martes, 28 de octubre de 2025

S A N T O R A L

LOS SANTOS SIMÓN Y JUDAS, APÓSTOLES

Los santos apóstoles Simón y Judas fueron hijos de María Cleofé, hermana ó prima de la Madre de Dios nuestra Señora, y hermano de Santiago, el menor. Simón se llamó Cananeo, y por esto san Lucas le llamó Zelotes en lengua griega; porque Caná en hebreo es lo mismo que Zelo en griego: y tomó este sobrenombre, porque nació en Caná de Galilea, y para diferenciarle de san Pedro, que asimismo se llamó Simón: y también Judas tomó sobrenombre de Tadeo ó Ledeo, para distinguirse de Judas Iscariote. No hallamos cuándo ó cómo fueron llamados estos bienaventurados santos al apostolado: solamente se hace mención de ellos, cuando se nombran los doce apóstoles por sus nombres en el sacro Evangelio, y se dice en él, que el Salvador los escogió y llamó apóstoles. También en el sermón de la Cena, diciendo Cristo nuestro Señor: El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y manifestarme he á él; preguntó Judas: Señor, ¿cómo ha de ser eso que te has de manifestar á nosotros, y no al mundo? No hay más mención particular en el Evangelio de Judas, ni de Simón, y es muy poco, lo que sabemos de estos sagrados apóstoles, que sea cierto y averiguado: con ser cosa ciertísima que en la predicación y propagación del Evangelio padecieron grandes trabajos, é hicieron muchos milagros, y convirtieron á la fe innumerables gentes, y como capitanes valerosos de Cristo, y conquistadores del mundo, hicieron guerra con su vida y con su doctrina á Satanás, echándole del trono que tiránicamente había usurpado, y derribando los ídolos. y alumbrando y desengañando á los que con la vana adoración de los falsos dioses andaban ciegos y embaucados. Solamente se dice que san Simón predicó en Egipto, y san Judas, ó Tadeo, en Mesopotamia, y que después entraron juntos en Persia; y habiendo traído al conocimiento del Señor gran muchedumbre de pueblos, fueron coronados del martirio. Esto es lo que dicen los Martirologios, romano, el de Beda, Usuardo y Adon; y se saca de san Gerónimo, y san Isidoro, y otros autores antiguos, y del cardenal Baronio entre los modernos. En una vida, que en nombre de Abdías Babilónico anda de estos santos apóstoles, que es la que siguen san Antonino, arzobispo de Florencia, y el obispo Equilino, y Joaquín Perionio, monje de san Benito, y otros autores, se cuentan algunas cosas que, dado que aquel libro sea apócrifo; puede ser que sean verdaderas: porque decir que un libro es apócrifo, como lo es este, es decir que no tiene autoridad ni certidumbre de verdad; pero no por esto se sigue que todas las cosas, que se contienen en aquel libro, sean falsas; pues en cualquier libro, por apócrifo que sea, se pueden hallar algunas cosas verdaderas, y por ventura lo son las que se contienen en la vida de estos santos, que, como digo, escribió Abdías: las cuales quiero yo aquí referir, por ser las que comúnmente de ellos escriben.
Luego que llegaron á Persia los santos apóstoles, los demonios, que hasta allí habían dado respuestas, se enmudecieron. Sucedió que un capitán del rey de Babilonia, llamado Baradach, había de salir á la guerra contra los indios, y quiso saber de sus dioses el fin que había de tener aquella guerra. Anduvo de un dios en otro; y ninguno le dio respuesta. Maravillado de esto, y queriendo saber la causa, finalmente respondieron que no le podían responder mientras que Simón y Judas, apóstoles de Jesucristo, estuviesen en aquella provincia. Fueron buscados por mandato de Baradach los santos apóstoles: y después de haber pasado algunas razones entre ellos, los apóstoles dieron licencia á los demonios para que respondiesen, y por su respuesta mejor se conociese cuan mentirosos eran y engañosos. Respondieron los demonios por medio de sus ministros, que la guerra seria larga y sangrienta, y costaría muchas vidas de una parte y de otra. Oyendo esto los apóstoles se sonrieron: y como Baradach les dijese: Estoy yo con gran temor; ¿y vosotros reís?. Respondieron los santos: No tienes por qué temer; que mañana á hora de tercia vendrán embajadores de los indios á pedirte paz y ponerse en tus manos, y harán cuanto les quisieres mandar. Los sacerdotes de los ídolos hacían mofa y escarnio de lo que decían los santos apóstoles, y pretendían hacerlos sospechosos, como á hombres que tenían trato secreto con sus enemigos; mas el capitán se sosegó, porque no le pedían que guardase largo tiempo para certificarse de la verdad, sino pocas horas. Mandó prender á los apóstoles y á los ministros de sus dioses, para castigar á los que le hubiesen mentido. Vinieron á la mañana á la hora de tercia los embajadores: y con esto salió de duda Baradach, y quiso matar á los sacerdotes; más los apóstoles se lo estorbaron, diciendo que no habían venido á aquel reino á quitar la vida á nadie, sino á darla á muchos. Ofrecióles muchas joyas y dones; y ninguna cosa quisieron recibir. Llevólos consigo al rey de Babilonia: contóle lo que con ellos le había pasado: sublimólos mucho, así de tener espíritu profético, y saber lo por venir, como de personas humildes, virtuosas, pacíficas y desinteresadas. Estaban á esta sazón con el rey dos magos y hechiceros, llamados Zaroes y Arfaxad, que habian venirlo huyendo de la India, en donde san Mateo predicaba, y había descubierto sus maldades y engaños. 

Estos, viendo á los apóstoles, comenzaron á perseguirlos, y para espantar á los gentiles, y hacer mal á los santos, por arte de encantamiento hicieron venir allí muchas serpientes; mas san Simón y Judas mandaron á las mismas serpientes que sin matarlos, mordiesen y lastimasen á los mismos magos. Obedecieron las serpientes á los siervos del Señor, y los magos quedaron con grande pena y dolor, sin autoridad y crédito, y confusos salieron de Babilonia, y fueron á otras partes, publicando por todas que los apóstoles eran enemigos de los dioses y les quitaban la adoración. Con esto los apóstoles quedaron libres, y con su predicación y grandes milagros convirtieron á muchos, y el mismo rey y su casa se bautizó, y la fé de Cristo se plantó en aquel reino con gran gloria del Señor, y beneficio universal de todos los que la recibieron. Sucedió en aquel tiempo una cosa que hizo más admirables y gloriosos á los santos apóstoles. Una hija de un hombre principal concibió en Babilonia sin saberse el autor de aquella maldad: apretáronla sus padres á la hora del parto que dijese quién era el que la había deshonrado: y ella, para librarse del peligro, ó para encubrir el autor (por ser de baja y vil condición), ó porque Dios lo permitió para manifestar más su gloria, levantó testimonio á un diácono de los apóstoles, llamado Eufrosino, echándole la culpa de este crimen. Préndenle y llévanle delante del rey. Sabido por los apóstoles, y que estaba inocente, piden que vengan las partes, y que traigan al niño recién nacido: hizose así: mandaron al niño en el nombre de Jesucristo que dijese si aquel diácono había cometido el delito que su madre le imponía, y si aquel era su padre. Respondió el niño, que no era su padre, y que aquel diácono era bueno y casto, y nunca había cometido pecado carnal. Instaban los contrarios á los apóstoles, que preguntasen al niño quién era el malhechor: ellos dijeron: A nosotros toca librar á los inocentes, y no descubrir á los culpados: y con esto se descubrió la falsedad, y el diácono quedó libre, y los santos apóstoles en mayor crédito y veneración. Después de haber plantado la fé, salieron los apóstoles de Babilonia, y anduvieron predicando por diversas partes del reino. Llegaron á una ciudad muy principal, llamada Suamir, donde estaban los dos magos Zaroes y Arfaxad, los cuales instigaron á los pontífices y sacerdotes de los ídolos contra los santos apóstoles, como contra destruidores de sus templos; y pudieron tanto con sus palabras y engaños, que los hicieron prender. Llevaron á Simón al templo del Sol, y á Tadeo al de la Luna, para que los adorasen. Hicieron oración los apóstoles, y los ídolos cayeron y se deshicieron, y de ellos salieron los demonios en figura de etíopes, dando horribles voces y aullidos 
Fue tan grande la saña que recibieron de esto los sacerdotes, que con extraño ímpetu y furor dieron contra los apóstoles y los despedazaron. Estaba á esta sazón el cielo muy sereno, y de repente se levantó una terrible tempestad, y cayeron tantos rayos, que derribaron los templos de los falsos dioses, y mataron á muchos gentiles, y entre ellos á los dos magos, dejando sus cuerpos convertidos en ceniza. El rey, como ya era cristiano, sabiendo la muerte de los santos apóstoles, hizo llevar sus sagrados cuerpos á Babilonia, y allí les edificó un suntuoso templo, donde estuvieron hasta que después con el tiempo fueron trasladados á Roma, y colocados en la basílica de San Pedro. Fué su martirio en 28 de octubre, y en este día celebra la Iglesia católica su fiesta. El año que murieron no se sabe.
Escribió san Judas Tadeo una epístola canónica, y por tal es recibida de toda la Iglesia, y puesta entre las otras Escrituras sagradas, en la cual cita un libro apócrifo de Enoch, de donde se saca ser verdad lo que arriba dijimos, que puedo ser un libro apócrifo sin ser falso. Hace de advertir que algunos autores han querido confundir y hacer uno á estos santos apóstoles Simón y Judas, siendo la verdad que fueron dos distintos y diversos, y no uno. Otros también se han engañado, creyendo que san Simón, apóstol, fué el mismo que Simeón, obispo de Jerusalén, el cual habiendo sucedido en aquella silla á Santiago, el menor, y siendo de edad de ciento y veinte años, fué crucificado en tiempo de Trajano; mas aquel no fué apóstol, sino uno de los setenta y dos discípulos del Señor. Otros han creído que san Judas Tadeo, el apóstol, haya sido el mismo que fué enviado de Cristo nuestro Señor al rey Abagaro, como lo siente san Gerónimo, y Reda; pero mas probable es que fueron dos Tadeos, uno el apóstol, y otro uno de los setenta y dos discípulos, y que éste fué el que sanó al rey Abagaro, y convirtió á la fé al pueblo Edesa, como lo dice Eusebio, Niceforo, y Doroteo.
Últimamente se ha de advertir que pocos años ha se imprimieron y salieron á luz diez libros, con título de Abdias, primer obispo de Babilonia, en que se trata de los hechos, vidas y muertes de los apóstoles, traducido en latín por Julio Africano; y en esto libro se escribe de san Simón y Judas, apóstoles, las cosas que nosotros aquí habernos referido, y otras que de industria dejamos: pero el papa Paulo IV, de feliz recordación, vedó este libro, y lo puso en el catálogo de los libros prohibidos, como lo notó Sixto Senense en su Biblioteca santa; y tiene autoridad.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

DOMICIANO Y LOS DESCENDIENTES DE DAVID


Por la historia eclesiástica sabemos que Domiciano, al fin de su reinado y cuando arreciaba la persecución que él mismo había desencadenado, hizo traer desde el Oriente, para comparecer ante sí, a dos nietos del Apóstol San Judas. La política del César estaba un poco intranquila con respecto a estos descendientes de una raza real, la de David, que por la sangre representaban al mismo Cristo, ensalzado por sus discípulos como rey supremo del mundo. Domiciano pudo darse cuenta por sí mismo de que estos dos sencillos judíos no podían constituir un peligro para el Imperio, y que si consideraban a Cristo como al depositario del poder soberano, se trataba de un poder que no se iba a ejercer visiblemente hasta el fin de los siglos. El lenguaje sencillo y valiente de estos dos hombres impresionó a Domiciano, y según el historiador Hegesipo, de quien Eusebio toma los hechos que acabamos de referir, dió órdenes de suspender la persecución.

Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

lunes, 27 de octubre de 2025

S A N T O R A L

SAN EVARISTO, PAPA Y MÁRTIR

Trece días después de la muerte del santo pontífice Anácleto fué elegido en su lugar san Evaristo, que era griego de nación corno su predecesor, é hijo de Judas, hebreo de nación y secta, natural de Bethlen. Fué varón muy docto y santo, y el primero que dividió las parroquias de Roma entre los presbíteros, que fueron los que después tuvieron título de cardenales. Ordenó que siete diáconos acompañasen al obispo, siempre que predicase, así para que fuesen testigos de su doctrina, como para honrar aquel ministerio, y guardar al prelado. Proveyó que los casamientos se celebrasen en público, y no clandestinamente, y que los desposados recibiesen las bendiciones nupciales en la iglesia, como ya desde el tiempo de los apóstoles se hacía, y lo escribe Tertuliano.
Mandó que los obispos no dejasen sus Iglesias por otras, pues son sus esposas, así como los casados no dejan sus mujeres por otras: y que no se reciba acusación del pueblo contra el obispo, sin que primero proceda alguna grande sospecha contra él. 
Fué sumo pontífice nueve años y tres meses; y á los 26 días del mes de octubre fué coronado del martirio, aunque no se dice el modo con que fue martirizado; más la santa Iglesia le celebra, y tiene por mártir. Murió el año del Señor de 121, y en el segundo del imperio de Adriano. Fué sepultado cerca del sepulcro del príncipe de los apóstoles san Pedro, en el Vaticano. Celebró cuatro veces órdenes en el mes de diciembre, é hizo en ellas quince obispos, y diez y siete presbíteros, y dos diáconos: aunque esto del número de las órdenes que hizo san Evaristo, y de los que ordenó, hay diversidad; pero esto es lo más cierto, como lo notó el cardenal Baronio. Escribieron de san Evaristo san Ireneo; Eusebio; Nicéforo; san Agustín; Optato Milevitano; Beda; y los autores de las vidas de los sumos pontífices.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

domingo, 26 de octubre de 2025

S A N T O R A L

Los SANTOS LUCIANO, MARCIANO, FLORIO, y sus COMPAÑEROS, MÁRTIRES

Nacidos en las tinieblas dé la idolatría, dedicábanse estos santos al estudio de la magia; pero viendo un día la inutilidad de sus encantamientos sobre una virgen cristiana, y que los espíritus infernales eran vencidos por el poder de la cruz, se convirtieron á Dios, y recibieron el bautismo. Apenas hubieron conocido la luz del Evangelio, quemaron sus libros de magia en medio de la plaza pública de Nicomedia. Luego distribuyeron sus bienes á los pobres, y se  retiraron á la soledad, para que les fuese más fácil el santificarse. Pasado algún tiempo en los ejercicios de la oración y de la penitencia, salieron de su retiro para ir á predicar el Evangelio á los gentiles, á los cuales querían hacer participantes de la gracia que ellos habían recibido.
Mas el año 250 se publicó en Bítinia un edicto de Decio contra los cristianos, y según él nuestros santos fueron conducidos á la presencia del procónsul Sabino que los interrogó con severidad, y después mandó que fuesen quemados vivos en el sitio mas público do Nicomedia, como así se ejecutó, y los mártires acabaron su vida cantando alabanzas al Señor. En Vich (Cataluña) son muy venerados los santos Luciano y Marciano, que suenan como mártires de dicha ciudad.

Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

sábado, 25 de octubre de 2025

S A N T O R A L

LOS SANTOS CRISANTO Y DARÍA, MÁRTIRES


Fué san Crisanto de la ciudad de Alejandría, hijo de un caballero ilustre del orden senatorio, llamado Polemio, el cual había venido á vivir á Roma con toda su casa y familia, y había sido recibido amigablemente del senado y muy honrado del emperador Numeriano. Procuró Polemio que su hijo Crisanto, que era de delicado y alto ingenio, se ejercitase en los estudios de todas buenas letras. Revolviendo, pues, Crisanto libros para sus estudios; por particular providencia del cielo, halló uno en que estaban escritos los Evangelios. Leyólos del principio al cabo, y conoció las tinieblas en que andaba, y que la verdadera luz era Jesucristo. Para mejor entender aquella doctrina que había descubierto, teniendo noticia que un cristiano llamado Carpóforo, bien enseñado en las divinas letras, por temor de la persecución estaba escondido en una cueva, se fué á él, y le pidió con grande instancia le declarase la ley de Jesucristo, y su Evangelio. Hízolo Carpóforo con gran voluntad: enseñóle, bautizóle y confirmóle en la fé, de tal manera, que de allí á siete días públicamente Crisanto predicaba por Roma que Jesucristo era verdadero Dios. Supo Polemio lo que Crisanto, su hijo, había hecho, y lo que predicaba: y parte por el celo de su falsa religión, y parle por temor que no cayese sobre él la pena establecida por ley contra ¡os cristianos, se ensañó fuertemente contra su hijo, y le puso en una oscura prisión, mandándole dar de comer por tasa. Pero viendo que este castigo y rigor no le sucedía bien, tomó otro camino de blanduras y regalos, y por medio de unas mujeres hermosas, ó criadas suyas, pretendió pervertirle y solicitarle á mal, para que, perdiendo la castidad, perdiese más fácilmente la fé de Jesucristo. Sacaron, pues, de la prisión á Crisanto: vistiéronle muy ricamente: pusiéronle en un aposento muy bien aderezado con colgaduras de sedas y telas: entraron las mujeres á hacer su mal oficio; y el santo, en viéndolas (temiendo su flaqueza), volvió los ojos al cielo, y pidió socorro al Señor. Ėl se lo dio de manera, que dice Metafraste; que luego dió á aquellas mujeres un profundo sueño, y se apoderó de ellas de tal suerte, que sino era sacándolas de aquel aposento, no despertaban: y por este medio el Señor libró á Crisanto de aquel peligro. Pareció al padre que era más á propósito buscar una doncella hermosa, graciosa, sabia y prudente, y casarla con su hijo, y hacerla heredera de su hacienda, para que acabase con Crisanto como mujer legitima, lo que las criadas no habían podido acabar. Halló entre las vírgenes de Minerva una, que se llamaba Daría, en quien concurrían todas las gracias y dotes que en una mujer se pueden desear. Habláronla: y con dificultad se pudo acabar con ella que se casase con Crisanto, y se encargase de sanarle de aquella que ellos llamaban locura. Más las lágrimas del viejo Polemio, y el pensar que hacía servicio á sus dioses, la inclinaron á hacerlo. 
Detalle de Santa Daría en el cortejo de vírgenes de San Apolinar de Rávena, Italia. Mosaico paleocristiano.Vistióse rica y pomposamente: entró donde el mancebo estaba, con gran desenvoltura: acomete con las palabras blandas, avisadas y amorosas, pretendiendo persuadirle que se apartase de la fé de Cristo y se casase con ella: más el Señor detuvo á Crisanto, y le dio tal gracia del cielo y tan buenas y eficaces razones, hablando con Daría, que ella cayó en el lazo que armaba á Crisanto, y favorecida de Dios, se rindió, y dijo que sería cristiana. Concertaron entre sí los dos de guardar fielmente virginidad, y publicar que eran casados; y con este medio fué libre Crisanto de la prisión y guarda en que su padre le tenía. Daría se bautizó, y los dos vivían como hermano y hermana, en toda honestidad. Y como es propio de! virtuoso desear y procurar que todos lo sean, aconsejaban á las personas con quienes trataban, que recibiesen la fé de Cristo nuestro Salvador, y guardasen virginidad; y en efecto lo persuadieron á muchos, Crisanto á los hombres, y Daría a las mujeres. Súpose esto en Roma; y Celerino, prefecto, los mandó prender, y entregar á Claudio, tribuno, para que examinase la causa y los castigase si fuesen culpados. Mandó Claudio llevar á Crisanto al templo de Júpiter; y por no haberle querido adorar, le azotaron cruelmente, Hiciéronlo los verdugos con tanta crueldad, que por las heridas y golpes que le dieron, se descubrían sus huesos, y se parecían las entrañas. De allí le llevaron á la cárcel y le echaron en un oscuro calabozo, y le cargaron de hierros y cadenas, esparciendo por el suelo cosas sucias y de mal olor: más á vista de los verdugos se tornaron polvo las prisiones, y en lugar del mal olor se sintió un olor y fragancia suavísima. Desollaron un becerro, y pusieron á Crisanto desnudo dentro de él, y tuviéronle todo un día al sol; y ningún daño recibió de esto. Tornáronle á poner en la cárcel con muchas cadenas; mas luego se quebraron y consumieron, y aparecieren tantas luces en aquel calabozo, que quedó muy claro y resplandeciente. Atáronle de nuevo: y queriéndole azotar con varas de hierro, en tomándolas los verdugos en las manos, se tornaban blandas y no podían dar golpe con ellas. Convencióse el tribuno que aquello no se podía hacer por arte mágica y de encantamiento, sino que era la mano y poder de Dios; y alumbrado con su luz, se echó á los pies de san Crisanto, y le rogó que le perdonase el mal que le había hecho, y que suplicase al Dios que él confesaba, y de quien era en tantos y tan atroces tormentos amparado, que le perdonase y le diese su conocimiento. Lo mismo hicieron todos sus soldados, y fueron bautizados Claudio, Jason y Mauro, hijos suyos, é Hilaria, su mujer, con toda su familia, y todos los soldados que estaban á su cargo, y otra mucha gente.
Supo el emperador Numeriano lo que pasaba, y mandólos matar á todos. Claudio fué echado al rio Tiber con una pesa grande al cuello, y ahogado; los demás fueron degollados. Hilaria, mujer de Claudio, algunos días después, estando haciendo oración en la cueva, donde habían sido puestos los cuerpos de todos aquellos santos mártires, fué presa por los gentiles: y queriéndola llevar delante del emperador; ella pidió tiempo para hacer oración, y en ella rogó á Dios, la llevase en compañía de su marido é hijos. Oyóla el Señor, y allí dió su alma á Dios; y así quedó su cuerpo en compañía de los otros santos. A Crisanto mandó el emperador poner en la cárcel, llamada Tuliano, que era oscura y dura: y á Daría llevar al lugar de las mujeres públicas: donde, puesta la santa doncella en aquel afrentoso lugar, lo convirtió con su presencia y oración en un devoto oratorio; porque el Señor envió un león, que habiéndose soltado de la leonera en que estaba, se puso delante de Daría, como quien la quería defender. Entró un mozo lascivo y deshonesto sin saber lo que pasaba, para afrentar y hacer fuerza á la santa virgen: salió á él el león: derribóle en el suelo; y teniéndole allí caído, y con el pavor y sobresalto, más muerto que vivo, miraba á la santa para ver lo que le mandaba que en aquel desventurado mozo hiciese. Mandóle que no le hiciese mal: y tomando ocasión de lo que él hacía, para obedecer á Dios, habló al mozo, y lo convirtió á la fé de Jesucristo: y libre ya de las garras del león (á quien la santa mandó que le dejase), comenzó á dar voces por toda la ciudad, que no había otro Dios, sino Jesucristo, á quien adoraban los cristianos. Fueron por el león, los que tenían cargo de él; mas regido por Dios, se volvió contra ellos; y con esta ocasión ellos también se convirtieron, y fueron pregoneros de la grandeza y majestad del Señor. Mandó Celerino, prefecto, poner fuego al rededor del aposento donde estaba Daría y el león, para que allí fuesen quemados; mas por voluntad del Señor el león, tomando la bendición de la santa, abajó su cerviz y pasó por la llama sin quemarse, y por toda la ciudad, sin hacer mal á nadie, ni recibirle. Después de esto colgaron ó Crisanto en un madero, que se quebró, y las ataduras se rompieron, y las hachas, que estaban encendidas para quemarle los costados, se apagaron. Quisieron atormentar á Daría; mas los nervios de las manos de los verdugos se encogieron con tan grande dolor y sentimiento, que la dejaron. Finalmente, los llevaron fuera de la ciudad en la via Salaria, y allí hicieron una grande hoya, y los pusieron vivos en ella, echando sobre ella tierra y piedras, y juntamente fueron martirizados y sepultados. Obró Dios nuestro Señor grandes milagros por estos santos, y por su intercesión dio salud á muchos enfermos.

Concurrió una vez gran número de cristianos, para celebrar su fiesta, en una cueva; y el emperador Numeriano, estando ellos dentro, la mandó cerrar de manera, que todos murieron, y fueron mártires de Cristo Hallóse entre ellos un sacerdote llamado Diodoro, que les dijo misa, y los animó á llevar aquella muerte con constancia y alegría por el Señor. El martirio de san Crisanto y Daría celebra la santa Iglesia á los 25 de octubre, y fué el año del Señor de 281, imperando Numeriano. Escribiéronle Verino y Armenio, presbíteros de san Esteban, papa; y Melafraste extendió y amplificó su historia; y san Dámaso, papa, hizo ciertos versos muy elegantes en loor de estos santos mártires, y los puso en su sepulcro. Hacen mención de los santos Crisanto y Daría el Martirologio romano, y el de Usuardo; el padre Surio, tomo V; y el cardenal Baronio en sus anotaciones del Martirologio, y en el segundo tomo de sus Anales; y san Gregorio Turonense en el libro De gloria martyrum.
Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

viernes, 24 de octubre de 2025

S A N T O R A L

San Antonio María Claret

“El santo de todos”

Una de las mayores figuras católicas del siglo XIX. No se comprende cabalmente la historia española de aquella época, sin el estudio de la vida del gran misionero catalán.

Plinio María Solimeo

San Antonio María Claret fue uno de los grandes pilares de la Iglesia Católica en su tiempo. Pío XII, al canonizarlo en 1950, lo llamó “el santo de todos”. Porque, dijo el Pontífice, “en él miran los artesanos, los sacerdotes, los obispos y todo el pueblo cristiano, ya que se encuentran en él ejemplos preclaros con qué alentarse y animarse, cada quien según su estado, en esa perfección cristiana de la cual únicamente pueden salir, en las perturbaciones presentes, los oportunos remedios y atraer tiempos mejores”.1

Este santo, de una sorprendente actividad, fue “en frase de Pío XI, apóstol de la palabra, predicando innumerables sermones; apóstol de la pluma, publicando muchísimos volúmenes; apóstol de la Prensa, creando academias, librerías y bibliotecas; apóstol de la acción social católica y de los ejercicios espirituales. Fue catequista, misionero, formador del clero, director de almas, fundador de congregaciones, pedagogo y «ángel tutelar de la familia real»; pero sobre todo, eminentemente santo”.2

Predicador popular, fundó la Congregación Misionera de los Hijos del Corazón Inmaculado de María. Fue arzobispo de Santiago de Cuba, confesor y consejero de la reina Isabel II, de España. En el Concilio Vaticano I se destacó como intrépido defensor de la infalibilidad pontificia.

Como no es posible abarcar aquí toda la obra de este incansable batallador, nos limitaremos a algunas rápidas pinceladas.

Antonio Adjutorio Juan nació el 23 de diciembre de 1807 en Sallent, diócesis de Vich, provincia de Barcelona, España, quinto de los once hijos de Juan Claret y Josefa Clará. Propietarios de una pequeña tejeduría, eran ellos “honrados y temerosos de Dios y muy devotos del Santísimo Sacramento del Altar y de María Santísima”, como dice el santo en su autobiografía.3 “Yo después, por devoción a María Santísima, añadí el dulcísimo nombre de María, porque María Santísima es mi Madre, mi Madrina, mi Maestra, mi Directora y mi todo después de Jesús”.

Piedad y verdadera vocación sacerdotal


De una piedad precoz, desde los cinco años de edad ya se preocupaba con la eternidad y con el destino del hombre. Adulto, pondera: “No sé comprender cómo los otros sacerdotes que creen en estas mismas verdades que yo y todos debemos creer, no predican ni exhortan para preservar a las gentes de caer en los infiernos”.

Su devoción a la Santísima Virgen surgió casi con el uso de la razón: “nunca me cansaba de estar en la iglesia delante de María del Rosario, y hablaba y rezaba con tal confianza, que estaba bien creído que la Santísima Virgen me oía”.

Se comprende que, así, la vocación sacerdotal despertase en él muy temprano: “Siendo muy niño, cuando estaba en el silabario, fui preguntado por un grande señor que vino a visitar la escuela qué quería ser. Yo le contesté que quería ser sacerdote”.

Acentuado espíritu misionero


Adolescente, comenzó a trabajar en la fábrica de su  padre; como hiciera muchos progresos en ese arte, fue a especializarse en Barcelona, gran centro de industria textil. Con mucha aplicación en el trabajo y un talento fuera de lo común, dominó tan bien el arte textil, que hubiera llegado lejos, de haberse dedicado exclusivamente a ella. Pero el llamado de Dios se hizo más apremiante, y resolvió romper de una vez con el mundo y retirarse a una cartuja. Sin embargo, terminó optando por ser sacerdote secular.

En 1829 Antonio ingresó al Seminario de Vich. En aquel tiempo, como adoleció de una fuerte gripe, le fue mandado guardar cama. En uno de esos días fue atacado por una terrible tentación contra la pureza. Recurría a Nuestra Señora, al Angel de la Guarda, a sus santos patronos, pero todo en vano. Finalmente, “he aquí que se me presenta María Santísima, hermosísima y graciosísima, [...] y me dijo: «Antonio, esta corona será tuya si vences». [...] Y vi que la Santísima Virgen me ponía en la cabeza la corona de rosas que tenía en la mano derecha”.

Ésa no fue la única gracia mística que recibió. En su vida, hay varias manifestaciones palpables de lo sobrenatural.

El día 13 de junio de 1835, fiesta de su patrono, Antonio recibió la ordenación sacerdotal, y fue nombrado coadjutor en su ciudad natal. Comprendió entonces que su vocación era la de ser misionero, y quiso evangelizar los pueblos de Cataluña, huérfanos desde la supresión de las órdenes religiosas. Como eso no era posible a causa de la guerra civil, fue a Roma para ser admitido en la Congregación de las Misiones Extranjeras.

Predicar “oportuna e inoportunamente”


En la Ciudad Eterna, después de hacer los Ejercicios Espirituales con los padres de la Compañía de Jesús, resolvió ingresar en ésta, y comenzó el noviciado. Pero le sobrevino un agudo dolor en una pierna, y tuvo que regresar a España. Poco después el Padre General de la Compañía de Jesús le escribía: “Dios le llevó a la Compañía no para que se quedase en ella, sino para que aprendiese a ganar almas para el cielo”.
Antonio María obtuvo entonces permiso para predicar misiones en Cataluña y en las islas Canarias. Operaba curaciones milagrosas, tanto materiales cuanto espirituales, expeliendo demonios de los posesos, regularizando matrimonios de mal casados. A ello lo movía el intenso deseo de librar las almas del infierno, pues “me obliga a predicar sin parar el ver la multitud de almas que caen en los infiernos, pues que es de fe que todos los que mueren en pecado mortal se condenan”.

Confesor y consejero de la reina Isabel II
Lo animaba el ejemplo de San Pablo: “¡Cómo corre de  una a otra parte, llevando como vaso de elección la doctrina de Jesucristo! Él predica, él escribe, él enseña en las sinagogas, en las cárceles y en todas partes; él trabaja y hace trabajar oportuna e inoportunamente; él sufre azotes, piedras, persecuciones de toda especie, calumnias las más atroces”. Se puede decir que esta descripción cabe también a San Antonio María Claret.

Dice él: “Como iba misionando, tocaba lasnecesidades, y según lo que veía y oía escribía el librito o la hoja suelta. Si en la población observaba que había la costumbre de cantar cánticos deshonestos, daba luego a luz una hoja suelta de un cántico espiritual o moral. Por esto, las primeras hojas que di a luz casi todas eran de cánticos”.

En 1849 el padre Claret fundó, con otros cinco sacerdotes, una congregación religiosa cuyos miembros serían sus auxiliares en la obra de las misiones, con el nombre de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Así describe cómo debe ser ese misionero: “Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas”.

Nombrado arzobispo de Santiago de Cuba en 1850, afirma en sus palabras de saludo que “La Prelada será la Virgen Santísima. Mi forma de gobierno será la que Ella me inspire”. En la primera misión que predicó en la isla el fruto fue tan grande, que 40 confesores no fueron suficientes para atender todas las confesiones. La comunión general, distribuida por tres sacerdotes, duró ¡seis horas! Solamente en aquella misión, fueron regularizados 8.557 matrimonios.

Los “espíritus fuertes” hicieron varios intentos para matarlo, pero la Santísima Virgen velaba por él.

Desvendando el futuro de Cuba y de España


San Antonio María Claret hizo muchas profecías. Por ejemplo, cuando en Cuba, profetizó “grandes terremotos”. Éstos vinieron. Cuando las autoridades quisieron remover los escombros, alertó: “Habrá otro”. Después profetizó: “Si [los pecadores] aún no se despiertan, [Dios] pasará a castigarles el cuerpo con la peste o cólera”. Vino pues la epidemia del cólera-morbo, que en tres meses hizo 2.734 víctimas. Afirmó, sin embargo, que ello fue una misericordia de Dios, porque, “muchos se confesaron para morir que no se habían confesado en la misión; y otros que en la misión se habían convertido y confesado bien y que se habrían precipitado otra vez en los mismos pecados, y Dios en aquella peste se los llevó”.

En 1861, ya como confesor de la Reina Isabel II, “el Señor me hizo conocer los tres grandes males que amenazan a España, y son: el protestantismo, mejor dicho, la descatolización, la república y el comunismo. Para atajar a estos tres males me dio a conocer que se habían de aplicar tres devociones: el Trisagio, el Santísimo Sacramento y el Rosario”.

Combatiendo los errores de los socialistas


Catedral de Santiago de Cuba
Escribiendo sobre una visita que hizo a las provincias de Andalucía, en España, en el año de 1862, el indómito arzobispo comenta el trabajo de los socialistas en aquella región, aprovechándose de la apatía de gobernantes y eclesiásticos. Anota varios errores por ellos difundidos, entre los cuales citaremos uno que podría haber sido suscrito en nuestro tiempo por los partidarios de la Reforma Agraria:


“Hasta ahora, los ricos han disfrutado las tierras; ya es tiempo que las disfrutemos nosotros, y así entre nosotros las dividiremos. Esta división no sólo es de equidad y justicia, sino también de grande utilidad y provecho, pues que los terrenos aglomerados por los ricos ladrones son infructíferos, y divididos en pequeños lotes entre nosotros y cultivados por nuestras propias manos darán abundantes cosechas”

Comenta el Santo: “Con esas peroraciones y con los demás medios tan halagüeños y fascinantes, y amenazando e insultando al que no cedía al momento, así fue como [el movimiento socialista] tomó grandes proporciones en tan poco tiempo”.

San Antonio María Claret, perseguido y desterrado, falleció el día 24 de octubre de 1870, a la edad de 62 años, en el monasterio cisterciense de Fontfroide, Francia. Fue beatificado por Pío XI en 1934 y canonizado por Pío XII el 7 de mayo de 1950.


Notas.-

1. AAS 42 (1950), 480. Apud San Antonio Maria Claret — Escritos Autobiográficos y espirituales, B.A.C., Madrid, 1959, Prólogo, p. xv.
2. Edelvives, El Santo de Cada Día, Editorial Luis Vives, Zaragoza, 1955, vol. V, p. 543.
3. AutobiografíaEscritos autobiográficos, B.A.C., Madrid, 1981. Todos los textos citados entre comillas que no mencionan la fuente, fueron extraídos de esta obra
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Fuente: http://www.fatima.pe/articulo-444-san-antonio-maria-claret-fundador-de-los-padres-claretianos

Profecía de San Antonio María Claret vuelve a circular con operación de Castro

Claret y la profecía

San Antonio María Claret nació en 1807, en Cataluña. En 1851, partió rumbo a Cuba  con el encargo de ser Arzobispo de Santiago. Llegó el 18 de febrero de ese año y consagró su actividad pastoral a la protección de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de todos los cubanos, de quien también fue un entusiasta devoto.
Según la tradición, el Padre Claret estaba recorriendo las zonas montañosas de Santiago cuando se le presentó la Virgen de la Caridad para predecirle el futuro de Cuba, profecía que luego el sacerdote transmitió a sus feligreses y miembros de su congregación.
La revelación de la Virgen “hablaba de un joven muy osado (NDR, Castro) que subiría por esas mismas montañas con las armas en la mano, y después de unos años bajaría triunfante con una espesa barba, acompañado de otros hombres también barbudos y con largos cabellos”.
“Esos jóvenes traerían, colgando de sus cuellos, medallas de la Caridad del Cobre y crucifijos que en poco tiempo dejarían de usar, para luego negar con vergüenza sus creencias”.

La profecía agrega que el joven líder “sería aclamado por todos a causa de numerosas reformas de beneficio popular, se iría apoderando poco a poco de todo el poder, sumiendo al pueblo cubano bajo una férrea dictadura que duraría 40 años, en los cuales Cuba sufriría numerosas calamidades y penurias. Finalmente, ese hombre moriría en la cama”.
Tras su fallecimiento, continúa la profecía, “se produciría un corto período de inestabilidad y enfrentamientos, en los que incluso llegarían a producirse algunos derramamientos de sangre, aunque luego la nación cubana volvería a levantarse poco a poco hasta llegar a ocupar un destacado lugar en el ámbito internacional”.
El 22 febrero de 1857, San Antonio María Claret partió de regreso a España al ser nombrado confesor de la Reina. Fue despedido por una multitud en el puerto de Santiago de Cuba.
El gobierno cubano guarda absoluto sigilo sobre el resultado de la operación y el proceso de recuperación de Castro.

Fuente: https://www.aciprensa.com/noticias/profecia-de-san-antonio-maria-claret-vuelve-a-circular-con-operacion-de-castro/