viernes, 30 de junio de 2017

S A N T O R A L

Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana

Acta del Martirio de los protomártires romanos



En el año 64, la cristiandad romana va a pasar literalmente por la prueba del fuego. Una clara noche de julio de dicho año, sentado en el trono imperial Nerón, un terrible incendio, propagado con inusitada violencia, destruyó durante seis días los principales barrios de la vieja Roma.
La descripción que del siniestro nos ha dejado Tácito en sus Anales, escritos unos cincuenta años después del suceso, pertenece a las páginas justamente más célebres de la literatura universal; celebridad enormemente acrecida por ser en esa página donde por primera vez una pluma pagana (y nada menos que la del historiador romano más importante) deja constancia del hecho más grande de la historia universal: el cristianismo y la muerte violenta de su fundador, Cristo:

El incendio de Roma y los mártires (Tácito, Ann., XV, 38-44)

“Siguióse un desastre, no se sabe si por obra del azar o por maquinación del emperador (pues una y otra versión tuvieron autoridad), pero sí más grave y espantoso de cuantos acontecieron a esta ciudad por violencia del fuego. [….]
Añadióse a todo esto los gritos de las mujeres despavoridas, los ancianos y los niños; unos arrastraban a los enfermos, otros los aguardaban; gentes que se detenían, otras que se apresuraban, todo se tornaba impedimento. Y a menudo sucedía que, volviendo la vista atrás, se hallaban atacados por el fuego de lado o de frente; o que, al escapar a los barrios vecinos, alcanzados también estos por el siniestro, daban con la misma calamidad aun en parajes que creyeran alejados. […] 

Por otra parte, nadie se atrevía a tajar el incendio, pues había fuertes grupos de hombres que, con repetidas amenazas, prohibían apagarlo, a lo que se añadían que otros, a cara descubierta, lanzaban tizones, y a gritos proclamaban estar autorizados para ello, fuera para llevar a cabo más libremente sus rapiñas, fuera que, efectivamente, se les hubiera dado semejante orden.
Nerón, que a la sazón tenía su residencia en Ancio, no volvió a la ciudad hasta que el fuego se fue acercando a su casa, por la que había unido el Palatino y los jardines de Mecenas. […]
Todo ello, si bien encaminado al favor popular, caía en el vacío, pues se había esparcido el rumor de que, en el momento mismo en que se abrasaba la ciudad, había él subido a la escena de su palacio y había recitado la ruina de Troya, buscando semejanza a las calamidades presentes en los desastres antiguos.

Por fin, a los seis días, se logró poner término al incendio al pie mismo del Esquilino, derribando en un vasto espacio los edificios, a fin de oponer a su continua violencia un campo raso y, por así decir, el vacío del cielo.
Aun no se había ido el miedo y vuelto la esperanza al pueblo, cuando de nuevo estalló el incendio, si bien en lugares más deshabitados de la ciudad, por lo que fueron menos las víctimas humanas, derruyéndose, en cambio, más ampliamente templos de dioses y galerías dedicadas a esparcimiento y recreo. Sobre este nuevo incendio corrieron aún peores voces, por haber estallado en los campos aurelianos de Tigelino y creerse que, por lo visto, Nerón buscaba la gloria de fundar una nueva ciudad y llamarla con su nombre. […]
Sea de ello lo que fuere, Nerón se aprovechó de la ruina de su ciudad y se construyó un palacio, en que no eran tanto de admirar las piedras preciosas y el oro, cosas gastadas de antiguo y hechas vulgares por el lujo, cuanto de campos y estanques, y, al modo de los desiertos, acá unos bosques, allá espacios descubiertos y panoramas. […]
Tales fueron las medidas aconsejadas por 
la humana prudencia. Seguidamente se celebraron expiaciones a los dioses y se consultaron los libros sibilinos. Siguiendo sus indicaciones, se hicieron públicas rogativas a Vulcano, a Ceres y a Proserpina; se ofreció por las matronas un sacrificio de propiciación a Juno, primero en el Capitolio, luego junto al próximo mar, de donde se sacó agua para rociar el templo e imagen de la diosa.

Sin embargo, ni por industria humana, ni por larguezas del emperador, ni por sacrificios a los dioses, se lograba alejar la mala fama de que el incendio había sido mandado. Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo cristianos.
El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el procurador Poncio Pilatos durante el Imperio de Tiberio y, reprimida, por de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no sólo por Judea, origen de este mal, sino por la urbe misma, a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso hay por dondequiera.
Así pues, se empezó por detener a los que confesaban su fe; luego, por las indicaciones que éstos dieron, toda una ingente muchedumbre quedó convicta, no tanto del crimen del incendio, cuanto de odio al género humano. Su ejecución fue acompañada de escarnios, y así unos, cubiertos de pieles de animales, eran desgarrados por los dientes de los perros; otros, clavados en cruces, eran quemados al caer el día, a guisa de luminarias nocturnas.
Para este espectáculo, Nerón había cedido sus propios jardines y celebró unos juegos en el circo, mezclado en atuendo de auriga entre la plebe o guiando él mismo su coche. De ahí que, aun castigando a culpables y merecedores de los últimos suplicios, se les tenía lástima, pues se tenía la impresión de que no se los eliminaba por motivo de pública autoridad, sino por satisfacer la crueldad de uno solo.”

El incendio de Roma, según Suetonio (Nero, XXXVIII)

“Mas ni a su pueblo ni a las murallas de su patria perdonó Nerón. En efecto, con achaque de serle molesta la deformidad de los viejos edificios y la estrechez y tortuosidad de las calles, prendió fuego a la ciudad tan al descubierto que varios consulares que sorprendieron a camareros suyos con estopa y teas en sus propias fincas, no se atrevieron ni a tocarlos, y algunos graneros, situados en el solar de la Casa de Oro, qué él codiciaba sobre toda ponderación, fueron derribados con máquinas de guerra y abrasados, por estar hechos con piedra de sillería. Durante seis días con sus noches duró en todo su furor el estrago, obligando a la muchedumbre a buscar cobijo en los públicos monumentos y sepulcros. 
Entonces, aparte un número inmenso de casas particulares, se quemaron los palacios de los antiguos generales, adornados todavía con los trofeos e los enemigos; los templos de los dioses, que se remontaban a la época de los reyes, y otros consagrados en las guerras gálicas y púnicas, y, en fin, cuanto de precioso y memorable había sobrevivido al tiempo.

Nerón contempló el incendio desde la torre de Mecenas, y arrebatado “por la belleza”, como él decía, “de las llamas”, recitó, vestido de su famoso traje de teatro, la “Toma de Ilión”. Y para que no se le escapara tampoco esta ocasión de coger la mayor presa y botín posible, prometió retirar por su cuenta los escombros y cadáveres, con cuyo pretexto no permitió a nadie acercarse a los restos de sus bienes; y con las tributaciones, no ya sólo voluntarias, sino exigidas, dejó casi exhaustas a las provincias y a los particulares.”

Fuente:BAC, D. RUIZ BUENO, ACTAS DE LOS MÁRTIRES, 212-225

jueves, 29 de junio de 2017

S A N T O R A L

SAN PEDRO Y SAN PABLO, APOSTOLES

LA RESPUESTA DE AMOR

"¿Simón, hijo de Juan; me amas?" He aquí el momento en que se escucha la respuesta que el Hijo del Hombre exigía del pescador de Galilea. Pedro no teme la triple interrogación del Señor. Desde aquella noche en que el gallo fué menos solícito para cantar que el primero de los Apóstoles para renegar de su Maestro, continuas lágrimas cavaron dos surcos en sus mejillas; ha luido el día en que cesen estas lágrimas. Desde el patíbulo en que el humilde discípulo ha pedido le claven cabeza abajo, su corazón generoso repite, por fin sin miedo, la protesta que, desde la escena de las orillas del lago de Tiberíades, ha consumido silenciosamente su vida: "¡Sí, Señor, tú sabes que te amo!"

EL AMOR, CARACTERÍSTICA DEL SACERDOCIO NUEVO

El amor es la característica que distingue el sacerdocio de los tiempos nuevos del ministerio de la ley de servidumbre. El sacerdote judío, impotente, temeroso, no sabía sino derramar sangre de victimas simbólicas sobre un altar simbólico también. Jesús, Sacerdote y Víctima a la vez, exige más de aquellos a quienes llama a participar de la prerrogativa que le hace Pontífice eterno según el orden de Melquisedec "No os llamaré en adelante siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; sino que os he llamado mis amigos porque os he comunicado todo lo que he recibido del Padre. Como mi Padre me ha amado, así os amo yo; permaneced en mi amor".
Ahora bien, para el sacerdote admitido de esta manera a la unión con el Pontífice eterno, el amor no es completo, si no se extiende a la humanidad rescatada en el gran Sacrificio. Y nótese que para él es más estricta la obligación, común a los cristianos, de amarse como miembros de una misma Cabeza; pues por su sacerdocio se hace partícipe de la Cabeza, y con esta participación, la caridad debe tener en él algo del carácter y grandeza del amor que esa Cabeza tiene a sus miembros. Y ¿cuánto mayor será, si, al poder que tiene de inmolar a Cristo mismo, y al deber que le obliga a ofrecerse con él en el secreto de los Misterios, la plenitud del Pontificado le añade la misión pública de dar a la Iglesia el apoyo que necesita y la fecundidad que el Esposo celestial espera de ella? Entonces es cuando, según la doctrina sostenida siempre por los Papas, por los Concilios y por los Padres, el Espíritu Santo le adapta a su misión sublime, identificando enteramente su amor con el del Esposo cuyas obligaciones asume y cuyos derechos ejerce.

EL AMOR DE SAN PEDRO

Al confiar a Simón hijo de Juan la humanidad redimida, el primer cuidado del Hombre-Dios fué asegurarse de que sería fiel vicario de su amor; de que, habiendo recibido más que los otros, le amaría más que todos; de que, siendo heredero del amor de Jesús para los suyos que estaban en el mundo, los debía amar, como El, hasta el fin. Por esto, la exaltación de Pedro a las cumbres de la Jerarquía sagrada, concuerda en el Evangelio con el anuncio de su martirio siendo Sumo Pontífice, tenía que seguir hasta la cruz al Jerarca supremo.
Ahora bien, la santidad de la criatura y, a la vez, la gloria de Dios Creador y Salvador, tienen su completa realización en el Sacrificio, que junta al pastor y al rebaño en un mismo holocausto.
Por este fin último de todo pontificado y de toda jerarquía, Pedro recorrió toda la tierra, después de la Ascensión de Jesús. En Joppe, cuando estaba aún al principio de sus correrlas apostólicas, se apoderó de él un hambre misteriosa: "Levántate, Pedro; mata y come", le dijo el Espíritu; y al mismo tiempo una visión simbólica ponía ante sus ojos los animales de la tierra y las aves del cielo. Eran los gentiles que debía reunir, en la mesa del banquete divino, con los fieles de Israel. Vicario del Verbo, se haría participante de su inmensa hambre; su caridad,-como fuego devorador, se asimilaría los pueblos; y, ejerciendo su título de jefe, llegaría un día en que, verdadera cabeza del mundo, haría de esta humanidad, ofrecida como presa a su avidez, el cuerpo de Cristo en su propia persona. Entonces, nuevo Isaac, o más bien verdadero Cristo, verá levantarse delante de él la montaña en donde Dios mira, esperando el sacrificio.

EL MARTIRIO DE SAN PEDRO

Miremos también nosotros, pues ha llegado a ser presente ese futuro, y, como en el Viernes Santo, participamos en el desenlace que se anuncia. Participación dichosa, toda triunfal: aquí, el deicida no mezcla su nota lúgubre al homenaje del mundo, y el perfume de inmolación que ahora sube de la tierra, no llena los cielos sino de suave alegría. Se diría que la tierra, divinizada por la virtud de la hostia adorable del Calvario, se basta a sí misma. Pedro, simple hijo de Adán, y, con todo eso, verdadero Sumo Pontífice, avanza llevando el mundo: su sacrificio va a completar el de Jesucristo, que le invistió con su grandeza; la Iglesia, inseparable de su Cabeza visible, le reviste también con su gloria. Por la virtud de esta nueva cruz que se levanta, Roma se hace hoy la ciudad santa. Mientras Sión queda maldita por haber crucificado un día a su Salvador, Roma podrá rechazar al Hombre-Dios, derramar su sangre en sus mártires: ningún crimen de Roma prevalecerá sobre el gran hecho que ahora se realiza; la cruz de Pedro le ha traspasado todos los derechos de la de Jesús, dejando a los judíos la maldición; ahora Roma es la verdadera Jerusalén.

EL MARTIRIO DE SAN PABLO

Siendo tal la significación de este día, no es de maravillar que el Señor la haya querido aumentar aún más, añadiendo el martirio del Apóstol Pablo al sacrificio de Simón Pedro. Pablo, más que nadie, habla prometido con sus predicaciones la edificación del cuerpo de Cristo;si hoy la Iglesia ha llegado a este completo desenvolvimiento que la permite ofrecerse en su Cabeza como hostia de suavísimo olor, ¿quién mejor que él merecía completar la oblación? Habiendo llegado la edad perfecta de la Esposa, ha acabado también su obra. Inseparable de Pedro en los trabajos por la fe y el amor, le acompaña del mismo modo en la muerte; los dos dejan a la tierra alegrarse en las bodas divinas selladas con su sangre, y suben juntos a la mansión eterna, donde se completa la unión.

VIDA DIVINA

San Pedro después de Pentecostés organizó con los otros apóstoles la Iglesia de Jerusalén, luego las de Samaria y Judea, y recibió en la Iglesia al centurión Cornelio, el primer pagano convertido. Habiendo escapado milagrosamente de la muerte que le tenía preparada el Rey Herodes Agripa, dejó Jerusalén y se dirigió a Roma donde fundó, alrededor del año 42, la Iglesia que sería más tarde el centro de la Catolicidad. Desde Roma emprendió varias excursiones apostólicas. Hacia el año 50 se encuentra en Jerusalén para el concilio que decidió la admisión de los gentiles en la Iglesia, sin obligarlos a las observancias de la ley mosaica. Partió luego a Antioquía, al Ponto, Galacla, Capadocia, Bitinia, y a la provincia de Asia. Un incendio destruyó Roma hacia el año 64, y acusando Nerón a los cristianos de tal catástrofe, los hizo encarcelar en masa. Muchos cientos, quizá millares, fueron condenados a muerte con diversos tormentos: unos crucificados, otros quemados vivos, otros fueron entregados a las bestias en el anfiteatro, otros decapitados. San Pedro, encarcelado, según antigua tradición, en la cárcel Mamertina, fué crucificado con la cabeza abajo en los jardines de Nerón, sobre la colina del Vaticano, y allí mismo fué enterrado. No se conoce la fecha exacta de su martirio: se debe colocar entre el año 64 y el 67.

fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer


San Pedro y San Pablo


Comentario del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira
Selección biográfica
Hoy es la fiesta de San Pedro y San Pablo. Estamos festejando el 19° centenario del martirio de los dos apóstoles.
Respecto de los apóstoles San Pedro y San Pablo, Dom Guéranger, en el Année Liturgique, tiene las siguientes palabras:



Santos Pedro y Pablo 
presentando la Iglesia a Dios,

 escuela veneciana, siglo XIV
“Pedro y Pablo no cesan de oír las oraciones de sus devotos. El tiempo no disminuye sus poderes, y más en el cielo que otrora en la tierra, la grandeza de los intereses generales de la Iglesia no los absorbe lo suficiente como para descuidar el menor de los habitantes de esta gloriosa ciudad de Dios, de la cual eran y siguen siendo príncipes.
 ”Uno de los triunfos del demonio en nuestra época fue el de haber adormecido, en este punto, la fe de los justos. Es preciso insistir para terminar ese sueño funesto, que nos llevará al olvido de que el Señor quiso confiar a los hombres el cuidado de continuar su obra y representarlo visiblemente en la tierra.
 ”San Ambrosio exalta la eficaz y viva acción apostólica que no descansa de la Iglesia, y expresa con delicadeza y profundidad el papel de Pedro y Pablo en la salvación de los elegidos. La Iglesia, dice él, es un navío en el que Pedro debe pescar y en esa pesca él recibe órdenes de usar a veces la red, a veces el anzuelo. Gran misterio, porque esa pesca es toda espiritual. La red protege, el anzuelo hiere; la red atrapa multitud, en cambio el anzuelo al pez solitario. El buen pez no repele el anzuelo de Pedro, que no mata, sino que convierte. Preciosa herida cortante, que en la sangre permite profesar la misma fe de Pedro y pagar el tributo al apóstol y maestro.
 ”Entonces, no te subestimes porque tu cuerpo es débil; de tu boca tienes que pagar a Cristo y a Iglesia y a Pedro.
 ”Porque en nosotros hay un tesoro: el Verbo de Dios. La confesión de Jesús lo pone en nuestros labios. Es por esto que Él dice a Simón: Id mar adentro, esto es, al corazón del hombre, porque el corazón del hombre en sus escondrijos es como las aguas profundas. Id mar adentro, esto es, a Cristo, porque Cristo es la reserva profunda de las aguas vivas en la cual están los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.
 ”Pedro continua pescando todos los días. Todos los días el Señor le dice: id mar adentro. Pero me parece oír a Pedro: Maestro, trabajamos toda la noche, sin conseguir nada. Pedro sufre cuando somos duros de corazón.
 ”Pablo también está luchando por nuestras almas. ¿No nos dijo que nadie sufre sin que él también sufra? Debemos actuar de manera de no hacer sufrir por nuestra culpa a los apóstoles”.

Comentarios del Profesor Plinio

El llamado de San Pedro, ilustración del siglo XIV

Son muy bellas palabras y podríamos hacer un comentario sobre cada una de ellas. Lo primero es esa primera parte, esa interesante referencia de Dom Guéranger de que la Providencia permitió que la fe de los justos se volviera somnolienta respecto al papel de que desde lo alto del cielo San Pedro y San Pablo desempeñan para el bien de la Iglesia Católica y para la salvación de las almas.
Es curioso, pero la devoción a los apóstoles disminuyó mucho, a excepción de la devoción a San Judas Tadeo, que era exactamente un apóstol casi desconocido y que durante algún tiempo incluso levantó algunas sospechas porque la gente pensaba que este Judas podría ser Judas Iscariote, también un miembro del colegio de los apóstoles. A excepción de la devoción a San Judas, que se convirtió en patrón de los imposibles, la devoción a los otros apóstoles disminuyó mucho.
Esta disminución es completamente irracional, ya que es evidente que la misión de los apóstoles no disminuyó con el tiempo. Por el contrario, sabemos que su misión continúa ahora y continuará hastael fin de los tiempos. Ellos no fueron apóstoles para una sola época. Ellos no fueron hombres que salvaron almas en los primeros días de la Iglesia y luego se fueron al cielo donde no hacen nada. Ellos están allí ahora con Nuestro Señor Jesucristo mirando y ejerciendo un rol sobre toda la Iglesia
El apostolado que ellos hicieron en sus tiempos fue una semilla que ellos plantaron que contenía el apostolado de todas las épocas. Desde el cielo ellos continúan nutriéndolo y desarrollándolo. Por lo tanto, la devoción a ellos es una cosa necesaria, y esta selección nos da una oportunidad para encomendarnos a San Pedro y San Pablo, para rezarles, y para aumentar nuestra devoción para con ellos.

La pesca milagrosa, Duccio de Siena

Lo segundo, la selección parece insinuar una diferencia entre el apostolado de San Pedro―hecho con un anzuelo― y el de San Pablo ―hecho con una red―. La distinción entre estos dos métodos diferentes de apostolado es útil. El apostolado de la red tiene la intención de atrapar a un gran número de personas, el apostolado del anzuelo está destinado a alcanzar tal o cual persona en particular.
Lo tercero, el texto habla muy bien del apostolado de anzuelo, diciendo queel anzuelo hiere la boca del pez, pero es a través de esta incisión que se paga el precio de su conversión. Hay conversiones que son muy difíciles, que sólo son posibles a través de grandes sacrificios y sufrimientos. La sangre exigida por el gran esfuerzo es el precio pagado para hacer parte de la Iglesia Católica. Esta es una característica normal del apostolado del anzuelo.
Hay conversiones, sin embargo, que no son dolorosos. En la Edad Media, por ejemplo, tenemos los maravillosos ejemplos de las conversiones de los reyes que trajeron naciones enteras con ellos: el reino de los francos vino a la Iglesia con Clovis, los húngaros con San Esteban, el polaco con Wenceslao, el ucraniano con San Vladimir, y así sucesivamente. Estos fueron apostolados de red que llevaron a una multitud de almas sin ningún sufrimiento especial.

La Virgen con el Niño y 
los apóstoles Pedro y Pablo,
 Lorenzo Biccidi, Venecia

Lo cuarto, otra hermosa parte de esta selección habla del apostolado cuando es infructuoso. San Pedro y San Pablo experimentaron enormes dificultades en sus apostolados, y también disfrutaron momentos de éxitos extraordinarios. No eran trabajos sencillos con un “happy endings”. Era un trabajo duro a lo largo de caminos rocosos que requirieron de mucha oración y ayuda sobrenatural para seguir adelante. Sin esta ayuda, el apostolado es infructuoso.
Debemos recordar esto en nuestro propio apostolado. Debemos tener en cuenta que San Pedro había pescado toda la noche y no tuvo éxito. Pero cuando le pidió a Nuestro Señor que lo ayudara, la red se levantó del agua llena de peces.
 Esta referencia a la pesca milagrosa sirve para ayudar a aumentar nuestra humildad y espíritu sobrenatural. Sin la ayuda sobrenatural, sin la ayuda de Dios, por intercesión de Nuestra Señora, nuestro apostolado será estéril.
Vemos que esto se traduce en una mayor gloria de Nuestra Señora y tiene que aumentar en nosotros el deseo deacercarnos a Ella. Ella que es nuestra amorosa y omnipotente suplicante delante de Dios, que con su oración puede obtener todo lo que Ella pide.


[Santo del día del 29 de junio de 1967] Los santos del día eran unas breves reuniones en las que el Prof. Plinio ofrecía un comentario relacionado con el santo que se celebraba ese día. 

miércoles, 28 de junio de 2017

S A N T O R A L

SAN IRENEO, OBISPO Y MARTIR

IRENEO Y LA PRIMACÍA ROMANA


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La Iglesia de Lyon presenta en este día a la admiración del mundo, a su gran doctor, el pacifico y valiente Ireneo, lumbrera de Occidente Conviene escucharle dando a la Iglesia madre el célebre testimonio que, hasta nuestros tiempos, ha vivamente contrariado a la herejía y conturbado al infierno; y la eterna Sabiduría ha querido fijar para hoy su triunfo, porque encierra una instrucción muy propia para preparar nuestros corazones  para mañana. Oigamos al discípulo de Policarpo, al celoso oyente de los discípulos de los Apóstoles, a aquel a quien su ciencia y sus peregrinaciones, desde la brillante Jonia hasta el país de los Celtas, hicieron el más autorizado testigo de la fe de las Iglesias en el siglo segundo. Todas estas Iglesias, dice el Obispo de Lyon, se inclinan ante Roma, la señora y la madre. "Porque con ella, a causa de la autoridad de su origen, deben concordar las demás; en ella, los fieles que existen en todas partes, guardan siempre pura la fe que se les predicó. Grande y digna de veneración por su antigüedad sobre todas, reconocida por todos, fundada por los dos más gloriosos Apóstoles Pedro y Pablo, sus Obispos son, por su sucesión, el canal por donde viene hasta nosotros íntegra la tradición apostólica: de tal manera que todo el que difiere de ella en su creencia, por solo este hecho es condenado."

LA HEREJÍA GNÓSTICA

La piedra que sostiene a la Iglesia, era por lo mismo inconmovible a los esfuerzos de la falsa ciencia. Y, sin embargo de eso, no era un ataque innocuo el de la Gnosis, herejía múltiple, con sus tramas urdidas en disforme mezcla por los poderes más" opuestos del abismo. Diríase que Cristo, para probar el fundamento que había puesto, permitió ensayar contra él el asalto simultáneo de todos los errores que dividían entonces el mundo, o lo destrozarían más tarde. Simón el Mago, envuelto por Satanás en los lazos de las ciencias ocultas, fué elegido por lugarteniente del príncipe de las tinieblas para esta empresa. Desenmascarado en Samaría por Simón Pedro, comenzó contra él una lucha envidiosa, que desgraciadamente no había de terminar a la muerte del padre de las herejías, sino que continuaría más viva en los siglos sucesivos. Saturnino, Basílides, Valentín, inventaron los más tortuosos y extravagantes sistemas, dejando libre curso a los instintos que en torno suyo hacía germinar la corrupción del espíritu y del corazón. En sus sistemas se encierra la reunión de las filosofías, religiones y aspiraciones más contradictorias de la humanidad.
No hay aberración, desde el dualismo persa y el idealismo indostánico, hasta la cábala judía y el politeísmo griego, que no se haya dado la mano en el santuario reservado de la gnosis. Allí se elaboraban ya fórmulas que anuncian las futuras herejías de Arrio y Eutiques. Allí anticipadamente tomaban movimiento y vida, en un extraño cuento panteístico, los más peregrinos sueños vacíos de las metafísicas modernas. Un dios abismo, que rodaba de caída en caída hasta la materia, para tener conciencia de sí mismo en la humanidad y volver por el aniquilamiento al silencio eterno: tal era uno de los dogmas de la gnosis sobre el que se apoyaba una moral, unas veces rigorista hasta el punto de incitar al suicidio cósmico, y otras mezclando una mística que incitaba a las más impuras prácticas, o abandonaba al hombre a sus pasiones.

EL DEFENSOR DEL DOGMA


San Ireneo fué escogido por Dios para oponer a la Gnosis los argumentos de su poderosa lógica y restablecer contra ella el sentido verdadero de las Escrituras; sobresalió más aún cuando, frente a mil sectas que llevaban abiertamente la señal del padre de la división y de la mentira, hizo ver que la Iglesia guarda piadosamente en todo el mundo la tradición recibida de los Apóstoles. La fe en la Santísima Trinidad que gobierna este mundo, obra suya, y el misterio de justicia y misericordia, que abandonando a los ángeles caídos, ha levantado, incluso a nuestra carne, en Jesús. Tal era el depósito que Pedro y Pablo, los Apóstoles y sus discípulos legaron al mundo "La Iglesia, pues, atestigua San Ireneo, habiendo recibido esta fe, la guarda diligentemente haciendo como una casa única de la tierra en donde vive dispersa: cree juntamente, con una sola alma y con un solo corazón; con una misma voz predica, enseña, transmite la doctrina, como si tuviese una sola boca. Porque, aun cuando en el mundo son muy diversas las lenguas, esto no impide que la tradición sea una en su savia."

FE Y AMOR

Unidad santa, fe preciosa depositada como fermento de eterna juventud en nuestros corazones, no te conocen los que se apartan de la Iglesia. Alejándose de ella, pierden a Jesús y sus dones. "Porque donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia. Desgraciados los que se separan de ella, no sacan la vida de los pechos nutritivos a los que les invitaba su madre, no apagan su sed en la purísima fuente del cuerpo del Salvador; sino que, lejos de la piedra única, van a beber en el barro de las cisternas cavadas en el lodo fétido, donde no se halla el agua de la verdad." Sofistas repletos de fórmulas y vacíos de la verdad, ¿de qué les servirá su ciencia? "¡Oh! exclama el Obispo de Lyon, en un arrebato en el que parece se inspirará más tarde el autor de la Imitación, ¡cuánto mejor es ser ignorante o de poca ciencia, y acercarse a Dios por el amor! ¿Qué utilidad reporta el saber y pasar por erudito y ser enemigo del Señor? Por eso decía San Pablo: La ciencia infla, pero la caridad edifica. No reprobaba él la verdadera ciencia de Dios, porque entonces se habría condenado a sí mismo el primero; sino que veía que algunos, vanagloriándose con el pretexto de la ciencia, no sabían amar. Sí, ciertamente: más vale no saber nada, ignorar las razones de las cosas, y creer en Dios y tener caridad. Evitemos la vanagloria que nos arrebataría el amor, vida de nuestras almas; Jesucristo, Hijo de Dios, crucificado por nosotros, sea toda nuestra ciencia."

Vida

Ireneo nació en Asia Menor, tal vez en Esmirna, entre 130 y 135. Allí conoció a San Policarpo, de quien se hizo discípulo. San    Policarpo le contó las relaciones que había tenido con San Juan y otros muchos que habían visto al Señor. Por esto, es uno de los testigos más dignos de veneración y más seguros de la tradición, y debió ser, gracias a su inteligencia, uno de los más competentes para refutar el gnosticismo. Habiendo venido a las Galias, fué agregado como sacerdote a la Iglesia de Lyon por el Obispo San Potino. Durante la persecución de 177 sostuvo a los mártires. Los fieles le enviaron a los Papas Eleuterio y Víctor, para tratar de la paz de las iglesias de Oriente, perturbadas por la controversia sobre la fecha de Pascua y por la herejía montañista. Debió de suceder al Obispo San Potino, y, según algunos, murió mártir, probablemente en 208.

LA CRISTIANDAD DE LYON

¡Qué corona la tuya, ilustre Pontífice! Los hombres son incapaces de contar las incalculables perlas de que está adornada. Porque, en la palestra donde la conquistaste, un pueblo entero luchaba contigo; cada mártir, al subir al cielo, proclamaba que te debía su gloria. Derramada la sangre de Blandina y sus cuarenta y seis compañeros treinta y un años antes, ha producido, gracias a ti, más del céntuplo. Tu trabajo hizo brotar del suelo teñido de púrpura, la semilla fecunda recibida en los primeros días, y muy pronto el reducido número de cristianos perdidos por la ciudad, la absorbieron por completo. Antes había bastado el anfiteatro para el derrame de la sangre de los mártires; hoy el torrente generoso anega calles y plazas: ¡día sagrado que hace de Lyon la émula de Roma, y la ciudad santa de las Gallas!

ROMA Y LYON

Roma y Lyon, la madre y la hija, conservaron grato recuerdo de la enseñanza que preparó este triunfo: de las doctrinas que tú asentaste sobre la firmeza de la piedra apostólica, es de las que, tanto el pastor como el rebaño, dan ahora el mayor de los testimonios. Tiempo llegará en que una asamblea de obispos cortesanos querrá persuadir al mundo que la antigua región de las Galias no recibió tus dogmas; pero la sangre vertida confundirá la pretenciosa cobardía de esos falsos testigos. Dios suscitará la tempestad, y ésta dará vuelta al celemín bajo el cual, no pudiendo extinguirla, habían ocultado por un tiempo la luz; y esta luz, que tu habías puesto sobre el candelero, iluminará a todos los que moran en la casa.

ORACIÓN POR FRANCIA

Los hijos de los mártires han permanecido fieles a Jesucristo; juntamente con María, cuya misión tan plenamente expusiste tú a sus padres, y con el Precursor del Dios humanado, que tiene asimismo parte en su amor, protégelos contra toda plaga de cuerpo y de alma. Mira por Francia, y rechaza otra vez lejos de ella la invasión de la falsa filosofía, que en nuestros días ha pretendido rejuvenecer los principios de la Gnosis. Haz que de nuevo brille la verdad a los ojos de tantos hombres a quienes la herejía, debajo de múltiples formas, retiene alejados del único aprisco de salvación. Mantén a los cristianos en la única paz digna de este nombre; guarda puras las inteligencias y los corazones de aquellos a quienes aun no ha mancillado el error. Y ahora, en fin, prepáranos a todos a celebrar cual conviene, a los gloriosos Apóstoles Pedro y Pablo, y juntamente la poderosa primacía de la madre de todas las iglesias.

  fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer

martes, 27 de junio de 2017

S A N T O R A L

SAN CIRILO DE ALEJANDRIA, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

LA ENEMISTAD DE LA MUJER Y DE LA SERPIENTE

"Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu  raza y la suya; ella te aplastará la cabeza y tu morderás su calcañar'". Estas palabras, dichas a la serpiente en los días, en que ahora la Iglesia las recuerda a sus hijos, dominan la historia entera del mundo. La mujer, que por el odio de Satanás cayó la primera, es también levantada la primera en María. En su Inmaculada Concepción, en su parto virginal, en la ofrenda que hizo a Dios del nuevo Adán sobre la montaña del Calvario, la nueva Eva ha mostrado en su antiguo enemigo el poder de su pie victorioso. Por eso el ángel sublevado, constituido desde antiguo en príncipe del mundo por la culpa del hombre ha dirigido desde entonces todas las fuerzas de su doble imperio con las legiones infernales y los hijos de las tinieblas, contra la mujer que triunfó de él. María, desde el cielo prosigue la lucha que comenzó sobre la tierra. Reina de los espíritus bienaventurados y de los hijos de la luz, conduce al combate, como un solo ejército, las falanges celestes y los batallones de la Iglesia militante.
El triunfo de estos ejércitos fieles es el de su soberana: El aplastamiento continuo de la cabeza del padre de la mentira, por la derrota del error y la exaltación de la verdad revelada, del Hijo de María y del Hijo de Dios.

CIRILO Y ATANASIO

Pero jamás esta exaltación de Verbo Divino apareció más íntimamente ligada al triunfo de su augusta Madre, como en el combate memorable, en el que el Pontífice propuesto en este día a nuestras honras, tuvo una parte tan gloriosa. Cirilo de Alejandría es doctor de la Maternidad divina como su predecesor Atanasio, lo había sido de la consubstancialidad del Verbo. La Encarnación reposa sobre los dos misterios que fueron, en un siglo de distancia, el objeto de su confesión y de sus luchas. Como Hijo de Dios, Cristo debía ser consubstancial al Padre; porque la simplicidad infinita de la esencia divina excluye toda idea de división: negar en Jesús, Verbo divino, la unidad de substancia con su principio, era negar su divinidad. Como hijo de hombre al mismo tiempo que Dios verdadero de Dios verdadero,  Jesús debía nacer aquí abajo, de una hija de Adán y sin embargo de eso permanecer en su humanidad una misma persona con el Verbo Consubstancial al Padre: negar en Cristo esta unión personal de las dos naturalezas, era negar de nuevo su divinidad; era proclamar a la vez que la Bienaventurada Virgen, venerada hasta entonces como Madre que había engendrado a Dios en la naturaleza que el había tomado para salvarnos, no era sino la madre de un hombre.

ARRIO

Tres siglos de persecución habían tratado en vano de arrancar a la Iglesia la negación de la divinidad de Cristo. A penas acababa de presenciar el mundo el triunfo del Hombre-Dios cuando ya el enemigo explotaba la victoria: aprovechándose del nuevo estado del cristianismo y su seguridad por parte de sus verdugos, se esforzaba por obtener, en lo sucesivo, en el camino de la falsa ciencia, la abjuración de la fe que le había sido rehusada en la arena del martirio. El celo amargo de los herejes para reformar la creencia de la Iglesia, había de servir a la enemistad de la serpiente y concurrir al desenvolvimiento de su raza maldita, lo cual no habían podido hacer los desfallecimientos de los apóstatas. Digno, por su orgullo, de ser, en la edad de la paz, el primero de esos doctores del infierno, Arrio, apareció desde luego llevando la disputa hasta las profundidades de la esencia divina, y rechazando con textos que no comprendía, la consubstancialidad. Al fin de un siglo en que su principal fuerza había sido el apoyo de los poderes de este mundo, el arrianismo caía, no quedando sus raíces, sino en las naciones que, recientemente bautizadas, no habían podido derramar su sangre por la divinidad del Hijo de Dios, En este momento, Satanás suscitó a Nestorio.

NESTORIO

Poderoso para transformarse en ángel de luz el viejo enemigo, revistió a su apóstol de doble aureola aparente de santidad y de ciencia; el hombre que había de expresar más claramente que ninguno otro el odio de la antigua serpiente contra la mujer y su fruto, llegó a sentarse en la sede episcopal de Constantinopla en medio de los aplausos de todo el Oriente, que se prometía ver renacer en él la elocuencia y virtud de un nuevo Crisóstomo. Mas la alegría de los buenos fué de corta duración. En el mismo año que había presenciado la exaltación del hipócrita obispo, el día de Navidad de 428, Nestorio aprovechándose del inmenso concurso de fieles reunidos para festejar el parto de la Virgen- Madre, pronunció desde la silla episcopal esta blasfemia: "María no ha dado a luz a Dios; su hijo no era sino un hombre instrumento de la divinidad."

DEFENSA DE LA FE

A estas palabras un estremecimiento de horror conmovió a las multitudes; intérpretes de la indignación general, el escolástico Eusebio, simple laico, se levantó de en medio de la concurrencia y protestó contra la impiedad. En seguida una protesta más explícita fué dirigida en nombre de los miembros de esta Iglesia desolada y extendida por medio de numerosos ejemplares, declarando anatema al que osase decir: "Uno es el Hijo único del Padre y otro distinto el de la Virgen María." Actitud generosa que fué entonces la salvaguarda de Bizancio y le valió el elogio de los Concilios y de los Papas. Cuando el pastor se muda en lobo, toca desde luego al rebaño el defenderse. Por regla, la doctrina desciende de los obispos al pueblo fiel y los súbditos no deben juzgar a sus jefes en su fe. Más hay en el tesoro de la revelación ciertos puntos esenciales de los que,  todo cristiano, por el hecho mismo de llevar tal título, tiene el conocimiento necesario y la obligación de guardarlos. El principio no cambia, ya se trate de ciencia o de conducta, de moral o de dogma. Traiciones semejantes a la de Nestorio, son raras en la Iglesia; pero puede suceder que los pastores permanezcan en silencio, por tal o tal causa, en ciertas circunstancias en que la religión se vería comprometida. Los verdaderos fieles son aquellos hombres, que, en tales ocasiones, sacan de su solo bautismo, la inspiración de una línea de conducta; no los pusilánimes que bajo pretexto engañoso de sumisión a los poderes establecidos, esperan, para correr contra el enemigo u oponerse a sus proyectos, un programa que no es necesario y que no se les debe dar.

ROMA Y ALEJANDRÍA

Sin embargo, la emoción producida por las blasfemias de Nestorio, agitaba a todo el Oriente y llegó en seguida a Alejandría. La sede fundada por Marcos en nombre de Pedro, y honrada con el honor de segunda sede por voluntad del jefe de las Iglesias, estaba entonces ocupada por Cirilo, La concordia entre Atanasio y los Pontífices romanos había vencido en el siglo anterior al arrianismo, y ahora la unión de Alejandría y Roma debía de nuevo aplastar la herejía. Por eso el enemigo instruido por la experiencia, se había adelantado con una previsión infernal; el día en que el futuro defensor de la Madre de Dios, subía sobre la silla de San Atanasio, aquella alianza tan temible para el demonio, no existía ya. Teófilo, el último Patriarca, autor principal de la condenación de S. Juan Crisóstomo en el conciliábulo de Chéne, había rehusado hasta el fin, subscribir la rehabilitación de su víctima por la sede Apostólica, y Roma había tenido que romper con su antigua hija. Cirilo era sobrino de Teófilo; no conocía nada de los vergonzosos móviles de su tío en este triste asunto; acostumbrado desde su niñez a venerar en él a su legítimo superior, así como a su bienhechor y maestro en la ciencia sagrada, Cirilo, una vez hecho patriarca no pensó en cambiar un ápice las decisiones de aquel a quien él miraba como a padre. Alejandría permaneció separada de la Iglesia Romana. Verdaderamente de un modo semejante a la serpiente, cuya baba envenena todo cuanto toca, Satanás había puesto a favor suyo, los más nobles sentimientos, para llevarlos él, a su vez, contra Dios. Pero nuestra Señora amante de los corazones rectos, no abandonó a su caballero. Al fin de algunos años durante los cuales aprendió el joven Patriarca a conocer a los hombres, un santo monje, Isidoro de Pelusa abrió plenamente sus ojos a la luz; Cirilo, convencido no dudó de restablecer en los dípticos sagrados, el nombre de S. Juan Crisóstomo. La trama urdida por el infierno se había desvanecido: Roma encontraba en los bordes del Nilo un nuevo Atanasio, para las nuevas luchas de la fe que iban a surgir en Oriente.

LA FE DE LOS MONJES

Conducido Cirilo por un monje a los senderos de la santa unidad profesó a los solitarios un afecto semejante a aquel con que les había rodeado su ilustre predecesor. Los escogió por confidentes de sus angustias al primer rumor de las impiedades nestorianas. En una carta que se ha hecho célebre, trata sobre todo de alumbrar su fe contra los peligros que amenazan a la Iglesia: "Porque, les dice, los que han abrazado por Cristo una vida tan envidiable, como es la vuestra, deben sobre todo brillar por el fulgor de una fe sin equívoco y sin disminución, y unir a esta fe la virtud; hecho esto, deben poner su mayor cuidado en desenvolver en ellos el conocimiento más perfecto del misterio de Cristo, tendiendo con todas sus fuerzas a adquirir el conocimiento más perfecto de El. Así comprendo yo, dice el santo Doctor, la consecución del varón perfecto de que habla el Apóstol' la manera de llegar a la medida de Cristo y a su plenitud".

EL LIBERALISMO

El patriarca de Alejandría no debía contentarse en explayar su alma en aquellos de cuyo asentimiento estaba asegurado de antemano. Por cartas en las que la mansedumbre del Obispo no es inferior más que a la energía y a la amplitud de su exposición doctrinal, Cirilo trató de atraer a Nestorio. Pero el sectario se obstinaba; a falta de argumentos se quejaba de la ingerencia del patriarca. Como siempre en semejantes circunstancias, se hallaron hombres buenos que, sin compartir su error, creyeron que, lo mejor hubiera sido en efecto, no responderle, por temor de irritarle, de aumentar el escándalo, de herir en una palabra la caridad. A estos hombres cuya virtud singular tenía la propiedad de asustarse menos de los herejes, que de la confesión de la fe cristiana, a estos partidarios de la paz, respondía Cirilo: "Pues que, Nestorio se atreve a decir en presencia de la asamblea de los fieles: ¡Anatema a quien nombre a María Madre de Dios!, por boca de sus partidarios, nos anatematiza a nosotros, todos los Obispos del universo, y a los antiguos Padres que en todo tiempo han reconocido y honrado unánimemente a la Madre de Dios. Y no va a estar en nuestro derecho volverle la palabra y de decirle: Si alguno niega, que María es Madre de Dios, sea anatema. Con todo eso, esta palabra, por respeto a él, aún no la he pronunciado".

EL MIEDO

Otros hombres que son también de todos los tiempos, descubrían el verdadero motivo de sus dudas cuando valorando muy elevadamente las ventajas de la concordia y su antigua amistad con Nestorio, recordaban tímidamente el crédito de éste, y el peligro que podía correrse en contradecir a un adversario tan poderoso. A estos respondió Cirilo: ¡Qué no puedo yo aun perdiendo todos mis bienes, satisfacer al Obispo de Constantinopla calmar la amargura de mi hermano! Pues es de la fe, de la que aquí se trata; el escándalo cunde por todas las iglesias, cada uno se informa con este motivo de la nueva doctrina. Si yo, que he recibido de Dios la misión de enseñar, no llevo el remedio a tan grandes males, ¿habría en el día del juicio llamas suficientes para mí? La calumnia y la injuria no me han faltado; todo eso lo olvido: que sólo la fe quede salva; y no permitiré que nadie me aventaje en el amor a Nestorio. Pero si, por causa de algunos, la fe sufre, que no se dude: no perderé mi alma aunque la muerte se cierna sobre mi cabeza. Si el temor del desprecio puede en mi más que el celo de la gloria de Dios, y me hace callar la verdad, con qué cara podré celebrar en presencia del pueblo cristiano a los santos mártires, cuando su elogio, es únicamente el cumplimiento de esta palabra: por la verdad, combates hasta la muerte".

LUCHA ENÉRGICA

Cuando al fin la lucha se hizo inevitable, organizó la milicia santa que había de combatir con él, llamando a su lugar a Obispos y monjes, y entonces Cirilo no retiene el entusiasmo sagrado que le anima: "En cuanto a mí, dice a sus clérigos, que residen en la ciudad imperial, sufrir, vivir y morir por la fe de Jesucristo es mi más ardiente deseo. Como está escrito: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados descanso, ni a mi cabeza reposo'", hasta que no haya llevado a cabo el combate necesario para la salvación de todos. Por lo cual, bien penetrado de nuestro pensamiento, obrad virilmente; velad sobre el enemigo, informaos de sus menores movimientos. Desde el primer día os enviaré hombres piadosos y prudentes, obispos y monjes escogidos entre todos; ahora preparo mis cartas como se necesita y conviene. He resuelto trabajar sin tregua y soportar toda clase de tormentos, aún los más terribles por la fe de Cristo, hasta que me toque padecer la muerte que será dulce por tal causa.

VIDA

San Cirilo, siendo aún joven fué hecho Obispo de Alejandría en el 412. Inflamado del celo por la salvación de las almas, trabajó por guardar pura de todo error la fe de su redil. Con un ardor y una ciencia admirable defendió contra Nestorio el dogma de la Maternidad divina y siendo legado en el concilio de Efeso, (431) confundió y condenó al hereje. Murió en el 434. León XIII le ha declarado doctor de la Iglesia universal.

MATERNIDAD DIVINA E INMACULADA CONCEPCIÓN

¡Oh Santo Pontífice!, los cielos se regocijan y la tierra salta de gozo al recuerdo del combate con que la reina del cielo triunfó por tu medio de la antigua serpiente. Oriente te honró siempre como a su luz. Occidente honraba en ti desde ha mucho tiempo al defensor de la Madre de Dios; y he aquí que la solemne mención que consagraba su memoria en los fastos de los santos, no es suficiente hoy a su reconocimiento. Una nueva flor, en efecto, ha aparecido en la corona de María nuestra reina; y esta flor radiante salió del suelo mismo que tú rociaste con tus sudores. Proclamando en nombre de Pedro y de Celestino la Maternidad divina, preparaste a nuestra señora otro triunfo, consecuencia del primero: La Madre de Dios no podía menos de ser Inmaculada. Pío IX, al definirlo no ha hecho sino completar la obra de Celestino y la tuya; por esto las fechas 22 de julio de 431 y 8 de Diciembre de 1854 resplandecen con el mismo fulgor en el cielo así como han derramado sobre la tierra las mismas manifestaciones de alegría y de amor.

DOCTOR DE LA IGLESIA

La Inmaculada embalsama el mundo con sus perfumes, por eso, después de 14 siglos la Iglesia Católica se vuelve hacia ti, oh Cirilo; y juzgando que tu obra está ya acabada, te proclama doctor, no permitiendo que en adelante falte nada a los honores que la tierra te debe. Así, oh pontífice amado del siglo, el culto que se te da, se completa con el de la Madre de Dios; tu glorificación no es otra cosa que una nueva extensión de la gloria de María. Feliz de ti, ya que ningún título más ilustre podía obtener un acercamiento semejante entre la soberana del mundo y su caballero.

PLEGARIA A LA MADRE DE DIOS

Comprendiendo, pues, que la mejor manera de honrarte, oh Cirilo, es exaltar a Aquella cuya gloria ha llegado a ser la tuya, recogemos los acentos inflamados, que el Espíritu Santo te inspiró para cantar sus grandezas el día siguiente al triunfo de Efeso: "Te saludamos ¡oh María, Madre de Dios! como la joya resplandeciente del universo, lámpara que no se extingue, corona de la virginidad, cetro de la Ortodoxia, templo indestructible y lugar en que se encierra la inmensidad, Madre y Virgen, por quien nos es presentado el bendito de los Evangelios, que viene en nombre del Señor. Salve, oh Virgen cuyo seno virginal y siempre puro, ha llevado al que es infinito, por quien es glorificada la Trinidad, por quien es honrada y adorada la Cruz preciosa en toda la tierra; alegría del cielo, serenidad de los arcángeles y ángeles, que ahuyentas a los demonios, por Ti el tentador es arrojado del cielo mientras que por Ti la criatura caída se levanta hasta los cielos. La locura de los ídolos dominaba al mundo, y tú abriste sus ojos a la verdad; a Ti deben los creyentes el santo bautismo, a Ti el óleo de la alegría; Tú fundas las iglesias en toda la tierra y conduces a las naciones a la penitencia. ¿Qué más diré? Por ti ha brillado el Hijo de Dios como la luz de los que yacían en las tinieblas y en la sombra de la muerte; por Ti los profetas han vaticinado el futuro, los Apóstoles han anunciado la salvación a las naciones; los muertos resucitan y reinan los reyes por la santa Trinidad. ¿Qué hombre podrá jamás celebrar a  María, digna de toda alabanza, de una manera conforme a su dignidad?".
  fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer