martes, 22 de septiembre de 2026

S A N T O R A L

SAN MAURICIO, Y LA LEGIÓN TEBANA, MÁRTIRES


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Martirio de San Mauricio-Palacio de El Escorial
El martirio del esforzado caballero y capitán de la legión de los tebeos san Mauricio, escribió el bienaventurado san Euquerio, (Passio Acaunensium martyrum) obispo de Lión de Francia, mas ha de mil años, de esta manera. Después que Diocleciano tomó el cetro del imperio, hizo César á Maximiano, y envióle á Francia con un ejército poderoso, á sosegar algunos alborotos que habían levantado Amando y Esiano. Entre la otra gente que llevaba consigo, era una legión de seis mil y seiscientos y sesenta y seis soldados, los cuales eran de la ciudad de Tebas y cristianos, y habían sido bautizados por Zambea, obispo de Jerusalén, y confirmados en la fé por san Marcelino, Papa, al tiempo que pasaron por Roma. Había pasado el ejército la aspereza y fragosidad de los Alpes, y acercábase ya á vista de los enemigos. Parecióle á Maximiano, que era bien hacer la reseña de su gente, y ofrecer sacrificio á sus dioses, y tomar juramento á los soldados, sobre sus aras, de fidelidad, y de pelear animosamente. San Mauricio, que era capitán de aquella legión, Exuperio que era alférez, y Cándido persona principal, y de la orden de los senadores, entendieron la resolución del emperador, y fueron de parecer que para no contaminarse con aquel juramento sacrílego, y sacrificio abominable, se apartasen del resto del ejército; y así se apartaron ocho millas lejos, á un lugar que se llamaba Agauno, y ahora se llama san Mauricio.
Luego que supo Maximiano la retirada de la legión tebea, y la causa, le envió un recado, mandándole que viniese y se juntase con el ejército, é hiciese lo que los demás soldados hacían. Todos los santos soldados, con un mismo ánimo y extraño valor, respondieron por boca de su capitán Mauricio, que ellos estaban aparejados para obedecer á Maximiano, en todo lo que no fuese contra Dios, y á pelear con él, como lo habían hecho otras muchas veces; pero que siendo cristianos, no querían sacrificar ni conocer por dioses á los que no lo eran. Enojóse sobre manera Maximiano con esta respuesta, y mandó diezmar aquella legión tebea, que era un castigo militar, con el cual por no matar á todos los culpados, mataban de cada diez uno, á quien cabía la suerte.
Iglesia Nuestra Señora de Luján-Castrense-Buenos Aires
Supieron los santos soldados el cruel decreto del emperador: y como si fuera para darles la vida, y una ilustrísima corona, así se regocijaron; y con una exhortación, que san Mauricio les hizo, se encendieron en el amor del Señor, y deseo del martirio. Ejecutóse aquel riguroso suplicio en los valerosos guerreros de Jesucristo: y creyendo Maximiano que escarmentados con él, los que quedaban estarían más blandos y rendidos á su voluntad, tornó otra vez á mandarles que viniesen al ejército, y que sacrificasen; mas ellos estuvieron fuertes, y no quisieron obedecer, aparejándose todos á perder la vida, por no perder á Jesucristo, y obedecer antes al Emperador del cielo, que al de la tierra: para lo que les ayudó mucho una plática que les hizo san Exuperio, su alférez, diciéndoles: Bien veis, hermanos míos, que yo llevo la bandera del emperador; pero ahora no os convido á esta guerra temporal, sino á otra más sublime. Grande ánimo y esfuerzo es menester, para que paguemos á Dios lo que le prometimos, y dejando las armas muramos y alcancemos la corona que nos espera. Cuando el emperador vio el ánimo determinado de aquellos valerosísimos caballeros del Señor, teniéndola por obstinación y pertinacia, se embraveció, y con increíble saña y furor mandó que todo el ejército diese en ellos, y no dejase hombre á vida. Bien pudieran los santos soldados resistir y pelear y vencer sus vidas; mas armados de fé y espíritu del cielo, no quisieron tomar las armas, sino vencer con una nueva manera de victoria, sin pelear, y alcanzar la corona gloriosa del martirio, no meneando las manos, sino ofreciendo sus vidas al cuchillo: y así, animados siempre de su capitán Mauricio, sin alzar la espada para defenderse, puestos de rodillas y levantadas las manos y los corazones al cielo, recibieron todos la muerte, y se ofrecieron en sacrificio á Jesucristo. Quedaron muchos de los soldados del ejército desnudando á los santos mártires, para aprovecharse de sus vestidos y armas, y después se pusieron á comer muy contentos, por aquella hazaña que habían hecho. Llegó allí un soldado cristiano, llamado Víctor, no de los tebeos, sino de otra nación: el cual, viendo tantos cuerpos muertos por aquel campo, y no sabiendo la causa, y porque los que allí estaban, tenían tanto contento y alegría; le preguntó. Cuando supo Víctor lo que había pasado, dijo con una voz lastimera y triste: ¡O miserable de mí! ¡y por qué no me hallé yo en compañía de estos santos soldados, para morir con ellos!
Retablo que representa el martirio de la 
Legión Tebana (s.XIV) Crozon, Bretagne
De estas palabras los otros soldados entendieron que Víctor era cristiano: levántanse contra él: échanle mano, y hácenle pedazos; y así mereció el premio que los santos soldados tebeos merecieron: cuyo martirio fué á los 22 de setiembre, por los años del Señor de 297. Los cuerpos de estos gloriosos mártires fueron echados por los naturales de aquella provincia en diversas hoyas y cavas, que para esto hicieron: allí estuvieron, hasta que andando el tiempo el Señor los descubrió á un santo obispo, llamado Teodoro, el cual les edificó una iglesia, y después sus santas reliquias se repartieron en varias provincias y tierras para remedio y consuelo de los fieles, obrando nuestro Señor por ellos, muchos y muy grandes milagros. San Martín, obispo de Tours, fué á visitar aquella iglesia, y de ella llevó una redoma de la sangre de los mártires, la cual tuvo como un preciosísimo tesoro, y la trajo siempre consigo. Solía la Iglesia romana en las batallas contra los enemigos de la fé invocar siempre el favor de Dios por intercesión de san Mauricio, de san Sebastián y san Jorge, como se saca del Orden romano. De san Mauricio y de sus santos compañeros, á más de san Euquerio, escriben los Martirologios, romano, el de Beda, Usuardo y Adon: el cual dice que la causa porque Maximiano los hizo matar, fué, porque no quisieron ser verdugos suyos, y perseguir y matar á los otros cristianos.
 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc


http://diogeneschilds.files.wordpress.com/2012/09/05_inicio-de-la-passion-de1.jpg
Passio Acaunensiummartyrum escrito 
por el obispo Euquerio de Lión
"Somos vuestros soldados, señor, pero ante todo somos servidores del verdadero Dios. Os debemos la obediencia en las obligaciones militares, mas no podemos renunciar a Aquél que es nuestro Creador y nuestro Amo y que es también el vuestro, aunque vos lo rechacéis. En todas las cosas que no sean contrarias a Su ley, os obedeceremos con nuestra mejor voluntad como lo hemos hecho hasta ahora. Siempre hemos hecho frente a vuestro enemigo, cualquiera que fuese, pero no podemos manchar nuestras manos con la sangre de gentes inocentes. Nos hemos comprometido con un juramento a Dios antes de haber jurado serviros en el ejército, y ni vos mismo podríais confiar en nuestro segundo juramento, si no somos capaces de cumplir fielmente con el primero. Nos ordenáis castigar a los cristianos, pero no miráis que nosotros mismos somos cristianos. Confesamos a Dios Padre, autor de todas las cosas y a su Hijo Jesucristo. Hemos visto cómo mataban a nuestros compañeros, sin lamentarnos por su muerte y, antes bien, nos regocijamos por el honor que les cupo en suerte. No penséis, señor, que vuestra provocación nos incita a la rebeldía. Tenemos armas en las manos, pero no por eso nos resistimos a obedeceros, sino por la razón de que preferimos morir inocentes a vivir en pecado"

lunes, 21 de septiembre de 2026

S A N T O R A L

SAN MATEO, APÓSTOL Y EVANGELISTA

VOCACIÓN DE SAN MATEO - CARAVAGGIO
El glorioso apóstol y evangelista san Mateo, que por otro nombre se llamó Leví, fué galileo, de la ciudad de Caná, en donde Jesucristo nuestro Salvador hizo el primer milagro, y convirtió el agua en vino. Era publicano, y arrendador de las rentas imperiales, que se cogían de los tributos y exacciones que pagaban los judíos á los emperadores, que era oficio odioso entre ellos, y muy aborrecible: porque como aquel pueblo se tenía por el pueblo escogido de Dios, parecíale que había de ser exento y libre de los tributos y cargos que otros tenían; y por esto, y por los agravios que comúnmente los ministros reales suelen hacer en el cobrar, aborrecían á los cobradores, que eran los publícanos, y teníanlos como por paganos excomulgados, y públicos pecadores. De estos era san Mateo, y como afirma Simeón Metafraste, era cabeza, y el más principal de los publícanos, que residían en Cafarnaúm.
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VOCACIÓN DE SAN MATEO - PAREJA 1661
Estando, pues, un día Leví, ó Mateo, sentado cerca del mar, en la casa ó aduana donde se pagaban los tributos, haciendo su oficio, pasó el Señor y puso en él los ojos de su clemencia, y alumbrándole y llamándole interiormente, con la voz exterior le dijo: Sígueme; y luego oyendo esta palabra san Mateo se levantó, y, dejando el trato, riquezas, casa y familia, siguió al Señor y comenzó, de un publicano pecador, á ser discípulo suyo. Mostró con este hecho el Señor las entrañas de su piedad y misericordia, llamando á un publicano, para hacerlo apóstol suyo; y diónos gran confianza que no desechará á cualquier pecador, por malo que haya sido, y viniere á él: y que cuando no viniere, y le cerrase la puerta, llamará á ella, y si le abriere, entrará en su corazón, y le perdonará sus pecados: y juntamente nos propone el sagrado Evangelio la presteza con que debemos obedecer á la voz de Dios, y dar de mano á todas las cosas de la tierra, por seguirle cuando él nos llama, como hizo San Mateo: el cual, alumbrado con la luz del cielo, y movido con la fuerza de aquella palabra poderosa del Señor, y de la majestad de su divinal rostro, que solo bastaba (como dice San Gerónimo) á trocar, y atraer á sí los corazones, de repente dio libelo de repudio á todos los gustos y vanidades del siglo, por ser verdadero discípulo del Señor: y el que antes tomaba la hacienda ajena, ahora deja la suya; y estando ya encendido en el amor de Dios, y deseoso que otros le conozcan, y se conviertan á él, hace un convite en su casa al mismo Señor, y á otros publícanos, y pecadores, para que con esta ocasión, atraídos de su dulzura y conversación, le sirvan y amen. Esto es lo que hallamos en el sagrado Evangelio de San Mateo, y también un ejemplo de su profunda humildad, con la cual, contando á los doce apóstoles que escogió el Señor, y nombrándose entre ellos, dice: «Bartolomé, Tomás, y Mateo, publicano»; confesando lo que había sido, para alabar y magnificar más la gracia del Señor, que le había llamado, y de publicano héchole discípulo suyo, y predicador del mundo. Después dé la subida al cielo del Salvador, y venida del Espíritu Santo sobre aquel colegio apostólico y bienaventurada compañía, comenzó San Mateo á sembrar la doctrina del cielo con los otros apóstoles por las provincias de Judea, y á coger grandes mieses en las trojes del Señor. Y habiéndose de dividir los apóstoles por todo el mundo, y repartir entre sí las provincias, en que cada uno había de predicar; á San Mateo le cupo la provincia de Etiopia, bien apartada y dificultosa: aunque para el grande y fervoroso espíritu que él tenía, cualquier trabajó le parecía descanso, la pena regalo, y fácil lo dificultoso. https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg2v_uUY9Jtxqdh0hQWPIProIZ3Ndz152xhZ8tnAnn13uyK0uxp-kTOG1MQaXCmO91-wbOEyaiUnWK0aibZNv4Gu3eFw_U3XoaAJDYqwYGxB8xfI0G4w_TZM7t0KBfXzsbS8sHWRV0rpp-N/s1600/san+mateo+s.jpgHabía escrito antes de este apartamiento y división de las provincias, su sagrado Evangelio, á los ocho años, como algunos autores dicen, después de la ascensión del Señor, siendo el primero de todos los evangelistas que por instinto del cielo escribió el evangelio: y escribióle en lengua hebrea, ó siríaca, que era la común y vulgar que comúnmente usaban entonces los hebreos, para enseñar y confirmar más á los muchos que de aquel pueblo habían creído y recibido la fé del Señor: y este evangelio, por revelación del mismo santo apóstol y evangelista, se halló después en la isla de Chipre, con el cuerpo de San Bernabé, apóstol, en tiempo del emperador Zenón, y por él hizo Dios muchos y grandes milagros. No se sabe quién tradujo el evangelio de San Mateo de hebreo en griego, como dice San Gerónimo, que afirma que fué en su tiempo: el mismo evangelio en hebreo se hallaba en la librería de Cesarea, que Panfilo, mártir, con grande estudio y cuidado había allegado, y que los nazarenos, que usaban de él, se le habían prestado para trasladarle.
Escultura de madera policromada representando al apóstol San Mateo de pie, apoyándose para escribir su evangelio en la rodilla izquierda, que mantiene algo levantada. A su derecha un ángel le ofrece un tinteroEntró el santo apóstol en Etiopia, para predicar el Evangelio; y sin duda padeció muchos trabajos: obró grandes milagros: convirtió gran número de almas; y alumbró con la luz del cielo toda aquella provincia con su vida y doctrina. Clemente Alejandrino dice, «que comía yerbas y legumbres, y no comía carne». Las cosas particulares, que le sucedieron, que sean ciertas y averiguadas, no las sabemos: algunas refiere Niceforo Calixto en su historia, que por no ser aprobadas de otros graves autores, no parece que tienen fundamento. Abdías Babilonio, san Antonino, el obispo Equilino, Joaquín Perionio, y otros modernos autores, en la Vida de san Mateo, refieren lo que yo en suma aquí diré.
Después de haber predicado San Mateo á los hebreos, y egipcios, pasó á predicar á Etiopia: y entrando en la ciudad, que se decía Nadaber, donde vivía aquel eunuco de la reina Candace, que bautizó San Felipe, diácono, de quien se hace mención en los Actos de los apóstoles, fué de él hospedado en su casa, y halló allí dos magos y hechiceros, llamados Zaroes y Arfajad, los cuales con sus malas artes hacían mucho daño al pueblo, privando á muchos del uso de sus miembros con varias y diferentes enfermedades. Opúsose el santo apóstol a los dos magos, y comenzó á desengañar y á consolar á la gente que estaba de ellos muy amedrentada. Los magos por arte del demonio trajeron dos dragones terribles, para que les hiciesen daño: hizo el sagrado apóstol la señal de la cruz; y luego, dejada aquella fiereza, volvieron como ovejas mansas al desierto. Con este milagro el pueblo quedó maravillado: comenzó á perder el miedo á los magos, y á dar crédito á las palabras del santo apóstol: y confirmáronse más, cuando vieron que San Mateo había resucitado al hijo del rey, que se llamaba Egipo, y que los dos magos no le habían podido resucitar. Convirtiéronse el rey, y la reina, y sus hijos, á la fé del Señor, y gran parte del pueblo, siguiendo su ejemplo, se bautizó: y una hija del rey, llamada Ifigenia, que era hermosísima, y de mucha prudencia, oyendo alabar al santo apóstol el estado virginal, se determinó, con su parecer, á consagrarse á Dios, y se encerró en un monasterio con otras doscientas doncellas, que la quisieron hacer compañía. Estuvo San Mateo veinte y tres años en Etiopia, ganando almas para Dios, edificando templos, ordenando sacerdotes, consagrando obispos, con grande acrecentamiento de nuestra sagrada religión. Murió en este tiempo el rey Egipo: apoderóse del reino un hermano suyo, llamado Hirtaco: quiso casarse con Ifigenia, así por su grande hermosura, como para asegurarse más en el reino: tomó por medio á San Mateo, para que se lo persuadiese; pero el santo apóstol en un sermón, que hizo teniendo presente á Ifigenia con sus religiosas, y estando también allí el rey con los principales de su corte, después de haber tratado como Dios había instituido el matrimonio, y cuan necesario era para la conservación del universo; añadió, cuánto más excelente era el estado de las vírgenes, y la pena que merece el criado que se atreve á quitar su mujer al rey; y que siendo Ifigenia esposa de Jesucristo, el que se la pretendiese quitar, caería en su indignación. El rey Hirtaco se enojó sobre manera, oyendo estas razones, y se fué de la iglesia, amenazando al santo apóstol: el cual se fué á decir Misa, y acabando de decirla, fué alanceado por los ministros de Hirtaco, dejando el altar rociado con su sangre, y delante de él su cuerpo muerto. Procuró después Hirtaco persuadir á Ifigenia, que quisiese ser su mujer: y no pudiendo apartarla de su santo propósito, mandó poner fuego al monasterio; mas vióse el mismo San Mateo por el aire que le apagaba. Hirió Dios al sacrílego Hirtaco con una enfermedad de lepra tan penosa, que el mismo con sus manos se mató. Esto es lo que estos autores escriben, referido aquí brevemente. De haber resucitado San Mateo al hijo del rey, san Isidoro hace mención en su breviario. Lo de Ifigenia debe ser cosa sin duda; porque el Martirologio romano, en este mismo día de los 21 de setiembre, hace mención de Santa Ifigenia, virgen, y dice que fué bautizada y consagrada á Dios por San Mateo: y de aquí sacan algunos, que el velar y consagrar á las vírgenes, tuvo principio de San Mateo, y que es ordinación apostólica; é Hipólito llama á este santo apóstol víctima y sacrificio de la virginidad; porque fué martirizado por amparar y defender la virginidad que Ifigenia había prometido y ofrecido á Dios. En las Constituciones de San Clemente, papa, se escribe que San Mateo fué el instituidor del agua bendita, y se pone la oración con que el santo apóstol mandó que se bendijese; aunque San Alejandro, papa y mártir, hizo un decreto del agua bendita, y ordenó que lo que habían mandado los apóstoles, se guardase, como lo dijimos en su vida.
MARTIRIO DE SAN MATEO - CARAVAGGIO
También ordenó San Mateo, que los fieles ofreciesen al Señor las primicias y décimas para sustento de los ministros de la Iglesia, y de los pobres, como lo refiere el mismo San Clemente en el octavo libro de sus Constituciones apostólicas, capítulo 35, que tradujo de griego en latino, y declaró el padre doctor Francisco Turriano, varón doctísimo de la Compañía de Jesús. El cuerpo de este sagrado apóstol fué tenido muchos años en gran veneración y estima en la ciudad de Nadaber, en que murió: después fué trasladado á la ciudad de Salerno, en el reino de Nápoles; y de esta translación hace mención el Martirologio romano á los 6 de mayo, aunque no se sabe el tiempo en que se hizo: pero de una epístola de Gregorio VII, papa, escrita el año del Señor de 1080 á Alfano, obispo de Salerno, se saca que en su tiempo se halló el sagrado cuerpo del apóstol en aquella ciudad. El Martirologio romano dice, que se le edificó un suntuoso templo, el cual escribe León Ostiense, haber mandado hacer el príncipe de Salerno Roberto, y hoy día está allí su cuerpo reverenciado de los cristianos con gran devoción, como se debe á tan grande apóstol, y evangelista, y mártir del Señor. La muerte de San Mateo fué á los 21 de setiembre, el año del Señor de 90, imperando Domiciano. De San Mateo escribe Eusebio, lib.III, Historiæ:, cap. 1; Sócrates, lib.I, cap. 78; Doroteo in Synopsi; Isidoro, lib. De vita, et obitu sanclorum, cap. 78; é Hipólito, lib. De duodecim apostolis; Metafraste; Pedro Damiano en su sermón de San Mateo; y los autores que escriben sobre los evangelios; y todos los Martirologios.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.

domingo, 20 de septiembre de 2026

S A N T O R A L

 SAN EUSTAQUIO, MÁRTIR

La vida y martirio de san Eustaquio y de Teopista, su mujer, y de Agapilo y Teopislo, sus dos hijos, escribe Melafraste de esta manera. 
Fué san Eustaquio caballero y valeroso soldado, y siendo gentil se llamaba Plácido, ó como otros dicen Plácidas; y al cardenal Baronio le parece probable, que haya sido aquel Plácido, de quien hace mención Josefo "De bello judaico": el cual fué capitán de caballos y sirvió valerosamente á Vespasiano y Tilo, en la guerra que hicieron contra los judíos: en la cual también sirvió Trajano, que después fué emperador. Tenía mujer é hijos Plácido: y aunque era soldado y gentil, era hombre de buenos respetos y moralmente virtuoso, modesto, benigno y amigo de hacer bien. Deleitábase en la caza, tomándola por una manera de ejercicio para la guerra. Yendo un día á caza, y estando apartado de sus criados y cazadores, vio un ciervo de extraña grandeza, y siguiéndole desapoderadamente, con deseo de cogerle, quedó cogido y alumbrado del Señor; porque parándose el ciervo, vio entre los cuernos un crucifijo de inmensa claridad, y oyó una voz que le dijo: Plácido, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesucristo que morí por tu amor; y ahora te deseo salvar. Bajó luego del caballo Plácido: arrojóse en el suelo; y con la novedad sobresaltado y despavorido, estuvo como atónito, hasta que volviendo en sí, tomó ánimo, y como otro Saulo preguntó al Señor, qué mandaba que hiciese. 
Y el Señor le mandó que entrase en la ciudad, y fuese al sacerdote de los cristianos, y se bautizase con su mujer y con sus hijos, y después volviese á aquel mismo lugar; porque allí le tornaría otra vez á aparecer, y le diría lo que quería que para adelante hiciese. Hizo Plácido luego con grande cuidado y alegría lo que Dios le mandaba. Bautizóse, y tomó en el bautismo nombre de Eustaquio: y su mujer, que antes se llamaba Trajana, se llamó Teopista: y sus dos hijos, el mayor Agapito, y el segundo Teopisto. Hecho esto, volvió Eustaquio al puesto en que le había aparecido el Señor, para entender de él lo que mandaba que hiciese. Estando en oración, y suplicando con grande afecto al Señor que se le mostrase, y que cumpliese su promesa, le apareció el Salvador: y alabándole de lo que ya había hecho, le avisó que el demonio le había de tentar y probar como á otro Job, para que su virtud fuese mas afinada y conocida; pero que tuviese fuerte, porque él le ayudaría, y después de haberle probado, le haría glorioso en la tierra y en el cielo. Con esto desapareció aquella visión, y Eustaquio se volvió á su casa con grande ánimo y gozo, armándose y apercibiéndose contra las batallas de Satanás, y confiando en Dios que le daría victoria de ellas, como se lo había prometido. Y porque Teopista era mujer cuerda y temerosa de Dios, Eustaquio le dio parte de lo que se le había revelado, para prevenirla y disponerla para los trabajos que le habían de venir.
De allí á pocos días entró la pestilencia en casa de Eustaquio, y mató á todos sus criados y criadas. Dio otra enfermedad á todo su ganado mayor y menor, que de ella pereció; y en breve tiempo se halló pobre y desnudo de las grandes riquezas que antes poseía, y comenzó á ser menospreciado en aquella adversidad de los mismos, que en su prosperidad poco antes le acompañaban y servían. Parecióle dejar su patria, é irse á vivir á alguna parle remota y escondida: y tomando á su mujer y á sus dos hijos (que eran de poca edad), y algunas pocas cosillas que le habían quedado, se partió de noche camino de Egipto, donde pensaba vivir. Siguiendo su camino, llegó á un puerto, y halló en él un navío aprestado: entró en él; y el patrón de él puso los ojos en Teopista (que era hermosísima), y preso y cautivo de su amor, se determinó á quitarla á su marido, y pudo tanto, que lo hizo, sin ser parte él para librarla, ni sacarla de sus manos: aunque el Señor la libró, sin saberlo Eustaquio; porque, queriendo hacerle fuerza el patrón de la nave, Dios le quito la vida, y la guardó á ella entera con su muerte, y le dio el fin que adelante se verá. Salió del barco con sus dos hijos triste y lloroso Eustaquio, por haberle quitado la mujer con tanta violencia; mas acordándose de las palabras que el Señor le había dicho, y pidiéndole sufrimiento y perseverancia en su amor, siguió su camino con sus dos hijos. Llegó á un rio, que por su gran corriente no se podía fácilmente vadear: y como Eustaquio era hombre de grande ánimo, y muchas fuerzas, dejando al uno de sus hijos á la orilla del rio, tomó el otro sobre sus hombros, y pasóle á la otra parte, y púsolé allí para volver con el segundo hijo. Ya que se llegaba á él, vio que un bravo león le arrebataba y llevaba asido. Atravesó este caso el corazón del amoroso padre con un cuchillo de dolor; porque no podía socorrer á su hijo, ni librarle de las garras del león: y encomendándose á Dios, determinó volver al otro hijo, que había dejado de la otra parte del rio, y yendo por él, vio que un lobo se le llevaba, sin poderle el triste padre socorrer ni remediar. ¿Quién no se maravilla de los juicios de Dios? ¿Quién no se espantará de los caminos que toma, para probar, coronar y glorificará sus escogidos? Habiendo Eustaquio perdido los criados, la hacienda y la honra, perdió juntamente la mujer y los hijos; pero no perdió la fortaleza y constancia, porque estaba fundado en Dios, y confiaba en sus promesas y palabras. Vio Eustaquio su pobreza, y que tenía necesidad de trabajar por sus manos, si quería comer: y, llegado á un pueblo que se llamaba Badilo, asentó con un labrador rico, para cultivar la tierra, y trabajar en el campo; y así lo hizo por espacio de quince años, con gran paciencia y longanimidad, aguardando el tiempo del consuelo, y de la benignidad del Señor: la cual, aunque algunas veces nos parece que tarda, al fin nunca desampara á sus siervos, y el dilatarlas consolaciones, es para doblarlas, y acrecentar más la corona; como acaeció á Eustaquio, de la manera que aquí diré.

Sucedió al emperador Trajano una guerra muy peligrosa: y como había sido compañero de Plácido en la guerra de Vespasiano y Tito contra los judíos (como dijimos), y conocía su gran valor y experiencia en las cosas de la guerra, determinó nombrarle por capitán general de su ejército, y encomendarle aquella empresa tan dificultosa. Mas habiendo entendido que Eustaquio, por los infortunios que le habían venido, se había ausentado con su mujer é hijos, y no parecía; envió criados y mensajeros suyos por todas partes, para buscarle, por el deseo grande que tenía de hallarle, y encargarle aquella jornada. Los mensajeros del emperador, después de haberle buscado en muchas partes con gran curiosidad y diligencia, al fin le hallaron; pero tan trocado, y en hábito tan diferente, que aunque él los conoció, no le conocieron, hasta que después por ciertas señas entendieron que era el que buscaban; y con increíble gozo le dieron el recado del emperador: y desnudándole de los pobres y rústicos vestidos, le vistieron de las ropas que traían. Eustaquio se dejó vestir; porque entendió que aquel era negocio de Dios, que se quería servir de él en aquella jornada, y comenzaba á cumplir sus promesas, y á darle serenidad y algún alivio después de tan cruel y horrible tormenta. Hízole Trajano su capitán general, y dióle las insignias acostumbradas: comunicóle todo lo que pertenecía á aquella jornada, confiando mucho que tendría buen suceso por su gran valor y virtud. Mandó Eustaquio hacer gente de nuevo; porque la que tenía, no le pareció bastante. La guerra tuvo el fin que se podía desear, quedando los enemigos desbaratados, destrozados y vencidos, y sus tierras destruidas y quemadas; y el ejército de Eustaquio volvió victorioso, y cargado de despojos. Pero para que se entienda mejor la providencia paternal que Dios tiene de los suyos, y que no hay cosa que resista á su voluntad; sucedió una cosa maravillosa, y digna de considerarse con mucha atención y ponderación.
Altar de San Eustaquio, 
Sanlúcar Mayor-Sevilla
Paró Eustaquio con el ejército en una aldea, y entretúvose en ella tres días, para descansarle y recrearle. Comenzaron algunos soldados (como suelen, cuando no tienen qué hacer) á razonar entre sí, y pasar tiempo, contando sus varios casos y acaecimientos. Uno dijo á los otros, que él había tenido un padre capitán, rico y noble, y una madre de extremada hermosura, y un hermano menor de muy gracioso aspecto, y que habiendo salido de su casa por cierta ocasión, que él no sabía, yendo camino con ellos, entraron en una nave, de la cual había salido su padre muy lloroso y triste, sin haber visto más á su madre; y que al pasar un rio caudaloso, su padre había tomado al otro hermano menor en los hombros, y dejádole á él de esta otra parte del rio para pasarle después; y que estando el hermano á la una parte del rio, y el otro á la otra, a él le había arrebatado un león, y á su hermano un lobo al mismo tiempo; más que por la providencia del cielo el león á él no le había hecho daño, porque allí cerca estaban unos pastores, que, viéndole, acudieron á él, y se le quitaron de las uñas, y compadeciéndose de él, le habían criado, y hecho hombre: aunque estaba con gran cuidado; porque no sabía nada de aquel otro hermano suyo, ni de su padre, ni de su madre. Estaba presente á este razonamiento el otro hermano menor, que también era soldado: y después que por las señas entendió que aquel era su hermano, no se pudo tener que, lleno de increíble gozo y admiración, y derramando muchas lágrimas de alegría, no corriese á él, y le abrazase, y le dijese: Hermano mío dulcísimo, yo soy vuestro hermano, que, como á vos os libraron los pastores del león, á mí unos labradores me libraron del lobo, y también me criaron y sustentaron. Y para mayor y más extraña maravilla, ordenó la divina Providencia, que en aquella misma aldea, donde esto pasó, estuviese Teopista, madre de los dos mozos, sirviendo en traje pobre y humilde, y morase allí cerca, donde sus dos hijos (de la manera que habernos referido) se habían conocido: y entendiendo que aquellos dos eran sus hijos, revivió, como si resucitara de muerte á vida, y los abrazó, y se les dio á conocer, y ellos la tuvieron por madre, la cual, deseando volver á su patria con sus dos hijos, se fué al capitán general Eustaquio, y le dijo quién era, y le suplicó que le mandase dar alguna comodidad, para volver segura y quieta á su tierra con el ejército. Al tiempo que le hablaba, por dispensación del Señor, resplandeció el rostro de Eustaquio, de manera, que ella conoció que era su marido. Finalmente, por las cosas particulares y domésticas, que ella le contó de su vida pasada, se vinieron á conocer, y alabar, y ensalzar infinitamente al Señor, que los había guardado de tantos peligros, y librado á ella de la deshonestidad y violencia del patrón de la nave, y á sus hijos de las fieras, y á él de tanta miseria y calamidad, y que por un camino tan maravilloso se hubiesen tornado á juntar para gloria de su santo nombre. De aquí partió Eustaquio victorioso con su ejército: entró en Roma, donde ya era muerto el emperador Trajano, é imperaba Adriano, su sucesor: el cual, aunque honró mucho á Eustaquio, y le agradeció el trabajo que había tomado en aquella guerra, y le hizo muchas mercedes; pero queriendo agradecer á sus falsos dioses la victoria, y viendo que Eustaquio no quería entrar en los templos para hacerles sacrificio, y que en efecto era cristiano; privándole de la dignidad que tenía, le mandó prender á él y á su mujer é hijos, y echarlos á los leones: los cuales se postraron á sus pies, lamiéndolos mansamente, y haciéndoles reverencia.Eustaquio
Mas el emperador Adriano no se amansó, antes se embraveció más, y mandó hacer un buey grande de metal, y encenderle, y echar á los santos mártires en él, para que así fuesen asados, quemados, y hechos ceniza. Los bienaventurados mártires, armados de la señal de la cruz, de fé, y de constancia, haciendo gracias al Señor por las mercedes que hasta aquel punto les había hecho, humildemente le suplicaron que los recibiese en sacrificio, como había recibido la sangre del primer mártir San Esteban, y de los otros mártires, y que concediese todo lo que para bien de sus almas pidiesen los que se encomendasen en sus oraciones: y oyeron una voz del cielo que les dijo, que Dios había oído su petición, y que tuviesen por cierta la corona. Entraron con grande alegría en el buey de metal, hecho un fuego, y estuvieron allí tres días encerrados: y abriéndole después, hallaron los cuerpos muertos, pero resplandecientes, y tan enteros, y sin lesión, como si estuvieran vivos, porque no les faltaba un pelo de su cabeza; y con este milagro muchos de los gentiles se convirtieron, y otros quedaron atónitos y confusos. Fué el martirio de san Eustaquio á los 20 de septiembre, el primer año del imperio de Adriano, y el de 120 del Señor. Escribió la vida de San Eusiaquio Melafrasto (como dijimos), y hacen mención de él los Martirologios, romano, de Beda, Usuardo, y Adon. Niceforo le llama otro Job. por su gran paciencia, y san Juan Damasceno cita los actos de su vida. Y en Roma hay una ilustre y antigua iglesia de San Eustaquio, donde se suelen hacer limosnas á los pobres; y en un ritual antiguo se halla una oración, en la cual se pide para el que hace la limosna, que sea particionero de la gloria del bienaventurado mártir Eustaquio; pues es imitador de sus ejemplos.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc.