sábado, 30 de septiembre de 2017

S A N T O R A L

SAN JERONIMO, SACERDOTE, CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA

EL ERMITAÑO

"Vidal me es desconocido, no quiero nada con Melecio y no sé quién es Paulino; quién está con la cátedra de Pedro ese es mío". De ese modo se dirigía al pontífice Dámaso hacia el año 376, desde las soledades de Siria, agitadas por las competencias episcopales que desde Antioquía traían inquieto a todo el Oriente, un monje desconocido que imploraba luz para su alma rescatada con la sangre del Señor. Este era Jerónimo, oriundo de Dalmacia. Lejos de Stridón, tierra semibárbara de su nacimiento, de la que conservaba la aspereza y la savia vigorosa; lejos de Roma, donde el estudio de las bellas letras y de la filosofía no le preservó de las más tristes caídas: el temor de los juicios de Dios le condujo al desierto de Calcis. Y allí, durante cuatro años, bajo de un cielo de fuego iba a macerar su cuerpo con espantosas penitencias; como remedio más eficaz y austeridad meritoria para su alma apasionada de las bellezas clásicas, se propuso sacrificar sus gustos ciceronianos por el estudio de la lengua primitiva de los Sagrados Libros. Trabajo mucho más penoso entonces que hoy, pues los diccionarios, las gramáticas y los estudios de toda clase, han allanado los caminos de la ciencia. ¡Cuántas veces, disgustado, Jerónimo desesperó del éxito! Pero había probado la verdad de esta sentencia, que más tarde formuló: "Ama la ciencia de las Escrituras y no amarás los vicios de la carne". Y volviendo al alfabeto hebreo, deletreaba sin fln esas letras silbantes y aspirantes, cuya heroica conquista le recordaba siempre el trabajo que le habían costado, por la aspereza con que desde entonces, según decía, comenzó a pronunciar el latín. Toda la energía de su naturaleza fogosa se había volcado en esta obra: a ella se dedicó con toda su alma y se encauzó en ella para siempre jamás. Dios agradeció magníficamente la reverencia que así se tributaba a su palabra: del simple saneamiento moral que Jerónimo esperaba, había llegado a la alta santidad que hoy veneramos en él; de las luchas del desierto, al parecer estériles para otros, salía uno de aquellos a quienes se dice: Tú eres la sal de la tierra, tú eres la luz del mundo. Y esta luz la colocaba Dios a su hora sobre el candelero, para iluminar a todos los que están en la casa.

EL SECRETARIO DEL PAPA

Roma volvía a ver,  pero muy transformado, al estudiante de otros tiempos; por su santidad, ciencia y humildad todos le aclamaban como digno del supremo sacerdocio. Dámaso, doctor virgen de la Iglesia virgen le encargaba de responder en su nombre a las consultas del Oriente y del Occidente, y conseguía que comenzase por la revisión del Nuevo Testamento latino, a base del texto original griego, los grandes trabajos escriturarios que inmortalizarían su nombre en el agradecimiento del pueblo cristiano.

EL VENGADOR DE MARÍA

En el ínterin, la refutación de Helvidio, que osaba poner en duda la perpetua virginidad de la Madre de Dios, mostró en Jerónimo al polemista incomparable, cuya energía iban a probar Joviniano, Vigilancio, Pelagio y algunos más, andando el tiempo. Y como recompensa de su honor vengado, María le llevaba todas las almas nobles; él las guiaba por el camino de las virtudes, que son la gloria de este mundo; con la sal de las Escrituras, las preservaba de la corrupción con que agonizaba el imperio.

EL DIRECTOR DE ALMAS

Suceso extraño para el historiador sin fe: he aquí que alrededor de este Dálmata, en el momento en que la Roma de los Césares está muriendo, brillan de repente los más bellos nombres de la antigua Roma. Se los creía extinguidos desde que se ensombreció la gloria de la ciudad reina entre las manos de los recién llegados; mas, como por derecho propio de nacimiento, para fundar nuevamente, y esta vez en su verdadera eternidad, la capital que dieron al mundo, vuelven esos nombres a aparecer en la misma sazón en que la ciudad va a reanudar sus destinos, después de haber sido purificada con las llamas que encenderán en ella los bárbaros. La lucha es muy distinta ahora; pero su puesto está al frente del ejército que salvará al mundo. Son raros entre nosotros los sabios, los poderosos, los nobles, decía el Apóstol cuatro siglos antes; en nuestros días son numerosos, protesta Jerónimo, numerosos entre los monjes. En esos días de su origen occidental lo mejor del ejército monástico lo constituye la falange patricia; heredará de ella para siempre su carácter de antigua grandeza; pero en sus filas se ven también, con el mismo derecho que sus padres y hermanos, a la virgen y a la viuda, y a veces a la esposa junto al esposo.

VIDA


San Jerónimo nació en Stridón, en Dalmacia, entre 340 y 345. Sus padres le enviaron a Roma a estudiar la gramática y la retórica. Se dejó ganar algún tiempo por los placeres y los triunfos, pero pidió pronto el bautismo al Papa Liberio, y luego, a continuación de su estancia en Tréveris junto a la corte imperial, se retiró a Aquileya y poco después marchó al Oriente. Permaneció en Antioquía durante la Cuaresma de 374 ó 375. Estando gravemente enfermo, prometió no leer
más los libros profanos. Una vez curado, salió para el desierto de Calcis, al sureste de Antioquía y allí vivió como un ermitaño y aprendió el hebreo. Vuelto a Antioquía, se ordenó de sacerdote y fué a Constantinopla, donde encontró a San Gregorio Nacianceno. En 382 se encontraba en Roma: el Papa San Dámaso le tomó por secretario y le aconsejó que estudiase la Sagrada Escritura y revisase la traducción de los Evangelios y del Salterio. Al estudio juntó la predicación y la dirección espiritual. Después de la muerte del Papa, acaecida en 384, Jerónimo dejó Roma. Con Paula y Eustaquio visitó Palestina, Egipto, y se estableció en Belén en 386. Paula construyó un monasterio para él y sus compañeros y otro para ella y sus hijas. Desde entonces su vida estuvo totalmente consagrada al estudio de la Escritura, a la traducción de los Libros Sagrados y a la dirección espiritual por medio de sus Conferencias y sus Cartas. Murió el 419 ó 420 a los noventa y dos años. Su cuerpo se venera en Roma en la Iglesia de Santa María la Mayor.

EL SANTO

Tú completas, Santo ilustre, la brillante constelación de los Doctores en el cielo de la Santa Iglesia. Ya se anuncia la aurora del día eterno; el Sol de justicia aparecerá pronto en el valle del juicio. Modelo de penitencia, enséñanos el temor que preserva o repara, dirígenos por los caminos austeros de la expiación. Monje, historiador de grandes monjes, padre de los solitarios atraídos como tú a Belén por el suavísimo olor de la divina Infancia, sostén el espíritu de trabajo y oración en el Orden monástico, muchas de cuyas familias tomaron de ti su nombre. Azote de los herejes, únenos a la fe romana; celador del rebaño, presérvanos de los lobos y de los mercenarios; vengador de María, consigúenos que florezca cada vez más en el mundo la virginidad.

EL DOCTOR

Oh Jerónimo, tu gloria participa sobre todo de la gloria del Cordero. La llave de David se te concedió para abrir los múltiples sellos de las Escrituras y mostrarnos a Jesús oculto en su letra. Y, por eso, la Iglesia de la tierra canta hoy tus alabanzas y te presenta a sus hijos como el intérprete oficial del Libro inspirado que la guía a sus destinos. A la vez que su culto, dígnate aceptar nuestra gratitud personal. Quiera el Señor, por tus ruegos, renovarnos en el respeto y el amor que merece su divina Palabra. Logren por tus méritos multiplicarse los doctos y sus sabias investigaciones sobre el depósito sagrado. Pero que nadie lo eche en olvido: a Dios hay que escucharle de rodillas si se le quiere entender. Dios se impone y no admite discusión: con todo, entre las interpretaciones diversas a que sus divinos mensajes puedan dar lugar, está permitido buscar, debajo de la mirada de su Iglesia, cuál es la verdadera; y es laudable igualmente el escudriñar sin cesar las profundidades augustas. ¡Feliz el que te sigue en estos estudios santos! Tú lo dijiste: "vivir entre semejantes tesoros, dejarse cautivar de ellos, no saber ni buscar otra cosa, ¿no es esto habitar ya más en el cielo que en la tierra? Aprendamos en el tiempo aquello cuya ciencia permanecerá siempre con nosotros"

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

viernes, 29 de septiembre de 2017

S A N T O R A L



Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángeles

Resultado de imagen para Santos Miguel, Gabriel y Rafael, arcángelesAl bajar Jesucristo a tomar la naturaleza humana,  vino acompañado de una celestial asistencia; otro tanto ocurrió al anunciar a María la buena nueva, al ver los pastores la asamblea celeste y oír su voz y al servirle los ángeles después de haber sido tentado por el demonio. De ese modo se inclina el cielo, cuando la virtud y el honor de los seres celestes bajan hasta la tierra.
Decimos que hay nueve órdenes de ángeles. En efecto, por el testimonio de la Sagrada Escritura sabemos positivamente que hay: Ángeles, Arcángeles, Virtudes, Potestades, Principados, Dominaciones, Tronos, Querubines y Serafines. Que hay Ángeles y Arcángeles, casi todas las páginas del texto sagrado nos lo aseguran; en cuanto a los Querubines y Serafines, ya se sabe que de ellos se habla con frecuencia en el libro de los Profetas. Además, el Apóstol San Pablo enumera los nombres de cuatro órdenes en este pasaje de su Epístola a los Efesios: "Por encima de todo Principado, de toda Potestad, de toda Virtud, de toda Dominación".
Y añade escribiendo a los Colosenses: "Sean los Tronos, sean las Potestades, sean los Principados, sean las Dominaciones". Juntando, pues, los Tronos a los cuatro órdenes de que se habló a los Efesios, tenemos cinco órdenes; y si a ésos se añaden los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines resulta que hay realmente nueve órdenes de ángeles.
http://1.bp.blogspot.com/-cZUjSC-QQR0/UkcsbQxXMjI/AAAAAAAAV8o/ABlZm4iGWTY/s1600/2697110148_eb4d9c1381_o.jpgAhora bien, hay que saber que esta denominación de ángeles designa su función y no su naturaleza; pues, si estos espíritus bienaventurados de la patria celestial siempre son espíritus, no siempre se pueden llamar ángeles; son ángeles únicamente cuando anuncian algo. Por eso dice un salmo hablando de Dios: "El que de los espíritus hace sus ángeles". Como si explícitamente dijese: Tiene siempre a su disposición los espíritus; y cuando quiere, los hace sus ángeles.
Los que anuncian las cosas menos importantes se llaman simplemente Ángeles, y se llaman Arcángeles los que anuncian los misterios mayores. Y he aquí por qué no fué un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel el que envió Dios a la Virgen María, Como se trataba del mensaje más grande, convenía que el mayor de los ángeles cumpliese este ministerio. Además, estos arcángeles reciben nombres especiales que expresan los efectos de su operación. Así Miguel significa: "¿Quién como Dios?" Gabriel: "Fuerza de Dios". Rafael: "Medicina de Dios". Siempre que se trata de algo que exige un poder extraordinario, la Escritura cita como enviado a Miguel, para que su nombre, de igual modo que su acto, nos dé a entender que nadie puede hacer lo que Dios hace con su incomparable poder. Por eso el antiguo enemigo decía en su orgullosa ambición de hacerse como Dios: "Subiré hasta los cielos, pondré mi trono por encima de los astros del cielo y seré semejante al Altísimo" (Is. XIV, 13). Al fin del mundo cuando quede abandonado a sus propias fuerzas para perecer en el eterno suplicio, tendrá que luchar contra el arcángel Miguel" (Apoc. XII, 7). Igualmente el arcángel que envió a María, es Gabriel, cuyo nombre significa Fortaleza de Dios. Venía efectivamente a anunciar a Aquel que, para hacer sentir su poder a las potestades aéreas, se dignó manifestarse en la humillación. Y por fin, como ya dijimos más arriba, Rafael quiere decir: Remedio de Dios; y efectivamente, este arcángel, al tocar los ojos de Tobías como para curarle, disipó las tinieblas de su ceguera.

VOCACIÓN CONTEMPLATIVA DE LOS ANGELES


De manera que la Iglesia considera a San Miguel como el mediador de su oración litúrgica: está entre Dios y los hombres. Dios, que distribuyó con un orden admirable las jerarquías invisibles, emplea por opulencia en la alabanza de su gloria el ministerio de estos espíritus celestes, que están mirando continuamente la cara adorable del Padre y que saben, mejor que los hombres, adorar y contemplar la belleza de sus perfecciones infinitas. Mi-Ka-El: "¿Quién como Dios?" Expresa este nombre por sí solo, en su brevedad, la más completa alabanza, la adoración más perfecta, el agradecimiento más acabado de la superioridad divina, y la confesión más humilde de la nada de la criatura. La Iglesia de la tierra invita también a los espíritus celestiales a bendecir al Señor, a cantarle, a alabarle, y a ensalzarle sin cesar. Esta vocación contemplativa de los ángeles es el modelo de la nuestra, como nos lo recuerda un bellísimo prefacio del sacramentario de San León: "Es verdaderamente digno... darte gracias, a ti, que nos enseñas por tu Apóstol que nuestra vida es trasladada al cielo; que con amor nos ordenas transportarnos en espíritu allá donde sirven los que nosotros veneramos, y dirigirnos a las cumbres que en la fiesta del bienaventurado Arcángel Miguel contemplamos con amor, por Jesucristo Nuestro Señor".

AUXILIAR DEL GÉNERO HUMANO

Pero la Iglesia sabe también que a estos divinos espíritus, entregados al servicio de Dios, les ha sido a la vez confiado un ministerio cerca de aquellos que tienen que recoger la herencia de la salvación, y así, sin esperar a la fiesta del 2 de octubre, consagrada de modo más especial a los Ángeles custodios, desde hoy pide ya a San Miguel y a sus ángeles que nos defiendan en el combate. Y pide, finalmente, a San Miguel que se acuerde de nosotros y ruegue al Hijo de Dios para que no perezcamos en el día terrible del juicio. El día temible del juicio, el gran Arcángel, abanderado de la milicia celestial, introducirá nuestra causa ante el Altísimo y nos hará entrar en la luz santa.

PROTECTOR DE LA IGLESIA

¡Ángel custodio de la Santa Iglesia! Ha llegado el momento de desplegar toda la fuerza de tu brazo. Satanás, amenaza furioso a la Esposa de tu Señor. Haz que brille tu espada y lánzate contra ese enemigo implacable y contra sus horrendas cohortes.
El reino de Cristo se ha conmovido en sus cimientos. Pero si la tierra debe existir aún, si no se han cumplido los destinos de la Iglesia ¿no es tiempo, poderoso Arcángel, de mostrar al demonio que en la tierra no se ultraja impunemente a Aquel que la creó y la rescató y se llama Rey de Reyes y Señor de señores? El torrente del error y del mal no cesa de arrastrar hacia el abismo a la generación seducida; sálvala y destruye las malvadas conjuraciones de que es víctima.

                                                     PLEGARIA

En la lucha contra los poderes del mal, podemos dirigir ya desde ahora al Arcángel, la oración de exorcismo que León XIII insertó en el Ritual de la Iglesia Romana:
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"Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha contra los principados, potestades, jefes de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos. Ven en auxilio de los hombres, que Dios hizo a imagen y semejanza suya y rescató a alto precio de la tiranía del demonio.
"La Santa Iglesia te venera como custodio y patrón; Dios te confió las almas de los rescatados para colocarlas en la felicidad del cielo. Pide al Dios de la paz que aplaste al diablo debajo de nuestros pies para quitarle el poder de retener a los hombres cautivos y hacer daño a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones en la presencia del Altísimo para que lleguen cuanto antes las misericordias del Señor y para que el dragón, la antigua serpiente que se llama Diablo y Satanás, sea precipitado y encadenado en el infierno, y no seduzca ya jamás a las naciones. Amén".

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer