viernes, 2 de octubre de 2026

Primer Viernes de mes: devoción al Sagrado Corazón de Jesús


El rol contrarrevolucionario de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Plinio Corrêa de Oliveira

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús está en la raíz de todos los movimientos contrarrevolucionarios, grandes o pequeños, conocidos o desconocidos, que han surgido desde la época en que Santa Margarita María recibió esta revelación en el siglo XVII. Ella recibió la misión, en nombre del Sagrado Corazón de Jesús, de pedirle al rey Luis XIV de Francia que consagrase la nación al Sagrado Corazón y pusiese el Corazón de Jesús en el escudo de armas de Francia.
Santa Margarita, a pedido de nuestro Señor, le prometió al rey de Francia de que si combatía a los enemigos de la Iglesia, el Corazón de Jesús lo apoyaría y llevaría su reinado a una gran gloria. El Sagrado Corazón de Jesús esperaba que Luis XIV cambiase el curso de su política y se colocase a la cabeza de la Contra-Revolución. De haberlo hecho, él tendría un reino de gloria y Francia alcanzaría su verdadero apogeo católico.
Está claro que en caso de que él hubiese tomado este curso, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se habría extendido por todo el mundo. Habría habido una buena acogida en Francia a la predicación de San Luis María Grignon de Montfort que también vivió en esa época. Por lo tanto, su predicación se habría extendido por todo el mundo y, con ello, la Revolución Francesa se ​​podría haber evitado.
Por medio de este pedido al rey, la Revolución —en la forma que tenía en la época de Santa Margarita María— habría sido detenida, y esa forma de maldad que ésta tomó más tarde —la Revolución Francesa— se habrían evitado.
Por lo tanto, esta devoción, desde su primer movimiento, desde su primera indicación por parte del Sagrado Corazón, tiene un significado claramente contrarrevolucionario.

Objeciones a esta devoción

En un cuidadoso estudio de esta devoción, el profesor Fernando Furquim llama la atención sobre el hecho de que los distintos movimientos contrarrevolucionarios que se alzaron en los siglos XVIII y XIX estaban vinculados al Sagrado Corazón de Jesús. Por ejemplo, los contrarrevolucionarios franceses de la Vendée, los Chouans, llevaban una insignia del Sagrado Corazón. Esta devoción siempre ha sido adoptada por los contrarrevolucionarios, inspirándolos y alentándolos, a la vez que ha sido odiada por los malos.

Es perfectamente correcta la devoción 
a un órgano específico de Cristo

¿Qué han dicho estos enemigos contra la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Primero, ellos presentan este argumento supuestamente decisivo: “¿Por qué adorar al Corazón de Jesús ¿Por qué no hacer una hermosa devoción a las manos o a los ojos de Jesús? Al adorar su corazón, podríamos blasfemar por descomponer a Jesús y hacer una devoción a cada parte de su cuerpo Por tanto, podríamos tener una devoción a sus oídos que oyeron todas las súplicas del hombre, a su boca que habló, a sus manos que bendijeron (sin mencionar que también azotaron a los mercaderes del Templo). Por lo tanto, no vale la pena esta devoción al Corazón de Jesús”.
También, ellos van a decir: “Esta es una devoción sentimental. El corazón es el símbolo de la emoción por lo sentimental. De manera que esta es una devoción sentimental carente de contenido teológico y no se debe permitir”.

Una devoción promovida por la Iglesia

En efecto, en muchos de los documentos papales solemnes, sustanciales y magníficos, la Santa Sede recomendó esta devoción, por ejemplo, la encíclica Inscrutabile Divinae Sapientiae del Papa Pío VI en 1775. La Santa Sede concedió muchas indulgencias a los que recibieran la comunión los primeros viernes en reparación por las ofensas hechas contra el Sagrado Corazón. También se otorgaron indulgencias en las cofradías y archicofradías que se establecieron en apoyo a la devoción del Sagrado Corazón.
Además, se aprobó y alentó la construcción de iglesias, altares e imágenes en honor del Sagrado Corazón. La Iglesia, por tanto, ha aprobado esta devoción abundantemente y, por lo tanto, tiene todas las razones para merecer nuestra confianza.
En cuanto al argumento de que no se puede tener una devoción a cada parte del cuerpo sagrado de Nuestro Señor, éste no tiene ningún mérito. De hecho, en nuestras devociones privadas, podemos adorar a Nuestro Señor en sus manos sagradas; podemos y debemos adorarlo a Él en sus infinitamente expresivos, elocuentes, regios, instructivos y salvíficos ojos. No hay más que recordar que fue con una mirada de Nuestro Señor, que movió a San Pedro a arrepentirse de su triple negación para darnos cuenta que adorar a Nuestro Señor en sus divinos ojos es sin duda algo que uno puede hacer.
Nuestra Señora adoró el 
cuerpo de su amado Hijo
Pero la Iglesia, que tiene un gran sentido del ridículo y entiende que el ridículo puede estar a un paso de lo sublime, entiende que las mentes vulgares están siempre dispuestas a emplear el sarcasmo para degradar devociones como estas a una parte del cuerpo, las que realmente pueden impresionar a las sensibilidades humanas. Pero estas devociones no están en contra de la razón, y pueden ser hechas apropiadamente.
Por ejemplo, entre las piedras de la Vía Sacra tenemos la que lleva la marca de sus pies divinos. Es honesto y legítimo a adorar los divinos pies que pisaron la tierra para enseñar y que fueron cubiertos con el polvo de la carretera con el fin de instruir, salvar y combatir el mal. Es correcto adorar estos pies que condujeron al Salvador mientras llevaba la cruz, esos pies manchados de sangre para nuestra redención, esos pies que llevan las marcas de los clavos de la Pasión.


Una hermosa manera de adorar a Nuestro Señor Jesucristo es unirnos a los pensamientos y meditaciones de Nuestra Señora, cuando Nuestro Señor fue bajado de la cruz, cuando ella sostuvo en su regazo su Sagrado Cuerpo y sangre derramada. Ella contempló cada parte de ese cuerpo macerado con infinito amor, veneración, respeto y afecto. Ella consideró los miembros y los adoró en su significado y función. Ella midió la ofensa contra su divinidad en esas partes flageladas. Con esto, en definitiva, ella practicó esta devoción, adorando las diferentes partes del cuerpo de su Divino Hijo.

Por lo tanto, es sólo una cuestión de conveniencia, un sentido de la apariencia y proporción, por así decirlo, que la Iglesia promueve la adoración de las muchas de las partes del cuerpo de Nuestro Señor.

¿Qué es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús?

¿Qué es exactamente la devoción al Sagrado Corazón? Es la devoción al órgano de Nuestro Señor, que es el corazón. Pero en las Escrituras, el corazón no tiene el significado sentimental que tomó hacia finales del siglo 18, y desde luego en el siglo 19. El corazón no expresa sentimiento.
Cuando la Escritura dice: “Con todo mi corazón te he buscado”, (Salmo 119, 10) el corazón aquí es la voluntad humana, el propósito humano, propiamente dicho, la santidad humana. Por lo tanto, cuando el profeta dice esto, él que quiere decir, “Con toda mi voluntad te he buscado”. El Evangelio dice también: “La Virgen guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2, 19). Podemos ver aquí que no se habla de un corazón sentimental, sino de su voluntad, su alma, que guardaba estas cosas y pensaba en ellas.
El corazón es la voluntad y la razón de la persona, ese elemento dinámico que estudia y reflexiona sobre las cosas. En Nuestro Señor, su Sagrado Corazón es su voluntad. La voluntad está simbolizada por el corazón, porque todos los movimientos de la voluntad pueden tener repercusiones en el corazón. Es en este sentido, pues, que el Sagrado Corazón de Jesús es adorado.

El marqués Gral. de la Rochejaquelein usaba
 en su pecho la insignia del Sagrado Corazón,
símbolo de la resistencia católica de la Vendée

Por correlación, está la devoción inmensamente significativa del Inmaculado Corazón de María. El Inmaculado Corazón de María es un santuario en cuyo interior se encuentra el Sagrado Corazón de Jesús.
Nuestro Señor prometió una efusión de gracia para esta devoción. El Sagrado Corazón hizo promesas especiales a quienes hacen los nueve primeros viernes. La más notable de ellas, tal vez, es de que los que hacen los Nueve Primeros Viernes no morirán sin la gracia de la penitencia final. Esto no quiere decir que sin duda irá al cielo. Es decir que tendréis una gran gracia antes de morir, tan grande que se puede tener toda esperanza para vuestra salvación.
Ustedes entienden cuán diligentemente la Iglesia se ha esforzado en el pasado para que esta devoción fuese conocida, apreciada y comprendida por nuestra razón sin sentimentalismo. Una devoción varonil busca la razón de una cosa y luego ama esa cosa por su razón de ser. Es, de esta manera, que el hombre fuerte y la mujer fuerte del Evangelio juzga las cosas piadosas.
Por lo tanto, debemos reflexionar sobre esta devoción y volcar nuestras almas, nuestras voluntades, al Corazón de Jesús como la fuente de esas gracias que la Divina Providencia planeaba dar a los hombres en la época de la Revolución. Es un medio de la gracia destinado a los tiempos difíciles por venir, esos mismos tiempos en los que vivimos hoy en día.
Debemos pedir al Corazón de Jesús, a través de la sangre y el agua que fluyeron de él, que limpie y restaure el de nosotros. Esta es mi sugerencia cuando mediten y recen los viernes, y sobre todo en el primer viernes de cada mes, y el viernes de la Semana de la Pasión.
Termino recordándoles del soldado que atravesó el Corazón de Jesús con una lanza. Al hacer este acto de violencia contra el Sagrado Corazón de Jesús, agua y sangre brotó desde el costado de Nuestro Señor y le cayó en sus ojos. Entonces, los ojos del soldado, que se estaba volviendo ciego, se curaron inmediatamente y recobró la vista. Para nosotros, esto es lo más elocuente y significativo.
Esto significa que aquellos que tienen la devoción al Sagrado Corazón de Jesús pueden pedir gracias similares, no necesariamente el milagro físico, sino más bien una gracia para nuestras almas. Si queremos tener el sentido católico, un conocimiento contrarrevolucionario de las cosas, si queremos percibir cómo la Revolución y la Contra-Revolución están trabajando alrededor de nosotros y dentro de nosotros, si queremos conocer nuestros defectos, para comprender el alma de los otros para hacerles el bien, para tener perspicacia en nuestros estudios, para tener un buen equilibrio psicológico y curarse de problemas nerviosos de todo tipo, entonces podemos y debemos recurrir al Sagrado Corazón de Jesús.
Deberíamos pedir una gracia que brota de su Sagrado Corazón —como la sangre y el agua que curó al soldado— que erradicará la ceguera total o parcial de nuestras almas. Oremos, pues, al Sagrado Corazón de Jesús a través del Corazón Inmaculado de María, porque ésta es la única manera de obtener las gracias para curarnos de nuestras múltiples cegueras. Al hacer esto, vamos a hacer una espléndida solicitud y estar en el camino hacia la obtención de una magnífica gracia.

S A N T O R A L


LOS SANTOS ANGELES CUSTODIOS

DOCTRINA DE LA IGLESIA

Es de fe que en este destierro, Dios encomienda a los Ángeles la custodia de los hombres destinados a contemplarle en el cielo, y esto lo aseguran las Escrituras y lo afirma unánimemente la Tradición.
Las conclusiones más ciertas de la teología católica extienden el beneficio de esta protección preciosa a todos los miembros de la raza humana, sin distinción de justos o pecadores, de infieles o bautizados. Alejar los peligros, sostener al hombre en su lucha contra el demonio, despertar en él santos pensamientos, apartarle del mal y castigarle de cuando en cuando, rogar por él y presentar a Dios sus propias oraciones: he ahí el oficio del Angel custodio. Y es un ministerio tan especial, que no acumula el mismo Angel la custodia simultánea de varios, y tan asiduo, que acompaña a su protegido desde el primer día al último de su vida, recogiendo el alma al salir de este mundo para conducirla después del juicio al puesto que se mereció en los cielos o en la mansión temporal de purificación y de expiación.

LOS NUEVE COROS

La santa milicia de los Ángeles custodios se recluta principalmente en las proximidades más inmediatas a nuestra naturaleza, entre los puestos del último de los nueve coros. Dios, en efecto, reserva para el honor de formar su augusta corte a los Serafines, Querubines y Tronos. 
Las Dominaciones presiden desde lo alto de su trono el gobierno del universo; las Virtudes velan por la firmeza de las leyes de la naturaleza, por la conservación de las especies, por los movimientos de los cielos; las Potestades mantienen encadenado al infierno. La raza humana, en su conjunto y en los cuerpos sociales de las naciones y de las Iglesias, está confiada a los Principados; en tanto que el oficio de los Arcángeles, encargados de las comunidades menores, parece ser también el de transmitir a los Ángeles las órdenes del cielo, con el amor y la luz que baja para nosotros de la primera y suprema jerarquía. ¡Abismos de la Sabiduría de Dios! Así pues, el conjunto admirable de ministerios dispuesto entre los diversos coros de los espíritus celestiales, se ordena, como fin, a la custodia inmediatamente confiada a los más humildes de ellos, a la custodia del hombre, para quien fué creado el universo. Lo mismo afirma la Escuela; y lo dice el Apóstol: ¿No son todos ellos espíritus ministrantes, enviados vara servicio en favor de los que han de heredar la salud?

OFICIO DE LOS ANGELES CUSTODIOS


"Los Ángeles, dice San Lorenzo Justiniano, observan nuestras diversas acciones; nos exhortan, nos incitan, nos levantan después de nuestras caídas, y vigilan en derredor de la Iglesia militante. Sin parar, suben y bajan; siempre andan contentos, siempre solícitos, del cielo a la tierra y de la tierra al cielo, a ofrecer a Dios nuestras obras, nuestras lágrimas y nuestras oraciones. Nos traen del altar de Dios, es decir, de la humanidad de Cristo, el fuego de la caridad, el ardor de la fe, y la esperanza de tener parte un día en la gloria de los Santos. Nos muestran el triunfo de los mártires para darnos mayores ánimos; la puerta del cielo abierta, para inducirnos a despreciar el mundo; la presencia continua de Dios, para llenarnos de respeto; y por fin, la inmensidad de la dicha eterna, para excitar nuestros deseos. Cuantas más ocasiones tienen, de ejercer por nosotros estas diversas funciones, más felices y diligentes se sienten. Muy lejos de envidiar nuestros adelantos en el bien o de mermar en nada nuestros méritos, trabajan por nuestra perfección, nos instruyen en nuestros deberes y nos alientan para cumplirlos. No tienen otro deseo ni otro fin que la gloria del Omnipotente y nuestra salvación. Son los amigos de la Sabiduría, viven cerca del Verbo, exentos de toda miseria, de toda imperfección. Asimismo, al ejercer su ministerio en medio del mundo, no se manchan ni lo más mínimo, ni sienten fatiga ninguna. Aunque circunscritos por el espacio, permanecen siempre en presencia de Dios; al mismo tiempo que sirven a los hombres, no cesan de ofrecer amorosamente a su Criador el sacrificio de la alabanza; las funciones de su ministerio no los apartan del homenaje y de la gloria que deben tributar al Rey inmortal"
Pero Dios, que se muestra espléndido en extremo con el linaje de los hombres, no se deja vencer de los gobiernos de este mundo cuando se trata de honrar con una atención especial a los príncipes de su pueblo, a los privilegiados de su gracia o a los que rigen el mundo en nombre de El; al decir de los Santos, una perfección suma, una comisión altísima en el Estado o en la Iglesia, exigen para el investido la asistencia de un espíritu también superior, sin que el. Angel de primera hora, si así se puede decir, tenga necesariamente por eso que ser revelado de su propia custodia. No hay lugar, además, para que en el campo de operaciones de la salvación, el titular celestial del puesto que se le confió desde el principio, pueda nunca temer verse solo; a su llamada, a una orden de lo alto, los ejércitos de los bienaventurados compañeros, que llenan cielos y tierra, están siempre dispuestos a prestarle su ayuda poderosa. Entre esos nobles espíritus que aspiran en la presencia de Dios a favorecer por todos los medios su amor hacia El, hay alianzas secretas que a veces Originan en este mundo entre sus devotos aproximaciones cuyo misterio se descubrirá el día de la eternidad.

LOS ANGELES EN LA CREACIÓN

"¡Misterio profundo, dice Orígenes, la repartición de las almas entre los Ángeles encargados de su custodia; secreto divino relacionado con la economía universal que descansa en el Hombre-Dios! Y no sin disposiciones inefables se reparten entre las Virtudes de los cielos los servicios de la tierra, los grupos múltiples de la naturaleza: fuentes y ríos, vientos y bosques, plantas, seres animados de los continentes o de los mares, cuyos oficios se armonizan por medio de los Ángeles que dirigen sus variados oficios al fin común". De este modo se conserva, en su fuerte unidad, la obra del Creador.

Y sobre estas palabras de Jeremías: ¿Hasta cuándo estará llorando la tierra?, Orígenes prosigue: "La tierra se regocija o llora por cada uno de nosotros; y no sólo la tierra, sino también el agua, el fuego, el aire, todos los elementos, que aquí no hay que entender de la materia insensible, sino de los Ángeles que están al frente de todas las cosas del mundo. Hay un Angel de la tierra, y ese es, juntamente con sus compañeros, el que llora por nuestros crímenes. Hay un Angel de las aguas, a quien se aplica el Salmo: Las aguas te han visto y temieron; la inquietud, se ha apoderado de los abismos; voces de las muchas aguas, voces de la tempestad: el relámpago ha surcado la nube como una flecha"
La naturaleza, considerada de esta manera, es grande. La antigüedad, que abundaba en verdades y en poesía más que nuestras generaciones actuales, de ese modo contemplaba el universo. Su error consistió en adorar a esos poderes misteriosos, con perjuicio del único Dios, ante quien se inclinan los que sostienen el mundo 2. "Aire, tierra, océano, todo está lleno de Angeles, dice a su vez San Ambrosio3. Elíseo, asediado por un ejército, no tenía miedo alguno, pues veía que le asistían escuadrones invisibles. Ojalá te abra también el profeta tus ojos y que el enemigo, aunque sea legión, no te asuste: te crees sitiado y estás libre; son menos los que están en contra nuestra que a nuestro favor".

CULTO AL ANGEL DE LA GUARDA

Para terminar, escuchemos hoy, como lo hace la Iglesia, al Abad de Claraval, a cuya elocuencia parece que en esta ocasión la nacen alas: "En todo lugar muéstrate respetuoso con tu Angel. Muévete a rendir culto a su grandeza el agradecimiento por sus beneficios. Ama a ese futuro coheredero, que ahora es el tutor designado por el Padre para ¡os días de tu niñez. Porque, aunque somos hijos de Dios, no pasamos ahora de niños y el camino es largo y peligroso. Pero Dios ha mandado a sus Ángeles que te guarden en todos tus caminos; y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece en las piedras. Pisarás sobre áspides y basiliscos y hollarás al león y al dragón. Ciertamente, por donde el camino es fácil para un niño, su ayuda se reducirá a ser simplemente un guía, a sostenerte como se hace con los niños. Pero la prueba ¿corre peligro de exceder a tus fuerzas? Te llevarán en sus manos. ¡Manos de Ángeles! ¡Cuántos atolladeros temibles, saltados como sin darse cuenta merced a esas manos, sólo dejarán en el hombre la impresión de una pesadilla desvanecida rápidamente"

AGRADECIMIENTO A LOS ANGELES

Santos Ángeles, benditos seáis porque los crímenes de los hombres no cansan vuestra caridad; os damos gracias, entre otros muchos beneficios, por el de conservar la tierra habitable, dándoosnos permanecer siempre en ella. Hay muchas veces peligro de que la soledad se haga pesada al corazón de los hijos de Dios en las grandes ciudades y en los caminos del mundo, donde no se codean más que desconocidos o enemigos; pero, si el número de los justos ha disminuido, no disminuye el vuestro. Y en medio de la multitud apasionada, como también en el desierto, no hay un ser humano que no tenga junto a si a su Angel, representante de la Providencia universal sobre los buenos y los malos. Espíritus bienaventurados, tenemos con vosotros la misma patria, el mismo pensamiento y el mismo amor; ¿por qué han de turbar los ruidos confusos de una turba frívola la vida del cielo que desde ahora podemos ya vivir con vosotros? El tumulto de las plazas públicas ¿os impide acaso formar allá vuestros coros, o impide al Todopoderoso percibir en ellas vuestras armonías? También nosotros queremos cantar por doquier al Señor y unir continuamente nuestras adoraciones a las vuestras, viviendo por la fe en lo escondido del rostro del Padre cuya continua contemplación os arroba a vosotros2. Penetrados de ese modo del vivir angélico, la vida presente no nos ofrecerá ninguna inquietud, ni tampoco la eterna, sorpresa alguna.
 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer 

jueves, 1 de octubre de 2026

S A N T O R A L

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS

VIRGEN Y DOCTORA DE LA IGLESIA

TERESA Y EL AÑO LITÚRGICO

"¿Qué podría decir de las veladas de invierno en los Buissonnets? Terminada la partida de damas, María o Paulina leían el Año Litúrgico... Mientras tanto, me colocaba yo en las rodillas de papá y, acabada la lectura, cantaba él con su bonita voz cantares melodiosos como para adormecerme. Entonces apoyaba yo mi cabeza en su pecho y me arrullaba dulcemente..."
Apenas han pasado cincuenta y cinco años de la subida al cielo de la amable Santa y ya tiene ella su puesto en el mismo Año Litúrgico, cuya lectura escuchaba con tanta fruición. Y ¿no se podría pensar sin temeridad que fué el Año Litúrgico el que la hizo comprender el sentido profundo de las fiestas "de ella tan amadas", que fué este libro el que la hizo conocer "a los bienaventurados moradores de la ciudad celestial, a los cuales pedía su duplicado amor para amar a Dios", el que la enseñó a amar a la Iglesia, en cuyo seno "ella sería el amor" y, por fin, el que la infundió la confianza atrevida de llegar a ser una gran Santa"?

MISIÓN DE TERESA

Todos los días, en efecto, en el Calendario Litúrgico, los Santos nos traen su testimonio; y todos los días por ellos nos hace Dios oír su voz proponiéndonos el ejemplo de su vida y recordándonos cuál fué su misión. Teresa recogió ese testimonio, escuchó esa voz y ahora, cuando todo el mundo la conoce, nos da el ejemplo de su vida para enseñarnos a nosotros a ser también Santos. Ahora bien, la vida de Santa Teresa del Niño Jesús se distingue por los méritos de la infancia espiritual.
Ella misma explicó claramente el sentido de su misión poco tiempo antes de morir: "Conozco que mi misión va a comenzar, mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo..., de enseñar a las almas mi camino: el camino de la infancia espiritual, el camino de la entrega total a Dios. Quiero indicarles los medios que tan buen resultado me han dado a mí, decirles que no hay más que hacer una cosa en este mundo: arrojar a Jesús las flores de los pequeños sacrificios, conquistarle con caricias..."

LA INFANCIA ESPIRITUAL


¿En qué consiste, pues, este entrar en el camino de la infancia espiritual? En adoptar los sentimientos de los niños y portarse en todo con nuestro Padre celestial, como ellos con su padre terreno. Nuestro Señor de tal modo insistió en el Evangelio sobre la necesidad de hacerse niños para entrar en el reino de los cielos, que tenemos que llegar a esta conclusión "que el divino Maestro quiere expresamente que sus discípulos vean en la infancia espiritual la condición necesaria para conseguir la vida eterna" Muchos tal vez piensen que eso es cosa fácil y que es ir al cielo sin mucho trabajo. En realidad, el espíritu de infancia implica un sacrificio costosísimo al orgullo humano, pues consiste en la total negación de sí mismo.
Y no creamos que este camino sea de libre elección o que esté reservado para las almas no manchadas nunca con el pecado. Las palabras del Señor son formales y se dirigen a todos sin excepción: "Si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Y ¿quién tiene que volverse niño, sino el que ya no lo es? Estas palabras entrañan, pues, la obligación de trabajar por conquistar los dones de la infancia y por volver a practicar las virtudes propias de la infancia espiritual".


VIDA

Teresa nació en Alencon el 3 de enero de 1873. Dotada desde su infancia por Dios con una gracia especialísima del Espíritu Santo, concibió el deseo de no negar nada a Dios y de consagrarse a El en la vida religiosa. A los 9 años fué confiada a las benedictinas de Lisieux para su instrucción. Al año siguiente una enfermedad 
misteriosa la hizo padecer mucho: pero sanó de repente con la sonrisa de una estatua de Nuestra Señora de las Victorias. Poco tiempo después pudo hacer su primera comunión, con la cual, según su propio testimonio, se obró "la fusión entre ella y Jesús". En un viaje que hizo a Roma pidió a León XIII entrar en el Carmen a los 15 años y en él fué admitida el 9 de abril de 1888. Se esforzó en el convento por realizar
el consejo del Señor: "Si quieres ser perfecto, hazte como este niño", y, deseando salvar muchas almas, se ofreció como víctima de holocausto al Amor misericordioso. El 30 de septiembre de 1897 moría diciendo estas palabras: "¡Dios mío, yo te amo!" Muy pronto, una infinidad de favores y de milagros manifestaron su valimento cerca de Dios; su libro: l'Histoire d'une ame, se extendió por todo el mundo. Ante las insistencias de todo el orbe cristiano. Pío XI beatificó a la humilde carmelita en 1923, y dos años después la canonizó y la declaró patrona de todas las Misiones, con el mismo derecho que San Francisco Javier. Su Santidad Pío XII la dió a Francia como patrona secundaria.

LA ÚNICA AMBICIÓN

"Para amarte como tú me amas, oh Dios mío, necesito que me prestes tu propio amor; sólo entonces hallaré descanso."
También nosotros, para amar al Señor y dirigirnos a ti, para festejarte con la Iglesia, oh Santa Teresa del Niño Jesús, sentimos la necesidad de pedir que nos prestes tus propias expresiones y tu propio amor. Nunca deseaste otra cosa que amar a Dios únicamente, ni tampoco ambicionaste otra gloria.
Su amor se te anticipó desde la infancia aumentó contigo y se convirtió en un abismo cuya profundidad no podemos sondear. Acuérdate de las palabras que Jesús te dió a entender un día después de la santa comunión: "Arrástrame, correremos al olor de tus perfumes".
Cuando un alma se ha dejado cautivar por el olor embriagador de los perfumes divinos, ya no sabe correr sola, arrastra en pos de sí a todas las almas que ama. Ahora bien, tú amas a todas las almas y tú deseabas que todas las almas que se acercasen a la tuya, "corriesen con rapidez al olor de los perfumes del Amado."

LA VOCACIÓN DEL AMOR

Madre de almas por tu vocación de carmelita, sentiste en ti todas las vocaciones, la del guerrero, del sacerdote, del apóstol, del doctor y del mártir. Pero, al no poder realizarlas todas, "buscaste con ardor los dones más perfectos y un camino más excelente" , el de la caridad. La Caridad te dió la clave de tu vocación. Comprendiste que el amor encerraba todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que abarcaba todos los tiempos y todos los lugares, porque es eterno. Y te ofreciste como víctima al amor infinito y consolaste tu corazón devolviendo a Jesús amor por amor.

LOS "PEQUEÑOS" SACRIFICIOS

"Obras son amores y no buenas razones." Quisiste ser como una niña y, por eso, echabas flores al Señor y, todas las que encontrabas, las deshojabas en honor suyo, y cantabas, continuamente cantabas y, cuanto más largas y punzantes eran las espinas, más melodioso era tu canto. La Iglesia triunfante, recogiendo estas rosas deshojadas, las ha arrojado sobre la Iglesia purgante para apagar sus llamas, y sobre la Iglesia militante para darla la victoria. Tus ojos quedaron fijos largo rato en el Águila divina; quisiste que su mirada te fascinase y convirtiese en presa de su amor. Y una tarde el Águila se arrojó sobre ti y te llevó al foco del amor para convertirte eternamente en víctima bienaventurada.


Ahora, desde la inmensidad de la gloria y del amor en que estás, enseña a todas las almas pequeñas la condescendencia inefable del Salvador.
Enséñalas a entregarse con total confianza a la misericordia infinita. Haznos conocer los secretos de tu amor. Haznos amar a la Iglesia, "para quien es más útil el más pequeño acto de puro amor que todas las demás obras juntas"
Y, por fin, repite sin cesar a Jesús tu sublime y última oración, que fué ya muchas
veces atendida: "¡Oh Amado mío, te ruego que poses tu mirada divina en muchísimas almas pequeñas, te suplico que te escojas en este mundo una legión de víctimas pequeñas que sean víctimas de tu amor!"

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer




Víctima expiatoria

Plinio Corrêa de Oliveira (*)
Los grandes pecadores son los hijos enfermos para cuya cura se prodigan los tesoros de la Iglesia. Los grandes santos son los hijos sanos y esforzados que reponen a todo momento, en el tesoro de la Iglesia, riquezas nuevas que sustituyan las que se emplean con los pecadores.
Todo esto nos permite establecer una correlación: para los grandes pecadores grandes gastos del tesoro de la Iglesia. O esos grandes gastos se suplen con nuevos lances de generosidad de Dios y de las almas santas, o las gracias se vuelven menos abundantes y el número de pecadores aumenta.
De ahí se deduce que nada es más necesario para la dilatación de la Iglesia que enriquecer siempre y siempre su tesoro sobrenatural con nuevos méritos.
Evidentemente, se pueden adquirir méritos practicando la virtud en cualquier parte. Pero existen, en el jardín de la Iglesia, almas que Dios destina especialmente a este fin. Son las almas que Él llama para la vida contemplativa, en conventos recluidos, donde unas almas privilegiadas se dedican especialmente a amar a Dios y a expiar por los hombres. Estas almas piden a Dios con coraje que les mande todas las probaciones que quiera, si con eso se salvan numerosos pecadores. Dios las flagela sin cesar, de una manera u otra, tomando de ellas la flor de la piedad y del sufrimiento para, con esos méritos, salvar nuevas almas.
Consagrarse a la vocación de víctima expiatoria por los pecadores: no hay nada más admirable. Tanto más cuanto que hay muchos que trabajan, muchos que rezan; pero, ¿quién tiene el coraje de expiar?
Este es el sentido más profundo de la vocación de los Trapenses, de las Franciscanas, Dominicas y de las Carmelitas, entre las cuales floreció la suave y heroica Santa Teresita.
Su método fue especial. Practicando la conformidad plena con la voluntad de Dios, no pidió sufrimientos ni los excusó. Que Dios hiciese de ella lo que quisiese. Jamás le pidió a Dios, ni siquiera a sus superioras, que apartaran de ella un dolor. Jamás le pidió a Dios o a sus superioras una mortificación. Su camino era una plena sumisión. Y, en materia de vida espiritual, una plena sumisión equivale a una plena santificación.
Su método se caracteriza, además, por otra nota importante. Santa Teresita del Niño Jesús no practicó grandes mortificaciones físicas. Se limi­tó simplemente a las prescripciones de su Regla. Pero esmerándose en otro tipo de mortificación: constantemente, mil pequeños sacrificios. Jamás la propia voluntad. Jamás lo cómodo, lo deleitable. Siempre lo opuesto de lo que pedían los sentidos. Y cada uno de estos pequeños sacrificios era una pequeña moneda en el tesoro de la Iglesia. Moneda pequeña, sí, pero de oro de ley: el valor de cada pequeño acto consistía en el amor de Dios con que se hacía.
¡Y qué amor meritorio! Santa Teresita no tenía visiones, ni siquiera los movimientos sensibles y naturales que a veces hacen tan amena la piedad. Aridez interior absoluta, amor árido, pero admirablemente ardiente, de la voluntad dirigida por la Fe, adhiriéndose firme y heroicamente a Dios en la atonía involuntaria e irremediable de la sensibilidad. Amor árido y eficaz, sinónimo, dentro de la vida de piedad, de amor perfecto...
Gran camino, camino simple. ¿No es simple hacer pequeños sacrificios? ¿No es más simple no tener visiones que tenerlas? ¿No es más simple aceptar los sacrificios en vez de pedirlos?
Camino simple, camino para todos. La misión de Santa Teresita fue la de mostrarnos una vía que todos pudiésemos surcar. Dios quiera nos auxilie para recorrer este camino real que llevará a los altares no apenas una u otra alma, sino a legiones enteras. 

(*) Trechos de artículo en "Le­gionario", 28 de septiembre de 1947.