hereje que estaba contra el sacramento de la Eucaristía y a quien el Santo lo había casi conducido hacia la fe católica. Pero este hereje, después de varios y numerosos argumentos declaró: si tú, Antonio, logras demostrarme con un prodigio que en la Comunión está realmente el Cuerpo de Cristo, entonces yo, después de haber renunciado totalmente a la herejía, me convertiré inmediatamente a la fe católica. ¿Por qué no hacemos una apuesta? Tendré encerrada por tres días una de mis bestias y le haré sentir el tormento del hambre. Luego de tres días, la traeré aquí, delante del público y le enseñaré un alimento preparado. Tú estarás al frente con aquello que tú consideras el Cuerpo de Cristo. Si la bestia, despreciando el forraje se apresura a adorar a tu Dios, yo me convertiré a la fe de tu Iglesia”.
San Antonio, iluminado e inspirado desde lo alto, aceptó el desafío. La cita fue fijada en la Plaza Grande (la actual plaza Tres Mártires). En el día indicado se reunió una gran muchedumbre de curiosos. A la hora indicada, los protagonistas de la singular apuesta se presentaron en la plaza, seguidos cada uno por sus simpatizantes. San Antonio por los fieles católicos, Bonovillo (el nombre del hereje cátaro) de sus aliados en el escepticismo.
Imagen relacionada El Santo se presentó teniendo entre las manos la Hostia consagrada, depositada en una Custodia; y el hereje teniendo entre manos las riendas de la mula hambrienta. El Santo de los Milagros, después de haber pedido y obtenido el silencio, se dirigió a la mula con estas palabras: “en virtud y en el nombre de tu Creador, que yo siendo indigno, lo tengo en mis manos, te digo y te ordeno: avanza con prontitud y rinde honores al Señor con el debido respeto, para que así los malvados y los herejes comprendan que todas las creaturas deben humillarse delante de su Creador, a quien los sacerdotes tienen en sus manos en el altar”.
Inmediatamente, el animal, rechazando el alimento del patrón, se acercó dócilmente hacia el religioso, dobló las patas delanteras ante la Hostia y permaneció así, reverentemente. Antonio no se había engañado en juzgar la lealtad de su adversario quien se arrojó a sus pies abjurando públicamente sus errores.
Desde ese día se convirtió en uno de los cooperadores más activos del Santo taumaturgo.