jueves, 7 de mayo de 2026

S A N T O R A L


  SANTA FLAVIA DOMITILA, Vírgen y Mártir

SANTOS NEREO Y AQUILEO, Mártires (*)

Fresco de Il Pomarancio, Basílica de los Santos Nereo y Aquileo - Roma


Según las Actas, por desgracia en gran parte legendarias, Nereo y Aquileo fueron soldados romanos, convertidos por San Pedro. Después del bautismo abandonaron la milicia y entraron al servicio de una gran dama, Domitila, pariente próxima del emperador Tito, que se hizo cristiana muy pronto, siendo bautizada por el Papa San Clemente. Condenados los tres como cristianos, fueron verosímilmente decapitados.

 SUS RELIQUIAS

No se sabe dónde fueron depositadas primitivamente las reliquias de Santa Domitila. Los cuerpos de los Santos Nereo y Aquileo fueron honrosamente sepultados en las catacumbas del cementerio de Domitila en la Vía Ardeatina, a medio kilómetro de Roma. Conservamos aún una homilía pronunciada por San Gregorio en la Basílica subterránea que el Papa Siricio había hecho construir sobre sus tumbas. San Gregorio insiste en su discurso sobre la caducidad de los bienes de este mundo y evoca el recuerdo de los héroes que descansaban bajo el altar alrededor del cual se habían reunido los fieles de Roma: "Estos santos, dice, en torno de cuyo sepulcro nos hallamos reunidos en este momento, desdeñaron en la flor de la edad el mundo hollándole con sus pies. Tenían ante sí, vida larga, salud asegurada, fortuna opulenta, la esperanza de una familia en la cual habrían perpetuado su nombre y habrían podido gozar de estos placeres por largo tiempo en la paz y tranquilidad; pero en vano el mundo hizo ostentación de sus galas ante ellos; en su corazón estaba ya marchito".  
Más tarde las reliquias debieron ponerse en una basílica vecina, situada en la Vía Apia, y llamada hasta entonces Fasciola. A partir del siglo VIII se llamará sólo de los Santos Nereo y Aquileo y llegará a ser título cardenalicio. Pero a causa de los desastres de Roma, por hallarse casi en ruinas la basílica, los cuerpos de los santos fueron trasladados, en el siglo XIII, a la basílica de San Adrián en el Foro. Allí permanecieron hasta fines del siglo XVI, en que Baronio, habiendo sido creado cardenal con el título de los Santos Nereo y Aquileo pensó restaurar para ellos la antigua basílica Fasciola. Por su munificencia las naves.se levantaron de nuevo y sobre los muros se pintó la historia de los tres mártires; la cátedra de mármol sobre la cual se cuenta pronunció San Gregorio su homilía, fué restablecida a esta iglesia y en su respaldo se gravó completa dicha homilía. Finalmente la Confesión, decorada con mármoles y mosaicos recibió también las reliquias de que había estado privada durante tres siglos.

EL TRIUNFO

Baronio comprendió que era tiempo de terminar el destierro demasiado largo de los santos mártires y por cuyo honor se sentía obligado a velar en adelante. Pudo unir a las reliquias de los dos soldados mártires, los de una santa, Domitila que desde entonces era honrada y que él tenía fundadas razones para creer que era la santa compañera de su martirio, preparando todo un triunfo para conducirlos, el 12 de mayo de 1597, a la antigua morada. Roma cristiana, sabe como ninguna, unir en sus cultos los recuerdos de la antigüedad clásica con los sentimientos que inspira la religión de Cristo. Una solemne procesión condujo primeramente al Capitolio la carroza en que se hallaban colocados, bajo suntuoso dosel, los cuerpos sagrados de los tres mártires. Dos inscripciones paralelas atrajeron las miradas en el momento en que el cortejo llegaba a la cima del Clivus Capitolinus.
En la una se leía: "A Santa Flavia Domitila, virgen romana y mártir, el Capitolio, purificado del culto nefasto de los demonios, y restaurado más dignamente que lo fué por Flavio Vespasiano y por Domiciano, Augustos, parientes de la virgen Cristiana". La otra decía: "El Senado y el pueblo romano a santa Flavia Domitila, virgen romana y mártir, que dejándose consumir en el fuego por la fe de Cristo, dió a Roma más gloria que sus parientes Flavio Vespasiano y Domiciano, Augustos, cuando restauraron a su costa el Capitolio, dos veces incendiado".
Depositaron un momento las cajas de los mártires sobre el altar levantado cerca de la estatua ecuestre de Marco Aurelio y después de recibir sus homenajes fueron de nuevo colocados en el carro, bajando por el lado opuesto del Capitolio hasta encontrar el arco de Triunfo de Septimio Severo. En él se leen estas dos inscripciones: "A los Santos Mártires Flavia Domitila, Nereo y Aquileo, excelentes ciudadanos, el Senado y el pueblo de Roma por haber ilustrado el nombre romano con su gloriosa muerte y obtenido con su sangre la paz para la república romana"."A Flavia Domitila, Nereo y Aquileo invencibles mártires de Jesucristo, el Senado y el pueblo romano por haber glorificado a la ciudad con el noble testimonio que dieron de la fe cristiana".
Siguiendo la Vía Sacra la procesión llegó frente al arco de Triunfo de Tito, monumento de la victoria de Dios sobre la nación deicida. En uno de sus lados se leía esta inscripción: "Este arco triunfal otorgado y erigido en otro tiempo a Tito Flavio Vespasiano Augusto, por haber puesto de nuevo bajo el yugo del pueblo romano a la Judea sublevada, el Senado y el pueblo romano le otorgan y consagran de una manera más justa a la sobrina del mismo Tito, Flavia Domitila, por haber aumentado y propagado con su muerte la religión cristiana".
La inscripción en el otro lado del arco de Triunfo decía así: "A Flavia Domitila, virgen romana y mártir, sobrina de Tito Flavio Vespasiano Augusto, el Senado y el pueblo romano porque con la efusión de su sangre y el sacrificio de vida por la fe, rindió homenaje a la muerte de Cristo con una gloria que no adquirió el mismo Tito, cuando por vengar esta muerte derribó a Jerusalén por inspiración divina".
Dejaron a la izquierda el Coliseo, cuya arena había sido el teatro de los combates de tantos mártires y pasaron por el arco de Triunfo de Constantino, monumento que habla tan alto de la victoria del cristianismo en Roma y en el imperio que repite todavía el nombre de la familia Flavia a la cual pertenecía el primer Emperador cristiano.
He aquí las dos inscripciones que decoraban el arco Triunfal: "A Flavia Domitila, a Nereo y Aquileo, el Senado y el pueblo romano. En esta Vía Sacra en que muchos emperadores romanos, augustos, obtuvieron los honores del triunfo por haber sometido al imperio del pueblo romano diversas provincias, triunfan hoy estos mártires con gloria aún mayor por cuanto vencieron por la superioridad de su valor a los mismos triunfadores"."A Flavia Domitila, el Senado y el pueblo romano. Si doce emperadores parientes suyos augustos ilustraron con sus grandes hechos a la familia Flavia y a Roma misma, la virgen sacrificando por Cristo los honores y la vida, dió a ambos mayor lustre aún".
Continuando después por la Vía Apia llegaron finalmente a la basílica. A la puerta rodeado de un gran número de cardenales, Baronio recibió con profundo respeto a los tres mártires y les llevó al altar mayor, mientras el coro cantaba esta antífona del Pontifical: "Entrad, santos de Dios; el Señor ha preparado aquí vuestra morada; el pueblo fiel ha seguido con alegría vuestra marcha y os suplica roguéis por él a la potestad de Dios. Alleluia!"

LA VERDADERA GLORIA


¡Qué triunfo tan sublime os ha preparado Roma, oh mártires invictos después de tantos siglos transcurridos desde vuestra gloriosa muerte! ¡Qué cierto es que en la tierra no hay nada comparable con la gloria de los santos! ¿Dónde están, oh Domitila, los Flavios, esos doce emperadores de tu nombre? ¿Quién se preocupa de sus cenizas? ¿Quién conserva incluso su recuerdo? A uno de ellos se le llamó "las delicias del género humano". Y el pueblo ignora hasta su nombre. Otro, el último de todos, tuvo la gloria de ser escogido para proclamar la victoria de la cruz sobre el mundo romano; Roma cristiana guarda su memoria con honor y reconocimiento; mas no le tributa culto religioso, Roma lo reserva para ti, oh Domitila, y para los dos mártires cuyo nombre va hoy asociado al tuyo.

¿Quién no sentirá el poder del misterio de la resurrección de nuestro divino Caudillo en el amor y entusiasmo que inspiran a todo este pueblo la vista y la procesión de vuestras reliquias, oh mártires de Dios vivo? Quince siglos pasaron sobre vuestros miembros fríos y los fieles les saludan con entusiasmo como si los sintiesen aún llenos de vida. Pero el pueblo cristiano sabe que Jesús, "el primer nacido de entre los muertos", ha resucitado y que vosotros debéis resucitar un día gloriosos como Él. Saluda anticipadamente esa inmortalidad que será la parte de vuestros cuerpos inmolados para gloria del Redentor; contempla ya con la fe el esplendor con que brillaréis un día, proclama la dignidad del hombre rescatado, para quien la muerte no es sino el tránsito a la vida verdadera y la tumba un surco que recibe el grano para hacerle más vivo y más hermoso.

PLEGARIA

"Dichosos, dice la profecía, los que lavaron sus túnicas en la sangre del cordero'". Pero más dichosos aún, nos dice la Santa Iglesia, aquellos que después de haber sido purificados, mezclaron su sangre con la de la Víctima divina, porque suplieron en su carne lo que faltaba a las tribulaciones de Cristo. Por eso es poderosa su intercesión y debemos dirigirnos a ellos con amor y confianza. Sednos propicios, ¡oh Nereo, Aquileo y Domitila! Haced que esperemos a Jesús resucitado; conservadnos la vida que nos comunicó; apartadnos de los encantos de este mundo y disponednos a pisotearlos si hay peligro de que nos seduzcan. Hacednos fuertes contra todos nuestros enemigos, prontos para la defensa de la fe, vigorosos para la conquista de este reino que debemos arrebatar por la violencia. También los defensores de la Iglesia romana que, cada año, renueva, en este día vuestro culto con tanto fervor; proteged al Pontífice en quien Pedro reside; disipad las tormentas que amenazan a la cruz sobre el Capitolio y conservad la fe en el corazón de los romanos. 

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 824 y siguientes

(*)En el calendario anterior los tres santos se los recordaban conjuntamente el 12 de Mayo, en el  actual están separados, conmemorandose hoy a Santa Flavia Domitilise, mientras que los Santos Nereo y Aquileo conservan la fecha del 12 de Mayo. 

miércoles, 6 de mayo de 2026

S A N T O R A L




SAN JUAN ANTE LA PUERTA LATINA

Imagen de Santa María Salomé, destruida durante la Guerra Civil
Juan, el discípulo amado que vimos cerca de la cuna del niño de Belén, reaparece hoy para hacer la corte al glorioso triunfador de la muerte y del infierno.

LA PETICIÓN DE SALOMÉ

Salomé con ambición maternal presentó un día sus dos hijos a Jesús, pidiendo para ellos los dos primeros puestos de su reino. El Salvador había hablado entonces del cáliz que debía beber, y predijo que un día estos dos discípulos lo beberían a su hora. El primogénito, Santiago el Mayor, dió el primero a su Maestro esta muestra de amor, Juan, el más joven, ha sido llamado hoy a sellar con su vida el testimonio que dió a la divinidad de Jesús. Pero era necesario para el martirio de tal Apóstol, un teatro digno de él. Asia Menor evangelizada por sus cuidados no era un país muy ilustre para recibir la gloria de tal combate. Roma solamente, Roma, donde Pedro trasladó su cátedra y derramó su sangre, donde Pablo sometió su cabeza venerable a la espada, merecía el honor de ver dentro de sus muros al augusto anciano, al discípulo que Jesús amó, al último superviviente del colegio apostólico, dirigirse al martirio. 


EL CÁLIZ

Domiciano reinaba tiránicamente en Roma y en el mundo. Sea que Juan emprendiese libremente el camino a la ciudad reina para saludar a la Iglesia principal, sea que un edicto le condujese cargado de cadenas a la capital del Imperio, Juan compareció en presencia de los lictores de la justicia romana, en el año 95. Se le acusó de haber propagado en una extensa provincia del Imperio, el culto de un judío crucificado bajo Poncio Pilato. Debe morir; y la sentencia dice que un suplicio humillante y cruel librará a Asia de un viejo supersticioso y rebelde. Si pudo escaparse de Nerón, por lo menos no huirá de la venganza del César Domiciano.
Delante de la Puerta Latina se ha preparado una caldera llena de aceite hirviendo. La sentencia manda se introduzca en ella al predicador de Cristo. Ha llegado el momento en que el hijo de Salomé va a participar del cáliz de su Maestro
..


El corazón de Juan se estremece de alegría al pensar que él, el más amado y sin embargo el único que no ha sufrido la muerte por su divino Maestro, es llamado por fin a dar este testimonio de su amor. Después de haberle azotado cruelmente, los verdugos se apoderan del anciano y le arrojan bárbaramente en la caldera; pero ¡oh prodigio! el aceite hirviente ha perdido su ardor; los miembros del Apóstol no sufren lesión alguna; antes bien, al sacarle de la caldera impotente, ha recobrado todo el vigor que le habían quitado los años; se ha vencido la crueldad del Pretorio y Juan, mártir de deseo, es conservado para la Iglesia algunos años más. Un decreto imperial le destierra a la isla de Patmos, donde el cielo le manifiesta los futuros destinos del cristianismo hasta el fin de los siglos. La Iglesia romana conserva entre sus más gloriosos recuerdos el sitio y martirio de Juan; ha señalado con una Basílica el lugar aproximado donde el Apóstol dió testimonio de la fe cristiana. Esta Basílica está cerca de la Puerta Latina y está honrada con un título cardenalicio. 

ELOGIO

¡Con qué gozo te vemos reaparecer, discípulo del Señor resucitado! Antes te vimos cerca del pesebre donde dormía tranquilamente el Salvador prometido. Entonces celebramos todos tus títulos de gloria: Apóstol, Evangelista, Profeta, Virgen, Doctor de Caridad, y por encima de todos, Discípulo predilecto de Jesús. Hoy te saludamos como a mártir. Porque si el ardor de tu amor ha vencido al del tormento que se te había preparado, con todo eso no aceptaste con menos energía el cáliz que Jesús te anunció cuando eras joven..

En estos días del tiempo Pascual te vemos constantemente con Jesús, halagándote con sus últimas caricias. ¿Quién se extrañará de su predilección para contigo? ¿No fuiste tú el único de los discípulos que te encontraste al pie de la cruz? ¿No fué a ti a quien confió su Madre para que desde entonces fuese tuya? ¿No estuviste presente cuando atravesaron su corazón con una lanza? Cuando te encaminaste al sepulcro con Pedro, en la mañana de Pascua, ¿no fuiste el primero que con tu fe rendiste homenaje a la resurrección de tu Maestro sin verle aún? Goza con tu Maestro inefable las delicias que nos prodiga; pero ruégale por nosotros, ¡glorioso Apóstol! Debemos amarle por todos los bienes que nos ha dado, y reconocemos con dolor que somos tibios en su amor. Nos has dado a conocer a Jesús Niño, nos has descrito a Jesús crucificado, muéstranos a Jesús resucitado; únenos a Él en estos últimos momentos de su estancia en la tierra; y cuando suba al cielo, fortifica nuestro corazón para serle fiel, para que a tu ejemplo, estemos preparados para beber el cáliz de las pruebas que nos tiene preparado.
 

PLEGARIA

Roma fué el teatro de tu gloriosa confesión, ¡oh Santo Apóstol! Ámala siempre; y en sus tribulaciones únete a Pedro y a Pablo para protegerla. El Oriente te poseyó durante tu vida; pero el Occidente tiene el honor de contarte entre sus primeros mártires. Bendice núestras iglesias, sostén nuestra fe, fortifica la caridad y líbranos de esos anticristos que señalabas a los fieles de tu época y que tanto daño causan entre nosotros. Hijo adoptivo de María, al contemplar a tu Madre en su gloria, preséntale nuestras oraciones que le ofrecemos en este mes, y obténnos de su bondad maternal las gracias que le pedimos.


fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer 
Tomo III pag. 795 y siguientes


martes, 5 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN ÁNGEL DE SICILIA

Mártir Carmelita  (1145-1220)

Según la biografía atribuida al Beato Enoch nació en Jerusalén. Era judío, como sus padres  Jesé y María, descendientes de David,  su madre se convirtió al cristianismo lo mismo que su hermano gemelo Juan. Joven ya, decidió entrar en religión, pensando hacerlo con los monjes basilianos, pero habiendo sabido de la regla de San Alberto a los carmelitas, por la devoción a la Santísima Virgen María, entró en esta orden, en el convento de Santa Ana, en las afueras de Jerusalén.  Su hermano Juán se ordenó de presbítero, llegando a ser Patriarca de Jerusalén.
Perfecto religioso, abstinencia total, cuaresmas, penitencias y milagros de todo tipo. Tuvo una aparición de Nuestro Señor Jesucristo en la que le mostró todo el mal que le esperaba a la Tierra Santa con la invasión de los musulmanes: guerras, hambres y pestes, así como la pérdida de la paz. Le conminó a ir a occidente, a predicar la paz, la conversión y la misericordia de Dios. Para dar cumplimiento a esta visión, partió para Sicilia en 1219, llevando consigo algunas reliquias que le había entregado el patriarca de Alejandría, llamado Atanasio, para que las llevara hasta Italia; también llevaba la regla adoptada por san Brocardo para entregárselas al Papa. Al llegar a Sicilia su embarcación fue atacada por los sarracenos y tanto él como todos que llenaban la nave fueron bárbaramente torturados por los asaltantes, pero el Cielo vino en su ayuda y, después de una intervención milagrosa, salieron indemnes del suceso.

https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEguDzj5vt0_xeMZUCRI8OeuaNNZBe1Y8vhv2CnzXnblPEsQ-4xs7sYBiK0hh_Rw84AcATwRjcJfGO7wGZLY8bdMR4JxvrCBeEHLc_SH6SNhrz6l9Eed4K_1d2CYV0f8GYz6jbGsTRERIo0x/s1600/angelo+8dc97a6e_z.jpg Predicó en Messina y Civitavecchia, donde conoció a Honorio III, que le pidió fuera a Roma, a predicar para él mismo y para el pueblo.
Estaba Ángelo predicando un sermón en San Juan de Letrán, cuando supo por revelación que estaban allí los Santos Domingo y Francisco, que andaban en asuntos de sus órdenes. Ángelo no los conocía, pero al subir al púlpito dijo que, entre los que escuchaban “había dos nuevas y firmes columnas de la Iglesia”. Predicó tan bien, que ambos santos quisieron conocerlo y (dice la “vitae”) “como si siempre se hubieran conocido, se abrazaron”.
Mientras estaban conversando, se acercó un hombre enfermo que les pidió por su salud, gracia que le concedieron los tres simultáneamente.
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Domingo, Ángelo y Francisco
en Santa Sabina
Y ocurrieron varias profecías: Ángelo le dijo a Domingo “el Señor te ha escogido como acérrimo impugnador de las herejías y predicador contra los vicios”; y a Francisco: “y a ti, como principal imitador de Jesucristo, cuyas cinco llagas ha de imprimir en tu cuerpo por premio de tu humildad”. A esto, contestó Domingo: “Alégrate, Ángelo, a quien el Señor ha escogido por predicador de la Verdad contra los vicios y herejías; y por lustre de la Iglesia con tus virtudes”. Y dijo Francisco: “Con razón, Ángelo, te debes alegrar, porque en breve tiempo darás tu vida por la honra del Señor en el reino de Sicilia, y con tres coronas de virgen, doctor y mártir, subirás al cielo”. De allí se fueron a Santa Sabina, casa de los dominicos, donde estuvieron en oración los tres, toda la noche.
Constancia de este encuentro y presencia de Ángelo, daba una inscripción en la celda de Santo Domingo en Santa Sabina: “Memento posteritas & mémorare hunc quem prœteris angulum prœngustum; fat augusta is fuit sanctorum trium yirorum Curia: Dum anno salutis MCCXIX. Isthic divinis in colloquiis pernoctarunt, trium Ordinum primitiva lumina, militantis Ecclesia fida columina: Franciscus Seraphicus , Angelus Martir Carmelita & Dominicus cœlla huius inquilinus. Audi Roma, felicius hic supervolat Aventino tuo augurium ex tali Heroum trisigmate, quam qui olim Romulo tuo spectavi ibidem tres vulturum quaterniones”.
Después de predicar fructíferamente en San Juan de Letrán, Ángel fue enviado a Sicilia a predicar en contra de los "cátaros" que infestaban la isla. La herejía cátara se había extendido después del año 1000, de este a oeste, ellos concebían la antítesis primaria entre el Bien y el Mal (de donde procede el mundo), condenaban radicalmente todo lo que era carnal y terrenal: condenaban el matrimonio, negaban la resurrección de la carne, eran vegetarianos, se prohibían el ejercicio de la justicia y las armas, condenaban la propiedad privada.
Se hospedó con los monjes Basilios de Santa María de la Grotta de Palermo y allí predicó durante 40 días. Después se trasladó a Agrigento.
Por donde pasaba curaba a los enfermos y obraba toda clase de prodigios.
En Licata (Agrigento) se encontró con el escudero Berengario, que además de ser cátaro llevaba una vida incestuosa. Furioso Berengario, por odio a la fé y  por haber llevado al buen camino a su hermana atacó a
San Ángel, mientras predicaba en la iglesia de los Santos Felipe y Santiago, hiriéndolo de muerte con cinco golpes de espada. San Ángel fue llevado a una casa cercana por los fieles, en donde cuatro días más tarde, murió a causa de sus heridas, era un 5 de mayo del año de 1226, antes de morir pidió a los habitantes de Licata y los fieles que perdonaran al asesino.
Fue enterrado en la iglesia donde fue agredido, más tarde su tumba se convirtió en centro de peregrinación, su culto se extendió rápidamente.
La Orden de los Carmelitas lo venera como un santo por lo menos desde 1456 y el Papa Pío II (1405-1464), aprobó su veneración pública. Junto a San Alberto de Trápani son considerados los "padres" de la Orden por ser los dos primeros santos que recibieron culto en la Orden, y por esto fueron representados muchas veces en la iconografía medieval al lado de la Virgen María.
Sus restos fueron trasladados en 1662 a una nueva iglesia llamada Santa María del Carmen, erigido por los habitantes de Licata, que habían sido preservados de una plaga (durante el virreinato de Nápoles en 1656) por la intercesión del santo.
Se lo representa vistiendo el hábito carmelita, con una espada o puñal clavado en el pecho y una herida en el cráneo. Lleva una palma con tres coronas que simbolizan su pureza de vida, elocuencia y martirio. También lleva una cruz, un lirio y rosas.

Patrón de Licata (Sicilia)
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Procesión con las reliquias de San Ángelo. Licata