lunes, 15 de mayo de 2017

S A N T O R A L

SAN ISIDRO LABRADOR


El campo de Castilla quedó para siempre iluminado y fecundado por la paciencia, por la inocencia y por el trabajo de este héroe del arado y de la azada San Isidro, patrono de la capital de España. Fué un humilde trabajador de la villa de Madrid, poco después de haber sido conquistada a los moros por los reyes de Castilla.
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Nació en 1081, según unos, otros hacia 1100, de padres piadosísimos que acertaron a inculcar en el corazón del niño el amor a Dios y a su bendita Madre, el amor al prójimo, la caridad en grado heroico y la humildad; se ignoran sus nombres, pero basta lo dicho para predicarlos dichosos y dignos de eterna memoria a los ojos de los hombres, y a los ojos de Dios. Cuando sembraba decía: "En nombre de Dios; esto para Dios, esto para nosotros, y esto para las hormigas."
A los pobres daba el santo más de lo que podía; tenía siempre presentes los santos consejos que el anciano y santo Tobías daba a su querido hijo: "Si tuvieres mucho, da abundantemente; y si poco, procura de aquello poco dar algo, de buena voluntad." Daba compasivo parte del grano a los pajaritos ateridos y hambrientos en invierno y jamás mermaron los sacos.
No cultivaba su propio campo, sino el campo de su amo Juan de Vargas; pero aunque pobre no había nadie ni más alegre ni más feliz que él.
María Toribia, su mujer, era también una santa; ambos eran compasivos con los más pobres que ellos, bienhechores con todos los desgraciados.
Como él era generoso con sus compañeros Dios lo era con él. Un día que estaba acosado por la sed, una fuente de agua clara brotó junto a sus pies. Tuvo émulos que le acusaban a menudo ante su amo de abandonar el trabajo y descuidar la hacienda, y queriendo Juan de Vargas averiguar lo que pasaba, se escondió en lugar cercano al barbecho, y cuál no sería su asombro al encontrar que un ángel labraba la tierra mientras su criado rezaba a la Virgen en una ermita cercana. Parece ser que varias veces y en diversos sitios cercanos a Madrid, hizo brotar agua para apagar la sed que devoraba a su amo que en tiempo caluroso se acercó a la besana; consérvase la ahijada con que hirió el suelo e hizo brotar el agua; la fuente perdura hoy y sana a los enfermos que con fe beben el agua.
Cayó su hijo en un hondo pozo y creyeron todos que se había matado. Al acercarse al brocal salió a flote la criatura como si nada le hubiera ocurrido; el niño sin embargo murió muy joven.
Falleció San Isidro, ya muy viejo, en 1172, dejando en España el ejemplo maravilloso de una vida pobre y laboriosa, y, al mismo tiempo iluminada por la alegría y ennoblecida por la santidad.
Se ha conservado incorrupto su cuerpo, y Dios le ha defendido del furor de los marxistas.
Distinguióle el cielo después de muerto con el don de milagros; sólo referiremos que sacó de la agonía sano y salvo al Rey Felipe III, quien agradecido suplicó la beatificación de San Isidro, y Paulo V publicó la Bula en 1619. Felipe IV puso empeño en que el Papa le canonizase solemnemente, lo que efectuó el 22 de marzo de 1622, junto con los insignes santos Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri.
¡Amable santo! Dios ha exaltado en ti la vida inocente, pacífica, trabajadora, abnegada, henchida de espíritu de fe y de amor de la gente hispana labradora, mira desde el cielo a tantos miles y millones que siguen animosos tus huellas, bendice sus empresas, alegra sus hogares y hazles comprender que son, si de verdad lo quieren, los verdaderos reyes de la naturaleza que nos rodea, que nos sustenta. Sirva de templo espléndido a los labriegos el ancho cielo estrellado por la noche, y por el día la redondez de la tierra toda, con todas sus maravillas, todo ello iluminado por el astro rey y presidido por el hombre constituido por Hacedor Supremo, Rey universal de todo lo visible, en espera de escalar un día las esferas de lo invisible.

fuente: Año Litùrgico de Dom Próspero Gueranguer
Tomo III pag. 848 y siguientes

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