martes, 10 de enero de 2017

S A N T O R A L

SAN MARCIANO, SACERDOTE

Fué san Marciano natural de Roma, hijo de padres muy nobles y ricos, los cuales se fueron á vivir á Constantinopla, corte entonces del imperio, y allí le enseñaron todas buenas letras y costumbres. Por sus virtudes y letras, vino á ser tan conocido en la corte, que el patriarca tuvo á gran fortuna, que quisiese ordenarse de sacerdote: lo cual hizo á instancia del mismo patriarca; si bien su humildad lo rehusaba. Con la dignidad del sacerdocio le dio la de mayordomo de su iglesia patriarcal. Muriéronsele por este tiempo los padres, y de la riquísima herencia, que lo dejaron, fueron más dueños que él los pobres de Jesucristo; con quienes todas sus riquezas repartía, de suerte que solos los pobres, é iglesias pudieron blasonar de poseedores, y dueños de tan rico patrimonio, como era el de Marciano: porque á aquellos sustentaba, vestía y proveía de todo lo necesario; y á estas reparaba, reedificaba y adornaba. Edificó asimismo de nuevo muchos templos, y entre ellos dos fueron suntuosísimos y muy célebres, el de santa Anastasia y el de santa Irene. Como era tan limosnero, salía de noche á buscar pobres para remediarlos, y una vez halló un muerto, y muy gozoso, cual si hubiera hallado una joya riquísima, le tomó, lavó, ungió y amortajó, y después lo levantó, y decíale. «¿Dime, si eres con nosotros participante de la caridad, que está en Jesucristo?» Y sucedió -¡ó bondad de Dios inmensa!-, que en tanto que estas y otras cosas le decía, el difunto se estuvo en pié, como si fuera vivo, y le abrazaba, dándolo á entender, cuanto agradaba á Dios nuestro Señor aquella grande obra de caridad. El día, que se consagró el templo, que hizo á santa Anastasia, le vistió el cielo á nuestro Marciano de una riquísima tela de oro, y piedras preciosas, tal, que el emperador que se halló presente, podía envidiarla: y como quien le dio la gala, se la puso, para que luciese, permitió la viesen infinitos: algunos de los cuales, envidiosos dieron cuenta al patriarca. Llamólo, acabados los divinos oficios, y reprendiólo; porque traía tal vestido, que más pertenecía para un emperador, que para un sacerdote: más como el santo dijese no llevar tal vestido; el patriarca por satisfacer, y dejar confusos á los acusadores, le hizo desnudar, y vieron todos, que solo traía su ordinario vestido, que era muy pobre y desechado; con que se hizo más notorio el prodigio, y conocieron todos, los méritos de su virtud y santidad, convirtiéndose muchos arríanos.
Hizo otros muchísimos milagros, y al fin, dejando la ciudad adornada de suntuosos templos, y de la fama de sus virtudes, lleno de años dejó esta vida, y se subió á los cielos á los 10 días de enero. Escribieron su vida Metafraste, Lipomano tomo V, Surio tomo I, Sanctoro, el Martirologio romano, y Baronio en sus anotaciones, y en el tomo I de sus Anales.

 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

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