lunes, 11 de septiembre de 2017

S A N T O R A L


El Señor de los Milagros de Buga

En la piedad cándida de una india del siglo XVI está el origen de una de las mayores devociones de Colombia y un gran santuario que atrae a los continuas peregrinaciones

Eugenio Trujillo

A ochenta kms al norte de Cali, se encuentra la simpática y acogedora ciudad de Buga y centro con mayor afluencia de peregrinos en Colombia: es el santuario del Señor de los Milagros de Buga.
En ella se venera la imagen, de tamaño natural, de Nuestro Señor Crucificado, cuyos milagros frecuentes, desde el siglo XVI, marcaron profundamente a los habitantes de la región. Su historia se remonta a la conquista, algo más de medio siglo después de la llegada de Colón al Nuevo Mundo.
Entre las familias colonizadoras, se destacaron los Fuenmayor como los verdaderos fundadores de Buga. Como todos los colonos, por causa de las ordenanzas reales, se vieron obligados a trabajar también por la evangelización de los indios.
Había en su casa un india ignorante, cuyo trabajo consistía en lavar la ropa. Tenía un espíritu noble y escuchaba con devoción las clases de religión. Ella maduró un profundo deseo de tener un bello crucifijo, y resolvió guardar durante un buen tiempo el poco dinero que ganaba. Pensaba comprar en Quito, ya famoso por los bellos y piadosos crucifijos que allí tallaban.
Una vez recigido el dinero necesario, una suma considerable para la época, fue a la casa del vicario para que le ayudase con la encomienda. En el camino, encontró una escena desgarradora. Un indio que conocía , encadenado, era llevado preso por no haber pagado la deuda de un prestamista. Conmovida por las lágrimas del prisionero, quien dejaría a su familia sin sustento, la india resolvió compró su libertad, sin reservar nada si.
Galardonada la generosidad de la India
Regresó tranquila a su casa y se reanudó sus ocupaciones habituales, convencida de haber hecho una obra de caridad más agradable a Dios que obtener aquel piadoso y bello crucifijo que tanto deseaba. Como recoger de nuevo esa suma? No lo sabía..
Un día, mientras lavaba ropa en el río Guadalajara, que rodea la ciudad, vi un objeto que flotaba, se hundió, reapareció brevemente y volvió a desaparecer. Entrado en el agua, agarró el objeto y lo llevó a la orilla del río. Al observarlo, reconoce conmovida que se trataba de un pequeño crucifijo de madera que caía en sus manos como un regalo del Cielo.
Sin comunicar a nadie el hecho, lleva el precioso hallazgo a su humilde morada, le improvisa un altar con flores silvestres y lo venera por varios meses.
Una noche, la despertó un ruido inusual. Llena de temor la piadosa indígena miró hacia su crucifijo, y lo encontró de mayor tamaño. Había crecido! El crecimiento milagroso continuó durante varios días, alcanzando el tamaño de un niño de 10 años.
Aterrada ante tal prodigio, la India recurrió a sus jefes, que le aconsejaron consultar al vicario, a quien ya habían informado del hecho. La noticia pronto se extendió por la región.
Así, en medio del siglo XVI, comenzó una gran devoción popular al Crucifijo milagroso. Los peregrinos venían a visitarlo continuamente, y los favores celestiales manabam en abundancia.
Desfiguración y el nuevo milagro
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Con los años, la piedad indiscreta de algunos peregrinos -que arrancaban pequeñas astillas del Crucifijo de madera para llevarlas consigo lo dejaron totalmente desfigurado. 
Un siglo más tarde, mediante la determinación del obispo de Popayán, una comisión del Santo Oficio examinó el Santo Cristo, y concluyó que, debido a su apariencia deforme no era conveniente exponerlo a la veneración de los fieles. Por lo tanto, debería ser quemado.
Un sacerdote aragonés fue encargado de ejecutarlo el mandato. Conforme a las buenas prácticas y prescripciones para el caso, el religioso mandó encender una gran fogata en un lugar adecuado. Allí colocó el Crucifijo. Oh sorpresa! Las llamas no lo consumían! La fogata ardió infructuosamente durante dos días. El Crucifijo no sólo se resistió al fuego! Aumentó su tamaño hasta alcanzar el porte de un hombre adulto! Además, recuperó las partes astilladas por los fieles! Parecía una obra de arte!
Frente al prodigio, el sacerdote ordenó apagar el fuego y retirar el Crucifijo de las brazas. Como resaltando aún mas la acción de la Divina Providencia , la imagen comenzó a sudar profusamente una especie de aceite, que se recogió en algodones. Este fenómeno se repitió varias veces. Este oleo probó tener propiedades curativas extraordinarias. Muchos enfermos fueron allí mismo curados milagrosamente! Algunos ciegos y paralíticos 
fueron curados cuando en ellos era aplicado aquel aceite. 
Grandes multitudes visitan al Milagroso
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Hasta hoy, el Santo Cristo conserva el color de madera quemada, muy oscuro, casi negro. La devoción que el pueblo le tributa en Colombia y en las naciones vecinas hizo necesaria la construcción de un inmenso santuario, continuamente visitada por miles de peregrinos en busca de favores para sus almas y sus cuerpos.
Fuente:
http://catolicismo.com.br/materia/materia.cfm/idmat/9C7FF5F1-3048-560B-1C705D3243A24135/mes/Agosto1996

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