sábado, 17 de junio de 2017

S A N T O R A L

Beato Felipe Papon, martir

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Felipe Papon nació en Saint-Pourcam, en el Allier, el 5 de octubre de 1744, hijo de un boticario. Parece que hizo sus estudios en Moulins y consta que ya en 1763 había recibido la tonsura. Se ordena sacerdote en 1768 y tiene como destino ser vicario en la parroquia de Contigny, a donde llega en junio de 1769.
En 1772, a la muerte del párroco de Contigny, es designado para sucederle y en los años siguientes cumple con regularidad y honestidad sus funciones como pastor de esta comunidad cristiana. En 1790 era, además de párroco, alcalde de la población, y se ve en la difícil circunstancia de tener que prestar el juramento de aceptación de la constitución civil del clero. Lo prestó el 30 de enero de 1791 pero con restricción, lo que le desagradó al directorio del distrito, por lo que hubo de repetir el juramento el día 27 de febrero siguiente, igualmente con una restricción, pero esta vez el directorio no dijo nada, y por ello su nombre apareció en la lista de sacerdotes juramentados del día 2 de marzo.
A partir de este momento él estuvo dividido entre su deseo de permanecer fiel a la Iglesia, por un lado, y su deseo de no ser alejado de sus feligreses, por otro. El 8 de mayo expuso esta perplejidad a los feligreses y su sermón causó un gran revuelo, que provocó una investigación abierta por el Directorio. Se llevó a cabo el día 19 de mayo y al siguiente día se decretó que estaba cesante de su cargo de párroco, llegando un sustituto el día 22. Con lágrimas en los ojos hubo de dejar su parroquia, pero prometió que la Pascua del año siguiente la celebraría con sus fieles.
Se quedó en el pueblo, lo que no podía menos que resultar peligroso. Le escribió al legítimo obispo de Clermont, mons. De Bonnal, explicándole el sentido de su juramento (20 de enero de 1793). Le mandan en febrero una carta pastoral sobre la Cuaresma y él no duda en repartirla entre sus cercanos. Como era de esperar, el 16 de marzo, el directorio de Moulins toma una determinación contra él y el directorio del departamento la confirma. El 12 de abril comparece ante el juez Pélassy, del tribunal de Moulins, y como resultado del interrogatorio se le dice que sus juramentos con restricciones no pueden ser aceptados y se le declara no juramentado o renuente. El 17 de mayo comparece ante el tribunal de lo criminal del Allier y se le imputa haber perturbado el orden público con propósitos fanáticos y sediciosos al haber distribuido una publicación de estas características. El juez lo condena a una corrección y a un año de arresto. En carta a las autoridades afirmó que él deseaba ser fiel tanto a la patria como a la Iglesia pero que le ponían en condiciones muy difíciles de compatibilizar ambos amores.
Como igualmente se niega al juramento de libertad-igualdad,-El 14 de agosto de 1792, después del encarcelamiento del Rey, se instaura el juramento llamado Libertad-Igualdad. Se impone a todos los franceses que reciben una pensión del Estado. Los sacerdotes, las religiosas hospitalarias deben prestarlo- es condenado a la deportación y se le envía a Rochefort*, constando que estaba ya a bordo del Borée el día 13 de abril de 1794, de donde pasa al Deux Associés. Aquí enferma prontamente y muere el 17 de junio de aquel año, siendo enterrado en la isla de Aix. Había logrado llevar consigo hostias consagradas, que fueron de gran consuelo entre los detenidos. Cuando se vio muy enfermo se las dio a los sacerdotes que hacían de enfermeros. Pudo así, pese a las pesquisas que se hicieron para quitarles a los sacerdotes todo objeto religioso, conservar tan gran tesoro y poder recibir al Señor antes de morir, y lo había dado con gran celo a otros moribundos.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003


*Martirio en las bodegas de las barcazas conocidas como “Pontones”. 

Se ha  escrito acerca de ello:




"Espantoso suplicio el padecido durante muchos meses por esos sacerdotes y religiosos, durante la revolución francesa, hacinados en la bodega de navíos negreros, por haber permanecido fieles a Dios y a la Iglesia de Roma. Se pudren vivos consumidos por la enfermedad, convulsionados por la fiebre y víctimas de la desazón producida por los parásitos, trastornados, muriendo de hambre y de sed”.


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