sábado, 4 de julio de 2026

¿Por qué el sábado está dedicado a la Santísima Virgen?


Plinio Corrêa de Oliveira

Sabemos que el viernes es el día que nos recuerda la muerte de Nuestro Señor, y el domingo recuerda su Resurrección. La pregunta que surge es: ¿Por qué el sábado está dedicado a la Virgen? He recibido la siguiente información que transmito a Uds. y luego la comentaré.

Selección biográfica:

La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
La Santísima Virgen contempla a su Hijo muerto
Después de esa época se hizo costumbre general dedicar el sábado a la Virgen. San Hugo, abad de Cluny, ordenó que en las abadías y monasterios de su orden, los sábados se cantara el Oficio y se celebrara una Misa en honor de la Santísima Virgen María. Una misa especial fue compuesta en su honor para esas ocasiones. Para el Oficio Divino regular, el Papa Urbano II añadió el Pequeño Oficio de la Virgen para ser cantado los sábados.
La devoción a la Virgen recibió un fuerte impulso a principios del siglo X con la reforma monástica que dio forma a la civilización medieval.
Hay muchas razones de por qué el sábado debe estar dedicado a la Virgen Santísima. Las más conocida surgió a partir de la particular devoción que tenía el hombre medieval a la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Los Evangelios nos dicen que después de la muerte de Nuestro Señor, los Apóstoles, los discípulos y las santas mujeres no creían en la Resurrección, a pesar de que Nuestro Señor la había predicho varias veces.
Sin embargo, desde la hora en que Nuestro Señor murió en la cruz el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección, sólo la Virgen creía en su divinidad y, por lo tanto, sólo ella tenía una fe perfecta. Porque, como dice San Pablo: “Sin la resurrección nuestra fe sería vana”. En ese sábado, por lo tanto, en toda la tierra fue sólo Ella quien personificó la Iglesia Católica. Por esta razón el hombre medieval la honraba especialmente en este día.

Comentarios del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira:

Esta explicación no podía ser más hermosa. Creo, sin embargo, que es una exageración decir que las Santas Mujeres y el apóstol San Juan perdieron la fe en ese día. Pero, ellos no tenían fe en la Resurrección.
A pesar del hecho de que Nuestro Señor les habló de su Resurrección en varias ocasiones, ellos no la comprendieron completamente. En efecto, una resurrección es una cosa tan extraordinaria, tan opuesta al orden natural, que la mente humana no se inclina a creer en ella. A pesar de que el Señor había resucitado a Lázaro —y ellos habían sido testigos de ese milagro— ellos no se dieron cuenta de que Quien había resucitado a Lázaro podía resucitarse a sí mismo.
Es casi inconcebible que un hombre resucite un muerto y, sin embargo, es más difícil imaginar que un muerto se resucite a sí mismo. ¿Cómo puede un hombre —por su propio poder— levantarse desde el abismo de la muerte y decirle a su propia alma: “Ahora, vuelve a entrar en tu cuerpo y únete con él?”. Esto exige un poder mucho mayor que el que se necesita para resucitar a un muerto. Es una victoria sobre el otro, un esplendor multiplicado por otro, una cosa, normalmente hablando, que la mente humana no puede imaginar.
Podemos entender, por tanto, cómo los estaban junto a la Virgen al pie de la Cruz —San Juan, las Santas Mujeres y algunos otros, como Nicodemo— también la acompañarían a su casa en esa hora de dolor supremo. Pero ellos no creyeron verdaderamente que Cristo iba a resucitar de la muerte. Nuestra Señora conocía y confiaba en que Él se levantaría de la muerte; los otros no.
Aun cuando ellos tenían un instinto sobrenatural que les decía que la historia de Nuestro Señor no había aún terminado, y que todavía quedaba la última palabra por decir, sólo la presencia de la Virgen los confirma en este instinto, no su fe en la Resurrección. Sin este instinto y sin la Virgen, ellos se habrían dispersado completamente. Cuando los Evangelios relatan la reacción de Santa María Magdalena hablando con el Señor después de Él haber resucitado, muestran que ella no esperaba que Él resucitaría.
Durante este período, sólo la Virgen creyó en la Resurrección. Sólo Ella tenía la fe plena. En toda la faz de la tierra Ella era la única criatura con la plena fe, la más perfecta fe sin ninguna sombra de duda. Incluso en el inmenso dolor que Ella sufrió por el pecado de deicidio, Ella tenía absoluta certeza de esta verdad. Serena y tranquilamente mientras Ella esperaba la hora de la victoria que se acercaba. Esto le daba una alegría inmensa en medio de sus penas.
Dado que la fidelidad es necesaria para el mundo no se acabe, se puede decir que, si Ella no hubiera sido fiel en esa ocasión, el mundo habría terminado. Si la verdadera fe hubiese desaparecido de la faz de la tierra, entonces la Divina Providencia habría acabado con el mundo. Por lo tanto, es por causa de su fidelidad que la historia continuó y las promesas del Antiguo y Nuevo Testamento que afirmaban que el Mesías reinaría sobre toda la tierra y sería el Rey de la Gloria y el centro de la historia, tuvieron continuidad. Esas promesas no habrían podido cumplirse sin la fidelidad de la Virgen en ese período.
Todas esas promesas vivían en su alma. Ella se convirtió en el portal de todas las esperanzas en el futuro. En su alma, como una semilla, estaba toda la grandeza que la Iglesia Católica desarrollaría a través de los siglos, todas las virtudes que practicarían los santos.
Por lo tanto, podemos decir que esas horas de la vida de la Virgen son particularmente hermosas, tal vez las más hermosas de su vida. Uno podría preguntarse si ese tiempo de fidelidad era aún más hermoso que el período en que Nuestro Señor vivió en su seno como en un tabernáculo. ¿Era más hermosa que ella llevara al Mesías en su cuerpo, o abarcar la Santa Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo, en su alma? Esta es una pregunta que puede ser discutida.
Su fidelidad nos recuerda las palabras de Edmond Rostand en su Chantecler: “Es por la noche que es hermoso creer en la luz”. Creer en la luz al mediodía no tiene ningún mérito particular. Pero creer en la luz en la hora más oscura de la noche, cuando se tiene la impresión de que todo se sumió en la oscuridad para siempre, es realmente una cosa hermosa.
Nuestra Señora creyó en la luz en esa terrible noche mientras sostenía su cuerpo muerto en su regazo, mientras lo prepara con los aceites perfumados para el sepulcro, mientras tocaba las heridas de su cuerpo que daba testimonio de la derrota tremenda. Incluso entonces Ella creyó en la Resurrección, y Ella hizo un tranquilo acto de fe. Ella consideraba todas esas heridas de poca importancia; Él había prometido que resucitaría de la muerte, y lo haría. Ella creía. Ella no tenía la menor duda.
Este es sin duda uno de los momentos más hermosos de su vida. Desde que esto ocurrió en el Sábado Santo, entendemos por qué la Iglesia eligió el sábado para conmemorar a la Virgen. Hasta el fin del mundo, todos los sábados se consagran a Ella. Es justo. Ello cumple la profecía en el Magnificat: “Todas las generaciones me proclamarán bienaventurada”.

Aplicación para nuestra lucha

Todos los sábados tiene el contra-revolucionario el derecho de pedir a la Virgen que tenga piedad especial sobre él, porque él recibió una misión análoga a la de Ella. De hecho, vivimos en un tiempo que está en la plena oscuridad de la noche. Sabemos que la Iglesia Católica es inmortal, pero, humanamente hablando, la Iglesia tradicional ha desaparecido. Además, en casi todas las esferas de la actividad humana, sólo vemos corrupción y miseria. A nuestro alrededor la inmoralidad, la rebelión, la abyección, el egoísmo, la ambición, el fraude y el reinado de la desesperación. Todo atestigua la muerte casi completa de la civilización cristiana.
Hay, sin embargo, un vaso de elección, un vaso que la Virgen escogió para que sea de gloria y honor, un vaso la castidad y fidelidad. En este vaso Nuestra Señora recogió el sentido católico del pasado, su devoción, el amor por todas las tradiciones católicas abandonadas por otros. Ella también en este vaso la esperanza y la certeza de su Reino. Es el vaso de la Contra-Revolución. En esta terrible noche, por las bendiciones de la Virgen, el alma del contra-revolucionario es un vínculo entre el pasado y el futuro.
Aquel que pertenece a este remanente cree en su promesa. Él tiene la certeza de que el Corazón Inmaculado de María triunfará. Esta certeza le da tranquilidad en medio de los mayores sufrimientos, que es una posición de alma similar al que Nuestra Señora tuvo el Sábado Santo.
Hasta que llegue el reinado de María, vivimos en un largo Sábado Santo en el que todo lo que amamos está en el sepulcro; despreciado, odiado y abandonado por completo. No obstante, tenemos la certeza de que la victoria será nuestra. Ella nos escogió para ser sus contra-revolucionarios, para repetir e imitar su fidelidad en nuestros tristes tiempos.
Esta es la oración que podríamos recitarle los sábados: Oh Corazón Sapiencial el Inmaculado de María, haz mi corazón semejante al tuyo. Cuando todo lo que me rodea afirma lo contrario, cuando el mundo parece derrumbarse, las estrellas caen del cielo y las columnas de la tierra se desploman, incluso en esta calamidad, dadme la serenidad, la paciencia, el celo apostólico y el coraje de decir: Al fin tu Inmaculado Corazón triunfará.

Nota:La transcripción de esta conferencia del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira a los socios y cooperadores de la TFP, mantiene un estilo verbal, y no fué revisada por el autor.

Primer Sábado del Mes

Devoción al Rosario

 y al Inmaculado Corazón de María


En la segunda aparición en Fátima la Santísima Virgen insistió sobre el Rosario diario y recomendó a los tres niños que aprendieran a leer. En esta ocasión, Nuestra Señora prometió que, en breve, llevaría al cielo a Francisco y Jacinta, y anunció que Lucía viviría más tiempo para cumplir en la tierra una misión providencial: “Jesús quiere servirse de tí para hacerme conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Al percibir que Lucía estaba aprensiva, Nuestra Señora la confortó diciéndole: “Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.
En esa aparición, María Santísima mostró a los pastorcitos un corazón cercado de espinas que se le clavaban por todas partes, ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación. En una revelación posterior a la Hermana Lucía, en 1925, la Virgen María prometió asistir en la hora de la muerte, 
con todas las gracias necesarias para la salvación, a quienes durante cinco meses, en el primer sábado, recibieran la Sagrada Comunión, rezaran el Rosario y la acompañaran quince minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarla.

Promesas de Nuestra Señora de Fátima

En la aparición de Junio de 1917, Nuestra Señora prometió a los tres pastorcitos que llevaría al Cielo a aquellos que abrazaran la devoción al Inmaculado Corazón de María. Al respecto, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, gran apóstol de la devoción mariana, comentó en una conferencia dictada en 1994: "La Santísima Virgen pide muy poco: Si lo hicieran os daré. Si no lo hicieran, no quiere decir que no os amaré, pero... si fuereis sedientos de aprovechar esta promesa de mi Inmaculado Corazón tanto más yo os amaré. ¡Venid!"
Sin embargo, cuántas personas adoptan una actitud indolente delante de promesas de éstas: las promesas del Sagrado Corazón de Jesús respecto a los nueve primeros Viernes; la promesa del Escapulario del Carmen, de ser sacado del fuego del Purgatorio en el primer Sábado, ¡qué promesas magníficas!".

S A N T O R A L

SANTA ISABEL, REINA DE   PORTUGAL

REINA, MADRE Y RELIGIOSA

Por tercera vez en un mes, celebra hoy la Liturgia a una reina.
España que la vió nacer y Portugal donde reinó, con razón se sienten ufanos de su santidad, y de su protección. Pero la Iglesia que sabe que fué un modelo de virtudes para todos, la propone hoy al culto de todas las naciones. Como reina, Santa Isabel, demostró al lado del rey su marido, y más todavía en la administración de Torres Vedras, ciudad de la que fué gobernadora queridísima, las cualidades y las virtudes que deseamos a todos los que tienen la responsabilidad de los negocios públicos. En su vida privada, fué una perfecta madre de familia por el tierno afecto y la sumisión de que dió pruebas a su indigno y además perseguidor esposo, y para el cual consiguió con sus oraciones la gracia de una muerte santa; y también por el cuidado que puso en educar cristianamente a los hijos naturalmente rebeldes. Y por fin, después de enviudar, dió ejemplo en la orden tercera de San Francisco, de las virtudes religiosas más altas de humildad, pobreza, espíritu de oración y de penitencia, caridad con los pobres y los enfermos.

UN ÁNGEL DE PAZ

Pero no son éstos los únicos títulos de su gloria. Santa Isabel había recibido de Dios una misión especial que la valió el hermoso epíteto de "Madre de la paz." En efecto, durante casi toda su vida se dedicó a poner coto a las enemistades que dividían a su familia y a su patria. Consiguió por dos veces reconciliar a su esposo con su hijo, uno y otro en guerra. Y un día se la vió también ponerse en medio de los combatientes que habían llegado a las manos e hicieron las paces. Intervino además, y con éxito, en otras luchas en que se debilitaba el rey, ya contra su hermano Alfonso, ya también contra el rey de Castilla. Por fin Santa Isabel murió cuando estaba en camino para hacer cesar la guerra que se hablan declarado su hijo y su nieto.
La razón profunda de sus éxitos de pacificadora, no lo dudemos, no se debe tanto a sus dotes de política o de diplomacia, como a su perfecta unión con Dios mediante la práctica de las virtudes. Fué poderosa no por sus hechos sino por su oración; y aquí tenemos la gran lección de esta regia viuda. En el orden de la Providencia, las bendiciones que con más ansia desean los pueblos, el cese de las discordias, la felicidad que se apoya en el orden, la paz y la prosperidad, con frecuencia provienen de renunciamientos, de sacrificios y de una intercesión que ellos desconocen. ¡Cuántas victorias inesperadas y beneficiosas se deben a misteriosos combates que se libraron en presencia de Dios, en un punto cualquiera de ese mundo sobrenatural en el que los santos andan luchando con todo el infierno y a veces con la justicia del mismo Dios! ¡Cuántos tratados de paz se arreglaron antes en el interior de una sola alma, entre el cielo y la tierra, como premio a estas luchas enteramente espirituales que desconocen o desprecian los hombres!
Parece que los políticos gobiernan el mundo. Se pondera a los hombres de negocios, se ensalza a los guerreros. Pero cuando haya pasado la figura de este mundo, se verá que no eran ellos los verdaderos artífices de las obras, por las que se les tributaba elogios, sino simples instrumentos de que Dios se sirvió un día, por la oración de un alma santa a la que no podía negar nada.

VIDA

Isabel nació en Zaragoza en 1271. Era hija del rey Pedro III de Aragón y de la reina Constanza.
Su venturoso nacimiento reconcilió a Pedro III con su padre Jaime I. Se casó de muy joven con el rey Dionisio de Portugal, de quien tuvo mucho que sufrir, pero se supo santificar ejercitando la paciencia y la caridad perfecta. Su caridad con los pobres, su piedad, sus austeridades causaban admiración. Muchas veces restableció la paz entre príncipes que estaban distanciados.
Al quedarse viuda deseó abandonar el mundo para no pensar más que en servir a Dios. Prudentes consejos se lo disuadieron, pero desde ese momento se dedicó, con hábito ya de las Terciarias de San Francisco, a las obras piadosas y al servicio de los pobres y de los enfermos. En una de las capillas que fundó en Lisboa, se tributó culto público por primera vez a la Inmaculada Concepción. Atacada de fiebre se durmió en la paz del Señor el 4 de julio de 1336, después de ser confortada con la aparición de la Virgen María. Su culto no se concedió hasta 1516 a la diócesis de Coimbra, donde murió y se proclamó su canonización en 1626.

EL EJEMPLO DE UNA REINA

Gustosos Seguimos el consejo de la Iglesia que nos exhorta desde el invitatorio de los maitines a "alabar a Dios por nuestras obras santas". Así lo hizo la santa reina de Portugal, y el himno que cantamos en su honor nos lo recuerda: "Dominar los movimientos de su corazón y servir a Dios en la pobreza, ¡eso es lo que la heroica Isabel prefirió a todo su reino!"
Santa Isabel cura milagrosamente 
la úlcera de una mujer
Este elogio que de todo corazón hacemos llegar hasta ti, oh Isabel, nos inspira la primera oración que te debemos dirigir: Enséñanos cuáles son los verdaderos bienes y la verdadera realeza, para que las vanidades de la tierra no puedan seducirnos y detenernos en el camino que conduce a Dios.
Pero nos acordamos también del ejemplo que tu caridad inflamada hoy da, y que en otro tiempo se empleó sin descanso en reconciliar a los que el odio lanzaba a unos contra otros. Te rogamos que nos defiendas contra las sugestiones del espíritu del mal, que respira odio; y sobre todo contra nuestras pasiones, nuestro egoísmo, nuestro orgullo que ahogan en nosotros el amor del prójimo.
Finalmente permitirnos invocarte, madre de la paz; para que tu oración consiga la paz al mundo entero. Junta tu súplica con la de la Iglesia, madre de los pueblos, que pide a Dios en este día de tu fiesta que cesen los amagos de guerra y que nuestra vida mortal sea el camino tranquilo que nos lleve a todos a las alegrías de la eternidad.

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

viernes, 3 de julio de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

S A N T O R A L

SANTO TOMAS, APÓSTOL

SANTO TOMÁS APÓSTOL IMÁGENES - Buscar con GoogleFué santo Tomás de nación galileo, y pobre pescador, y uno de los doce apóstoles, que Dios nuestro Señor escogió para predicadores de su Evangelio, y conquistadores del mundo: y parece que entre los otros apóstoles fué uno de los más aventajados; pues la santa Iglesia en el canon de la misa, y en las letanías le pone luego después de San Juan, y en el quinto lugar. Lo que hallamos de este glorioso apóstol en el sagrado Evangelio, es primeramente, que cuando Cristo nuestro Señor quiso volver á Judea para resucitará Lázaro, diciéndole los otros discípulos que no fuese, y que se acordase que poco antes los judíos le habían querido apedrear; solo santo Tomás con grande ánimo le dijo: Vamos nosotros también y muramos con él: que es señal del grande amor que tenía á su divino maestro; pues quería dar la vida por él, y de su gran constancia y fortaleza: porque aquellas palabras no son de hombre que temía, sino de hombre que amaba: no de quien ponía espanto, sino ánimo á los demás: ni de quien creía poco, sino de quien confiaba mucho. Después de esto, en la noche de la cena, habiendo el Señor ordenado sacerdotes y comulgado á los apóstoles, y haciéndoles sobre cena aquel dulcísimo y amorosísimo sermón, entre otras razones les dijo que iba á aparejarles lugar, y que sabían el camino por donde iba. Aquí santo Tomás, mostrando el deseo que tenia de saber y aprovechar, dijo: Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo es posible que sepamos el camino?. Y con ocasión de esta pregunta respondió el Señor una sentencia maravillosa y suavísima, y de gran consolación para todos los fieles: Yo (dice) soy el camino, la verdad y la vida: porque (como dice san Cirilo) Cristo es camino, enseñándonos lo que habemos de hacer: es verdad, que con la luz de la fé nos alumbra; y es vida, que nos santifica: y (como dice san León, papa) es camino de santa conversación, verdad de doctrina divina, y vida de bienaventuranza sempiterna: y (como dice san Bernardo) es camino en el ejemplo, verdad en la promesa, y vida en el premio: es camino de los que comienzan, verdad de los que aprovechan, y vida de los perfectos: y (como dice san Agustín) según la humana naturaleza es camino; y según la divina es verdad y vida. Además de esto, el mismo día de la resurrección de Cristo, estando los otros apóstoles juntos en el cenáculo, se les apareció el Señor, y les mostró sus llagas, dándoles á entender que él era el mismo que antes había tratado y conversado con ellos, y que ya había resucitado.

No se halló á esta vista santo Tomás, porque estaba ausente -la causa no se sabe- pero cuando volvió y supo de los apóstoles como Cristo nuestro Señor se les había aparecido vivo, triunfante y glorioso, y con las señales de las llagas que en la cruz había padecido, resplandecientes y hermosas; Tomás dijo aquellas palabras que escribe el evangelista san Juan: «Si yo no viere con mis ojos en sus manos las llagas de los clavos, y entrare estos mis dedos en ellas, y si no pusiere mi mano en su costado; no creeré que es él, ni que ha resucitado»: las cuales palabras, da o que algunos santos doctores, por excusar á santo Tomás, las han querido interpretar blandamente, como san Ambrosio, que dice, que dudó Tomás, no de la resurrección de Cristo, sino de la manera con que había resucitado: y san Agustín, que dice, que no dijo estas palabras Tomás porque él dudase, sino por quitar de los otros cualquiera duda é incredulidad; y que eran palabras de quien preguntaba, y no de quien negaba: y san Cirilo Alejandrino, y san Cauciónelo y Metafraste, que por varios caminos las excusan: pero no hay para que buscar estas interpretaciones y excusas, sino confesar llanamente que Tomás dudó, y fué incrédulo, como Cristo nuestro Redentor le dijo: Noli essse incredulus, sed fidelis: No quieras ser incrédulo, sino fiel: y permitió el Señor que cayese, para que no cayésemos nosotros, y que al principio no creyese, y tocase con sus manos las llagas, para confirmar nuestra fé y sanar la infidelidad de muchos: y así san Gregorio:”¿Pensáis (dice) que fué acaso que Tomás escogido discípulo de Cristo, fallase, cuando él vino a los apóstoles? ¿Y que después viniendo, oyese: oyendo, dudase: dudando, palpase: y palpando, creyese? No se hizo esto acaso, sino por dispensación divina. Porque la soberana clemencia del Señor trazó las cosas de manera, que dudando el discípulo, tocase en su Maestro las llagas de la carne, para sanar en nosotros las llagas de la infidelidad: porque mas nos aprovechó para despertar nuestra fé la infidelidad de Tomás que la fé de los otros discípulos: porque cobrando él la fe por tocar las llagas, nuestros corazones se establecen en la misma fe y desechan todas las dudas que nos pueden inquietar. »Esto es de san Gregorio: y san Agustín dice: “¡Qué buena fué la ignorancia que instruyó á los ignorantes y enseñó á los incrédulos! ¡Que provechosa fué aquella incredulidad que sirvió á la fé de todos los siglos!» Mas si Tomás faltó y poco tiempo fué incrédulo, presto se levantó y recompensó aquella culpa con una perfectísima y excelentísima confesión de su fé: porque el benignísimo Salvador, como vigilante y amoroso pastor, viendo á aquella oveja fuera de camino, la recogió y redujo á su rebaño; y tornando después de ocho días á aparecerse á los apóstoles, estando con ellos Tomás, y habiéndolos saludado, se volvió á él y le dijo: Pon aquí un dedo y mira mis manos: extiende tu mano y toca mí costado; y no seas incrédulo, sino fiel. Quedó asombrado Tomás con la vista y dulzura del Salvador, y entendió que era Dios el que había visto su corazón, y estando ausente, sabido lo que había dicho: y tocó (por obedecer) las llagas en aquel cuerpo sagrado y glorioso, esmaltadas y resplandecientes: porque aunque para su fé bastaba el haberlas visto (como dice san León); pero para nosotros importaba mucho que las tocase con sus manos: y traspasado de amor y atónito con la novedad, y derretido de gozo, alzó la voz y dijo: Dominus meus, et Deus meus: Señor mío y Dios mío; confesando que aquel Señor que había sido crucificado, y ahora veía resucitado, era verdadero Señor suyo, y Señor de todo lo criado, y que juntamente era verdadero Dios, y en todo igual al Padre.
Y aunque parece que creyó Tomás lo que todavía (como dice san Agustín) una cosa vio; y otra creyó: vio al hombre, y creyó que era Dios; y con su confesión y tocamiento de las llagas nos enseñó lo que debemos creer, y deshizo todos los errores que acerca de la gloria de Cristo los herejes habían de inventar: y por esto el artículo de la resurrección de Cristo, en que confesamos en el credo que resucitó, y decimos aquellas palabras: Surrexit a mortuis; san Agustín y otros las atribuyen á santo Tomás. Otra vez se hace mención en el Evangelio de santo Tomás: porque yendo san Pedro á pescar, llevó consigo algunos de los apóstoles y discípulos, y entre ellos á Tomás. Gastaron toda la noche en pescar sin provecho alguno: aparecióles á la mañana el Salvador; y estando en la ribera, les mandó que echasen la red á la parte derecha del navío. Hiciérenlo así, y prendieron gran copia de peces, y salieron con ellos á tierra, en donde los aguardaba el Hijo de Dios, y allí dio el sumo pontificado á san Pedro. Esto es lo que sagrado Evangelio: lo demás habernos de sacar de graves y antiguos autores, dejando algunas cosas apócrifas sin fundamento, que otros escriben en su vida.

Después que el santo apóstol Tomás recibió el Espíritu santo con los demás apóstoles, y hubo predicado en Jerusalén y Judea aquella doctrina del cielo, que había oído á su Maestro y Señor; apartándose de los demás, se fué por varias y diferentes provincias y naciones del mundo, para sacarlas de la ceguedad en que estaban y alumbrarlas con la luz del Evangelio. Primeramente fué á Oriente, donde halló á los tres bienaventurados reyes magos, que de aquella región, guiados por la estrella, habían venido á Belén á dar vasallaje y adorar á Dios niño recién nacido, y bautizólos el santo apóstol, y tomólos por compañeros en su trabajo y predicación. Así lo dice el autor sobre San Mateo, que con nombre de san Juan Crisóstomo anda entre sus obras: y Doroteo y Sofronio y un calendario antiguo dicen lo mismo.
Demás de esto, envió este glorioso apóstol á Tadeo, uno de los setenta discípulos, á Abagaro, rey de Edesa, para que le predicase el Evangelio, como Cristo nuestro Redentor por cartas se lo había prometido: así lo afirma Eusebio Cesariense en su Historia, y Nicéforo Calixto. Después ilustró los medos, persas, hircanos, y el Martirologio romano añade los bracmanes y otras muchas naciones, y con los rayos y resplandores de la luz evangélica penetró hasta la India, como lo dice el Martirologio romano, y se saca de Orígenes, y de Eusebio Cesariense, y de san Gregorio Nacianceno. San Juan Crisóstomo añade, que los etíopes fueron lavados y blanqueados por este santo apóstol con el agua del bautismo: y los abisinios, que son los pueblos de Etiopia, sujetos al preste Juan, hoy día tienen particular devoción y reverencia á santo Tomás, como á su primero y propio apóstol: y no menos le tienen por tal los pueblos de Alemania, como lo dice el obispo Guillermo Lindano, varón doctísimo: y en aquella provincia hay templos muy antiguos, dedicados á santo Tomás, apóstol: y aun en las partes más septentrionales, y casi debajo del mismo polo ártico, hay iglesias de santo Tomás, reconociendo aquellas gentes el beneficio que por medio de su predicación recibieron. Y no solamente predicó el santo apóstol á todas estas provincias y naciones; pero en el Brasil, escribe el P. Manuel de Nobrega, provincial de la Compañía de Jesús, que fué en aquella provincia, que los naturales de ella tienen noticia de santo Tomás, y de haber pasado por aquella tierra, y que muestran algunos rastros y señales de ello, las cuales el mismo padre había visto por sus ojos. Pero donde el santo apóstol mas tiempo vivió, fué en la India oriental, como en propia y particular provincia que el Señor le había encomendado para labrarla y cultivarla, y sembrar en ella la semilla del cielo. En esta provincia dice Simeón Metafraste que entró santo Tomás muy humilde y muy pobre, sus cabellos crecidos y desmelenados, el rostro amarillo y seco, hallamos de santo Tomás en el su cuerpo tan extenuado que más parecía sombra que cuerpo, cubierto con un vestido viejo y roto: de esta manera despreciado en los ojos de la gente, y rico con el tesoro de Cristo, que llevaba en su corazón, comenzó á predicar que los dioses que adoraban eran falsos, y que no había sino un Dios vivo y verdadero, criador del cielo y de la tierra, y Salvador del género humano, Jesucristo, confirmando con innumerables milagros su predicación apostólica, y convirtiendo á muchos á nuestra santa religión. Por esto los enemigos de ella y amigos del culto de sus falsos dioses, lo alancearon y mataron; y el santo apóstol, libre de las miserias de esta temporal y breve vida, se fue á gozar de la eterna ; y su martirio fué en la ciudad de Calamina, que ahora se llama Malipur, a 21 de diciembre, y en el año de Cristo de 75, según Onofrio, imperando Vespasiano. Esto es lo que se tiene por cierto, sacado de buenos y graves autores. Otras cosas hay ó fabulosas, ó menos ciertas y probables: y Gelasio, papa, da por apócrifos los actos de santo Tomás, y antes de Gelasio san Agustín los tuvo por sospechosos.

Otros libros con nombre de este santo, intitulados: Circuilus, Actas, Evangelium, et Apocalypsis Tome, son reprobados por san Atanasio, Epifanío, Inocencio papa, Cirilo, y por Gelasio papa. Y puesto caso, que en la vida de santo Tomás, que escribió Abdías Babilónico, á quien otros autores modernos han seguido, puede ser, que haya algunas cosas verdaderas; pero como no sabemos cuáles son, y están mezcladas con otras falsas y reprobadas de la Iglesia; es bien que nos guardemos de ellas, para que no afirmemos lo incierto por cierto, y lo falso por verdadero.

Pero no será contra esto el referir aquí, lo que en la India, donde predicó el santo apóstol, se tiene comúnmente por cierto de su predicación, vida y muerto, según lo escriben los padres de la Compañía de Jesús, que hoy día andan por aquellas mismas tierras, alumbrando á los gentiles y reformando á los cristianos, y haciendo oficio de apóstoles del Señor. Dicen, pues, que el apóstol santo Tomás comenzó á predicar en la India por la isla de Zocotota, y que allí hizo algunos cristianos: de allí pasó á los reinos do Caranganor, y Colon, que son de malabares: y que después atravesó las altas sierras de la India, y pasó á los reinos de Narsinga, é hizo su asiento en la ciudad do Malipur, y por otro nombre Calamina, que está junto al golfo de Bengala ó Coromandel. En esta ciudad, dicen que fabricó un templo, con ocasión de cierto milagro que hizo, trayendo muy fácilmente una viga de inmensa grandeza, que mucho número de hombres y elefantes no podían mover, y que en esta iglesia puso una cruz de piedra, con una letra que decía: «Cuando llegare el mar á esta piedra, por divina ordenación vendrán hombres blancos de tierras muy remotas á predicar la doctrina que yo ahora enseño, y á renovar la memoria de ella». Dicen más: que cuando los portugueses conquistaron aquella tierra, ya entonces llegaba el mar á aquella piedra: de lo cual tuvieron grande admiración y consuelo los cristianos. Y añaden, que habiéndose convertido el rey Sagamo, que á la sazón era señor de aquella tierra, y otros muchos con él, por la predicación del santo apóstol, los bracmanes y sacerdotes cobraron grande enojo y saña contra él: y no habiendo podido con calumnias y embustes derribarle, se determinaron á matarle, pareciéndoles que mientras él viviese, ni ellos ni sus dioses serian estimados como solían: y así un día, estando el santo apóstol en una cueva, como media legua de la ciudad, haciendo oración como solía delante de una cruz, que tenía esculpida en una piedra, arremetiendo á él como lobos rabiosos, hiriéndole con palos y piedras, uno de ellos le atravesó con una lanza, de cuya herida cayó muerto. Tomaron el santo cuerpo sus discípulos, y sepultáronle en el templo que él mismo había edificado, y con él pusieron un pedazo de la lanza con que había sido muerto, y el báculo que traía, y un vaso en que recogieron alguna tierra de la que había sido regada con su preciosa sangre.
Esto es lo que de la lndia escriben, y lo que los naturales tienen escrito en sus anales, y lo que cantan comúnmente por las calles los niños malabares en su lengua.
El cuerpo de este glorioso apóstol, dice el Martirologio romano que fué trasladado de la India á la ciudad de Edesa en Mesopotamia, y que de allí fueron traídas sus preciosas reliquias á la ciudad de Ortona. Sócrates, Sozomeno, Rufino y otros autores graves hacen mención de esta traslación, y escriben que en Edesa se le edificó un solemne templo (al cual venían en romería los fieles de muchas y distantes provincias de la cristiandad por su devoción: y san Juan Crisóstomo añade, que tenían en tan gran veneración el sepulcro de santo Tomás, como el de los apóstoles san Pedro y san Pablo: y el obispo Equilino refiere un milagro, que se hacía de un sarmiento seco, que ponían en las manos del santo apóstol cada año, la víspera de su fiesta, y el día de ella se hallaba verde, y con un racimo de uvas, con grande admiración de todos, suponiendo que estaba en Edesa el cuerpo del santo apóstol. Bien puede ser, que por haberse edificado en Edesa templo á santo Tomás, y haber él enviado á Tadeo (como dijimos) al rey Abagaro, y convertido aquella ciudad, se haya creído que su santo cuerpo estaba allí sepultado, ó (y es lo más probable) por haberse traído de la lndia allí alguna reliquia, y parte de su cuerpo.
Mas los autores modernos, graves y dignos de fé, afirman estar hoy día en la ciudad de Malipur, donde fué martirizado, y traen tan ciertos testimonios, que no se puede dudar de ello: porque siendo rey de Portugal don Juan el III, el año de 1523, cavando dentro de una capilla, y rompiendo un muro debajo de dos grandes piedras, se halló el cuerpo del sagrado apóstol, y junto á él la lanza con que le martirizaron, y un bordón con que andaba: y don Duarte de Metieses, virrey, mandó labrar allí una iglesia, y poner en ella en una arca de plata el cuerpo del santo apóstol: por cuya devoción muchos portugueses vinieron á poblar aquella ciudad, y por honra del sagrado apóstol se llamó después ciudad de Santo Tomás.
Esto refiere don Juan de Barros, diligente historiador portugués, en la tercera década de Asia.

Y el obispo Gerónimo Osorio, varón doctísimo y de grande autoridad, al fin del libro III de la Historia del rey Manuel de Portugal escribo, que en el año del Señor de 1572, el obispo de Cocnin (que es en la India) envió al infante cardenal don Enrique (que después fué rey asimismo de Portugal) una información auténtica, en la cual se contenía: que en la ciudad de Malipur, ó dé Santo Tomás, en la iglesia, que por tradición se tiene ser el lugar donde fué martirizado, se muestra una cruz cortada en piedra, con algunas manchas de sangre, los remates de la cual son unas flores de lis, y en el de en medio una paloma, y sobre ella un arco con ciertas letras incógnitas, todo de una pieza. Tiene toda la ciudad devoción de asistir á una misa que se dice con grande solemnidad, en honra de la Anunciación de la Virgen, cada año el día de la fiesta de su Expectación, á los 18 de diciembre, y tres días antes de la fiesta de santo Tomás (que antes era el 21 de Diciembre). Sucedió que el año de Cristo de 1571, al tiempo que en la misa se decía el Evangelio, viéndolo todos los que estaban presentes, la cruz comenzó á destilar sangre por las manchas que se ha dicho tenia: y fué en tanta cantidad, que el sacerdote que decía la misa, limpiando con los corporales la sangre, quedaron bañados en ella, y la cruz con mejor lustre que primero. Causó esto grande admiración y devoción a los que allí estaban, y alabaron todos á Dios. Lo mismo sucedió otros años el mismo día, y á la misma hora. Leyeron aquellas letras incógnitas, que dijimos, dos bracmanes muy doctos entre indios, y sin saber el uno del otro, se conformaron que decía así: «Tomás varón divino, enviado por el hijo de Dios y su discípulo, fué á los reyes de Sagamo, para dar noticia del verdadero Dios á la gente que en él había, donde obró grandes maravillas; y al cabo puesto de rodillas sobre está piedra, haciendo oración á Dios, fue por un bracmano alanceado y muerto». Todo esto refiere el obispo Gerónimo Osorio: y los padres de la Compañía de Jesús lo mismo, como cosa ciertísima; y dicen, que alguna vez ha sucedido este milagro de la cruz, diciendo ellos la misa el día de la Expectación del parto de Nuestra Señora: y que es cosa maravillosa, que en comenzando á decir el Evangelio de la Misa mayor, y no antes, comienza también la santa cruz á mudar poco á poco su color natural (que es blanco), trocándole en amarillo, y después en negro, y de negro en otro más claro color del cielo: hasta que acabado el sacrificio de la misa, se torna á su color natural. Y lo que más admira, y aumenta la devoción es, que así como va mudando la santa cruz el color, va destilando unas pequeñas gotas de sangre, y poco á poco se van engrosando, hasta caer con tanta copia, que los paños con que se limpia quedan teñidos de la misma sangre: y si algún año deja de haber esto milagro, se tiene por cierta señal de algún gran trabajo que les ha de venir, como la experiencia lo ha mostrado. Por este tan insigne y tan ordinario milagro que nuestro Señor obra en glorificar á su santo apóstol, todos aquellos cristianos le tienen gran devoción y acuden a su sepulcro: y no solamente los cristianos. pero los mismos sarracenos y gentiles visitan aquel templo, y hacen fiesta al santo el 1ª día de julio: y aunque no siguen ni obedecen á su doctrina, le tienen en grande veneración.

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Reliquias en la Catedral de Ortona

El padre san Francisco Javier, uno de los primeros compañeros que tuvo el santo padre Ignacio de Loyola, para fundar la religión de la Compañía de Jesús, y el primero de ella que pasó á la india Oriental, y la alumbró con los resplandores del Evangelio y con muchos y grandes milagros, y convirtió innumerables almas á la fé de Jesucristo; cuando quería emprender alguna grande hazaña en servicio del Señor y beneficio de aquellos pueblos, se iba en romería á visitar el cuerpo del santo apóstol Tomás, y se estaba allí muchos días y noches en oración, suplicando á nuestro Señor por los merecimientos de su apóstol, que le diese á él parte de su espíritu, celo y fervor, para renovar la fe de su santo nombre, que el apóstol había plantado: y rogando al mismo apóstol, que pues el Señor le había encomendado á él la viña de aquella gentilidad para que la cultivase, y ahora estaba tan destrozada y desierta; que le alcanzase gracia para seguir sus pisadas, mular sus virtudes, y renovarla para beneficio de las almas y gloria del mismo Señor: pues todo lo que él hiciese, lo haría como ministro suyo y ayudado de su familia, y refloreciendo la religión cristiana en aquellas partes, crecería su gloria accidental. Con el favor, pues, de este santo apóstol, animado el padre san Francisco Javier, y alentado con un aliento del cielo, acometió cosas tan grandes, y las acabó como se ve en su vida: y todo esto redunda en gloria de Tomás, á quien tan de veras se encomendaba y deseaba imitar. 
Innumerables fueron los milagros que el santo apóstol hizo en vida, y después de muerto. San Gregorio Turoncnse en el libro de la Gloria de los mártires refiere algunos, y dice, que en su tiempo la lámpara que ardía delante de su sepulcro de noche y de día, no tenía necesidad que le echasen aceite ú otro licor, porque sin él perpetuamente ardía: que en la feria que se hacia el día de su fiesta, y por los treinta días siguientes, concurriendo muchos mercaderes á comprar y vender sus mercaderías, no se hallaba mosca que diese fastidio á los que venían: que había gran copia de agua, que se bailaba muy somera á cada paso, siendo la tierra de suyo muy árida y seca: que pasados los treinta días volvía la falta de agua, y la muchedumbre de moscas; y que Dios enviaba una copiosa lluvia para limpiar las inmundicias que se habían hecho con la feria en aquella ciudad. Marco Véneto (que anduvo por aquellas partes de la India, antes que los portugueses las descubriesen) escribe, que en la provincia de Malabar, en la cual está el reino de Calicut, había un linaje de hombres, que descendían de los que mataron á santo Tomás, y que por más fuerza que les hagan, no es posible llevarlos y hacerlos entrar en el templo de Malipur, donde está el cuerpo del santo apóstol. Algunos autores escriben otra cosa más notable y singular, y dicen: que el año de 1120, siendo Calixto II sumo pontífice, vino á Roma por su devoción un patriarca de la India, llamado Juan, y que en público consistorio dijo al papa y á muchos cardenales y prelados que estaban allí présentes, que el glorioso apóstol santo Tomás cada año aparecía visible, y con su propia mano comulgaba á su pueblo, dando la sagrada hostia á los dignos, y dejando de darla á los indignos. Esto refieren muchos autores, y puede ser que sea verdad; porque para Dios, que es todopoderoso, y grande honrador de sus santos, no hay cosa imposible ni difícil. De santo Tomás, apóstol, hacen mención los autores arriba citados, y escribieron su vida san Isidoro y Simeón Metafraste.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.