jueves, 22 de septiembre de 2016

S A N T O R A L

SAN MAURICIO, Y LA LEGIÓN TEBANA, MÁRTIRES

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Martirio de San Mauricio-Palacio de El Escorial

El martirio del esforzado caballero y capitán de la legión de los tebeos san Mauricio, escribió el bienaventurado san Euquerio, (Passio Acaunensium martyrum) obispo de Lión de Francia, mas ha de mil años, de esta manera. Después que Diocleciano tomó el cetro del imperio, hizo César á Maximiano, y envióle á Francia con un ejército poderoso, á sosegar algunos alborotos que habían levantado Amando y Esiano. Entre la otra gente que llevaba consigo, era una legión de seis mil y seiscientos y sesenta y seis soldados, los cuales eran de la ciudad de Tebas y cristianos, y habían sido bautizados por Zambea, obispo de Jerusalén, y confirmados en la fé por san Marcelino, Papa, al tiempo que pasaron por Roma. Había pasado el ejército la aspereza y fragosidad de los Alpes, y acercábase ya á vista de los enemigos. Parecióle á Maximiano, que era bien hacer la reseña de su gente, y ofrecer sacrificio á sus dioses, y tomar juramento á los soldados, sobre sus aras, de fidelidad, y de pelear animosamente. San Mauricio, que era capitán de aquella legión, Exuperio que era alférez, y Cándido persona principal, y de la orden de los senadores, entendieron la resolución del emperador, y fueron de parecer que para no contaminarse con aquel juramento sacrílego, y sacrificio abominable, se apartasen del resto del ejército; y así se apartaron ocho millas lejos, á un lugar que se llamaba Agauno, y ahora se llama san Mauricio.
Luego que supo Maximiano la retirada de la legión tebea, y la causa, le envió un recado, mandándole que viniese y se juntase con el ejército, é hiciese lo que los demás soldados hacían. Todos los santos soldados, con un mismo ánimo y extraño valor, respondieron por boca de su capitán Mauricio, que ellos estaban aparejados para obedecer á Maximiano, en todo lo que no fuese contra Dios, y á pelear con él, como lo habían hecho otras muchas veces; pero que siendo cristianos, no querían sacrificar ni conocer por dioses á los que no lo eran. Enojóse sobre manera Maximiano con esta respuesta, y mandó diezmar aquella legión tebea, que era un castigo militar, con el cual por no matar á todos los culpados, mataban de cada diez uno, á quien cabía la suerte.
Iglesia Nuestra Señora de Luján-Castrense-Buenos Aires
Supieron los santos soldados el cruel decreto del emperador: y como si fuera para darles la vida, y una ilustrísima corona, así se regocijaron; y con una exhortación, que san Mauricio les hizo, se encendieron en el amor del Señor, y deseo del martirio. Ejecutóse aquel riguroso suplicio en los valerosos guerreros de Jesucristo: y creyendo Maximiano que escarmentados con él, los que quedaban estarían más blandos y rendidos á su voluntad, tornó otra vez á mandarles que viniesen al ejército, y que sacrificasen; mas ellos estuvieron fuertes, y no quisieron obedecer, aparejándose todos á perder la vida, por no perder á Jesucristo, y obedecer antes al Emperador del cielo, que al de la tierra: para lo que les ayudó mucho una plática que les hizo san Exuperio, su alférez, diciéndoles: Bien veis, hermanos míos, que yo llevo la bandera del emperador; pero ahora no os convido á esta guerra temporal, sino á otra más sublime. Grande ánimo y esfuerzo es menester, para que paguemos á Dios lo que le prometimos, y dejando las armas muramos y alcancemos la corona que nos espera. Cuando el emperador vio el ánimo determinado de aquellos valerosísimos caballeros del Señor, teniéndola por obstinación y pertinacia, se embraveció, y con increíble saña y furor mandó que todo el ejército diese en ellos, y no dejase hombre á vida. Bien pudieran los santos soldados resistir y pelear y vencer sus vidas; mas armados de fé y espíritu del cielo, no quisieron tomar las armas, sino vencer con una nueva manera de victoria, sin pelear, y alcanzar la corona gloriosa del martirio, no meneando las manos, sino ofreciendo sus vidas al cuchillo: y así, animados siempre de su capitán Mauricio, sin alzar la espada para defenderse, puestos de rodillas y levantadas las manos y los corazones al cielo, recibieron todos la muerte, y se ofrecieron en sacrificio á Jesucristo. Quedaron muchos de los soldados del ejército desnudando á los santos mártires, para aprovecharse de sus vestidos y armas, y después se pusieron á comer muy contentos, por aquella hazaña que habían hecho. Llegó allí un soldado cristiano, llamado Víctor, no de los tebeos, sino de otra nación: el cual, viendo tantos cuerpos muertos por aquel campo, y no sabiendo la causa, y porque los que allí estaban, tenían tanto contento y alegría; le preguntó. Cuando supo Víctor lo que había pasado, dijo con una voz lastimera y triste: ¡O miserable de mí! ¡y por qué no me hallé yo en compañía de estos santos soldados, para morir con ellos!
Retablo que representa el martirio de la 
Legión Tebana (s.XIV)  Crozon, Bretagne
De estas palabras los otros soldados entendieron que Víctor era cristiano: levántanse contra él: échanle mano, y hácenle pedazos; y así mereció el premio que los santos soldados tebeos merecieron: cuyo martirio fué á los 22 de setiembre, por los años del Señor de 297. Los cuerpos de estos gloriosos mártires fueron echados por los naturales de aquella provincia en diversas hoyas y cavas, que para esto hicieron: allí estuvieron, hasta que andando el tiempo el Señor los descubrió á un santo obispo, llamado Teodoro, el cual les edificó una iglesia, y después sus santas reliquias se repartieron en varias provincias y tierras para remedio y consuelo de los fieles, obrando nuestro Señor por ellos, muchos y muy grandes milagros. San Martín, obispo de Tours, fué á visitar aquella iglesia, y de ella llevó una redoma de la sangre de los mártires, la cual tuvo como un preciosísimo tesoro, y la trajo siempre consigo. Solía la Iglesia romana en las batallas contra los enemigos de la fé invocar siempre el favor de Dios por intercesión de san Mauricio, de san Sebastián y san Jorge, como se saca del Orden romano. De san Mauricio y de sus santos compañeros, á más de san Euquerio, escriben los Martirologios, romano, el de Beda, Usuardo y Adon: el cual dice que la causa porque Maximiano los hizo matar, fué, porque no quisieron ser verdugos suyos, y perseguir y matar á los otros cristianos.
 Fuente: La leyenda de oro para cada día del año; vidas de todos los santos que venera la Iglesia; obra que comprende todo el Ribadeneira mejorado, las noticias del Croisset, Butler, Godescard, etc

http://diogeneschilds.files.wordpress.com/2012/09/05_inicio-de-la-passion-de1.jpg
Passio Acaunensiummartyrum escrito 
por el obispo Euquerio de Lión

"Somos vuestros soldados, señor, pero ante todo somos servidores del verdadero Dios. Os debemos la obediencia en las obligaciones militares, mas no podemos renunciar a Aquél que es nuestro Creador y nuestro Amo y que es también el vuestro, aunque vos lo rechacéis. En todas las cosas que no sean contrarias a Su ley, os obedeceremos con nuestra mejor voluntad como lo hemos hecho hasta ahora. Siempre hemos hecho frente a vuestro enemigo, cualquiera que fuese, pero no podemos manchar nuestras manos con la sangre de gentes inocentes. Nos hemos comprometido con un juramento a Dios antes de haber jurado serviros en el ejército, y ni vos mismo podríais confiar en nuestro segundo juramento, si no somos capaces de cumplir fielmente con el primero. Nos ordenáis castigar a los cristianos, pero no miráis que nosotros mismos somos cristianos. Confesamos a Dios Padre, autor de todas las cosas y a su Hijo Jesucristo. Hemos visto cómo mataban a nuestros compañeros, sin lamentarnos por su muerte y, antes bien, nos regocijamos por el honor que les cupo en suerte. No penséis, señor, que vuestra provocación nos incita a la rebeldía. Tenemos armas en las manos, pero no por eso nos resistimos a obedeceros, sino por la razón de que preferimos morir inocentes a vivir en pecado"

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