SANTA GEMA GALGANI
Sufrió la Pasión por amor a Jesús y a los pecadores
Beatificada en mayo de 1933 y canonizada por el Papa
Pío XII en plena Segunda Guerra Mundial, en mayo de 1940, siendo la
primera santa del siglo XX en llegar a los altares.
Introducción
Nació
en 1878. Sufrió grandemente por su precaria salud y el desprecio de
quienes rechazaban sus prácticas de devoción, éxtasis y otros fenómenos.
Vivió para Jesús, Su Santísima Madre y para rescatar a los pecadores.
Tuvo periódicamente las estigmas de la Pasión y las llagas de la flagelación en todo su cuerpo.
Padeció
ataques físicos del demonio y tuberculosis en la espina dorsal. Las
pruebas no pudieron separarla de su comunión con Nuestro Señor sino que
mas bien la fortalecieron.
Queriendo ser pasionista, no se le
permitió por su delicada salud. Murió en Lucca, ciudad donde vivió casi
toda su vida. Era un Sábado Santo del año 1903. Tenía solo 25 años.
Vida de Santa Gemma
"Jesús;
yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo
para alcanzar a todos los pecadores y gritarles que entren todos dentro
de tu Corazón" Este es el mensaje que Santa Gemma deja al mundo entero.
Estas palabras reflejan lo que fue toda la vida de nuestra santa: un
constante ofrecerse a si misma al Señor, como víctima, para atraer así a
muchos de regreso al Corazón de Jesús, de regreso a la vida de la
gracia y a rechazar el pecado. Buscaba la restitución de los corazones.
Nace
esta "joya del cielo" (como la llamó el Párroco de Gragnano), el 12 de
marzo 1878, en Camigliano, Italia, en el pueblo de Borgonovo de
Capannori. Sus padres, Don Enrique Galgani, [farmacéutico] y Doña
Aurelia Landi, tuvieron 8 hijos (Carlos, Guido, Héctor, Gino, Antonio,
Angelina y Julita). De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer y la primera
niña de la familia.
Cuando iban a darle su nombre, un tío de ella
propuso que la llamasen "Gemma", pero su mamá no estaba conforme. No
había ninguna santa que se llamara así y su hija no tendría protectora
en el cielo. Sin embargo Don Olivio Dinelli, el Párroco de Gragnano, que
estaba presente en la discusión, dijo unas palabras que resultaron
proféticas: "Muchas gemas hay en el cielo, esperemos que también ella
sea un día otra gemma del Paraíso" .
Al día siguiente, 13 de
Marzo, la bautizó Don Pedro Quilici, Párroco de San Miguel de
Camigliano, con los nombres de Gemma Hipólita Pía.
Santa Gemma vivió solo un mes en Camigliano ya que sus padres decidieron trasladarse a Lucca, donde vivió el resto de su vida.
Desde
muy niña Gemma mostró signos de santidad. Cuando tenía cuatro años,
estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando un día, ésta al
entrar en su cuarto, la encontró de rodillas frente a una imagen de la
Virgen. La abuela corrió a llamar al tío, quien la contempló por largos
minutos; luego le dijo: "¡Gemmita! ¿Qué estas haciendo?. La niña, sin
inmutarse, contestó: "Estoy rezando el Ave María. Salid que estoy en
oración". Desde esta tierna edad, la oración era ya para ella el sostén
de su vida y de sus virtudes.
Nos podríamos preguntar: ¿Quién
enseñó a Gemma a amar a Jesús y a María?. Su primera y gran maestra en
la escuela del amor a Jesús fue su madre, Doña Aurelia, quien inculcó en
el corazón de su hija lo que sería el distintivo especial de toda su
vida: Su amor a Cristo Crucificado, del que llegaría a ser como imagen
viva, y a la Santísima Virgen, que hizo su santidad tan dulce y
atrayente.
Dice Santa Gemma: "De lo primero que me acuerdo es que
mi mamá, cuando yo era pequeñita, acostumbraba a tomarme a menudo en
brazos y, llorando...me enseñaba un crucifijo y me decía que había
muerto en la Cruz por los hombres"
Había también, entre ellas,
diálogos como este: "Hija mía -me decía mamá- yo moriré pronto y tendré
que dejarte. Si pudiera te llevaría conmigo. ¿Te gustaría venir?".
- "¿Y a dónde vamos?", le preguntaba yo.
- "Al Paraíso con Jesús y con los ángeles."
Doña
Aurelia, sabiendo que su muerte estaba próxima, solía decir: "¿Que cosa
mejor puedo hacer antes de morir, que confiar mi niña al Espíritu
Santo?. Así, cuando yo falte, sabré quien cuidará de ella". La preparó,
pues, para la Confirmación, que recibió a pesar de ser aun muy pequeña
(tenia siete años), el 26 de Marzo de 1885, de manos del Arzobispo de
Lucca, Monseñor Nicolás Ghilardi.
Durante la Misa se desarrolló entre el Espíritu Santo y Gemma este diálogo:
-De repente, una voz me dijo al corazón: -"¿Quieres darme a tu mamá?"
- "Sí", respondí, "pero llévame también a mí".
-
"No", me replicó la voz, "dame generosamente a tu mamá. Tu debes quedar
por ahora con papá. Llevaré a tu mamá al cielo; ¿me la entregas de
buena gana?".
- Tuve que decir que sí. Acabada la Misa fui corriendo a casa. ¡Dios mío! Miraba a mamá y lloraba, no podía contenerme.
Don
Enrique, temiendo que la niña no pudiera soportar la pena de ver a su
mamá morir, la envió a casa de una tía en San Genaro. Doña Aurelia murió
santamente a los 39 años el 17 de septiembre de 1885. Sus últimas
palabras fueron:
"Ofrezco a Dios gustosísima el sacrificio de mi vida, para que me conceda recoger un día a todos mis ocho hijos en el Paraíso."
Volto Santo: Es
un crucifijo de madera milagroso. Se dice que Nicodemus, después
del Calvario talló en este madero los rasgos de Jesús. Se dice
también que vino de Tierra Santa navegando en un barco sin tripulación
ni velas hasta la costa vecina a Lucca y La Specia. Estos pueblos se
disputaron la reliquia hasta que el obispo Gualfredo la montó sobre una
carreta cuyos bueyes se dirigieron a Lucca. Soldados quisieron
destruirlo durante la guerra pero no pudieron.
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MADRE POR MADRE:
Con
la muerte de su mamá, todo cambió para Gemma: "Estando en la casa de
los tíos, dice, cambió totalmente mi vida. Me encontré con una tía que
no se parecía en nada mi mamá. Era religiosa y buena, pero...¡Cómo
echaba de menos el tiempo en que mamá rezaba conmigo!" .
Se puso,
entonces a buscar otra "mamá", y la encontró en la Madre de Dios: "Al
perder a mi madre terrena me entregué a la Madre del cielo. Postrada
ante su imagen, le dije: `¡María!, ya no tengo madre en la tierra; se tú
desde el cielo mi Madre`". Y como buena Madre que es, la Virgen
Santísima acogió a Santa Gemma como hija.
"¡Oh, cuántas veces
-dice la santa- depositando en mi Mamá del cielo las angustias y
penalidades de mi corazón afligido, ella me consolaba! Sí; yo recuerdo
que hallándome en las mayores angustias, huérfana de madre en la tierra,
me tendió cariñosamente los brazos la Madre del cielo¨.
..."¡Cuán
buena se me ha mostrado siempre esta celestial Mamá! Qué hubiera sido
de mí si no la hubiera tenido. Me ha ayudado en mis necesidades
espirituales, me ha preservado de los peligros, me ha librado del poder
del demonio, que siempre viene a molestarme...y, finalmente, me ha
enseñado a conocer y amar a Jesús, a ser buena y a agradarle. ¡Oh,
queridísima Mamá, te amaré toda mi vida!".
PRIMERA COMUNIÓN:
Para Santa
Gemma, la Eucaristía era el centro de su vida. Este deseo de recibir a
Jesús en la Sagrada Hostia iba en aumento mientras pasaban los años. Si
bien era cierto que ya estaba Confirmada, no podía recibir la Primera
Comunión ya que no tenía la edad requerida en ese momento para recibir
el Sacramento. Santa Gemma tenía 9 años.
Fue su confesor, el
Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, quien conociendo el anhelo tan grande
de su corazón, le dijo a su padre que si no le daba el permiso para
recibir la Comunión, Gemma moriría de dolor.
Fue así que Don
Enrique dio el permiso para que las religiosas del Colegio de Santa
Zita, donde Gemma asistía, la preparasen para recibir este Sacramento.
Inmediatamente comenzó un retiro de 15 días con las demás niñas del
colegio. Dice Santa Gemma: "Apenas me vi en el convento rebosaba de
felicidad. Corrí a la capilla a dar gracias a Jesús y le pedí con gran
fervor la gracia de prepararme bien para la primera comunión".
Una
de las religiosas Zitinas, Sor Camila Vagliensi, que había profundizado
en las cualidades absolutamente excepcionales de Gemma, comenzó a
explicarle sistemáticamente la Vida, Pasión y Muerte del Señor. La niña
se compenetraba de tal modo con el relato que llegó a experimentar un
dolor profundo. En grado tal que una tarde se le produjo una fiebre
altísima. La profesora, alarmada, interrumpió su relato de la Pasión.

Hizo confesión general tres veces sucesivas con Monseñor Volpi, quien sería su confesor ordinario.
Llegó, por fin, el día tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del
Sagrado Corazón. Las vivencias de Santa Gemma solo ella las puede
explicar: "me siento incapaz de describir la experiencia de aquel
encuentro. En ese momento comprendí que las delicias del cielo no son
como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca aquella
unión con mi Dios. Me sentía cada vez más desprendida del mundo y más
dispuesta para la unión con el Señor. Aquella misma mañana Jesús
despertó en mi un gran deseo de ser religiosa".
A raíz de la
primera comunión se afianza la vocación de Gemma. Ella misma lo afirma:
"sentía desarrollarse en mí un ardiente anhelo de padecer y de ayudar a
Jesús a sobrellevar la Cruz".
Jesús se encargó de irla
desprendiendo inexorablemente de todo afecto humano, aún de los más
legítimos... En 1894 muere su hermano Gino, a quien Gemma amaba mucho.
Tenía 18 años y se preparaba para ser sacerdote. El 11 de Noviembre de
1897 Gemma debe soportar la prueba del tercero, terrible e inexorable
desprendimiento: su papá muere, de cáncer en la garganta. Ello supuso la
quiebra económica de la familia. Hasta tal extremo que los acreedores,
apenas muerto Don Enrique, se precipitaron como chacales sobre la casa
Galgani para apoderarse hasta de los últimos despojos. Gemma
confidenciaría luego, temblando aún ante el recuerdo de aquella escena
inhumana: "llegaron hasta meterme las manos en los bolsillos llevándose
las cinco o seis monedas, apenas unos centavos, que yo guardaba
conmigo".
Después del entierro de don Enrique, los hijos se
comienzan a separar. Héctor emigra al Brasil, donde muere. Guido
abandona la práctica religiosa e interrumpe sus estudios de farmacia en
Pisa, que más tarde concluye. Julia y Angelina se quedan con las tías
Elena y Elisa. Gemma y Antonio se refugian en Camaiore con los tíos
Carolina Galgani y Domingo Lencioni.
En Camaiore transcurre un año
en la vida de Gemma, y no le deja buen recuerdo: "La tía nos llevaba a
misa todas las mañanas. La comunión la hacía pocas veces porque no me
arreglaba bien para confesarme con otro que no fuera Monseñor (Volpi, de
Lucca). En este tiempo comencé de nuevo a olvidarme de Jesús, a
descuidar la oración y a amar las diversiones. La tía tenía otra sobrina, Rosa Bartelloni. Se hizo muy amiga mía y con ella iba en perfecto
acuerdo en mis pillerías. La tía nos dejaba salir solas a menudo. Y bien
me doy cuenta de que si Jesús no hubiera usado conmigo de tanta
misericordia habría caído en pecados graves. El amor del mundo comenzó a
apoderarse poco a poco de mi corazón; pero Jesús vino otra vez en mi
ayuda".
Gemma tiene 20 años, y en este momento Jesús permite una
enfermedad grave para que Gemma retorne a Él con todo su corazón y nunca
más se distraiga con las cosas del mundo.
"De repente comencé a
andar jorobada y a sentir dolores de riñón. Resistí durante algún
tiempo, pero como la cosa iba peor, pedí permiso a la tía para regresar a
Lucca".
Así sucedió. Por pudor quiso resistir un poco más sin
avisar al médico, pero las tías lo mandaron a llamar y de improviso se
presentó y la examinó. Su diagnóstico fue osteítis en las vértebras
lumbares con sucesivo absceso frío en los ingüinales. Se quedó
paralítica de ambas piernas. El 28 de Enero de 1899 le sobreviene un
dolor insoportable en la cabeza, fruto de una otitis media purulenta
aguda con participación del mastoide. Los médicos, viendo que los
remedios no producían mejoría y que la enfermedad avanzaba, la
desahuciaron; solo por cumplimiento acuden de cuando en cuando a verla.
El
8 de Diciembre, Fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma, reacciona con
disgusto... "le dije a Jesús que no rezaría más si no me curaba. Y le
pregunté qué pretendía teniéndome así. El ángel de la guarda me
respondió: -Si Jesús te aflige en el cuerpo es para purificarte cada vez
más en el espíritu".Su antigua profesora, sor Julia Sestini, le contó
la biografía de un joven pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa .
Una señora piadosa, Cecilia Giannini, acudió a practicar una obra de
misericordia con Gemma; un día la visitó, y para que se distrajera le
prestó la biografía de Gabriel de la Dolorosa, escrita por un
desconocido P. Germán de San Estanislao, C.P. ¡Cómo son las cosas del
Señor!. Estas dos personas serían para Santa Gemma, en los últimos años
de su vida dos grandes regalos de Dios. Doña Cecilia sería la que
cuidaría de ella, y estaría al tanto de sus éxtasis y experiencias
místicas y el P. Germán sería el director espiritual que el mismo Señor
le enviaría para que guiara su alma y para confirmar luego la
autenticidad de su vida.
Dice Santa Gemma: "Tomé el libro con
desprecio y lo puse debajo de la almohada... Un día estaba sola. Serían
como las doce. Me sobrevino una fuerte tentación, y me decía para mí que
estaba aburrida de todo. El demonio se valió de esto para tentarme,
diciéndome que si le hacía caso me curaría. Estuve a punto de sucumbir.
Pero de repente me vino una idea; recurrí al Venerable Gabriel y le
dije: Primero el alma, después el cuerpo".
Superada esta
tentación, comenzó a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel y
queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando doña
Cecilia volvió para recoger su libro le costó mucho a Gemma
devolvérselo. Aquella misma noche, "se me apareció (Gabriel) vestido de
blanco. No lo reconocí....se quitó la túnica blanca y se apareció
vestido de pasionista.
Me dijo: "Ya ves qué agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo a verte. Procura ser buena y volveré."
En
otra ocasión se le apareció de nuevo el Venerable Gabriel y esta vez le
dijo que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no añadiera
nada más.
"¿Y por qué?"-le pregunté.
"Me sonrió y me miró. Me puso el escudo pasionista y repitió: `Hermana mía...`, y desapareció."
Su
salud empeoraba, y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita
María por el milagro de su sanación. Ella inició la novena al Sagrado
Corazón varias veces pero su debilidad no le permitía continuarla. El
día 23 de Febrero 1899, recomienza en serio la novena, y en la noche del
día 1 al 2 de Marzo ocurre esto: Faltando algunos minutos para la
media noche, Gemma escuchó el rozar de las cuentas de un rosario y
sintió una mano que se le posó en la frente, la voz que escuchaba rezar
le preguntó:
-¿Quieres curarte?.
-"Todo me da igual", le respondí.
-Te curarás. Ruega con fervor al Sagrado Corazón...
-"¿Y a la Beata Margarita?", pregunté.
-"Añade en su honor tres veces el 'Gloria'". (La Beata Margarita es hoy Santa Margarita María)
"En
el penúltimo día de la Novena quería recibir la Comunión, ya que
terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgué muy temprano.
¡Que momentos tan deliciosos pasé con Jesús! El me repetía:- "¿Quieres
curarte?". No pude contestar por la emoción. ¡Pobre Jesús! La gracia
había sido concedida. ¡Estaba curada!".
Al amanecer del 2 de marzo
se levantó con sus propios pies y toda la familia al verla lloraba de
alegría ante aquel milagro de Dios. Este milagro es la antesala de otras
grandes gracias que Santa Gema recibiría durante su vida. Su amor por
Cristo crucificado y su anhelo de ser solo para Jesús la llevarían cada
vez más a ofrecerse al Señor como víctima de amor.
El Señor iba
preparando a Santa Gema, a través del crisol del sufrimiento, para
derramar en ella gracias y "joyas", que nunca ella imaginó, pudiese Él
concederle. ¡Qué lejos estaba de pensar que ese Cristo crucificado a
quien tanto amaba, muy pronto la iba a convertir en un retrato vivo de
sí mismo!.
IMAGEN VIVA DE JESÚS: VICTIMA
El
8 de junio 1899, víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón, después de
haber sido rechazada en varias comunidades religiosas a causa de su
frágil salud, Jesús la eleva en este día a la categoría de "Víctima".
Dice Santa Gemma:
Después
de la Comunión, Jesús me avisó de que por la tarde me haría una gracia
grandísima. Se lo dije a Monseñor Volpi, y este me dijo que estuviese
atenta y que se lo contara luego".
Llegó la tarde. De repente
me asaltó un fuerte dolor de mis pecados. Después me sentí recogida...
Al recogimiento sucedió la pérdida de los sentidos y me hallé en
presencia de mi Madre Celestial y del Ángel de la guarda, que me mandó
hacer un acto de contrición. Después mi Madre me dijo: -"Hijita, en
nombre de Jesús te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho y
quiere hacerte una gracia muy grande. Sabrás hacerte digna de ella... Yo
seré tu Madre. Sabrás mostrarte verdadera hija."
Me cubrió con
su manto, y en ese instante apareció Jesús. De sus llagas no salía
sangre sino llamas de fuego, que vinieron a cerbarse en mis manos, pies y
costado. Creía morir y habría caído al suelo si mi Madre no me hubiera
sostenido. Permanecí así varias horas. Después mi Madre me besó en la
frente, desapareció y me hallé de rodillas. Seguía sintiendo un dolor
fuerte en las manos, pies y costado. Me levanté para acostarme, pero
noté que de estas partes manaba sangre..."Santa Gemma, la víctima de
Jesús, comienza a "suplir en su carne lo que le falta a la Pasión de
Cristo". Este fenómeno se repetirá en las tardes del jueves al viernes,
todas las semanas. Para disimular las llagas usa guantes. Su confesor
ordinario, Monseñor Volpi le dice que no se deje ver las manos porque la
gente se podría reír de ella. En efecto Santa Gema sufrió el desprecio,
rechazo y la burla de muchos aun cuando caminaba por las calles de
Lucca. La tenían por una farsante y una histérica. Le gritaban insultos y
burlas por las calles. Esto tan solo por su radical entrega a Jesús y
su piedad. En realidad no manifestaba nada de histeria.
Así
comienza para Santa Gemma una vida de incomprensión verdaderamente
conforme a la vida de nuestro Señor, que también padeció todo esto por
nosotros. Este es el consuelo y aliciente de Santa Gema, que cada vez se
parece más a Jesús, y en toda ocasión en la que es humillada le da
gracias al Señor que le permite compartir sus sufrimientos.
Su
propio confesor, Monseñor Volpi, duda de la veracidad de las estigmas y
piensa que es obra de la histeria. Esto hiere mucho el corazón de Santa
Gema pero todo lo aguanta por amor a Aquel que lo sufrió todo por
nosotros los pecadores.
RECOGIDA POR CARIDAD CON LOS GIANNINI:
En
el mes de junio de 1899, Santa Gemma conoce a los pasionistas en una
misión que predicaban en Lucca. Al verles reconoce en ellos el hábito de
San Gabriel de la Dolorosa y en su corazón escucha al Señor que le
dice: "Tu serás una hija predilecta de mi Corazón".
Se confiesa
con uno de ellos, pero es tanto lo que Santa Gemma le comienza a decir
que el sacerdote le dice que le vaya a ver a la casa de la familia
Giannini, donde siempre se hospedaban los pasionistas. Esta es la puerta
de entrada para Santa Gema
Los Giannini eran una familia de
extraordinaria fe. Acogían en su casa como familia a los sacerdotes y
otras almas buenas. Dijo el Papa Pio XII "En el año 1899 la
extraordinaria piedad y modestia de Gemma despertó tan gran admiración
en la piadosísima familia apellidada Giannini, de Luca, que decidió
acogerla en su propia casa y considerarla como hija". Así lo expresa el
mismo Don Mateo, que después de haber escuchado a su hermana doña
Cecilia, le dice que recibirá a Gema como a una hija; y así fue
efectivamente. Santa Gemma se convirtió en la onceava hija, y todos la
amaban. Ella por su parte les servía con extraordinario amor.
Todos
sabían que Gemma era un alma especial, pero quien estuvo en mayor
contacto con ella fue la señora Cecilia a quien Santa Gemma consideraba
como su mejor confidente. La señora Cecilia tiene 52 años. Permanece
soltera y muere en el 1931. Es una mujer de carácter, emprendedora,
afanosa y devota. En sus relaciones con Gemma sigue al pie de la letra
las directrices de los confesores con tal fidelidad, que el Ángel de la
guarda dirá a Gema: "Ninguna persona puede hacer mis veces mejor que
ella".
REGALOS DE DIOS:
Conversando
con la señora Cecilia, Gemma oye hablar del P. Germán de San Estanislao,
le pide a Jesús que se lo muestre y el Señor lo hace en un éxtasis y le
dice que este es el sacerdote que guiará su alma. Efectivamente el P.
Germán se convierte en el confesor y director extraordinario de Gema,
quien es testigo de las obras de Dios en su alma.
Muchos fenómenos
relacionados con la Pasión se dieron en la vida de Santa Gemma; además
de las estigmas, tuvo sudor y lágrimas de sangre. Se la vio padeciendo
la flagelación. Recibió un regalo que apreció con todo su corazón. Su
Ángel de la guarda un día le mostró dos coronas y le pidió que escogiese
la que ella quisiera, y ella escogió "la de Jesús".
Santa Gemma
tenía una relación muy particular con su Ángel de la guarda, que siempre
le acompañaba y le protegía, e incluso muchas veces le servía de
"cartero", llevando sus cartas al P. Germán. Se asegura que también
tenía el don de leer los corazones y que en varias ocasiones le dijo a
varios religiosos que abandonarían la religión, cosa que sucedió mas
tarde, confirmando este don de su corazón.
Hay
una anécdota muy preciosa que le sucedió a Santa Gemma en la casa
Giannini. En el comedor de la casa había un crucifijo grande al que toda
la familia tenía gran devoción. También Gema en muchas ocasiones le
hacía pequeñas "visitas", orando frente el. Un día, al tiempo que Gemma
preparaba la mesa, alzó los ojos hacia su Jesús y le dijo que tenía
hambre y sed de Él. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no
alcanza porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro. Desprendiendo un
brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permitiéndole
apagar su sed en la fuente viva de su costado abierto.
¿Cuál
es la actitud del corazón de Santa Gemma ante tantos hechos
extraordinarios? Gemma se mantiene en humildad y sencillez. En ningún
momento permite que el orgullo se apodere de su corazón, le escribía al
P. Germán: "¡Cuánto he rogado a Jesús que me lleve por la vía común!"
Este
crucifijo, en el comedor de la casa Giannini, fue testigo de numerosos
coloquios y éxtasis de Santa Gema. En una ocasión, desprendióse un
abrazó y milagrosamente abrazó a Santa Gema
FURIOSA GUERRA INFERNAL:
Jesús
dijo cierto día a Gemma: "Prepárate, pues el demonio será quien dé la
última mano a la obra que en ti deseo ejecutar". Y estas palabras del
Señor se cumplieron al pie de la letra. El demonio detestaba a Gema; le
daba golpes, la tentaba contra la pureza con pensamientos e imágenes
sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase e incluso llegó
a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús.
Por
todos los medios trataba de privarla de dirección espiritual,
insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar
por ellos. Era una guerra constante y continua que duró hasta su misma
muerte. Era de esperar esta guerra de parte del demonio ya que serían
muchas las almas que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de
Santa Gemma, y mas aún, ella solo quería conformarse con la voluntad de
Dios para su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia,
porque no podía vencerla.
Tanta era la rabia que sentía hacia la pureza de Santa Gemma que
un día la tentó visiblemente, de tal modo que, no pudiendo huir de él,
hizo la señal de la Cruz y se arrojó en un pozo de agua helada en el
jardín. Su ángel la sacó y la felicitó por su gran amor a la pureza, por
su valentía y por su triunfo.

Pozo donde la santa se tira para huir de una violenta tentación en un frío día de enero. Su Ángel guardián la rescata victoriosa.
En otra ocasión, cuando la santa,
por orden del P. Germán, escribía su vida: "dándose cuenta el demonio
del fruto que podía hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: "¡Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos"; y se
relamía y se revolcaba en el suelo de la satisfacción."El
P. Germán, enterado por una carta de Gemma, se fue al sepulcro de San
Gabriel de la Dolorosa y allí, leyó los exorcismos, ordenando al demonio
que volviese el manuscrito a su lugar. El demonio lo devolvió todo
chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todavía hoy
en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión
en cuantos lo ven.
Escribe la santa: "El demonio me hace sufrir
mucho, pero siempre terminan por vencerle Jesús y María, o bien el Ángel
o San Pablo de la Cruz o el hermano Gabriel; siempre son estos tres.
"¡Si viera cómo escapa tan luego como se presenta alguno de ellos!.."
¡PADRE!... ME VOY CON JESÚS:
Gemma
estaba enferma. El P. Germán que no quería que muriese aún, le ordenó
que sanara. Jesús la sanó pero le dijo: "Escribe a tu padre que será por
poco tiempo". Gemma comunicó a doña Cecilia que deseaba verle, y ésta
le escribió: "Venga pronto a indicarnos que debemos hacer".
Gemma
ya había vuelto a enfermar. Llegando el Padre Germán, se sentó junto a
ella y se produjo este diálogo: -"Pero...¿qué es lo que hacemos, Gemma?"
-"¡Padre!", contestó Gemma llena de gozo, "Me voy con Jesús. Me lo ha dicho claramente. ¡Al cielo, padre, al cielo con Jesús!".
-"¿Y los pecados cometidos cuándo se van a pagar?"
-"¿Me
ha dicho Jesús que me enviará sufrimientos para purificarme...El me
aplicará los méritos de su Pasión...y me llevará con Él al Paraíso".
Esa
misma tarde el P. Germán escuchó su confesión y llorando decía que Gema
había mantenido intacta su inocencia bautismal. Al siguiente día le
administró el Viático.
El P. Germán tenía urgencia de volver a
Roma y preguntó a Gema: "¿Cuánto durará esto? ...Gema le contestó: "Esta
enfermedad será la última, pero me dice Jesús que aún no ha llegado mi
hora". Añade el P. Germán: "Por última vez bendije aquel ángel de la
tierra, al que no había de ver más, y me retiré".
Tenía que
retirarse, pues Jesús había dicho a Gemma que el demonio sería quien
diese la última mano a su virtud y..., estando él, el demonio no se
hubiera atrevido a hacerle nada. Pero..., tan luego como el P. Germán se
fue, no reconoció límites su bestialidad durante siete largos meses.
Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas con el fin de
producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la
indujeran a la desesperación. Le decía muchas veces: "Ahí tienes lo que
has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios"; y le presentaba
tales figuras contra la pureza, que escribió al P. Germán: "Padre mío,
pídale a Jesús que me cambie esta cruz por cualquier otra. Haga desde
ahí los exorcismos para que este perverso se vaya, o mande a su ángel
para que lo ahuyente".
Viendo que con tentaciones no podía
vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales y en forma de
bestias feroces, que amenazaban despedazarla. Dirigiéndose entonces a
María Santísima, le decía: "Madre mía; me encuentro bajo el poder del
demonio que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí.
¡Viva Jesús!".
Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le
enviaban a San Pablo de la Cruz o a San Gabriel para animarla. El mismo
Jesús le dijo: "Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa y lucha, que
tu lucha te conducirá a la victoria".
ENTREGA SU VIDA POR UN PECADOR
Le
escribía al P. Germán: "Usted siempre me recomienda paz. Gracias a Dios
la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria. Y tendré
mayor aún, cuando se convierta mi pecador".
Este pecador al que
se refiere la santa, era un sacerdote que había dejado el sacerdocio
hacía ya doce años y daba mucho escándalo con su vida, haciendo que
muchos se perdieran. Santa Gema viendo que los sacrificios que ofrecía
no eran suficientes, pidió permiso a su director, para ofrecerle al
Señor la mitad de su vida por su conversión; el padre dijo que sí y
Jesús aceptó el intercambio.
Este sacerdote se convertiría dos
días antes de Gema morir, dándole a ella un gran consuelo, exactamente
en el plazo que ella había ofrecido al Señor. (Pasados los doce años que
aquel sacerdote andaba descarriado; doce años y medio es la mitad de la
vida de Santa Gema quien morirá en sus 25 años).
PARALELO CON LA PASION DE CRISTO "Y LE SACARON A CRUCIFICAR"
Creyendo
los médicos que la enfermedad era contagiosa, sacaron a Gema de la casa
Giannini y la llevaron a un apartamento, contiguo a la casa, que su tía
Elisa había alquilado. Este era otro designio de Dios para asemejarla a
Cristo, que murió fuera de la ciudad como "Víctima oficial" por los
pecados.
"REPETICIÓN DEL VIERNES SANTO"
Gemma
había pedido a Jesús morir crucificada con El, y crucificada moriría.
Como a las diez de la mañana doña Cecilia pensaba retirarse un poco y
Gemma le dijo: "No me dejes, mamá, mientras no esté clavada en la cruz,
pues Jesús me ha dicho que tengo que morir crucificada como Él".
Momentos después entró en éxtasis profundo, extendió un poco sus brazos
y, en esta posición permaneció hasta mediodía. Su semblante era mezcla
de amor y dolor, de calma y desolación...¡Agonizaba, como Jesús en la
Cruz! Los presentes la contemplaban atónitos.
Era Viernes Santo, 10 de abril de 1903.
A
las ocho de la mañana del sábado, se le administró la Extremaunción, a cuyo rito sagrado
contestó con pleno conocimiento. A doña Cecilia que le habló del P.
Germán le dijo: "Ya he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos,
para prepararme a morir".
Tomó entonces el crucifijo en las manos
y exclamó: "¡Jesús!...¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!"; y
volviéndose a la imagen de María, añadió: "¡Mamá mía!, recomienda a
Jesús mi pobre alma...Dile que tenga misericordia de mí".
De
repente toda señal de agonía desapareció, y una sonrisa de cielo se
dibujó en sus labios. Dos lágrimas corrieron de sus ojos. El párroco,
que estaba presente exclamó: "Jamás he presenciado muerte semejante". Y
él mismo puso sobre el pecho de Gema el escudo pasionista que llevó al
sepulcro.
Muere Santa Gemma a la 1:45 p.m. del Sábado Santo, 11 de abril de 1903.
La
profecía de Santa Gemma se cumplió. Los pasionistas la rechazaron en
vida, pero después de su muerte la tomaron para sí. El Señor que había
acrisolado su corazón con el sufrimiento, también había pedido de ella
el sacrificio de no entrar en ninguna orden religiosa y ella lo aceptó y
lo ofreció al Señor, como todo lo demás.
CON UNA LANZADA LE ABRIÓ EL COSTADO; Y AL PUNTO BROTÓ SANGRE Y AGUA:
Era
necesaria una prueba irrefutable que revelara las intimidades del
corazón de aquella criatura que había amado ardientemente a Jesús.
La prueba se tuvo cuando al fin, y Dios sabe con qué sacrificios, llegó el Padre Germán a Lucca.
Ya
habían pasado 14 días de la muerte de Santa Gemma. El Padre anhelaba
volver a ver aquel rostro lleno de dulzura. Pero quería sobre todo
verificar los misterios de aquel corazón virginal cuyos secretos en vida
nadie mejor que él había profundizado... "El 24 de abril se procedió a
exhumarlo. Se abrió el cuerpo y se extrajo el corazón, que
apareció fresco, lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre,
igual que si estuviera vivo. Los especialistas que practicaban la
autopsia quedaron maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por
ambos lados, apareciendo como más ancho que alto. Al abrirlo fluyó
enseguida la sangre, bañando el mármol donde se realizaba la
intervención". Aquella que en muchas ocasiones le había pedido al Señor que le ensanchara el corazón para poder amarlo más, recibió esta gracia que tanto pedía. Su corazón se conserva en el convento Pasionista de Madrid.
El
P. Germán escribió muy pronto su biografía y la devoción a Santa Gemma
comenzó a extenderse de manera prodigiosa, no solo en Italia, sino en
muchos países del mundo. Sin duda el Señor quiso darla a conocer como un
medio de ayudarnos a todos a comprender lo que es la santidad y
animarnos a conseguirla.
Su intercesión no se hizo esperar y
muchos comenzaron a recibir grandes milagros y gracias por medio de la
Santa. El mas grande de ellos es el deseo de santidad que meditar su
vida infunde en las almas.
El proceso de canonización
El proceso para la canonización se abrió el 3 de Octubre de 1907, cuatro
años después de su muerte; el Papa Benedicto XV dispensó el proceso de
"fama de santidad", porque era conocida ya en todo el mundo.
Gemma fue Beatificada el 14 de mayo de 1933, Año Santo del XIX Centenario de la Redención; la Beatificó el Papa Pío XI.
Gemma
fue Canonizada el 2 de Mayo de 1940 (día de la Ascensión del Señor),
por el Papa Pío XII, que dijo: "Santa Gemma será la piedra preciosa de
nuestro Pontificado".
Los grandes amores de Santa Gemma, durante
toda su vida fueron Jesús Crucificado, la Virgen María, la Eucaristía y
la sed de conversión de las almas. Para ellos vivió toda su vida y por
ellos murió como víctima de amor.¡Santa Gemma Galgani, ruega por
nosotros!.
fuente: Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María
www.corazones.org/santos/gema_galgani.htm
Oración compuesta por Santa Gemma
Aquí
me tenéis postrada a vuestros Pies Santísimos, mi querido Jesús, para
manifestaros en cada instante mi reconocimiento y gratitud por tantos y
tan continuos favores como me habéis otorgado y que todavía queréis
concederme.
Cuántas veces os he invocado, ¡oh Jesús!, me habéis
dejado siempre satisfecha; he recurrido a menudo a vos, y siempre me
habéis consolado. ¿Cómo podré expresaros mis sentimientos amado Jesús?
Os doy gracias ... pero otra gracia quiero de Vos.
¡Oh, Dios mío! , si es de vuestro agrado ...
(Aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir).
Si no fuérais Todopoderoso no os haría esta súplica.
¡Oh Jesús!, tened piedad de mí.
Hagase en todo vuestra santísima Voluntad.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria .
(Con licencia eclesiástica)
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