miércoles, 6 de mayo de 2026

S A N T O R A L




SAN JUAN ANTE LA PUERTA LATINA

Imagen de Santa María Salomé, destruida durante la Guerra Civil
Juan, el discípulo amado que vimos cerca de la cuna del niño de Belén, reaparece hoy para hacer la corte al glorioso triunfador de la muerte y del infierno.

LA PETICIÓN DE SALOMÉ

Salomé con ambición maternal presentó un día sus dos hijos a Jesús, pidiendo para ellos los dos primeros puestos de su reino. El Salvador había hablado entonces del cáliz que debía beber, y predijo que un día estos dos discípulos lo beberían a su hora. El primogénito, Santiago el Mayor, dió el primero a su Maestro esta muestra de amor, Juan, el más joven, ha sido llamado hoy a sellar con su vida el testimonio que dió a la divinidad de Jesús. Pero era necesario para el martirio de tal Apóstol, un teatro digno de él. Asia Menor evangelizada por sus cuidados no era un país muy ilustre para recibir la gloria de tal combate. Roma solamente, Roma, donde Pedro trasladó su cátedra y derramó su sangre, donde Pablo sometió su cabeza venerable a la espada, merecía el honor de ver dentro de sus muros al augusto anciano, al discípulo que Jesús amó, al último superviviente del colegio apostólico, dirigirse al martirio. 


EL CÁLIZ

Domiciano reinaba tiránicamente en Roma y en el mundo. Sea que Juan emprendiese libremente el camino a la ciudad reina para saludar a la Iglesia principal, sea que un edicto le condujese cargado de cadenas a la capital del Imperio, Juan compareció en presencia de los lictores de la justicia romana, en el año 95. Se le acusó de haber propagado en una extensa provincia del Imperio, el culto de un judío crucificado bajo Poncio Pilato. Debe morir; y la sentencia dice que un suplicio humillante y cruel librará a Asia de un viejo supersticioso y rebelde. Si pudo escaparse de Nerón, por lo menos no huirá de la venganza del César Domiciano.
Delante de la Puerta Latina se ha preparado una caldera llena de aceite hirviendo. La sentencia manda se introduzca en ella al predicador de Cristo. Ha llegado el momento en que el hijo de Salomé va a participar del cáliz de su Maestro
..


El corazón de Juan se estremece de alegría al pensar que él, el más amado y sin embargo el único que no ha sufrido la muerte por su divino Maestro, es llamado por fin a dar este testimonio de su amor. Después de haberle azotado cruelmente, los verdugos se apoderan del anciano y le arrojan bárbaramente en la caldera; pero ¡oh prodigio! el aceite hirviente ha perdido su ardor; los miembros del Apóstol no sufren lesión alguna; antes bien, al sacarle de la caldera impotente, ha recobrado todo el vigor que le habían quitado los años; se ha vencido la crueldad del Pretorio y Juan, mártir de deseo, es conservado para la Iglesia algunos años más. Un decreto imperial le destierra a la isla de Patmos, donde el cielo le manifiesta los futuros destinos del cristianismo hasta el fin de los siglos. La Iglesia romana conserva entre sus más gloriosos recuerdos el sitio y martirio de Juan; ha señalado con una Basílica el lugar aproximado donde el Apóstol dió testimonio de la fe cristiana. Esta Basílica está cerca de la Puerta Latina y está honrada con un título cardenalicio. 

ELOGIO

¡Con qué gozo te vemos reaparecer, discípulo del Señor resucitado! Antes te vimos cerca del pesebre donde dormía tranquilamente el Salvador prometido. Entonces celebramos todos tus títulos de gloria: Apóstol, Evangelista, Profeta, Virgen, Doctor de Caridad, y por encima de todos, Discípulo predilecto de Jesús. Hoy te saludamos como a mártir. Porque si el ardor de tu amor ha vencido al del tormento que se te había preparado, con todo eso no aceptaste con menos energía el cáliz que Jesús te anunció cuando eras joven..

En estos días del tiempo Pascual te vemos constantemente con Jesús, halagándote con sus últimas caricias. ¿Quién se extrañará de su predilección para contigo? ¿No fuiste tú el único de los discípulos que te encontraste al pie de la cruz? ¿No fué a ti a quien confió su Madre para que desde entonces fuese tuya? ¿No estuviste presente cuando atravesaron su corazón con una lanza? Cuando te encaminaste al sepulcro con Pedro, en la mañana de Pascua, ¿no fuiste el primero que con tu fe rendiste homenaje a la resurrección de tu Maestro sin verle aún? Goza con tu Maestro inefable las delicias que nos prodiga; pero ruégale por nosotros, ¡glorioso Apóstol! Debemos amarle por todos los bienes que nos ha dado, y reconocemos con dolor que somos tibios en su amor. Nos has dado a conocer a Jesús Niño, nos has descrito a Jesús crucificado, muéstranos a Jesús resucitado; únenos a Él en estos últimos momentos de su estancia en la tierra; y cuando suba al cielo, fortifica nuestro corazón para serle fiel, para que a tu ejemplo, estemos preparados para beber el cáliz de las pruebas que nos tiene preparado.
 

PLEGARIA

Roma fué el teatro de tu gloriosa confesión, ¡oh Santo Apóstol! Ámala siempre; y en sus tribulaciones únete a Pedro y a Pablo para protegerla. El Oriente te poseyó durante tu vida; pero el Occidente tiene el honor de contarte entre sus primeros mártires. Bendice núestras iglesias, sostén nuestra fe, fortifica la caridad y líbranos de esos anticristos que señalabas a los fieles de tu época y que tanto daño causan entre nosotros. Hijo adoptivo de María, al contemplar a tu Madre en su gloria, preséntale nuestras oraciones que le ofrecemos en este mes, y obténnos de su bondad maternal las gracias que le pedimos.


fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer 
Tomo III pag. 795 y siguientes


martes, 5 de mayo de 2026

S A N T O R A L

SAN ÁNGEL DE SICILIA

Mártir Carmelita  (1145-1220)

Según la biografía atribuida al Beato Enoch nació en Jerusalén. Era judío, como sus padres  Jesé y María, descendientes de David,  su madre se convirtió al cristianismo lo mismo que su hermano gemelo Juan. Joven ya, decidió entrar en religión, pensando hacerlo con los monjes basilianos, pero habiendo sabido de la regla de San Alberto a los carmelitas, por la devoción a la Santísima Virgen María, entró en esta orden, en el convento de Santa Ana, en las afueras de Jerusalén.  Su hermano Juán se ordenó de presbítero, llegando a ser Patriarca de Jerusalén.
Perfecto religioso, abstinencia total, cuaresmas, penitencias y milagros de todo tipo. Tuvo una aparición de Nuestro Señor Jesucristo en la que le mostró todo el mal que le esperaba a la Tierra Santa con la invasión de los musulmanes: guerras, hambres y pestes, así como la pérdida de la paz. Le conminó a ir a occidente, a predicar la paz, la conversión y la misericordia de Dios. Para dar cumplimiento a esta visión, partió para Sicilia en 1219, llevando consigo algunas reliquias que le había entregado el patriarca de Alejandría, llamado Atanasio, para que las llevara hasta Italia; también llevaba la regla adoptada por san Brocardo para entregárselas al Papa. Al llegar a Sicilia su embarcación fue atacada por los sarracenos y tanto él como todos que llenaban la nave fueron bárbaramente torturados por los asaltantes, pero el Cielo vino en su ayuda y, después de una intervención milagrosa, salieron indemnes del suceso.

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Estaba Ángelo predicando un sermón en San Juan de Letrán, cuando supo por revelación que estaban allí los Santos Domingo y Francisco, que andaban en asuntos de sus órdenes. Ángelo no los conocía, pero al subir al púlpito dijo que, entre los que escuchaban “había dos nuevas y firmes columnas de la Iglesia”. Predicó tan bien, que ambos santos quisieron conocerlo y (dice la “vitae”) “como si siempre se hubieran conocido, se abrazaron”.
Mientras estaban conversando, se acercó un hombre enfermo que les pidió por su salud, gracia que le concedieron los tres simultáneamente.
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Domingo, Ángelo y Francisco
en Santa Sabina
Y ocurrieron varias profecías: Ángelo le dijo a Domingo “el Señor te ha escogido como acérrimo impugnador de las herejías y predicador contra los vicios”; y a Francisco: “y a ti, como principal imitador de Jesucristo, cuyas cinco llagas ha de imprimir en tu cuerpo por premio de tu humildad”. A esto, contestó Domingo: “Alégrate, Ángelo, a quien el Señor ha escogido por predicador de la Verdad contra los vicios y herejías; y por lustre de la Iglesia con tus virtudes”. Y dijo Francisco: “Con razón, Ángelo, te debes alegrar, porque en breve tiempo darás tu vida por la honra del Señor en el reino de Sicilia, y con tres coronas de virgen, doctor y mártir, subirás al cielo”. De allí se fueron a Santa Sabina, casa de los dominicos, donde estuvieron en oración los tres, toda la noche.
Constancia de este encuentro y presencia de Ángelo, daba una inscripción en la celda de Santo Domingo en Santa Sabina: “Memento posteritas & mémorare hunc quem prœteris angulum prœngustum; fat augusta is fuit sanctorum trium yirorum Curia: Dum anno salutis MCCXIX. Isthic divinis in colloquiis pernoctarunt, trium Ordinum primitiva lumina, militantis Ecclesia fida columina: Franciscus Seraphicus , Angelus Martir Carmelita & Dominicus cœlla huius inquilinus. Audi Roma, felicius hic supervolat Aventino tuo augurium ex tali Heroum trisigmate, quam qui olim Romulo tuo spectavi ibidem tres vulturum quaterniones”.
Después de predicar fructíferamente en San Juan de Letrán, Ángel fue enviado a Sicilia a predicar en contra de los "cátaros" que infestaban la isla. La herejía cátara se había extendido después del año 1000, de este a oeste, ellos concebían la antítesis primaria entre el Bien y el Mal (de donde procede el mundo), condenaban radicalmente todo lo que era carnal y terrenal: condenaban el matrimonio, negaban la resurrección de la carne, eran vegetarianos, se prohibían el ejercicio de la justicia y las armas, condenaban la propiedad privada.
Se hospedó con los monjes Basilios de Santa María de la Grotta de Palermo y allí predicó durante 40 días. Después se trasladó a Agrigento.
Por donde pasaba curaba a los enfermos y obraba toda clase de prodigios.
En Licata (Agrigento) se encontró con el escudero Berengario, que además de ser cátaro llevaba una vida incestuosa. Furioso Berengario, por odio a la fé y  por haber llevado al buen camino a su hermana atacó a
San Ángel, mientras predicaba en la iglesia de los Santos Felipe y Santiago, hiriéndolo de muerte con cinco golpes de espada. San Ángel fue llevado a una casa cercana por los fieles, en donde cuatro días más tarde, murió a causa de sus heridas, era un 5 de mayo del año de 1226, antes de morir pidió a los habitantes de Licata y los fieles que perdonaran al asesino.
Fue enterrado en la iglesia donde fue agredido, más tarde su tumba se convirtió en centro de peregrinación, su culto se extendió rápidamente.
La Orden de los Carmelitas lo venera como un santo por lo menos desde 1456 y el Papa Pío II (1405-1464), aprobó su veneración pública. Junto a San Alberto de Trápani son considerados los "padres" de la Orden por ser los dos primeros santos que recibieron culto en la Orden, y por esto fueron representados muchas veces en la iconografía medieval al lado de la Virgen María.
Sus restos fueron trasladados en 1662 a una nueva iglesia llamada Santa María del Carmen, erigido por los habitantes de Licata, que habían sido preservados de una plaga (durante el virreinato de Nápoles en 1656) por la intercesión del santo.
Se lo representa vistiendo el hábito carmelita, con una espada o puñal clavado en el pecho y una herida en el cráneo. Lleva una palma con tres coronas que simbolizan su pureza de vida, elocuencia y martirio. También lleva una cruz, un lirio y rosas.

Patrón de Licata (Sicilia)
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Procesión con las reliquias de San Ángelo. Licata


lunes, 4 de mayo de 2026

Santos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster, presbíteros y mártires

Santos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster, presbíteros y mártires

En Londres, en Inglaterra, santos Juan Houghton, Roberto Lawrence y Agustín Webster, presbíteros y mártires, priores respectivamente de las cartujas de Londres, Beauvalle y Axholme, y san Ricardo Reynolds, de la Orden de Santa Brígida, todos los cuales, durante el reinado de Enrique VIII, y después de haber profesado valerosamente la fe de los Padres, fueron arrastrados vivos hasta el lugar de su suplicio en Tyburn, donde perecieron ahorcados juntamente con el beato Juan Halle, presbítero, párroco de la cercana localidad de Isleworth.

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Santos Juan Houghton
y Roberto Lawrence
Juan Houghton nació en Essex. Prior de los cartujos de Londres y como tal fue el primero en oponerse al "Acta de Sucesión y de Supremacia" de Enrique VIII, dando un ejemplo de fidelidad a la iglesia católica, por esta fidelidad fue martirizado en Tyburn, Londres, junto a cuatro compañeros: Agustín Webster, Ricardo Reynolds, que era brigidiano, Roberto Lawrence y el sacerdote diocesano Juan Haile. Es el Protomatir de la Inglaterra reformada.
Los cartujos, fueron monjes muy queridos y no se dedicaron a ninguna actividad política; recibieron en la cartuja de Londres la visita de los funcionarios reales que, en base al decreto emanado, pedían a todos y mayormente, a los religiosos, la aprobación del divorcio del rey de Catalina de Aragón y la aceptación como soberana de Ana Bolena. El prior Juan Houghton y el procurador fueron encarcelados por objetar la legitimidad del repudio, pero un mes después, convencidos que el juramento no atañía a su fe, terminaron por jurar y por tanto fueron liberados. De regreso a la cartuja, convencieron a los monjes de su argumento y así en 1534 todos juraron delante de los funcionarios, que había regresado acompañados de soldados. 
Agustín Webster
La paz tan querida duró muy poco, pues hacial el final de 1534, un nuevo decreto promulgado del rey y del Parlamento ordenaba a todos los subditos a separarse de la autoridad del Papa, y reconocer al rey como jefe de la Iglesia Anglicana también en el campo espiritual, castigando a quienes no lo aprobaran como traidores de lesa majestad. Ante esta noticia el prior Juan Houghton reunió a todos los cartujos y unánimemente se declararon prontos a morir por la fidelidad a la Iglesia de Roma.
A la cartuja habían llegado Roberto Lawrence y Agustín Webster, priores de las cartujas de Bellavalle y Haxholmie, los cuales, conociendo el peligro que corrían los monjes, de común acuerdo visitaron al vicario del rey Tomás Cromwell para que convenciera al rey Enrique VIII para que les eximiera de este juramento que era contrario a su fe, pero éste indignado los arrestó y los encarceló en la Torre de Londres como rebeldes y traidores. Una semana después fueron procesados en Westminster, donde reiteraron su rechazo, fueron condenados a muerte y nuevamente encarcelados. Allí les acompañaron otros dos sacerdotes condenados por el mismo motivo: el brigidiano Ricardo Reynolds y Juan Haile, párroco de Isleworth.
San Ricardo Reynolds,
imagen venerada en Syon

Ricardo Reynolds nació en Devon en 1492. Estudió en el Christ's College de Cambridge; fue elegido miembro del colegio del Corpus Christi en 1510 y, en el 1513, se diplomó en Teología y fue nombrado predicador de la universidad. En el mismo año hace los votos como monje brigidiano en la abadía de Sión en Isleworth, un cenobio famoso por su santidad y por el clima intelectual que reinaba. El cardenal Pole testimoniaba que "no sólo era un hombre de vida santísima, sino que era el único monje inglés que conocía bien las tres lenguas fundamentales, esto es el latín, el griego y el hebreo”. El Registro de la biblioteca del monasterio de Sión, expone que había 94 volúmenes que le eran atribuidos y fue indudablemente una eminente personalidad del Londres de aquel tiempo.
En 1534, al separarse Enrique VIII de la Iglesia, algunos de los monjes de Syon se mostraron favorables a dicha separación, apoyando que el rey inglés fuera la cabeza visible de la Iglesia de Inglaterra. En otras abadías algunos priores obligaron a todos sus monjes y a los de otros monasterios a aceptar la idea de sumisión al rey. Otros, fieles a la Iglesia, se negaron a reconocer el nuevo título del rey, y entre ellos estuvo desde el principio Ricardo, que usó su palabra y pluma para defender la fe católica.
Gracias a ello, y las denuncias de sus mismos hermanos de monasterio, el rey fijó su especial atención en la abadía de Syon y en Ricardo, el monje subversivo. Ricardo organizó en Syon una reunión entre Santo Tomás Moro (22 de junio), principal oponente del rey en su asunción de la Suprema Gobernación de la Iglesia, y Elizabeth Barton, la "Santa Dama de Kent", una mística inglesa muy conocida por sus revelaciones y escritos, condenada de "conspirar" contra el rey (habría profetizado la separación de Enrique VIII de la Iglesia Romana). Poco antes Thomas Cromwell, ministro del Rey, había visitado Syon para obtener el juramento de aceptación de la Supremacía Real de los monjes (le interesaba mucho al rey esta abadía por su prestigio), pero un monje fiel a la verdad católica le cerró las puertas y no les dejó pasar. Cromwell dejó dos guardas a la puerta del complejo monástico, para convencer a los monjes y las monjas, especialmente a la abadesa (1). Pero nada lograron. Tuvo que enviar el obispo de Londres, adepto a la causa de Enrique VIII a dos clérigos para convencer a los monjes y monjas que abrieran la abadía por obediencia.
Los monjes más coherentes eran Ricardo y otros dos, apedillados Whitford y Little. Uno de los guardas de Cromwell chantajeó al primero, diciéndole que airearía sus confianzas con sus penitentes y sus escarceos (falsos, por supuesto) con varias damas, pero el monje no se arrendró. Entonces, sabiendo Cromwell que en confesión y dirección espiritual los monjes seguían indicando a los fieles y las monjas que permanecieran en la fe católica y no obedecieran la orden real, mandó tapiar la rejilla de confesionario. (2)
Ricardo y los cartujos
ante Cromwell
Luego incomunicaron a las monjas, ya que apartadas serían más fácil de convencer. Estando reunidas en el capítulo, con la presencia del obispo de Londres y sus clérigos, se les solicitó que salieran las que se oponían a la Supremacia del Rey, y se quedaran las que la aceptaban. Todas se quedaron sentadas, lo que significó su aceptación. Y es que las monjas habían sido engatusadas con la promesa de que si accedían, podrían continuar la vida monástica sin problemas. Sólo una monja, llamada Agnes Smythe, se resistió e intentó convencer a las monjas de no aceptar, impidiendo que los hombres de Cromwell tomaran el sello de la abadesa para para sellar la declaración de aceptación de la Supremacía Real sobre la Iglesia.
Finalmente, todos firmaron, salvo Ricardo Reynolds y los monjes anteriormente dichos, Whitford y Little, de los que no se sabe su paradero. Ricardo fue llevado a Tyburn Tree, en Londres. Allí fue encerrado con los cartujos San Juan Houghton, San Roberto Lawrence y San Agustín Webster (los tres, 4 de mayo y 16 de julio), priores de las cartujas de Londres, Beauvalle y Axholmey, respectivamente.
Por esta razón que durante mucho tiempo fue tenido como un cartujo más, hasta que las investigaciones profundizaron lo suficiente como para aclarar que era Brigidino (3). También estaba encerrado y fue mártir con ellos, el párroco de Isleworth, San Alejandro Hailes (4 de mayo). El 4 de mayo de 1535 fueron arrastrados por las calles de Londres, ahorcados y el cuerpo de San Ricardo despedazado y los trozos colgados por diversas partes de la ciudad, como escarmiento. 
El 28 de Abril durante el proceso, manifestó su oposición a una injusta ley contraria a su fe: "Porque quiero estar a bien con mi conciencia y la de aquellos que están aquí conmigo, yo declaro que nuestra fe tiene mayor peso y está sostenida por mayores testimonios que la vuestra, porque los pocos testimonios que habéis conseguido del Parlamento de un solo reino, yo tengo de mi parte a todo el mundo cristiano". Un testigo ocular le describe como "un hombre de semblante angélico, amado por todos, y lleno del Espíritu Santo".
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Los monasterios brigidinos eran mixtos y tanto monjes como monjas estaban sujetos a la Abadesa, que representaba a Cristo. Debían haber doce hermanos sacerdotes, como los apóstoles y 72 miembros más, entre monjas y monjes, como los discípulos. Está claro que esta numeración era simbólica y que no siempre se lograba, fuera por defecto o por exceso.  (2) El uso común en este tipo de abadías era que el confesionario fuera un agujero en la pared, con una rejilla, que comunicara dos ámbitos separados totalmente. De un lado los monjes, a otro las monjas, y otros agujeros hacia la iglesia, ámbito de los fieles externos.  (3) Curiosamente, las brigidinas Beatas Ana María Erraux y María Francisca La Croix (23 de octubre), mártires de la Revolución Francesa, en Valenciennes, fueron tenidas como monjas ursulinas, por este mismo motivo.
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Juan Haile

El beato Juan Haile fue beneficiado en Chelmsford (Essex) para pasar en 1521 en ser vicario de Isleworth (Middlesex). Era un anciano y venerable sacerdote al que sus feligreses estimaban por su bondad y su piedad, además se le estimaba mucho por su sólida cultura. 
El motivo de su arresto fue una carta suya en la que reprochaba la actitud escandalosa y cismática del rey. Junto a él fue arrestado un joven sacerdote, apellidado Feron, que sería amnistiado. 
En el juicio, en un primer momento, tuvieron un veredicto favorable pero en seguida se cambió por el de traidores, y fueron condenados a la horca. El 4 de Mayo de 1535 los tres cartujos, el padre Reynolds y el párroco de Isleworth, con sus hábitos religiosos fueron encadenados a sus esteras y trasladados por las calles empedradas y fangosas que llevaban de la Torre de Londres a Tyburn. Desde la ventana de su celda el canciller santo Tomás Moro pudo constatar junto a su hija, la felicidad que estos santos hombres se prestaban ser los primeros mártires de esta nueva persecución.

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 fuente: "Santi e Beati" y otros

domingo, 3 de mayo de 2026

SAN FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR, APOSTOLES

SAN FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR, APOSTOLES


La Inmaculada Concepción con San Felipe y Santiago el Menor, Oil by Juan De Valdés Leal (1622-1690, Spain)
Dos buenos testigos de la Resurrección de nuestro amado Salvador se presentan hoy a nuestra veneración: San Felipe y Santiago vienen a afirmarnos que su Maestro resucitó verdaderamente de entre los muertos, que le vieron, que le tocaron, que vivieron con él durante cuarenta días, y para que no dudemos de la sinceridad dé su testimonio, traen en las manos los instrumentos del martirio que padecieron, para atestiguar que Jesús, después de haber padecido la muerte, salió vivo del sepulcro.

SAN FELIPE

Según la tradición predicó a los escitas y se cree que murió en Hierápolis de Frigia. Documentos antiguos dan testimonio de que fué martirizado en tiempo de Domiciano o de Trajano.

SANTIAGO

Más conocido que San Felipe, Santiago fué llamado el "hermano del Señor" por el parentesco que unía a su madre con la de Jesús. Se propone de un modo especial a nuestra veneración en estos días de Pascua. Sabemos por el Apóstol San Pablo, que el Salvador resucitado favoreció a Santiago con una aparición particular. Tal distinción obedecía sin duda a una fidelidad especial de este discípulo para con su Maestro. Fué constituido primer Obispo de Jerusalén¹ y fué tan grande la fama de su santidad que en esa ciudad todos le llamaban el Justo; y los judíos fueron tan ciegos que no comprendieron que el espantoso desastre de su ciudad fué el castigo del deicidio y buscaron su causa en el asesinato de Santiago que sucumbió bajo sus golpes, orando por ellos. Podemos penetrar en el alma pura y tranquila del Santo Apóstol leyendo la admirable Epístola con la que nos sigue instruyendo. En ella con un lenguaje del todo celestial, nos enseña que las obras deben acompañar a la fe si queremos ser justos, con la justicia que nos hará semejantes a nuestro Señor Resucitado².
Las reliquias de San Felipe y Santiago descansan en Roma en la basílica llamada de los Doce Apóstoles. Constituyen uno de los tesoros más sagrados de la ciudad santa.
Aretino, Holy Apostles James and Philip Las reliquias de San Felipe fueron traídas siendo Papa PelagioI (560) el 1 de mayo, día en que se celebraba la dedicación de dicha Iglesia; las de Santiago fueron trasladadas poco más tarde. Excepto las fiestas de San Juan Evangelista y de San Andrés, hermano de San Pedro, la Iglesia romana durante muchos años no celebró fiestas particulares de otros apóstoles. Los honraba a todos en la solemnidad de San Pedro y San Pablo. La traslación desde Oriente, en el siglo VI, de los cuerpos de San Felipe y Santiago dio ocasión a la institución de la fiesta que se celebra hoy en su honor: y esta derogación trajo insensiblemente al Ciclo litúrgico la admisión de otros Apóstoles y Evangelistas.

PLEGARIA A LOS DOS APÓSTOLES

Santos Apóstoles, vosotros habéis visto a Jesús en toda su gloria: Él os dijo la víspera de la Pascua: "¡La paz sea con vosotros!" y durante estos cuarenta días se os apareció para convenceros de su resurrección. Grande fué vuestra alegría al ver de nuevo al Maestro que se dignó escogeros por confidentes íntimos y vuestro amor para con Él se hizo así más ardiente aún. Nos dirigimos a vosotros como a iniciadores de los fieles en el misterio de Pascua: sois también nuestros especiales intercesores en este santo tiempo. Hacednos conocer y amar a Jesús resucitado. Ensanchad nuestros corazones con la alegría pascual y no permitáis que perdamos la vida que hemos recobrado en Jesús.

PLEGARIA A SAN FELIPE

Tu adhesión a Él, oh Felipe, se manifestó desde los primeros días de tu vocación. Apenas conociste al Mesías corriste a anunciárselo a Natanael, tu amigo. 
Jesús te dejaba acercarte a su persona con amable familiaridad. Cuando multiplicó los panes se dirigió a ti y te dijo con bondad: "¿Dónde encontraremos pan para alimentar tanta gente? Pocos días antes de la Pasión de tu Maestro, algunos gentiles deseando ver al gran profeta del que tantas maravillas se narraban, acudieron a ti para que los condujeras a Él. ¡Con qué ardor pediste en la Ultima Cena a Jesús que te diera a conocer al Padre! Tu alma anhelaba la luz divina: y cuando la inflamó el fuego del Espíritu Santo nada había que excediera tu valor. En recompensa de tus trabajos Jesús te hizo participante de los honores de su Cruz. Pide, oh Santo Apóstol, que te imitemos en la búsqueda solícita de nuestro común Maestro, y que nos sea suave su Cruz si alguna vez nos concede participar de ella.

PLEGARIA A SANTIAGO

A ti que eres llamado Hermano del Señor, a ti cuyo noble rostro retrataba sus rasgos, Pastor de la Iglesia de Jerusalén, te honramos y admiramos el amor que profesaste al Redentor. Si flaqueaste un momento, como los demás en la hora de la Pasión, tu arrepentimiento le atrajo de nuevo junto a ti: después de Pedro, tú fuiste el primero de los Apóstoles a quien se dignó manifestarse en particular. Recibe hoy nuestra felicitación, oh Santiago, por este favor tan digno de emulación, y en recompensa haznos gustar cuán bondadoso es el Señor resucitado. No aspiró a otra cosa tu corazón, oh Santo Apóstol, que a mostrar a Jesús el reconocimiento de que estaba lleno; y el último testimonio que diste de su divinidad en la ciudad apóstata, te abrió por el martirio el camino que te había de llevar a Él para siempre. Alcánzanos, generoso Apóstol, que le confesemos también nosotros con la firmeza que conviene a sus discípulos; que nunca dudemos cuando se presente la ocasión de proclamar sus derechos sobre toda criatura.

PLEGARIA POR LA IGLESIA

Os invocamos juntos, oh Santos Apóstoles, y os suplicamos tengáis piedad de las iglesias de Oriente que vosotros evangelizasteis.
Rogad por Jerusalén, profanada por el cisma y la herejía. Obtened que pronto la veamos purificada y libre, que sus santos lugares cesen de ser profanados continuamente por el sacrilegio. Suscitad entre los cristianos de Asia Menor el deseo de volver a la unidad del redil que gobierna el soberano Pastor. En fin, oh Santos Apóstoles, rogad por Roma, vuestra segunda patria, en cuyo recinto esperáis la resurrección.

(¹)Algunos autores creen que se puede distinguir dos personas distintas con el nombre de Santiago: en primer lugar, uno de los doce Apóstoles y por otra el hermano del Señor, primer Obispo de Jerusalén y autor de la epístola canónica. Hay que advertir que esta distinción está basada en la liturgia griega que celebra al Apóstol el 5 de octubre y al Obispo el 25 del mismo mes. Algunos Martirologios romanos fijan al Apóstol el 22 de junio y la del Obispo el 25 de marzo. Sin embargo de eso, esta distinción, poco conforme con un pasaje de la Epístola a los Gálatas (X, 19) parece que no fué admitida por la mayoría de los Padres, y hoy sólo la aceptan muy reducido número de autores. (Cfr. Mgr. Charue, Epístolas Canónica, t. XII de la Biblia de Pirot, París, 1938, pp. 388-390.)
(²) Santiago fué juzgado por Ananias, hijo del Sumo Sacerdote Anás, porque convertía muchos judíos a la fe cristiana. Conducido fuera del templo a un lugar muy elevado encima del valle, fué arrojado desde allí. No habiendo muerto, pudo pedir perdón a Dios por sus enemigos; más un batanero le dió un golpe con una estaca en la cabeza, que le mató. Ocurrió esto en la fiesta de la Pascua, en abril del 62, imperando Nerón.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer Tomo III pag. 753 y siguientes