sábado, 3 de octubre de 2026

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.
Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.
Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.
Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y únete con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.
Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.
Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.
Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que la historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.
Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.
Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.
Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.
Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.
Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.
Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.
Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.
Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Inmaculado Corazón triunfará.

Nota:La transcripción de esta conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP, mantiene un estilo verbal, y no fué revisada por el autor.

Primer Sábado del Mes

Devoción al Rosario

 y al Inmaculado Corazón de María


En la segunda aparición en Fátima la Santísima Virgen insistió sobre el Rosario diario y recomendó a los tres niños que aprendieran a leer. En esta ocasión, Nuestra Señora prometió que, en breve, llevaría al cielo a Francisco y Jacinta, y anunció que Lucía viviría más tiempo para cumplir en la tierra una misión providencial: “Jesús quiere servirse de tí para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Al percibir que Lucía estaba aprensiva, Nuestra Señora la confortó diciéndole: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.
En esa aparición, María Santísima mostró a los pastorcitos un corazón cercado de espinas que se le clavaban por todas partes, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación. En una revelación posterior a la Hermana Lucía, en 1925, la Virgen María prometió asistir en la hora de la muerte, 
con todas las gracias necesarias para la salvación, a quienes durante cinco meses, en el primer sábado, recibieran la Sagrada Comunión, rezaran el Rosario y la acompañaran quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarla.

Promesas de Nuestra Señora de Fátima

En la aparición de Junio de 1917, Nuestra Señora prometió a los tres pastorcitos que llevaría al Cielo a aquellos que abrazaran la devoción al Inmaculado Corazón de María. Al respecto, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, gran apóstol de la devoción mariana, comentó en una conferencia dictada en 1994: "La Santísima Virgen pide muy poco: Si lo hicieran os daré. Si no lo hicieran, no quiere decir que no os amaré, pero... si fuereis sedientos de aprovechar esta promesa de mi Inmaculado Corazón tanto más yo os amaré. ¡Venid!"
Sin embargo, cuántas personas adoptan una actitud indolente delante de promesas de éstas: las promesas del Sagrado Corazón de Jesús respecto a los nueve primeros Viernes; la promesa del Escapulario del Carmen, de ser sacado del fuego del Purgatorio en el primer Sábado, ¡qué promesas magníficas!".

S A N T O R A L

San Francisco de Borja

Gloria de la Compañía de Jesús

Gande de España, Marqués de Lombay, Duque de Gandía, Virrey de Cataluña, General de la Compañía de Jesús, iluminó su época con una extraordinaria sabiduría política y las más altas virtudes
Plinio María Solimeo

El pequeño ducado de Gandía, perteneciente al reino de Valencia, era gobernado a comienzos del siglo XVI por don Juan de Borja. Estaba casado con doña Juana de Aragón, nieta, por una rama bastarda, del rey Fernando de Aragón, esposo de Isabel la Católica. Al expulsar a los moros de Granada, en el mismo año en que promovían el descubrimiento de América, estos soberanos pusieron fin a ocho siglos de dominación mora en España.
Francisco, primogénito de los duques de Gandía, nació el 28 de octubre de 1510. Su madre, doña Juana, tenía una especial predilección por él, debido a su buen genio y natural inclinación a la virtud. Su formación, propia de su ilustre sangre, fue encomendada a dos preceptores de conocida erudición y comprobada virtud.

Modelo de virtud en medio de una lujosa corte

A los diez años don Francisco perdió a su madre. Debido a ello, el niño dejó la convivencia del padre y de los siete hermanitos, ya que su educación fue confiada a un tío materno, el arzobispo de Zaragoza. Con él pasó algunos años.
Tal como lo exigía la costumbre en aquel entonces, los hijos de los Grandes de España pasaban la juventud como pajes en la Corte. Así, al cumplir dieciséis años, Francisco fue enviado a la de Carlos V, joven rey de España y emperador del Sacro Imperio. Quien le tomó gran afecto al adolescente por la nobleza de sangre, seriedad, diligencia y piedad.
La emperatriz Isabel, hija del rey de Portugal y esposa de Carlos V, tenía tal dilección por don Francisco que, cuando llegó a los veinte años, le dio por esposa a doña Leonor de Castro, su mejor dama de compañía, entonces con diecisiete, en cuyas venas corría la más ilustre sangre lusa. Como regalo de bodas, Carlos V le concedió el título de marqués de Lombay entre otras mercedes.
La emperatriz quiso ser la madrina del primogénito del matrimonio, que recibió el nombre de Carlos, en honor al emperador. Y también dispuso que su hijo Felipe —el futuro Felipe II— fuese el padrino.
En medio de todas estas distinciones, el joven marqués se mostraba siempre sencillo y recatado, impresionando a todos por su singular virtud. Ésta era fruto del saludable hábito que había adquirido de dominar sus pasiones y malas inclinaciones. Para ello, utilizaba los métodos más eficaces, como la oración, la confesión y la comunión frecuentes, además de penitencias voluntarias. Doña Leonor procuraba seguir la misma senda.
Dios los bendijo, concediéndoles cinco hijos y tres hijas. A partir del nacimiento de su octavo hijo, los marqueses, de común acuerdo, decidieron vivir en estado de continencia, cuando aún no habían cumplido los 30 años de edad…
Resultado de imagen para san francisco de borja duque de gandiaEl año 1529 marcó profundamente la vida del marqués. Después de una breve enfermedad, la emperatriz Isabel falleció en el auge del poder y de su extraordinaria belleza. Como prueba de estima por los Gandía, el emperador dispuso que la marquesa amortajara a su esposa y que el marqués acompañara sus restos mortales hasta el Panteón Real, en Granada.
Cuando, después de quince días de trasladado, bajo un sol abrasador, el marqués tuvo que reconocer ante los notarios aquel cuerpo ya en avanzado estado de descomposición, constató de modo pungente la fragilidad de las glorias de este mundo. Y renovó su propósito de, en el caso de sobrevivir a su esposa, dedicarse a la vida que no tiene fin, en una orden religiosa.
San Juan de Ávila, a quien entonces abrió su alma, aprobó su decisión.

Virrey de Cataluña - “Exilio” en Gandía

Apenas volvió de Granada, Carlos V lo nombró virrey de Cataluña, cargo de gran confianza y responsabilidad, antes concedido únicamente a personas de más edad y experiencia. El Emperador reconocía así, en aquel fiel y joven vasallo, la madurez y prudencia necesarias para tal oficio.
En los tres años que duró su virreinato, don Francisco acabó con el bandolerismo que infestaba la región, robusteció la frontera con Francia, implementó la marina, y se mostró hábil político y gran administrador.
En 1542, cuando iba a comenzar su segundo trienio, el marqués recibió la noticia del fallecimiento de su padre. Pidió entonces autorización al Emperador para tomar posesión del ducado que había heredado.
Ésta le fue concedida, sin embargo, al nombrar a don Francisco Mayordomo Mayor de su hijo Felipe, todos entendieron que Carlos V planeaba designar así al primer ministro del próximo reinado.
Sin embargo… Dios quería para don Francisco, no la vida en la Corte, sino el gobierno del pequeño ducado, a fin de prepararlo para la grandísima misión a que ledestinaba. Así sucedió que, cuando Carlos V comunicó a la familia real portuguesa el nombre de los que conformarían la Casa que, con diligencia, había escogido para la futura reina de España, los soberanos portugueses, por motivos que se ignoran, rechazaron al duque de Gandía.
Durante los siguientes siete años, don Francisco se dedicó cabalmente a su nuevo Estado y a la vida de familia. Fundó un colegio de la Compañía de Jesús, después elevado a universidad, para dar formación católica no solo a los hijos de sus vasallos, sino principalmente, a los hijos de los moriscos residentes en el ducado, que mal aprendían la verdadera religión.
San Francisco y el moribundo impenitente, Francisco de Goya,
 Óleo sobre lienzo, Catedral de Valencia, España
. 1788
Ya se había encariñado a la nueva milicia fundada por Ignacio de Loyola, debido a la amistad que mantenía con el beato Pedro Fabro, primer sacerdote ordenado en la Compañía de Jesús, el padre Antonio Aráoz y uno de los jóvenes jesuitas que fueron al colegio de Gandía, el futuro San Luis Beltrán, apóstol de Colombia.

Miembro de la Compañía de Jesús

En 1546, el duque tuvo el dolor de ver morir a su piadosa esposa. Si, por un lado, él se veía libre para realizar su proyecto de consagrarse a Dios, por otro, lo ataba al mundo su numerosa prole, casi toda aún en la infancia.
Su deseo de pertenecer a la Compañía de Jesús lo llevó a enviar a Ignacio de Loyola una carta pidiéndole humildemente que lo aceptara entre sus hijos y exponiéndole los obstáculos que se anteponían a tal deseo: a saber, su condición de padre y de duque. Mientras tanto, hizo voto de castidad y obediencia al superior de los jesuitas de Gandía.
El fundador de la Compañía tenía en tan alta consideración al duque, que pasó a consultarlo sobre los problemas que enfrentaba en España, recomendando a su Provincial que hiciera lo mismo.

Profesión secreta en la Compañía de Jesús

Al convocar las Cortes Generales de Aragón, en 1547, Carlos V escogió a las personas que habían de acompañar a su hijo Felipe, figurando en la cabeza de la lista el duque de Gandía. Lo nombró también Tratador (uno de los cuatro intermediarios entre el Príncipe regente y sus Estados). El príncipe Felipe insistió entonces con el duque para que aceptara finalmente el cargo de Mayordomo Mayor.
Don Francisco recurrió a San Ignacio. Éste fue inmediatamente al Vaticano, suplicando al Santo Padre una dispensa extraordinaria para que un noble pudiera hacer su profesión solemne en la Compañía, conservándola mientras tanto en secreto, manteniendo las apariencias de seglar, por espacio de tres años, a fin de ubicar a sus hijos. Así, este noble (cuyo nombre fue ocultado) quedaría libre de todos los asaltos mundanos.
Obtenida la dispensa, el fundador de la Compañía se la envió al duque, recomendándole que no se aproximara de Roma, pues era deseo del Papa concederle el capelo cardenalicio.
El nuevo profeso de la Compañía continuó interviniendo en la reforma de los conventos relajados. Y cuando los enemigos de la Compañía lanzaron una campaña de calumnias contra su fundador y los Ejercicios Espirituales, por él escritos, San Ignacio escribió al Papa pidiendo un examen riguroso de los mismos, con una consecuente sentencia pontificia. Ésta vino mediante el Breve Pastoralis Officii cura, una aprobación explícita y honrosa de la obra, concediendo indulgencias a quien se favoreciese de ella, lo que hizo callar y estremecer a sus calumniadores.
Después de casi tres años, el duque consiguió casar a sus hijos mayores. Transfirió algunos de sus privilegios a su segundo hijo, y encargó al mayor de proteger y educar a los tres menores. Todo parecía dispuesto cuando, con motivo del nuevo matrimonio del príncipe Felipe, se pensó otra vez en nombrarlo Mayordomo Mayor.

Encuentro con otros santos

Don Francisco escribió a San Ignacio pidiéndole permiso para refugiarse en Roma, una vez que Paulo III había fallecido y el “peligro” del capelo cardenalicio estaba momentáneamente apartado. El General de la Compañía recibió con los brazos abiertos a aquel hijo, que conocía sólo sobrenaturalmente. Cuando el duque se arrodilló para pedirle la bendición, San Ignacio hizo lo mismo y se unieron los dos santos en un largo abrazo.
Pero no tardó en que el nuevo Papa, Julio III, al tratar más de cerca al duque, deseara colmarlo de honras. San Ignacio lo mandó entonces regresar a España.
En su patria, recibió finalmente, como Grande de España, el permiso de Carlos V para hacerse religioso. Ya podía dejar los trajes seculares, usar sotana y recibir la ordenación sacerdotal. Tenía entonces 40 años de edad.
borja-Teresa-Segrelles¡Imagínese la repercusión que tal acontecimiento provocó en la devota España! De todos lados llovieron pedidos para sermones, visitas y ejercicios espirituales.
Cierto día, visitando en calidad de Comisario General de la Compañía para toda España a los jesuitas de Ávila, éstos se refirieron a una monja, cuya vida estaba regada de eventos extraordinarios y que era muy perseguida y calumniada. Así se encontraron San Francisco de Borja y Santa Teresa de Jesús. El primero confirmó que ésta era guiada por el espíritu divino, y se transformó en su ardiente protector.
Pero nuevamente el demonio y sus secuaces humanos reiniciaron la campaña de calumnias contra la Compañía de Jesús.
Viendo la tempestad que se formaba, Carlos V mandó llamar a su antiguo protegido. En una conversación de tres horas, comprobó su santidad y la malicia de los calumniadores. La protección del emperador salvó nuevamente a la Compañía. Poco después, Carlos V renunciaba al trono y se retiraba al monasterio de Yuste, donde tres años después terminaría sus días mencionando al padre Francisco en su testamento.

Superior, General de la Compañía de Jesús y glorificación post-mortem


Al fallecer San Ignacio, el nuevo General, Diego Laínez, debiendo ausentarse de Roma para participar del Concilio de Trento junto con el padre Salmerón, en calidad de teólogos del Papa, llamó a la Ciudad Eterna al padre Francisco, nombrándolo Vicario General de la Compañía. Y cuando murió el padre Laínez, Francisco de Borja fue elegido por unanimidad tercer General de la Compañía.
Durante su gobierno, envió a sus hijos espirituales al Nuevo Continente, inauguró el noviciado de la Orden, recibiendo en él al futuro San Estanislao Kostka y a muchos otros que morirían mártires en tierras de infieles.
El Papa San Pío V, mientras preparaba su cruzada contra los turcos, pidió al General de la Compañía que, debido a su sangre real y al gran prestigio de que gozaba en la Corte de España, fuera personalmente a tratar con el rey Felipe II sobre su ayuda.
Al volver a Roma, quebrantado y con la salud muy golpeada, Francisco de Borja entregó su alma al Creador, la noche del 30 de setiembre de 1572. No apenas el pueblo, sino también obispos y cardenales acudieron a la casa de la Compañía para besar los restos mortales de aquel que ya consideraban santo.
En 1671, Clemente XI lo canonizó solemnemente. Toda España vibró, particularmente la nobleza, que lo nombró su patrono, obteniendo aún el traslado de sus restos mortales a Madrid. 
Fuentes:
Adro Xavier, El Duque de Gandía, El Noble Santo del Primer Imperio - Apuntes 
históricos, Editora Espasa-Calpe, Madrid, 1950.
P. José Leite S.J., Santos de Cada Día, San Francisco de Borja, t. III, Editorial A.O., Braga, Portugal, 1987.
Marcelle Auclair, Santa Teresa de Ávila, Livraria Apostolado da Imprensa, Porto, 1959.

viernes, 2 de octubre de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

S A N T O R A L


LOS SANTOS ANGELES CUSTODIOS

DOCTRINA DE LA IGLESIA

Es de fe que en este destierro, Dios encomienda a los Ángeles la custodia de los hombres destinados a contemplarle en el cielo, y esto lo aseguran las Escrituras y lo afirma unánimemente la Tradición.
Las conclusiones más ciertas de la teología católica extienden el beneficio de esta protección preciosa a todos los miembros de la raza humana, sin distinción de justos o pecadores, de infieles o bautizados. Alejar los peligros, sostener al hombre en su lucha contra el demonio, despertar en él santos pensamientos, apartarle del mal y castigarle de cuando en cuando, rogar por él y presentar a Dios sus propias oraciones: he ahí el oficio del Angel custodio. Y es un ministerio tan especial, que no acumula el mismo Angel la custodia simultánea de varios, y tan asiduo, que acompaña a su protegido desde el primer día al último de su vida, recogiendo el alma al salir de este mundo para conducirla después del juicio al puesto que se mereció en los cielos o en la mansión temporal de purificación y de expiación.

LOS NUEVE COROS

La santa milicia de los Ángeles custodios se recluta principalmente en las proximidades más inmediatas a nuestra naturaleza, entre los puestos del último de los nueve coros. Dios, en efecto, reserva para el honor de formar su augusta corte a los Serafines, Querubines y Tronos. 
Las Dominaciones presiden desde lo alto de su trono el gobierno del universo; las Virtudes velan por la firmeza de las leyes de la naturaleza, por la conservación de las especies, por los movimientos de los cielos; las Potestades mantienen encadenado al infierno. La raza humana, en su conjunto y en los cuerpos sociales de las naciones y de las Iglesias, está confiada a los Principados; en tanto que el oficio de los Arcángeles, encargados de las comunidades menores, parece ser también el de transmitir a los Ángeles las órdenes del cielo, con el amor y la luz que baja para nosotros de la primera y suprema jerarquía. ¡Abismos de la Sabiduría de Dios! Así pues, el conjunto admirable de ministerios dispuesto entre los diversos coros de los espíritus celestiales, se ordena, como fin, a la custodia inmediatamente confiada a los más humildes de ellos, a la custodia del hombre, para quien fué creado el universo. Lo mismo afirma la Escuela; y lo dice el Apóstol: ¿No son todos ellos espíritus ministrantes, enviados vara servicio en favor de los que han de heredar la salud?

OFICIO DE LOS ANGELES CUSTODIOS


"Los Ángeles, dice San Lorenzo Justiniano, observan nuestras diversas acciones; nos exhortan, nos incitan, nos levantan después de nuestras caídas, y vigilan en derredor de la Iglesia militante. Sin parar, suben y bajan; siempre andan contentos, siempre solícitos, del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, a ofrecer a Dios nuestras obras, nuestras lágrimas y nuestras oraciones. Nos traen del altar de Dios, es decir, de la humanidad de Cristo, el fuego de la caridad, el ardor de la fe, y la esperanza de tener parte un día en la gloria de los Santos. Nos muestran el triunfo de los mártires para darnos mayores ánimos; la puerta del cielo abierta, para inducirnos a despreciar el mundo; la presencia continua de Dios, para llenarnos de respeto; y por fin, la inmensidad de la dicha eterna, para excitar nuestros deseos. Cuantas más ocasiones tienen, de ejercer por nosotros estas diversas funciones, más felices y diligentes se sienten. Muy lejos de envidiar nuestros adelantos en el bien o de mermar en nada nuestros méritos, trabajan por nuestra perfección, nos instruyen en nuestros deberes y nos alientan para cumplirlos. No tienen otro deseo ni otro fin que la gloria del Omnipotente y nuestra salvación. Son los amigos de la Sabiduría, viven cerca del Verbo, exentos de toda miseria, de toda imperfección. Asimismo, al ejercer su ministerio en medio del mundo, no se manchan ni lo más mínimo, ni sienten fatiga ninguna. Aunque circunscritos por el espacio, permanecen siempre en presencia de Dios; al mismo tiempo que sirven a los hombres, no cesan de ofrecer amorosamente a su Criador el sacrificio de la alabanza; las funciones de su ministerio no los apartan del homenaje y de la gloria que deben tributar al Rey inmortal"
Pero Dios, que se muestra espléndido en extremo con el linaje de los hombres, no se deja vencer de los gobiernos de este mundo cuando se trata de honrar con una atención especial a los príncipes de su pueblo, a los privilegiados de su gracia o a los que rigen el mundo en nombre de El; al decir de los Santos, una perfección suma, una comisión altísima en el Estado o en la Iglesia, exigen para el investido la asistencia de un espíritu también superior, sin que el. Angel de primera hora, si así se puede decir, tenga necesariamente por eso que ser revelado de su propia custodia. No hay lugar, además, para que en el campo de operaciones de la salvación, el titular celestial del puesto que se le confió desde el principio, pueda nunca temer verse solo; a su llamada, a una orden de lo alto, los ejércitos de los bienaventurados compañeros, que llenan cielos y tierra, están siempre dispuestos a prestarle su ayuda poderosa. Entre esos nobles espíritus que aspiran en la presencia de Dios a favorecer por todos los medios su amor hacia El, hay alianzas secretas que a veces Originan en este mundo entre sus devotos aproximaciones cuyo misterio se descubrirá el día de la eternidad.

LOS ANGELES EN LA CREACIÓN

"¡Misterio profundo, dice Orígenes, la repartición de las almas entre los Ángeles encargados de su custodia; secreto divino relacionado con la economía universal que descansa en el Hombre-Dios! Y no sin disposiciones inefables se reparten entre las Virtudes de los cielos los servicios de la tierra, los grupos múltiples de la naturaleza: fuentes y ríos, vientos y bosques, plantas, seres animados de los continentes o de los mares, cuyos oficios se armonizan por medio de los Ángeles que dirigen sus variados oficios al fin común". De este modo se conserva, en su fuerte unidad, la obra del Creador.

Y sobre estas palabras de Jeremías: ¿Hasta cuándo estará llorando la tierra?, Orígenes prosigue: "La tierra se regocija o llora por cada uno de nosotros; y no sólo la tierra, sino también el agua, el fuego, el aire, todos los elementos, que aquí no hay que entender de la materia insensible, sino de los Ángeles que están al frente de todas las cosas del mundo. Hay un Angel de la tierra, y ese es, juntamente con sus compañeros, el que llora por nuestros crímenes. Hay un Angel de las aguas, a quien se aplica el Salmo: Las aguas te han visto y temieron; la inquietud, se ha apoderado de los abismos; voces de las muchas aguas, voces de la tempestad: el relámpago ha surcado la nube como una flecha"
La naturaleza, considerada de esta manera, es grande. La antigüedad, que abundaba en verdades y en poesía más que nuestras generaciones actuales, de ese modo contemplaba el universo. Su error consistió en adorar a esos poderes misteriosos, con perjuicio del único Dios, ante quien se inclinan los que sostienen el mundo 2. "Aire, tierra, océano, todo está lleno de Angeles, dice a su vez San Ambrosio3. Elíseo, asediado por un ejército, no tenía miedo alguno, pues veía que le asistían escuadrones invisibles. Ojalá te abra también el profeta tus ojos y que el enemigo, aunque sea legión, no te asuste: te crees sitiado y estás libre; son menos los que están en contra nuestra que a nuestro favor".

CULTO AL ANGEL DE LA GUARDA

Para terminar, escuchemos hoy, como lo hace la Iglesia, al Abad de Claraval, a cuya elocuencia parece que en esta ocasión la nacen alas: "En todo lugar muéstrate respetuoso con tu Angel. Muévete a rendir culto a su grandeza el agradecimiento por sus beneficios. Ama a ese futuro coheredero, que ahora es el tutor designado por el Padre para ¡os días de tu niñez. Porque, aunque somos hijos de Dios, no pasamos ahora de niños y el camino es largo y peligroso. Pero Dios ha mandado a sus Ángeles que te guarden en todos tus caminos; y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en las piedras. Pisarás sobre áspides y basiliscos y hollarás al león y al dragón. Ciertamente, por donde el camino es fácil para un niño, su ayuda se reducirá a ser simplemente un guía, a sostenerte como se hace con los niños. Pero la prueba ¿corre peligro de exceder a tus fuerzas? Te llevarán en sus manos. ¡Manos de Ángeles! ¡Cuántos atolladeros temibles, saltados como sin darse cuenta merced a esas manos, sólo dejarán en el hombre la impresión de una pesadilla desvanecida rápidamente"

AGRADECIMIENTO A LOS ANGELES

Santos Ángeles, benditos seáis porque los crímenes de los hombres no cansan vuestra caridad; os damos gracias, entre otros muchos beneficios, por el de conservar la tierra habitable, dándoosnos permanecer siempre en ella. Hay muchas veces peligro de que la soledad se haga pesada al corazón de los hijos de Dios en las grandes ciudades y en los caminos del mundo, donde no se codean más que desconocidos o enemigos; pero, si el número de los justos ha disminuido, no disminuye el vuestro. Y en medio de la multitud apasionada, como también en el desierto, no hay un ser humano que no tenga junto a si a su Angel, representante de la Providencia universal sobre los buenos y los malos. Espíritus bienaventurados, tenemos con vosotros la misma patria, el mismo pensamiento y el mismo amor; ¿por qué han de turbar los ruidos confusos de una turba frívola la vida del cielo que desde ahora podemos ya vivir con vosotros? El tumulto de las plazas públicas ¿os impide acaso formar allá vuestros coros, o impide al Todopoderoso percibir en ellas vuestras armonías? También nosotros queremos cantar por doquier al Señor y unir continuamente nuestras adoraciones a las vuestras, viviendo por la fe en lo escondido del rostro del Padre cuya continua contemplación os arroba a vosotros2. Penetrados de ese modo del vivir angélico, la vida presente no nos ofrecerá ninguna inquietud, ni tampoco la eterna, sorpresa alguna.
 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer