jueves, 15 de octubre de 2026

S A N T O R A L

Santa Teresa de Jesús

Un esplendor en el firmamento de la Iglesia



Entre los santos que marcaron a fondo la vida de la Iglesia, no sólo en su época, sino en todos los tiempos, figura esta gran Santa, Reformadora del Carmelo, Doctora de la Vida Espiritual, mística incomparable y uno de los pilares de la Contra-Reforma católica en oposición al protestantismo.
Plinio María Solimeo
Santa Teresa de Ávila es unánimemente considerada uno de los mayores genios que la humanidad ya produjo.
Incluso ateos y librepensadores se ven obligados a enaltecer su viva y aguda inteligencia, la fuerza persuasiva de sus argumentos, su estilo vivo y atrayente y su profundo sentido común. El gran Doctor de la Iglesia, San Alfonso María de Ligorio, la tenía en tan alta estima que la escogió como su patrona, y a ella se consagró como hijo espiritual, enalteciéndola en muchos de sus escritos. Su fiesta transcurre el día 15 de este mes.

Extrema humildad de una Doctora de la Iglesia

“El tener padres virtuosos y temerosos de Dios me bastara, si yo no fuera tan ruin, con lo que el Señor me favorecía, para ser buena”, confiesa ella con humildad al inicio de su autobiografía1, que muchos consideran que apenas encuentra paralelo en las Confesiones, de San Agustín.
Realmente, sus padres —don Alfonso Sánchez de Cepeda y doña Beatriz de Ahumada, con quien éste se casó en segundas nupcias— estimaban la virtud, y “tenían muchas”. Don Alfonso era “de mucha caridad con los pobres y piedad con los enfermos y aún con los criados [...] de gran verdad [...] muy honesto en gran manera”. Al paso que doña Beatriz era de “grandísima honestidad [...] muy apacible y de harto entendimiento”.2 Ese elogio, en boca de la futura Doctora de la Iglesia, tiene mucho peso.
Tercera de nueve hijos del segundo matrimonio de don Alfonso (que del primero tuviera una hija y un hijo 3), Teresa nació el 28 de marzo de 1515. Inteligente, alegre, viva, dotada de un corazón de oro, con capacidad de adaptarse a cualquier temperamento. Ella misma lo reconoce: “en esto me daba el Señor gracia, en dar contento adondequiera que estuviese, y así era muy querida”.4 Lo cual la volvió pronto la precoz confidente de la madre y la preferida del padre y sus hermanos.

Martirio, Cruzadas, Caballería

Doña Beatriz, desde temprano, la inició en la vida de piedad, especialmente en el rezo del rosario y en la lectura de libros religiosos — que era entonces el único género que entraba en aquel hogar. La vida de santos y el modo como conquistaron la corona del martirio arrebataron a Teresa. A los siete años convenció a uno de sus hermanos, un año menor, a acompañarla a tierra de moros a la búsqueda del martirio, lo cual revela también su admiración por las Cruzadas.
Monasterio carmelita de la Encarnación,
en Ávila, donde Santa Teresa vivió 29 años
Fracasado este plan infantil, pensó hacerse ermitaña en el jardín de su casa. Ávida lectora, alrededor de los doce años comenzó a leer, a ejemplo de su madre, libros de caballería. Con su dinamismo y entusiasmo por los grandes hechos, Teresa se aficionó a ellos. Pero en su mente de adolescente, con la fantasía llena de héroes, damas y castillos, no mantuvo el equilibrio necesario y fue decayendo de su primitivo fervor. Es lo que ella califica como el “tiempo de mis liviandades”. Pero no fue largo, pues, al fallecer su madre cuando tenía catorce años, Teresa entró como interna en el monasterio de monjas agustinas. La influencia de una de ellas, “muy discreta y santa” y de gran nobleza de sangre, fue haciendo con que “mi alma comenzase a volver a las buenas costumbres de mi niñez”. Las cartas de San Jerónimo la llevaron a hacerse monja. Era su vocación ser una verdadera “cruzada” de la mística y de la vida
conventual íntegra.

En el Carmelo: enfermedades y probaciones

No habiendo aún alcanzado los veinte años, Teresa entró, a escondidas de su padre, que la quería mucho, en el Convento de la Encarnación, de las Carmelitas. Razón de la elección: en él tenía a una gran amiga.
Según sus coetáneos, Teresa “tenía particular aire y gracia en el andar, en el hablar, en el mirar, y en cualquier acción o gesto que hiciese, o cualquier estado de espíritu que mostrase. El vestido o ropa que traía, aunque fuese el pobre hábito de sayal de su Orden o un harapo remendado que vistiese, todo le caía bien”.5
Un año después de su profesión religiosa, Teresa quedó gravemente enferma, sufriendo innumerables tratamientos en manos de médicos, que más le hicieron mal de que bien. Estuvo por casi tres años paralítica y fue milagrosamente curada por San José. Entró después, según ella afirma, en una fase de tibieza espiritual que duró veinte años. No parece haber sido así, porque incluso entonces recibía inmensas gracias. Hasta que un día, viendo en un oratorio del convento una imagen de Nuestro Señor llagado, con aquella vida y realismo que sólo los españoles de los buenos tiempos eran capaces de reproducir, ella sintió tanta compunción, que se postró a sus pies, diciendo que no se levantaría mientras no fuese atendida en su pedido de mejoría espiritual. “Creo cierto [que aquella súplica] me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces”. “A esta causa —afirma— era tan amiga de imágenes”.6 Nótese que en la época recorría Europa un furor contra las imágenes, proveniente de las nefastas doctrinas de Lutero.


Corazón transverberado y otros fenómenos místicos

Los fenómenos místicos que Teresa experimentaba dejaban desconcertados a sus confesores y directores, de los cuales tuvo mucho que sufrir. A veces tenía arrobos y éxtasis en la iglesia, en público, lo que era objeto de comentarios de toda la pequeña Ávila de entonces: ¿viene de Dios? ¿viene del demonio? Cada uno tenía su opinión. Fue preciso que dos santos, San Francisco de Borja y San Pedro de Alcántara, con su autoridad, le confirmasen el origen divino de esas experiencias y la incentivasen a no oponer obstáculos a la acción del Señor. Favores místicos, ella recibió muchos, como el “noviazgo espiritual”, la transverberación de su corazón por un Serafín y el “desposorio místico” con Cristo.

Tormentos terribles causados por el demonio

Es comprensible que, habiendo tantas apariciones divinas, algunas veces el demonio procurase engañarla. “Estaba una vez en un oratorio, y aparecióme [el demonio] hacia el lado izquierdo, de abominable figura. [...] Otra vez me estuvo cinco horas atormentando, con tan terribles dolores y desasosiego interior y exterior, que no me parece se podía ya sufrir. [...] De muchas veces tengo experiencia que no hay cosa [el agua bendita] con que huyan más para no tornar. [...] El caso es que ya tengo tan entendido su poco poder, si yo no soy contra Dios, que casi ningún temor los tengo. Porque no son nada sus fuerzas, si no ven almas rendidas a ellos y cobardes, que aquí muestran ellos su poder”.7
Cierto día fue llevada en espíritu al infierno, donde le fue mostrado el lugar que merecería, si no fuese fiel. “Ello fue en brevísimo espacio, mas aunque yo viviese muchos años, me parece imposible olvidárseme. [...] Sentí un fuego en el alma, que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es. [...] Y así torno a decir que fue una de las mayores mercedes que el Señor me ha hecho, porque me ha aprovechado mucho, así para perder el miedo a las tribulaciones y contradicciones de esta vida, como para esforzarme en padecerlas y dar gracias al Señor que me libró, a lo que ahora me parece, de males tan perpetuos y terribles”.8

Apreciaba a la Santa Inquisición

Portadocumentos de Santa Teresa
El demonio, se acostumbra decir, es “el mono” de Dios. Siempre que hay fenómenos sobrenaturales, suscita otros preternaturales para que se dude también de los primeros. En la época de Santa Teresa hubo muchas falsas místicas, desenmascaradas por el Tribunal de la Inquisición. Enemigos y hasta amigos de la Santa, almas mezquinas que no comprendían que otras pudiesen subir tanto, la prevenían sobre ese santo Tribunal, hoy tan calumniado. He aquí lo que Teresa escribió al respecto, en su autobiografía: Podrían levantar contra mi algún falso testimonio y denunciarme a los inquisidores. La idea me causó gracia. Me hizo reír, porque en este punto nunca temí. Era consciente de que, en materia de fe, yo estaba dispuesta a morir mil veces para no ir contra la menor ceremonia de la Iglesia, o por cualquier verdad de la Escritura. [...] En muy mal estado andaría mi alma si en ella hubiese cosa de tal naturaleza, que me hiciese temer a la Inquisición. Si yo imaginase que hubiere necesidad, seria la primera en ir a buscarla.9Al Padre Gracián, que temía los rumores de que la Inquisición pudiese ir al recién fundado convento de Sevilla, a causa de calumnias levantadas por dos ex-novicias, Teresa decía: “Calle, padre mío, y no tenga miedo de que la Santa Inquisición, que Dios ha puesto para guardar su fe, dé un disgusto a quien tanta fe tiene, como yo.” 10

Memorable epopeya de las fundaciones

El año 1562, Teresa comenzó la reforma del Carmelo, fundando el Convento de San José, de Ávila, el primero a observar en todo su rigor la antigua regla. Cinco años más tarde, visitando el Superior General del Carmen ese convento, quedó tan encantado con la santidad que veía en él, y con la personalidad de Teresa, que le dio a ella permiso para fundar otros conventos de observancia, inclusive dos de frailes. Comenzó entonces el período épico de las fundaciones, en el cual la indómita Teresa, con algunas compañeras, en un carro de lona jalado por burros, por los rudimentarios caminos de la época, recorre España fundando conventos. La descripción que ella hace de esa saga, en el Libro de las Fundaciones, muestra el heroísmo y la fuerza de alma que demostraron la Madre y sus hijas en esa impresionante aventura.
San Juan de la Cruz, cofundador con la Santa de la rama masculina de los Descalzos, tuvo, como ella, mucho que sufrir por eso.

Viático de Santa Teresa de Jesús -Museo del Prado-

En fin, “Santa Teresa posee una de las más bellas plumas de la literatura española. Ella es, por lo demás, la escritora más instintiva producida por el genio español, y tal vez por el genio cristiano. [...] La experiencia es su maestra: arrastrándonos a su propio camino, ella nos conduce de la tibieza a la virtud, a la santidad, a la contemplación, al interior mismo de lo divino. Su intuición descubre los pliegues secretos del hombre con la lucidez más fina; contempla y devela las profundidades de Dios en la unión mística más íntima. Ello, junto a un sentido común sólido y luminoso, con una franqueza humilde y encantadora, con una elegancia que seduce y cautiva, con un arrebatamiento alegre y entusiasta: la alegría que nace del amor Porque ella es amor y solamente amor. Amor activo, que la lleva a fundar dieciséis monasterios y la hace arder de celo por su Señor y por la Iglesia”.11
Serían necesarios varios libros para escribir la obra de Santa Teresa y la decisiva influencia que ejerció, no sólo en la Contra‑Reforma católica contra el protestantismo, sino en la vida futura de la Iglesia. Esta gran santa entregó su alma a Dios el 4 de octubre de 1582. Ya en 1614, siendo aún bienaventurada, fue escogida como Patrona de España, de la cual es hija grandemente ilustre.
Notas.-
1. El Libro de la Vida, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 4ª ed., 1998, 1, 1.
2. Id., 1, 1,2.
3. Cf. Efrén de la Madre de Dios  O.C.I. y Otger Steggink  O. Carm., Tiempo y Vida de Santa Teresa, B.A.C., Madrid, 1977, p. 12, n. 66.
4. El Libro de la Vida, 2, 8.
5. María de San José, Libro de Recreaciones VIII, p. 97, in Efrén, p. 26, y Prov. of the Teresian Carmel in Austria (webmaster@karmel.at).
6. El Libro de la Vida, 9, 6.
7. Id., 31, 2,3,4,11.
8. Id., 32, 1,2,4.
9. Cf. Id., 33, 5.
10. Efrén de la Madre de Dios, op. cit., pp. 680-681.
11. Théodule Rey-Mermet  C.R.S.S., Alfonso de Ligorio - una opción por los abandonados, Editora Santuario, Aparecida, 1984, p. 156.

miércoles, 14 de octubre de 2026

S A N T O R A L

SAN CALIXTO, PAPA Y MARTIR

DIGNIDAD DEL SACERDOCIO


Conviene que la fiesta de los Papas, de los Obispos y de los Sacerdotes, reavive en nosotros el sentido doctrinal, para infundirnos una gran reverencia hacia aquellos a quienes Dios ha encargado de guiarnos, y para hacernos ver en su sacerdocio el sacerdocio mismo de Cristo, a quien ellos representan entre nosotros. Esta misma doctrina nos recordaba el texto de San Pablo que se leía antiguamente en la misa de este día y cuyo comentario damos aquí.

"Todo mediador o pontífice, dice San Pablo, se toma de entre los hombres: así lo exige su función. Pero no vive aparte, en cierto modo, de la masa común, sino para la utilidad de todos y en virtud del oficio que se le confió. Está dedicado a su misión, y sacado de la masa de los hombres sin dejar de pertenecerles.

"En efecto, no se les sustrae ni se les arrebata: de este tributo exigido por Dios a la raza humana, es ésta la primera en beneficiarse. El gran sacerdote es el hombre de Dios. El tiempo, ineptitud, la pobreza, mil causas miserables impiden con frecuencia a los hombres el reconocer de un modo tan completo como ellos querrían y tienen obligación el beneficio de la existencia, de la conservación, de la Providencia, del perdón: hay que ganar la vida, y no siempre hay un rato de ocio para la oración. Dios no nos ha exigido todos los días de nuestra vida sino uno entre siete; de igual manera, no ha reclamado a toda la raza humana, aunque es toda suya, sino que se ha reservado para sí al sacerdote, que está constituido cerca de Dios en nombre de los hombres para todo lo que con cierne al culto de Dios. El sacerdote es escogido entre los hombres: está constituido para los hombres cerca de Dios. Con todo, queda asentado que su oficio propio es el de presentar a Dios ya sea ofrendas y oblaciones incruentas ya sacrificios eucarísticos o expiatorios por el pecado. Pues el Pontífice existe principalmente para el sacrificio. Es mediador y mediador litúrgico: y de ese modo aplaca, da gracias, adora, expía, obtiene y santifica.
"Por no estar escogido entre los ángeles, sino entre los hombres, tiene en su persona y en su; naturaleza y en la fraternidad que le une con todos, un título vigoroso para compadecerse de la ignorancia y del error: tiene por qué mirar con afición y cariño tanto a los que ignoran qué es lo que deben hacer, como a los que hacen cosa distinta de lo que deberían hacer. Esta facilidad de condescendencia y de compasión se la sugiere la sola conciencia que de sí mismo tiene y de su debilidad".

Tal fué el Papa que dió por cabeza Dios a su Iglesia a principios del siglo III. Sus decisiones además de aumentar el ascendiente y las prerrogativas de la Iglesia y de los obispos, manifestaron la caridad, la indulgencia, la exquisita prudencia del Papa para con los fieles. Estos no lo olvidaron: veneraron a Calixto como santo y como mártir y fué el único obispo de Roma, entre San Clemente y San Ponciano, que fué honrado primitivamente con un aniversario solemne.

VIDA

San Calixto gobernó la Iglesia entre el 217 ó 218 y el 222 ó 223. Conocemos su vida únicamente por su adversario San Hipólito.

Según él, Calixto nació en Roma, esclavo de un cristiano. Banquero al servicio de éste, osado y emprendedor, como lo será siempre, Calixto hizo bancarrota. Por eso se le condenó a dar vueltas a una rueda de molino. Luego, fué denunciado al prefecto de la ciudad y condenado a las minas de Cerdeña por haber alborotado en una reunión de la sinagoga. Habiendo logrado volver con los cristianos agraciados, llegó a ser diácono del Papa Ceferino y estuvo encargado del cementerio que en lo sucesivo llevaría su nombre. A la muerte de Ceferino, le sucedió Calixto, pero Hipólito, que le reprochaba sus innovaciones en materia de disciplina, sembró el cisma. Debió de morir el 14 de octubre del 222 ó 223, asesinado, según se cree por los judíos en el Transtíberi. Pero esto no pasa de hipótesis y es muy posible que no sea mártir.

En el aspecto dogmático, Calixto fué fiel a la enseñanza tradicional de la Iglesia y condenó el sabelianismo. En materia disciplinar, declaró antes que nadie que la Iglesia tenía el derecho de absolver los pecados gravísimos que la costumbre del tiempo consideraba como reservados a Dios; autorizó a las mujeres cristianas de alta posición que se pudiesen casar con hombres de condición inferior, cosa que prohibía el derecho romano.

ESCLAVO Y PAPA


El Espíritu Santo, que protege a la Iglesia, te preparó en el sufrimiento y en la humillación como un auxiliar selecto. Naciste esclavo; todavía joven, en las minas de Cerdeña fuiste un forzado más, pero era por el Señor. Siervo del trabajo, como se decía en la antigua Roma, tú no lo fuiste ya de tu antiguo amo, y libertado de las minas cuando quiso el que guía los acontecimientos a merced de su providencia, el título de Confesor, al ennoblecerte para siempre, te recomendaba a la atención maternal de la Iglesia.

Y, a partir de esta fecha, fueron tales tus méritos y tus virtudes, que, al inaugurarse el pontificado más largo de la época de los mártires, Ceferino te tomó por consejero, sostén y suplente de su vejez; y luego la Iglesia, suficientemente enterada con la experiencia de dieciocho años, te eligió en su día como supremo pastor

Y ¡qué grande la dejas hoy a esta noble Esposa del Hijo de Dios! Toda la nobleza de los siglos pasados, todo el valor moral, todo el progreso intelectual del género humano en ella se concentran en este momento. ¿Qué fué de los desprecios de otros tiempos, de las calumnias de antaño? Y el mundo no ignora ya que tiene ante sí a la reina de lo porvenir; y las persecuciones terribles que el Estado pagano la tiene aún reservadas, se derivarán de esta convicción: que para él se trata de una lucha, pero de una lucha desesperada por la vida. Por eso, está vacilante y se diría que hoy quiere pactar con los cristianos.

LA ACCIÓN DEL PAPA

Fuiste el primero en abrir los nuevos caminos en que entraba la Iglesia, caminos llenos de peligro y también de grandeza. Del absoluto y brutal Non lícet esse vos (No se os permite ni existir) de los crueles jurisconsultos, tú fuiste el primero en hacer reconocer oficialmente en algo los derechos de la comunidad cristiana: la propiedad de la sepultura, el derecho a reunirse, a suscribirse, para honrar a sus difuntos.

En vez de ceder en lo más mínimo de los derechos de Dios para pactar con el César, ratificaste, como nadie lo había hecho aún, la independencia absoluta de la Iglesia respecto a la cuestión del matrimonio, sustraído por Cristo de la jurisdicción de los poderes civiles. Hay otras inquietudes en el seno de la Iglesia; el ardor de las luchas doctrinales ha llegado a su colmo y se ha lanzado contra el primero de nuestros misterios: Sabelio, condenado por su audacia en declarar incompatible con la unidad de Dios la real distinción de la Santísima Trinidad, deja el campo abierto a la escuela que separa las augustas personas con peligro de multiplicar a Dios mismo. Luego viene Montano, cuyos discípulos, enemigos de las teorías sabelianas, no cuentan con el favor de la Santa Sede para su sistema de falsa mística y de reforma exagerada. Pero, como el piloto es diestro y burla los escollos a través de las sutilezas de los dogmatizantes, las pretensiones de los rigoristas y las utopías de los políticos, tú guías la barca de Pedro a sus inmortales destinos, con mano que tiene la firmeza del Espíritu Santo.

Sé, pues, glorificado eternamente, y bendícenos y en nosotros a tus discípulos y a tus hijos y consérvanos siempre unidos fielmente a la fe de la Iglesia romana, que es la única que tiene las promesas de la vida eterna.



Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

martes, 13 de octubre de 2026

S A N T O R A L

Nuestra Señora de Fátima

Comenzó en una aldea de Portugal, concretamente en el municipio de Vila Nova de Ourém, dentro de la diócesis de Leiria. Los protagonistas de esta historia fueron tres pastorcillos: Lucía dos Santos y sus dos primos, los beatos Francisco Marto y Jacinta. Por tres veces, a lo largo del año 1916, tuvieron apariciones de  un ángel en la colina del Cabeço y en el huerto de Lucía y las seis apariciones de la Virgen Santísima desde el 13 de mayo hasta el 13 de octubre del año 1917.

Las revelaciones de Fátima van más allá de todo cuanto la Providencia ha dicho a los hombres en la inminencia de las grandes borrascas de la Historia

Fátima en una visión de conjunto

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.
por Plinio Corrêa de Oliveira

1. Presupuestos y líneas generales de las apariciones

Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.
Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.

2. La mediación universal de María Santísima

Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.

3. En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero

Hablando a los pequeños pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.

4. La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.
Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.
Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.
Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia... El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.

5. Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará... » Será el reinado de María sobre los hombres.

6. La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.

7. Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima

Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:
a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes.
Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una
ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.
b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)
c) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.
d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era más o menos ininteligible.
En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.
Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.
Las dos familias de almas del mundo contemporáneo
El recuerdo de la devastación causada
por la Segunda Guerra Mundial atormenta
al hombre moderno ante la perspectiva
de un tercer conflicto universal
Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).
Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.
Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.
Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.
Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.
De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad ...) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra... (Quien viva lo verá ...).

No se ha correspondido al Mensaje de Fátima

¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.
Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.
En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.
Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.
Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos...
Fotografía de los tres pastorcitos poco
 después de la visión del infierno
Cabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.
Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.
En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.

Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.
Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer?.Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.
Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.
Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).
Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.
Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad
* Extraído de Catolicismo, nº 197, mayo de 1967.