lunes, 16 de octubre de 2017

S A N T O R A L

SANTA MARGARITA MARIA ALACOQUE, VIRGEN

LA "ESPERA" PROVIDENCIAL


A Santa Gertrudis, que cuatro siglos antes de las revelaciones de Paray-le-Monial preguntaba un dia a San Juan por qué no nos dijo nada del Corazón de Jesús, sobre el cual había reclinado amorosamente su cabeza en el Cenáculo, el Apóstol la respondió así: "A mí me tocaba exponer a la Iglesia naciente, referente al Verbo, una sencilla palabra que por sí sola fuese suficiente para alimentar la mente de todo el género humano hasta el fin del mundo... La explicación de la dulzura y de la suavidad de estos latidos divinos y el amor inmenso del Corazón Sagrado del Hombre-Dios, la Providencia se reservó manifestarla en los tiempos modernos, para reavivar la llama de la caridad que se iba enfriando en el mundo enfermizo y envejecido".La Iglesia siempre se nutrió de la palabra del discípulo predilecto: "Dios es caridad"; las almas nunca desatendieron el llamamiento del Maestro: "Venid a mí todos los fatigados y oprimidos y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y alistaos en mi escuela, pues soy suave y humilde de Corazón", y en este Corazón abierto por la lanza, bebieron copiosamente la sangre que nos rescata y el agua que nos vivifica. Pero llegó la hora y el Señor, en su Sabiduría misericordiosa, quiso recordar al mundo cuánto nos ama. Francia estaba en el período ideal del siglo de Luis XIV cuando parecía que todas las glorias se habían dado cita alrededor del más grande de sus reyes. Por desgracia en esos mismos días nacía el jansenismo que iba a negar el amor en Dios y a agostarle en el corazón de los hombres. Con una tenacidad pérfida, esta "herejía desleal" se iba a empeñar en alejar de la Eucaristía a los fieles, en hacerlos ver en Dios a un juez inexorable y taimado, y así lograría arrancar fácilmente de nuestros corazones el amor para dejarles únicamente el temor servil o exponerlos al desaliento y al pecado.

LAS CONFIDENTES DEL SAGRADO CORAZÓN

En otro tiempo Nuestro Señor escogió para anunciar la Buena Nueva, no a los ricos y poderosos según el mundo, sino a humildes y oscuros pescadores de Galilea; de igual modo, para esta nueva revelación de su amor eterno, escogió a una humilde religiosa del monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial, en Francia, Margarita María de Alacoque.
Pero no es esta la primera confidente del divino Maestro ni la devoción al Sagrado Corazón de Jesús nació en ía Visitación. Santa Gertrudis, al fin del siglo XII, tuvo por misión "revelar el oficio y la acción del Corazón divino en la economía de la gloria divina y de la santificación de las almas "San Francisco de Asís, San Buenaventura, el Beato Enrique Suso amaron con ternura a este "Corazón que tanto amó a los hombres" y Santa Catalina de Sena recibió muchas veces la gracia de contemplar aquella herida. Al comenzar el siglo XVII San Juan Eudes fué, como vimos ya el 19 de agosto, "el padre, el doctor, y el apóstol" del culto del Sagrado Corazón.

LA VOCACIÓN DE SANTA MARGARITA MARÍA

Santa Margarita María fué empero "el instrumento escogido por Dios para perfeccionar y puntualizar la devoción en su espíritu y en sus prácticas y para imprimirla un movimiento de extensión universal". Y si hasta entonces los devotos del Sagrado Corazón le habían tributado principalmente un culto de adoración y de acción de gracias, Jesús pidió a la Santa Visitandina que en lo sucesivo ese culto a su Corazón fuese sobre todo un culto de reparación por los ultrajes que recibe de parte del mundo, que no quiere saber nada del Amor infinito. 
Santa Margarita María deseó padecimientos, humillaciones, desprecios, como los quieren todas las almas llamadas a un apostolado fecundo en la Iglesia y a una vida de reparación y de expiación. Dios oyó su oración: tentaciones del demonio, asperezas de muchos miembros de su familia, sospechas de parte de sus Hermanas, padecimientos físicos que Dios mismo la mandaba; todo lo aceptó con grandísima paciencia y caridad para conseguir el triunfo y el reinado del Sagrado Corazón: "Con tal que este Corazón esté contento, decía, que sea amado y glorificado, eso nos debe bastar". "En cuanto a los que se ocupan en darle a conocer y amar, ¡oh si pudiese y me fuese lícito expresar lo que se me ha dado a entender sobre la recompensa que recibirán de este Corazón adorable, vos diríais como yo, que son dichosos los que se emplean en ejecutar sus designios. Este Divino Corazón se convertirá en asilo y puerto seguro, a la hora de la muerte, de todos los que le hayan honrado durante su vida y los defenderá y protegerá"
Después de tanto trabajar y sufrir, "sólo sentía necesidad de Dios y de abismarse en el Corazón de Jesucristo", y, al expirar el 17 de octubre de 1690, el médico declaró "que no le cabía la menor duda de que había muerto únicamente de amor de Dios"

VIDA

Margarita María Alacoque nació el 22 de julio de 1647, en Lautecour, pueblo de la diócesis de Autún. Desde la infancia dió muestras de su futura santidad. Abrasada de amor por la Santísima Virgen y el Sacramento de la Eucaristía, consagró a Dios su virginidad, no buscando en este voto más que amoldar mejor su vida a las virtudes cristianas. Sus delicias eran la oración prolongada, la contemplación de las cosas celestiales, el desprecio de sí misma, la paciencia en las adversidades, la mortificación del cuerpo, la caridad con el prójimo y sobre todo con los pobres.
A los 24 años entró en la Visitación de Paray-le-Monial. Dios la honró con un don elevadísimo de oración y con muchas visiones. En la más célebre de todas, mientras oraba ante la Eucaristía, Jesús se apareció a su vista y la enseñó, en su pecho abierto, su divino Corazón consumido por llamas y rodeado de espinas. Jesús la pidió entonces que, para corresponder a este amor y reparar las injurias de la ingratitud de los hombres, trabajase por introducir el culto del Sagrado Corazón, y le prometió derramar generosamente las riquezas de los tesoros celestiales. 

Para realizar esta gran obra, le dió por ayuda y maestro a un hombre de elevadísima santidad, Claudio de la Colombiére, que la animó manifestándola el bien inmenso que se haría en la Iglesia por medio del culto al divino Corazón.

Cuerpo incorrupto de Santa Margarita Maria

Muchos trabajos y muchas penas la costó, de parte de los que la creían víctima de las ilusiones, su decisión de obedecer a las órdenes del Salvador. Todo lo aguantó con ecuanimidad, pensando que por los oprobios y los dolores se convertiría en hostia agradable a Dios y recibiría mayores auxilios para cumplir su propósito. Los vería en parte realizados antes de morir a los 43 años de edad el 17 de octubre de 1690. La Iglesia reconoció sus milagros y su santidad, y Benedicto XV la inscribió en el número de los Santos en 1920 y extendió su fiesta a la Iglesia universal.

 Fuente: Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranguer



El Detente del Sagrado Corazón de Jesús



“He aquí este Corazón que tanto ha amado 
a los hombres, que nada ha perdonado 
hasta agotarse y consumirse para 
demostrarles su amor, y que no recibe en 
reconocimiento de la mayor parte 
de ellos sino ingratitud”


Una devoción más actual y necesaria que nunca, para la efectiva obtención de lo que hace dos mil años todos los verdaderos cristianos piden cuando rezan: «Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»

No es aventurado afirmar que si hoy Nuestro Señor Jesucristo volviera a la Tierra, podría ser nuevamente crucificado. ¿Por qué? ¿Qué motivaría tal extremo de maldad contra Aquel a quien debemos nuestra salvación? ¿Contra Aquel que se ofreció como víctima para redimir los pecados de los hombres? ¿Contra Aquel que sólo desea nuestro bien?
La respuesta se resume en una sola frase: la asombrosa ingratitud de los hombres contemporáneos.
Ingratitud que, debido a nuestros pecados, a la dureza de nuestros corazones, nos impide corresponder al amor del Divino Redentor, que ofreció su vida por nosotros. Que nos impide ser agradecidos, amando sobre todas las cosas a Aquel que tanta dilección tuvo por los hombres y por ellos fue tan poco amado.
Debido a esta falta de correspondencia de la humanidad hacia su Creador, ella se encuentra actualmente sumergida en una corrupción moral generalizada y sin precedentes.
¿Pero abandonaría la Providencia Divina a los hombres, dejándolos entregados a sí mismos, hundidos en su impiedad y depravaciones?
No. A pesar de todas las ofensas contra Aquel que murió por nosotros, la inagotable misericordia de Dios jamás abandona a los hombres, incluso cuando envía sus justos e imprescindibles castigos. Ella nunca deja de dispensar abundantes gracias, estimulando a los pecadores al arrepentimiento. Pero es necesario reparar el pecado cometido, retornar a la observancia de los Mandamientos, y mediante la conversión, alcanzar el perdón y las gracias tan necesarias para una vida virtuosa y la salvación eterna.
Para esto, sin duda, uno de los más eficaces medios es la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. De ese adorable Corazón, traspasado por la lanza de Longinos, brotó sangre y agua en lo alto del Calvario, para salvarnos (cf. Juan 19, 34). Y desde entonces, a lo largo del tiempo y hasta nuestros días, a pesar de nuestras ingratitudes, tibiezas y desprecios, las gracias manan abundantes para todos aquellos que sinceramente las desean. Basta que las pidamos con confianza.
Vitral representando la aparición de Nuestro Señor
 a Santa Margarita María de Alacoque en 1675

“Cuanto más abundó el pecado, tanto
más ha sobreabundado la gracia” (Rom. 5, 20)
Aún actualmente resuenan con un timbre divino, como venidas de la eternidad, las sublimes palabras pronunciadas hace más de tres siglos por el Sagrado Corazón de Jesús a una humilde y privilegiadísima religiosa, Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), del convento de la Visitación de Santa María, en Paray-le-Monial (Borgoña, Francia).
Estaba ella rezando ante el Santísimo Sacramento, el 16 de junio de 1675, cuando Nuestro Señor se le apareció. Y después de un breve diálogo con la religiosa en éxtasis, señalando su propio Corazón le dice: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor, y que no recibe en reconocimiento de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es aún mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan.
“Por eso, te pido que se dedique el primer viernes de mes, después de la octava del Santísimo Sacramento, una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor con un acto público de desagravio, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares. Te prometo además que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que den este honor y los que procuren le sea tributado”.1

“El Sagrado Corazón será la salvación del mundo”

Sin embargo, a pesar de todo el celestial atractivo de este llamamiento y de las demás promesas de Paray-le-Monial, vemos que van cayendo en un lamentable olvido. Como católicos, no podemos permanecer ingratos e indiferentes ante esta suprema manifestación de bondad y amor. Hoy más que nunca tenemos una apremiante necesidad de desagraviar al Sagrado Corazón de Jesús, atender su pedido y defender su culto. Nuestra reparación atraerá la misericordia de Dios y las abundantes gracias indispensables para la salvación de la humanidad, tan distanciada de los preceptos divinos.
“La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino en el Sagrado Corazón de Jesús; es Él que curará todos nuestros males. Predicad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ella será la salvación para el mundo”.2 Esta impresionante afirmación del Bienaventurado Papa Pío IX (1846-1878) al padre Julio Chevalier, fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, mostrando que en esta devoción depositaba toda su esperanza.

Poderosa protección que nos viene del cielo


El Beato Pío IX concedió aprobación
definitiva a la devoción del Detente,
diciendo: “Voy a bendecir este Corazón,
y quiero que todos aquellos que fueron
hechos según este modelo reciban esta
misma bendición”.
La devoción al Detente, el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús.



Esta piadosa práctica, otrora muy difundida entre los católicos, es un modo simple, pero espléndido, de manifestar permanentemente nuestra gratitud y amor al Sagrado Corazón, víctima de nuestros pecados. Y de recibir, al mismo tiempo, innumerables beneficios, junto con una protección extraordinaria contra todos los peligros, como veremos.

¿Qué es un Detente? ¿Una armadura espiritual?
El Detente o Escudo del Sagrado Corazón de Jesús —también conocido como salvaguardia, o incluso como pequeño escapulario del Sagrado Corazón— es un sencillo emblema con la imagen del Sagrado Corazón y la divisa: ¡Deténte! El Corazón de Jesús está conmigo. ¡Venga a nosotros el tu reino!. Por inspiración divina, surgió como un pequeño pero poderoso Escudo que la Divina Providencia colocó a nuestra disposición a fin de protegernos contra los más diversos peligros que enfrentamos en nuestra vida cotidiana.

Para ello, basta llevarlo consigo, no siendo necesario que esté bendito, pues el bienaventurado Papa Pío IX extendió su bendición a todos los Detentes –como eremos más adelante.

Origen del Detente del Sagrado Corazón de Jesús


Santa Margarita María de Alacoque —como atestigua su carta, escrita el día 2 de marzo de 1686, dirigida a su superiora, la Madre Saumaise— trascribe un deseo que le fuera revelado por Nuestro Señor: “que desea encargue una lámina con la imagen de ese Sagrado Corazón, a fin de que los que quieran tributarle particular veneración, puedan tener imágenes en sus casas, y otras pequeñas para llevar consigo” 3. Nacía así la costumbre de portar estos pequeños Escudos.
Esta santa devota del Detente lo llevaba siempre consigo e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Ella confeccionó muchas de estas imágenes y decía que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.
Andreas Hofer, aguerrido líder tirolés, 
portando un Detente como insignia
La autorización para tal práctica al comienzo fue concedida solamente a los conventos de la Visitación. Después, fue más difundida por la Venerable Ana Magdalena Rémuzat (1696-1730). A esta religiosa, también de la Orden de la Visitación, fallecida en alto concepto de santidad, Nuestro Señor le hizo saber anticipadamente el daño que causaría una grave epidemia en la ciudad francesa de Marsella, en 1720, así como el maravilloso auxilio que los marselleses recibirían con la devoción a su Sagrado Corazón. La Madre Rémuzat hizo, con la ayuda de sus hermanas de hábito, millares de estosEscudos del Sagrado Corazón y los repartió por toda la ciudad en donde se propagaba la peste.


La historia registra que, poco después, la epidemia cesó como por milagro. No contagió a muchos de aquellos que llevaban el Escudo, y las personas contagiadas tuvieron un extraordinario auxilio con esta devoción. En otras localidades sucedieron hechos análogos. A partir de entonces, la costumbre se extendió por otras ciudades y países.4
La fama de los Detentes llegó a la Corte, siendo una de sus devotas María Leszczynska, esposa de Luis XV. En 1748, por ocasión de su matrimonio, recibió como obsequio del Papa Benedicto XIV varios Detentes. Las memorias de aquel tiempo consignan que, entre los regalos enviados por el Pontífice, había “muchos Escudos del Sagrado Corazón, hechos en tafetán rojo y bordados en oro”.5

Emblema distintivo de los contra-revolucionarios

En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias para el mundo entero, un flagelo muchísimo más terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución Francesa.
En ese periodo los verdaderos católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y el Escudo protector fue llevado por muchos sacerdotes, nobles y plebeyos que resistieron a la sanguinaria revolución anticatólica. Incluso damas de la corte, como la princesa de Lamballe, portaban esos Escudos preciosamente bordados sobre tejidos. Y el simple hecho de llevarlo consigo se transformó en señal distintiva de aquellos que eran contrarios a la Revolución Francesa.
Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada por el odio revolucionario, fue encontrado un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y la expresión: “¡Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros!”.6

Heroísmo de los devotos del Sagrado Corazón de Jesús

En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans —heroicos resistentes católicos, que enfrentaron con energía y ardor religioso a los impíos revolucionarios franceses de 1789— bordaron en sus trajes y banderas el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús; como si fuese un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón” usado para reafirmar su Fe católica; “armadura” para defenderse contra las embestidas adversarias.
El Detente era usado como una insignia y, al mismo
 tiempo, como una armadura espiritual.
Los 
requetés españoles durante la Guerra Civil de 1936.
También como “armadura espiritual”, esteEscudo fue ostentado por muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “El Chouan del Tirol”. Estos portaban el Detentepara protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol.
A comienzos del siglo XX, el Detente fue usado en México por los Cristeros, que se levantaron en armas contra gobiernos anticristianos opresores de la Iglesia, y en España por los famosos tercios carlistas —los llamados requetés— célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, cuya contribución fue decisiva para el triunfo de la insurgencia anticomunista de 1936-39.
Un hecho histórico semejante ocurrió, en la época actual, en Cuba. Los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen comunista y lo combatieron, tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando estando presos eran llevados al “paredón” (donde eran sumariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos fidelcastristas gritando “Viva Cristo Rey”.
En la antigua Perla de las Antillas (actual Isla Prisión) antes de ser esclavizada por la tiranía de Fidel Castro, había muchas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús en sus muy arboladas plazas. Pero después de la dominación comunista, las bellas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús fueron derribadas y —pásmese el lector— sustituidas por estatuas del Che Guevara... ¡La estatua del guerrillero que tenía las manos teñidas de sangre inocente, de aquel revolucionario que hizo correr un río de sangre por varios países latinoamericanos, colocada en lugar de la imagen del Sagrado Corazón, que representaba la misericordia divina y el perdón!

El bienaventurado Papa Pío IX y el Detente

En 1870, una dama romana, deseando saber la opinión del Sumo Pontífice Pío IX acerca del Detente del Sagrado Corazón de Jesús, le presentó uno. Conmovido a la vista de esta señal de salvación, el Papa concedió aprobación definitiva a tal devoción y dijo: “Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo”. Y, después de un breve silencio añadió:
Milicianos de izquierda, en España, fusilan la imagen
del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles
en la capital española, el 28 de julio de 1936
“Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús”.7


Para impulsar la piadosa costumbre de llevar consigo el Detente, el bienaventurado Pío IX concedió en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una
Avemaría y un Gloria.8
Después de ello, el Santo Padre compuso esta bella oración:

“¡Abridme vuestro Sagrado Corazón oh Jesús! ...mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo Os adoro... aceptad el poco bien que practico... hacedme la merced de reparar el mal cometido... para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amen”.9

El Detente en ocasiones de gran peligro

Es común llevar en la billetera, o en las carteras, cartapacios, etc., las fotografías de nuestros seres queridos (padres o hijos, por ejemplo). Así, tener consigo el Detente es un medio de expresar nuestro amor al Sagrado Corazón de Jesús; señal de nuestra confianza en su protección contra las celadas del demonio y los peligros de todo orden. Llevando con nosotros este Escudo, estaremos continuamente como que afirmando: ¡Alto ahí! Deténte, demonio; deténgase toda maldad; todo peligro; todo desastre; deténganse todos los asaltos; todas las balas de bandidos; todas las tentaciones; deténgase todo enemigo; toda enfermedad; deténganse nuestras pasiones desordenadas — ¡pues el Corazón de Jesús está conmigo!


Portar este Escudo nos auxilia, más allá de estas y de tantas otras protecciones, a recordar continuamente las promesas del Sagrado Corazón de Jesús; es símbolo de nuestra total confianza en la protección divina; es una señal de nuestra permanente súplica y fidelidad a Jesucristo y un pedido para que Él haga nuestros corazones semejantes al suyo.
En nuestros tiempos en que, debido a la violencia cada vez más avasalladora y generalizada, los peligros nos amenazan de todos lados, es de primordial importancia el uso del Detente del Sagrado Corazón de Jesús.Llevándolo con nosotros —se puede también colocarlo en nuestra casa, junto a los útiles escolares de los hijos, en el automóvil, en la oficina, bajo la almohada de un enfermo, etc.— estaremos en el interior de nuestras almas como que repitiendo lo que dice el Apóstol San Pablo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rom. 8, 31).
Pues no hay peligro de que Él no pueda librarnos. E incluso en medio de las dificultades que la Providencia envíe para probarnos, tendremos confianza en la protección divina, que nunca abandona a aquellos que recurren pidiendo amparo y protección.
Evidentemente, si nuestro pedido de auxilio fuese hecho por medio de la Santísima Madre de nuestro Divino Redentor, Él nos oirá con mucho más agrado y más rápidamente nos atenderá. Pues Él la constituyó Medianera de todas las gracias, dándonos así una prueba aún mayor de amor, al darnos por Madre a su propia Madre.

El Sagrado Corazón de Jesús y María

San Juan Eudes (1601-1680) —fundador de la Congregación de Jesús y María— de tal modo consideraba una sola las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, que solía referirse al “Sagrado Corazón de Jesús y María”. Note bien el lector, la frase está en singular, como si fuese un solo corazón, para así acentuar la íntima unión de ambas devociones. Dos Corazones inseparables, tan unidos que no se puede pretender considerarlos separadamente.
No ama verdaderamente al Sagrado Corazón de Jesús, quien no ama al Inmaculado Corazón de María. Por esta razón es que en el reverso de la Medalla Milagrosa, universalmente conocida, están acuñados los dos corazones: el de Jesús y el de María. El primero rodeado de espinas y el segundo traspasado por una espada.
Por ocasión de la celebración en Paray-le-Monial del centenario de la Consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, realizada por León XIII el 11 de junio de 1899, Juan Pablo II envió un mensaje en el cual acentúa la unión de la devoción al Corazón de Jesús y al Corazón de María Santísima: “Después de San Juan Eudes, que nos enseñó a contemplar a Jesús —el Corazón de los corazones— en el Corazón de María, y hacer con que amásemos estos dos corazones, el culto prestado al Sagrado Corazón se expandió”.

El reinado social del Corazón de Jesús y María

Convento de Paray-le-Monial
“Nada nos puede dar mayor confianza, esperanza más fundada, estímulo más seguro, que la convicción de que en todas nuestras miserias, en todas nuestras caídas, no tenemos solamente, mirándonos con el rigor de Juez, a la infinita Santidad de Dios, sino también el corazón lleno de ternura, de compasión, de misericordia, de nuestra Madre Celestial” — escribió Plinio Corrêa de Oliveira en las páginas de “Legionario”. El inolvidable fundador de la TFP prosigue: “Omnipotencia suplicante, Ella sabrá conseguir para nosotros todo cuanto nuestra flaqueza pide para la gran tarea de nuestro reerguimiento moral. Con este corazón, todos los terrores se disipan, todos los desánimos se desvanecen, todas las incertezas se despejan. El Corazón Inmaculado de María es la Puerta del Cielo, abierta de par en par a los hombres de nuestro tiempo, tan extremadamente débiles. Y esta puerta,   nadie la podrá cerrar —ni el demonio, ni el mundo, ni la carne.
Hacer apostolado es, esencialmente, salvar almas. A los que se interesan por el apostolado, nada debe importar más que el conocimiento de las devociones providenciales con que el Espíritu Santo enriquece a la Santa Iglesia en cada época, para el provecho de las almas. El Sumo Pontífice actualmente reinante [Pío XII] señala dos devociones: la del Sagrado Corazón de Jesús, la del Corazón Inmaculado de María.
Al aparecerse en Fátima, Nuestra Señora dijo textualmente a los pastorcitos que una intensa devoción al Corazón Inmaculado de María sería el medio de salvación del mundo contemporáneo. Milagros sin cuenta han atestado la autenticidad del mensaje celestial. No nos resta sino conformarnos al dictamen que de él proviene. Si esa es la salvación del mundo, si queremos salvar el mundo, pregonemos el medio providencial para su salvación. El día en que tuviéramos legiones de personas verdaderamente devotas del Corazón Inmaculado de María, el Corazón de Jesús reinará sobre el mundo entero. En efecto, estas dos devociones no se pueden separar. La devoción a María Santísima es la atmósfera propia de la devoción a Nuestro Señor. El verano trae las flores y los frutos. La devoción a Nuestra Señora genera como fruto necesario el amor sin reservas a Nuestro Señor Jesucristo. Y, el día en que el mundo entero se vuelva a Jesús por María, el mundo se habrá salvado”.10

Analogía entre Paray-le-Monial y Fátima

En Paray-le-Monial, Nuestro Señor le dijo a Santa Margarita María de Alacoque: “¿Qué temes? Yo reinaré a pesar de mis enemigos y de todos cuantos a esto quieran oponerse”.11
En Fátima, el 13 de julio de 1917 —más de dos siglos después de las apariciones de Paray-le-Monial— Nuestra Señora confirma indirectamente la revelación hecha a la santa confidente del Sagrado Corazón de Jesús, cuando afirmó categóricamente: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”
Es la confirmación de la victoria final, al hacerse efectiva la realeza sagrada del Corazón de Jesús y de María sobre la Tierra entera, con el restablecimiento del reino social de Nuestro Señor Jesucristo sobre todos los corazones y sobre todos los pueblos.

Con la realización de estas dos grandes promesas, estará siendo atendida la súplica que hace 2000 años la Cristiandad viene haciendo, al rezar el Padrenuestro:“Venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt. 6, 9-13)Lo cual –viene a propósito recordar, al final de este artículo– corresponde a la inscripción que consta en la parte inferior del maravilloso Detente del Sagrado Corazón de Jesús.
*     *     *
Sagrado Corazón de Jesús — ¡Salvad al pueblo peruano!
Sagrado Corazón de Jesús y María — ¡Sed nuestra salvación!
En esta difícil y caótica época de nuestra historia, tan cargada de calamidades de todo orden, mirad a nuestro país otrora llamado tierra de santos, infundid profundamente en los corazones de vuestros queridos hijos peruanos el ardiente deseo de que, cuanto antes,“Venga a nosotros vuestro reino”.


Notas.-
1. P. José María Sáenz de Tejada  S.J., Vida y obras principales de Santa Margarita María de Alacoque, Editorial Cor Jesu, Madrid, 1977, p. 28.
2. P. Jules Chevalier  M.S.C.Le Sacré-Cœur de Jésus, Retaux-Bray, París, 1886, p. 382 [destaque nuestro].
3. Sáenz de Tejada  S.J., op. cit., p. 137.
4. Cf. P. Auguste Hamon  S.J.Histoire de la Dévotion au Sacré-Cœur de Jésus, t. III, pp. 425-431.
5. Cf. De Franciosi  S.J.La dévotion au Sacré-Cœur de Jésus, p. 289.
6. Idem., pp. 289-290.
7. Cf. Preces et pia opera, nº 219; http://www.corazones.org/diccionario/detente.htm y http://www.devocoes.leiame.net/coracaodejesus.
8. y 9. Idem.
10. Plinio Corrêa de Oliveira, “Legionario”, 30‑07‑1944.
11. Sáenz de Tejada  S.J., op. cit., p. 262 y 318.

FUENTE: http://www.fatima.pe/articulo-142-el-detente-del-sagrado-corazon-de-jesus

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