martes, 7 de abril de 2026

S A N T O R A L


Beatos Mártires Presbítero Eduardo Oldcorne y hermano Rodolfo Ashley, Jesuitas



Resultado de imagen para Mártires de la persecución en Inglaterra
Mártires de la persecución en Inglaterra
Se llama así a los católicos que murieron en Inglaterra en defensa de su fe y
de la primacía del Papa, entre 1535 y 1681, durante las persecuciones bajo
Enrique VIII, Isabel I, Jacobo I, Carlos I, la Tiranía de Cromwell y Carlos II
Los beatos mártires Eduardo Oldcorne, presbítero, y Rodolfo Ashley, religiosos de la Compañía de Jesús, que ejercieron clandestinamente el ministerio durante muchos años, pero finalmente, acusados de tomar parte en un complot contra el rey Jacobo I, fueron encarcelados y torturados, y después descuartizados vivos en 1606 en Worcester, Inglaterra. Beatificados por S.S. Pio XI el 15 de Diciembre de 1929. Eduardo Oldcorne nació en York Inglaterra, en el año 1561. Hizo sus estudios eclesiásticos primero en Reims y después en Roma. Seis años después de su llegada a la Ciudad Eterna, fue ordenado sacerdote para ir a la misión de Inglaterra. Como tenía gran deseo de entrar en la Compañía de Jesús, el P. Aquaviva, teniendo en cuenta lo peligroso de su misión, le admitió sin los dos años de noviciado en 1587.
El P. Oldcorne desembarcó en Inglaterra con el P. Gerard. Inmediatamente después se separaron, y el P. Oldcorne se dirigió a Worcester. Allí trabajó diecisiete años con el nombre de Hall; escapó varias veces, casi milagrosamente, de los perseguidores, reconcilió con la Iglesia a muchos católicos y convirtió a numerosos protestantes. Entre éstos se contaba a Dorotea Abington, dama de honor de la reina Isabel y hermana de un caballero católico, en cuya casa vivió el Padre Oldcorne durante su estancia en Worcestershire.
Sufrió de cáncer en la garganta, pero siguió predicando a pesar del dolor. En busca de cura realizó una peregrinación hacia la urna de San Winifred en Flintshire. Su cáncer sanó, y volvió fuerte y saludable a seguir trabajando en su vocación.
La «conspiración de la pólvora» (un complot para matar al rey en la que participaron católicos, especialmente jesuitas) levantó una ola de hostilidad contra todos los católicos; las autoridades publicaron un decreto contra el Padre Garnet, superior de los jesuitas ingleses, a quien consideraban envuelto en la conspiración. El Padre. Garnet se refugió en Henlip, junto ron el Padre Oldcorne. Con la esperanza de salvar la vida, un prisionero católico denunció el escondite de los dos sacerdotes. 
El Padre Oldcorne fue conducido a Worcester y después a la Torre de Londres. Aunque le torturaron cinco veces en el potro, el mártir declaró firmemente que no había participado en la «conspiración de la pólvora» ni había estado al tanto de ella. A pesar de eso, los jueces le condenaron a ser colgado, arrastrado y descuartizado. Junto con el, fue martirizado su criado, Ródolfo Ashley, hermano lego de la Compañía de Jesús, cuya única acusación era haber estado al servicio del Padre Oldcorne.
Littleton, el hombre que había denunciado al P. Oldcorne y por cuyo testimonio se condenó al mártir, pidió públicamente perdón de su traición y murió con los dos jesuitas.
El beato Eduardo fue descuartizado vivo; sus miembros fueron expuestos al público en las puertas de la ciudad.




El Complot de la Polvora


El 5 de noviembre de cada año se conmemora en Gran Bretaña y en diversos rincones de Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda el llamado The Gunpowder’s Plot (“el Complot de la Pólvora”), un atentado contra el edificio y las instituciones del Parlamento británico que, sin llegar a materializarse, sirvió de excusa para endurecer la política de discriminación religiosa contra los católicos.




pólvora
Durante este tiempo, todos los niños ingleses y, hasta no hace mucho, también los adultos vienen recitando la copla: “Remember, remember, the fifth of November, Gunpowder Treason and Plot. I see no reason why Gunpowder Treason should ever be forgot.” (“Recuerden, recuerden, el cinco de noviembre, la Traición y el Complot de la Pólvora, que nunca se olviden.”). O bien esta otra: “Penny for the Guy, Hit him in the eye, Stick him on a lamp-post and there let him die.” (“Un penique para el espantajo, darle en el ojo, colgarlo de un poste, que allí reviente.”). La palabra “guy” (ninot, espantajo) coincide con el nombre de uno de los conjurados, Guy Fawkes, con cuya efigie se levanta una falla a la que se da fuego, entre petardos y fuegos artificiales, en la noche de cada 5 de noviembre.
El descubrimiento a tiempo de la conspiración (5 de noviembre de 1605) impidió el derrocamiento de la dinastía protestante de los Tudor, personificada en Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, y la entronización de un monarca católico, previsiblemente su hijo el príncipe Carlos, debidamente instruido en los dogmas y los misterios de la iglesia de Roma.
Isabel I había mostrado una especial ojeriza contra los católicos, a quienes prohibió ir a misa y obligó a asistir a los oficios de la iglesia anglicana. Isabel, excomulgada por el papa en 1570, se había encargado de ejecutar en 1587 –un año antes de la desventura de la Armada Invencible- a la reina de Escocia, para alejar la posibilidad de un golpe de estado de los seguidores de la iglesia de Roma. Cuando le sucedió Jacobo I, casado con la reina católica Ana de Dinamarca, se pensó que se suavizarían las leyes anticatólicas. Ocurrió todo lo contrario: se endurecieron.



de
El 26 de marzo de 1604, Robert Catesby, Thomas Wintour, Jack Wright y Thomas Percy se reunieron secretamente para intentar acabar con la tiranía y la represión anglicanas. Unas semanas después, Catesby invitó a un quinto conjurado, Guy (Guido) Fawkes, a entrevistarse con el condestable de Castilla, Juan de Velasco, que se hallaba en Londres para negociar un tratado de paz con Inglaterra, después de 20 años de guerra entre las dos naciones, que sería firmado en el tratado de Somerset ese mismo año. 
Fawkes tenía una larga experiencia en las artes de la guerra, habiendo luchado en los Países Bajos en un regimiento de exiliados católicos ingleses bajo estandarte español. El plan consistía en colocar unas cargas de pólvora en los sótanos del Parlamento para hacerlas estallar en la próxima ceremonia de apertura. Al año siguiente se unieron al proyecto otros cinco personajes, Thomas Bates, John Grant, Robert Keyes, Robert Wintour y Christopher Wright. Posteriormente, se agregaron Sir Everard Digby, Ambrose Rookwood y Francis Tresham para costear parte de la operación. 
Los trece conspiradores alquilaron una dependencia en los sótanos del Parlamento donde poco a poco fueron almacenando 36 barriles de pólvora, aguardando a que el rey abriese oficialmente las puertas del Parlamento a principios de octubre de 2005 para hacerlos estallar. Pero una epidemia de peste obligó a aplazar la ceremonia hasta el 5 de noviembre. 
Diez días antes, un noble católico, William Parker, barón de Monteagle y cuñado de Tresham, recibió una carta anónima en la que se le advertía del peligro que corría al asistir a la ceremonia del rey. Quizás fuera Tresham el autor de la misiva, o acaso Robert Cecil, conde de Salisbury, conocedor desde hacía meses del plan de magnicidio y organizador más que probable, con su equipo de espías e infiltrados, de un contra-complot dirigido a descabezar definitivamente la hidra jesuítico-católica-romana. 
El 4 de noviembre, Salisbury dio orden al jefe de seguridad para que registrase el edificio del Parlamento. Allí encontraron a Guy Fawkes ultimando los preparativos para la voladura. Sometido a tormento, Fawkes reveló los nombres del resto de los conspiradores.
File:The execution of Guy Fawkes' (Guy Fawkes) by Claes (Nicolaes) Jansz Visscher.jpg
Algunos fueron capturados y ejecutados en el acto. Tresham murió poco después en la Torre de Londres. Sometidos a juicio los demás, en 1606, la información fue manipulada para culpar a los Jesuitas de la conspiración, y tres obispos católicos fueron sentenciados a muerte, junto a los conspiradores sobrevivientes. En el juicio, Thomas Winter pidió ser ejecutado en lugar de su hermano, mientras que Digby dijo no estar arrepentido, pues el rey no cumplió las promesas hechas a los católicos. Las ejecuciones del 30 de junio no fueron simples decapitaciones, alcanzando un grado sorprendente de sadismo, ya que se trataba de traidores al rey. Primero fueron paseados entre la multitud enardecida, después colocarlos entre el cielo y la tierra, como indignos de ambos:"Colgándoles del cuello sin dejarles morir, seccionándoles los genitales, echándolos al fuego ante sus propios ojos y, hallándose aún vivos, destripándoles y arrancándoles el corazón antes de decapitarles y despedazarles. Luego se expondrían ante el público las cabezas clavadas en picas y serían arrojados los restantes trozos a los pájaros para su alimento.”
Para asistir a las ejecuciones hubo que pagar entradas como a cualquier otro espectáculo de masas
A pesar de la tortura, Fawkes logro sacar la fuerza para saltar desde el patíbulo y se rompió el cuello, para evitar el dolor de la ejecución.
Aunque el sótano donde se almacenó la pólvora desapareció en el incendio de 1834, desde aquel 5 de noviembre de 1605 la guardia del Parlamento ha seguido registrando el edificio todos los años como preámbulo a la ceremonia de apertura por el monarca –actualmente, la reina Isabel II-, más por conservar la tradición que como precaución, existiendo métodos más modernos para contrarrestar cualquier tipo de atentado.
Las consecuencias del fallido golpe sobre los católicos no se hicieron esperar. Se les prohibió servir como oficiales del ejército o de la armada, se les estigmatizó socialmente y se les privó del derecho al voto, exclusión que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX.
Así 5 de noviembre fue declarado “fiesta perpetua para dar gracias a Dios por librarnos de los papistas y como muestra de nuestro odio hacia ellos”.
A pesar de que Carlos I –casado con una mujer católica- quiso acabar con la conmemoración, los radicales protestantes lograron mantenerla como símbolo de la unidad y la conciencia protestante. La festividad de Guy Fawkes adquirió a finales del siglo XVIII una nueva faceta como acto de vandalismo cuando el pueblo se dedicó al pillaje y a arrancar la madera de las casas y las vallas para arrojarlas al fuego como combustible.
A mediados del siglo XIX, el día de Guy Fawkes ya había perdido el significado patriótico y anticatólico, de forma que el Parlamento tomó la decisión de retirarlo del calendario oficial, dejando que siguiera como festejo popular. Con el tiempo, la imagen de Guy Fawkes sería sustituida por la de otros personajes odiados, como el líder nacionalista irlandés Charles Parnell, el Papa de Roma, el zar de Rusia, las sufragistas, Hitler y hasta Margaret Thatcher.
Hoy muchos historiadores están de acuerdo en que la “Conspiración de la Pólvora” fue organizada por Roberto Cecil quien odiaba a los católicos, el sótano le fue rentado a los conspiradores por un amigo íntimo de Roberto Cecil y la firma en la confesión de Guy Fawkes no era igual a su firma original.

lunes, 6 de abril de 2026

S A N T O R A L

Miguel Rúa, Beato

Sucesor de San Juan Bosco

San Juan Bosco, en 1852, se encontró en la calle con unos jóvenes que le pedían alguna medalla. A cada uno le obsequió su medalla, menos a uno pálido y delgaducho, de noble mirada, al cual el santo le dijo: "A ti sólo te doy esto", al mismo tiempo el santo hacía un gesto con su mano derecha como si partiera su propio brazo izquierdo en la mitad. El joven no entendió ni se atrevió a preguntar, pero 30 años más tarde, le preguntará a Don Bosco: "¿Qué me quiso decir en mi niñez cuando me ofreció regalarme la mitad de su brazo?", y el santo le responderá: "Te quise decir que los dos obraríamos siempre ayudándonos el uno al otro y que tú serías mi mejor colaborador". San Juan Bosco una vez mas probó ser un gran profeta pues así fue en verdad.

Miguel Rúa nació en Turín (Italia) de una modesta familia. Hizo sus estudios de primaria con los Hermanos Cristianos que lo apreciaron mucho porque era sin duda el alumno de mejor conducta que tenían en su escuela. Y resultó que al Instituto de los Hermanos iba San Juan Bosco a confesar y los alumnos se encariñaron de tal manera con este amable santo que ya no aceptaban confesarse con ningún sacerdote que no fuera él. Rúa fue uno de los que se dejaron ganar totalmente por la impresionante simpatía y santidad del gran apóstol.

Al quedar huérfano de padre, empezó a frecuentar el Oratorio de Don Bosco, donde los muchachos pobres de la ciudad iban a pasar alegre y santamente los días festivos. Allí oyó un día que el santo le preguntaba: "Miguelín: ¿nunca has deseado ser sacerdote?". Al jovencito le brillaron los ojos de emoción y le respondió: "Si, lo he deseado mucho, pero no tengo cómo hacer los estudios".

"Pues te vienes cada día a mi casa y yo te daré clases de latín", le dijo Don Bosco. Y así empezó el joven sus clases de secundaria.

Más tarde Don Bosco lo envió a que recibiera clases de un excelente professor de la ciudad, y cuando le pidió informes acerca de su alumno, el professor respondió: "Es el mejor de la clase en todo: en aplicación, en conducta y en buenos modales".

San Juan Bosco deseaba mucho fundar una comunidad religiosa para educar a los jóvenes, y se propuso formar a sus futuros religiosos de entre sus propios alumnos. Al primero que eligió para ello fue al joven Rúa. Le impuso la sotana y se interesó porque fuera haciendo sus estudios lo más completamente posible.

En 1856 Don Bosco hizo una votación entre los centenares de alumnos de su Oratoria de Turín (en el cual había muchos internos). Las preguntas eran estas: 1ª. ¿Cuál es el más santo y piadoso de los oratorianos? 2ª. ¿Cuál es el más simpático y buen compañero de todo el Oratorio? La segunda pregunta la ganó Santo Domingo Savio. La primera la ganó por amplia votación el joven Rúa. La votación de aquellos jóvenes resultó ser muy acertada pues ambos llegaron a ser formalmente reconocidos por la Iglesia por su santidad.

Rúa fue el primer alumno de Don Bosco que, ordenado de sacerdote, se quedó a colaborar en su obra. Fue también el primer director de colegio salesiano y el hombre de confianza que acompañó durante 37 años al gran apóstol en todas sus empresas apostólicas. En él depositaba San Juan Bosco toda su confianza y era en todo como su mano derecha.

Del beato Miguel Rúa hizo San Juan Bosco el siguiente elogio: "Si Dios me dijera: hágame la lista de las mejores cualidades que desea para sus religiosos, yo no sé qué cualidades me atrevería a decir, que ya no las tenga el Padre Miguel Rúa".

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/5e/Rua1.JPGCuando el Padre Rúa fue nombrado para ser director del primer colegio salesiano que se fundaba fuera de Turín, le pidió a su maestro Don Bosco que le trazara un plan de comportamiento, y el santo le escribió lo siguiente: "Ante todo trate de hacerse querer, más que de hacerse temer. Recuerde lo que decía San Vicente de Paúl: ‘Yo tenía un carácter demasiado serio y un temperamento amargo, y me di cuenta de que si no hay amabilidad, se hará más mal que bien en el apostolado. Y me propuse adquirir un modo de ser amable y bondadoso’. Este sea su plan de comportamiento". Miguel Rúa conservó toda su vida estos consejos y llegó a practicarlos de manera admirable.

San Juan Bosco decía al final de su vida: "Si el Padre Rúa quisiera hacer milagros, los haría, porque tiene la virtud suficiente para conseguirlos". El era humilde y no hablaba de sus logros. Pero un día, ya ancianito, le preguntaron los religiosos jóvenes: "Padre, ¿nunca le ha sucedido algún hecho extraordinario?". Y él, por bromear, les dijo: "Sí, un día me dijeron: ya que está reemplazando a Don Bosco que era tan milagroso, por favor coloque sus manos sobre una enferma que está moribunda. Yo lo hice, y tan pronto como le coloqué las manos sobre la cabeza, en ese mismo instante... ¡la pobre mujer se murió!". Cuando San Juan Bosco era ya muy ancianito, el Santo Padre León XIII le dijo: "Dígame cuál es su sacerdote de mayor reemplazo". El santo le dijo que era Miguel Rúa y este recibió el encargo pontificio de reemplazar a Don Bosco cuando muriera. Y así lo hizo en 1888 al morir el santo. Quedó Rúa elegido como Superior General de los salesianos y en los 22 años que dirigió la Congregación Salesiana, esta multiplicó por cinco el número de sus religiosos y abrió casas y obras sociales en gran cantidad de países. Los salesianos decían: "Si alguna vez se perdiera nuestra Regla o nuestros Reglamentos, bastaría observar cómo se porta el Padre Rúa, para saber ya qué es lo que los demás debemos hacer". Su exactitud era admirable. Siempre amable y bondadoso, comprensivo con todos y lleno de paciencia, pero exactísimo en el cumplimiento de todos sus deberes. 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/59/Rua2.JPGCuando Rúa tenía apenas unos 25 años, un día se enfermó muy gravemente y mandó llamar a San Juan Bosco para que le impusiera los santos óleos y le llevaran el viático. El santo respondió: "Miguel no se muere ahora, ni aunque lo lances de un quinto piso". Y después explicó el por qué decía esto. Es que en sueños había visto que todavía en el año 1906 (40 años después) estaría Miguel Rúa extendiendo la comunidad salesiana por muchos países del mundo.
Y a él personalmente le dijo después: "Miguel: cuando ya seas muy anciano y al llegar a una casa alguien te diga: ‘Ay padre, ¿por qué se ha envejecido tan exageradamete?, prepárate porque ya habrá llegado la hora de partir para la eternidad". Y así sucedió. Al principio del año 1910, el Padre Rúa fue a Sicilia a visitar un colegio salesiano y un antiguo discípulo suyo, al verlo le dijo: "Ay padre, ¿por qué se ha envejecido tan exageradamente?". El santo sacerdote palideció y se preparó para bien morir.

El 6 de abril de 1910, después de exclamar: "Salvar el alma, eso es lo más importante", expiró santamente. Había dedicado su vida con todo su corazón a comunicar el amor de Dios según el carisma que recibió de San Juan Bosco.