sábado, 27 de mayo de 2017

S A N T O R A L

 

SAN AGUSTIN, OBISPO Y APOSTOL DE INGLATERRA

LA EVANGELIZACIÓN DE INGLATERRA

S.S. San Gregorio I Magno, 63° Sucesor de San Pedro y
San Agustin de Canterbury, Primer Primado de Inglaterra
Entre las muchas preocupaciones que absorbían la celosa y apostólica alma de San Gregorio Magno, una fué la idea de evangelizar la Gran Bretaña. Una especie de instinto divino le había revelado que estaba destinado a ser el padre de estos anglosajones, conocidos por él al verlos expuestos como esclavos en los mercados de Roma. No pudiendo realizar por sí mismo esta empresa, buscó otros apóstoles que pudieran llevarla a buen término, encontrándolos en el mismo claustro benedictino, en que años antes y durante mucho tiempo él mismo había llevado la vida monástica. Roma vió con satisfacción partir para Inglaterra al monje Agustín a la cabeza de cuarenta compañeros, bajo el estandarte de la cruz. 
De este modo los habitantes de esta gran isla recibían la fe de este gran Papa, siendo también monjes los iniciadores de la doctrina de su salvación cristiana. Muy pronto germinó la palabra de San Agustín y de sus compañeros en este suelo privilegiado. Ciertamente que se necesitaría mucho tiempo para extenderse por toda la isla, pero ni Roma ni la Orden de San Benito abandonaría la obra comenzada; los restos del antiguo cristianismo acabaron por unirse a los nuevos adeptos e Inglaterra mereció ser llamada durante mucho tiempo la isla de los santos. 
Las gestas del apostolado de Agustín en esta isla fueron verdaderamente admirables. El desembarco de los misioneros romanos que avanzan hacia esa tierra infiel al canto de las letanías; la acogida pacífica y bondadosa que les depara el rey Etelberto; la influencia de la reina Berta, francesa y cristiana, en el establecimiento de la fe entre los sajones; el bautismo de 10.000 neófitos en las aguas de un río el día de Navidad; la fundación de la iglesia primada de Cantorbery, una de las más ilustres de la cristiandad por la santidad y grandeza de sus obispos; todas esas maravillas de la evangelización de Inglaterra es una de las señales más significativas de la providencia sobre este pueblo. 

La gravedad y mansedumbre de Agustín y su atractivo por la contemplación en medio de tantos trabajos, añaden un nuevo encanto a este magnífico episodio de la vida de la Iglesia. Pero se encoje el corazón al pensar que una nación que fué objeto de tales gracias, se ha hecho infiel a su misión y se ha dirigido contra Roma, su madre, y contra el instituto monástico con el que tantas deudas tiene contraídas, todo el furor de su odio parricida y todos los esfuerzos de una política sin escrúpulos.

VIDA

San Agustín era monje de San Andrés de Roma. Cuando S. Gregorio le confió la misión de evangelizar la Gran Bretaña. Partió en 596 con 40 monjes y llegó en la primavera de 597. El rey le tributó honrosa acogida y le permitió evangelizar el país. Agustín volvió a las Galias a recibir la consagración episcopal de manos del arzobispo de Arlés y el día de Navidad de 597 bautizó a diez mil insulares con el mismo rey. En 601 un refuerzo de 12 monjes fué a ayudar a los primeros apóstoles y a llevar a San Agustín, junto con el palio, el plan de la organización jerárquica de la Iglesia de Inglaterra que le enviaba el Papa. Agustín murió el 26 de mayo de 604 ó 605 en Cantorbery. León XIII extendió su fiesta a la Iglesia universal.

JESÚS, REY DE LAS NACIONES

Eres Jesús resucitado la vida de los pueblos como eres la vida de nuestras almas. Llamas a las naciones a tu conocimiento, a tu amor y a tu servicio porque "te fueron dadas en herencia", y tú las has hecho tuyas una tras otra.

Tu amor te inclinó hacia esta isla de Occidente a la que desde lo alto de la Cruz mirabas con misericordia. Hacia esa isla, llamada a tan alto destino se dirigió Agustín tu apóstol, enviado por Gregorio tu vicario.

... DE INGLATERRA


Has reinado glorioso sobre esta región. La has dado pontífices, doctores, reyes, monjes y vírgenes cuyas virtudes y trabajos llevaron hasta muy lejos el renombre de la Isla de los santos. Y en esta noble conquista una gran parte del mérito recae en Agustín, tu discípulo y heraldo. Tu imperio, oh Jesús, se mantuvo largo tiempo sobre este pueblo cuya fe fué tan admirada en el mundo entero. Pero ¡ay! vinieron días funestos en los que Inglaterra no quiso que siguieras reinando sobre ella' y hasta contribuyó a que otros países, sometidos a su influencia, siguieran el mismo camino. Te ha odiado en tu Vicario, ha repudiado la mayor parte de las verdades que enseñaste a los hombres, ha apagado su fe para sustituirla por la razón independiente que ha producido en su seno todos los errores. En su furor herético ha quemado y pisado todas las reliquias de los santos que fueron su gloria, ha hecho desaparecer la orden monástica a la cual debía el beneficio del cristianismo; se ha anegado en la sangre de los mártires, atizando la apostasía y persiguiendo como el más grande de los crímenes la fidelidad a la antigua fe.

PLEGARIA POR INGLATERRA

Sin embargo de eso tu misericordia, oh Jesús, ha espigado de nuevo en esta isla millares de almas a las cuales has llenado de luz y de verdad que aprecian con amor tanto más ardiente cuanto mayor era el tiempo que habían estado privadas de él. Creas así un nuevo pueblo para Ti en el seno mismo de la infidelidad entre la cual es cada año más abundante la cosecha. Continúa tu obra misericordiosa para que en el día supremo estos restos de Israel proclamen en medio de la ruina de Babilonia la vida inmortal de esta Iglesia de la cual no pueden separarse impunes las naciones por ella alimentadas.
Agustín apóstol de Inglaterra, tu misión no ha terminado todavía. El Señor ha determinado completar el número de tus elegidos rebuscando incluso entre la cizaña que cubre el campo sembrado por tus manos. Ven en ayuda de los nuevos enviados del Padre de familias. Obtén por tu intercesión esas gracias que iluminan los espíritus y transforman los corazones. Haz ver a tantos ciegos que la Esposa de Jesús es "única" como El mismo dice 1; que la fe de Gregorio y de Agustín no ha dejado de ser la fe de la Iglesia católica y que muchos siglos de posesión no son capaces de crear un derecho a la herejía sobre una tierra que sólo ha conquistado por la seducción y la violencia y que conservará siempre el sello imborrable de la catolicidad.
fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
  Tomo III pag. 936 y siguientes

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