viernes, 23 de octubre de 2026

S A N T O R A L



SAN JUAN DE CAPISTRANO, CONFESOR

EL HONOR DEBIDO A LOS SANTOS

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Cuanto más la Iglesia parece acercarse a su término tanto más desea enriquecerse con nuevas fiestas que la traigan a la memoria su glorioso pasado.

Tened en la mente los días antiguos, recordad la historia de las generaciones pretéritas, decía ya Dios en la alianza del Sinaí, y en Israel los padres consideraban como una ley el dar a conocer a sus descendientes los relatos del pasado. También la Iglesia tiene sus anales llenos de recuerdos de las manifestaciones obradas por el poder del Esposo; mejor que los descendientes de Judá los hijos de la nueva Sión pueden exclamar mientras contemplan la serie de los siglos pasados: Tú eres mi Rey, Tú eres mi Dios. Tú que siempre has salvado a Jacob.

EL PELIGRO MUSULMÁN

Mientras que en Oriente tenía lugar la caída definitiva de los iconoclastas, en Occidente comenzaba una guerra más terrible en la que éste debía luchar por la misma civilización cristiana. Como un torrente, el Islán había arrojado desde Asia hasta el centro de las Galias sus huestes feroces; durante más de mil años iba a disputar palmo a palmo el suelo ocupado por las razas latinas a Cristo y su Iglesia. 
Las expediciones enviadas en los siglos XII y XIII para atacarla en el centro mismo de su poder sólo consiguieron inmovilizarle por algún tiempo.  
Bernardino de Siena y Juan de Capistrano, óleo de Alonso Cano

Con excepción de España donde el combate debía acabar con el triunfo absoluto de la Cruz, viose a los príncipes, olvidados de las tradiciones de Carlomagno y de San Luis, abandonar, en provecho de sus ambiciones privadas, la guerra santa hasta que la media luna, desafiando de nuevo a la cristiandad, concibió una vez más el proyecto de conquista universal.
En 1453, Bizancio, la capital del imperio de Oriente, caía en un asalto de los jenízaros turcos; tres años más tarde Mahomet II, su vencedor, ponía sitio a Belgrado, baluarte del imperio de Occidente. Parecía que Europa entera no dejaría de acudir en socorro de la plaza sitiada ya que la destrucción de este último dique significaría la devastación inmediata de Hungría, Austria e Italia; para todos los países del Oeste sobrevendría en breve una servidumbre mortal y una irremediable esterilidad del suelo y de las inteligencias.

LLAMAMIENTO DEL PAPADO

La inminencia del peligro no había tenido otro resultado que acentuar la lamentable división que hacía del mundo cristiano juguete de algunos millares de infieles. Se diría que la derrota de uno hubiera sido para muchos la compensación de la suya propia, tanto más cuanto que de esta derrota más de uno esperaría obtener alguna indemnización como precio de la deserción de su puesto en el combate. Sólo contra todos estos egoísmos, en medio de las perfidias que se tramaban a la sombra o que se hacían públicas, el papado se mantuvo firme. Verdaderamente católico en su pensamiento y en su acción, en sus horas tristes o en sus momentos de alegría y de triunfo, tomó bajo su protección la causa común traicionada por los reyes. Desoído su llamamiento a los poderosos, se volvió a los humildes y más confiada en sus plegarias al Dios de los ejércitos que en la destreza bélica, reclutó entre ellos los soldados que hablan de llevar a cabo la liberación.

UN CRUZADO

Statue of John Hunyadi in Budapest, Heroes' Square
John Hunyadi in Budapest, Heroes’ Square
Entonces el héroe de este día, San Juan Capistrano, temible ya desde hacía tiempo para el infierno, consumó a la vez su gloria y su santidad. A la cabeza de otros pobres y desvalidos como él, pero de buena voluntad, paisanos y gente humilde reunida por él y sus hermanos de la Observancia, el pobre de Cristo no desesperó de triunfar del ejército más fuerte y mejor dirigido, que se había visto en la tierra desde hacía mucho tiempo. En una primera tentativa, el 14 de julio de 1456, rompiendo las líneas otomanas en compañía de Juan Hunyade, el único noble húngaro que quiso compartir su suerte, se lanzó a Belgrado con el fin de poder avituallarla. Ocho días más tarde, el 22 de julio, no satisfecho con mantenerse en actitud defensiva, ante los ojos Hunyade estupefacto de esta nueva estrategia, arrojaba entre las trincheras enemigas su tropa armada de palos y horcas con la consigna de gritar el nombre de Jesús a los cuatro vientos. Era la palabra de victoria que Juan de Capistrano había heredado de su maestro Bernardino de Sena.
"Que el adversario ponga la confianza en sus caballos y en sus carros de combate; por nuestra parte invocaremos el nombre del Señor". Y en efecto, el nombre perennemente santo y terrible salvaba una vez más a su pueblo. En la tarde de esta memorable jornada veinticuatro mil turcos cubrían el suelo con sus cadáveres; trescientos cañones, todas las armas y riquezas de los infieles estaban en manos de los cristianos; Mahomet II herido huía precipitadamente tratando de ocultar su vergüenza y poner a salvo los restos de su ejército.
El 6 de agosto llegaba a Roma la noticia de una victoria que necesariamente traía a la memoria la de Gedeón sobre los madianitas. El Soberano Pontífice Calisto III ordenó entonces que todos los años la Iglesia festejaría la Transfiguración del Señor. "Porque no era ni su espada la que había libertado la tierra ni su brazo el que los había salvado sino tu diestra y poder de tu brazo, oh Dios, y el resplandor de tu rostro porque te complaciste en ellos como en el Tabor en vuestro muy amado.

VIDA

Juan nació en Capistrano, en los Abruzos, en 1386. Después de haber gobernado muchas ciudades abrazó la Regla de San Francisco de Asís y se esforzó en continuar la obra de San Bernardino propagando el culto de los santos nombres de Jesús y de María. Inquisidor y después Nuncio en Alemania, convirtió a muchos sarracenos y herejes. Promotor de la cruzada, se le debe la victoria de Belgrado en 1456. Murió poco después en Illok y Alejandro VIII le colocó en el catálogo de los santos en 1620.

PLEGARIA

¡El Señor está contigo, oh el más fuerte de los hombres! Ve con esa tu fuerza, que es tu fuerza, y libra a Israel y triunfa de Madián; sabe que soy yo quien te ha enviado. Así saludaba el ángel del Señor a Gedeón a quien escogía entre los menores de su pueblo para altos destinos Así podemos saludarte también nosotros, hijo de Francisco de Asís, mientras te pedimos que continúes protegiéndonos siempre. El enemigo que venciste en los campos de batalla no es ya temible para nuestro Occidente; el peligro está más bien donde Moisés lo señalaba a su pueblo: Guardaos bien de olvidar al Señor vuestro Dios... no vaya a ser que después de haberos satisfecho, después de haber levantado hermosas casas, multiplicado vuestros rebaños, vuestro dinero y vuestro oro; después de haber gustado, la abundancia de todas las cosas, vuestro corazón no se eleve y no vuelva a acordarse de quien os ha libertado de la servidumbre. Si el turco hubiera triunfado en la lucha cuyo héroe fuiste, ¿dónde estaría esta civilización de la que estamos tan orgullosos? Después de ti, la Iglesia, debió tomar sobre sí la obra de la defensa social que los jefes de las naciones no quisieron asumir. ¡Que el reconocimiento que la es debida preserve a los hijos de la Madre común de este mal del olvido que es el azote de la generación presente! Así mismo agradecemos al cielo el gran recuerdo que por ti hoy nos trae al calendario litúrgico, memorial de las bondades del Señor y de los hechos heroicos de los Santos. Haz que en la lucha, cuyo campo de batalla somos nosotros mismos, el nombre de Jesús ponga siempre en retirada al demonio, al mundo y a la carne; que su Cruz sea nuestro estandarte y que por ella y la muerte a nosotros mismos logremos llegar al triunfo de la resurrección.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

jueves, 22 de octubre de 2026

S A N T O R A L



LAS SANTAS NUNILO Y ALODIA, HERMANAS, Y SANTA CORDULA, VÍRGENES Y MÁRTIRES

En Hosca, ó Bosca, ciudad de España de la región Werbelana, cerca de Nájera, vivían dos santas doncellas, hermanas, llamadas Nunilo y Alodia. Su padre era pagano y su madre cristiana; y así lo fueron ellas. Quedaron huérfanas de tierna edad y las crió una tía suya, mujer santísima. En este tiempo se levantó en España la cruel persecución que contra los cristianos movió el fiero y perverso Abderramán: y viendo á algunos que por no sufrir los tormentos que tiranamente ejecutaban en los que firmes y constantes confesaban la fé, apostataban y se hacían moros, los reprendían las dos santas hermanas, dicíéndoles, ser gran necedad el negar á Cristo, por miedo de no perder esta miserable vida; pues negándole perdían la eterna. Supo esto un califa ó gobernador de aquella tierra, llamado Zumahil: mandólas traer ó su presencia y las hizo grandes promesas si negaban á Cristo: y visto que ni por halagos, ni por amenazas podía contrastarlas, mandólas volver á su casa y échelas, para que las hablasen y persuadiesen, á ciertas mujeres paganas, y á un miserable apóstata, que, ó por temor de la muerte, ó por ser vicioso había renegado. 


Así éste como las paganas, procuraban con astucias, halagos y promesas persuadirlas á que renegasen y se hiciesen moras; y quien más las persuadía, era el renegado: á quien, después de oído atentamente, para confundirle, dijo Nunilo: Dime: si recibiéremos mi hermana y yo la secta de Mahoma, llena de tantos desatinos y liviandades, ¿estaremos seguras que viviremos en esta vida para siempre? El apóstata las dijo: Que seáis moras ó cristianas habéis de morir en algún tiempo. 

Pues si es así (dijo la santa), más seguro nos será morir luego por la fé de Jesucristo; pues tenemos cierta la gloria celestial para siempre, que no, por vivir cuarenta años más, ser después arrojadas á los infiernos para siempre. Fuéronse con esto las paganas y el apóstata avisó al califa del intento y constancia de las santas vírgenes: el cual las mandó prender y luego las sentenció á que fuesen degolladas.Estando para recibir el martirio, llegó el verdugo, y dijo á Nunilo que alargase el cuello y recogiese los cabellos para degollarla. Mostró grande alegría la santísima esposa de Jesucristo al oír esto: rodeó con aire y gracia sus hermosos cabellos á la cabeza, y se puso de rodillas diciendo al verdugo que la hiriese cuando fuese servido.
Dio el golpe el verdugo, y no acertándolo bien, llevóla una parte de la hermosa mejilla sin cortarla del todo la cabeza: cayó el bendito cuerpo, y con los vuelcos de la muerte descubrió parte de sus benditos pies: corrió al punto su bendita hermana Alodia, y se los cubrió sin muestra alguna de dolor y levantando los ojos al cielo, vio subir en forma de paloma el alma de su hermana: y viendo se entraba en la gloria, la dio voces diciendo: Espérame, hermana mía; que ya voy: y apretándose un paño que tenía en la cabeza, se puso de rodillas sobre el cuerpo de su hermana, y el verdugo al instante le cortó la cabeza: con que voló su bendita alma á acompañar para siempre en la gloria á la de su santa hermana. Los paganos echaron sus santos cuerpos en el río Barbate, de donde los sacaron los cristianos y dieron honorífica sepultura. Dícese que hoy están estos dos benditos cuerpos en San Salvador de Leyde, donde obra Dios por su intercesión grandes milagros. Fué su glorioso martirio jueves, á 22 de octubre, por los años del Señor de 851; si bien el comentador de san Eulogio dice, fué el año de 840, y que la ciudad, donde fueron martirizadas, es Castro Viejo, y allí se muestra su santo sepulcro. La ciudad de Huesca las quiere por suyas; la verdad quede para Dios. Escribieron su vida y martirio Usuardo; san Eulogio in Memorial, sanct., lib.II, cap. 7; Ambrosio Morales, in Schol. codic. manusc; Trujillo, in Thesaur. conción., tom. II; Villegas, in Flor, sanct. Hispan.; los breviarios antiguos de España; el Martirologio romano, y Baronio en sus anotaciones y en el tomo X de sus Anales, año 851, núm. 5. 

En este mismo día se celebra la fiesta de santa Córdula, virgen y mártir. No dicen los historiadores de donde fué natural; solo escriben, que era una de las once mil vírgenes, que en tiempo de los hunos, gente feroz, padecieron martirio con la gloriosísima santa Ursula. Córdula, pues, muy niña que era, tuvo miedo y se escondió aquella noche que sus santas compañeras fueron martirizadas: y por eso no murió por la fé en el mismo día: pero la mañana siguiente volvió en sí la santísima niña Córdula, y doliéndose de haber perdido la palma del martirio, que las de su compañía habían alcanzado gloriosamente, salió del rincón del navío, donde estaba escondida, y ofrecióse, como cordera inocente, para que por amor de Jesucristo la quitasen á ella la vida: lo que hicieron al instante aquellos bárbaros, degollándola con grande crueldad; y así murió por la fé de su esposo Jesús, y llegó a reinar en la gloria, celebrando su esposo con ella el divino desposorio, y colocándola en el coro de sus once mil compañeras con la palma y corona de mártir. Y como no se hiciese fiesta de esta santa, como de las otras, porque no recibió el martirio el mismo día; apareció á una religiosa, y le dijo que hiciese especial fiesta de ella al otro día después de las once mil vírgenes, sus compañeras; y por eso la Iglesia de Tortosa, que tiene sus sagradas reliquias, reza de ella, y de santa Cándida, á 22 de octubre. Los muy reverendos padres de Nuestra Señora de la Merced del convento de Barcelona tienen también reliquias, en su casa, de esta gloriosa santa, donde es muy venerada. Fue su martirio glorioso á 22 de octubre por los años del Señor de 383: escríbenlo el breviario de Tortosa; el padre Doménech en su Historia de los santos de Cataluña; el Martirologio romano; y Baronio en sus anotaciones, y en el tom. IV de sus Anales, año 383, núm. 3, y sig.; y Pedro de Naialíbus, in Cathialog., lib. IX, cap. 87.


 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

miércoles, 21 de octubre de 2026

S A N T O R A L

SANTA ÚRSULA, Y LAS ONCE MIL VÍRGENES, MÁRTIRES


Arcón relicario con los restos de Santa Úrsula
El día 21 de octubre celebra la santa madre Iglesia el martirio de santa Úrsula, y de las once mil vírgenes, sus compañeras, en cuya historia hay algunas cosas ciertas, y otras apócrifas y dudosas: lo cierto es, que santa Úrsula, y todas sus santas compañeras, fueron vírgenes y mártires y que fueron once mil, porque, aunque el Martirologio romano no dice que fueron once mil, ni la oración que de ellas rezamos; pero dícenlo Beda y Adon en sus Martirologios, y Molano en las adiciones que hizo al Martirologio de Usuardo, y otros autores: y aunque no hubiese ninguno que lo dijese; para creerlo, bastaría la tradición sola, y común sentido de la Iglesia; pero lo que es incierto y dudoso, es la manera de su martirio, la ida de estas vírgenes á Roma con tan grande acompañamiento, y el venir con ellas, cuando se volvían, el papa Ciríaco, dejando el sumo pontificado: y otras cosas, como estas, que escriben algunos, no tienen fundamento, ni autoridad, ni aun probabilidad, y contradicen a la verdad de la historia eclesiástica, y á toda buena razón: y así, dejando aparte lo que comúnmente se dice del modo con que se pudieron juntar, y el fin con que se juntaron once mil doncellas, y después todas juntas murieron por la fé de Cristo nuestro Señor, y alcanzaron coronas de vírgenes y mártires, diré aquí lo que al cardenal Baronio, y á Guillermo Lindano, obispo de Ruremunda, varones doctísimos, les parece más probable y seguro, sacándolo de un libro muy antiguo de la librería Vaticana de Roma, que trata de las cosas de Bretaña; cuyo autor es Gaufrido, obispo asafense, en el reino de Inglaterra; y es de esta manera.
Resultado de imagen para SANTA ÚRSULA, Y LAS ONCE MIL VÍRGENES, MÁRTIRESSiendo emperador Graciano, hijo del emperador Valentiniano, el mayor, un capitán suyo, llamado Máximo, hombre muy valeroso, natural de la isla de la Bretaña (que ahora llamamos Inglaterra), se le rebeló, y fué alzado del ejército, y aclamado emperador, y él con el favor de los soldados, y de los otros naturales de Inglaterra, sus amigos y conocidos, entró en las Galias (que. ahora es Francia) y se apoderó de ellas, especialmente de una provincia, que entonces se llamaba Armórica, y ahora se llama Bretaña; porque los britannos ó ingleses la sojuzgaron y asolaron con tan grande estrago y furor, que matando á los naturales, la dejaron yerma y sin gente. Quiso Máximo poblar aquella provincia, porque le venía á cuenta, para conservar las de Inglaterra y Francia. Para esto repartió á sus soldados, venidos de Inglaterra, los campos y tierras fértiles de la menor Bretaña, para que las cultivasen y gozasen de sus frutos. Pero para que los soldados se pudiesen casar y tener sucesión, y arraigarse en aquella tierra y provincia, donde no había mujeres, por haberlas muerto; parecióle enviar á las islas de Bretaña, que comprenden á Inglaterra, Escocia é Irlanda, por gran número de doncellas, para que traídas á la nueva y menor Bretaña, se casasen con los soldados, que por la mayor parte eran naturales de su misma patria.
El capitán más principal de todo aquel ejército era Canano, persona de gran linaje, y uno de los señores más estimados de Inglaterra, á quien Máximo había hecho su lugarteniente y prefecto de todos los puertos de aquella costa. Pidió Canano por mujer á una doncella nobilísima, hija de Dionocio, rey de Cornuvalla, por nombre Úrsula, en la cual concurrían todas las dotes de honestidad, hermosura y gracia que se desean en las mujeres. Buscáronse por todas aquellas provincias de Bretaña once mil doncellas para el efecto que habernos dicho, y para que acompañasen á Úrsula, que había de ser capitana, y como señora de las demás.

De las doncellas, unas iban de buena gana, y otras contra su voluntad; pero como era fuerza y mandato de Máximo (que ya era emperador, ó como, por mejor decir, tirano), que quisieran, ó que no, hubieron de obedecer. Embarcáronse en algunos navíos, que, para pasarlas á la nueva provincia de Bretaña, estaban aprestados. Fué nuestro Señor servido, que en saliendo las naves del puerto, tuvieron los vientos tan contrarios, que en lugar de llevar aquella armada y bienaventurada compañía hacia Bretaña, la arrebataron y llevaron á la parte contraria, con tan grande ímpetu, que pasando delante de las islas de Zelanda y Holanda, embocó por el río Rhin, que es muy caudaloso, ancho y profundo, y llegó á aquellas partes donde el mar se explaya con crecientes y menguantes.
En el mismo tiempo que esto sucedió, el emperador Graciano, sabiendo lo que Máximo había hecho en Inglaterra y en Francia, y que se trataba, como emperador y señor, y no como capitán y criado suyo; para reprimirle y castigarle, había llamado á su servicio á los pictones, y á los hunos, gente feroz cruel y bárbara, que había vencido á los godos, y hecho cosas hazañosas y espantosas en las armas. Estos, debajo de Melgo, capitán de los pictones, y de Gauno, general de los hunos, y con una armada poderosa, comenzaron á infestar el mar, y correrle, como corsarios, robando y arruinando todo lo que podían, con intento de pasar á Inglaterra, para echar de ella á Máximo, tirano, y servir al emperador Graciano, que para esto les daba el sueldo. Halláronse los bárbaros á la misma sazón que llegaron las vírgenes, en aquel paraje: y conociendo que eran naves enemigas, y de Máximo, contra quien ellos venían, embistieron con ellas. Cuando vieron que venían cargadas de doncellas: como eran tan deshonestos y lascivos, como crueles y feroces, pretendieron hacerlas fuerza y afrentarlas: más las santas doncellas, animándolas su capitana y maestra santa Úrsula, se determinaron á perder antes la vida, que la castidad. Y como con obras y con palabras mostrasen su gran valor y constancia, y que por no ofender á Dios, estaban aparejadas á cualquier pena y tormento; convirtiendo los bárbaros el amor en furor, y en aborrecimiento de la fé cristiana, dieron en ellas, como lobos en un rebaño de corderas, y á todas las pasaron á cuchillo, para no detenerse allí, y llegar presto á Inglaterra, que entendían estaba sin gente por haber sacado Máximo los soldados de ella. De toda aquella santa y virginal compañía no quedó con vida sino una doncella, llamada Córdula, que con temor mujeril, al tiempo de la matanza, se escondió; más visto lo que pasaba, y que todas las otras sus compañeras habían sido martirizadas, animada por el Señor, que las había todas escogido para sí, al otro día se descubrió, y fué martirizada, como dice el Martirologio romano. Las más principales vírgenes, que allí derramaron su sangre por la fé de Cristo, y por su limpieza, fueron (como dice Adon) santa Úrsula, guía, cabeza y caudillo de todas, Sentía, Gregoria, Pinnosa, Mardina, Saula, Britula, Saturnina, Saturnia, Rabacia, Paladia, Clemencia y Grata.
Martirio de Santa Úrsula
El día que murieron, triunfó Cristo, su dulce esposo, en las santas doncellas, de la infidelidad, y de la carnalidad del pecado y del infierno, y declaró cuánto más poderosa es la virtud del cristiano, para sufrir la muerte, que la crueldad del demonio, y de sus ministros, para dársela, y que sus soldados, cayendo se levantan, y muriendo vencen, y son coronados de eterna gloria. Los cuerpos de las santas vírgenes fueron recogidos de los fieles con gran devoción, y llevados á la ciudad de Colonia, que está sobre el mismo Rhin, donde se fundó un célebre monasterio de monjas, y en él hoy día se ven muchas de las cabezas de estas santísimas vírgenes, y son reverenciadas con singular devoción, aunque por muchas partes de toda la cristiandad se han repartido. Muchos creen que el lugar, donde ahora están los sagrados cuerpos de las vírgenes, es el mismo donde las mataron; porque la tierra de aquella iglesia no admite ningún cuerpo muerto, aunque sea de niño recién bautizado, si lo entierran en ella, y antes de la noche lo echa de sí, como lo escribe el obispo Lindano: tomando esto por señal que no quiere Dios que ningún otro cuerpo esté enterrado donde están los de tantas y tan ilustres vírgenes y mártires, esposas suyas, que allí dieron su purísima sangre por la confesión de su fé, y defensa de su castidad. También se dice que santa Úrsula, y sus santas compañeras, á la hora de su muerte favorecen á los que en vida tienen con ellas devoción, y se les encomiendan. El martirio de estas vírgenes fué, según Baronio, el año del Señor de 383, imperando Graciano y Valentiniano, su hermano, y Teodosio el mayor, á quien Graciano había hecho compañero suyo en el imperio, por verse tan apretado por todas partes de las armas de infinitos bárbaros, y necesitado de socorro de un tan valeroso capitán; y fué á los 21 de octubre, y aquel día lo celebra la santa Iglesia. De las once mil vírgenes (á más de los autores que habernos referido) escribieron Wandalberto, que floreció por los años del Señor de 850; Sigiberto, monje del monasterio gemblacense, que há casi quinientos que escribió; Rogerio Cisterciense, Ricardo Premonstralense; Claudio de Rota; Bonfinio, en la Historia de las cosas de Hungría; Pedro de Natalibus; Polidoro Virgilio, en la Historia de Inglaterra, y más copiosamente el P. Fr. Lorenzo Surio en el tomo V de las Vidas de los santos.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

... Y DE LAS HIJAS DE SANTA ANGELA DE MÉRICI

Santa Angela de Mérici, al fundar en 1536 una Compañía de vírgenes consagradas al apostolado y a la enseñanza, las llamó ursulinas y las dió por protectora a Santa Ursula, venerada en toda la Europa cristiana como mártir de la virginidad y campeón de la cultura contra la barbarie.
Recitemos las dos estrofas siguientes del beato Hermann, en honor de las mártires de Colonia:
"Vírgenes gloriosas, oíd mi oración y, al llegar la muerte, venid rápidamente en mi ayuda; estad presentes en el momento temible y defendedme de los asaltos de los demonios.
"Ninguna de vosotras falte; y al frente de vosotras esté, antes que nadie, la Virgen María.
Si todavía queda en mí alguna mancha, purificadme de ella con vuestra oración. Advierta el enemigo vuestra presencia y sea confundido."

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer